miércoles, 28 de marzo de 2018

Email del 28 de marzo 2018

Paul Klee. The future man (1933)

Amiga:

Creo que, afortunadamente, la primavera ya está aquí para quedarse. Dentro de un rato me pondré en contacto con Compramostuspolares.com y les venderé los que, por su estado, estoy seguro de que no aguantarían un invierno más, y con el dinero que obtenga me compraré una diadema que se adapte a mi estilo. Estilo hippie caquéctico zozo pelón. Luego me dejaré enrollar por una toga de seda con motivos florales y predicaré las bondades del sexo sin amor hasta que me detengan y termine tirado en una asquerosa celda del estado, donde seré violado repetidamente por presos y funcionarios.
Te cuento mis futuras desgracias porque las presentes no son de mi agrado.

Un saludo

Greg

lunes, 26 de marzo de 2018

Email del 20 de marzo 2018

Honore Daumier. The beautiful Narcissus (1842)

Amiga:

Cuando medito sobre mi pasado siempre llego a la misma conclusión. Supongo que esperas leer cuál es la conclusión, pero no te la voy a contar. Mis conclusiones a menudo suelen ser peligrosas para todo aquel que las lee o las escucha. Podría meter unas cuantas en una cajita y enviárselas a alguien al que odie profunda y sinceramente para que le estallasen en el rostro, pero no sería más que un acto de bondad eutanásica y yo no estoy en esta letrina de mundo para maltratar o asesinar alimañas. Supongo que a estas alturas de lectura te preguntarás, y no sin cierta razón, ¿cómo es posible odiar sinceramente? Lo es. Estoy en condiciones de asegurarlo, pero no lo haré porque mis aseveraciones suelen acabar en tragedia para la gente que suele rodearme. Quizá por ese motivo ya solo me rodea el cinturón de polipiel. ¿Debería cambiar de forma de ser? Por supuesto que sí, pero no me apetece. Lo bueno que tiene vivir enclaustrado entre paredes es que no escuchas demasiadas gilipolleces. Solo las que salen de las bocazas de los vecinos y que, a veces, traspasan los ladrillos. El silencio me llama. En ocasiones incluso me silba y me piropea. Y eso que no soy muy proclive a vestir con shorts muy ajustados, pero es lo que tiene ser tan increíblemente atractivo. Esa es otra de las razones por las que no me atrevo a salir a la calle. La última vez que lo hice la policía tuvo que detener a varias mujeres, hombres y transexuales que intentaban copular conmigo por todos los medios posibles. No quiero volver a sentirme un hombre objeto. Prefiero objetar cualquier opinión o intención de cualquier ser o cosa (todavía soy incapaz de diferenciar entre ambos conceptos) que tenga las suficientes agallas como para atreverse a soltármelas en la cara. Aún recuerdo a la ultima persona que me leyó la cartilla. Y lo que hice con ella solamente medio minuto después. Tampoco te lo voy a relatar. Ni siquiera voy a intentar hacer un pequeño resumen, pues acabarías vomitando hasta el primer Nutribén de pollo y jamón con verduras.

Y ahora que lo pienso, si no voy a contarte nada, ¿para qué cojones te escribo? Que soy alto, guapo, fascinante y bestialmente brioso ya lo sabes. Quizá no sepas que además soy hipersexual y un poco lopezista-perezista. Claro que ser atractivo en un mundo repleto de tipos y tipas con caras de percherón o de patamocero no es nada especial. Lo que en realidad me hace extraordinariamente singular es que por fuera sea tan magistral y por dentro tan espectral. Y por debajo tan ventral y uretral.

