viernes, 22 de septiembre de 2017

Email del 22 de septiembre 2017

Honore Daumier. Theater (XIX cent)
PLASTINUDOS (Pieza teatral en medio acto)

La representación se desarrolla en el dormitorio de un matrimonio cualquiera en alguna ciudad de algún país. La habitación esta casi a oscuras. Una lamparita de latón que descansa sobre una mesita produce una débil refulgencia. Al fondo, en dos camas separadas por un biombo, se encuentran nuestros personajes. Se levanta el telón mientras un furioso Scherzo en 3/4 adelanta al público la tragedia que se avecina.


MUJER: (Apagándo el televisor con el mando a distancia): Sin la televisión se está mejor. ¿Recuerdas cuando nos quedábamos hablando hasta altas horas de la madrugada? Tú, yo y dos copitas de vino. Era todo lo que necesitábamos...
MARIDO: Si los hombres no se masturbaran, las fábricas de rollos de papel de cocina entrarían en bancarrota, pues desde que a algún lunático se le ocurrió inventar las toallitas húmedas, el papel higiénico ya sólo se utiliza para matar cucarachas en el aseo o para cogerlas sin tocarlas y tirarlas por el inodoro.
MUJER: Nunca pensé que alguna vez nos instalaríamos en esta especie de vida muda, sin sorpresas ni empatía. Pero así ha sido. No somos muy diferentes de otras parejas. Parece que el tiempo no es más que otra prueba. Quizá la más inquietante de todas.
MARIDO: (Rascándose el trasero con aspecto muy seguro de sí mismo): Recuerdo aquella vez que me comí un huevo por la nariz. Quiero decir, aquella vez que me esnifé un huevo. Alguien dijo que no sería capaz. La verdad es que no consigo recordar si era un huevo frito, duro, escalfado o pasado por agua. Sin embargo recuerdo perfectamente que era un huevo.
MUJER: ¿Sabes? Cuando te conocí sí que valías la pena. Entonces eras todo lo contrario al bufón idiota y cretino en que te convertiste unos pocos años después. Sí, sí, sé que proclamar en voz alta lo que pienso no va a cambiar la situación, pero...
MARIDO: ¡Es curioso! Tu hermana es más fea que la mía. (Poniendo una cara extraña, como una mezcla de asco y pena.) Pienso a menudo en la desproporción física de los miembros de tu familia. El más horroroso fue tu padre. A veces me costaba distinguirlo de un bubón adventicio, pero el sonido a pato "tarro canelo" que salía de su boca acababa por delatarlo.
MUJER: Algunas noches, antes de rendirme a la dulzura de los sueños he pensado que quizá al día siguiente no despertarías. Pero en lugar de alegrarme, dicha ensoñación me perturbaba. Ya me he acostumbrado a tus memeces, a tus salidas de tono, en definitiva, a tus mamarrachadas. Algunas relaciones se convierten en tóxicas. La nuestra ha alcanzado una categoría específica, sin posibilidad de ser valorada o, en el mejor de los casos, analizada.
MARIDO: Los croissants de mantequilla son mucho mas sabrosos que los de hojaldre, pero no dejan de ser bollería para invertidos. Es igual que las camisetas de manga corta, que fueron diseñadas para los gays. Jamás me puse una que no tuviera las mangas hasta la muñeca o que incluso me ocultaran las manos.
MUJER: ¿Nunca te cansas de hablar contigo? ¿Te has llegado a escuchar alguna vez? ¿Cómo se puede llegar a convertirse en algo, que no tiene nombre? Por lo menos yo no alcanzo a bautizarlo. Me da grima todo lo que sale de tu bocaza. Me produce arcadas ver cómo te crees imprescindible. No tengo ni idea por qué...
MARIDO: Me encanta pensar en pelotitas. (Moviendo los brazos de forma brusca, como si estuviera espantando moscas, o demonios.) No en balones o bolas, no. En pelotitas. ¡Una pelotita tiene tal poder de persuasión! La gente se ha domesticado. Ya no piensan en pelotitas. En vez de eso intentan acercarse a cualquier cosa que tenga una forma esférica. Pero una esfera no siempre puede ser una pelotita. No sé si me entiendes. A veces no puedo expresarme como pienso. Mis neuronas se adelantan a los impulsos nerviosos. ¿Es posible eso?
MUJER: Quizá debería volver a poner la tele. Por lo menos todas las idioteces que salen de la pantalla están diseñadas para lavarnos el cerebro. Cada uno es libre de dejar que le manipule una o varias ondas hertzianas. Otra cosa es que el ser -y digo ser porque no se me ocurre otro adjetivo- que prometió ser un compañero fiel y educado por siempre y para siempre, se comporte como si estuviera a punto de sufrir un derrame cerebral. Un accidente cerebrovascular que nunca llega, pero que contínuamente avisa de su presencia.
MARIDO: La última vez que chupé un coño sufrí lo indecible. Ya sabes, la barriga que molesta cuando se intentan ciertas posturas. Por cierto, fue el coño más jugoso que he comido en mi vida. Hubo un instante en que tenía la boca tan llena de fluidos que casi me ahogo. Ahora me arrepiento. Me arrepiento de no haberme ahogado con esos fluidos. Por lo menos hubiera pasado a la posteridad como la única persona en el planeta que murió a causa de los fluidos vaginales. Fluidos acuosos y en ningún caso viscosos o con colores extraños.
MUJER: (Mirando desde el catre a través de los cristales de la ventana.) No puedo ver a la gente que anda por la calle. Pero sé que hay gente caminado. Algunos tienen un destino establecido, pero la mayor parte se comportan como autómatas. Van de aquí para allá empujados por la misma fuerza motriz que a ti y a mí nos separa. Creo que voy a intentar dormir.
MARIDO: Estoy preparado para capturar a Dios. He diseñado una trampa con un pecador como cebo. La omnipotencia olerá los pecados del infractor y se acercará a explorar. Entonces una tapa metálica compuesta por una rejilla electrosoldada y acero galvanizado se cerrará con fuerza y lo atrapará. Entonces me haré rico mostrándolo en ferias y circos.
MUJER: Buenas noches. ¡Ojalá todo fuera un sueño...!
MARIDO: Somos como esos pequeños alambres que se utilizan para cerrar las bolsas de pan de molde. ¡La parte más imprecisa de una manufacturación gloriosa! Porque cada una de esas partes son fragmentos de una totalidad comercial. Puede que algunas se parezcan a otras que existen desde hace décadas, pero las que nos interesan son nuevas, y lejos de querer innovar, se contentan con permanecer hasta que sean desalojadas. Para siempre.

                                                               TELÓN