viernes, 31 de agosto de 2018

Email del 31 de agosto 2018

Mark Rothko. Untitled mural for end wall (1959)

Amiga mía:

Nadie me ha castigado, pero no puedo dejar de mirar la pared. Y digo la pared, en singular, porque de todos los tabiques que dividen o rodean mi vivienda, solo uno posee el poder de hipnotizarme. Te aseguro, amiga, que dicho poder está totalmente exento de teatralización o comedimiento. Preferiría mirar a través de una ventana, pero una fuerza me lo impide. Y cada minuto que pasa necesito acercar más mi cara a la pared. Si nadie me ayuda, quizá dentro de unas pocas horas mi rostro forme parte de ese muro. Es extraño, mientras intento oponer resistencia, mis recuerdos se apelotonan. Algunos incluso se permiten el lujo de cambiar, de trasmutarse, para aparecer como algo que no fueron, quizá porque no pudieron. Comprenden que en mis condiciones actuales no voy a ser capaz de ordenarlos, clasificarlos y arrojar lo más lejos posible a aquellos que nunca significaron nada. Tú sabes, querida, que la mayor parte de los tesoros que están enterrados en los cofres de la memoria no valen ni siquiera lo que en su día ofrecimos por ellos. Por esa razón, mientras mi cabeza se encuentra a menos de un palmo de distancia del muro que intenta engullirla, soy capaz de valorar mi posición. Mi posición física, pues estoy escribiendo este texto sobre el suelo, con el bolígrafo que siempre llevo encima, y sin posibilidad de corrección. Mi posición sobre el mundo, algo que nunca he valorado con la suficiencia necesaria y que ahora, es decir, dentro de unos instantes, dejará de atormentarme para siempre. Soy un puntito. Siempre lo he sido. Tú también. Toda la gente que hemos conocido y conocemos son puntitos. Algunos están marcados con tinta de mejor calidad, de acuerdo, pero no dejan de ser puntitos. Sin embargo se comportan como diéresis o como paréntesis. Algunos incluso como guiones dobles o asteriscos. Yo, yo soy un punto dibujado por una mina cilíndrica de grafito. Siempre he querido conocer lo que había arriba, pues el verdadero cielo para los lápices es una mano. Quizá ahora, mientras los ladrillos atraen a mi cráneo con esa fuerza descomunal succionadora, pueda llegar a conocer el resto de secretos que han hecho de mi vida una especie de caverna de osos, sin osos. Solo con algunas crines rígidas parcialmente diseminadas.

G

jueves, 30 de agosto de 2018

Email del 30 de agosto 2018

Aubrey Vincent Beardsley. Incipit vita nova (1893) 

Querida:

Hace un rato me he comido un cruasán fabricado, según la etiqueta, "por los artesanos de Consum". ¡Ahora ya sabes en qué establecimiento he comprado los víveres para los próximos dos o tres días! Pues bien, después de hacer un esfuerzo considerable para tragármelo sin arrojar la papa por medio de una brutal emesis biliosa, he llegado a la conclusión de que los artesanos de Consum tienen tanto de artesanos como yo de vieja viuda ninfómana con dos gatos. Desde luego mi hipersexualidad satirisiática (o como cojones se pronuncie y escriba) es reconocida hasta en el tercer mundo, pero de momento ni soy viudo, ni mujer, ni tengo gatos, aunque me gustaría puntualizar que sí, soy viejo. Viejo, viejo y reviejo.

Después de casi fallecer por culpa del cruasán, he sentido la necesidad imperiosa de quitarme ese gusto a acequia de la boca y he procedido a comer unas cucharaditas del arroz con leche de la marca blanca de dicho supermercado. Aunque ya han pasado cerca de 20 minutos desde que he vivido esa experiencia extrasensorial, todavía sigo convencido de que lo que me he llevado al gaznate era gravilla de tamaño mediano con leche, pero con leche de brontosauria climatérica. Al final he decidido que no voy a probar ningún otro producto de los que he adquirido. Prefiero dárselos al perro. Pero como no tengo perro, se los voy a bajar al sin techo que hace una semana me escupió en las alpargatas. El tío marrano se disculpó, he de ser sincero, dijo que le había fallado el tiro, que apuntaba hacia la Giralda de Sevilla pero erró por completo la trayectoria y el gargajo aterrizó encima de mis sandalias valencianas.

Al lado de ese Consum hay una mercería china y una funeraria albanokosobar. Supongo que en la mercería china venden bragas chinas y en la funeraria albanokosobar adecentan cadáveres frescos, sobre todo europeos, aunque no me extrañaría que hicieran un 20% de descuento a los muertos albaneses o kosovares. A la derecha de la mercería china hay un restaurante liberiano en el que, según dicen las malas lenguas, cocinan estupendamente cualquier clase de virus o bacteria, conocida o no para la ciencia. Supongo que al estar cocinadas y adobadas no serán demasiado dañinas, pero tengo un colega que 45 minutos después de comer allí una mandioca fermentada sufrió un desprendimiento de glande. Te lo juro. ¡Se le cayó al suelo el glande! Seguramente por la pernera del pantalón. Su novia tuvo que cogerlo con las manos y llevarlo al hospital junto a él para que se lo volvieran a implantar, pero lamentablemente se lo dejaron olvidado en el taxi. Ahora él trabaja de diseñador de glandes fabricados en polietileno tereftalato y su empresa pronto cotizará en bolsa.

Bueno, eso es todo por hoy. Mañana te contaré de qué manera subí una cuesta que iba en descenso y al final llegué al mismo lugar donde me encontraba antes de salir.

Greg (de Geg)

miércoles, 29 de agosto de 2018

Email del 29 de agosto 2018

Vilhelm Hammershoi. Open doors (1900)

Hola:

Si todas la puertas y ventanas estuviesen abiertas, seguramente podría escapar de este espacio real, relativamente variable y extraordinariamente poco controlable denominado hogar. Quizá pienses que mi afirmación anterior no es más que otra estúpida boutade, probablemente influida por esa horrible sensación a la que John Koenig denomina "zenosyne", pues podría abrir cada una de esas puertas y ventanas y salir al exterior. Pero si lo hiciera, si abriera todas esas puertas y ventanas, aunque solo fuese una, y saliese afuera, siempre estaría adentro. No importa cuantas veces cerrara tras de mí esas puertas o esas ventanas, que no son más que agujeros y aberturas. Por alguna razón yo siempre estoy adentro. Incluso cuando finjo que no existe nada. Porque desgraciadamente, existe todo. Y parte de ese todo fluye, influye, construye, substituye, excluye, redistribuye y, en ocasiones, me prostituye.

Dicen que el silencio, el silencio real, es decir, esa falta total de ruido que conocemos y en algunas ocasiones disfrutamos, viene precedido de un sonido retumbante y horrísono emitido por los endriagos que caminan por las sombras de la noche. Pero también dicen que cada uno de nosotros, por dentro, somos calcos antiestéticos de algunos de los espíritus que vagan a través de los haces de luz que se emancipan del día. Entre la noche y el día, ¿existe algo? ¿Algo concreto e imaginable, no sujeto a esas malditas fragancias atusadoras con las que generalmente nos amodorran las explicaciones poéticas? ¿Podrán ser capaces los párrafos de los textos de golpearme el rostro? Necesito que un vulgar razonamiento o una pueril explicación me apalee, me envenene, me estrangule, me dispare, me apuñale...

Hace algunos años abrí una puerta que ya estaba abierta y cerré una ventana que no existía. Algunos me aplaudieron por eso, pero la mayor parte se limitaron a hacer lo que siempre hacían. Nunca quise averiguar qué es lo que siempre hacían, pues yo a menudo hago lo que siempre he hecho. Y debo hacerlo de la manera correcta porque cada uno de esos inútiles movimientos, domesticados a fuerza de repeticiones y recompensas, jamás ha conjurado o se ha rebelado ante mí.

Ante mí...

G

martes, 28 de agosto de 2018

Email del 28 de agosto 2018

Wassily Kandinsky. The singer (1903)

Amiga:

Acabo de componer la letra y la música de una nueva canción y he reparado en que la melodía que se supone he inventado me recuerda un montón a otra muy conocida. La letra del primer párrafo de mi canción es:

"El mayor privilegio del género humano es la posibilidad de extinción. 
Ains. Ains. La posibilidad de extinción. La posibilidad de extinción."

