miércoles, 31 de enero de 2018

Email del 31 de enero 2018

Michelangelo Merisi da Caravaggio. Narcissus (1599)

Querida:

Las diferencias entre los seres humanos y los objetos inanimados no son tan verdaderamente desmesuradas. Una de esas desemejanzas poco o nada extraordinarias, quizá la más importante, es que los Homo sapiens necesitan justificar su vacío existencial malgastando sus vidas buscando algo, y los ladrillos no. Y "algo" no es más que una jodida magnitud indeterminada. ¿Acaso tú no buscas algo también? Yo busco una crema que gracias a su avanzada y exclusiva tecnología reparadora, reduzca de forma significativa los principales signos del envejecimiento visibles. Quiero comprobar su efectividad y cómo su poderoso complejo restaurador potencia la sincronización natural de los procesos rehabilitadores de mi piel. Necesito que me deje una epidermis suave, joven y radiante, y que al mismo tiempo redefina mi óvalo facial y le devuelva la luz y esplendor que poseyó antaño. Ah, y que sobre todo esté dermatológicamente testada. Si conoces algún producto que posea una buena parte de esas características, me gustaría que me apuntaras su nombre comercial, dónde puedo robarlo, tu opinión personal tras seis meses de uso y si de alguna forma el haberlo utilizado dos veces al día (mañana y noche) ha cambiado en algo tu vida. Por último, desearía pedirte un favor. He fabricado unas chapitas redondas con una foto de mi cara -retocada con Photoshop para que parezca mucho más joven- en las que se puede leer "Greg es magnífico". Llevan un imperdible metálico mediante el cual puedes engancharlas donde quieras. ¿Podrías lucir una en tu ropa? ¿Querrías distribuir gratuitamente algunas entre tus amigos y familiares?  Me gustaría tanto salir a la calle y ver a la gente con la chapita en sus camisas, chaquetas o abrigos. Si la idea tiene éxito, podría diseñar otras con diferentes imágenes de mi rostro y distintos mensajes que destaquen mi grandeza natural. Incluso podría incrementar su tamaño y mejorar la calidad de la base y del rotograbado.

Básicamente he pasado conmigo toda la vida. Me siento muy dichoso de haberme encontrado y amado. Junto a mí he llegado a encontrar la verdadera felicidad y, quizá por ese motivo, siempre me he sentido diferente. Dios, ¡soy tan maravilloso y perfecto! Estoy tan extraordinariamente diseñado. Mi cuerpo, mi piel, mis huesos, mis vísceras. Todo en mí es supremo. Comprendo perfectamente que la gente que quiere ser como yo y no lo consigue acabe suicidándose o termine sus días como anacoreta rodeado de ganado. Y soy tan modesto, sencillo y natural. ¡Me encanta deslizar mis manos sobre mi piel para terminar arrancándome la ropa y haciéndome el amor. Soy tan sensual. ¡Además todavía conservo la pintura de fábrica!

martes, 30 de enero de 2018

Email del 30 de enero 2018

William Holman Hunt. The importunate neighbour (1895)

Hola:

Soy Ramón, el vecino de Gregorio (y amigo según su conveniencia). Greg está tan perezoso que me ha pedido que sea yo quien teclee el texto que él iba a enviarle:

"Yo, Greg "El nihilista de Benimaclet", confirmo mi tremebundo estado de vagancia física y dejadez anímica con el siguiente bostezo controlado: ouuuaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhh".

Que usted tenga un buen día.

Ramón

lunes, 29 de enero de 2018

Email del 29 de enero 2018

Cagnaccio di San Pietro. After the orgy (1928)

Querida:

En 2007, Eduardo Campos, que ya había intervenido en tríos, cuartetos, quintetos y sextetos sexuales, intentó su primer octeto con tres hombres y cinco mujeres. El encuentro fue tan satisfactorio que diez minutos después de terminar la orgía ya estaba planificando su próxima tentativa, un noneto compuesto por ocho mujeres y él mismo. Pero además, y para otorgar mayor realismo gratuito al desenfreno, los nueve harían el amor encima de un carrito de Mercadona empujado por la mujer de Eduardo. La bacanal se filmaría en 35 milímetros y color Doble-X de Kodak y se proyectaría en todos los cines dedicados a la religión y la pornografía de Europa. Como cortometraje antes del film, que se titularía Nueve que no compran nada, se emitiría el documental de 27 minutos de duración La vida del Papa Francisco contada por su peluquera. Pero antes de comenzar la preproducción, Eduardo debía escribir el guión y para ese menester se encerró en una casa de dos pisos bastante desvencijada que había pertenecido a dos hermanos guarnicioneros fusilados por los falangistas en 1937 y se hizo rodear de coñac Napoleón, tequila Patrón, whisky Bagpiper United Spirits y 45 mujeres completamente vestidas.

A finales de marzo del 2007 el guión estaba terminado y el rodaje a punto de comenzar. A última hora Eduardo cambió el título previsto por el de Bacanal en Mercadona y ofreció una rueda de prensa anunciando que el rodaje comenzaría el 17 de abril a las 16:30 y finalizaría el mismo día sobre las 17:25 aproximadamente. Tras acabar el encuentro con los periodistas Eduardo invitó a todos los presentes a unas cervezas en la cafetería Lúnula pero se marchó sin pagar y se dirigió a la cadena de televisión La catorceava, donde repartió invitaciones para presenciar el rodaje y después desapareció sin despedirse de nadie.

Nunca pudo rodarse el octeto. A decir verdad fue lo mejor que pudo pasarle a Eduardo, a su mujer, al carrito, al cine X y por extensión a la Tierra, porque el día 16 de abril, justo 24 horas antes del inicio del rodaje, un meteorito con forma de mama tuberosa con pezón ectópico impactó sobre el planeta segando de un tajo la vida para siempre.

Te he contado la historia de Eduardo Campos porque me ha salido de donde suelen salirme las necedades, las incoherencias y las flemas. Podría haberte contado la historia de su padre, Eduardo Campos senior, mucho más jugosa y menos sicalíptica y concupiscente, pero entonces no me hubiera puesto a 100. ¡Me gustaría tanto ser capaz de escribir sobre cosas normales! Ya sabes, florecillas silvestres, amores desgarrados, tormentas que azotan los muelles, incluso sobre el Far West o la Guerra Civil Española. Pronto tendrás noticias mías, así que con permiso del bardo inglés, "echa dinero en tu bolsa"...

Greg Jeremy Holmes

domingo, 28 de enero de 2018

Email del 28 de enero 2018

Edouard Manet. The suicide (1880)

Amiga:

Sería una simpleza pensar que mi próximo proyecto de suicidio no va a ser el definitivo. Sí, ya sé que lo he intentado en 146 ocasiones y que la vez que más cerca estuve de la extinción total de la vida fue cuando me doblé una uña, pero esta vez tengo depositadas un montón de esperanzas en el método elegido y por eso me encuentro tan excitado. No te voy a decir la forma en que voy a poner fin a todo por si te vas de la lengua y alguien lo copia y lo lleva a cabo antes que yo, pero te aseguro que hablarán de mí y de mi auto eutanasia hasta en Murcia o Ciudad del Vaticano. Mi último intento fue un enorme fracaso, lo admito, pero no lograrías hacerte una idea de lo difícil que puede llegar a resultar  intentar suicidarse lamiendo a un fiscal. Así que esta vez he decidido ir a por todas, pero sin saltarme demasiado eso que, algunos que las cumplen, llaman leyes.

Mañana te enviaré vía correo electrónico un completo listado de mis pertenencias y mis últimas voluntades. Puedes hacer con el email lo que te parezca, no así con mis pertenencias y voluntades. Las pertenencias deben ser limpiadas perfectamente con TotalCare y devueltas a mi hermano Sergio, mi único heredero y uno de los tipos mas vagos que existen, el cual agradecerá enormemente el saneamiento e higienización. En cuanto a mis últimas voluntades quiero que hagas todo lo posible para que sean cumplidas al pie de la letra. Si no puedes cumplirlas al pie de la letra me bastará con que las cumplas de la misma manera que un SS-Untersturmführer obedecería a un SS-Oberstgruppenführer.

Este texto, sin tilde en la "e" del pronombre demostrativo (a mí no me digas nada, habla con la RAE), se autodestruirá en 400 años, y no por una mini bomba estilo Mision: Imposible, sino debido al inexorable paso del tiempo.

Greg

viernes, 26 de enero de 2018

Email del 26 de enero 2018

Adolf Wölfli. Die psychiatrische klinik Waldau (1921)

Hay momentos en que me gustaría ser de verdad. No es que crea que en realidad no existo o que soy de mentiras, pero me parece que me estoy convirtiendo en una especie de esencia desnaturalizada, aunque todavía no he empezado a echarle la culpa a nadie. ¡Tengo tanto tiempo para pensar e inventar víctimas! Una vez le preguntaron a mi otra personalidad qué sentía al ser relegado continuamente al papel de segundón, pero no pudo contestar porque yo, el personaje dominante, se lo prohibí por medio de una señal en forma de espasmo intramuscular. Aunque no me gusta la palabra dominante, prefiero preponderante o principal. Cuando llegamos a casa y nos acomodamos en la cama azucé a mi otro yo para que respondiera a la pregunta, ahora que no había nadie que pudiera escuchar su respuesta. Y su contestación fue que "todos tienen que arrastrar su propio staurós" y que ya se había acostumbrado a ser un puto auxiliar que hace las veces de suplente. Cuando le respondí que siempre sería eso, un auxiliar, un suplente, y que lo mejor para su subsistencia como ser distópico sería que dejara a un lado los pensamientos revolucionarios, ni siquiera se dignó a contestar y se limitó a abrir la boca y lanzar una pedorreta. Eso me enfureció y no tuve más remedio que tirarlo al suelo y golpearlo con la fusta. Estuve maltratándolo durante lo que me parecieron un par de horas pero que en realidad fueron una hora y 55 minutos. Y después le pedí perdón. Él, es decir, yo, se puso a relinchar. Supongo que por atizarle con la fusta. Eso me desquició definitivamente hasta llegar al punto de agarrar ese amasijo ensangrentado y lanzarlo por la ventana.

