miércoles, 7 de septiembre de 2016

Email del 12 de septiembre 2016

William Blake. Satan smiting job with boils (1826)


Querida:


Ayer Facebook me sancionó con 24 horas sin poder postear ni chatear en su red social. Todo porque subí unas preciosas fotos de artistas que trabajaban en el Folies Bergère de París. Las imágenes eran de 1919 y en un par de ellas se veían unos pezones. Lo que me asombró es que me "castigaron" menos de un minuto después de que publicara esa entrada. Ya me habían "avisado" en dos ocasiones por postear cuadros famosos conocidos y antiguos con desnudos. Ni siquiera al óleo se puede enseñar carne, pues los algoritmos que utilizan son implacables. Pero sí se pueden subir imágenes con gente ahogada por querer trasladarse a Europa para buscar una vida mejor, fotos de perros quemados y apaleados por sus vesánicos dueños, o de guerras, muerte y destrucción. Todo este asunto me recuerda a la novela de George Orwell que tanto te gusta. Si eres lista, y me consta que sí, deberías extraer algunas conclusiones. De momento, como ya son casi las 5 de la tarde, me permiten "graciosamente" tomar el control de mi muro, que no deja de ser suyo, ya que están al tanto de todo lo que subo y de lo que escribo, pero no sé como terminará esta surrealista historia cuando lean el cínico -pero verdaderamente justificado- email que les escribí después de que me penalizaran y que te pego a continuación:

Señores de Facebook:

Me acaban de castigar por subir fotos artísticas. Y todo porque dos señoritas que deben llevar siete u ocho décadas muertas enseñaban de soslayo un pezón. Un pezón precioso, todo hay que decirlo. Les doy mi palabra de honor que entre mis agregados no hay ninguno que se masturbe con imágenes de pezones añejos. Y lo sé porque antes de agregarlos les hago un exhaustivo test. Y dado que entre mis amigos (de su red) no existe la perversión y solo comparto con éstos, no con el público, no entiendo la razón de su punición. Podría decirles: no volveré a hacerlo nunca más, pero sería una mentira. El arte está por encima de la censura.

Suyo:

Gregorio López

El propósito de existir se basa en el aprendizaje. No sólo en comer, defecar, follar, mentir y huir. Cada día se aprenden multitud de cosas que se transforman en una especie de inmensa justificación objetiva. Entonces, ¿para que sirve Facebook? ¿Para subir fotos de mascotas, selfies, fotitos de las vacaciones y chistes barriobajeros sobre los políticos? No nos engañemos, a nadie le importa una "mierda picopática" cómo se lo hayan pasado los demás en vacaciones. Y las mascotas en foto no dejan de ser una ficción graciosa pero caramelizada o incluso adulterada. Yo las prefiero en carne y hueso. Sobre las selfies o lo que es lo mismo el espejo supremo de la vanidad bípeda, mejor pasar un tupido velo. Además, para subir esas fruslerías ya tenemos el Whatsapp.

¿Qué voy a hacer a partir de estos instantes? Pues todavía no lo sé. Tengo dos opciones: la primera darme de baja de esta red. La segunda, prostituirme un poquito más y seguir como hacía hasta ahora, pero sin pezones. Me lo pensaré detenidamente. Lo que sí tengo claro es que DE NINGUNA manera voy a seguir subiendo fotos personales, o por lo menos lo voy a intentar. A buen entendedor, pocas palabras bastan.

PD: ¡La que se ha armado debajo de mi casa! Resulta que al afilador le debe haber dado un brote psicótico porque ha cambiado la grabación de siempre, ya sabes, esa de "Nena, ha llegado el afiladoooor..." por una que más o menos, y si la memoria no me juega una mala pasada, decía algo así: "Nenaaaas, ha llegado el cunnilingueador..." Ahora mismo la calle está plagada de policías y le acaban de poner unas esposas en las muñecas y un pedazo de jabón de potasa en la boca. Veremos como termina todo.