Ahora entona dicha letra con la melodía de una canción que cantábamos cuando éramos pequeños y no podíamos entrar en las webs porno falsificando las edades, más que nada porque entonces no existía internet ¡Lo has adivinado! La canción a la que me refiero es Quisiera ser tan alto como la luna. ¡Inténtalo! Canta mi letra con la melodía de esa canción infantil. Si lo haces de la manera correcta el resultado debe ser algo parecido a esto:

"El mayor privilegiooooo del génerooooo humanooooo es la posibilidaaaaad de extincióoooon. 
Ainsssss. Ainsssss. La posibilidaaaaad de extincióoooon. La posibilidaaaaad de extincióoooon." 

Vale. Supongo que ya lo has hecho. ¿No crees que mi letra y esa melodía están hechas para seguir juntas in saecula saeculorum? No estoy de coña. Vuelve a intentarlo. Pero en esta ocasión, quiero que lo hagas con sentimiento. ¡Sentimiento real! ¡Palpable! ¡Como si fueras parte de Los Amaya! ¿Recuerdas a ese dúo? Cada vez que oía sus voces necesitaba urgentemente introducirme un supositorio Rovi por el.... Pero me estoy alejando de lo que en realidad quiero obtener, que no es otra cosa que recibir tu confirmación textual manifestando que soy uno de los mejores letristas de la historia y que mi verso te ha impactado. Vuelve a cantar el primer párrafo. ¡Hazlo por mí! ¡Siéntelo!

Maravilloso. Ahora, quiero que vayas a la cocina, abras la nevera y te comas un plátano. Si no tienes plátanos, bastará con que te comas una pera. Si tampoco tienes peras, en lugar de ir a la cocina y abrir la nevera, dirígete a la cocina de algún vecino y róbale un plátano. Si no tiene plátanos, entonces róbale una pera. Si tampoco tiene peras regresa a casa nuevamente y vuelve a interpretar mi letra. Quería que comieses plátanos o peras porque dicen que ambas frutas son maravillosas para las cuerdas vocales, pero llegados a este punto de odio tenaz a las frutas, que tanto tus vecinos como tú profesáis, me contento con que vuelvas a cantar mi letra de cualquier manera. ¡Canta nuevamente mi obra maestra! ¡Demuéstrame que puedes hacerlo!

¡Otra vez! ¡Vuelve a cantar el párrafo otra vez!

¡Otra más!

¡Y otra!

¡Y otra!

¡Una vez más!

¡La última, porfa!

¡Gracias!


Greg (támbien llamado ¡Greg!)

lunes, 27 de agosto de 2018

Email del 27 de agosto 2018

Banksy. Police stop and search girl 

Querida:

Todavía recuerdo aquel viejo orificio de salida. En aquella época no estaba demasiado seguro de si en realidad era un orificio de salida o de entrada. O de entrada y de salida. Tuvieron que pasar algunos años hasta que llegué a la conclusión que aún hoy mantengo: era un orificio de salida. Nunca vi nada entrar por él. Sin embargo vi salir demasiadas cosas. Y no siempre fueron concluyentes. En ocasiones, cuando hablo con algunos de mis amigos de entonces y saco el tema del viejo orificio de salida, la mayoría finge no acordarse y el resto no quiere saber nada del asunto. Dicen que el pasado es eso, pasado. Pero yo sé, que de alguna forma, mi presente y mi futuro están irremediablemente ligados al maldito y viejo orificio de salida.

A menudo me hago la misma pregunta. No siempre me respondo, pero cuando lo hago intento llegar a alguna conclusión. Lamentablemente, las respuestas nunca son demasiado sencillas y algunas veces termino golpeando al aire. Nunca he sido capaz de demostrarme lo equivocado que puedo llegar a estar. Aunque en realidad no necesito saber si me equivoco en algo y cuántas veces me equivoco al día. ¿Sabes lo que me sucedió el viernes? Estaba en una comisaría de policía esperando mi turno para que me renovaran el DNI, junto a tres mujeres y dos hombres. De repente se acercó a nosotros un poli y...

POLI: A ver. Soy el sargento orrorrotp, perdón, el sargento Orozco. Necesito que cada uno de ustedes se quite los zapatos y zapatillas y me enseñe los calcetines.
HOMBRE 1: ¿Está de broma?
MUJER 1: Debe haberle sentado mal el carajillo.
MUJER 2: Señor, tengo mucha prisa. A mi marido lo operan de hernia discal en medi...
POLI: ¡He dicho que se quiten los zapatos y las zapatillas! Quiero ver sus calcetines y sus medias. No lo volveré a repetir.
YO: Oiga usted, ¿está lo...

No pude terminar la frase. Cuando quise darme cuenta, el sargento Orozco estaba dándome puñetazos en el estómago. Algunos de mis compañeros de espera intentaron ayudarme, pero el poli se interpuso entre ellos y yo alzando los brazos como si fuera una especie de antena yagi.

POLI: ¡Deténganse o les juro por el vientre sagrado de mi anciana madre que les meto un tiro en la cabeza a todos ustedes! ¡Muy bien! Así me gusta. Ahora quiero que se quiten los zapatos y las zapatillas y me enseñen sus calcetines y medias.

Estaba claro que con ese tipo no se podía jugar y nuestros intentos de fuga estaban abocados al fracaso, pues la puerta estaba más cerca de donde se encontraba él. Mientras nos mirábamos los unos a los otros procedimos a descalzarnos tímidamente mientras la fiera del infierno nos observaba con atención.

POLI: Perfecto. Ahora levanten un poco los pies. Quiero ver de cerca sus talones.

Con la mirada tan vidriosa como un cristal de botella de Mistela de Casinos comprobó nuestros talones concienzudamente...

POLI: ¡Aaaaagggg! ¡Usted! ¡Mamarracho sucio y descuidado! ¡Mire ese orificio en su talón! ¡Soguarro!
HOMBRE 2: ¡Oh! Cuando salí de casa ambos calcetines estaban perfectos. Le doy mi palabra de ho...
POLI: Asqueroso marrano repugnante. Debería meterle dos tiros aquí mismo. ¡Póngase en aquella esquina y no vuelva a abrir la boca! El resto. ¡A ver!  Muy bien. Muy, muy bien. Sí. Todo correcto. ¡Perfecto! Ahora quiero que se quiten los pantalones y las faldas y me enseñen los calzoncillos y las bragas. Y espero que ninguno de ustedes se haya presentado ante mí con ropa interior sucia o con algún tipo de rotura.
YO: ¡Esto no puede estar pasand...

Nuevamente no pude terminar de expresar lo que sentía pues el sargento volvió a agarrarme de la camiseta con una manaza mientras con la otra me golpeaba sin cesar por todas las partes del cuerpo.

MUJER 3: ¡Es un psicópata! ¡Ese tipo es un psicópata!
POLI: Soy el sargento psicóp... quiero decir, soy el sargento Orozco. Si alguno de ustedes piensa en correr y escapar por la puerta de entrada, olvídenlo. Está cerrada con llave. Nadie va a venir a rescatarles. Ahora pórtense bien y quítense los pantalones y las faldas.

Mientras desenfundaba un pistolón del tamaño reglamentario en Brobdingnag, todos obedecimos sus órdenes. En un minuto nuestros pantalones y faldas yacían tiradas por los suelos.

POLI: Perfecto. Ahora voy a pasar revista. Ajá. Ajá. Sí. Muy limpio. Muy limpio también. ¡Eh! ¿Pero esto qué cojones es?
MUJER 2: Es, es un micro tanga, señor.
POLI: ¡Un micro qué?
MUJER 2: Un micro tanga...
POLI: ¿Un micro tanga?
MUJER 2: Sí, sí señor. No puedo llevar bragas normales, me rozan y me salen ron...
POLI: ¡Un micro tanga! ¡Bien! Por lo menos, con el tamaño que tiene es imposible que se ensucie. Veo que todos ustedes llevan la ropa interior bastante aseada. Me satisface. Ahora quiero que se la quiten y la lancen como si fueran jugadores de baloncesto sobre la parte superior de ese armario.
HOMBRE 1: Esto es un ultraje. Me da igual que me dispare. No piens...

En ese instante la puerta de entrada se hizo añicos y entraron un buen número de policias. Tantos que me fue imposible contarlos. La mitad de ellos se abalanzaron sobre el sargento Orozco y lo inmovilizaron, el resto se acercaron a cada uno de nosotros y nos cubrieron con mantas mientras intentaban tranquilizarnos. En una habitación contigua estaban amordazados tres maderos más, supongo que eran los compañeros del sargento Orozco que al verse liberados respiraron aliviados. Unos minutos después cinco agentes se llevaron al sargento Orozco totalmente amarrado mientras gritaba como un poseso no sé qué sobre la limpieza y la gallardía extrema. Cuando llegué a casa me senté sobre el suelo y mis primeros pensamientos fueron para el viejo orificio de salida.

