sábado, 29 de noviembre de 2014

Email del 29 de noviembre 2014

Saul Steinberg. Untitled (Question marks) (1961)

Querida:


Intentar escribirte un email diario es una tarea muy dura. Créeme, preferiría no hacerlo. Pero como sustituta de un psicólogo no tienes precio: escuchas todas mis monsergas y nunca haces preguntas indiscretas. Aunque hay momentos en la vida en que esas preguntas son indispensables. Por esa razón he decidido hacerme unas cuántas e intentar responderlas de una manera sincera y completamente espontánea. Ya tengo la coca cola preparada y un cigarrillo en la boca. ¿Comienzo?

¿De qué va todo esta mierda?
¡Eso me gustaría saber a mí! ¡Si por mierda me refiero a la existencia y sus consecuencias más directas! Lo único que tengo claro es que nacemos para, más tarde o más temprano, palmarla sin remedio. Entre estos dos importantes acontecimientos nos suceden otros que marcan nuestra forma de ser y nuestro comportamiento. Algunos de ellos los conservamos en la memoria como pequeños tesoros, pero la mayor parte entran y salen a nuestro antojo, y al final solo tienen sentido si los englobamos en un Todo imperfecto y accidental. Si tuviera la oportunidad de volver a nacer, seguramente cometería las mismas estupideces que he perpetrado en mi vida real, pero con una diferencia sustancial: no me las tomaría en serio.

Terence era inglés. O puede que francés. Desde luego, con ese nombre, no podía ser español ni extraterrestre. Tenía 17 años y un físico impresionante. Pero era tonto. Tonto de remate. Ni siquiera era capaz de pronunciar la palabra "Pneumonoultramicroscopicsilicovolcanoconiosis" sin sufrir un cólico nefrítico, pero tenía un corazón de oro y todas las mujeres suspiraban en secreto por su afecto. Su hermano Jonathan, tres años mayor, era tan feo como una hortaliza descompuesta y su cerebro siempre estaba maquinando y conspirando. Un día ambos decidieron hacer una carrera a través del bosque. El que ganara sería el dueño del otro durante una semana. Cuando se preparaban para salir en estampida llegó saltando de una forma tan grácil como un palomo cojo su vecina Gladys. Les instó a que aplazaran la maratón y delante de ambos se quitó toda la ropa. Lo que los hermanos vieron pareció gustarles demasiado y decidieron repartirse el botín. Pero Gladys era remigada y sólo quería yacer con uno de los dos, mientras el otro miraba. Al principio esa decisión no les atrajo en absoluto, pero pronto llegaron a una conclusión lógica y optaron por rendirse a sus instintos primarios. Mientras los tres decidían sobre quien sería el afortunado y a quien le tocaría joderse, un meteorito repleto de microorganismos bacterianos básicos impactó en la atmósfera. Los únicos supervivientes fueron Terence y una cabra. El resto de la historia es tan asquerosa que me veo obligado a dejar que te imagines el final que te apetezca.


¿Por qué se hace tan duro despertar cada mañana?
En mi caso por culpa de los tranquilizantes que me tomo cada noche antes de acostarme, justo después del vasito de leche caliente. Si no los ingiero con despreocupación, soy incapaz de pillar el sueño y siempre acabo practicando sexo duro con la mano derecha, que no es más que una extensión de lo que soy o no soy, o de lo que me gustaría ser, si me dejaran.


¿Qué es y para qué sirve eso que algunos llaman "felicidad"?
Nunca he comprendido a la gente que pregona su extrema felicidad. Ni siquiera estoy convencido de que exista ese estado de ánimo que convierte lo irreal e imaginario en sensaciones placenteras. Lo más cerca que estuve alguna vez de llegar a sentirme satisfecho fue cuando la pata de un mueble viejo y apolillado se quebró y éste se derrumbó sobre mi padre. Supongo que a Gregorio López senior no le gustaron mis risotadas, porque a partir de ese instante se dedicó a serrar los pies de cada mueble y sustituirlos por ruedecillas de poliamix o soportes rodantes extensibles de acero.


¿Existe la relación emocional perfecta?
Me gustan las naranjas. Me gustan los limones. Adoro las mandarinas y los pomelos. En general estoy abierto a probar cualquier clase de cítrico de importación como los kumquats, tangelos o cidros Pero cuando escucho la típica frase de "tienes que encontrar a tu media naranja" me entran unas ganas irrefrenables de agarrar al sujeto que ha osado pronunciarla e inocularle varias dosis de Agrobacterium tumefaciens en uno, o ambos globos oculares. ¡Media naranja! ¡Menuda gilipollez! Me pregunto a qué clase de subhumano, anormal o subnormal se le ocurrió dicha expresioncita. ¡Deberían despiojar a sus descendientes! El amor, o mejor, el conjunto de sentimientos que ligan, atan, amarran, sujetan o aprisionan a una persona con otra, es el único procedimiento que dispone nuestro cerebro para convencerse de que sirve para algo. Porque para pensar está ampliamente demostrado que nanay.

Carlitos creía estar perdidamente enamorado de Perlita, una gitana de ojos negros como el azabache. Así que intentó pulimentarla como si fuera lignito de la variedad más dura y ésta falleció en medio de espantosos dolores y tras una lenta agonía. Cuando reparó en su error, juró que se vengaría de sus instintos ruinosos y se arrojó por un acantilado. Desde entonces a ese precipicio se le conoce como "el abismo de Carlitos". Dicen que Tolkien se basó en esa historia para desarrollar la batalla del abismo de Helm. Yo no me lo acabo de creer, sobre todo porque J. R. R. nunca pisó en toda su vida suelo almeriense.


¿Por qué estoy abonado al paquete extra de Ono y no a Canal Plus?
Sencillamente, porque me encanta tener continuos problemas, y sobre todo, adoro escuchar la voz de un, o una sudamericana, por teléfono tratándome de explicar que soy un inepto con todo lo relacionado con la tecnología y, que lo mejor que podría hacer, es diseñar un taparrabos de piel vacuna y abrir un establecimiento dedicado al contrabando de hachas o utensilios de piedra.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Email del 28 de noviembre 2014

Michael Sowa. Sharks of suburbia 

Hola:


La única manera que conozco, de alejarme de lo que es desestabilizador o no me conviene, es escribir o tocar la guitarra. Hacía meses que no ponía mis huesudas manos sobre el mástil de palisandro, y ha sido un reencuentro escalofriante. Después de caminar de la mano del diablo durante unas semanas, vuelvo a vivir donde quiero, como me gusta, y en el único barrio donde cada uno de sus habitantes evalúa al Yo por dentro, no por lo que posees, o crees que posees. De todas formas he aprendido tanto... Ese demonio al que encontraba sumamente atractivo -el hechizo, ya sabes- y que según mis amigos no era gran cosa por fuera -tampoco por dentro, debo admitir- estuvo a punto de salirse con la suya. Afortunadamente el tiempo y la memoria se aliaron conmigo y algunas neuronas hicieron el resto. Pero tengo miedo. Ese ser sigue suelto y pronto encontrará otras víctimas, otros esclavos.