Greg

PD:
Te voy a contar lo que me sucedió ayer por la tarde: me encontraba matando mosquitos con la palma de la mano derecha cuando un vecino que me contemplaba por la ventana me gritó "deja en paz a los machos, solo pican las hembras". Y en cierto modo le hice caso, pues dejé en paz tanto a machos como a hembras y me dirigí a su casa. Cuando me abrió la puerta con una sonrisa bobalicona dibujada en la cara,  le metí 32 puñaladas con una rosquilleta integral, por lo que no pude acabar con su vida. Cuando me miró atónito preguntándose para sí mismo por qué lo había rosquilleteado, yo le contesté que tenía suerte de que con las prisas y el cabreo me hubiese equivocado al coger un cuchillo, pero que si era tan amble de esperarme sin cerrar la puerta, volvería y se daría cuenta de lo que soy capaz cuando alguien se inmiscuye en mi vida. Nunca he soportado que me digan lo que tengo que hacer o lo que no tengo que hacer, ni siquiera hacia que lado del retrete debo apuntar cuando orino. Yo soy el único dueño de mi existencia y jamás me meto en la de nadie. Por algún motivo que no llego a comprender, cuando eso sucede, quiero decir, cuando alguien me toca las pelotas, reacciono clavándoles en el estómago lo primero que tengo a mano. Una vez le clavé un plug anal a un obispo, y este, en lugar de defenderse golpeándome con el báculo o huir corriendo se lo quedó y se negó a devolvérmelo aduciendo que él se encargaría de destruir semejante trebejo mefistofélico (sic).

domingo, 25 de marzo de 2018

Email del 25 de marzo 2018

Benozzo Gozzoli. Conversion of the heretic (1465)

Querida:

Estaba tranquilamente viendo Doraemon en la televisión e imaginando la cantidad de cosas que podría hacer si tuviera un bolsillo mágico como el suyo, cuando he escuchado unos extraños sonidos semejantes a los que emitirían 34 gallinas cochinchinas a las que se les hubieran tapado las fosas nasales con 34 calcetines estampados de lana extremadamente sudados. Al acercarme a la ventana he reparado en que no había gallinas conchinchinas en la calle, ni siquiera un cierto número de psicópatas humanos con calcetines estampados de lana sudados en las manos persiguiendo galliformes asustadas, sino una larguísima y serpenteante procesión religiosa repleta de adeptas y adeptos que portaban trozos de palmeras en las manos y cantaban algo parecido a una canción compuesta por un sepulturero venusiano, con serio retraso intelectual, al que han dopado repetidamente con una mezcla de Vaginesil, Peusek y agua de coco. Al principio he sentido ganas de arrojarles encima el contenido de la papelera del puticlub ilegal que opera en la puerta de enfrente, pero al darme cuenta de que eran poco más de las diez de la mañana y que la mancebía no empieza su jornada genital hasta las cinco de la tarde, he optado por ponerme a tatarear una canción de Frank Zappa que se titula "Prometo no correrme en tu boca" a un volumen que haría palidecer de envidia a cualquier gritador profesional de chirigotas gaditanas.

No comprendo cómo en pleno siglo XXI todavía existe gente que cree que interpretando salmos ridículos y portando ramitas deshidratadas pueden hacer que sus vidas aparenten ser menos mierdosas de lo que en realidad son. Mi existencia está vacía, quizá más que la de muchos de esos aficionados a las cruces y los latigazos, pero nunca se me ocurriría cortarle uno o varios tallos a una pobre palmera y ponerme a canturrear una retahíla de loas artificiosas a alguien que no ha existido nunca. Claro que para gustos, colores. O como decía mi abuela Narcisa, "para saborcillos, colorcillos". Joder, a veces creo que estoy en plena época medieval y que en cualquier momento va a aparecer delante de mí el papa Bonifacio VII portando una daga en forma de orgasmo accidental en su alforja pontifical. ¡Me gustaría tanto contemplar cómo arden todos los cenutrios! O por lo menos verlos asados, horneados o emparrillados. Y si no es posible lograr un cocinado completo, saber que se carbonizarán en los fuegos de ese infierno -tan falso como un billete de 67 euros- que les sirve de supositorio antagónico.

Greg

PD:
Mi bisnieto se ha enamorado perdidamente de la tataranieta de un amigo de mi nieta, aunque por cuestiones pecuniarias ha decidido tirarle los trastos al chozno de la sobrina de su vecino. ¡Joder, qué mayores somos! En mi caso, soy tan viejo que puedo dar la vuelta al concepto mismo y reconvertirme en un bebé. Te cuento este pensamiento fugaz porque necesito que me respondas lo más rápidamente posible argumentando de una forma sólida que no es cierto.

viernes, 23 de marzo de 2018

Email del 23 de marzo 2018

Wojciech Siudmak. Strange Démesure (XX cent.)

