lunes, 22 de enero de 2018

Email del 22 de enero 2018

Man Ray. Return to reason (1921)

Cielo:

Soy un maestro eludiendo mis propias interpelaciones. Ni siquiera necesito hacerme trampa con los enunciados o las réplicas. No en vano provengo de una gran estirpe de eludidores profesionales que se remonta hasta el gran Amasvindo Lope Hinojosa que nació, vivió y murió hace 5 siglos en un pequeño municipio cerca de Valencia. Casado y con 9 hijos, Amasvindo regentaba una espartería mientras su esposa, Auxibia, se ganaba la vida como partera y, a veces, como plañidera, por lo que en más de una ocasión tuvo que asistir al nacimiento y al entierro de un mismo individuo. Pero no creas que disfruto interpretando el papel de un perito esquivador porque en realidad lo que me gustaría ser es un intrépido afrontador. Pero cada uno es como es. Y yo soy cobarde con todo lo que tenga que ver con la realidad o, por lo menos, lo que yo creo que es la realidad. Claro que ese todo que compone el mundo real es muy irreal. Y esa subjetiva irrealidad es a su vez real. Ya sé que es un tremendo lío, pero yo lo veo así. Por lo menos lo veo así la mayor parte de las horas del día, porque si hago el pino, lo veo todo cambiado, es decir, todo es irrealmente irreal, excepto la realidad real que es real e irreal al mismo tiempo. Por esa razón me gusta vivir en posición horizontal siempre que las condiciones mentales y corporales me lo permiten. En posición yacente no veo la realidad ni la irrealidad porque me duermo. Y dormido solo existe la oscuridad, que puede ser sombría o luminosa. La realidad sombría es bastante caliginosa, mientras que la oscuridad luminosa puede llegar a afectar a los nervios oculares si se mira con ojos inquisitivos. Así pues, y para resumir lo anteriormente desembrollado, la realidad causa verdaderos problemas a todo aquel que crea que lo sabe todo, mientras que la irrealidad no tiene efectos secundarios porque, básicamente, no tiene ganas de meterse en problemas y prefiere seguir rondando a su opuesta sufriendo sus devaneos en silencio.

Dentro de 15 minutos la realidad será diferente a lo que es ahora. Quizá porque en estos instantes mi realidad es circunstancial y espera cualquier atisbo de racionalidad para saltar por la ventana y largarse para siempre. Mientras espera algo que pueda trocar su propia realidad -todas las realidades tienen sus realidades y sus irrealidades- medita sobre sus cositas íntimas y sobre todo lo que pudo haber llegado a ser de haber nacido como una acción, o incluso reacción, y no como una maldita y poco efectiva sustantividad episódica. Y mientras los acontecimientos saltan y rebotan, las circunstancias ni se inmutan. Están demasiado ocupadas estrechando su propio espacio. Tienen que hacer sitio a esa barbaridad denominada ética, que no es más que una reunión ilegal de costumbres morales pasadas de moda.

Y ahora me voy a lavar la nariz y las orejas. Son los únicos lugares de la cabeza en los que todavía mantengo el pelo.

Greggggggggggggg