Pero, ¿qué es lo que vi? ¿Qué es lo que vi saliendo del viejo orificio de salida? No creo que deba contártelo. Supongo que no estás preparada para escuchar esa historia. Pero te aseguro que lo que emergió de ese viejo orificio de salida nunca volverá a aparecer en ningún otro lado. Fuera lo que fuese, pertenecía a ese mismo instante. Supongo que cada momento debe tener un recuerdo particular y, ¿por qué no?, quizá hasta un viejo orificio de salida. ¿Qué más da? Bueno, a mi no me importan el resto de orificios de salida, ya sean viejos o nuevecitos de trinki. Lo único que en realidad necesito es... ¿Qué es? ¿Qué es?

G

domingo, 26 de agosto de 2018

Email del 26 de agosto 2018

Vincent van Gogh. Two rats (1884)

Hola:

"-¿Así que todo fue un accidente? Un jodido accidente, ¿no es así? -preguntó el inspector al tipo que estaba tirado sobre el suelo y sollozaba desconsoladamente.
-Le juro por mis hijos que fue un accidente. Yo no quería que todo terminase de esa manera. Mi intención era matar un solo mosquito, pero se me fue la mano y acabé con la vida de dos mosquitos.
-Se comprometió a matar a un mosquito. Uno no es lo mismo que dos. Conozco a los tipos como usted. He lidiado con ellos desde el comienzo de mi carrera, cuando solo era un policía de barrio. ¡Míreme a los ojos! No se va a salir con la suya. Pienso acusarle y encerrarle.
-Estaban tan juntos. No pude hacer otra cosa. ¡Lo siento! ¡Lo siento tanto!
-Naturalmente que estaban juntos. Es la época de apareamiento. Pero a usted eso le da igual. Quería matar varios mosquitos de la manera que fuese. Luego pensaba esconder los cadáveres del resto y dejar un cuerpo para que pasase el control. ¿Se cree que somos imbéciles?
-¡Es cierto! ¡Lo hice! Lo hice a propósito. ¿Y qué? ¿Me van a condenar por eso?
-No. Usted conoce las normas. O por lo menos, debería conocerlas. No será condenado por eso. ¡Pero le condenaremos por cualquier otra cosa! Todo el mundo debe ser condenado.
-Usted forma parte de todo el mundo.
-Yo ya fui condenado tres veces. Ahora le toca a usted. Desconozco cuántos años deberá cumplir, pero le aseguro que cuando salga de la cárcel su vida será diferente."

El pasaje anterior pertenece a un relato corto titulado Supuración, que junto a otros cinco relatos, entre ellos Yo sodomicé a Mojo Jojo o Esmegma y satori conforman el volumen Narraciones orinientas que acabo de enviar a mi editor. En realidad mi editor falleció hace ocho años pero yo sigo remitiéndole todo lo que escribo. Es una cuestión de honestidad. La tipa que dirige su empresa en la actualidad me envía toneladas de cartas, emails y paquetes certificados recordándome en 18 idiomas que mi valedor ya no se encuentra en este mundo, y que a ella mis textos le recuerdan a las arrugas epidérmicas que suelen aparecer alrededor de los anos de ciertas especies de paquidermos. Pero no me importa. Yo no escribo para ella. Ni siquiera para cualquier tipo de público. Yo escribo para mí. Si intento que se publiquen mis trabajos es porque tengo dos cajones llenos de sobres y sellos a los que necesito dar salida.

Escribir es relativamente sencillo, por supuesto, siempre que uno no sea una especie de cruce entre chimpancé y calzoncillo. Lo verdaderamente complicado es tejer una historia que, aunque tenga o no sentido, se pueda leer sin llegar a desencajar la mandíbula de un bostezo. Supongo que mucha gente estará en contra de las dos afirmaciones anteriores, pero me importa una vaina extraterrestre pluricelular lo que puedan pensar. Ya tengo suficiente con controlar mis impulsos parasiticidas o a las anchoas cerebrales que dirigen mis cotarros, como para tener que preocuparme por pensamientos ajenos y totalmente alejados de la realidad. Mi realidad (o por lo menos, la única que me interesa).

Un rasgo común a todos los escritores (y escribidores), pertenezcan a un sexo u otro, es su incapacidad casi total para emitir valoraciones objetivas sobre las propias mierdas que escriben. Porque no existe en el mundo ningún autor que entre un trabajo y otro, más o menos correctos, no garrapatee verdaderas bazofias vergonzantes. Exceptuándome a mí. Pues soy capaz de escribir historias vergonzantes concatenadas. No necesito presentar mis textos malos disimulados entre los que yo -o cualquiera- pueda llegar a pensar que son buenos. Por esa razón creo que merezco un lugar en la historia. O mejor, la historia merece un lugar en mí. O tanto la historia como yo merecemos un lugar en otro lugar. Pero existen tan pocos lugares. Casi todos los lugares son el mismo lugar o una imitación perfecta del lugar que todos quieren que sea su lugar. Mi lugar es un nido de ratas. Por él corretean las más lustrosas mientras el resto se tienen que contentar con cequetas y azarbes. Y mientras todo lo que creemos que debería significar el vocablo "creación" se alimenta con los detritus de la ignorancia y el desconocimiento, mi hígado empeora de una manera alarmante.

Heno de Pravia es el aroma de mi hogar. Pero si has leído atentamente el párrafo anterior habrás advertido que mi hogar es una acequia. Si alguna vez me entero de que Heno de Pravia es el aroma de tu hogar, o del hogar de otros, entonces, Heno de Pravia dejará de ser el aroma de mi hogar y buscaré otra marca para que aromatice mi acequia. Pero si por alguna extraña coincidencia, Heno de Pravia también es el aroma del hogar de Elvira Lindo, en lugar de cambiar de producto, quizá me atreva a pedirle que venga a vivir conmigo a mi acequia. Con la bendición de su cónyuge, of course.

Greg Pez

viernes, 24 de agosto de 2018

Email del 24 de agosto 2018

Kuzma Petrov-Vodkin. Workers (1926)

Amiga:

He intentado descomponer el movimiento, pero me ha sido imposible seguir su constante cambio de posición, por lo que al final he optado por desordenar cualquier muestra de inacción visible. Y podría haberlo conseguido si uno de los testigos no hubiera avisado a un psiquiatra. Ahora me encuentro en una de las salas de su consulta, esperando que llegue y certifique si es o no posible desarreglar la inmovilidad. Si legitima mi afirmación podré regresar a casa y seguir con las investigaciones, pero si por el contrario certifica la total inviabilidad del objetivo terminaré sometido a interminables sesiones terapéuticas completamente sedado. No me desagrada ser sedado, aunque prefiero ser masturbado. Ambas maniobras tienen la misma terminación fonética y ambas producen salivación y éxtasis. Me han dicho que el frenópata es una mujer, aunque en la puerta de su despacho se puede leer perfectamente "Rodolfo Casillas Robles". Nunca he conocido a ninguna mujer que se llamara Rodolfo, aunque hace algunos años me acosó durante un tiempo un encofrador que se llamaba Encarnación.

Separar las partes de una totalidad es un trabajo singular, sobre todo si alguna de esas partes son inseparables. Algunos lo comparan a lo que hacen los susurradores de parcialidades, aunque me niego a ser tildado de susurrador, musitador o incluso bisbiseador de generalidades. Ni siquiera pesquisador multimiscelánico o inspector de estructuras básicas de los sistemas de archivos. Soy un simple descomponedor y mi existencia es una inmensa y completa descomposición, pero no putrefacta o diarréica, sino analítica y científica. ¿Quién si no yo se atrevió a manifestar que tres descomposiciones y media seguidas y presentadas en forma perpendicular equivalen a dos descomposiciones alternas paralelas? ¿Y quién fue el primero que descompuso una descomposición ya descompuesta en siete ocasiones anteriores y se comió después un bocadillo de tortilla?

Mientras escribo estas líneas escucho berridos. Algunos me recuerdan al que emiten las doulas misándricas y androfóbicas cuando las puérperas a las que tratan de ayudar se convierten de repente en varones sementales empalmados. Otros, por el contrario, me producen escalofríos y escalocalientes. Espero que el jodido doctor o doctora Rodolfo Casillas Robles me visite de una puta vez. En la inmensa quietud de mi habitación me esperan decenas de descomposiciones a mitad de descomponer, un pack de seis yogures desnatados bífidus con nueces y cereales prácticamente descompuestos y una composición en si bemol mayor titulada El rock del ruezno.

