lunes, 16 de abril de 2018

Email del 16 de abril 2018

Marc Chagall. God creates man (1931)

Hola:

¿Para qué sirve el tipo ese de la barba blanca? Y no me refiero a Gandalf, sino a la representación gráfica de ese perfecto icono exquisitamente manufacturado, esa "cosa" llamada Dios. ¿Para aliviar la ansiedad? ¿La ansiedad que produce conocer que somos unos jodidos mortales? ¿Y además de feos y envidiosos, con el corazón desportillado? Me gustaría tanto salir a la calle y vocear lo que siento. Pero no me dejarían gritar lo que pienso de cada uno, incluido de mí mismo. En un cajón de la cómoda guardo otro cajón que un día perteneció a otra cómoda mucho más pequeña de lo normal, pues perteneció a un tipo que, aunque no era un enano, medía poco más de 156 centímetros. Me lo regaló él mismo, el día que se lanzó desde el borde del muro exterior de su terraza orientada al este. Dicen los que recogieron algunas de sus partes desmembradas por la caída y diseminadas en un perímetro de varias decenas de metros, que su sangre era tan roja como la nuestra. Y según la portera del edificio situado enfrente y que lamió esa sangre, su sabor potente y franco de alta densidad le recordaba a la fruta fresca y madura (sobre todo a arañones y grosellas) con una pizca de vainilla, menta y laurel. Su cajón es de madera de arce con el fondo de pino. Sus medidas diminutas no podrían guardar ni siquiera cinco calzoncillos de marca míos. Por esa razón lo guardo hasta que algún día encuentre a un gnomo y le convenza para que me venda uno de sus cajones. Entonces, cuando eso suceda, meteré ese casi microscópico cajón dentro del diminuto cajón que hasta ahora permanece dentro de mi cajón. ¡Mi cajón! ¿Mi cajón? Mi cajón de tamaño estándar. Mi cajón capaz de almacenar hasta 30 calzoncillos o 60 bragas. O 12 toallas de mano o dos juegos de sábanas y un cubre de aspecto hippi con lunas aplatanadas bordadas con hilo negro de poliéster. Y si alguna vez soy capaz de distinguir entre colcha, edredón o funda nórdica, puede que sienta que la existencia no es tan mierdosa como aparentaba. Y que al final, cada una de las cosas encontrará a cada uno de los cosos y se casarán y serán felices. Por lo menos todo lo felices que una cosa y un coso pueden llegar a ser. ¿Dios era una cosa, no? ¿O un coso? Según la primera línea de este texto, era una "cosa" exquisitamente manufacturada, pero no me enfadaría con nadie que intentara convencerme de que en realidad era un coso. De la misma manera que no discutiría con nadie que tuviera un grano en la punta de la nariz. Puede que me quedara fascinado contemplándolo, pero jamás me atrevería a reírme delante de la cara que lo mantiene. Mantener algo es como amplificar al azar ADN polimórfico. Sirve para algo, siempre que uno sepa para qué sirve ese algo. ¡Algo! ¿Algo? Una vez un algo perdido se metió en mi bolsillo. Todavía debe seguir allí. Desconozco dónde estará ese bolsillo. Supongo que en el armario donde guardo el cajón de tamaño estándar que contiene al cajón diminuto que a su vez protege al cajón casi microscópico. Y ahora voy a despedirme de ti. Necesito seguir sufriendo.

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