jueves, 28 de diciembre de 2017

Email del 28 de diciembre 2017

Pablo Picasso. Mother and son with handkerchief (1903)

Han pasado unos cuantos meses desde que decidí largarme de la casa que compartía con Pepita, su madre, su tía, sus tres hermanos y también con cinco perros, dos gatos, nueve periquitos y un conejo doméstico de la variedad "Lanoso de Jersey". Pepita fue mi amante durante los 19 días que duró nuestra relación. Elenita, su madre, que trabajaba de catadora de acelgas en el mercado central, no veía con buenos ojos nuestro amor, ni siquiera cuando se ponía las gafas, y los gritos de odio hacia la raza humana que emitía se podían escuchar hasta en Dinamarca cuando el viento era favorable. Y no estoy exagerando, pues me lo contó en varias ocasiones Einar, un danés alto, rubio y con pecas en el glúteo derecho que vivía en Tórshavn y que tocaba el tamtam en la DR SymfoniOrkestret. Einar perdió la nalga izquierda a la edad de 17 años mientras dormía en casa del abogado de su madrastra y nunca pudo recuperarla, aunque movía las caderas de una forma tan sinuosa que resultaba tremendamente difícil reparar en su desgracia. El hermanastro de Einar, un islandés de pura cepa que se llamaba Skarphéðinn, aunque todo el mundo lo conocía como Uk-aruk-Haas, se definía a sí mismo como un "androminauta sogistivo" que malvivía zozobrando y atafagando cuando le era posible. Cierto día, cuando le pregunté qué significaba "androminauta" y "sogistivo" se sintió tan acorralado que decidió desmaterializarse en esos instantes y materializarse en Quito, donde vivió unos meses hasta que fue confundido con un plato de locro ecuatoriano y devorado por nueve huaoranis hambrientos. Uno de esos indígenas se llamaba Tihueno y diecisiete años antes había sido proclamado "la cosa más bonita de Orellana". Tenía una copa de madera de quebracho que podía atestiguarlo, aunque tuvo que empeñarla en 1988 para comprarse un kilo de urucú. El tipo que le vendió ese futuro colorante se dedicaba a la trata de vegetales andino-patagónicos y era conocido en el mundillo barriobajero como "el ñacas", que no es más que una corrupción fonética de "el cañas". Según le contó él mismo a Tihueno, le llamaban "el cañas" porque su tatarabuelo Jonás IV, que vivió durante 29 años en Almusafes (Valencia, Spain) estaba obsesionado con "Cañas y barro" del escritor Vicente Blasco Ibañez.

Es increíble lo cerca que estamos los unos de los otros, aunque vivamos a miles de kilómetros de distancia. Alguien dijo una vez que "el mundo es un pañuelo". Supongo que fue un fabricante de pañuelos, pues si hubiera sido un fabricante de sábanas bajeras el apotegma hubiera sido "el mundo es una sábana bajera". Y si lo pienso detenidamente, estoy mas cerca de la segunda sentencia que de la primera. La mayoría de pañuelos, incluso los que pertenecen a damas de alta alcurnia, acaban repletos de mucosidad y flemas, sobre todo en otoño e invierno, pero las sábanas bajeras tienen que lidiar con pelos púbicos y ocasionales manchas de esperma o fluidos vaginales. Creo que el mundo, tal y como lo conocemos, no es más que una jodida sábana bajera elástica y ajustable, fabricada con microfibras de algodón tosco e inflamable. Todos conocemos el caso de Manolita "la murciana" que después de soltar una pequeña pedorreta mientras estaba plácidamente tumbada en su cama con somier tatami apareció de repente en Tórshavn, donde conoció a Einar, se casó con él y le dio cinco hijos.