Gregorín

jueves, 23 de agosto de 2018

Email del 23 de agosto 2018

Henri Matisse. Open door (1896)

Amiga:

Me encontraba practicando la asana de yoga denominada Adho Mukha Svanasana, aunque quizá puede que fuese la postura Ardha Matsyendrasana, Setu Bandha Sarvangasana o Utthita Hasta Padangustasana, no lo recuerdo bien, cuando sonó el timbre de la puerta falsa que no tiene salida. En mi casa tengo 30 puertas. Cada una posee su propio timbre. Algunas de esas entradas son falsas y solo existen porque necesito demostrarme a cada instante que mi excentricidad no es una maldita pose. Cada vez que suena el timbre de una de esas puertas, ya sean simuladas o perfectamente funcionales, suelo dejar lo que en esos momentos estuviera haciendo y me dirijo por el pasillo estrecho a la habitación desde donde se pueden desconectar los timbres de las 30 puertas. Pero no los desconecto. Simplemente los miro, los limpio con un trapito y me doy la vuelta. La verdad es que no sé por qué en esas ocasiones utilizo el pasillo estrecho teniendo otros siete pasillos, la mayor parte de ellos más anchos y espaciosos. Quizá porque soy un tipo de costumbres. Resulta tan fácil acomodarse a un hábito. Tan sencillo como inventar un sonido. Recuerdo cuando era un poco más joven que ahora. Siempre he sido más joven que ahora, pero ahora me resulta menos doloroso recordar que siempre he sido más joven que ahora, y por esa razón ya no siento ese terrible sudor frío con forma de brinicle recorriéndome el espinazo y soy capaz de recordar que fui mucho más joven sin sentir que en realidad ahora soy más viejo. Porque soy más viejo. Por lo menos más que cuando era más joven. Podría haber sido más viejo cuando era más joven, pero entonces todas esas pequeñas cosas que ahora carecen de sentido seguirían careciendo de sentido. Por esa razón, me entretengo practicando yoga. Para que cada uno de los sinsentidos que aletean alrededor de mí, sigan careciendo de su sentido primario. Porque cuando me doy cuenta de que todo, o casi todo, vuelve a tener sentido, siento que ya no son necesarias tantas puertas, timbres y pasillos. Y cuando cada una de esas puertas, esos timbres y esos pasillos dejan de pertenecer al mundo que trabajosamente he manufacturado, pues eso, no le des más vueltas, simplemente dejan de pertenecer al mundo que trabajosamente he manufacturado. Así de simple.

Greg

miércoles, 22 de agosto de 2018

Email del 22 de agosto 2018

Rene Magritte. The beyond (1938)

Querida:

De repente lo comprendí todo. Y la consecuencia de ese entendimiento fue que mi talante -hasta ese instante bastante moderado- se transformó en profunda desesperación. Mientras trataba de trepar a la ventana para salir por ella hacia abajo, volví a comprender todo nuevamente. Fue como una especie de reseteo, así que decidí posponer el intento de terminar con la existencia y regresé a mi habitación. Nada más traspasar la puerta y sentarme sobre la cama, volví a comprender todo. Y a esa comprensión le sobrevinieron diecisiete comprensiones más. Al final de la jornada llegué a comprender tantas cosas que durante unos instantes me hice un lío tremendo con el entendimiento séptimo y el doceavo y a punto estuve de volver a trepar por la ventana para salir por ella hacia abajo.

La luz del nuevo día se filtró por las cortinas y aterrizó sobre mis ojos como un Boeing 747. Mientras trataba de cambiar de postura para no quedarme ciego, repasé para mis adentros cada una de las comprensiones del día anterior. ¡Menudo desastre! ¡Recordaba menos de la mitad! Me incorporé para ponerme los pantalones y me dirigí a la ventana. Estaba a punto de trepar por ella para salir hacia abajo, cuando de repente volví a comprender los entendimientos olvidados y 23 más que ni siquiera sabía que existían. Me sentí eufórico, así que cerré la ventana, me apoyé sobre una pared y traté de apuntar cada uno de esos entendimientos para que nunca se me olvidaran. Pero se me olvidó buscar papel y mientras trataba de dilucidar dónde escribir esas comprensiones sufrí un infarto de miocardio y fallecí.

Te escribo esto desde el otro mundo. En ese otro mundo, es decir, en este mundo en el que me encuentro ahora, no se necesita comprender nada, porque nada tiene sentido. Tampoco existen las ventanas, pues todo lo que se puede contemplar es como una gran ventana pero con un inmenso cierre de seguridad para que no nos caigamos hacia abajo. Dentro de 14 años, cuatro meses y veintitrés días morirás aplastada por una manada de ñus en Kenia. Te veré entonces y te enseñaré todas estas instalaciones. Hasta entonces, y con un sentimiento de positividad extrema, se despide de ti,

G

martes, 21 de agosto de 2018

Email del 21 de agosto 2018

Caravaggio. Canestra di frutta (1596)

Hola:

Mi frutera preferida es una señora con mucha personalidad.
-¿Se ha decidido ya? ¿Quiere kiwis variedad Allison o variedad Gracie? -me pregunta.
Mientras yo trato de tomar una decisión, ella acerca su cara a cinco centímetros de la mía y el olor de cerveza que sale expedido de su boca casi me tira al suelo.
-No tengo todo el día. Si todos mis clientes fueran tan indecisos como usted acabaría alcohólica.
Mientras señalo con un dedo que prefiero la variedad Allison no puedo dejar de pensar en si en realidad es factible que alguien que es alcohólico pueda llegar a convertirse en más alcohólico todavía.
-Cuántos kilos le pongo? Dígame algo por Dios. Es usted tan callado y miedoso.
Llegados a este punto, saco de mi bolsillo la capa de la invisibilidad que le robé a Doraemon en cierta ocasión que vino desde el futuro a visitarme, me la echo por encima y salgo de la tienda sin que nadie repare en ello.

En bastantes ocasiones me entran ganas de enviar a la puta mierda a alguien, pero en lugar de eso suelo enviarlos al jodido carajo. No sé si la puta mierda y el jodido carajo están cerca o si en realidad son el mismo lugar, pero por lo menos hago caso al espíritu de un antepasado mío que cada vez que se materializa me aconseja ser más amable cada día, sonreír a todas horas y masticar mucho los alimentos.

Me encuentro en otra frutería. Su dueño, un paquistaní de unos 27 años tiene un aspecto decidido y un rostro que demuestra que es un tipo cortés y comprensible. Cuando le pregunto a qué precio están los kiwis se descuelga del mostrador como si fuera un langur plateado y aterriza a menos de cuatro centímetros de lo que yo, hasta ese momento, había creído que era mi espacio personal.
-Kivis bonitos para cagar. 2.70 euros kilo.
Cuando le pregunto si son neozelandeses, se separa de mí como si de repente hubiera comprobado que me ha abandonado el desodorante y regresa a su banqueta, donde por momentos se deja llevar en una especie de meditación termohalina para acabar protruyendo su espíritu hasta elevaciones insondables...
¿Qué es nezalondese?
Intento explicarle que neozelandés es el nacido en Nueva Zelanda. Entonces, de repente se pone a reir como un poseso y acaba repitiendo su mantra...
-Kivis bonitos para cagar. 2.70 euros kilo.

Recuerdo que cuando era pequeño todos los mayores me recordaban que realmente era pequeño. Ahora que soy mayor, todos los que son más mayores que yo, me recuerdan que son más mayores. Y de la misma manera, los que son más pequeños que yo me recuerdan que son más pequeños que yo. Supongo que cuando esté muerto, todos los demás muertos me recordarán que ellos murieron antes. ¡La existencia me recuerda al óxido de deuterio! No me preguntes por qué he llegado a esa conclusión, porque no podría responderte, pero te juro por Gilles de Rais que es una sensación real. A veces me gustaría poder convertirme en hadromasa y vivir tranquilamente descomponiendo la madera. Sin humanos alrededor. Todo lo más algún bichito xilófago mordisqueando pausadamente por la ventura.

-Ha llamado a la frutería online. Dígame qué desea, por favor...
-¿Tiene kiwis?
-Pues claro que tenemos kiwis. Y pitahayas, carambolas, tamarillos, nanjeas, torombolos, pineberrys, guavas, mangostanes, salaks, alquejenjes, kumquats, anones, frutipanes, yacas, halas, copoazús, akebias, tunas, gacs, jaboticabas, achiotes, gunábanas cimarronas, marangs, zaptes, pequis, uchuvas, longanas, platonias, ackees, bananitos, duriones, malangas, lulos, mameys, papayones, mamoncillos, tirabeques..
-Perdone. Luego le vuelvo a llamar para hacer el pedido de kiwis. Es que mi hijo de dos años se acaba de tragar un pañal.
-Espero su llamada...