Me desperté en el hospital. Unos días más tarde me visitaron un poli y un loquero. Me querían acusar de intento de suicidio. Desde luego no iba a ir a la cárcel, pero podía terminar visitando psiquiatras y psicólogos durante parte del resto de mi vida. En un momento dado el psiquiatra me preguntó por qué lo hice. Cuando le contesté que no entendía nada, me hizo el gesto de lavarse las manos y se largó en compañía del policía. Media hora después ambos fueron pillados in fraganti manoseándose y besándose en el despacho de la enfermera jefe, mientras esta, excitada, intentaba hacerse un cunnilingus a ella misma. En el transcurso de las semanas siguientes, los tres fueron despedidos y a mí me dieron el alta. Nada más salir a la calle intenté ponerme en contacto con mi otra identidad, pero no contestó. Deprimido, entré en una tortillería y pedí una pechuga de pollo a l'ast. El camarero me indicó amablemente que en una tortillería se hacen tortillas y no carne. Entonces le pedí una tortilla de pechuga de pollo y él llamó al gerente, que me cogió con fuerza por las solapas de la camisa y me arrojó a la calle. Me levanté y me limpié la suciedad, pero pronto me di cuenta de que en posición horizontal se estaba mejor y volví a tirarme, esta vez en la acera, por lo que la gente que caminaba por ella tuvo que aprender a saltar fardos de carne.

Me gustaría evitar declararme loco. Podría llegar a la conclusión de que no estoy bien, que es un término más aceptable. Pero de momento quiero pensar en otras cosas. ¿Qué cosas? ¿Que cosas? ¡Yo que sé!

jueves, 25 de enero de 2018

Email del 25 de enero 2018

Nicholas Roerich. The dead city (1918)

Amiga mía:

Ya sé que es algo que hace casi todo el mundo, pero yo lo llevo a extremos demencialmente coherentes. Me refiero a meditar sobre la vida y la muerte. Siento volver con lo mismo una y otra vez, pero por más que lo intento no puedo llegar a conseguir entender de qué sirve nacer para acabar muriendo. Siempre me han encantado las cosas absurdas, quizá por esa razón no dejo de darle vueltas y vueltas. O puede que me haya dado cuenta de que realmente soy viejo y que ya no puedo hacer nada para invertir el juego. Ni siquiera mentirme a mí mismo. Nacemos y morimos, entre medio de esos dos momentos decisivos contraemos enfermedades y sufrimos accidentes. Un número muy elevado de esas enfermedades y accidentes acaban fatalmente y si por una de esas casualidades del destino no palmamos, siempre podemos caer bajo el cuchillo o la pistola de un psicópata o bajo las ruedas Pirelli o Goodyear de un mal conductor. Y encima se supone que debemos sentirnos dichosos por el obsequio que se nos ha entregado. ¿Acaso yo pedí regalitos? Odio los regalitos. Si deseo algo me lo compro. Y si no tengo dinero, me aguanto. ¿Por qué tengo que esperar algo que me ha sido impuesto? La muerte es una imposición. Y mientras espero a esa jodida mierda, tengo que ver cómo enferman y mueren mis familiares y mis amigos. Y las mascotas de mis familiares y amigos. Y las mascotas de los familiares y amigos de mis familiares y amigos. ¡Es absurdo! ¿Dónde está la lógica?

Hace un rato, mientras iba en el autobús, me he entretenido mirando por la ventana a toda la gente que caminaba por las aceras. ¿Cuántas de esas personas estarán vivas dentro de 10 años? ¿O dentro de 25 años? ¿Cuántos tendrán la posibilidad de reír, llorar, vomitar o defecar dentro de 100 años? ¿Morirá alguno de ellos sintiendo que ha valido la pena nacer, tener hijos, mantener a los hijos, aguantar a los hijos, prestar dinero a los hijos y fallecer mientras sus hijos hacen surf en Manu bay o Bundoran beach? Al bajar en mi parada, un viejecito me ha mirado fijamente. Pero el viejecito era yo reflejado en un escaparate. Supongo que mis circunstancias no andarían demasiado lejos, pero no pude verlas. Tampoco es que me importara demasiado en ese momento, pero ahora, en casa y sentado sobre un puff otomano pienso de forma diferente. ¡Me gustaría tanto golpear a esos putos sucesos accidentales hasta que solo quedara un amasijo informe de sustancia condicionada!

Habrás observado que desde hace unas semanas he cambiado mi tema favorito, la estulticia humana, por la gerontología. Supongo que estoy harto de perder amigos. Todos se mueren. Y yo veo como después de sus partidas todo sigue igual. Es como si no hubieran existido. Quizá alguna lágrima forzada, pero no mucho más. Es posible que en algunas conversaciones futuras salgan sus nombres y alguien se atreva a decir que fueron los mejores y que no pasa ni un día en que no sean recordados. ¡Menuda gilipollez! Vomitaría si no fuese porque acabo de vomitar. La muerte es el único final. Oscuridad. No creo en pasillitos y lucecitas. Para eso ya tenemos al moñas de Spielberg. Solo creo en lo que veo. Y lo que veo no me gusta. Lo que imagino tampoco. Lo que tu ves me importa un pimiento y lo que puedan imaginar el resto, no cambiará ni sus coyunturas ni mi repugnancia.

Gog (de Magog)

miércoles, 24 de enero de 2018

Email del 24 de enero 2018

Remedios Varo. Banqueros en acción (XX cent.)

Hola:

El único pastelito que no mancha las manos y en el que realmente creo es en el "financier". En realidad es un bizcocho almendrado de origen francés cuya historia es tan fabulosa como su sabor. Pero no te escribo para advertirte del enorme peligro que supone para la adicción probar uno de estos "orgasmitos", sino para lloriquearte una vez más. Y es que los malditos financieros -los de carne y hueso- están acabando con las ganas de mantenerme vivo hasta que llegue el día en que Cloto, Láquesis y Átropos, las tres hermanas infernales, decidieron como fecha de mi deceso. Uno de ellos, el director del banco que me tiene agarrado por los dídimos (aka huevos), me llama todos los días por teléfono, se carcajea y cuelga. En algunas ocasiones es su secretaria la que hace la llamada, pero ella en lugar de reírse, me susurra con una especie de gruñido sibilante y mefistofélico "pronto serás nuestro, pronto serás nuestro". Incluso la señora de la limpieza que trabaja para ellos me telefonea, aunque no me amenaza, sino que intenta convencerme para que contrate a su hijo somnofílico como asistente de limpieza y planchado. La verdad es que me estoy planteando seriamente contratar a un asesino de masas para que acabe con todos los directores de banco (y sus secretarias) que existen en mi comunidad autónoma. Y si todo sale de una manera más o menos adecuada, quizá podría ampliar la escabechina bursátil a otras comunidades y más tarde a otros países europeos. Podría llamar a mi empresa homicida "Progromo S.L." o incluso "Amok company". Pero creo que estoy divagando. Supongo que en lugar de dispersarme debería responsabilizarme, que también termina en "arme". Responsabilizarme de mis desgracias financieras. Y de paso, dejar de emberrenchinarme y comenzar a autocontrolarme. O quizá sería más prudente metamorfosearme en mosca de urinario (familia Psychodidae) y salir pitando, o mejor volando, de esta sociedad putrefacta y llegar a un lugar donde el ganado salvaje sea el único mamífero predominante. Allí, me cambiaría el nombre de Greg a Heidi y comenzaría una nueva vida repleta de leche de cabra, pastos increíblemente verdes y montañas nevadas permanentemente.

Para terminar, me gustaría expresarte el desasosiego persistente que, aterrado, se oculta en alguna parte de mi interior. Si se escondiera envalentonado todo el mundo podría escucharlo cantando canciones protesta de los años 70. La causa es que por más que intento ver el lado bueno de las cosas, más me duele el cuello. Me descojonaría si no estuviese de luto. Ayer murió alguien en alguna lugar. Seguramente murieron muchos en demasiados lugares. La mayor parte de esos tipos y tipas se largaron de nuestro mundo felices y con una alegría inusitada por la mierda que dejaban atrás, pero algunos, no sé, me imagino que unos cuantos más unos pocos, se marcharon llorando por lo que no pudieron llevarse consigo. A unos y otros, les dedico mi negligencia hemisférica.

Greg

martes, 23 de enero de 2018

Email del 23 de enero 2018

Rene Magritte. The musings of the solitary walker (1926)

Querida:

Tienes razón, últimamente solo escribo sobre la senectud en sus diversas manifestaciones, pero, seamos serios, a mi edad no creo que pudiera escribir sobre la nubilidad. Y si por alguna insólita e irreflexiva razón me atreviese, no creo que pudiera ser demasiado objetivo. Tengo 56 años, pero me pesan como si tuviera 735 o 736. Y eso que bebo agua Font Vella todo los días e intento pensar en positivo. Incluso tengo todas las paredes de la casa empapeladas con mensajes tipo: "sonríe", "la vida es bella", "hoy es un día para tener un gran día" o "recuerda ocultar el cadáver y deshacerte de las pruebas". A menudo pienso en la ventana de mi habitación. No es que sea diferente al resto de ventanas de mi casa, pero es la que me pilla más cerca para saltar por ella o para vomitar encima de la gente que camina por la calle. Lo que todavía no he llegado a entender es por qué pienso en esa ventana y no en media docena de mujeres en microkini. Quizá es que ya no me interesan las mujeres con tanta ropa encima, o puede que sea un tipo de conjuntos. Sea lo que fuere, en estos instantes de mi vida solo me interesa una cosa: el aguachirle. Cuando me trago cuatro o cinco litros en menos de cinco minutos, ya no me importan ninguna de las pequeñas cosas que hacen que me sienta inseguro, inestable y terroríficamente sexy cuando no voy ajumado. Pero no nos equivoquemos, vaya o no vaya tajado, el resultado siempre es el mismo: singultus.