Hola:

He descubierto que si en lugar de beberme la Coca-cola la utilizo para eliminar las callosidades de los pies, las lentejas con verduras me salen más buenas. No estoy de coña. Debe existir una relación ente ambos actos, pues lo he comprobado un montón de veces. Incluso llevo una relación escrita con los valores de las últimas diez ocasiones en las que he preparado el guiso, cinco con limpieza de durezas anterior a la cocción y cinco sin limpieza  de callos. Te adjunto el esquema en un email aparte para que lo estudies y, si estoy en lo cierto, corrobores mis datos. Lo raro de este asunto es que solo me sucede con las lentejas. Si por ejemplo cocino pollo al vino o solomillo Wellington todo sigue su curso natural, es decir, me salen igual de ricos me quite los callos con o sin Coca-cola un rato antes, sin embargo, con el suflé salado pasa algo extraño si lo preparo con un rosario de cuentas bendecido en el bolsillo. Sin rosario o con un rosario sin consagrar el suflé tarda 19 minutos más en estar listo que con rosario bendecido. Y tengo más de 35 pruebas escritas que lo atestiguan. Y cuando preparo escamoles sustituyendo las larvas de hormiga por larvas de Pediculus pubis antes de las 14:03 horas, el bebé de mi vecina estornuda sin parar hasta que tienen que ingresarlo en el hospital. Por supuesto, también poseo abundantes pruebas de este hecho. Y de algunos otros más, como que cuando hago el pino en pijama mi expareja tiene orgasmos más intensos con su nuevo novio, pero si lo hago en calzoncillos o con vaqueros no le sucede lo mismo. Me lo ha dicho ella, no me lo estoy inventando. Y es un coñazo, porque ahora quiere que haga ese ejercicio un mínimo de cuatro veces al día. Cuando estaba conmigo no era tan fogosa, a decir verdad, siempre que me apetecía hacerle cositas me decía que le dolía el páncreas, el hígado, los pulmones y el riñón derecho al mismo tiempo.

No voy a seguir intentando convencerte de las cosas extrañas que suceden en mi vida y en mi cocina. Menos mal que en el baño todo es normal, si exceptuamos de la normalidad que el cepillo de dientes de dureza intermedia desaparezca todos los viernes de cuaresma y la loción limpiadora no comedogénica que compré gracias al préstamo que me concedieron los de Cetelem se evapore cada vez que un Renault 4CV pasa por delante de la casa del director de mi banco.

G.

jueves, 22 de marzo de 2018

Email del 22 de marzo 2018

Pavel Filonov. Formula of the Universe (1922) 

Querida:

Como adalid del perfecto neoludita, estoy en condiciones de transmutarme en una especie de duplicado perfecto de señal Wow! y trasmitirte que estoy pensando seriamente en salvar lo que me pueda quedar de vida alejándome de todo lo que huela a sobaco o a sociedad. Aunque a día de hoy todavía no he podido diferenciar ambas pestilencias, sé que mi liberación está en lo alto de una cima, bajo las nubes azotadas por el viento catabático y junto a una cabra montesa. La verdad es que me gustaría alejarme todavía más lejos, quizá a (99942) Apofis, pues un monte se me antoja demasiado cercano, pero en el asteroide indicado no existen cabras ni montes, ni siquiera corderos segureños, y muchísimo menos expertos peluseros o péritos miereros. Las montañas son el último reducto para los nihilistas. Puede que también para los inconformistas, pero no para los humanistas discursistas, los legitimistas oportunistas o los automovilistas extremistas.

Te cuento esto porque hace unos pocos minutos he sentido una extraña sensación muy semejante a una reacción exotérmica. ¡Y me ha crecido el cabello!, pero no en la cabeza, sino en el coxis, por lo que me siento más animal que de costumbre. Podría llamarte por teléfono y ulular para que me creyeses, pero me es indiferente lo que puedas pensar de mí, de mí, de mí, de mis otros muchos mis, o de mis perversas inquietudes. ¡Te quiero! ¡Te quiero tanto! Sobre todo cuando estás extraordinariamente lejos. Y lo mismo es perfectamente aplicable al resto de monos y monas que pueblan este inmenso árbol llamado Tierra.