Ya sabes cuanto adoro a Orson Welles. Uno de sus films menos apreciados, pero absolutamente perfecto, se titula "La dama de Shanghái". Trata sobre la maldad de uno de esos demonios. En una de sus apabullantes escenas, Michael O'Hara, el protagonista, cuenta que "siempre que cometo una estupidez la llevo hasta el final". En otra escena, que me recuerda multitud de pasajes vividos estos días escupe:

"Una vez bordeando las costas de Brasil, vi el océano tan oscurecido por la sangre, que parecía negro y el sol se ocultaba tras la línea del horizonte. Nos detuvimos en Fortaleza y varios marineros sacamos los aparejos para pescar un rato. Fui el primero en coger algo. Era un tiburón, luego apareció otro, y otro y otro, hasta que todo el mar se llenó de tiburones y no se veía el agua. Mi tiburón se había soltado del anzuelo. Y el olor, o tal vez la mancha, porque sangraba a borbotones, hizo que los otros enloquecieran. Los animales empezaron a comerse los unos a los otros, en su locura, se comían a sí mismos. Se sentía el frenesí del asesinato como un viento que hería los ojos, se olía el hedor de la muerte emanando del mar. Nunca había visto nada peor desde la reunión de esta noche. ¿Y saben una cosa?, ninguno de los tiburones enloquecidos sobrevivió."

¡Ninguno de los tiburones enloquecidos sobrevivió! ¿Se puede escribir una frase tan perfecta y que describa de una forma tan contundente la naturaleza humana? No sabes cuántas veces -sentado en el sofá y rodeado por ese ser y otros ingenuos e inocentes- me ha venido esa especie de mantra a la cabeza. ¿Qué podía hacer yo? Observar, tragar saliva y pellizcarme repetidamente la carne. Sé que debería sentirme feliz de haber sido capaz de huir de una situación semejante, pero por alguna razón, no puedo dejar de sentir lástima por ellos, pero sobre todo...por mí.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Segundo email del 27 de noviembre 2014

Olivier Mosset. Nothing (1993)

Hola otra vez:


Desde hace un par de siglos se habla mucho sobre la inteligencia emocional, pero muy poco sobre la biopsicología de la emoción. Y aunque a primera vista puedan parecer conceptos semejantes, o por lo menos, interconectados, la desigualdad de sus enunciados es tan enorme, que creo que aprovecharé más el tiempo si en lugar de explicar las diferencias, te escribo unas cuantas líneas sobre los "Cuadrados de trufa de la marca Dulcesol". En realidad son rectángulos y la trufa destaca por su ausencia, pero de todas formas, son bastante disfrutables, por supuesto, siempre que uno no le tenga demasiado apego a la vida. Hace un rato me he comido cuatro y se me acaba de desprender una oreja. En estos momentos sigue tirada en el suelo. Me pregunto si debería cogerla, envolverla con cuidado en una o dos servilletas de papel de cocina e ir a "Urgencias" a que me la hilvanen. Claro que antes tendría que limpiarla por dentro con varios Q-tips o meterla en la lavadora.

Recuerdo a una amiga que un día fue al tocólogo a hacerse una limpieza vaginal profunda y regresó a su hogar sin vagina. Supongo que fue una limpieza demasiado profunda. A raíz de eso, su marido se divorció y comenzó una relación sentimental con un vestidito verde. Varios años después, el vestido se decoloró, debido a los continuos lavados a mano con detergentes baratos y el fulano hizo las paces con su ex, que a estas alturas ya había encontrado una vagina de repuesto, fabricada con látex y polietileno tereftalato. Pero la vagina era del color de las vaginas, y eso no satisfacía al exmarido reconvertido en amante. Pronto éste le propuso que se la pintara de verde. Como ella rehusó, aduciendo que un coño verde era algo irreal y falso, él volvió a dejarla y se compró otro vestidito verde, aunque con una tonalidad más tenue que el anterior y los tres (vestidito, sujeto y el amor eterno) se instalaron en un ático insonorizado. Mientras los amantes enclaustrados se entregaban por completo a gozar de sus placeres, la propietaria del chichi verde recibíó una carta del hospital instándola a pasar su primera revisión ginecológica con chirla protésica. Por supuesto, eso la deprimió un poco, pero no perdió los papeles y esperanzada se dirigió al hospital. Después de examinarla a fondo, la dirección del Nosocomio dictaminó que su nuevo chirri funcionaría de maravilla durante treinta o más años. Cuando regresó a su casa y se bajó los pantalones y las bragas frente al espejo, pegó un grito de terror que hizo que varios pájaros que volaban alrededor del edificio sufrieran diversas hemorragias subaracnoideas. ¡El chumino había vuelto a esfumarse! Era la segunda ocasión que el potorrono desaparecía durante el trayecto. A partir de este punto, las noticias de los acontecimientos varían según las fuentes, todas ellas de la máxima confianza. Según unos, el exmarido asesinó al segundo vestido verde, el de la tonalidad más tenue, y volvió con la mujer que lo esperaba con los brazos abiertos -pero sin almeja- y vivieron una existencia de ensueño. Otros aseguran que la mujer, que debo recordar era mi amiga, enloqueció definitivamente y que el vestidito verde tenue sufrió el ataque brutal de una super rata voladora y resultó dañado seriamente. Al enterarse de la noticia, el exmarido se hizo trapecista y dio varias vueltas. Se ignora si fueron de campana o de gira mundial trabajando en un circo.

Acabo de coger la oreja. Tiene un tacto extraño, como de goma o algo parecido. Puedo ver su interior que está bastante limpio. Me gusta mi oreja. Tiene unos cuantos pelillos en algunas partes, pero está proporcionada y es simétrica. He decidido que me la quedo. Quiero decir, que no voy a que me la injerten. Pienso colgarla en la pared con una chincheta. ¿O con un cuelga fácil? No, mejor una chincheta. Y cada vez que pase por delante de ella recordaré que la bollería industrial es el más nocivo de los venenos, si exceptuamos respirar cerca de un tapir empalmado.


POSDATA (IMPORTANTE):
Quiero pedir perdón a la destinataria del email y a los seguidores del blog por semejante desvarío. Pero es mío. Y no pienso renunciar a él. Puedo permitirme el lujo de perder algunos lectores, pero poco más.
 

Email del 27 de noviembre 2014

Felix Vallotton. The lie (1898)


Amiga:


Estoy intentando volver a la normalidad y recuperarme de los últimos 52 días de mi vida, que han sido una pérdida total de tiempo. ¡Un tiempo que nunca podré recuperar. Ni siquiera falseando las fechas del calendario! Es curioso, me gustaría sumar todas las jornadas de mi existencia que, de alguna manera, no han servido para nada, pero me produce escalofríos pensar en la cifra resultante. Ayer me fumé tres paquetes y medio de cigarrillos. Mi mejor marca personal. Pero aunque he batido un nuevo récord, me entran ganas de saltar por el balcón. Si no lo hago es porque quiero seguir observándome a mí mismo y ver cuál es la próxima estupidez que cometeré.

Mientras te escribo estas líneas, algunas de mis plantas moribundas me miran con desprecio y asco. Comprendo que no puedan perdonar que haya pasado de ellas durante casi dos meses. ¡Y todo por una rubita (teñida) neurótica repleta de ego! Pero así somos los humanos, sobre todo los que, como yo, se creían que ya lo habían visto todo. Pero supongo que con un poco de agua y algunos cuidados extra podré recuperar a una tercera parte más o menos.

Voy a comenzar a escribir un libro sobre esos 52 días. Lo voy a titular "La coleccionista de relaciones (Nadando entre las pirañas)". Tratará sobre una familia completamente desestructurada donde la única ley que impera es la del egoísmo en grado superlativo. Donde cada uno hace lo que le sale de las narices sin importarle cuál pueda ser el resultado final. No voy a omitir nada, ni siquiera voy a cambiar nombres, porque me importa una mierda lo que puedan hacer conmigo.  Los dos últimos capítulos versarán exclusivamente de mí y de lo mucho que he aprendido sobre la doble personalidad y el culto al YO desmedido.