Hace un par de días, cuando caminaba meditabundo por el Saler, un pescador me llamó "ternerito". Cuando me acerqué a él con el propósito de partirle el cráneo en varios pedazos del mismo tamaño, pudo verme mejor y entonces me dijo que le perdonara, que se había equivocado, que me había confundido con "otra". Eso le salvó de una muerte segura, pero no de que media hora después, aprovechando su ausencia le quemara la barca, el coche, la casa, el chalet de montaña y su bar preferido con todos sus clientes dentro. Y si no prendí fuego a toda la dehesa y sus pueblos circundantes es porque me quedé sin cerillas. Recuerdo que cuando caminaba de vuelta a mi barrio pensé que había sido un día perfecto y me puse a tatarear la canción del mismo título de Lou reed. Sin embargo, me equivocaba, pues cuando llegué a mi casa tenía una nota pegada con celo en el marco de la puerta que decía:

"Soy la oreja negra. Tienes tres días para pintarme de blanco"

Bueno, amiga, ahora debo meditar sobre ciertos sucesos que me impiden dormir de lado. Y no creo que sean flatos. Mañana volveré con más lamentos. Si no dispongo de lamentos intentaré conseguir sollozos o gimoteos.

Te aprecia, aunque casi nunca se acuerda de ti:

G

lunes, 22 de enero de 2018

Email del 22 de enero 2018

Man Ray. Return to reason (1921)

Cielo:

Soy un maestro eludiendo mis propias interpelaciones. Ni siquiera necesito hacerme trampa con los enunciados o las réplicas. No en vano provengo de una gran estirpe de eludidores profesionales que se remonta hasta el gran Amasvindo Lope Hinojosa que nació, vivió y murió hace 5 siglos en un pequeño municipio cerca de Valencia. Casado y con 9 hijos, Amasvindo regentaba una espartería mientras su esposa, Auxibia, se ganaba la vida como partera y, a veces, como plañidera, por lo que en más de una ocasión tuvo que asistir al nacimiento y al entierro de un mismo individuo. Pero no creas que disfruto interpretando el papel de un perito esquivador porque en realidad lo que me gustaría ser es un intrépido afrontador. Pero cada uno es como es. Y yo soy cobarde con todo lo que tenga que ver con la realidad o, por lo menos, lo que yo creo que es la realidad. Claro que ese todo que compone el mundo real es muy irreal. Y esa subjetiva irrealidad es a su vez real. Ya sé que es un tremendo lío, pero yo lo veo así. Por lo menos lo veo así la mayor parte de las horas del día, porque si hago el pino, lo veo todo cambiado, es decir, todo es irrealmente irreal, excepto la realidad real que es real e irreal al mismo tiempo. Por esa razón me gusta vivir en posición horizontal siempre que las condiciones mentales y corporales me lo permiten. En posición yacente no veo la realidad ni la irrealidad porque me duermo. Y dormido solo existe la oscuridad, que puede ser sombría o luminosa. La realidad sombría es bastante caliginosa, mientras que la oscuridad luminosa puede llegar a afectar a los nervios oculares si se mira con ojos inquisitivos. Así pues, y para resumir lo anteriormente desembrollado, la realidad causa verdaderos problemas a todo aquel que crea que lo sabe todo, mientras que la irrealidad no tiene efectos secundarios porque, básicamente, no tiene ganas de meterse en problemas y prefiere seguir rondando a su opuesta sufriendo sus devaneos en silencio.

Dentro de 15 minutos la realidad será diferente a lo que es ahora. Quizá porque en estos instantes mi realidad es circunstancial y espera cualquier atisbo de racionalidad para saltar por la ventana y largarse para siempre. Mientras espera algo que pueda trocar su propia realidad -todas las realidades tienen sus realidades y sus irrealidades- medita sobre sus cositas íntimas y sobre todo lo que pudo haber llegado a ser de haber nacido como una acción, o incluso reacción, y no como una maldita y poco efectiva sustantividad episódica. Y mientras los acontecimientos saltan y rebotan, las circunstancias ni se inmutan. Están demasiado ocupadas estrechando su propio espacio. Tienen que hacer sitio a esa barbaridad denominada ética, que no es más que una reunión ilegal de costumbres morales pasadas de moda.

Y ahora me voy a lavar la nariz y las orejas. Son los únicos lugares de la cabeza en los que todavía mantengo el pelo.

Greggggggggggggg

domingo, 21 de enero de 2018

Email del 21 de enero 2018

Jose Gutierrez Solana. "Dibujo para El fin del mundo" (1932)

Tus contrademostraciones pronto serán rebatidas por mis contraargumentaciones, así te dejaré un poco de espacio para que prepares tus contraindicaciones o contraproposiciones, lo que te apetezca en ese instante. Mientras, yo contrarrestaré ciertas contramanifestaciones vertidas por cierto tipo correveidile al que contradije por mostrarse contrario a mis contradicciones. No pienses que las dos anteriores frases son parte de un trabalenguas creado por un escanciador psicótico, porque no lo son. Simplemente trataba de escribir algo gracioso para ver si podía llegar a descuajaringarme un poquitín. Tengo un verdadero problema: ya nada me hace reír. Ni siquiera cuando medito sobre la edad que tengo o la que tendré dentro de 30 años. A veces me pregunto qué es lo que pensarán mis padres sobre el tiempo. Sobre el tiempo relativo a la duración, no a la metereología. Podría ir a su casa y preguntárselo a cada uno, pero entonces tendría que volver de nuevo a la mía y eso es una estupidez. Por esa razón ya no me muevo. ¡No me río, no me muevo!, ¿qué otra cosa podría intentar? Quizá dejar de oponerme a todo, pero entonces estaría firmando mi sentencia de muerte. Claro, que si llegara el caso podría dejar de morirme y seguir viviendo hasta que la mitad de la población mundial más uno dejaran también de morirse: entonces me moriría con una ferocidad y un tesón difícilmente imaginable en un ser tan independiente dependiente. Pero no quiero que creas que para mí la vida es más importante que la muerte, porque entonces estarías cometiendo un error de dimensiones colosales. Amo la muerte (olé), pero también la odio porque es dolorosa la mayor parte de las veces. Amo la vida, sobre todo cuando estoy borracho, pero al mismo tiempo me produce cierta repugnancia sensual difícilmente explicable. También amo a todos los que me aman, pero dejo de amarlos cuando dejan de amarme, sin embargo no odio a todos los que me odian, aunque tampoco los amo. Digamos que no existen para mí. Tampoco existen en mi entorno emocional los que me odian y aman al mismo tiempo, pero sí los que me odian más de lo que se odian a sí mismos. Odiar es sencillo, amar es una peligrosa gilipollez. Si tuviera que amar a cada uno por sus méritos, terminaría odiándolos por sus intereses. Al final siempre es lo mismo: se ama porque es tendencia, se odia por prudencia. Algunos aman para que se les ame, otros para que se les odie, pero todos los que odian lo hacen porque les pone a cien. Odiar produce unas sensaciones que no se pueden llegar a conseguir amando. ¡Esa sensación de sofoco tan maravillosa! Pero no el sofoco causado por la menopausia o la andropausia, sino por tomar conciencia de que uno es un hijo de la gran puta. En el pasado he odiado. En el presente, amo y odio, ya lo he comentado unas pocas líneas más arriba. En el futuro amaré a todos con un sentimiento tan suave, sencillo, tierno y real que seré recordado (pero no amado) por generaciones. Por las mismas generaciones que odiarán a todos mientras se aman y se follan a ellos mismos. ¡Y las fábricas de preservativos quebrarán! ¡Y Dios bajará de los cielos ataviado con un taparrabos y un hacha de filo aguzado! ¡Y la sangre correrá formando charcos, ríos y lagos! ¡Y todos los que hoy santifican las fiestas terminarán sodomizados por los cuatro jinetes! ¡Y los siete sellos se fundirán en un amasijo de carne quemada y proyectos inacabados sofritos! Todo volverá donde comenzó y el final será otro principio, ya que si el final fuera otro final, aunque fuera totalmente diferente, no tendría gracia.


Michel de Greg

sábado, 20 de enero de 2018

Email del 20 de enero 2018

William Orpen. Le chef de l'Hotel Chatham, Paris (1921)

Holaaaaaaaaaaaa:

Algún día no me levantaré. Aguardaré en la cama a la fauna cadaverica y dejaré que me mordisqueen. Puede que incluso te dedique mi estiramiento. Estiramiento de la patita, por supuesto. Pero hasta que ese momento llegue, voy a intentar seguir siendo el cocacolainómano nihilista imperturbable que he sido desde hace cinco décadas y media. Eso significa que debo alimentar a toda costa mi susceptibilidad e irritabilidad y tratarlas como un par de regalos únicos e irrepetibles. Ya sabes lo que pienso de la gente cándida, conoces mi asco infinito hacia ellos; estoy convencido de que en el fondo de su forzosa sencillez suelen esconder un maremágnum de ideas antagónicas adormecidas. Eso quiere decir que, o están actuando continuamente, o simplemente son unas bombas de hidrógeno ambulantes. Una vez tuve un amigo candoroso al que toda la gente amaba y seguía. Ya sabes, una especie de Jesús de Nazaret, pero sin barba ni toga y natural de un pueblecito de Castellón. Un día, este tipo sencillo e inocente, se casó con una chef, se matriculó en varios cursos de hostelería y al final acabó siendo también chef. Pero cierto día su mujer se enteró de que a él le gustaba muchísimo más que le llamaran Chof que chef y se sintió tan humillada que acabó pidiendo el divorcio y adoptando un shih tzu oligofrénico. Él por su parte cayó en una depresión tan horripilante que colgó la Toque Blanche y se dedicó a asesinar a patatas jóvenes a las que descuartizaba con un cuchillo de pelar, freía con aceite de oliva extra virgen y acababa comiéndose cada uno de sus pedacitos con una delectación tan repugnante que ni siquiera soy capaz de describírtela.

Cuando contaba esta historia a la gente, nadie quería creerla y pronto comenzaron a tratarme como a un tipo raro con serios problemas de inadaptación. Por eso me vi obligado a escribir "El convivium diurno de Chof " y "Sollastres. Ontogenia y filogenia", mis libros sobre la gastronomía y los secretos que algunos cocineros celosamente tratan de esconder. Si rescatas el segundo de la balda más baja de tu librería de serrín compactado y lo abres por la página 276 te darás cuenta de que no existe tal página, ya que los textos finalizan en la 275, pero por lo menos habrás hecho algo de gimnasia pasiva.

