jueves, 22 de marzo de 2018

Email del 22 de marzo 2018

Pavel Filonov. Formula of the Universe (1922) 

Querida:

Como adalid del perfecto neoludita, estoy en condiciones de transmutarme en una especie de duplicado perfecto de señal Wow! y trasmitirte que estoy pensando seriamente en salvar lo que me pueda quedar de vida alejándome de todo lo que huela a sobaco o a sociedad. Aunque a día de hoy todavía no he podido diferenciar ambas pestilencias, sé que mi liberación está en lo alto de una cima, bajo las nubes azotadas por el viento catabático y junto a una cabra montesa. La verdad es que me gustaría alejarme todavía más lejos, quizá a (99942) Apofis, pues un monte se me antoja demasiado cercano, pero en el asteroide indicado no existen cabras ni montes, ni siquiera corderos segureños, y muchísimo menos expertos peluseros o péritos miereros. Las montañas son el último reducto para los nihilistas. Puede que también para los inconformistas, pero no para los humanistas discursistas, los legitimistas oportunistas o los automovilistas extremistas.

Te cuento esto porque hace unos pocos minutos he sentido una extraña sensación muy semejante a una reacción exotérmica. ¡Y me ha crecido el cabello!, pero no en la cabeza, sino en el coxis, por lo que me siento más animal que de costumbre. Podría llamarte por teléfono y ulular para que me creyeses, pero me es indiferente lo que puedas pensar de mí, de mí, de mí, de mis otros muchos mis, o de mis perversas inquietudes. ¡Te quiero! ¡Te quiero tanto! Sobre todo cuando estás extraordinariamente lejos. Y lo mismo es perfectamente aplicable al resto de monos y monas que pueblan este inmenso árbol llamado Tierra.

Que os jodan... pero solo un poquito.