Voy a sacar la cabeza por la ventana. Necesito que la luz natural y los rayos solares purifiquen mi alopecia, pues cada vez que mi calva se siente henchida de refulgencia y ardentía, es cuando más capaz soy de emitir respuestas a todo ese montón de preguntas que me agreden día y noche. Todavía no comprendo cómo existe gente que está convencida de que la vida, tal y como la conocemos, es un regalo único e irrepetible. Claro que yo siempre he recelado de los regalos únicos e irrepetibles. Las únicas dádivas que soy capaz de aceptar sin sentir que el tipo o tipa que me las ofrece lo único que quiere es parte de mi cuerpo, o la totalidad de este sin pagar un euro, son las bolsas de plástico que, hasta hace un par de meses regalaban en los comercios.

Greg

PD:
Greg eleison.
Gloria in excelsis Greg.
Per omnia saecula saeculorum.
Laus tibi, Greg.
Credo in unum Greg.

lunes, 20 de agosto de 2018

Email del 20 de agosto 2018

Kurt Schwitters. Something or other (1922)

Querida amiga:

Hace muchos muchos años, un príncipe malvado... ¡Joder, no! Lo intentaré de nuevo. Hace muchos muchos años, cuando todavía no era un adulto y veraneaba en el pueblo de mi madre, vi un ovni trazando movimientos extraños sobre el cielo. Bueno, eso me pareció en ese instante, aunque para mi abuelo Vicente lo que yo había confundido con un objeto volador no identificado no era más que un pájaro grande con serios problemas de motricidad. ¡Y puede que tuviera razón!. Lo primero que hacía todas las mañanas nada más levantarme era abrir la ventana de mi habitación y contemplar a los estorninos, las grajillas y los cernícalos primilla volando majestuosamente. Ahora, es decir, desde que vivo en la capital, solo veo gorriones, pero no me desagrada en absoluto. Amo a los gorriones y a las gorrionas. Y a los gorrioncillos, que son los polluelos de los gorriones y las gorrionas adultas. Y también me amo a mí. Y amo a mis plantas y a mis bichos. Y hasta puede que incluso a mis padres, hermanos y a unos pocos amigos. Sin embargo, estoy convencido de que amar es marrar. Excepto cuando amas a cualquier ser vivo que no te ame a su vez, ya sea porque no está predispuesto genéticamente a perder el tiempo con paparruchadas pueriles o porque en esos instantes tiene algo mucho más importante que hacer.

En mi casa hay una habitación. En realidad hay tres habitaciones, pero en una de ellas es donde sucede todo. Allí oculto látigos, fustas medievales, vergajos y flagelos. Nadie está autorizado a entrar en ese cubículo sin una autorización sellada y firmada por Dios, Padre todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra. Pero como Dios, Padre todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra no existe, no puede emitir ninguna clase de permiso, visado o salvoconducto. Ni siquiera su retoño, Hijo de David e Hijo del Hombre -también un personaje inexistente al que sus adoradores llaman Jesús de Nazaret- puede hacer nada al respecto. Por lo tanto, salvo cacos despistados o apariciones ectoplasmáticas de última hora, yo soy la única fuerza de la naturaleza capaz de sacar partido a todo lo que se encuentra guardado en cada cajón, cada armario o cada vitrina del "aposento donde no puede existir amor", que es como llamo a dicha estancia.

Los cocineros artistas, esos que se creen reencarnaciones gastronómicas de Caravaggio, Mozart o Shakespeare, suelen decir que la cocina está llena de amor. Me imagino que no es más que una boutade, un hibris, una gilipollez sin sentido. Ellos saben bastante de sinsentidos, pues solo algunos humanos pertrechados a partes iguales con prepotencia, memez e ignorancia son capaces de denominar a sus platos con nombres kilométricos que no significan absolutamente nada. Yo creo que en el único sitio del planeta donde realmente puede existir amor es en ningún lugar. Y creo que sé de que hablo, pues he convivido en innumerables lugares, donde si mirabas bien, enseguida te dabas cuenta de que ese lugar no era un lugar. Puede que fuera algo, pero algo no es demasiado. Se necesitan más pistas para poder ser capaces de inventar un nombre para cualquier cosa. Cualquier cosa eres tú, yo, el príncipe malvado de la primera línea, mi abuelo Vicente, cada uno de esos inútiles cocineros artistas e incluso Dios, Padre todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra y su retoño, Hijo de David e Hijo del Hombre, también llamado Jesús de Nazaret. Sin embargo, Caravaggio, Mozart o Shakespeare, por nombrar solo a tres extraordinarios extraterrestres, representan a un Todo inconmesurable que está por encima de lo que el resto puede llegar si quiera a imaginar con la ayuda de un hongo psicotrópico. Orson Welles tenía razón cuando dijo que el mundo ha seguido rodando gracias a 1000, 2000 personas increíbles, y que el resto, es manada.

Creo que me estoy poniendo metafísico, quizá incluso un poco escolástico. Y siempre que me pongo así, termino diciendo sandeces. Pero, ¿qué es una sandez? Una sandez es algo. Y ya sabemos, pues lo he escrito unas líneas más arriba, que algo no es demasiado. Es un poco, en ocasiones un poco más que un poco, pero la mayor parte de las veces, es casi nada. Y en mi estado emocional, casi nada debería ser casi todo, pero no deja de ser casi nada.

Greg

PD:
Me encanta escribir con la televisión encendida y con el volumen bajado a tope. De esa manera cuando levanto la mirada de la pantalla del ordenador puedo ver lo que en esos momentos están emitiendo, que por lo general suele ser nefasto para la salud mental, y me obligo a volver a la dichosa hoja de Microsoft Word. Hace un rato, cuando intentaba terminar el cuarto capítulo de  mi Introducción breve a la geografía anal, un ensayo que estoy escribiendo sobre las columnas de Morgagni, he reparado en que en el canal que tenía sintonizado estaban poniendo una peli japonesa de monstruos, realizada seguramente para exaltar intelectualmente a los millones de anormales que pueblan este sufrido planeta. El título del film era Gamera, el guardian del universo, pero igual hubiera dado que se llamara Gamera en Formentera. Gamera es el nombre de una tortuga gigante que mide 70 metros de altura y que en numerosas ocasiones ayuda a los hijos del sol naciente a luchar contra el resto de monstruos descomunales que la tienen tomada con Japón, y que representan al mal en todas sus formas posibles.

sábado, 18 de agosto de 2018

Email del 18 de agosto 2018

Giorgio de Chirico. Las vejaciones del pensador (1915)

Hola:

Si alguien me preguntara cuál es el numerónimo de mi vida, le contestaría que es un pedante de mierda. ¿A quién se le ocurre utilizar un vocablo así? ¿Numerónimo? Suena a emperador romano de la dinastía Flavia. Claro que tras cuatro o cinco vituperios manifiestamente específicos, supongo que me tranquilizaría y hasta es posible que me colocara en la posición física que utilizo para razonar. Todos los humanos, ciertos vegetales y algunos animales -aunque a veces se haga difícil diferenciar entre unos y otros- conocen mi insólita fobia a eso que cierta clase de aberraciones prototípicas disfrazadas de Homo sapiens denominan "pensar". De los cerca de 7450 millones de personas que pueblan el planeta, solo existen 34 individuos (e individuas) que están en disposición de poder elaborar y relacionar conceptos en la mente. Yo soy uno de ellos, aunque me disgusta hasta el paroxismo tener que demostrarlo.

Pero respondiendo a la pregunta que inició el texto: mi numerónimo, o por lo menos el que marcó mi vida es 17A, que corresponde al 17 de abril (de 1976) que es la fecha del día en que me dejé mi primer y hermoso bigote chevron, aunque según mi tía Casilda López, la hermana de mi padre, me confundo. El 17 de abril de ese año es el día en que ella me enseñó a pespuntear. Sea lo que fuere, por el motivo que fuese, ese número y esa letra corresponden a uno de los momentos existenciales que me hicieron desconfiar de la biología embriológica y evolutiva. Bueno, amiga mía, eso es todo de momento. Por cierto, ¿sabes que "momento" rima con "excremento"? Pero también puede asonantar con barboquejo, solo es cuestión de tupir un poco las consonante fricativas linguointerdentales sordas. En algún momento de alguno de mis futuros miércoles te enseñaré a hacerlo. Solo soy capaz de adoctrinar prosélitos los terceros días de cada semana.