Necesito cambiar de tema. No quiero consagrar este texto a alguien que no se merece ni una sonrisa, ni siquiera un pequeño agradecimiento. A alguien que resume su existencia a vivir en chalets de superlujo o viviendas robotizadas y comer en grandes restaurantes, mientras sus hijos, inocentes y extraordinarios, se hacen un montón de preguntas que nunca serán respondidas. A alguien que cuenta los mismos hechos del pasado una y otra vez por el simple placer de hacerse grande, porque en el fondo sabe que es muy, muy, pequeña. Me siento orgulloso de haber sido YO el que ha puesto el FIN a tanta incongruencia.

Ahora voy a escribir sobre la importancia de conservar enemigos y la forma que éstos acicalan las apariencias. Podría hablarte sobre descargadores de muelles y las estúpidas leyes que entre ellos imperan o sobre la relación lógica entre determinados hechos, pero creo que la primera propuesta es la más coherente. Aunque mi coherencia nunca se ha distinguido por ser demasiado consecuente. ¡La verdad es que no me apetece seguir escribiendo! Lo que realmente me apetece es tocar la guitarra, así que me voy corriendo a comprar cuerdas nuevas del 0.10. ¡Ah, y de paso a por tabaco!

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Email del 26 de noviembre 2014

Mary Pratt. Split rrilse (1979)

Hola:



La sinceridad afecta a los hechos y a las palabras. Por esa razón, deberíamos huir de las apariencias y dedicarnos a mirar por dentro antes de depositar tontas expectativas en otras personas. Lo que verdaderamente importa es el interior, aunque éste pueda ser conflictivo. Una vez conocí a una chica que se quería mucho. Eso es bueno. Pero se amaba tanto que tuvo que inventar una doble personalidad para que entrara en colisión con su Yo empírico. Como su identidad falsa era superior en carácter a la verdadera, ambas mantenían una batalla caótica y desproporcionada que intoxicaba a los infelices que circulaban a su alrededor, que eran muchos, aunque la mayoría tenían pocas luces y aclamaban los mensajes de su aura. Esa identidad creada para subsistir se creía única y se jactaba constantemente de su dominio y su energía. Mientras eso sucedía, la verdadera era sepultada un poquito cada día, hasta que llegó un momento en que casi desapareció. ¡Se había creado un monstruo! Un nuevo engendro con una vitalidad mil millones de veces superior a la que proporciona un estallido galáctico.

Cuando yo daba una opinión con palabras más o menos ordinarias, pero inventadas por la gente, ella clamaba al cielo, pero luego las utilizaba en las conversaciones que mantenía con sus amigas. Cuando yo pensaba, o meditaba, o como quieras llamarlo, ella me recriminaba el hecho y me tildaba de "zumbao". ¿Zumbado por utilizar parte de mi cerebro? Ella se atrevía a eso y mucho más, pero sólo cuando dejaba por un momentito su enganche terrorífico al móvil, a Facebook, a Whatsapp. Sus neurosis llegaron a un extremo en el que mi única salida era refugiarme dentro de mi cabeza, donde nunca llueve. Era esa clase de mujer que quiere más a sus conocidos que a sus amigos o familia, y le gusta demostrarlo, porque sólo de esa manera puede enterrar la porquería que ha fabricado para llegar a creerse alguien ESPECIAL.

No me tocaba porque estaba convencida de que la habían acostumbrado mal, pero no hacía nada por solucionar su dejadez emocional. Maldecía ciertas partes de su anatomía por el simple hecho de que no eran como habían sido en el pasado y las ocultaba con las manos constantemente. Si yo intentaba evitar esa censura vesánica y demencial, ella entraba en un estado de pánico que hacía que yo regresase de nuevo a mi cabeza, donde jamás llueve. A menudo se lamentaba de los desequilibrios de su descendencia mientras me susurraba al oído que ojalá yo hubiese aparecido antes para ayudarla. Pero nunca perdió ni un minuto de su tiempo en razonar las causas o los motivos. Solo le interesaba una cosa en la vida: ella misma. Su ego y su orgullo estaban tan enloquecidos, que hubiera sido capaz de construirse un monumento en su habitación para poder contemplarlo un ratito cada día.

Yo intenté ayudarla, pero no por decisión propia, sino embargado por sus deseos. Pero, ¿cómo se puede ayudar a quién rechaza una cura? ¿Inmolándose? ¿Convirtiéndose en la mitad de un todo inestable? ¿Autoconvenciéndose de una supuesta superioridad espiritual, falsa y demagógica? Estoy convencido de que la mejor solución es mantenerse lo más alejado de ese tipo de huidores bipolares profesionales y hacer justamente lo contrario que ellos preconizan. Porque fabricar moldes de alguien que es imperfecto, es una acción tan imbécil, como justificar los actos contestando u actuando de la misma forma para tratar un mismo e indivisible hecho.

¡Sí! ¡Ya vuelvo a estar curado!

martes, 25 de noviembre de 2014

Email del 25 de noviembre 2014

Dieter Roth. Rabbit-shit-rabbit (1972)

Hola:


Cada vez que entro en mi banco, lo hago por mi propio pie, pero al salir siempre tienen que ayudarme entre varios empleados. Mientras dos de ellos me sacan en volandas, uno me aplica compresas frías en la cara y otro me masajea el pecho, a la altura del corazón, con movimientos rítmicos bien estudiados. Una vez me vieron tan mal que incluso la directora del banco se ofreció a acostarse conmigo si en lugar de desmayarme en la sucursal lo hacía en la calle. Por supuesto no acepté, ya que tengo cierta tirria al vello facial femenino y sufro serios problemas de erección al ver desnudo a cualquier subalterno de Bankia. Pero hoy ha sido diferente...