Que os jodan... pero solo un poquito.

martes, 13 de marzo de 2018

Email del 13 de marzo 2018

Antonello da Messina. St. Gregory (1472)

Hola:

Me duele el cerebro. Para ser más exacto, la cisura de Silvio del lóbulo temporal. Y eso que en esa parte del tejido nervioso no existen vestigios de PFOA ni PTFE, quizá por esa razón sigue siendo un cerebro extraordinariamente perspicaz, antiadherente y resbaladizo. Y lo que resulta más increíble: ¡todavía es funcional! En ocasiones me produce grandes disgustos, como el día en que me enteré de que su palabra preferida es "intersticio", pero en general se comporta de una manera bastante correcta y solo se enfurece cuando en una conversación alguien, sin querer, me escupe en un ojo. A veces pienso que hacemos un gran equipo, sin embargo nunca he podido quitarme de la cabeza que ambos dependemos el uno del otro y que si uno falla, el otro se resiente. Tengo la esperanza de ain ain ain. Perdón, a veces me sucede cuando tecleo. Mi médico dice que no le dé importancia y que ni siquiera lo borre cuando me suceda. Según él, se trata de un fallo estructural emocional parcial debido a las últimas fases de la enfermedad de Pick y que, lo quiera o no, forma parte de esa conjunción que rápidamente se desmorona llamada Gregorio, aunque a mí me parece una especie de rememoración indeterminada de lo que representa existir sin ser o no existir siendo. O quizá existir sin ser pero con una bonita pamela rosa en el cabello, o no existir no siendo mientras el viento arrastra a la bonita pamela rosa hasta el mástil metálico de un pararrayos. Creo que debo llegar a una conclusión que me satisfaga antes de que acabe el día y me encierre durante siete horas en la habitación de la oscuridad total y el silencio absoluto.

El espíritu que me habla por medio de la ouija siempre me dice que en otra vida fui un tipo normal. Tan normal que fallecí debido a un brutal bostezo mientras hacía el amor a una joven viuda marcadamente confusa. La verdad es que nunca me he atrevido a preguntarle la razón de la marcada confusión de la viuda, aunque me gustaría saber si en esa vida era un buen hacedor de orgasmos o simplemente empezaba bien pero terminaba apresuradamente y con una sensación de desgana y abatimiento que influía en los días y las noches posteriores al coito. La verdad es que resulta una pregunta demasiado larga para dibujarla con un dedo apoyado sobre un vaso puesto al revés. Hoy por hoy, las únicas partes de mi egregia anatomía que me gusta apoyar sobre un vaso son los labios, pero solo si ese vaso está en posición natural y repleto de vodka Spirytus, whisky escocés Bruichladdich X4 Perilous o cocoroco.

Hace una hora tuve un pensamiento que a una velocidad endiablada se transformó en un senpaniemto. Como me gustan mucho los anagramas, lo cogí con fuerza por la ese, lo maltraté durante doce segundos y lo arrojé con desgana sobre la hoja. El resultado fue descorazonador. Toda la gente que me conoce sabe que siempre que algo acaba por descorazonarme yo termino desnudo y contoneándome a través de la ventana que da a la finca de enfrente, totalmente abarrotada de ancianas y sus jovencísimas cuidadoras sudamericanas. Cuando conozca si verdaderamente lo que me excita son las cuidadoras, las jovencísimas, las sudamericanas o las ancianas te lo haré saber por medio de un bando. Hasta entonces me despido de ti con un perfecto y maravilloso sonriso.

