lunes, 25 de septiembre de 2017

Email del 25 de septiembre 2017

Piet Mondrian. Avond (Evening): The red tree (1909)

Cogí cutículas de semillas del árbol del sicomoro y las mezclé con colorante amarillo anaranjado E-110 y algunos excipientes. Agité la mezcla, me dirigí con aire satisfecho a la cocina y me preparé un vasito de sake Tokutei meishoshu. ¿Por qué cogí cutículas de semillas del árbol del sicomoro y las mezclé con colorante amarillo anaranjado E-110 y algunos excipientes? Lo ignoro. Sé que cuando fui a la cocina y me preparé un vaso de sake Tokutei meishoshu lo hice porque algo dentro de mí quería que lo hiciese. Pero no puedo decir lo mismo de la acción anterior. A veces hago cosas sin motivo aparente. No soy farmacéutico ni investigo sobre alteraciones intestinales. Sólo soy un jodido vividor que ha optado por no vivir demasiado o, por lo menos, vivir sin que parezca que vivo. Llegados a este punto sigo sin comprender la razón que me llevó a coger cutículas de semillas del árbol del sicomoro y mezclarlas con colorante amarillo anaranjado E-110 y algunos excipientes. ¡Y encima a agitar la mezcla! Toda la gente que me conoce (y conocerme es amarme) sabe que si hay algo que odio en este mundo es agitar mezclas extrañas. Puedo llegar a perturbar o violentar auras, almas o incluso hálitos, siempre después de uno o dos vasos de sake Tokutei meishoshu, pero nunca nunca-y repito el adverbio temporal- sería capaz de agitar mejunjes, potingues o pócimas. Ni siquiera brebajes o bebistrajos.

Me encanta el sake. Sé que después de varios vasitos repletos hasta el borde mi interior se asoma al exterior y se manifiesta. Cuando eso sucede, mi exterior se enfada y en venganza se recluye hacia el interior, organizando un desmadre del que sólo me recupero acostándome con una psicóloga o deslustrando el brillo que procede de los relumbrones. O haciendo estupideces extrañas, como coger cutículas de semillas del árbol del sicomoro y mezclarlas con colorante amarillo anaranjado E-110 y algunos excipientes. Por cierto, me gustaría tanto saber qué son los excipientes y para qué cojones pueden servir. ¿Podría tatuarme en el hombro un excipiente? ¿Sería capaz de excitar a un excipiente si me contoneo concupiscentemente? ¿Y si lo agarro agresivamente? ¿O bondadosamente? ¿O cadenciosamente? ¿Y si le insulto indirectamente? ¡Me gustaría tanto cruzar esa línea sin retorno! Claro que también me gustaría bañarme desnudo sin agua. O bañarme vestido con agua. O no bañarme, pero entonces la gente en la que confío me llamaría marrano o guarro.

¿Es que nadie va a ayudarme?