miércoles, 14 de febrero de 2018

Email del 14 de febrero 2018

Autor desconocido. Excellence (Fecha desconocida). 

Hola:

Aunque soy tan viejo como Henoc y todos sus hijos juntos, todavía tengo momentos en los que me encuentro magreable e ingerible. Claro que esos instantes no son tantos o suceden tan a menudo como yo querría, pero por lo menos sirven para que mi DD, es decir, mi disgustada dignidad, no me imponga condiciones imposibles de cumplir. Siempre he tenido claro que no soy un tío espectacular, pero tampoco un individuo ordinario y mucho menos un reptil siseante que culebrea de forma errática. Ni siquiera soy capaz de definirme o reconfigurar mi desconcertante cara de máscara "Hannya" sin sentir que le debo algo a alguien en algún lugar de alguna parte. Pero, ¿te das cuenta?, vuelvo a perder el control total sobre mis frases más estúpidas. Llegados a este punto necesito hacerte una pregunta fundamental: ¿eres mi amiguita o mi enemiguita? Si todavía te consideras amiga mía, debes saber que la amistad para mí es como pensar en escrotos, es decir una memez que en algunos casos puede llegar a convertirse en una fijación estructural de carácter mental. Si por el contrario me demuestras que ambos funcionamos mejor comportándonos como enemigos civilizados, entonces, no tendría otro remedio que ponerme a contar los gatos de mi calle. Contar gatos me desensibiliza. Desensibilizado me importa una mierda la cantidad de amigos y enemigos que conservo. Y también la calidad de estos.

Una vez reuní en torno a una mesa a todos mis amigos y a parte de mis enemigos. Después de decirles a cada uno que tenían una cara maravillosa, les conté a todos que no era una casualidad que en algún momento de sus vidas (y de la mía) hubieran estado en mi casa de visita. Y que mientras me visitaban yo les hubiera servido un refresco, una cerveza o incluso agua mineral. Lo importante -proseguí- de mi amabilidad extrema no era lo que antecedía, sino lo que sobrevenía. En aquel instante el rostro de mis invitados se puso de una bonita tonalidad verde que me recordó a una pera tendral porque sabían que yo podía llegar a resultar un tipo impredecible. ¡Y realmente lo era! Por esa razón, cuando les informé de que desde hacía varias décadas yo estaba totalmente reñido con las gamuzas y los estropajos y que, a falta de éstos, siempre limpiaba las copas y los vasos con un calzoncillo sucio, nadie se alarmó demasiado, seguramente porque lo que esperaban escuchar era que acababa de envenenarlos con potasa o alguna clase de ponzoña química.

Y es que al final todo se reduce a eso. La mitad de la población introduce o intenta introducir mientas que la otra mitad deja que le introduzcan sin miramientos, consideraciones especiales o circunspección. Y mientras introducimos y permitimos que nos introduzcan, poco o nada importa si hay o no masa cerebral sobre nuestras ropas manchadas de fluidos liminales o si la prima de la amante de mi charcutero ha llegado a la conclusión de que sin pintarrajearse se vive mejor porque se liga más.

Ahora debo terminar este email lo más rápido posible porque el estómago vuelve a hacerme chof, chof, rechof. O son gases o es un cáncer abdominal. Sea lo que fuere me importa bastante poco porque para teñirme el cabello sólo confío en Excellence de L´Oréal Paris.

Greg

PD:
Vendo una preciosa cama de madera de caoba robada (a mano armada) del prostíbulo Big big big clit. Como sabrás, ese lupanar estaba dirigido por Carlos "Esnifabragas" Martinez, natural de Castellón, biselador de profesión y anglicano de religión (¿o era metodista?). Precio a convenir. Si te interesa mándame un privado o un kilo de morcillas de arroz, lo que que te salga de las narices primero.