Como verás, el texto de hoy, además de lamentable, vacío y forzado, sigue la tónica de mis últimos emails, es decir, glorificación absoluta a la dejadez más insoportable. Puede que algún día escriba sobre el esmero llevadero, pero por el momento tendrás que seguir aguantando mis memeces y encima poner buena cara. Es lo que pasa por tener amigos como yo. Espero que en tu próxima reencarnación hayas aprendido algo.

viernes, 19 de enero de 2018

Email del 19 de enero 2018

Victor Brauner. Suicide at dawn (1930)

Amiga mía:

Esta mañana olvidé las gafas encima del balafón y salí a la calle en plan Mister Magoo. Mi primer tropezón fue con un niño de unos siete años al que estuve a punto de estrangular cuando me pisó los botines Dr. Martens. Sin embargo su madre se portó maravillosamente conmigo y solo me gritó insultos elogiosos, como que yo era la cosa más asquerosa que había tropezado con ella en sus 34 años de existencia. La verdad es que el resto de mi incursión callejera fue todavía más penosa, pues en un momento dado me metí en una funeraria y pedí que me pusieran dos kilos de judías. No te voy a contar lo que sucedió después porque no quiero resultar un plañidero tremendista. Solo te diré que el regreso a mi casa duró cerca de cuatro horas porque cuanto más creía que me acercaba a mi calle, más me alejaba. Al final acabé en un barrio sucio y peligroso repleto de tipos semejantes a los delincuentes que suele dibujar Ibañez como antagonistas de Mortadelo y Filemón. Supongo que si no acabé tirado en una acequia con varias puñaladas en el tórax fue por pura suerte.

Me pesa tanto la cabeza. Supongo que tú no tendrás algunos arbotantes, ¿verdad? Te lo pregunto porque me siento tan recargado como una maldita bóveda de crucería gótica. Todo me resulta tan extraño, tan penoso e incomprensible. Si tuviera valor me tragaría media docena de ranas punta de flecha. Sospecho que con la mala suerte que tengo acabaría en una farmacia de guardia suplicando por un par de sobres de Almax. ¿No crees que los días y las noches humanas son como un cenote repleto de huesos sacrificiales? A veces intento sonreír, pero la mayor parte de las veces me es imposible. Otras me carcajeo sin motivo aparente. ¿Debería subir a la Penyagolosa y arrojarme al abismo? Pero si lo hago, ¿es mejor con el estómago lleno o vacío? ¿Con gafas o sin ellas? ¿Es posible lanzarse cantando? Claro que también me queda la posibilidad de seguir aguantando toda la mierda. Al fin y al cabo, he aguantado tanta que creo que si me eximieran de tragar las dosis correspondientes me volvería mucho más neurótico todavía.

Hace un rato he preparado un discurso. En realidad quería prepararme un sándwich pero no me quedaba pan de molde integral sin corteza. En dicha disertación hago un llamamiento a los dioses primordiales o exteriores de Lovecraft, sobre todo a Yog-Sothoth y a Nyarlathotep, para que se presenten lo más rapido posible en cualquier parte del planeta y lo conviertan en burbujitas de colores.

Greg

jueves, 18 de enero de 2018

Email del 18 de enero 2018

Vasiliy Ryabchenko. The triad (1989)

Querida:

Tú padeces, o mejor sería decir, disfrutas, de tu furor uterino con alegría e insensatez; yo, sin embargo, no siento ese sentimiento (me refiero a la alegría, no al furor uterino) desde hace varias décadas. ¡Ni siquiera tragando grandes dosis de carbonato de litio! Por eso soy el despotricador anhedónico y no el inspirador armónico. Tampoco el esmerador mutagénico o el estrujador histriónico. Y ya que mi psiquiatra no se atreve a practicarme una lobotomía transorbital, ni siquiera chantajeándolo con hacer público su disformismo sexual, he decidido salir a la calle por primera vez en ocho meses y... ¡Ese es el problema, querida! No sé qué hacer en la calle. Se me ocurre que podría callejear, pero entonces me sentiría un ser prostituido. ¡Todo el mundo callejea! Algunos incluso callejean cereando. No intentes buscar el falso verbo "cerear" porque no existe. Por eso te escribo. Necesito que me indiques qué puede hacer un tipo con trastorno tripolar como yo. Sí, ya sé que yo siempre quiero ser más, pero mi tripolaridad es verdadera. Yo la descubrí. La verdad es que fue por casualidad. Me encontraba pensando una manera factible de quitarme los calcetines sin usar las manos, cuando una voz perfectamente modulada, que en un principio creí que provenía de alguna parte de ninguna parte, pero que al final deduje que venía de la parte trasera de la parte delantera del cuartito que utilizo para planchar la ropa, me ordenó que fuera un paso por delante. Cuando me adelanté un paso, la voz se transformó en una gran mano que me sacudió un cachete en la nuca y luego volvió a convertirse en voz. Y la voz se atrevió a vomitarme que yo era el tipo más imbécil que había conocido en toda su existencia vocalizadora y que no tenía remedio. Cuando me arrodillé y le rendí pleitesía, la voz, gruñendo como un cerdo cojo, manco y ciego, se puso a entonar El Tiroliro con acento descuidado y yo me desmayé. Cuando recobré la conciencia supe que era tripolar. Entonces me puse a triscar y a trincar. Y cuando terminé de triscar y trincar, llamé por teléfono al "Club las tritonas tristonas" y solicité con urgencia dos señoritas poco triponas para intentar mi primer trío. Y mientras esperaba medité sobre las triadas y los tripletes, pero también sobre los triunfos, las tribulaciones y los trimestres. Y cuando terminé de imaginar, me dirigí a la cocina y me comí una pera trizada. Podía haberme zampado un espárrago triguero triturado, pero no quería resultar un ser trillado.

Necesita ayuda urgentemente:

Trig López

miércoles, 17 de enero de 2018

Email del 17 de enero 2018

Jean-Michel Basquiat. Irony of the policeman (1981)

EL NUEVO CASO DEL SARGENTO ALCÁZAR (Diálogo para una posible emisión radiofónica ilegal)

SARGENTO ALCÁZAR: Su situación, no quiero mentirle, es muy delicada. Debería contarnos la verdad. No quiero volver a escuchar más embustes. Para mí sería más cómodo llamar a un abogado que le represente y lavarme las manos. Pero quiero que se sincere con Dios.
TESTIGO OCULAR: Está bien. Le contaré todo tal y como sucedió. Verá, los forenses realizaron un descubrimiento que lo cambiaba todo, pero como en aquellos momentos todo, era simplemente algunas cosas, se callaron e intentaron falsificar el informe, aunque con las prisas se equivocaron y falsificaron el uniforme. A la mañana siguiente el uniforme fue robado de su percha por un ladrón demente que se lo vendió a un tratante de acémilas que lo usó para no mancharse su propia ropa en la época de apareamientos y luego lo arrojó a la basura, de donde fue recogido por una madre de alquiler repudiada. Esta lo lavó y planchó y se lo regaló a su proxeneta, que también era su repudiador. ¿Me sigue? Al chulo, que era un mal tipo, aunque no tanto como otros alcahuetes famosos, no se le ocurrió otra cosa que usarlo como mantel de su mesita camilla. Adoraba esa mesita desde que su anterior repudiada se lo regaló con la única intención de no volver a ser repudiada por segunda vez, pero los bolsillos molestaban e impedían que los vasos de tequila José Cuervo no acabaran derramados. Quizá por esa razón, el Maldito, que es como a él le gustaba que le llamaran, decidió deshacerse de la ropa como fuera. A veces, esta vida es extraña y cada uno de esos "como fuera" acaban siendo como son, es decir, estupideces. ¿Acaso no se puede calificar de estupidez ir a estrangular a alguien y dejarse el uniforme al lado del cadáver? Así pues, el jodido uniforme acabó por segunda vez en tres semanas en las manos de los forenses que se habían equivocado anteriormente. Y que se volvieron a equivocar. Y a los que no les quedó otra opción que falsificar las pruebas para no ser despedidos. Y las pruebas eran ese uniforme. ¡A pesar de todo, volvieron a equivocarse y falsificaron el informe! Pero no el informe inicial, sino el informe de desahucio que uno de ellos había recibido por no pagar las últimas 600 mensualidades de la vivienda que compartía con su novena amante.
SARGENTO ALCÁZAR: Continúe...
TESTIGO OCULAR: Pues al falsificar un informe que no era procedente al caso, se descubrió que ambos participaban en una competición sexual que se habían impuesto. Quizá por esa razón cometían tantas equivocaciones. El caso es que Pamela lo descubrió y...
SARGENTO ALCÁZAR: ¿Pamela? ¿Quién es Pamela?
TESTIGO OCULAR: La mujer de uno de ellos. Cuando se enteró de que su marido era una ONG de esperma intentó que fuera procesado colocando pruebas falsas en su despacho. Pero también se equivocó, porque como era de noche y no encendió las luces para no ser descubierta y puso las pruebas en el despacho del otro forense, que era neurótico hasta el paroxismo y que estalló en sollozos cuando se enteró que una de sus amantes preferidas, es decir, la mujer de su colega, amigo y competidor, lo había traicionado.
SARGENTO ALCÁZAR: Creo que me he perdido. ¿Quiere decir que esa Pamela se acostaba con ambos forenses y quiso traicionar a su marido porque...?
TESTIGO OCULAR: Porque su marido la engañaba con todas. ¡Con todas!
SARGENTO ALCÁZAR: Verá, yo pertenezco a la generación del Baby-boom, pues nací en 1954. Los bebés baby-bomers somos un poco cortos de mollera. ¿Me está diciendo que ese tipo, ese forense era un maldito viejo semental?
TESTIGO OCULAR: Lo era. Lo era.
SARGENTO ALCÁZAR: Pero las evidencias demuestran que...
TESTIGO OCULAR: ¡A la mierda las evidencias! ¡Perdón!
SARGENTO ALCÁZAR: Puede continuar, pero como vuelva a tener otro ataquito...
TESTIGO OCULAR: ¿Continuar? Me he perdido. No para de cortarme y...
SARGENTO ALCÁZAR: Estaba en que se sintió traicionado...
TESTIGO OCULAR: ¡Eso es! Se sintió traicionado y después de poner las pruebas falsas en su despacho se fue a una orgía que tenía programada desde hacia unos meses. ¡Espere!
SARGENTO ALCÁZAR: ¿Qué?
TESTIGO OCULAR: ¡No era una orgía! ¡Era un bukake! Un bukake con con dos equipos federados de esgrimistas.
SARGENTO ALCÁZAR: Comprendo. ¿Y qué sucedió entonces?
TESTIGO OCULAR: Que ella disfrutó mucho...
SARGENTO ALCÁZAR: Me refiero a qué sucedió con los dos forenses...
TESTIGO OCULAR: Uno de ellos huyó a la Argentina y se dedicó a entrenar loros y cotorras. Creo que uno de sus papagayos quedó campeón mundial de recitamientos de salmos. Para ser exacto, del Salmo XIX. Luego, meses más tarde regresó a España y se le perdió la pista. Ustedes deberían saber dónde se encuentra. En cuanto al otro, después de quemar el edificio donde tenía el despacho para borrar las pruebas que le incriminaban, ya sabe, las que puso la furcia de su mujer, sufrió un tremendo ataque caníbal y falleió en completa soledad.
SARGENTO ALCÁZAR: ¿Falleió?
TESTIGO OCULAR: ¿Qué es falleio?
SARGENTO ALCÁZAR: ¡Usted ha dicho falleió!
TESTIGO OCULAR: ¡Yo no he dicho falleió!
SARGENTO ALCÁZAR: Dijo que sufrió un tremendo ataque caníbal y falleió en completa soledad.
TESTIGO OCULAR: ¡Falleció!
SARGENTO ALCÁZAR: Y después de fallecer en completa soledad, ¿qué sucedió?
TESTIGO OCULAR: ¿Y yo qué sé? Supongo que vería el tunel y la luz blanca...
SARGENTO ALCÁZAR: Creo que usted es un completo imbécil. Si de mí dependiera, ahora mismo lo metíamos en una habitación y le extirpábamos la memez en menos de tres o cuatro horas. Los golpes bien dados a menudo obran milagros. Sin embargo lo voy a poner en libertad. Esta sociedad necesita a los idiotas en sus calles. De esa manera, algunos podemos ganarnos honradamente un sueldecito que ayuda a mantener a nuestros hijos. Eso no quiere decir que los hijos de nuestros hijos vayan a ser tan estúpidos y cretinos como usted. Afortunadamente, el futuro es impenetrable...
TESTIGO OCULAR: O sea, ¿que no se puede follar?