Greg (AKA Gregory)

lunes, 12 de marzo de 2018

Email del 12 de marzo 2018

Pablo Picasso. Dos figuras (1904)

Y a partir de ese justo instante, Z comenzó a imaginar. De repente, un millón de pensamientos y representaciones rodearon su figura desquiciadamente nebulosa y los desechos aromatizados que se liberaron danzaron hasta el amanecer. Lo sé porque lo pude ver con mis ojos, aunque no creo que pudiera jurarlo si me obligaran a hacerlo. En ocasiones los sentidos se equivocan, seguramente para enmascarar la propia herrumbre que los alimenta. Lo único de lo que estoy seguro es que tuve que defenderme. ¿Acaso puedo ser juzgado por intentar salvar mi vida? Hasta esa noche yo me limitaba a existir mientras las densas sombras palpitantes me cerraban todas los accesos. Podría contarte lo que sucedió cuando la ineluctable aproximación transitoria decidió convertirse en una especie de quitasol blancuzco bellamente trabajado, pero no me creerías. Ni siquiera estoy seguro si todo lo que creo que vi fue real. Lo único que sé es que Z fantaseó mientras yo deliraba. Tú conoces a ese tipo. Sabes que casi siempre se encuentra dentro de mí. Intuyes sus percepciones porque no es un sujeto complicado. Ni siquiera su mente es diferente a la de cualquier hombrecillo que camine por las calles creyendo que dentro de su cerebro anida una bruma impenetrable.

¿Dónde se encuentra ese estancado límite que separa lo dudoso de lo discutible? Tengo un trozo de vidrio en la mano. Pronto lo tendré cerca del cuello. Entonces el cristal se convertirá en cuchillo. Y cuando lo que tiene que suceder se establezca como realidad perceptible, todas las pequeñas cosas que alguna vez me importaron algo dejarán de formar parte de un dudoso álbum de fotos. ¿Es posible que Z no estuviera equivocado? ¡Quizá cada uno de esos pretendidos errores solo fueron los restos de un callado pretexto! Y mientras las translúcidas esperanzas se desvanecían como partículas indivisibles, las rebañaduras de sus insignificancias colisionaban...

No espero tu compresión, ni siquiera una limitada contestación. Solo espero que todo quede donde lo puso el tiempo. ¡Me siento tan dichoso embarrado dentro del cenotafio!

miércoles, 7 de marzo de 2018

Email del 7 de marzo 2018

Roy Lichtenstein. Preparedness (1968)

Hola:

Hoy me he levantado guapísimo. Claro que quizá los comprimidos de Microzepam que me tomé anoche tengan algo que ver, pues normalmente me levanto con la inestimable ayuda de los pies y las piernas. Antes de prepararme el desayuno me he preparado para prepararme el desayuno. Si no me preparo un poco antes de cualquier otra preparación, los resultados suelen ser a menudo desconcertantes. ¡Ah!, creo que hoy va a ser un gran día, pues solo he tosido 23 veces y mis escupitajos no han sido tan espesos y verdes como en anteriores ocasiones. Quizá, si me pusiera en manos de un restaurador, valdría más dinero, pero como ya no vivo de mi extraordinario físico, prefiero dedicar el dinero que obtengo atracando a atracadores en otros menesteres, como por ejemplo, la papiroflexia. Ayer intenté por primera vez hacer una aorta descendente con un folio, pero el resultado no me dejó satisfecho. Espero mejorar en las próximas jornadas, pero si por una de aquellas no mejoro, me prepararé para mejorar o mejoraré preparándome, lo que prefiera en ese momento. Habrás observado que no he mencionado que me haya bañado o incluso limpiado o exfoliado la cara. ¿Te importa mucho que no me bañe? Porque a mí no me importa en absoluto. Si te incomoda verdaderamente o te desestabiliza, puedo llamarte por teléfono y prometerte que me he bañado con un gel neutro y después he aplicado encima de mi perfecta piel un millón de potingues y cremas, pero no sería verdad. No necesito agua para mantenerme inmaculado. No necesito prepararme para no necesitar agua para mantenerme inmaculado. No necesito prepararme para prepararme para no necesitar agua para mantenerme inmaculado. No necesito prepararme para prepararme para prepararme para no necesitar agua para mantenerme inmaculado. Nunca he aparentado la edad que no tengo, ni siquiera la que tengo o la que nunca debería alcanzar si deseo dejar de prepararme alguna vez y vivir una existencia plena. Las preparaciones desgastan, pero son absolutamente necesarias. Imagínate que asisto a una reunión de lo que sea, una reunión de restauradores garbanceros, por poner un ejemplo, y acudo sin una o dos previas preparaciones, ¿cómo podría defenderme de los furibundos e injustificados ataques del resto de humanos al advertir mi extraordinaria superioridad física e intelectual? Para eso sirve la preparación.