Se despide de ti, con molestos aleteos palpebrales,

Greg "Doliente espiritual" López

viernes, 17 de agosto de 2018

Email del 17 de agosto 2018

Rembrandt. A bust of an old man (1633)

Querida:

A veces pienso en el tiempo que he dedicado a intentar comprender de qué va todo esto. Para ser exactos, 55 años, pues la primera anualidad de mi existencia la dediqué a patalear. No me entiendas mal, todavía pataleo, pero ahora lo hago con la seguridad que proporciona la ajadez y la erudición reflexiva. Si tuviera que definir con un vocablo lo que para mí significa existir creo que utilizaría el término "uf", pero no el "uf" que sirve para definir la millonésima parte de un faradio, sino el "uf" interjectivo que expresa alguna impresión repentina e imprevista o una sensación trascendente y con serias consecuencias. Claro que también podría ponerme en plan erudito y determinar que todo lo que hemos sido y somos, no es más que una colección de despropósitos inútiles que solo sirven para que (algunos) seamos capaces de tomar conciencia de la gravedad que supone razonar. Yo, desde luego, ya hace años que no razono, o mejor dicho, razono menos tiempo, pues prefiero dedicar varias horas de cada jornada a beber Coca-cola y zampar Bollycaos. Llegados a este punto supongo que te preguntarás por qué estúpida razón hago eso. Pues porque no tengo una pistola. Si tuviera un arma de fuego, todo sería más sencillo. ¡O puede que no!

Hablando de dedicar, ayer dediqué parte del día a tomar conciencia sobre mi contribución a la historia de la memez humana. El resultado fue 2-0. En el intermedio perdí un poco la concentración y me costó bastante entrar de nuevo en el partido. Al final logré clasificarme para los cuartos de final y actualmente estoy negociando el traspaso de un nuevo cerebro. Supongo que te tendré informada de las negociaciones. Aunque la verdad es que nunca se me ha dado bien mantener a alguien informado, ya sea de negociaciones como de transacciones, purgaciones o putrefacciones. ¡Y es que soy tan poco dado a demostraciones! Por favor, ¿alguien podría argumentarme las ventajas de las satisfacciones? ¡Soy un tipo tan anhedónico! Y tan patognomónico, malencónico y plutónico. Debería darme pena, pero por el contrario me produzco júbilo, algazara y satisfacción. Y aunque estoy convencido de que soy un ejemplo a seguir, prefiero que nadie me siga, pues no troto ni trocho de una manera demasiado elegante.

Y aunque camino por la senda de las eternas insatisfacciones, siempre tendré en cuenta que gracias al espermatozoide campeón que fui, mis progenitores tuvieron un instante de gozo sexual y quizá un pequeño orgasmo. Luego ese pequeño orgasmo se trastocó y solo sirvió para producirles grandes y terribles dolores de cabeza. Actualmente, pese a que todavía conservo la cara de gameto dominador, prefiero mantenerme al margen. Por supuesto, en ocasiones, también soy capaz de mantenerme al borde, al costado, en la frontera o incluso al límite.

Greg

miércoles, 15 de agosto de 2018

Email del 15 de agosto 2018

Franz Marc. Young boy with a lamb (1911)

Amiga:

He encontrado una posible explicación provisional a cierto suceso aparentemente inexplicable que me sucedió ayer. Pero antes de explicarte en qué consistió dicho suceso, he de determinar si todavía eres la persona de confianza que has demostrado ser siempre. Dame cinco minutos mientras lo determino.

Ya lo he determinado. Y me han sobrado 16 segundos. Eres la persona de confianza de siempre. Felicidades. Ahora, antes de esclarecer el suceso inexplicable que me sucedió ayer, oremos por todos los individuos que nunca podrán ser partícipes de la explicación que en breves instantes escucharás:

Oh, Padre creador de todo lo que conocemos, de lo que no conocemos, y de lo que conocemos pero nos gustaría olvidar, bendice este suceso inexplicable y protégenos, tanto a la persona que va a escuchar en breves momentos mi explicación provisional como a mí, de todos los infortunios proyectados por todos aquellos que nunca fueron llamados a la cena de las bodas del Cordero.

Después de tan reconfortante oración, me siento henchido de gozo y con la fuerza suficiente para esclarecer el suceso aparentemente inexplicable que me sucedió ayer (¿o fue antes de ayer?). ¡Pero no te lo voy a narrar! Acabo de tomar esa decisión. A veces tomo determinaciones francamente  incomprensibles, pero te aseguro que no soy un tipo caprichoso. He decidido no contarte mi explicación provisional a la experiencia inexplicable que padecí ayer o antes de ayer, porque prefiero llegar a una explicación definitiva. A mi edad, ya no sirve para nada experimentar demasiado con lo transitorio o circunstancial. Sé que estarás completamente de acuerdo con mi decisión ya que conozco el verdadero afecto que sientes por todo lo que hago. Quizá algún día pueda ser capaz de llegar a una o varias conclusiones. Entonces, cuando ese instante se transforme en realidad firme, te aseguro que tú serás la elegida para escuchar mi explicación indiscutible, concluyente y, por qué no, absolutamente decisiva.

Gregorio de Osborne y González Byass.

lunes, 13 de agosto de 2018

Email del 13 de agosto 2018

Henri Matisse. La danse (1909)

Querida:

En ocasiones detengo el tiempo. Sobre todo cuando comprendo que he llegado a un punto en que nada me importa lo suficiente. Sin la dilatación entrópica perfectamente estructurada que proporciona dicha magnitud física, los acontecimientos flotan ante mí como un tapón de corcho. Entonces me siento libre de trasladarlos a posiciones que nunca, ni en mil millones de años, llegarían a ocupar de forma natural. ¿Qué se debe hacer cuando uno se da cuenta de que se comporta como una omnipotencia dentro de su propia conciencia? ¿Dibujar una sonrisa muda y creer que todo, de alguna extraña manera, está relacionado? Es una forma sencilla de salir del atolladero, pero yo creo, es decir, si me lo permitieran... ¿Alguien sabe...? Deberíamos ser conscientes de que cada una de las líneas toscamente trazadas que cruzan cada una de las sagitas... Me gustaría que alguien me cogiese la mano, pero no de esa forma emocional que implica amor o afecto. Me gustaría que alguien, otro alguien diferente, acercara sus labios suculentos y pulposos a los míos y los mordiera con fuerza. Me encantan los garabatos que forman las gotas de sangre cuando se fusionan. Me encantan los garabatos. Me encantan. Me. ¿Yo? Me encantan los garabatos. Me encantan los garabatos que forman las gotas de sangre cuando se fusionan. Me gustaría que alguien, otro alguien diferente, acercara sus labios suculentos y pulposos a los míos y los mordiera con fuerza. Me gustaría que alguien me cogiese la mano, pero no de esa forma emocional que implica amor o afecto. Me. ¿Yo? Deberíamos ser conscientes de que cada una de las líneas toscamente trazadas que cruzan cada una de las sagitas... ¿Alguien sabe...? En ocasiones detengo el tiempo.

G

domingo, 12 de agosto de 2018

Email del 12 de agosto 2018

Kay Sage. The answer is No (1958)

Para dar una respuesta a lo escrito anteriormente, antes tendría que haber escrito algo anteriormente. C'est la vie. Sin embargo, voy a tratar de responderme a mí mismo en algunas cuestiones que en estos instantes rondan por mi cabeza.

Primera cuestión. Respuesta: No.
Segunda cuestión. Respuesta: No.
Tercera cuestión. Respuesta: Hum, no sé. Seguramente, no.

Tú me conoces, eres mi amiga (y de otros cientos de tipejos y tipejas más) y sabes que soy un tipo que suele contestar de una manera escueta a cualquier tipo de pregunta, ya sea intelectual, emocional o asnal. De todas formas, más abajo intentaré llegar a algunas conclusiones. Pero será tan abajo, tan abajo, que incluso tú tendrás problemas para poder leerlas. Me encantan los abajos realmente bajos. Por esa razón, nadie ha podido leer nunca un abajo escrito por mí. Y quiero que esa norma se cumpla hasta mi muerte o hasta que mi corazón deje de latir, lo que suceda primero. Así que tendrás que aguantarte leyendo estos irrisorios "en medios".