martes, 16 de enero de 2018

Email del 16 de enero 2018

Paul Klee. Contemplation (1938) 

Hace un rato me he puesto a practicar yoga, pero como jamás en mi vida había intentado hacer una asana, lo que me ha salido sería perfectamente denominable como churro-yoga. En un momento dado, mientras intentaba pasar el cuello por detrás de la oreja y deslizar el coxis a través de la rodilla izquierda, he escuchado una especie de ruido semejante al que produce con las fosas nasales un experto en álveos cuando va a buscar uno y encuentra dos, además, bifurcados. Como vivo solo y el último perito en lechos fluviales que conocí se hizo el harakiri un mes después de que alguien le asegurara que la vida es una autentica mierda, deduje que eran mis huesos quienes producían esos crujidos lamentables. Pero no entiendo por qué te cuento esto. Tú también eres vieja y debes escuchar sonidos extraños. En realidad quería expresarte la alegría que siento por haber podido acabar la primera frase de mi nuevo libro. Te la pego:

"En algún momento después de la medianoche, un carpintero disfrazado de prostituta abrió la puerta de su taller y encontró un pintalabios y medio kilo de serrín".

Como observarás, es una oración contundente que no deja ninguna duda sobre a qué clase de público está destinada su lectura. Claro que al paso que pienso parte de la trama y la transcribo al papel, para cuando termine de escribir el relato, el público preparado para entender mis textos ya estará listo para comprender a Baruch Spinoza, o incluso a James Joyce. Algunas veces me habrás escuchado decir que escribir es tan doloroso y frustrante como untar con crema la fisura anal de una hiena. Pues sigo pensando lo mismo, pero cambiando al hiénido por un marsupial dasiuromorfo de la familia Dasyuridae. Sin embargo, ¿qué sucede cuando dejo de escribir? Pues que tengo más tiempo para mirarme al espejo y salivar. Y tiendo a masturbarme menos. No quiero decir que el hecho de contemplarme reflejado en un espejo haga menguar los increíbles deseos de proporcionarme placer a mí mismo, sino que me la "maravillo" menos porque dedico ese tiempo a contemplarme. Y cuando me contemplo, nada que no sea contemplarme tiene valor. Porque cuanto más me contemplo, más necesito contemplarme. Y solo contemplándome llego a conclusiones sinceras, como que los abrevaderos naturales son una trampa mortal para las hembras en celo.

Por paradójico que pueda resultar si se mira sin lentes, mis conclusiones no me resultan contraproducentes. Te lo volvería a repetir para que lo entendieses mejor, pero si quieres que te sea sincero, deberías repetírmelo tú a mí porque no tengo ni idea de lo que pretendía decir. Y si además pudieras explicármelo con ejemplos y diagramas, el barrizal que ahora es mi vida se transformaría en un lodazal.

Te quiere (cuando no se contempla):

Greg

lunes, 15 de enero de 2018

Email del 15 de enero 2018

Victor Brauner. There (1949)

Amiga mía:

A veces siento ganas de mandar todo al carajo, pero si tiro la toalla tengo que secarme las manos en la camisa. Por más que intento no permanecer siempre en el mismo lugar, termino estando siempre allí, siempre allí, siempre allí. Y allí no puedo esforzarme para demostrar lo que soy o no soy a nadie, porque allí solo estoy yo, desprovisto de cualquier vestigio de cordura. La locura nunca ha sido una elección personal, pero allí es una responsabilidad y una necesidad crucial. Allí no existen las disimilitudes, pero tampoco las afinidades, las correlaciones, solo ese multicolor fuego cósmico que se asemeja a una farsa perfectamente elaborada. Pero no creas que me siento aherrojado allí. No creas que mis propósitos inherentes se desarticulan allí. No creas todas las estupideces racionales que estás acostumbrada a honrar, porque allí ni siquiera puedo reconocer la imagen distorsionada que tengo de mí cuando no estoy allí, aunque incluso cuando no estoy allí, sigo estando allí. Nadie que no haya estado allí puede comprender lo que quiero decir. Ni siquiera algunos que han estado allí.

Un laboratorio independiente confirmó que yo había estado allí. Al principio nadie creía que mi permanencia allí había sido la causante de mi cambio radical, pero al final no tuvieron más remedio que creer la notificación general sellada y timbrada. Algunos dicen que estaba lacrada. Otros que solo estaba precintada. Sin embargo, la mitad del total parcial que creían firmemente en el comunicado sellado me preguntaron por qué razón ya no seguía allí. Uno fue más lejos y me preguntó por qué cojones estaba aquí y no en cualquier otra parte. Un niño incluso me orinó en los zapatos. Mis respuestas siempre eran las mismas, aunque no recuerdo cuáles fueron. Supongo que me limitaría a gritar que allí nadie puede decidir sobre su permanencia o alguna tontería parecida. Pero si quieres que te sea sincero, absolutamente sincero, aquí todo se desvía de lo natural, allí lo natural es gratis.

Greg

domingo, 14 de enero de 2018

Email del 14 de enero 2018

Eric Fischl. Birthday boy (1983)

Querida:

Ayer por la tarde estuve en una frutería paquistaní; en cierto momento, me acerqué a su dependiente y le aseguré que mañana -es decir hoy- era mi cumpleaños, que cumplía nada más y nada menos que 56 y que era lo suficientemente inteligente como para no celebrar nunca ningún jodido aniversario. También le comenté que la verdadera edad está en el interior de cada uno y que tener buenos amigos es lo más importante en esta jodida y alienada existencia. Cuando terminé mi dramática ponencia, él simplemente me contestó, eso sí, con mucha determinación, "2 euros el kilo", así que le pagué por el kilo de nada y me largué a otro ultramarinos.

Recuerdo el día que cumplí 18, pero también recuerdo la noche en que un matón tabernario me robó el mechero. Aunque no sirva para hacer avanzar el texto, te diré que era un mechero Bic de color siena pálido que al mismo tiempo era mi talismán. A partir de ese momento ya nunca tuve suerte. Y la prueba de ello es que ya tengo demasiados años, una gilipollofobia que va en aumento, y esa maldita lítost que me acompaña con tesón de acémila silvestre a todos los lugares.

Espero que NO me felicites.

sábado, 13 de enero de 2018

Email del 13 de enero 2018

Raphael Kirchner. Fables (1903) 

Querida:

Hay una historia vallisoletana que narra el encuentro entre un vallisoletano y una vallisoletana. El vallisoletano, que buscaba respuestas profundas a sus preguntas interiores, se acercó a la vallisoletana, que tenía fama de pitonisa profunda, y le preguntó cuál era el camino verdadero para llegar a alguna parte. La vallisoletana se sentó en el suelo de una forma reverencial, se ajustó un pecho que se le había desajustado al sentarse de esa manera tan reverencial y se sonó las narices, también de una forma bastante reverencial. Mientras se guardaba el pañuelo repleto de flemas profundas y reverenciales y se desajustaba el otro pecho, que para llevarle la contraria a su gemelo se había ajustado por su cuenta, soltó una serie de frases tan profundas, arriesgadas, luminosas y sinceras que hicieron que la persiana de una ventana que hasta el momento había permanecido enrollada se desenrollase y se volviera a enrollar. El vallisoletano pensó que eso era un mensaje o incluso una especie de milagro del más allá y se marchó de la casa cargando felicidad, conocimiento y la persiana al hombro, por lo que la gurú vallisoletana no tuvo más remedio que denunciar al vallisoletano por hurto y falso bienestar y este acabó entre rejas y siendo sodomizado a regañadientes casi a diario.