DIRECTORA SUCURSAL: Gregorio, espero que hoy no irá a montar un numerito.
YO: No se preocupe. Le doy mi palabra de honor.
DIRECTORA SUCURSAL: Bueno, vamos a ver. Hum, veo que sigue en números rojos.
YO: Sí, es mi color preferido.
DIRECTORA SUCURSAL: A día de hoy usted nos debe 84.284 euros. Como cobra una mierd...Quiero decir, como su sueldo es bastante bajo, calculo que habrá liquidado su deuda en febrero del año 3027.
YO: Necesito un nuevo crédito para tapar el resto de préstamos.
DIRECTORA SUCURSAL: Gregorio, si de mí dependiera le concedería uno ahora mismo, pero no está en mis manos. Yo sólo soy una empleada sin poder de decisión.
YO: ¿Le puedo hacer una pregunta?
DIRECTORA SUCURSAL: Por supuesto.
YO: Si me niego a pagar de ahora en adelante...
DIRECTORA SUCURSAL: Si se niega a cumplir sus obligaciones nos veríamos obligados a tomar medidas severas contra usted y su familia.
YO: ¿Qué quiere decir?
DIRECTORA SUCURSAL: ¿Sabe donde se encuentra Colombia?
YO: Creo que entre Venezuela y Ecuador.
DIRECTORA SUCURSAL: ¡Bravo! Así es.¿Y sabe que abunda en ese país?
YO: ¿Colombianos?
DIRECTORA SUCURSAL: Efectivamente. Y la mayoría de ellos trabajan duro para llegar a fin de mes. Algunos incluso demasiado duro, diría yo.
YO: No entiendo donde quiere ir a parar.
DIRECTORA SUCURSAL: Le seré franca. Si usted no cumple, nosotros nos enfadamos.
YO: Cabrearse no es bueno para la salud.
DIRECTORA SUCURSAL: Por eso detestamos enfadarnos. Si usted se niega a liquidar su compromiso, nosotros le enviamos uno o varios de esos colombianos que trabajan duro para que le convenzan.
YO: ¿Y si no me dejo convencer?
DIRECTORA SUCURSAL: Le aseguro que esos tipos tienen un poder de persuasión espeluznante.
YO: A ver si le entiendo. ¿Me está diciendo que si no pago, cobro?
DIRECTORA SUCURSAL: Le estoy diciendo que usted tiene un compromiso y que debe satisfacerlo.
YO: Supongamos que me niego. Supongamos que me cambio de residencia. ¿Cómo iban a encontrarme sus amigos colombianos?
DIRECTORA SUCURSAL: Quizá no le encontraran a usted, pero seguro que darían con alguien de su famila.
YO: No tengo familia.
DIRECTORA SUCURSAL: Vaya, veo en mi ordenador que usted tiene padres, hermanos, tios...
YO: ¿Le parezco atractivo?
DIRECTORA SUCURSAL: ¿Cómo?
YO: ¿Sabe? Yo fui actor porno. Se me da muy bien satisfacer a las mujeres.
DIRECTORA SUCURSAL: ¡Gregorio! Por favor, está perdiendo los papeles. ¿Qué le hace suponer que usted es mi tipo?
YO: ¡Necesito un crédito! Soy capaz de cualquier cosa por conseguirlo.
DIRECTORA SUCURSAL: ¿Cualquier cosa?
YO: Cualquier cosa.
DIRECTORA SUCURSAL: Verá. Yo no necesito sexo, y menos de un tipo como usted. Tengo varios amigos que me...
YO: ¿Colombianos?
DIRECTORA SUCURSAL: Colombianas
YO: ¡Entiendo! Dicen que hago el cunnilingus como una mujer...
DIRECTORA SUCURSAL: ¿En serio?
YO: No le defraudaré.
DIRECTORA SUCURSAL: Supongamos que acepto su proposición. ¿Sabe a cuánto está un cunnilingus en el mercado?
YO: No tengo ni idea.
DIRECTORA SUCURSAL: A 50 euros, aunque en Colombia te lo hacen por 3 pesos.
YO: Estamos en España.
DIRECTORA SUCURSAL: Gregorio, a 50 Euros por, ejem, servicio, usted liquidaría su deuda en el año 46.025. Y eso si me hiciera uno diario.
YO: ¡No puedo creerlo! ¡Debe existir una solución!
DIRECTORA SUCURSAL: La solución es que usted satisfaga sus compromisos.
YO: Me voy a suicidar. Me voy a suicidar aquí mismo. En su oficina. Delante de todos los clientes.
DIRECTORA SUCURSAL: Tenemos otros amigos colombianos que harían desaparecer su cadáver y el de los testigos en un periquete.
YO: Me estoy empezando a hartar de Colombia.
DIRECTORA SUCURSAL: Pues no debería. Es un país precioso.
YO: Me estoy poniendo enfermo. Quiero irme a casa.
DIRECTORA SUCURSAL: Enseguida ordeno a tres compañeros a que le ayuden a llegar a la puerta. No se preocupe. Nosotros vivimos para complacer...
YO: Son unos Santos.
DIRECTORA SUCURSAL: Recuerde nuestra conversación.

Después de pensar seriamente en mis posibilidades de supervivencia he llegado a la conclusión que debo largarme lo más rápidamente posible a Colombia, hacerme miembro de una mara y trabajar directamente para el banco. Podría ser su enlace o intermediario. Claro que antes tendría que convencer a esa especie de Dóberman de Bankia para que me concediese un mini crédito para pagar el pasaje. Y eso no lo veo factible. Tengo que ser sensato. Necesito mantener el cerebro ocupado o acabaré viniéndome abajo. ¿Y si atracara un banco? Creo que definitivamente he perdido el rumbo.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Email del 23 de septiembre 2014

Ernst Ludwig Kirchner. Lovers (1909)

Amiga:


Debería hacer un esfuerzo, por medio de la teoría y del razonamiento, para llegar a una conclusión satisfactoria. Pero a estas alturas, pensar en algo ilógico sólo puede incrementar el dolor que siento. Sería del todo inútil que hiciera recaer sobre mí todas o parte de las culpas, pues estoy completamente seguro de mis intenciones y de la forma que las he llevado a cabo. El problema es que no puedo quitar de mi cerebro esa sensación de vacío y pena que tanto daño puede hacer a mi naturaleza susceptible. No es fácil olvidar los momentos fotografiados, las sonrisas cómplices, el magma irradiado. Comparto por completo la idea de que "el que quiere puede". Aunque querer no es fácil si uno está demasiado pendiente de su pasado y no intenta optimizar su egoísmo. Además, ¡es tan sencillo continuar la repelente mentira que engrandece la propia leyenda! ¿Y para qué? ¿Todo eso para qué? ¿Para dar conformidad a una autodestrucción planeada? Sinceramente, no comprendo nada. He estado años esperando que sucediese algo. Y cuando al fin ha sucedido, me he dado cuenta de que todavía espero que suceda algo. Pero otro algo diferente. Una especie de "Algo" que acabe de una vez con los falsos principios abocados a verdaderos finales. Soy un niñato idealista que se merece todo lo que le está sucediendo. Incluso me atrevo a llegar más lejos: soy un idiota. Un idiota que ha pasado la mayor parte de su vida ridiculizando al resto de idiotas. ¡Joder! El tiempo que he pasado lubricando mi lengua bífida y buscando entre las luces y las sombras una víctima con la que ensañarme. ¡Estoy recogiendo lo que he sembrado! Y no puedo hacer nada para expiar mis tropiezos.

Evidentemente, no trato de que sientas lástima por mi. Ni siquiera yo soy capaz de llegar a esas cotas de arrepentimiento. Creía en lo que hacía y fui tan estúpido como para no advertir las innumerables señales de peligro que parpadeaban en mi interior. Pero los sentimientos son una forma de envenenamiento cuando no sabes encauzarlos. Ahora debo dominarme y pagar el precio.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Segundo email del 22 de noviembre 2014

George Stubbs. Pavian and albino makake (1798)

Hola otra vez:


Cuando alguien no entiende nada, recibe ciertas órdenes codificadas desde el cerebro que ayudan a aumentar el desconcierto inicial. A menudo pienso en nuestra sublime imperfección, pero no de una forma racional o coherente, sino bastante abstracta, Quizá por esa razón, siempre suelo caer en la misma trampa. Imagínate en un país diferente. Caminas por la calle y la tarjeta del teléfono móvil se bloquea. Intentas teclear la contraseña y fallas en tres ocasiones. No recuerdas el Puk y los nervios te taladran el estómago. Te sientas en un banco y meditas sobre tu desgracia. En menos de dos minutos, el resto de desgracias que arrastrabas se apelotonan en solidaridad con su compañera y la agrupación crece exponencialmente. En poco tiempo el tamaño se hace considerable, y la cadena de situaciones y circunstancias negativas que luchan por salir al exterior para tomar posesión de sus nuevos dominios implosiona con una fuerza equivalente a diez mil preguntas sin respuesta. ¡Preguntas no respondidas! Sólo los primates inferiores son incapaces de contestar una cuestión. ¡Y unos pocos humanos que se sienten superiores! Una raza superior dentro de una raza que se suponía era la superior. Cuentan las leyendas urbanas, que esos seres pluscuamperfectos inhalan las respuestas de sus contertulios para poder alimentar a su Gran Hermano interior, al que le deben sumisión. Mientras todos esos hechos suceden, tú que todavía sigues sentada pensando cómo te ha podido pasar lo de la tarjeta, de repente te das cuenta de que alguna fuerza maligna debe estar maldiciendo desde tu nacimiento hasta ese mismo momento de infortunio en el fino territorio del Aquí y Ahora. Coges el celular y lo lanzas con energía sobre un muro, El muro está completamente cubierto de hiedras reptantes y te lo devuelve a las manos con fuerza. Vuelves a sentarte en otro banco diferente y maquinas una forma de librarte del problema, Pero el problema no es el teléfono. El problema está dentro de ti. Y vivirá contigo mientras intentes escabullirte.

