domingo, 17 de septiembre de 2017

Email del 17 de septiembre 2017

Rembrandt Harmenszoon van Rijn. El filósofo (1631)

Mi condición es la misma, aunque la situación no resulte tan trascendente. La cuestión es, ¿debo perpetuarme en el mismo emplazamiento hasta que la permanencia suponga un arriesgado contratiempo? No intento resolver el enigma. No necesito sentir ninguna clase de armonía en la distribución. Sólo quiero estructurar los sucesos y, si es necesario, arrancarlos de donde los depositó el tiempo. Sus intervalos. La irreversibilidad. La entropía.

Creo que debería dar un último paso y determinar las razones por las cuales no soy capaz de atravesar los cientos, las miles de coordenadas que impulsan a las invariancias a permanecer intangibles.
Admito que cada uno de los uróboros que maldijeron algunos de mis días y la práctica totalidad de mis noches no son sino alteraciones de un núcleo gestante que no debió sobrevivir.

Siempre que me zampo un aguacate acabo desvariando. Quizá debería comer manzanas o melocotones y dejar a un lado esta maldita fruta que transforma por completo mis circunstancias, mis anhelos. Pero me gustan sus huesos y a menudo los sumerjo parcialmente en agua y obtengo pequeños arbolitos que acaban muriendo al cabo de unos meses. Mueren porque soy como un simio, es decir, inestable y testarudo. Poco importa que mis amigos piensen que soy la perfecta radiografía del humanismo, de la consideración o de la piedad. ¡Soy un puto mono! Y mato el tiempo despiojando a un muñeco de trapo. Y cuando no tengo ganas de espulgarlo acabo violándolo por delante y por detrás. Por arriba y por abajo. De frente y de costado. Y cuando mi concupiscencia ha sido saciada hasta límites insospechados, lo crucifico mientras dibujo sonrisas sádicas de satisfacción en las comisuras de mis labios pecadores.

Mi condición es la misma, aunque la situación no resulte tan trascendente. La cuestión es, ¿debo perpetuarme en el mismo emplazamiento hasta que la permanencia suponga un arriesgado contratiempo? No intento resolver el enigma. No necesito sentir ninguna clase de armonía en la distribución. Sólo quiero estructurar los sucesos y, si es necesario, arrancarlos de donde los depositó el tiempo. Sus intervalos. La irreversibilidad. La entropía.