La esencia de esta pequeña parábola vallisoletana nos recuerda que no se puede entrar en cualquier hogar para llevarse una persiana enrollable sin pedir permiso a sus propietarios. Ni siquiera una celosía. Espero que esta bonita fábula te enseñe cuál es el derecho primordial de las personas de bien y de qué manera se puede trastocar la propia existencia si uno se excede, se propasa o se extralimita por no coger el coche y hacer una visita a Leroy Merlin.

Te quiere

Greg


viernes, 12 de enero de 2018

Email del 12 de enero 2018

Max Ernst. Human form (1931)

¿Quién soy yo? Ni siquiera soy capaz de definirme. ¿Quizá un merodeador enfermizo, excéntrico y culpable? Si de verdad alguien cree que soy culpable de algo, me gustaría que definiese el término de una manera cognoscible. Soy responsable de mis actos, de acuerdo, pero no de la totalidad absoluta de estos. Mis movimientos son únicos y propios, pero no me pertenecen por completo. ¡Algo vive en mi cabeza! Noto como se inquieta cuando trato de ser lógico. Por esa razón a menudo hago cosas absurdas, me meto en líos demenciales y pienso en términos disparatados y contradictorios. Pero no creas que estoy loco. He escrito que algo vive en mi cabeza, no que ese algo me hable o me dicte órdenes. Te pondré un ejemplo que seguramente comprenderás. Supón que te duele la barriga y por eso expedes una flatulencia. ¿Quién es el culpable de que importunes a los que te rodean en ese instante -por pocos que sean- o a tu perro que te sigue a todas partes como un virus, o a ti misma repleta de inconvenientes y desventajas, con los efluvios desprendidos por esa especie de pre-hez no solidificada y que antecede a una verdadera mierda, retenida por prudencia, vicio o falta de ánimos? No, por supuesto que este ejemplo no tiene nada que ver con mi disquisición pero, ¿acaso mis argumentos han sido en algún momento razonables? Simplemente quería que el texto se volviese sucio y mugriento como la sociedad a la que sirvo. Y que te ahogaras leyendo esa frase tan larga, mal redactada y con las comas fuera de lugar. Te pondré otro ejemplo que nada tenga que ver con lo que, vete tú a saber, quiere exhalar esta especie de locución conjuntiva no representativa. Ahí va: un tipo sin nombre compra un detergente con fórmula de doble acción para envenenar a su madre y así heredar toda su fortuna. Supone que la doble acción de la fórmula ayudará a matarla dos veces o, por lo menos, la fulminará con doble poder asesino. Mientras vierte algunos centímetros cúbicos en el vaso de leche de la infortunada, piensa en el número de ocasiones en los que ha realizado la misma acción en sueños. El número es tan alto que le produce un repentino mareo y se desploma desmayado. La madre escucha el sonido de su caída y se acerca. Contempla a la sangre de su sangre inerte. Asustada intenta revivirlo a besos y repara en el vaso de leche. Lo coge, lo acerca a los labios de su retoño, y este, confuso, lo bebe.

Tengo un sueño recurrente que hace que me despierte con fuertes erecciones. Voy por la calle y me encuentro a un grupo de chirigoteros cantando esas sandeces destinadas a fundir el cerebro de animal invertebrado de algunos humanos. De repente levanto los brazos, invoco a un dios imaginario y le obligo a que decapite a los que entonan peor. La fuerza vengadora figurada cercena las cabezas de los 21 cenutrios con una fuerza tan potente y desoladora que es escuchada en el lago Issyk-Kul por un pescador, que años después escribirá un ensayo literario sobre sus vivencias ese fatídico día. Camino sobre las cabezas ensangrentadas, me siento sobre una, saco del bolsillo del pantalón un plátano y me lo como por la oreja. Hasta aquí el sueño. Ahora, un poco más de realidad. Y la realidad es que todo lo que hace la gente lo pueden hacer los monos, posiblemente mucho mejor. Todo lo que dice la gente, lo puede decir un loro gris, seguramente con una dicción más clara y un mensaje oculto más directo. Lo que quiero expresar es que no sé lo que quiero expresar. Solo sé que todo lo que tenga que ver con el ser humano, me deshumaniza. De la misma manera que todo lo que tenga que ver con un ser rumano me desrumaniza. Ayer un tipo rumano se acercó a mí mientras paseaba, me cogió con fuerza de las solapas y me gritó que yo era un tío feo, feo de verdad, y que no comprendía como en Spania (sic) dejaban a los tíos feos, feos de verdad, salir a la calle. Después de darle unas palmaditas en el hombro y zurcirlo a cuchilladas me dirigí a mi casa, me lavé la sangre de las manos y me miré en el espejo. El puto rumano tenía razón. Soy feo. Feo de verdad. Pero en otra época fui muy hermoso. Hermoso de verdad. Tan hermoso que las mariposas me seguían drogadas por el aroma a néctar fresco que desprendía cuando caminaba y las flores de diente de león dirigían sus pétalos y sépalos hacia el lugar donde vine al mundo. Ahora esa carretera que lleva a la casa donde nací no es más que un camino abrupto y polvoriento infestado de cardos, ajonjos y cardenchas.

Mientras te escribo esta retahíla de lamentos escucho unos golpes en una de las paredes del salón. Los vecinos están de obras. Estoy seguro de que esos mismos golpes escuchan a su vez a otros golpes. No quiero decir que un golpe sea una esencia viva, por Jesús, lo que intento expresar es que cada golpe proviene de un golpe anterior en el espacio-tiempo. Posiblemente un golpe consanguíneo o emparentado. Pero nunca, y recalco el adverbio nunca, de un linaje separado o independiente. ¡Sí! creo tanto en los golpes. Y en los choques. Sin embargo abomino de los impactos y los leñazos. Ya sabes, cada uno es como es. Tú eres tierna y compasiva y yo soy un grandioso y extraordinario HUMANISTA.

jueves, 11 de enero de 2018

Email del 11 de enero 2018

Gian Lorenzo Bernini. Time arrested by death (1645-1652)

Querida:

Ese ruido que ha asustado a los pájaros de tu barrio esta mañana lo han producido mis huesos. Sí, para qué voy a mentirme, ya no estoy tan nuevo como el primer día, pero tú tampoco estás para saltar setos en ambas direcciones. Somos unos pre-abuelitos, y pronto no podremos levantarnos de nuestras respectivas camas sin la ayuda de nuestros nietos. El problema estriba en que ni tú ni yo tenemos nietos, seguramente porque tampoco tenemos hijos. Ni siquiera perros. Solo esa terrible sensación de que todo puede pasar. Ese inquietante desasosiego que antecede a cada inhalación de aire, a cada mirada al vacío sin las lentes progresivas o cada chasquido chirriante que emite el cerebro ralentizado al no ser capaz de instalar las actualizaciones correctamente. Somos carne encarrujada. Fragmentos de fortalezas derribadas. Somos lo que a veces pensábamos que llegaríamos a ser, si con un poco de suerte antes no explosionaba el planeta. Podríamos morirnos ahora mismo y de esa manera evitar la aflicción homicida que nos amenaza.

He descubierto que si me siento en una cerveza y espero a que pase la silla me duele menos el día.


Greg

miércoles, 10 de enero de 2018

Email del 10 de enero 2018

Kuzma Petrov-Vodkin. Still life with letters (1925)

Queridísima confidente:

Una amiga me ha enviado un email mandándome al carajo. En realidad me ha enviado a la mierda, que está todavía mas lejos que el carajo; y todavía no comprendo cuál ha podido ser la razón. Un rato antes de recibir su excremental invitación le había mandado un texto en forma de saludo. No es un saludo demasiado mainstream pero tampoco creo que sea como para cortar con una preciosa relación de amistad que duraba un día. Te pego dicho saludo textual para que lo leas minuciosamente, lo analices con detenimiento y, después, me envíes tus conclusiones.

Hola, Maribel:

Hace 30 segundos exactos que me encontraba medio minuto más alejado del lugar donde me encuentro ahora. En estos momentos estoy sentado en el sofá del comedor con el gato encima de las rodillas, pero hace 27 segundos me encontraba 15 baldosas de gres en dirección contraria. Eso es, más o menos, a tres cuartas partes de la totalidad del dormitorio según se traspasa la puerta de entrada, seguramente entre la quinta y la sexta baldosa empezando a contar desde la pared contraria, es decir, la de la ventana pequeña que no cierra bien. Pero lo que realmente me asombra -además de no tener gato- es que solo hace 14 minutos y medio que me encontraba a 320 metros de distancia saboreando un julepe de nanjea en una coctelería. Y hace 32 minutos estaba orinando en el lavabo para el personal autorizado de la "Mercería Akanke, Fatimah y Sah", pues mi próstata es una consentida. Esa mercería está situada a 794 metros de la coctelería donde, haciendo honor al nombre del establecimiento, tomaba ese combinado tan calórico del que te hablaba antes, con lo que tenemos que la mercería esta a 1114 metros de mi comedor. ¿Qué hacía en una mercería? Comprando cintas elásticas blancas y suaves para coserlas en la cintura a los calzoncillos y de esa manera evitar que me aprieten demasiado. Pero no quiero desviarme del asunto que me interesa. La mercería, atendida por tres mujeres de origen africano, importa la ropa interior de Asia Central, lo que me parece una auténtica majadería. Y me parece todavía más estúpido que además de ropa interior vendan también ropa exterior y batatas y mazorcas.

Greg

PD.
Las mazorcas tenían un color extraño y una textura gomosa que me recordaba a los supositorios de glicerina que fabricaba la empresa Rovi. Cuando se lo comenté a Sah, que es la hermana de Akanke y la cuñada de Fatimah, dibujó un extraño gesto con la mano mientras gritaba una especie de lamentación en fa sostenido. De repente, salieron de la trastienda cuatro negrazos del tamaño de una montaña, me agarraron con fuerza por las cinco extremidades (ahora ya sabes cuántas tengo) y me arrojaron fuera del establecimiento.