Y ahora recuerda: no tienes cola, pero perteneces al orden de los primates, por lo tanto no eres un puto mono con almohadillas táctiles en las falanges distales de los dedos. No necesitas olisquear el culo del que te precede ni despiojar al que está por encima de ti. ¡Enhorabuena! ¡Eres humana! Bienvenida al planeta de las oportunidades. Pero no olvides traer algunos defectos corregibles para que puedan ser tratados como enfermedades infecciosas. Nuestra sociedad paga los gastos. Tú sólo tienes que demostrar lealtad y fidelidad a quien te lo exija y esté en un nivel superior. En el pasillo siete hay cinco puertas. En el pasillo cinco hay siete puertas. Una de esas doce puertas es la correcta, pero ¿qué pasillo es el que no te llevará a ninguna parte?  Ante este dilema tienes una sola opción: equivocarte y sufrir de nuevo las consecuencias.

Cuando alguien que no tiene cola no entiende nada, siempre intenta rascarse donde menos le escuece.

Email del 22 de noviembre 2014

Alexandre Jacovleff. Still Life with a Table


Hola:


Se llamaba Adolfo. Siempre que necesitaba algo de él sabía donde encontrarlo, pues se pasaba las horas registrando las puertas y las paredes de los puticlubs del barrio chino. Pero no buscaba prostitutas, sino algo que éstas solían llevar sobre cierta parte de su anatomía. Adolfo era coleccionista de ladillas. Conocía todo lo humanamente posible sobre éstos desagradables ectoparásitos y su "Breve tratado acerca del picor insufrible" era un texto de referencia entre los entomólogos de todo el mundo. Pero, por alguna razón, su trabajo no le hacía feliz. Como ya rondaba los sesenta, permanecer tantas horas agachado con una micro-redecilla le sumía en la desesperación más frustrante.

Su madre, una anciana bonachona y de aspecto deprimido le preparaba el desayuno todos los días. Adolfo se lo agradecía con un beso en las mejillas y, cuando ella no lo veía, tiraba las rebanadas a la basura. Nunca le había gustado el pan tostado, aunque pensaba que con un buen chorro de aceite o mermelada de arándanos todavía resultaba tragable. Después de una refrescante ducha solía acostarse y no se despertaba hasta cerca de las ocho de la tarde. A esa hora su madre estaba jugando al parchís en casa de una vecina y él se sentía feliz escuchando el verdadero sonido del silencio. Mientras meditaba sobre su futuro maldecía su pasado. Y cuando esa sensación de fracaso se arremolinaba en su cerebro, sólo conocía una manera sencilla e infalible para relajarse: bailar con una mesa camilla sin agujero circular central para colocar un brasero. Esa mesa era su mejor amiga y, a menudo, su confidente y amante.

Recuerdo el día que vino a mi casa y se trajo la mesa. Después de presentármela y obligarme a saludarla con dos besos me preguntó si la encontraba atractiva. Como mi interpretación de la belleza era completamente diferente a la suya, le respondí que si bien no me parecía excesivamente atractiva, sí la encontraba extraordinariamente resultona. Esa respuesta pareció tranquilizarlo y me pidió que le preparase un té para él y un poco de amoniaco diluido en agua para ella. Como no tenía amoniaco le serví una tacita de limpiamuebles Politus con dos terrones de azúcar. Conversamos sobre varios asuntos y de vez en cuando Adofo le preguntaba a la mesa si estaba de acuerdo. La tarde se pasó en un santiamén y cuando se marcharon sentí un deseo irrefrenable de vomitar.

Hace varios años que no se nada de él. Ni de su novia. Espero que hayan podido ser felices. ¡Es tan complicado salir de un universo propio! O quizá lo realmente difícil no es salir, sino darse de bruces con la realidad y sus consecuencias inmediatas. Personalmente, creo que lo mejor que se puede hacer para combatir esa realidad que tanto nos asusta es dejar de respirar durante tres o cuatro horas seguidas. Y si el resultado de dicha prolongada apnea es la muerte, tomarse ésta con filosofía y largarse de este mundo con una puta sonrisa prefabricada en la cara.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Email del 14 de noviembre 2014

Rene Magritte. The lovers (1928)

Amiga mía:


Nunca he podido controlar el tiempo. Me sucede algo parecido con el espacio. Intento definir ambos conceptos y lo único que sale de mi boca es un estertor. Tengo un amigo que piensa que lo mío no tiene solución. Está convencido de que algún engranaje de mi cerebro está oxidado. Quizá tenga razón. Supongo que debe sentirse como una especie de Einstein y por esa razón presume de su absoluto control. Pero no es así. Hace unos meses, o unos años, o igual no ha sucedido nunca y se lo está inventando mi cerebro, mi colega tuvo una gran bajada emocional de la que se culpaba a sí mismo. Su novia, rubia pero inteligente, intentaba relajarle de la única forma que conocía, es decir, a base de cantidades industriales de sexo del bueno, pero sin sentimientos. Cierto día Gabriel, que es como se llamaba ese sujeto, se largó sin despedirse de nadie y alquiló un pequeño apartamento-cuchitril en una pensión asquerosa y se dedicó a escribir cartas a su pareja. Las cuatro primeras han desaparecido. Supongo que alguno de los dos intérpretes principales creyeron que eran banales o que carecían de alguna clase de valor objetivo. Pero afortunadamente todavía se conservan las seis siguientes y sus respectivas contestaciones:


-CARTA NÚMERO 5 
(Enviada el 23 de febrero de 2009)

Isabel:

Te quiero. Ya sé que empezar un texto de esa forma no es demasiado original. Pero ¿cómo debería hacerlo? Te quiero. Te amo. Puede parecerte cursi. Si es así, te pido perdón.

Supongo que estos días pensarás que algún extraterrestre ha tomado mi cuerpo y por esa razón me comporto de una manera extraña. Te aseguro que mis órganos fundamentales son los mismos y que todavía están gobernados por ese tipo zumbado llamado Gabriel. ¿Sabes? Sólo conversando se arreglan las cosas. ¡Es un hecho! Quizá lo que sucede entre nosotros sea algo normal entre parejas. No lo discuto. De hecho estoy completamente seguro. Pero yo no puedo conformarme. Eres la mujer de mi vida, no otra mujer más. ¡No otra relación más! Te he esperado casi 40 años. ¿Te acuerdas de la magia que había entre nosotros hasta hace menos de una semana? Todo el mundo la podía ver, sentir. Esa magia aún existe, pero como no hagamos algo, se perderá. Cariño, yo no puedo aceptar que eso suceda.

Esta relación es especial. Deberías saberlo. Alguna fuerza superior, en algún recóndito lugar del cosmos, ha ordenado a la Diosa Casualidad que nos uniera para siempre. Créeme, esa Deidad nunca se equivoca. Nos ha juntado para que sigamos resplandeciendo entre nosotros y sobre el resto del mundo. Me fastidia que ciertos elementos humanos quieran romperla por simple maldad gratuita o celos. Ya sabes: si no eres mía no serás de ese tipejo enjuto con aspecto de enterrador, ni del siguiente. Me jode que no me toques, porque me hace suponer que mi cuerpo, por primera vez desde que tengo relaciones, no le gusta a alguien. ¿No le gusta a mi amor? ¡Espero que sea una suposición errónea mía!

