miércoles, 27 de diciembre de 2017

Email del 27 de diciembre 2017

Umberto Boccioni. Drawing after 2states of mind: The rarewells" (XIX-XX cent.)  

Amiga mía:


Me gustaría relatarte de qué manera afronto algunas de mis incapacidades más absolutas, que casualmente también son las más absurdas, aunque creo, y estarás de acuerdo conmigo, que tildar de absurdo algo que procede o está relacionado con la neurosis y la forma que esta afecta a algunos individuos seriamente adocenados, entre los que me encuentro yo y algunas de mis múltiples personalidades, es como creer que Dios existe y que su barba larga, blanca y lacia es algo más que un invento de la Iglesia para avasallarnos, teniendo en cuenta que actualmente se cree que suele afeitarse con las maquinillas Gillette Fusion Proglide, que con tecnología FlexBall se adaptan a los contornos para un perfecto contacto y máximo confort.

Pero antes de comenzar a enumerar mis insuficiencias neuróticas, me siento obligado a advertirte que, por lo menos en mi caso, la neurastenia es una forma alternativa de subsistencia más que un trastorno parcial de las emociones. Yo podría comportarme de la misma manera que lo hacen cualquiera de tus otros amigos, ya sabes, esos que a menudo son tachados de seres maravillosos provenientes de otro universo, y que están en el nuestro únicamente para alegrar los corazones y sacar de graves entuertos a terceros. Podría, si quisiese, desde luego, pero no me da la gana, o como suele decir el bedel del Centro Municipal para Jóvenes Neuróticos de la Comunidad Valenciana (CMJNCV), no me sale de las gónadas fabricantes de esperma. Es mucho más sencillo destacar siendo naturalmente imperfecto. Siempre he odiado la perfección y la excelencia, fuese natural, artificial, afectada, alícuota o ilógica. No hay nada más deprimente que darse cuenta de que todo lo que haces o dices es sensato y conveniente. Cuando eso sucede, aunque sea en una sola ocasión, es necesario tomar acto de conciencia y salir a la calle lo más rápidamente posible a insultar a una o dos abuelitas o poner la zancadilla al primer administrador de fincas o notario que se cruce en el camino.

Pero creo que ya he divagado bastante. Supongo que la dispersión lingüística o textual todavía no está penada con una fuerte sanción o la cárcel. Y aunque lo estuviera, me importaría bien poco, o como suele decir el primogénito de la señora de limpieza que nos deja inmaculado el bajo donde nos reunimos algunos enfermos sociales para preparar con dulzura el fin del mundo, y por consiguiente, el ocaso de la raza humana, me rezuma y me trasuda todo.

- Soy incapaz de comerme un huevo pasado por agua si alguien me mira. Pero sin embargo, si me observan, no. Yo todavía no soy capaz de distinguir entre ambas terceras personas del plural de sus presentes de indicativo correspondientes, pero mi subconsciente primario sí.
- Estoy seriamente incapacitado para cantar cualquier canción del gilipollas de Melendi si llevo calcetines rojos de la marca "Jimmy Lion". Por el contrario solo puedo entonar el Kyrie Eleison, en la versión de los Monjes Benedictinos de Santo Domingo de Silos, si visto con ropa interior lavada tres veces con detergente neutro, un chorrito de vinagre blanco, que limpia, abrillanta, suaviza y potencia el jabón y, muy importante, aclarada de tres a cinco veces.
- Soy incapaz de rascarme la pierna derecha si no me pica. Lo he intentado en numerosas ocasiones y las tentativas han terminado en fracaso, miseria y desolación.
-Estoy incapacitado para reconocer cualquier clase de problema, sin embargo, si es un enema, que fonéticamente suena parecido, reconozco al instante que es una lavativa y jamás intento usarla para obtener sensaciones agradables prohibidas.
- No soy capaz de externacionalizar cualquier cosa, hecho o acción internacionalizada con anterioridad, aunque dicha internacionalidad haya sido impuesta por un externalista convencido.
- No puedo acariciar escalopines de ternera rebozados, pero no me sucede lo mismo con escalopines de ternera en salsa, a la milanesa o al roquefort. Por supuesto, si los escalopines son de cerdo, de pollo o de salmón, los manoseo sin problemas, y lo que es más importante, sin erecciones indebidas, incorrectas o innecesarias.
- Soy incapaz de ser capaz, pero soy muy capaz de parecer incapaz.
- No puedo permanecer en un hospital más de 27 segundos seguidos. Mi nosocomefobia es legendaria, por eso la ultima vez que tuvieron que operarme, los cirujanos tuvieron que convencer a una trabajadora del sexo para que se hiciera pasar por una enfermera, se acostara conmigo y después del tercer orgasmo me inyectara en el músculo glúteo mayor cinco centímetros cúbicos de valeriana. La intervención quirúrgica tuvo éxito y a partir de entonces me convertí en proxeneta negro con melena afro.
- Estoy incapacitado para diferenciar un queratoacantoma de un tumor epitelial seudoepiteliomatoso.

La verdad es que podría llenar varios extensos volúmenes explicando detalladamente cada una de mis inhabilitaciones más preciadas, pero prefiero que se me recuerde como el adalid de las imperfecciones modélicas culminantes. Ahora voy a abandonarte por unos cuantos días. Necesito seguir rodando, y siempre que te escribo acabo planeando en línea recta. También quiero prepararme el discurso de aceptación para el albañil que tiene que arreglarme el alicatado de la cocina, aunque no creo que llegue a comprender nada porque es armenio, pero que se joda. Como diría la amante del hijo del ayudante de dirección del film documental sobre los imposibilitados ajados en la que intervine hace unos meses: ¡que lo tribunalicen!