Greg

sábado, 11 de agosto de 2018

Email del 11 de agosto 2018

Blek le Rat. Resist (2004)


Hola:

Sabemos que el universo se expande un 10 por 100 cada mil millones de años, sin embargo desconocemos la combinación de números del próximo sorteo de la Primitiva. Recordarás que hace algunos años, un tipo se hizo famoso por asegurar que era capaz de ver esos guarismos con la ayuda de un boroscopio mágico de su invención, con el cual podía desplazarse sobre la región compacta perteneciente a un agujero de gusano, pero que no lo hacía porque le interesaba seguir siendo tan asquerosamente pobre como un roedor de arbellón. ¡Salió en todos los jodidos periódicos! Pues bien, ese tipo era yo con peluca y barba postiza. También me puse un pene falso super size, aunque por supuesto, no salió en ninguna foto, pero yo me sentí John Holmes II por unos minutos. Desde ese día han pasado por delante de mí demasiados incidentes decadentes, accidentes contundentes y prostitutas de alto standing, quizá por esa razón estoy en condiciones de asegurarte que tanto unos como otras, es decir, sucesos y meretrices, no han trastocado un ápice mis ideas sobre la resistencia existencial. ¡Existo porque resisto! Aunque no te puedes llegar a imaginar lo mucho que me cuesta resistir para poder existir. Quizá por esa razón estoy a punto de volver a interpretar el mismo papel de entonces, así podré volver a salir en los periódicos y en el canal comunitario de televisión con la patraña del túnel y el puente de Einstein-Rosen y sacar unas pocas pelas más para poder seguir existiendo y resistiendo un par de años más. ¡Sería un crimen no volver a aprovecharse de los cenutrios! Dios, en su infinita misericordia, los puso en derredor nuestro para que pudiéramos succionar hasta sus últimas exhalaciones vitales.

Intentaré seguir manteniéndote informada...

Un morreo trofaláxico de

Greg

PD:
Las órdenes que el sistema nervioso central envía a cada una de las partes de mi cuerpo están siendo investigadas por Asuntos internos cerebrales. Parece ser que la hipófisis recibe un trato de favor del hipotálamo. Quizá por esa razón desde hace un par de días nada funciona como es debido. Te pondré un ejemplo: hace un rato me picaba la nariz y al intentar rascármela con el dedo índice de la mano derecha el picor se ha desplazado automáticamente a la oreja izquierda. Al desviar mi dedo hacia esa oreja el picor se ha situado en la rabadilla y ha permanecido allí durante 15 minutos y medio. Al final, como ha notado que mi dedo pasaba olímpicamente de seguir jugando a ese maldito juego, se ha desvanecido, no sin antes obsequiarme con un pinchazo fortísimo en las lumbares.

lunes, 6 de agosto de 2018

Email del 6 de agosto 2018

Afiche de Mon oncle (Mi tío). Film del maravilloso Jacques Tati. 

Holaaaaaaaaaaaaaa:

Me han regalado un dispensador, así que mañana me pondré a dispensar por el vecindario. Hace unos pocos meses mi hermano me dio un deshuesador que ya no usaba porque le daba pena tirarlo. Había estado tan encariñado con él en el pasado que me hizo prometer que lo cuidaría como a un hijo. Actualmente mi hijo está tirado en un cajón de la cocina, al lado de otros hijos, sobrinos y primos. No comprendo por qué nadie me regala una Martin D-45 que es lo que verdaderamente deseo. Quizá porque cuesta cerca de 10.000 euros. Sin embargo creo que yo valgo un regalo así e incluso superior, es decir, dos Martin D-45 (o una Gibson J-45 y dos Taylor k14ce). Me siento tan poco querido que a veces creo que soy un jodido "Esmuki-muoki".

El término "Esmuki-muoki" tiene un origen bastante reciente. Fue acuñado en febrero de 1988 por mi tío Braulio cuando un amigo suyo, bastante conocido por ser un bromista casi profesional, le introdujo dos lombrices de 17 y 21 centímetros, respectivamente, por las fosas nasales mientras dormía. Según las memorias de Fermín Cuesta, testigo ocasional del suceso, cuando mi tío se despertó miró en derredor, se incorporó, volvió a mirar en derredor, se tumbó de nuevo y pronuncio esas palabras míticas antes de mirar en derredor por tercera vez y mandar a todos a paseo. Aunque para Vicente Cárcel, que en aquellos momentos intentaba despegarse un chicle marca Cheiw de las suelas de las zapatillas Nike, justo a menos de 5 metros de donde sucedió todo, mi tío Braulio no dijo "Esmuki-muoki", sino "Sracarracarraca ñujil ñujil".

Supongo que esta historia te habrá llegado al Almax.


Greg

domingo, 5 de agosto de 2018

Email del 5 de agosto 2018

Gene Davis. Split beat (1965)

Querida:

Una de las interpretaciones probables de un visaje es el prurito o la excoriación. Ahora bien, esta afirmación no puede ser tomada demasiado en perspectiva, si el ente emisor de dichas irritaciones no se avía tal y como las disquisiciones higiénicas aconsejan. Tú y yo sabemos que la rebeldía insubordinada constituye el rasgo fundamental de la especie sapiens (del género Homo), que en ocasiones sustenta teorías, conjeturas y especulaciones. ¿Recuerdas todas las malditas especulaciones que la chusma descerebrada propagaba (y sigue propagando) sobre los Fruittis Mochilo, Gazpacho y Pincho? ¿Recuerdas los problemas que atrajo sobre la aldea donde vivían esas maravillosas frutas, legumbres, plantas y frutos secos, el jodido volcán? No puedo quitarme de la cabeza a Kumba, Fresón y Alcachofo. Pero tampoco puedo quitarme de la cabeza la "Regla de la Totalidad". Si todas las líneas de un conjunto piramidal infinita son teoremas, entonces, ¿la distrofia en forma de poliedro que padezco desde hace años en el músculo piramidal es un puto teorema o proposición? No encuentro ninguna coherencia. Pero tampoco soy capaz de demostrar ninguna incongruencia. Es posible que una mínima generalidad sea pertinente, pero el cálculo de las probabilidades arroja demasiadas variables fácilmente evidenciables. Imagina que edifico un pensamiento con forma de esquema Ponzi, es decir, piramidal. Y sigue imaginando: ahora agarro el peluche de Gorilón y lo sitúo en el vértice. ¿Te imaginas lo que sucederá a continuación? Exacto. ¡Absolutamente nada! Porque resulta que me he equivocado y el peluche que tengo no es el de Gorilón, sino el de Monus. Recomencemos de nuevo. Imagina que sitúo el peluche de Monus en el vértice de la pirámide. ¡Olvídate de Ponzi! ¿Qué crees que sucederá a continuación? Pues que entrará corriendo mi sobrina Amparo López y se llevará el muñeco, que para eso es suyo. Entonces yo me quedaré con la cara arrugada y hasta puede que dibuje algún pequeño gesto de cabreo, pero sin pruritos o excoriaciones.

Las mañanas se me hacen eternas. A veces intento cubrirlas con los vestidos de las tardes. Eso ayuda a mi cerebro a creer que pronto llegará la noche. Y con ella ese manto paralelo denominado opacidad irreversible. No es que las noches sean mejores que los días, o por lo menos que las mañanas, pero el silencio lo ilumina todo. Excepto cuando los borrachos y las borrachas entonan juntos viejas canciones sobre amores rotos y esperanzas difuminadas. Hoy todo es exacto a ayer, excepto en que soy 24 horas más viejo. Ayer fue una repetición exacta de anteayer o del resto de días que comprenden cada mes, cada año, cada lustro o década, desde que llegué a la terrible conclusión de que todos los días y todas las noches no son más que una forma de describir un conjunto de sensaciones, reales o no, que nos impiden darnos cuenta de lo que somos. ¿De lo que somos? ¿Qué somos? ¿Qué somos? Somos cualquier cosa que se nos pase por la cabeza en cualquier instante. Y eso ya es suficiente. Aunque desde pequeño siempre me habían explicado que nunca es suficiente. Todo es suficiente. Pero nada también es suficiente. Incluso repletos de insuficiencias, podemos llegar a comprender el alcance de cada una de esas pequeñajas suficiencias que aparecen cuando menos se las espera. Aunque luego, siempre acaban cobrando un impuesto.

Acabo de alargar el cuello y he reparado en que la meta ubicada más adelante no es más que un nuevo principio. Quizá por eso mis sensaciones son muy diferentes a las que me devoraban hace unos pocos minutos. Desde luego, estas nuevas percepciones son tan avasalladoras como las anteriores, pero por lo menos sé que son manufacturadas por mi cerebro con el único propósito de que no me rinda. O quizá para que calle la boca durante unos minutos y deje de quejarme. Pero si callo la boca y dejo de quejarme, significa que no existo. Existir implica berrear. Existir es una forma sutil de informar a la eternidad de que ya estoy hasta los huevos de tanta gilipollez. Podría dejar de existir, pero no sé cómo hacerlo sin provocar demasiado dolor a mis progenitores. ¡Todo es suficiente! ¡Todo es suficiente! Incluso los malditos chantajes emocionales. Me gustaría conocer lo que se esconde dentro de la inexistencia, pero no quiero hacer daño. Por no hacer daño me hago daño a mí mismo. Es curioso cómo funciona todo. Hay que sufrir para que otros no sufran. Hay que dejar de sentir para que los que te rodean puedan sentir a placer. Hay que tragar y tragar para que todo siga como lo dispuso la rueda del tiempo.