Tómate unos minutos y mira las fotos que nos hicimos las tres primeras semanas. Si lo que ves no te gusta, o piensas que no es especial, dímelo y desapareceré de tu vida para siempre. Si por el contrario estás de acuerdo en mi percepción y quieres pasar a mi lado el tiempo que tú creas necesario, muéstrame una sonrisa. Pero una sonrisa Isabel. Ese tipo de sonrisa que me convence de que soy humano y no vegetal; que sofoca mis problemas convirtiéndolos en sensaciones difíciles de definir. Esa sonrisa dulce y picarona que desaloja de mi interior lo mejor que guardo. Y que es para ti.

Voy a terminar este texto de la misma forma que lo comencé, es decir, en plan tontín, pero es lo que me sale del corazón. Y yo no puedo permitirme desautorizar a ese gran músculo que determina mis acciones.

Te amo


-RESPUESTA
(Recibida y enviada el 26 de febrero de 2009)

Amor:

Tu texto no es nada original y tus palabras no son tontitas, simplemente son subnormales. Déjate de rollos idiotas y ven a mi cama. Está muy muy fría. No comprendo que es lo que te sucede. ¿Mi chico está enamorado? Pobrecito. ¿Qué quieres que te diga? Yo prefiero tener cierta parte de tu anatomía dentro y dejarme de idioteces. ¿Para qué sirve estar enamorado? ¿Te gusta sentir ese despreciable cosquilleo recorriéndote el estómago? Pues a mí no. Me recuerda a un cáncer.Y ya sabes que en mi familia ese tema es tabú. Mi padre murió de cáncer. Mi madre murió de cáncer. Mi hermano Manuel murió mordisqueado por varios perros salvajes, pero tenía cáncer terminal. Mis tíos murieron de cáncer. Lo mismo les sucedió a mis cuatro abuelos y a una prima hermana.

¿Relación especial? A lo nuestro le llamas relación especial? Tú no distinguirías una relación especial del superóxido de potasio. Aunque lo que me ha hecho llorar lágrimas de incredulidad ha sido leer esa frase tan relamida sobre la Diosa Casualidad. ¿Te estás medicando, cielo? Las drogas no son buenas. Mi sobrina murió enganchada a los somníferos y tranquilizantes. Mi hermana Marisa falleció mientras intentaba volar de un edificio a otro estando bajo los efectos de la María y algo similar le sucedió al hermano de la sobrina de mi abuela Nicanora.

He estado contemplando nuestras fotos. Y he visto a una chica guapa sonriendo a un botarate. Es una lástima que salgas en casi todas, pues sigo pensando que fastidias mi imagen. Me hace gracia lo de la "sonrisa Isabel". Pero viniendo de un "zumbado" como tú, debe de ser una especie de mensaje en clave.

Mi cama te espera, chato. Pero no por mucho tiempo.


-CARTA NÚMERO 6 
(Enviada el 26 de febrero de 2009)

Isa:

Aparte de ti, nunca nadie se había atrevido a llamarme subnormal. La verdad es que no me importa. ¡Estoy tan enamorado! No voy a entrar en discusiones banales sobre las enfermedades que se llevaron por delante a la práctica totalidad de tu familia, aunque doy gracias a Dios de que haya respetado la tuya. De momento...

Lo nuestro es una relación especial porque para que eso suceda han de darse varios factores al mismo tiempo. Otro día me extenderé en esta cuestión. Ahora sólo quiero decirte que eres mi vida; y que la mía te pertenece al completo. Pero no mi pene. A ese lo tendrás cuando canalices tus sentimientos.

Te necesito


-RESPUESTA
(Recibida y enviada el 1 de marzo de 2009)


No puedes llegar a imaginar cómo odio tu afición a escribir por carta. Comprendo que seas un monstruo prehistórico, pero desde hace muchos años existe algo llamado email. Es más cómodo e infinitamente más rápido. Y no me obliga a saltar de mi silla con dirección al estanco. No es que me desagrade hacerlo. Incluso me gusta. El dependiente está verdaderamente bueno y me pone todo tipo de caritas amables. Creo que pronto te sustituirá en mi colchón de látex. Tú decides.

Me ha entusiasmado lo de tu pene y la canalización. Sólo a un chalado se le ocurriría bautizar a su minga como "Dafne". Mis sentimientos siguen un curso salvaje y NO CANALIZADO. Si alguna vez siento deseos de encauzarlos, llamaré a un albañil. Ahora te dejo. Tengo que ir al estanco.

Mi cama te sigue esperando (Y a Dafne).


-CARTA NÚMERO 7 
(Enviada el 2 de marzo de 2009)

Mi amor:

Escribo en papel porque en el tugurio donde me encuentro no existe conexión a la red. Y porque es más humano. Más emocional. Te quiero. Te quiero. Te quiero. Me importa poco que te guste el estanquero. Hasta donde yo sé, ese tipo es gay. Conozco a su novio de ahora y al anterior. No olvides que vives en mi casa y que el colchón de látex es de mi propiedad. Lo compré en unas rebajas por la tele y me regalaron dos pares de sábanas bajeras y una almohada con forma de mariposa. La misma almohada donde descansa a veces tu hermosa mata de pelo dorado.

Puse "Dafne" a mi pene en honor a Jack Lemmon en "Con faldas y a lo tonto". Hasta que cumplí los 25, "Dafne" se llamaba "Triturín". Luego fue "Aaaahhhh" durante un corto periodo de tiempo, hasta que al fin di con el nombre que ahora luce con desparpajo y salero. Y se quedará así hasta que sea incapaz de levantarse y saludar a una dama.

Eres mi tesoro. Lo sabes. No pienso ir hasta que me quieras. Puedo permitirme malgastar algo de mi tiempo. Ya sabes que soy doce años menor que tú. Dentro de ese lapso de tiempo yo estaré en plena forma, sin embargo a ti tendrán que trasladarte en camilla. Si te traslada el estanquero, el albañil o yo, es algo que sólo tú puedes decidir.

Eres mi todo


-RESPUESTA
(Recibida y enviada el 6 de marzo de 2009)

Querido Triturín:

Con faldas o sin ellas, yo soy una dama y tú sí que eres tonto. La peli que citas se llama "Con faldas y a lo LOCO" o "Some like it hot" (in english). Hot está mi vagina vacía. Como veo que no te interesa rellenarla, he decidido pintar las paredes del dormitorio de color amarillo. Es el tono preferido de Ricard, el amante del novio del estanquero gay. Richi (o Ricard) es bisexual, aunque según me dijo la otra noche, contemplar mi cuerpo desnudo le ha hecho abrazar para siempre la heterosexualidad más indómita. Por cierto, él también tiene esa afición tan masculina y degenerativa de poner nombre a la picha. La suya atiende al nombre de "Colisión".

Desde luego no te equivocas al calcular mi edad. Soy once años y cuatro meses más mayor que tú. Pero cuando a mí me tengan que trasladar en camilla tu estarás en la morgue. Mis amigas siempre han creído que eras mi padre cuando les he enseñado algunas fotos. Una incluso me dijo que no podía comprender que de un tío tan feo saliera una chica tan guapa y preciosa. ¡Es lo que hay!

¿Vas a quedarte en ese antro toda la vida? Si es así deberías poner la casa a mi nombre. ¡Piénsatelo, amor!


-CARTA NÚMERO 8 
(Enviada el 6 de marzo de 2009)

Cielo:

Conozco a Ricard. Intentó darme un morreo en una fiesta en la que coincidimos. Como rechacé sus insinuaciones acabó liándose en el retrete con uno de los hijos de la anfitriona. Al descubrirlos ésta haciendo contorsiones complicadísimas en un sitio tan incómodo y diminuto les invitó a ambos. A su hijo a firmar por varias sesiones de electrosocks en una clínica privada y a tu amigo y su pequeñaja "Colisión" a no volver a acercarse a esa mansión a menos de 50 km de distancia.