A veces, sobre todo cuando estoy disgustado conmigo mismo, en lugar de prepararme para cualquier hecho, y sobre todo para llevarme la contraría, me abandono, me desordeno y obstaculizo cualquier intento de preparación que pueda surgir. No, no soy feliz desatendiendo los proyectos preparatorios, pero en esas ocasiones no existe otra solución. Afortunadamente, cuando el enojo se disipa, vuelvo a preparar y preparar con mayor tesón y con resultados extraordinarios y preparo preparaciones de emergencia que oculto en bolsitas de lona y que siempre llevo encima de mí. Excepto cuando he de prometerte que me baño con geles y después aplico sobre mi perfecta piel un millón de potingues y cremas. Aunque el baño no es realmente físico, sino un enorme y descarado embuste, no tengo claro si las bolsitas de lona con las preparaciones de emergencia podrían llegar a mojarse.

Ahora voy a dejarte. Necesito preparar algunas cosas. Cuando las haya preparado, prepararé otras. Y después, me prepararé para afrontar las nuevas preparaciones. Ya sé que piensas que mi vida está totalmente preparada, pero no es así. Todavía no soy capaz de preparar con suficiente antelación o preparar sin que se note que algo está preparado. Supongo que mejoraré intentándolo con ahínco. Pero para que el ahínco surja efecto, antes he de prepararlo.

Greg

lunes, 5 de marzo de 2018

Email del 5 de marzo 2018

Morris Graves. Snake and moon (1938)


Querida:

Al final solo queda ese amargo sufrimiento. Y aunque trato por todos los medios de hacer como que no existe, no puedo dejar de sentir el ondulante recorrido de mis lágrimas mientras se estrellan sobre el suelo de madera. ¡Creo que las arañas quieren salir de mi cabeza! ¡Pero las serpientes permanecen en mi corazón! Allí construyen ramajes eternos enriscados con la ayuda de sus lenguas bífidas. Y cuando por equivocación desembalsan tinieblas, el remanente se funde en una especie de pequeño molinete y sus ruidos impulsivos e intermitentes resultan muy agradables. Excepto para los pobladores de los perímetros protegidos que están convencidos de que nacieron muertos y que solo viven para poder reunir pruebas que corroboren su inexistencia. Yo los distingo por los abrojos que escapan de sus dientes ennegrecidos por la ininterumpida ingesta de velas votivas prendidas por un único lado.

Quizá creas que ya no tengo remedio. Quizá pienses que quizá. ¿Quizá? A mí no me importa. ¿No me importa? ¿Quizá? Yo ya he pagado la penitencia. En mi país, que es mi cabeza, soy una especie de superviviente al que todos admiran. Pero todos no son todos, sino una pequeña parte, puede que la mitad de lo que imaginas o incluso menos. ¡Nadie puede trepanarme! ¡Nadie puede trepanarme! ¡La armonía del desasosiego diseña cada una de las estancias! Pero siempre permitiendo la entrada de la perfecta palidez de las sombras turbias y veladas. ¡Nadie puede trepanarme! Ni siquiera los rayos anémicos suspendidos de la mirífica y densa exhibición que todos escenifican. ¿Todos? Bueno, quizá unos cuantos. ¿Quizá? Silencios ocultos. ¿No me importa? La habitación se oscurece. Nadie puede trepanarme.

Al final solo queda ese amargo sufrimiento.

domingo, 4 de marzo de 2018

Email del 4 de marzo 2018

Gustave Dore. Paradise lost (XIX cent.)

