martes, 3 de octubre de 2017

Email del 3 de octubre 2017

Vincent van Gogh. The stone bench in the garden at Saint-Paul hospital (1889)

Estoy sentado en un banco de un parque público cercano a mi casa. Y me estoy comiendo un yogur cremoso edulcorado recién comprado en Mercadona. Bueno, en realidad he tenido que comprar un pack de seis, pero sólo me voy a comer uno. La gente que pasa me mira. Supongo que nunca han visto a nadie tan guapo como yo. O quizá nunca han visto a un tío tan feo como yo. O nunca han visto a nadie tan guapo como yo comiendo un yogur cremoso edulcorado. O a un tío tan feo como yo comiendo un yogur cremoso edulcorado. Claro que también es posible que me miren porque a cada uno de ellos les gustaría estar en estos momentos sentados en mi banco. A mi lado. O solos, pero comiéndose un yogur cremoso edulcorado. O tal vez azucarado. O con tropezones de frutas. ¡Existen tantas posibilidades!

Enfrente de mi banco hay otro banco. A primera vista parecen iguales, pero algo me dice que fueron manufacturados por diferentes empresas. En ese banco hay una chica bastante guapa. La verdad es que no sé si está sentada, tumbada, apoyada o en una posición extraña. Pero es una chica. Y yo soy un chico. Un chico bastante maduro, casi podrido, pero que se siente hechizado por su cabello rubio tintado. Por el cabello rubio tintado de la chica guapa que está sentada en el banco que está situado enfrente del mío. Mientras miro cómo no se mueve llego a la conclusión de que es posible que en realidad no exista. Ni la chica ni el banco. Entonces me asusto y llego a otra conclusión. Ignoro de qué nueva conclusión se trata porque a mi cerebro le asustan las conclusiones. Y las deducciones. Pero puede llegar a admitir algunas consecuencias, siempre que sean resultantes o correspondientes.

De repente en mi cabeza estalla una imagen. Algo que sucedió en este mismo banco en el pasado. Recuerdo que estaba sentado, pero sin comer ningún yogur cremoso o producto derivado de la fermentación láctea. Simplemente disfrutaba de la postura. De una postura que no tiene nada que ver ni le debe absolutamente nada a la posición "de pie" o "tumbado". Recuerdo que nadie me miraba. Y yo en ese instante necesitaba público. Quizá por esa razón arranqué una hoja de papel de la libreta que guardaba en mi mochila, escribí un texto y la deposité a mis pies...
"VENDO UN MAGNÍFICO VÍDEO mío quitándome los pelos de las orejas con una pinza de punta fina y los de la nariz, estos últimos enquistados, con una pinza de punta diagonal que me permite extraerlos uno a uno, ahorrándome los pellizcos y los dolorosos tirones. DURACIÓN: 20 MINUTOS. FORMATO: Avi. PRECIO: 675 Euros".
Al principio la gente no se creía los que sus ojos leían. Algunos incluso tuvieron que pellizcarse las mejillas. Os lo aseguro porque yo lo vi. Y os aseguro que lo que sucedió a continuación daría para escribir ocho o nueve párrafos del tamaño de los anteriores. Pero no lo voy a hacer. Tengo que terminarme el yogur cremoso edulcorado que no hace ni diez minutos compré en Mercadona. Estoy seguro de que era un Mercadona porque en mi barrio no hay ningún DIA o Consum. Buenas tardes a todos.