martes, 9 de enero de 2018

Email del 9 de enero 2018

Vincent van Gogh. Orphan man with cap and walking stick (1882) 

Hola:


Mis ejemplares de Ambystoma, Neocaridina, Triturus, Cynops y Pleurodeles se encuentran en perfecto estado, así como el número total de plantas que me acompañan cada día. El que no está bien soy yo. Bueno, estoy bien en exuberancia adversativa, pero no anímicamente. La culpa de mi abatimiento la tiene... ¿Quién la tiene? Alguien se debería comer el marrón. A Dios ya le he echado la culpa en numerosas ocasiones, al igual que al género humano utilizándolo como una grandiosa y degenerativa generalidad. Creo que hasta llegué a culpar de mis infortunios a una funda de sofá en cierta ocasión. ¡Necesito víctimas nuevas! O por lo menos alguien que, fascinado por mi modo tremendista de tomarme cualquier situación, se ofrezca desinteresadamente para que descargue sobre su cuerpo y alma toda mi capacidad de síntesis negativista.

Mi desayuno me mira. Pero no me contempla como una serie de alimentos que van a ser devorados de forma brutal y sin contemplación, sino como una sucesión de manjares que van a ser saboreados hasta la delectación y el éxtasis. Y eso me pone enfermo. Ni siquiera produzco miedo en los objetos que me rodean. Hasta hace unos pocos años la gente se santiguaba cuando me veían paseando por la calle. Ahora se descojonan. ¿Algo ha cambiado en mi manera de andar? Puede que el salero. Sí, ahora que lo pienso debe ser la maldita donosura. Ya no piso con garbo. Puede que la culpa sea del relicario, no sé. Claro que caminar con donaire está totalmente reñido con caminar renqueante o con tacatá. Pero es lo que tiene la edad.

Estoy pensando seriamente en quitarme de en medio. Claro que también podría quitarme de enmedio. Lo decidiré cuando lo haga la RAE. De momento voy a levantarme y entonar algunas canciones espirituales con el objeto de que caiga un chaparrón, pues estoy haragán y hoy toca asperjar.