Llamadme Pseudo. Pero antes de explicar la razón de mi cambio de patronímico me gustaría pedir disculpas a Herman Melville por haber comenzado un texto de esa manera. Afortunadamente no soy Ismael, y lo más cerca que he estado de una ballena ha sido contemplando el maravilloso film de Bela Tarr Armonías de Werckmeister, pero no podía hacer otra cosa, debéis creerme. Ahora soy Pseudo, y por favor, no os confundáis con Pseudulus, el protagonista de Golfus de Roma, aunque no me importaría lo más mínimo trasladarme al pasado, pues mi futuro se me antoja como una maldita broma. Y siendo el que soy, aborrezco más al que fui. Porque fui sin querer ser y, ahora, soy por necesidad de no parecer a ojos de los que me examinan algo similar a un jodido malnacido asocial, que lo es simplemente porque no le dejan no ser. Y solo siendo algo que no es posible, puedo llegar a comprender las infinitas imposiblidades que se esconden dentro de cada hipótesis (in) existencial.

Estoy sentado sobre un cojín en el suelo. Mientras contemplo las paredes lisas, imagino mi cerebro estucado. Todos sabemos que los inconvenientes del estuco superan a las ventajas, aunque podría marmolizarlo. Nadie, jamás, ha visto una sesera marmolizada. Ni siquiera los presentadores de Bricomanía. Pero marmolizar implica incrementar el peso específico. ¿Alguien sabe cuánta carga puede soportar una cabeza antes de inclinarse? La verdad es que cuando contemplo a la gente en su salsa, es decir, sin que sepan que unos ojos escrutadores les examinan, puedo ver algunas testas inclinadas, pero no estoy seguro a qué es debido ese inaudito encorvamiento. Es posible que la estulticia también pese, aunque no tengo pruebas que lo corroboren. Hasta hace unos pocos microsegundos, siempre había creído que yo era el único tipo inteligente del planeta, ya que el resto ríen y se lo pasan estupendamente y yo no creo que sea posible ser inteligente y feliz al mismo tiempo; o incluso aparentarlo. O puede que sea justo al revés y yo sea el sujeto mas cenutrio que ha existido desde el principio de los tiempos y el resto, con o sin cabeza ladeada, son representaciones reales de la lucidez, el discernimiento y la intuición.

Pero solo soy un puto actor. Un actor extraordinario. Tan magnífico que nadie es capaz de creer en los personajes que represento. Excepto mi gato, que cree todo lo que ve, porque lo que ve es lo que le alimenta cada día. Si lo que ve dejara de alimentarlo cada día, en ocasiones dos veces en una misma jornada, mi gato se uniría al resto de mortales, con dos o más piernas, y se convertiría en otro incrédulo de mierda más. Pero no estoy aquí, me refiero en este mundo, para despotricar sobre los mininos, ni siquiera sobre los mininos incrédulos o las personas, crédulas o incrédulas. A decir verdad, no sé para qué diantres estoy en este mundo. A veces creo que no estoy en este mundo, sino en otro mundo, el mío, y que son el resto de mortales, incluyendo a los gatos prostituidos, los que se inmiscuyen en él. Pero es que además de inmiscuirse, se entrometen y entremeten. Sí, ya sé que los tres vocablos significan lo mismo, pero ¿pasa algo? Es mi texto y escribo lo que quiero. Y si quiero, puedo llegar a no querer, porque no queriendo es como verdaderamente quiero y cuando quiero no querer es cuando quiero queriendo sin querer. Y cuando en lugar de querer, amo, no quiero, porque amar es no querer, aunque parezca que se quiere sin razón aparente. Amar es completamente diferente. Y ahora me toca volver a pedir perdón, esta vez a los Monty Python por haberles robado su frase más famosa.

Creer se me antoja algo arcaico, sin embargo creo que debería poner punto final a este texto. Quizá debería haberle puesto ese punto tras la primera frase, la robada a Melville, pero me gusta comportarme como un niñito al que sus padres le han perdonado algunos cachetes. Y con la desvergüenza que me caracteriza, tan dura como el cocobolo y tan bruñida como una calva asturiana, me despido de todos con un "por mi os podéis ir a..." tan marcadamente confuso como un langostino azul nadando sobre una profundidad verdosa e irreal.