sábado, 6 de enero de 2018

Email del 6 de enero 2018

Sir Lawrence Alma-Tadema. A roman scribe writing dispatches (XIX-XX cent.)

Hola:


Siento la imperiosa necesidad de representar la obra de Plauto Miles Gloriosus. El soldado fanfarrón interpretando yo todos los papeles. Desde Pirgopolínices (Miles) a Filocomasia. No me preguntes la razón porque la desconozco. ¿Acaso tú comprendes todas tus acciones? Un amigo mío que ahora es amiga mía siempre dice que la persona que entienda algo, lo que sea, debería quitarse la vida lo más rápido posible y de la manera más dolorosa posible. La verdad es que no es una bonita sentencia, pero a mí siempre me ha parecido acertada. Yo puedo llegar a comprender alguna cosa, pero si le doy más vueltas de las absolutamente necesarias, además de marearme, llego a conclusiones erróneas o aberrantes. A veces, incluso eróticas o pornográficas. Te podría poner un ejemplo, pero, prefiero poner un huevo. ¡Sí, lo has adivinado! Soy una gallina dentro del cuerpo de un mocetón fascinante. En realidad soy tan cobarde como petulante. Quizá sea esa la principal razón por la que necesito representar la obra de Plauto. Pero si estoy seguro de algo, en este caso, de que soy un jodido presuntuoso, también tengo claro una cosa: soy un maravilloso y dinámico fantasmón. Posiblemente uno de los mejores que han existido desde Og-ha Mun Saa, un Homo neanderthalensis que convivió con tigres diente de sable hace 32.000 años y que fue apedreado por sus camaradas coetáneos por sentirse muy cerca de sí mismo (emocionalmente hablando, supongo, los historiadores posteriores no lo dejan demasiado claro).

A mi lado descansa un papel. Dentro de ese papel hay letras. Yo creo que es una cláusula, pero me niego a leer grafemas. Solo leo símbolos, garabatos, dibujitos o jeroglíficos. Y eso, si me pongo las lentes. Sin las lentes estoy muy atractivo, por lo menos eso dice esa figura sin firmeza ni consistencia que solo existe en el interior de mi cabeza. Con gafas parezco una calabaza húmeda. Pero volviendo al papel lleno de letras y sus disposiciones, si es que en realidad es una cláusula y no una carta de amor de, por ejemplo, una vecina o la madre de esa vecina o, por igualdad de edad, la tatarabuela de la madre de esa vecina. ¿Crees que debería aceptar las conclusiones? Me refiero a las consecuencias o conclusiones de la cláusula. Si me refiriese a otro tipo de consecuencias o conclusiones tú serías la primera en saberlo.

Valencia no es Éfeso y las columnas de mi barrio difieren en calidad y cantidad de las que existían en el barrio donde residían Periplectómeno y su cocinero Carión. Ahora ya sabes de qué manera domino a los clásicos. Solo te resta por conocer parte de los entresijos de sus existencias. Me refiero a las existencias de Periplectómeno y Carión, pero también de la pervertida Acroteleutia. Y si crees que con todo este barullo solo intento que desvíes tu atención de esa nota anónima que recibiste y que decía que yo era un maldito algolágnico activo sádico, tienes parte de razón. Pero ya sabes, uno nunca es lo que parece. Ni siquiera lo que le dejan aparentar. El resto, o la parte que comprende desde la mitad exacta a los tres cuartos de la obra en la que parece que somos los verdaderos protagonistas, no es la cazadora con cuello de borrego que venden en Zara, sino parte de una serie de acotaciones apresuradas que la mayor parte de las veces no sirven para nada.

Es extraño, este texto tenía que tratar sobre la forma en que utilizo mi sexualidad para atraer a las caballas, los salmonetes y algún que otro centollo. Bueno, eso no es exactamente así. A menudo me contoneo por delante de los pescadores en la lonja y a veces obtengo algún pescado o marisco. Y sobre eso quería escribir, pero empecé a vacilar sobre mis conocimientos grecorromanos y Pirgopolínices me llevó a Og-ha Mun Saa, y a partir de ahí, ya no pude detenerme. No importa. Soschepo que no entenderás nada. Ni siquiera la palabra "soschepo". Hubiera podido usar el vocablo correcto pero soy demasiado irracional y la vida es suficientemente absurda como para hacer lo que me venga en gana sin sentir verguenza o sofocos. Y no me digas que me he dejado la diéresis porque lo he hecho a conciencia.