miércoles, 4 de mayo de 2016

Email del 4 de mayo 2016

Koloman Moser. Loneliness (1902)
Amiga:


Podemos decir que un solitario, tal y como se entiende actualmente ese arquetipo, está totalmente privado de confianza en sí mismo. Pero también es cierto que, según los parámetros con que esta sociedad crea a sus enfermos mentales, la confianza en uno mismo no depende de un conjunto de circunstancias más o menos complejas, sino de la capacidad para asumir esa retahila de conductas contrapuestas con que se trata de "naturalizar", es decir, "integrar", a cualquier sujeto que no reúna las características exigidas. Ahora bien, si seguimos negándonos a diferenciar entre un individuo neurótico y un solitario, corremos el peligro de entrar a formar parte de ese extraño grupo que se siente superior cuando califica y que está absolutamente convencido de los peligros que implica la recapacitación. Un neurótico no es más que un egótico disfrazado. Alguien que alejado por completo de la sociedad que lo prostituye ha decidido compartir el resto de su vida con su Yo particular. Y es justamente ese Yo exclusivo el que le insufla la totalidad de las respuestas sin hacer demasiadas preguntas.

Soy consciente de que el anterior párrafo te va a llevar a responderme con una severa crítica, constructiva, por supuesto, pero no me importa demasiado. Necesitaba quitarme el sambenito de que soy un neurótico por ser un solitario. O al revés: también se me acusa de ser un solitario para enriquecer la leyenda de que soy un neurótico. No pertenezco al universo de ninguno de los dos grupos. Puedo ser neurótico, a veces, pero no más que el resto de humanos que intenta sobrevivir de una manera justa, es decir, sin interferir en la vida del resto de congéneres. También se me podría definir como un solitario, pero, francamente, ¿conoces a muchos "retirados" que rindan tanto culto a sí mismos o a su bienaventurado y exquisito alejamiento?

Alejarse de todo lo que implique desasosiego es un ejercicio de sensibilidad, no de egoísmo. Ningún neurótico podría llegar a percibir las sensaciones de esa manera. Por lo tanto, es un error tildar de neurasténico a un aprendiz de anacoreta. Siguiendo ese razonamiento me encuentro en condiciones de afirmar que cada uno de los que alguna vez me tacharon de ambas cosas, no eran más que un poco de todo, un mezcladillo deslavazado de cualidades y miserias, en resumidas cuentas: ganado.


Dadá Greg