miércoles, 10 de enero de 2018

Email del 10 de enero 2018

Kuzma Petrov-Vodkin. Still life with letters (1925)

Queridísima confidente:

Una amiga me ha enviado un email mandándome al carajo. En realidad me ha enviado a la mierda, que está todavía mas lejos que el carajo; y todavía no comprendo cuál ha podido ser la razón. Un rato antes de recibir su excremental invitación le había mandado un texto en forma de saludo. No es un saludo demasiado mainstream pero tampoco creo que sea como para cortar con una preciosa relación de amistad que duraba un día. Te pego dicho saludo textual para que lo leas minuciosamente, lo analices con detenimiento y, después, me envíes tus conclusiones.

Hola, Maribel:

Hace 30 segundos exactos que me encontraba medio minuto más alejado del lugar donde me encuentro ahora. En estos momentos estoy sentado en el sofá del comedor con el gato encima de las rodillas, pero hace 27 segundos me encontraba 15 baldosas de gres en dirección contraria. Eso es, más o menos, a tres cuartas partes de la totalidad del dormitorio según se traspasa la puerta de entrada, seguramente entre la quinta y la sexta baldosa empezando a contar desde la pared contraria, es decir, la de la ventana pequeña que no cierra bien. Pero lo que realmente me asombra -además de no tener gato- es que solo hace 14 minutos y medio que me encontraba a 320 metros de distancia saboreando un julepe de nanjea en una coctelería. Y hace 32 minutos estaba orinando en el lavabo para el personal autorizado de la "Mercería Akanke, Fatimah y Sah", pues mi próstata es una consentida. Esa mercería está situada a 794 metros de la coctelería donde, haciendo honor al nombre del establecimiento, tomaba ese combinado tan calórico del que te hablaba antes, con lo que tenemos que la mercería esta a 1114 metros de mi comedor. ¿Qué hacía en una mercería? Comprando cintas elásticas blancas y suaves para coserlas en la cintura a los calzoncillos y de esa manera evitar que me aprieten demasiado. Pero no quiero desviarme del asunto que me interesa. La mercería, atendida por tres mujeres de origen africano, importa la ropa interior de Asia Central, lo que me parece una auténtica majadería. Y me parece todavía más estúpido que además de ropa interior vendan también ropa exterior y batatas y mazorcas.

Greg

PD.
Las mazorcas tenían un color extraño y una textura gomosa que me recordaba a los supositorios de glicerina que fabricaba la empresa Rovi. Cuando se lo comenté a Sah, que es la hermana de Akanke y la cuñada de Fatimah, dibujó un extraño gesto con la mano mientras gritaba una especie de lamentación en fa sostenido. De repente, salieron de la trastienda cuatro negrazos del tamaño de una montaña, me agarraron con fuerza por las cinco extremidades (ahora ya sabes cuántas tengo) y me arrojaron fuera del establecimiento.

Hace algunos años me sucedió algo similar con un tipo que quería comprarme el coche. Horas después de cerrar la venta y chocar las manos le envié un mensaje por el móvil que decía más o menos:

Por favor, no te demores en ingresarme la pasta porque me buscan por un asesinato y cuatro intentos de homicidio. En realidad los hechos son justo al revés y deberían buscarme por cuatro asesinatos y un intento de homicidio, pero ya conoces como trabajan los funcionarios. En cuanto a nuestra pequeña transacción, he de decirte que ha sido un placer tratar contigo. ¿Puedo tomarme la libertad de invitarte a que vengas a verme de vez en cuando a la trena? Por supuesto, si al final esos botarates del juzgado me encuentran.

Greg