domingo, 25 de marzo de 2018

Email del 25 de marzo 2018

Benozzo Gozzoli. Conversion of the heretic (1465)

Querida:

Estaba tranquilamente viendo Doraemon en la televisión e imaginando la cantidad de cosas que podría hacer si tuviera un bolsillo mágico como el suyo, cuando he escuchado unos extraños sonidos semejantes a los que emitirían 34 gallinas cochinchinas a las que se les hubieran tapado las fosas nasales con 34 calcetines estampados de lana extremadamente sudados. Al acercarme a la ventana he reparado en que no había gallinas conchinchinas en la calle, ni siquiera un cierto número de psicópatas humanos con calcetines estampados de lana sudados en las manos persiguiendo galliformes asustadas, sino una larguísima y serpenteante procesión religiosa repleta de adeptas y adeptos que portaban trozos de palmeras en las manos y cantaban algo parecido a una canción compuesta por un sepulturero venusiano, con serio retraso intelectual, al que han dopado repetidamente con una mezcla de Vaginesil, Peusek y agua de coco. Al principio he sentido ganas de arrojarles encima el contenido de la papelera del puticlub ilegal que opera en la puerta de enfrente, pero al darme cuenta de que eran poco más de las diez de la mañana y que la mancebía no empieza su jornada genital hasta las cinco de la tarde, he optado por ponerme a tatarear una canción de Frank Zappa que se titula "Prometo no correrme en tu boca" a un volumen que haría palidecer de envidia a cualquier gritador profesional de chirigotas gaditanas.

No comprendo cómo en pleno siglo XXI todavía existe gente que cree que interpretando salmos ridículos y portando ramitas deshidratadas pueden hacer que sus vidas aparenten ser menos mierdosas de lo que en realidad son. Mi existencia está vacía, quizá más que la de muchos de esos aficionados a las cruces y los latigazos, pero nunca se me ocurriría cortarle uno o varios tallos a una pobre palmera y ponerme a canturrear una retahíla de loas artificiosas a alguien que no ha existido nunca. Claro que para gustos, colores. O como decía mi abuela Narcisa, "para saborcillos, colorcillos". Joder, a veces creo que estoy en plena época medieval y que en cualquier momento va a aparecer delante de mí el papa Bonifacio VII portando una daga en forma de orgasmo accidental en su alforja pontifical. ¡Me gustaría tanto contemplar cómo arden todos los cenutrios! O por lo menos verlos asados, horneados o emparrillados. Y si no es posible lograr un cocinado completo, saber que se carbonizarán en los fuegos de ese infierno -tan falso como un billete de 67 euros- que les sirve de supositorio antagónico.

Greg

PD:
Mi bisnieto se ha enamorado perdidamente de la tataranieta de un amigo de mi nieta, aunque por cuestiones pecuniarias ha decidido tirarle los trastos al chozno de la sobrina de su vecino. ¡Joder, qué mayores somos! En mi caso, soy tan viejo que puedo dar la vuelta al concepto mismo y reconvertirme en un bebé. Te cuento este pensamiento fugaz porque necesito que me respondas lo más rápidamente posible argumentando de una forma sólida que no es cierto.