lunes, 16 de octubre de 2017

Email del 16 de octubre 2017

Wassily Kandinsky. First abstract watercolor (1910)

Mi vida está totalmente deshidratada. Intento ponerla a remojo, pero entonces se arrugan los días. Es extraño, dicen que no existe el vacío realmente vacío, sin embargo yo guardo uno y lo relleno cuando puedo. A veces siento que no pertenezco a ninguna parte. Otras estoy convencido de que todas las partes, incluida esa "ninguna parte", no son más que una fracción de un Todo accidental y relativo. Por esa razón creo en la ausencia absoluta que define a la inexistencia. Pero también creo en las taranzanas topochas, aunque no sé para qué diantres pueden servir. Desde luego, no para hacer avanzar este jodido texto.

En mi casa no tengo sillas, así que cuando estoy cansado me siento en el suelo. Pero el suelo intenta evitarme. A menudo me sugiere que me siente en el techo y dé un respiro a las baldosas. Pero las baldosas tienen su propia opinión y, aunque están cansadas de aguantar mis posaderas, creen que es algo que forma parte de sus propios destinos y que el suelo debería medir sus palabras. Pero el suelo les contesta que, como superficie que las soporta, es él el que tiene derecho a la decisión final, sin buscar ninguna clase de consenso. Entonces las baldosas se ponen a discutir unas con otras y la situación acaba por tomar un cariz cómico. Cuando eso sucede, yo suelo engancharme en una alcayata con aspecto de metal hastiado que permanece incrustada en la pared y que ha llegado a un punto en la vida en que le importa todo un bledo.

¡Me gustaría tanto largarme! Pero por otra parte, necesito quedarme en el mismo emplazamiento. Solo permaneciendo mantengo el deseo de marcharme. Si me ausentara, aunque fuese por unos segundos, no podría regresar. Quizá por eso me retengo. Pero ¿debería seguir persistiendo? La verdad es que carezco de una respuesta coherente, así que prefiero dispersar las palabras, pero también los números, los modos y los tiempos. Podría trasladar la inmensa variedad de combinaciones que pueden adoptar cada una de las voces, pero entonces sería preciso que dotara de mayor precisión a cada incidente circunstancial. Y por supuesto, debería contar con el beneplácito de "ninguna parte", con la simpatía de las taranzanas topochas y el conocimiento adquirido de las baldosas, el suelo y esa alcayata metálica que seguramente morirá aburrida.