lunes, 16 de mayo de 2016

Email del 16 de mayo 2016

M.C. Escher. Dream (1935)

Esta noche he soñado que se me aparecía Yago, y mientras me despertaba con un movimiento brusco de sus manos, me declamaba la famosa contestación a Otelo de la primera escena del cuarto acto de la tragedia sobre el moro de Venecia: "¡Ten calma! O diré que eres en todo ira y en nada hombre". La verdad es que cuando intenté apartar sus manos de encima me desperté de repente y ya no pude volver a dormir en toda la noche. Supongo que debo considerar este sueño como bastante inofensivo, por lo menos si lo comparo con el de ayer, en el cual se presentaba Dios de improviso y me golpeaba repetidamente la cabeza con una piedra de grandes dimensiones. Al cuarto golpe, la piedra se fracturaba en varios pedazos y la omnipotencia celestial me exigía una compensación económica. Soñar es una experiencia horrible, sobre todo si uno no está en paz consigo mismo. Pero, ¿es realmente fácil estar en paz con uno mismo, mientras compruebas con desesperación como ha subido de precio la pechuga de pollo con corte fino? Hasta hace unos pocos años, el pollo era la comida de los pobres. Entonces yo era tan pobre como el Raskolnikow de Dostoyevsky y me zampaba varias pechugas y muslitos cada día. Actualmente sigo siendo pobre, quizá como un personaje sacado directamente de una de las novelas de Charles Dickens, y sólo puedo comer atún en aceite de girasol. Por esa razón me cimbreo cuando me da de lleno el sol.

Si soñar puede ser tormentoso, imagínate lo horrible que es a menudo la realidad. Estoy pensando seriamente en cometer un delito para que de esa forma me metan en la prisión. Allí dispondré de televisión de plasma y multitud de canales, tres comidas calientes, techo y calefacción gratis. Cuando quiera sexo -si no soy demasiado tikismikis- lo podré obtener allí mismo, aunque tendré derecho a cuatro vis a vis a la semana y mi familia y mis amigos podrán visitarme cuando les apetezca. Podré sentarme en el sillón del dentista sin pagar un puto duro y si se me estropea alguna parte del cuerpo me lo cambiarán en un periquete sin tener que abonar la operación. Ah, ademas no tendré que pagar impuestos. Y si tengo suerte, incluso me puedo hacer amigo de algún político para que me enseñe a ser un perfecto crápula.

En otra vida fui un durazno. Los niños se subían por mis ramas para coger la fruta, pero algunos se caían y, una vez, uno de ellos se fracturó el trocánter menor. Como era un árbol no pude reírme, pero lo primero que hice nada más trasmutarme en humano fue carcajearme de lo lindo. ¡Estuve dos semanas sin poder parar de reír! La comadrona que atendió a mi madre le dijo: "Este neonato se lo pasa tan bien que creo que cuando crezca será un completo imbécil, además de un infeliz. ¡Y posiblemente feo de cojones!" No se equivocó en absoluto.