¿Tus amigas son ciegas? Si son capaces de confundirme con tu padre, que lleva años muerto por culpa de un puto cáncer, serán capaces de contar cada una de las arrugas que surcan tu rostro. ¡328 enumeré la última vez! Aunque creo que me desconté cuando llevaba 323. ¡Eso sí! la tercera parte de ellas son perfectas en su concepción y desarrollo.

No puedo (ni querría si fuera posible) cambiar el nombre del propietario de la casa. La heredé de mi abuelo Cosme y todavía está a su nombre. Claro que si te haces pasar por anciano y cuela te la regalo desde hoy mismo.


-RESPUESTA
(Recibida y enviada el 6 de marzo de 2009)


¡Estoy embarazada! Creo que tú eres el padre, pues aunque la criaturita debe ser poco mayor que una almendra, molesta de una forma que me recuerda a ti. He decidido abortar comiendo varios kilos de patatas podridas, así que no vale la pena rogarte que vuelvas para encargar otro. Eres tan frío que ni siquiera te afecta la descendencia bilateral. Creo que estoy empezando a quererte por lo que pareces y no por los milagros que hace conmigo Dafne.

Vuelve, por favor...


-CARTA NÚMERO 9  
(Escrita el 9 de marzo de 2009 - No enviada) 

Querida Isa:

Es difícil que esa almendra fuera mía. Me hice una vasectomía cuando volví de la mili. ¿No serían flatos?

Te amo


-CARTA NÚMERO 10  
(Escrita el 10 de marzo de 2009) 

Si piensas que esa frutita seca (almendrita) era en parte mía, deberías peregrinar al Santuario de Nuestra Señora de Lourdes. Quizá no recuerdas (ay, la edad) que una vez te conté como me había vasectomizado cuando regresé de hacer el servicio militar. Seguramente no te enteraste porque estabas muy ocupada cortándome repetidamente para explicarme lo maravillosa y especial que eres.

Pero vayamos por partes: ¿Crees que me quieres por lo que parezco? ¿Y a qué me parezco? ¿A un hombre o una cosa? ¿A un zumbado o a una ramita de brócoli? No creo que ni tú lo sepas. Nunca te ha importado nadie que no fuera Isabel. ¿Recuerdas cuando estampaste uno de mis zapatos contra el espejo del recibidor porque te resaltaba algunos defectos? ¿Recuerdas que al día siguiente intenté ponérmelo y me clavé un trozo de vidrio? Pues así es como veo ahora nuestra relación.

He conocido a una mujer excepcional. Por una de esas aterradoras coincidencias de la vida también se llama Isabel. Y es rubia como tú. Y tiene 12 años menos que yo y 279 arrugas menos que tú. Voy a empezar una nueva vida con ella. Ya no te necesito. Ni siquiera "Chispita" (Aka Dafne) te necesita. Puedes quedarte con el piso y montar una orgía continua en él. No me importa en absoluto. Cuando recibas esta carta habrán sucedido dos hechos importantes: el primero es que me habré mudado. El segundo, y no menos importante, es que me habré comprado un ordenador portátil Samsung. Como no voy a escribir el remite en el sobre, me siento fuerte para escribir lo que pienso. Y pienso que estás loca.

Olvídame, amor. Si me falla la nueva relación volveré al piso o me haré budista.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Email del 12 de noviembre 2014

Henri Rousseau. The artist painting his wife (1905)

Hola:


Mi novia no quiere casarse conmigo. Opina que soy un pesado. Por esa razón voy a pedirle matrimonio al gaitero que ameniza las cenas en "Bobby´s bar". No me gusta demasiado su barba, y los que le conocen dicen que su boca apesta a "Cullen Skink" y a pudding negro, pero tiene un cuerpo que excita peligrosamente a mi tía. Y con eso me basta. Mi primera relación sentimental la mantuve a los 16 años. Se llamaba Lucrecia y era bastante miope. Supongo que esa discapacidad hizo que se enamorara perdidamente de mi. ¡Es extraño! Cuando se puso en manos de un oculista latrafóbico y se sometió a cirugía láser, tardó tres días en recuperar la totalidad de la visión y cuatro en dejarme. Desde entonces mi corazón se ha endurecido al mismo tiempo que otra parte de mi anatomía se ha puesto demasiado flácida.

Mi novia no quiere que fume. Dice que todo el alquitrán que aspiran mis pulmones es tabaco que no puede fumarse ella. Por esa razón he decidido vaciar algunos cigarrillos de nuestro paquete común, rellenarlos de alfalfa y darle el cambiazo. Así mato "d'une pierre deux coups" y puedo retirarme tranquilamente al baño a fumar mientras ojeo las revistas "Atalaya" y "¡Despertad!". Creo que el primer cigarro de mi vida me lo puse en la cara a los 13. Al principio intenté tragar el humo con la oreja, pero al ver que no funcionaba decidí hacerlo de la manera correcta. ¡Puto espíritu de contradicción! La cantidad de problemas que me ha ocasionado. Pero se hace tan aburrido dar siempre la razón y seguir fielmente las normas y disposiciones. ¡Y me gusta tanto oponerme! Por cierto...¿Sabías que hasta hace muy poco era incapaz de pronunciar esa palabra sin sentir ganas de cambiar de gel?

Mi novia no quiere que sea tan escatológico. Cree que mi cara y la materia fecal no combinan bien, aunque se parezcan bastante si se comparan bajo una luz tenue o de ambiente. ¡Joder! ¿Ya no voy a poder hacer chistes sobre excrementos polacos? No es que me guste la mierda, la orina, el semen o la menstruación., pero considero que son palabras inventadas por la gente para escandalizar a ciertos individuos refinados que todavía piensan que no defecan, ni orinan, ni eyaculan o menstrúan. Todos los seres del planeta cagamos. Si alguno no puede hacerlo, en un par de días tiene que desplazarse corriendo a la farmacia a comprar media docena de enemas con sabor a fresa ácida. ¿Y se me acusa de marrano y cochino? No puedo entenderlo.

Mi novia ya no quiere cocinar. Pero tampoco desea pagar a una esclava para que nos guise arroz con pollo o conejo. Y yo me estoy hartando de comer natillas "Hacendado" a todas horas. Ayer me miré al espejo y tenía cara de postre lácteo. Supongo que debería matricularme en una escuela de hostelería y empezar a diseñar mis propios platos. ¡La “alegoría del atardecer rojizo, engalanado con esencias de lágrimas suaves de primavera al estilo Greg” sería mi primera gran creación. No voy a escribirte la receta porque no tengo ni idea de cuales serían sus ingredientes, pero estoy convencido de que con un nombre así de largo y mi patronímico al final debería bastar para ser comestible.


Beso


PD: Mi novia quiere enseñarme a poner en marcha el lavavajillas.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Email del 9 de noviembre 2014

Carlos Saenz de Tejada.The village idiot (1923)

Hola:


Mi enemigo Eutiquio se ha tragado siete clavos y está en coma. Ayer le ordené telepáticamente que se suicidara y él, como buen anormal gilipollas, obedeció como un corderito sumiso. Cuando la palme, borraré su nombre de mi lista y celebraré una fiesta en la soledad de mi habitación. ¡Me gustaría tanto que cada uno de los individuos que viven en este planeta y que todavía conservan su cerebro en buenas condiciones tuvieran mis poderes! Erradicaríamos por completo la estulticia mundial en un par de semanas e instalaríamos un régimen liberal, gobernado por la inteligencia y el razonamiento. Si mis cálculos son correctos, la población total se reduciría en un 91 % y tendríamos que fabricar máquinas subnormales para combatir la añoranza. La ventaja de una máquina imbécil es que cuando te hartas de ella la puedes desconectar y guardarla en un armario. Con un humano idiotizado eso no es posible. Por lo menos si antes no ha sido narcotizado convenientemente.