Hace algunos años me sucedió algo similar con un tipo que quería comprarme el coche. Horas después de cerrar la venta y chocar las manos le envié un mensaje por el móvil que decía más o menos:

Por favor, no te demores en ingresarme la pasta porque me buscan por un asesinato y cuatro intentos de homicidio. En realidad los hechos son justo al revés y deberían buscarme por cuatro asesinatos y un intento de homicidio, pero ya conoces como trabajan los funcionarios. En cuanto a nuestra pequeña transacción, he de decirte que ha sido un placer tratar contigo. ¿Puedo tomarme la libertad de invitarte a que vengas a verme de vez en cuando a la trena? Por supuesto, si al final esos botarates del juzgado me encuentran.

Greg

martes, 9 de enero de 2018

Email del 9 de enero 2018

Vincent van Gogh. Orphan man with cap and walking stick (1882) 

Hola:


Mis ejemplares de Ambystoma, Neocaridina, Triturus, Cynops y Pleurodeles se encuentran en perfecto estado, así como el número total de plantas que me acompañan cada día. El que no está bien soy yo. Bueno, estoy bien en exuberancia adversativa, pero no anímicamente. La culpa de mi abatimiento la tiene... ¿Quién la tiene? Alguien se debería comer el marrón. A Dios ya le he echado la culpa en numerosas ocasiones, al igual que al género humano utilizándolo como una grandiosa y degenerativa generalidad. Creo que hasta llegué a culpar de mis infortunios a una funda de sofá en cierta ocasión. ¡Necesito víctimas nuevas! O por lo menos alguien que, fascinado por mi modo tremendista de tomarme cualquier situación, se ofrezca desinteresadamente para que descargue sobre su cuerpo y alma toda mi capacidad de síntesis negativista.

Mi desayuno me mira. Pero no me contempla como una serie de alimentos que van a ser devorados de forma brutal y sin contemplación, sino como una sucesión de manjares que van a ser saboreados hasta la delectación y el éxtasis. Y eso me pone enfermo. Ni siquiera produzco miedo en los objetos que me rodean. Hasta hace unos pocos años la gente se santiguaba cuando me veían paseando por la calle. Ahora se descojonan. ¿Algo ha cambiado en mi manera de andar? Puede que el salero. Sí, ahora que lo pienso debe ser la maldita donosura. Ya no piso con garbo. Puede que la culpa sea del relicario, no sé. Claro que caminar con donaire está totalmente reñido con caminar renqueante o con tacatá. Pero es lo que tiene la edad.

Estoy pensando seriamente en quitarme de en medio. Claro que también podría quitarme de enmedio. Lo decidiré cuando lo haga la RAE. De momento voy a levantarme y entonar algunas canciones espirituales con el objeto de que caiga un chaparrón, pues estoy haragán y hoy toca asperjar.

lunes, 8 de enero de 2018

Email del 8 de enero 2018

Pablo Picasso. La sombra (1953)

Querida:


Ayer recibí un siniestro email de un tal Carrandango X que me ha dejado... Bueno, mejor te lo pego y luego te cuento mis inquietudes:

"Solo unas líneas para decirte que el agujero donde a veces me escondía cuando metía la pata ha desaparecido. La última vez que lo usé no noté nada raro, por esa razón me siento abatido y descorazonado. Ignoro qué voy a hacer cuando en un futuro cercano vuelva a joderla delante de la gente. Podría suplicarte para que me prestaras el tuyo, pero sé que lo usas contínuamente. Por esa razón voy a dejar la cortesía aparcada un instante y a EXIGIRTE que me lo regales. Lo necesito. Sin un lugar oscuro donde refugiarme no soy nada. Sin embargo, tú eres nada a todas horas, incluso cuando tu madre te dice que lo eres todo. Si te niegas a obedecer mis disposiciones no tendré otra opción que mandarte un carnicero para que fabrique embutidos con tus entrañas."

Desconozco quién se puede ocultar tras un nik como Carrandango X, pero la verdad es que no me importa. Dentro de un rato, en cuanto me haya afeitado y vestido pienso llevar mi agujero a un banco. Allí, dentro de una caja de seguridad estará protegido y yo me sentiré menos alarmado. Me tiemblan las piernas de pensar lo que sucedería si metiese la pata sin tenerlo a él de resguardo emocional. ¿Por qué existe gente como Carrandango X en el mundo? ¿Cómo y atendiendo a qué razón buscan a sus futuras víctimas? ¿Cómo podríamos dejar de sentirnos tan vulnerables? Ignoro si existe alguna respuesta que anule cada una de mis preguntas, pero en estos instantes me gustaría tener unas manos amigas apretando con fuerza las mías. ¡Pero solo tengo la sombra de Carrandango X persiguiéndome a cualquier lugar donde ose dirigirme!

Querida, voy a dejarte. Necesito poner en orden mis incertidumbres. Cuando haya puesto orden, si es que lo consigo, me dirigiré al armario empotrado que hace de capilla e invocaré a Santa Lucrecia de Mérida que en otras ocasiones me ha ayudado tanto. Luego, con paso firme y sereno, disimulando el terror interior y transformando mis rictus en movimientos gráciles y acompasados entraré por la puerta de Bankia, donde su director, Cosme García, me ayudará a que esa maldita sombra X del averno no pueda robar lo que por méritos propios me pertenece.

domingo, 7 de enero de 2018

Email del 7 de enero 2018

Honoré Daumier. The reader (XIX cent.)

Amiga:


Mi último cuento titulado Yo no tengo la culpa de que mi mote sea tan largo está completamente terminado. Y creo que es tan mediocre y previsible que tiene un montón de papeletas para poder llegar a convertirse en un fabuloso éxito de ventas. Te pego unas cuantas líneas para que lo valores -como hago siempre que acabo algún texto- pero antes te recomendaría que te agenciaras varios comprimidos de Urbadán, Klonopin Tranxene, Restoril o Librium.

"Shanjanchustinbershalancim era el típico vecino aburrido. Carolina era su esposa incorformista y rebelde. Pero todo era una fachada. En realidad ambos se amaban y cuando podían se encontraban en lugares sucios y oscuros donde nadie pudiera verlos. Y allí se abrazaban, tocaban, besaban y acababan haciendo el amor. Aunque llevaban 12 años casados ya comenzaban a cansarse de mantener en público una relación a base de chillidos y descalificaciones para resultar una pareja normal. ¡Los matrimonios deben odiarse! Está escrito en las leyes defecadas por la sociedad y ellos no querían llevar la contraria a esa generalidad enferma."

Lo único bueno de este relato es que está escrito en calzoncillos. Te lo juro. Y no puedes llegar a hacerte una idea de lo complicado que es teclear tan ligerito de ropa en pleno invierno y sin calefacción central. No estoy seguro, pero creo que no existe ninguna ley que prohiba teclear sin pantalones. Pero, ¡creo que no lo entiendes! Lo que quiero expresar al escribir un texto con las piernas al descubierto es que el mundo, tal y como lo conocemos, no es esferoide, sino redondito. Y que aunque toda la gente que conozco no pare de gritar su maravillosa felicidad, no deja de producirme cierta inquietud cuando veo sus miradas dirigidas hacia un punto exacto de la pantalla de su receptor de televisión. Y que si soy capaz de aguantar sus babas acuosas y turbias es porque quiero que crean que yo babeo con ellos. Pero no babeo con nadie ni por nada.

"Shanjanchustinbershalancim tenía un gato negro al que adoraba con devoción mórbida. El gato a menudo jugaba con un ratón muerto atado en el extremo de una madeja de lana. Carolina contemplaba fascinada cómo la piel del roedor se deshacía cada vez que un zarpazo la golpeaba. Y mientras todo eso sucedía, el tiempo disfrazado de ladrón se descolgaba sobre el eje de cada una de sus innumerables limitaciones transformándolas en apatía, recelo e insuficiencia retrógrada."

Supongo que cuando leas el segundo párrafo llegarás a la conclusión de que cada línea es más estúpida que la anterior, pero no deberías tomarme por un badulaque, pues cada palabra está milimétricamente planteada para hacer escalfar de emoción al típico lector medio, ese que llega al paroxismo devorando a Paulo Coelho, Dan Brown o Stephanie Meyer. Sé que imaginar y escribir supone un esfuerzo que está completamente descompensado. Pero también está descompensada mi tensión y no lloriqueo a nadie. Bueno, a veces gimoteo durante unos pocos segundos, pero de ahí nunca paso. Porque pasar implica cruzar. Cruzar es como atravesar, pero en plan menesteroso, y atravesar me suena absolutamente pornográfico.

"Shanjanchustinbershalancim se miraba el pene con angustia. El sol que entraba por la ventana dibujaba una sombra perfecta sobre su miembro flácido. Carolina no paraba de decirle que no pasaba nada, que era hasta cierto punto normal no llegar a cumplir ciertas expectativas. Pero él no escuchaba, se limitaba a sentir el calor sobre la piel del prepucio mientras imaginaba que todo lo que contemplaban sus ojos y lo que actualizaba su cerebro no eran más que castillos que debían arder. Quizá por eso decidió que Carolina debía arder. Su gato negro junto con su juguete zombificado debían arder. Todos excepto él, debían arder. Solo ardiendo se logra una completa purificación. De repente se subió los pantalones, se agachó para dar un beso a su mujer y se dirigió a por una cerilla."

Podría haberme esforzado más, pero el sudor me deja pegajoso el cutis y el sacrificio tiende a dejarme exánime. Y cuando me siento débil suelo escribir inusitadamente bien.

sábado, 6 de enero de 2018

Email del 6 de enero 2018

Sir Lawrence Alma-Tadema. A roman scribe writing dispatches (XIX-XX cent.)

