viernes, 16 de febrero de 2018

Email del 16 de febrero 2018

Edward Hopper. Excursion into philosophy (1969) 

Hola:

Actualmente no existe nadie que acepte los conceptos subjetivos en los que yo todavía creo, como la Nadita absoluta y el Todito implícito. La verdad es que nunca he dispuesto de la suficiente fuerza interna como para ser capaz de definirlos, pero afirmo que existen, pues son y están. Y si en algún instante de mi minúscula existencia he podido llegar a dudar de sus persistencias infinitas o, por lo menos, de los ilimitados corpúsculos que las constituyen, siempre he terminado rindiéndome a sus ostentosas y solemnes sustantividades. Supongo que no habrás entendido nada de lo anteriormente expuesto, pero no deberías preocuparte, porque yo tampoco comprendo la mitad de las cosas o incidentes que me suceden, ya sean realmente abstractos o concretamente irreales. Los acontecimientos existen desde el mismo instante en que nacen. Y dejan de ser un auténtico coñazo cuando mueren. Desde el origen hasta la conclusión, cada suceso pasa por diferentes etapas, retapas y contrarretapas. Las etapas suelen ser de colores neutros mientras que las retapas y las contrarretapas son esencialmente negras, aunque existen algunas contrarretapas que pueden ser albinas, realbinas o contraalbinas. A su vez, las contrarretapas contraalbinas en ocasiones pueden llegar a formarse en una Nadita absoluta pero jamás en los Toditos implícitos, mientras que las etapas y retapas negras prefieren permanecer resguardadas en un infinito limitado y tangible denominado "Puajjjj". Este infinito finito con nombre angustioso o de malestar físico solo puede ser concretado en la entropía. Pero la entropía a menudo se encuentra demasiado ocupada glorificando al caos y la confusión y no siempre se puede confiar en ella por lo que algunos pensadores prefieren dejar de relacionar ideas y ponerse a contar intersticios dentro de la propia esencia. Pero si la esencia no es más que un conjunto de caracteres necesarios para que algo o alguien pueda llegar a ser algo o, por lo menos, lo que es y no lo que debería llegar a ser o parecer, entonces, ¿para qué somos lo que somos si podríamos ser lo que no somos o lo que otros deciden ser y así jorobarles parte de su incierto futuro? Yo soy, de eso estoy completamente seguro. Lo que no puedo llegar a comprender es por qué llegaré a ser, si no quiero llegar a ser o a estar. Ni siquiera permanecer o persistir. Las persistencias son cosas de viejas. Prefiero las asistencias y, sobre todo, las inexistencias, a poder ser, parciales o de alguna manera no totales. La totalidad es un virus resistente. La resistencia implica coexistencia. La coexistencia no puede cohabitar o amancebarse con la Nadita absoluta, aunque en ocasiones sí con los Toditos implícitos. No obstante, según algunos filósofos incongruentes, los Toditos tienden a ofrecer una ligera resistencia que finaliza de manera brusca cuando la cohabitación sufre uno o varios soponcios y se desvanece.

Greg