sábado, 13 de enero de 2018

Email del 13 de enero 2018

Raphael Kirchner. Fables (1903) 

Querida:

Hay una historia vallisoletana que narra el encuentro entre un vallisoletano y una vallisoletana. El vallisoletano, que buscaba respuestas profundas a sus preguntas interiores, se acercó a la vallisoletana, que tenía fama de pitonisa profunda, y le preguntó cuál era el camino verdadero para llegar a alguna parte. La vallisoletana se sentó en el suelo de una forma reverencial, se ajustó un pecho que se le había desajustado al sentarse de esa manera tan reverencial y se sonó las narices, también de una forma bastante reverencial. Mientras se guardaba el pañuelo repleto de flemas profundas y reverenciales y se desajustaba el otro pecho, que para llevarle la contraria a su gemelo se había ajustado por su cuenta, soltó una serie de frases tan profundas, arriesgadas, luminosas y sinceras que hicieron que la persiana de una ventana que hasta el momento había permanecido enrollada se desenrollase y se volviera a enrollar. El vallisoletano pensó que eso era un mensaje o incluso una especie de milagro del más allá y se marchó de la casa cargando felicidad, conocimiento y la persiana al hombro, por lo que la gurú vallisoletana no tuvo más remedio que denunciar al vallisoletano por hurto y falso bienestar y este acabó entre rejas y siendo sodomizado a regañadientes casi a diario.

La esencia de esta pequeña parábola vallisoletana nos recuerda que no se puede entrar en cualquier hogar para llevarse una persiana enrollable sin pedir permiso a sus propietarios. Ni siquiera una celosía. Espero que esta bonita fábula te enseñe cuál es el derecho primordial de las personas de bien y de qué manera se puede trastocar la propia existencia si uno se excede, se propasa o se extralimita por no coger el coche y hacer una visita a Leroy Merlin.

Te quiere

Greg