martes, 9 de febrero de 2016

Email del 9 de febrero 2016

Odilon Redon. Primitive man seated in shadow

Querida:

Creo que soy un tipo relativamente coherente, pero en demasiadas ocasiones me frustro terriblemente al no ser comprendido. Las palabras están al servicio del que las organiza, bien sea en forma hablada o por medio de la escritura. Y estructurar frases con el único propósito de que sean entendidas o interpretadas implica esfuerzo y tiempo. Conozco a demasiadas personas que hablan por hablar, es decir, para justificar sus existencias. Inculpan, determinan y juzgan, pero nunca entienden, intuyen, y mucho menos, asimilan. Los niveles de significados de sus locuciones se encuentran tan dispersos como las partículas de un coloide. Cuando intento acercarme a ellos mirando al mundo a través de sus ojos, tiendo a ver todo borroso, difuminado, básicamente distinto.

Tú crees que la existencia es una especie de sentimiento fascinante, un arrebato causado por una intensidad específica, una elevación y un éxtasis. Yo, sin embargo, estoy convencido de su banalidad, su intrascendencia. ¡Entre ambos criterios existen tantas derivaciones! Quizá sólo los que puedan mantenerse en un lugar lejano al punto de partida o de convergencia, sean capaces de vislumbrar una objetividad que ni tú ni yo somos capaces de aprovechar. ¡Todo es tan confuso! Tratamos de permanecer al lado de quien proclama al viento cada una de nuestras maravillosas bondades, pero huímos como posesos cuando nuestros padres nos gritan cualquier cosa. Somos fragmentos desperdigados que esperan ser recompuestos. ¡Mentimos, delatamos, justificamos! Falsificamos nuestras sensaciones con el extraordinario propósito de obtener una indemnización, pero, al mismo tiempo, nos sentimos importantes, exclusivos y únicos.

Si se me acabaran las palabras, trazaría una circunferencia sobre la tierra empapada de agua y viviría dentro. Me convertiría en un extraño, pero seguramente alcanzaría unas cotas de bienestar de las que ahora carezco. Si cada una de las palabras que a veces me acarician suavemente desaparecieran llevadas por el céfiro, gesticularía hasta estrangular sus pretendidos significados. Si pudiera, si pudiera. No puedo. Lo intento. Sabes que sigo intentándolo. Pero el espacio que media entre dos sucesos es un cercado insalvable. Prefiero esperar junto a la puerta, preguntándome si el castigo es proporcionado, o si por el contrario, merezco una oportunidad más.

Greg