miércoles, 19 de octubre de 2016

Email del 19 de octubre 2016

M.C. Escher. Stars (1948)


Se formaron algunas estrellas, que transformaron el hidrógeno y el helio en carbono y oxígeno. Luego explosionaron y sus restos formaron otras estrellas y otros planetas. En uno de esos planetas vivo yo. Y todavía espero una señal que me ilumine. Esa especie de expansión inflacionaria duplicada en el tiempo. Expandida en la eternidad fluctuante de la densidad infinita, eterna, primitiva e indefinida, aunque variable en su concepción antrópica. ¿Cómo es posible que mis gritos no se escuchen en todos los universos? Necesito invertir el desorden precipitado a través de una falsa dimensión temporal. Necesito colapsar la espiral que se forma en el núcleo. Se supone que somos lo que somos, sin embargo yo no sé quien soy. Ni siquiera admito como real el principio cósmico que rige y ordena cada una de las partículas elementales concebidas por una fuerza superior. No creo que nadie sea lo que se supone que es. Sólo confío en la línea. Quizá de una manera puramente geodésica. Pero no tengo otra alternativa.

A veces sueño que soy capaz de dispersar la luz de las estrellas. ¿Cómo puedo llegar a tener esa clase de sueños? ¿Quizá porque mi subconsciente ya no es capaz de procesar emociones o experiencias? Recuerdo una noche en que soñé que no podía soñar. Puede parecer una estupidez, pero desde ese instante, supe que mis sueños ya no serían irracionales, ni siquiera absurdos. Por esa razón, tengo marcado un instante específico en el tiempo. Y lo utilizo de una manera extravagante, moderada y silenciosa. El principio y el final no son tan diferentes...