A primera vista... O mejor, después de leer el primer párrafo, cualquiera pensaría que soy imbécil. Después de leer el segundo y tercer párrafo cambiaría de opinión y manifestaría que soy un estúpido niñito adulto megalomaniático que, como lo ha tenido todo en esta vida, necesita lloriquear para hacerse escuchar. ¡Menos mal que nadie va a leer el quinto párrafo! Porque nunca me han gustado los quintos párrafos. Ninguno de mis libros o textos tiene quintos párrafos. Todos pasan directamente del cuarto al sexto. Y sin embargo, nadie ha reparado en esto. Son capaces de llegar a conclusiones precipitadas sobre las deficiencias de mi intelecto, pero no han llegado a darse cuenta de mi profunda fobia a dicha fracción. Por eso siempre me he sentido solito. Y quizá por esa razón llegué a creerme un Fruittis más: el pimiento pocho Gregorión. Y si alguien alguna vez se toma la molestia, quizá pueda llegar a darse cuenta de los paralelismos ocultos entre tanta fruta con insondables sentimientos.

Gregorión.

viernes, 3 de agosto de 2018

Email del 3 de agosto 2018

Francisco Goya. Disparate furioso (1823)

Amiga:

Después de meditarlo durante un tiempo que me ha parecido muy justo y bastante razonable, he llegado a una conclusión realmente desconcertante: si me quiero desplazar hasta un nivel entrópico superior, primero he de dejar de bostezar. Todos sabemos que el caos o el desorden anárquico y las oscitaciones son enteramente incompatibles. Incluso con prescripción neurológica frenopática, más o menos alineada. Hace algunos años, quizá 300 o algunos más, trepé a un árbol -con mi forma congenial de entonces- y grité a quien me pudiera escuchar "¡lasanciaaaaaaaaaa!". Tres siglos más tarde sigo preguntándome por qué razón bramé "¡lasanciaaaaaaaaaa!" si lo que quería vomitar sobre el mundo era "¡deberíamos reflexionar sobre nuestra propia psicología y dejarnos de monsergaaaaaaaaas!".

¿Existe una alternativa? Siempre existe una alternativa. ¿Para qué? Para todo. Gracias a las alternativas puedo convertir cualquier teorema en un consolador. Y no creo que exista demasiada gente que sea capaz de tal hazaña. Todavía recuerdo cuando transformé el teorema de Bayes en un plug anal para principiantes. Todos los principiantes y algunos pocos experimentados hicieron cola durante doce días para poder conseguir uno de ellos. Y menos mal que mi modestia natural me impide contarte el resto de modificaciones. Pero no creas que soy un cochino trastornado, porque solo soy un marrano perturbado. Y parte del desequilibrio cerebral que arrastro se debe a la autopoiesis. Y puede que también a las abejitas.

Y cuando el lenguaje de los hombres desnudos origine bucles totalmente engalanados, sabremos que ha llegado el momento de ciscarnos en cualquier tipo de inexactitud, ya sea topológica, urológica o similar a un puto nudo borromeo. Y mientras cada una de las abstracciones que comprenden la base de cualquiera de las cosas que apreciamos cuando caminamos borrachos como una cuba se yumyumyumyen, puede que creamos que ya somos capaces de distinguir entre el firmamento, el pegamento o el tegumento. Nunca debimos rechazar los unitardos en favor de los leotardos. Somos montes de Venus asquerosamente calvos, figuras de Chladni proporcionalmente desestructuradas, compresas Evax Cottonlikeque que ya no absorben lo suficiente. Contemplamos nuestros reflejos sobre el cristal de una ventana y todavía creemos que esos reflejos son nuestros reflejos contemplados sobre el cristal de una ventana. Nunca han existido los reflejos. Tampoco los cristales y mucho menos las jodidas ventanas. Y si no que se lo pregunten al fabricante de Luminia.

Greg

PD: Y puede que también a las abejitas.

jueves, 2 de agosto de 2018

Email del 2 de agosto 2018

Pablo Picasso. Figure (1927)

Amiga:

Yo y yo y yo y el resto de yoes estábamos muy unidos. Afortunadamente todas mis personalidades tenían un talante compatible y yo disfrutaba con cada una de ellas. Un día intenté contar el número de esos otros yoes que vivían en mi interior y la cifra resultante me dejó un poco mareado y descompuesto. Así que me dirigí al aseo e intenté vomitar un poco, pero me fue imposible porque Greg XXII, mi personalidad número 22, comenzó a increparme por ser un cuerpo "blandiñoño", y no tuve más remedio que demostrar mi gallardía escupiendo sobre el espejo y manoseando mis partes intimas por encima del pantalón con una fuerza tan inusitada que a partir de ese momento desarrollé una cistitis crónica.

De pequeño me fascinaban los testículos. Bueno, no todos los testículos, sino los míos, que me colgaban como una pareja de padres ahorcados y me dificultaban el movimiento. No es que fueran demasiado grandes, sino que en aquella etapa de mi vida no tenía claro en qué posición debían estar cuando me ponía los calzoncillos. Has de tener en cuenta que las perneras se desarrollaron unos años más tarde y hasta entonces, las gónadas podían ir a cualquiera de los dos lados o perfectamente ajustaditas en el centro. Mi personalidad LXVII carecía por completo de dídimos, lo cual no le importaba en absoluto. Una vez le pregunté cuál era la razón de su falta de hombría y su respuesta fue una pedorreta criptomnésica.

A muchos de mis conocidos y amigos no les gusta la idea de que, sin saberlo, quizá estén alojando en sus interiores un número indeterminado de yoes. Les aterroriza llegar a la conclusión de que no son los dueños de sus cuerpos y sus mentes. Uno de ellos, Casimiro Sandemetrio, incluso me dijo en una ocasión que si descubría alguna vez algún rasgo de desdoblamiento de personalidad se haría monja. Cuando le recordé que para ser monja era necesario ser mujer, me contestó que entonces se haría mujer. En cierto modo esa respuesta me recordó a XXXV, la personalidad más psicótica de cuantas influían en mí y en mis actos. La llamaba "forma Henry Howard Holmes 35 sin bigote" y tenía una apariencia extraña, pues más que un humano parecía un hongo. No me lo estoy inventando, tenía forma de hongo nuclear. ¿Has visto alguna vez un hongo nuclear? Entra en YouTube y podrás ver algunos de los años cincuenta y sesenta.

Pero no sé por qué te cuento mis intimidades. Quizá porque confío demasiado en ti. Al fin y al cabo eres la mujer más cipotuda que he conocido y eso, seguramente, impide que me distancie de ti como hago con el resto del mundo. No es que me gusten los penes, pues prefiero los panes (sí, ya sé que es un chiste malísimo), pero hay algo en nuestra relación que me recuerda al pizzo siciliano. Y yo prefiero la pizza napolitana (otro chiste de pena). Ahora voy a dejarte, el tipejo XIX se ha hecho de vientre encima. Y su encima es mi encima. También es mi debajo y mi en medio.

Greg

miércoles, 1 de agosto de 2018

Email del 1 de agosto 2018

Albrecht Durer. Feet of a kneeling man (1508)

Hola:

¿Quieres saber qué es lo que he sentido al cortarme las uñas de los pies después de tres meses y medio sin hacerlo? Pues he sentido cientos de sensaciones, emociones y percepciones. Entre ellas la sensación de glorificación antropocéntrica y algo similar a lo que podríamos denominar como un minúsculo presentimiento cosmogónico. Nunca debí cambiar mi rutina podoactiva, pero fui débil y llegué a conclusiones estúpidas y precipitadas. ¡Menos mal que he sido capaz de darme cuenta! Ahora me siento tan fresco como un huevo de ansar, y lo que es mejor, puedo volver a caminar perfectamente. Lo primero que haré mañana será intentar que me den de baja del listado Revelationum et apparitionum divinorum mendosa confictrix y seguir con mi existencia infusamente pudibunda y con ese pequeño -casi inexistente- burnout que todo lo inunda.

Greg