Hola:


Siento la imperiosa necesidad de representar la obra de Plauto Miles Gloriosus. El soldado fanfarrón interpretando yo todos los papeles. Desde Pirgopolínices (Miles) a Filocomasia. No me preguntes la razón porque la desconozco. ¿Acaso tú comprendes todas tus acciones? Un amigo mío que ahora es amiga mía siempre dice que la persona que entienda algo, lo que sea, debería quitarse la vida lo más rápido posible y de la manera más dolorosa posible. La verdad es que no es una bonita sentencia, pero a mí siempre me ha parecido acertada. Yo puedo llegar a comprender alguna cosa, pero si le doy más vueltas de las absolutamente necesarias, además de marearme, llego a conclusiones erróneas o aberrantes. A veces, incluso eróticas o pornográficas. Te podría poner un ejemplo, pero, prefiero poner un huevo. ¡Sí, lo has adivinado! Soy una gallina dentro del cuerpo de un mocetón fascinante. En realidad soy tan cobarde como petulante. Quizá sea esa la principal razón por la que necesito representar la obra de Plauto. Pero si estoy seguro de algo, en este caso, de que soy un jodido presuntuoso, también tengo claro una cosa: soy un maravilloso y dinámico fantasmón. Posiblemente uno de los mejores que han existido desde Og-ha Mun Saa, un Homo neanderthalensis que convivió con tigres diente de sable hace 32.000 años y que fue apedreado por sus camaradas coetáneos por sentirse muy cerca de sí mismo (emocionalmente hablando, supongo, los historiadores posteriores no lo dejan demasiado claro).

A mi lado descansa un papel. Dentro de ese papel hay letras. Yo creo que es una cláusula, pero me niego a leer grafemas. Solo leo símbolos, garabatos, dibujitos o jeroglíficos. Y eso, si me pongo las lentes. Sin las lentes estoy muy atractivo, por lo menos eso dice esa figura sin firmeza ni consistencia que solo existe en el interior de mi cabeza. Con gafas parezco una calabaza húmeda. Pero volviendo al papel lleno de letras y sus disposiciones, si es que en realidad es una cláusula y no una carta de amor de, por ejemplo, una vecina o la madre de esa vecina o, por igualdad de edad, la tatarabuela de la madre de esa vecina. ¿Crees que debería aceptar las conclusiones? Me refiero a las consecuencias o conclusiones de la cláusula. Si me refiriese a otro tipo de consecuencias o conclusiones tú serías la primera en saberlo.

Valencia no es Éfeso y las columnas de mi barrio difieren en calidad y cantidad de las que existían en el barrio donde residían Periplectómeno y su cocinero Carión. Ahora ya sabes de qué manera domino a los clásicos. Solo te resta por conocer parte de los entresijos de sus existencias. Me refiero a las existencias de Periplectómeno y Carión, pero también de la pervertida Acroteleutia. Y si crees que con todo este barullo solo intento que desvíes tu atención de esa nota anónima que recibiste y que decía que yo era un maldito algolágnico activo sádico, tienes parte de razón. Pero ya sabes, uno nunca es lo que parece. Ni siquiera lo que le dejan aparentar. El resto, o la parte que comprende desde la mitad exacta a los tres cuartos de la obra en la que parece que somos los verdaderos protagonistas, no es la cazadora con cuello de borrego que venden en Zara, sino parte de una serie de acotaciones apresuradas que la mayor parte de las veces no sirven para nada.

Es extraño, este texto tenía que tratar sobre la forma en que utilizo mi sexualidad para atraer a las caballas, los salmonetes y algún que otro centollo. Bueno, eso no es exactamente así. A menudo me contoneo por delante de los pescadores en la lonja y a veces obtengo algún pescado o marisco. Y sobre eso quería escribir, pero empecé a vacilar sobre mis conocimientos grecorromanos y Pirgopolínices me llevó a Og-ha Mun Saa, y a partir de ahí, ya no pude detenerme. No importa. Soschepo que no entenderás nada. Ni siquiera la palabra "soschepo". Hubiera podido usar el vocablo correcto pero soy demasiado irracional y la vida es suficientemente absurda como para hacer lo que me venga en gana sin sentir verguenza o sofocos. Y no me digas que me he dejado la diéresis porque lo he hecho a conciencia.

viernes, 5 de enero de 2018

Email del 5 de enero 2018

Marc Chagall. Song of songs (1974)

Querida amiga:


Si adivinas el título de la siguiente canción te juro por Dios que seré tu esclavo durante un mes entero. No olvides que el número de intentos no es ilimitado y solo puedes fallar tres veces.

Nananaaaa nana naaa nana nana naaaaaa
Nananaaaa naaaa naaaa 
Nananana na na na naaaaaa


Greg

jueves, 4 de enero de 2018

Email del 4 de enero 2018

Odd Nerdrum. Lunatics (2001)

Admito que disparé a Pedro, Vicente, Manolo, José, Ricardo, Bernardo, Marcos, Andrés y Sergio. Pero lo hice en defensa propia. Me querían obligar a probar una tapita de jamón de bellota sabiendo que soy vegano desde hace 38 años. Siento mucho el dolor que estoy ocasionando a las familias de Manolo, Bernardo, Andrés y Sergio. El resto, Pedro, Vicente, José, Ricardo y Marcos no estaban casados y dos de ellos (Vicente y Marcos) ni siquiera sabían quienes habían sido sus padres. Admito que me dejé llevar por la furia, pero no soporto que me agarren por los brazos y José, Bernardo, Andrés y Sergio se atrevieron a hacerlo mientras Pedro, Vicente, Manolo y Ricardo miraban entusiasmados al mismo tiempo que lanzaban risotadas caballunas y Marcos se hurgaba la nariz.

Ahora, sentado en un asqueroso calabozo que me servirá de lazareto hasta que se celebre el juicio, no puedo parar de pensar en Marisa, Susana, Elena, Sol, Teresa, Carmen, Rebeca, Victoria y Adolfa, las hijas de Manolo, Bernardo, Andrés y Sergio. En Adolfa pienso, desde luego, pero lo hago sin poderme concentrar demasiado. Su nombre me provoca hilaridad y jolgorio. Sin embargo no pienso en absoluto en Raúl, Emilio, Fabián y Cosme, los hermanos de Marisa, Susana y Elena, y mucho menos en Soraya y Tomás, los nietos de Andrés. ¿Me convierte eso en una persona más perversa todavía?

Porque, ¿qué diantres es la maldad? ¿O quizá en mi caso sería más justo hablar de malicia? A primera vista ambos vocablos son homólogos, pero existe una gran diferencia entre sus significados. Sobre todo si los razonamos en posición decúbito supino. Es curioso, a menudo hablaba del tema con Rafael y Gaspar, los únicos de mis amigos que se salvaron de recibir una bala ese extraño y fatídico día. Rafael había tenido que acompañar a su mujer Elisa y a su única hija, Flora, al conquiliólogo y al asiriólogo respectivamente, y Gaspar estaba demasiado ocupado echando de menos a Azucena y Belén (también llamadas "las gallinas turulecas"), las hermanas gemelas heterocigóticas que desde hacía semanas se encargaban de que sus convulsiones sexuales fueran lo más poco relajantes posibles.

Hace un rato que se acaba de marchar Duccio, el abogado de oficio que se va a encargar de mi defensa. Su padre era italiano y su madre de Plasencia. Desconozco el nombre de ambos progenitores, pero si me acuerdo se lo preguntaré mañana. Duccio sostiene que mi mejor argumento es declararme imbécil o delaminado cerebral, lo que surja primero. Se me hace muy difícil situarme en el instante en que me cargué a Pedro, Vicente, Manolo, José, Ricardo, Bernardo, Marcos, Andrés y Sergio, pero tengo que intentar recordar en qué orden les disparé. Según el asistente de Duccio es de suma importancia. He estado exprimiéndome la cabeza y creo que el primero en caer fue Bernardo, pero eso no significa que fuera el primero en recibir la bala del 22. Bernardo siempre fue un tío apresurado. Es posible que le disparara en segundo lugar, quizá tras balear a Pedro, y que su dinamismo natural le hiciera caer el primero. Pero si cayó en tercer lugar, tal y como sostiene un testigo, ¿quién fue el segundo en ser tiroteado? ¡Es un lío tremendo!

¡Me siento tan sentado! Sin embargo, cuando me tumbo, me siento muy tumbado. Me gustaría tanto sentirme tumbado cuando solo estoy sentado, pero parece ser que eso es imposible. La última persona que lo intentó acabó encerrado en una alacena grande. ¡Pero qué cojones estoy diciendo! ¡Dios mío y de mi corazón, me estoy volviendo loco! Necesito salir de aquí. Yo nunca quise matarlos, solo asustarlos. De hecho soy un tirador malísimo y juro por la Virgen de los Desamparados que apunté a todos varios metros por encima o por debajo, excepto a José y Marcos, a los que apunté a la derecha. Que hiciera diana en cada uno de ellos se debe a una maldita coincidencia. Lo juro. Lo juro.

Si me condenan nunca volveré a ver el sol. Solo barrotes. Un barrote no es un sol, sino una barra gruesa fabricada a conciencia. Si mi futuro son los barrotes, entonces, solicitaré que los cambien por travesaños o palitroques. Si me lo conceden seré un tipo infeliz bastante feliz, pero si por el contrario me lo deniegan, prometo que jamás volveré a hacerme la permanente. ¡Vuelvo a delirar! Pero yo no quiero estar aquí. Es un lugar sucio, húmedo y deprimente. Yo quiero estar junto a "las gallinas turulecas", o mejor, encima de ellas. Por supuesto, siempre que Gaspar no se sienta traicionado. Y si Gaspar se siente traicionado, siempre podría destraicionarlo comentándole a su mujer María del Carmen su pequeño pasatiempo doble y poco natural.

Alguien está tocando a los barrotes. Suena como si alguien estuviera llamando a los barrotes, pero sin darse cuenta de que son barrotes. ¿A quién coño le importa si alguien está llamando a los barrotes? Pero llaman a los barrotes. Desconozco si con los nudillos o con algún objeto romo, pero suena a toc toc toc, y si suena a toc toc toc es que alguien golpea los barrotes. O eso o mi desvarío está alcanzando cotas imposibles de imaginar. Quizá me encierren en un manicomio. Allí hay timbres, por lo tanto no tendré que escuchar los toc toc toc cuando alguien quiera verme y no se le ocurra otra cosa que golpear los barrotes. Los barrotes. Los barrotes. ¡Mamá, ven conmigo, por favor! ¡Te necesito tanto! Pero no llames a los barrotes. ¡No llames a los barrotes!