A menudo pienso en los infusorios. Son tan pequeñajos y repugnantes, sobre todo si se les observa con un microscopio. Me encanta predecir su motilidad, sin embargo, cuando el vaticinio falla agarro unos cabreos monumentales. Mis preferidos, o por lo menos, la familia que goza de la mayor parte de mis simpatías pertenece a los protozoarios. Me es completamente indiferente si su alimentación es heterótrofa, fagótrofa o incluso mixótrofa. Soy plenamente consciente de cada una de sus limitaciones, pero me importa una mierda conocer sus secretos inconfesables. ¿Qué más da si se desarrollan por evolución convergente o fueron creados por un Dios cruel y demente? Viven a nuestro lado o dentro de nuestros cuerpos, y la mayor parte de las veces se contentan con complicarnos la existencia.

Si pudiera volver a nacer haría trampas. Nadie lo notaría. Ni siquiera mi madre. Supongo que una farsa no es tal si no puede ser gozada hasta un límite. Pero cuando el embuste tiene que ver con algún aspecto del Yo, la cosa cambia. Como no poseemos una individualidad definida mantenemos con vida un número considerable de "Yoes". Los acicalamos diariamente y los acariciamos con melosidad. Sabemos que son nuestros comodines y que dependemos de ellos para representar un rol determinado. Algunos tienen forma de máscara y acaban colgados en las paredes, pero una cantidad considerable de ellos se reproducen en nuestro interior y fagotizan nuestros deseos de permanencia e inmutabilidad.

Mi enemigo Eutiquio se ha tragado siete clavos y está en coma. Yo le había ordenado que engullera una docena.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Email del 3 de noviembre 2014

Endre Balint. My room at the Bindendorfs. (1937)


Amiga:


Supongo que todos tenemos una hora mística. Dicen que la que va desde las once a la medianoche pertenece a los muertos. No creo que ese lapso de tiempo signifique algo para los que han cambiado la vida por la muerte, pero no podría asegurarlo ya que nunca he estado muerto. Bueno, eso no es del todo cierto. Una vez, hace muchos años, estuve quince minutos muerto clínicamente, aunque nunca me ha gustado rememorar la oscuridad total que viví en esos instantes. Recuerdo que cuando salí del hospital una enfermera me preguntó si había visto un pasillo iluminado. ¿Pasillo iluminado? ¿Pero qué tontería es esa?

Mi hora mística empieza a las cuatro de la noche. Siempre me ha gustado escribir o tocar la guitarra durante esos sesenta minutos casi exactos. El silencio y la paz mental que se respira es similar a la que percibí en esa oscuridad total de la que hablaba antes. Sólo tengo que vaciar mi cerebro y abrir una libreta o poner los dedos sobre los trastes del mástil para darme cuenta de que no me importa nada ni nadie. Porque me convierto en un Dios y mi habitación es mi Universo. Todo lo que sucede en él me pertenece y puedo variarlo como se me antoje. No tengo que escuchar reproches ni intentar justificar mis actos. A menudo mantengo largas conversaciones con la sombra que dibuja la bombilla de sesenta vatios del flexo. Esa sombra que, aunque tiene mi contorno, no está del todo definida. Por eso suelo hacerle preguntas poco concretas. Otras veces, miro a través de la ventana y los reflejos que producen las luces de los coches me sumen en una especie de trance del que me cuesta despertar. Es curioso lo despacio que pasa el tiempo cuando lo aprovecho.

No entiendo como he podido escribir los dos párrafos anteriores. Acabo de releerlos y los encuentro tan blanditos como los pechos de una anciana. Mi intención era contarte la historia de un tipo que conocí cuando todavía (yo) no era anhedónico. Se llamaba Jeremías y guardaba su dinero en las axilas, pegado con esparadrapo; los billetes de cien y de quinientos en una, los de mil y cinco mil en la otra. Cuando se duchaba, algo que no sucedía muy a menudo, despegaba con mucho cuidado los fajos y los pegaba en el espejo. Nunca corría la cortina porque tenía miedo de que alguien pudiera robárselos. Cuando murió tuvieron que contar la cantidad de billetes que escondía para rellenar el informe policial. Cuatro agentes se pasaron un fin de semana completo sumando el total, pero nunca les cuadraba. Al parecer todos eran de letras y las matemáticas les ponían bastante nerviosos. Como Jeremías no tenía familia, contactaron con su amante para arreglar la herencia. Ésta renunció al dinero pero se quedó con los trozos de esparadrapo.

Cuando era mucho más joven, y todavía lucía un hermoso flequillo de inspiración claramente "Beatle" en la frente, solía coger unas cogorzas monumentales. Y ya sabes, cuando alguien coge cogorzas, sean o no monumentales, siempre suele hacer estupideces anormales. Como sólo son las tres y media de la madrugada y estoy esperando que llegue la hora mística, voy a tratar de relatarte lo que sucedió una noche que llegué a casa con un par de litros de tequila en la sangre. En aquella época teníamos un perro que se llamaba "Picho" y que pasaba olímpicamente de nosotros. Normalmente se comportaba bien, aunque en ocasiones se ciscaba en la alfombra de la salita. Esa noche de marras, Picho estaba durmiendo encima del sofá y saludó mi llegada con un gesto de indiferencia bastante poco aceptable. Como soy la persona menos rencorosa del planeta, olvidé su afrenta y me dirigí tambaleándome al catre. Pronto caí rendido en los brazos de Morfeo y empecé a soñar. Al principio los sueños eran agradables y no di demasiadas vueltas. Hasta que empecé a tener unas terribles pesadillas con un único tema recurrente: la cistitis. Serían sobre las tres cuando me desperté y recordé a Picho y su desgana emocional al recibirme. Así que planeé la venganza. Abrí la puerta del dormitorio de mis padres, que competían en un concurso imaginario de ronquidos, me subí a una silla de plástico y oriné sobre la manta que los cubría. Fue una meada larga y escandalosa que me dejó bastante satisfecho. Mientras me largaba de la escena del crimen no podía reprimir una sonrisa diabólica. Cuando pasé por delante del perro para volver a mis aposentos, éste ni siquiera me miró y se contentó con emitir un ruidito de satisfacción canina. Volví a tumbarme y me puse a imaginar lo que sucedería en unas pocas horas. Lo que sucedió fue que mis padres castigaron al "perrito" a dormir en la galería el resto del año, rebajaron su rancho a unas cuantas bolitas de pienso barato y jamás volvieron a acariciarlo. A partir de ese día, Picho empezó a sentirse solo y poco amado, y yo jamás volví a tener pesadillas.

Quedan quince minutos para que las manecillas del reloj marquen las cinco. Deberían ser suficientes para fumarme un cigarrillo y pensar en un final apoteósico para este email.

Email del 2 de noviembre 2014

Honore Daumier. The beautiful Narcissus (1842)

Hola:


Ayer compré tres filetes de ternera de primera calidad. Mientras regresaba a casa en metro recordé que soy vegetariano, así que se los metí a un adolescente en la mochila sin que se diera cuenta. Hace un par de semanas asistí a una Santa Misa. El cura, de aspecto bastante cangrejil, nos sermoneaba de lo lindo y maldecía nuestros pretendidos deseos lujuriosos. De repente, reparé en mi condición de ateo furibundo y decidí salir corriendo de la iglesia, con tan mala fortuna que me tropecé con las piernas de una abuela que trataba de acercarse al Supremo en posición de genuflexión. El ruido que mis 80 kilos hicieron al golpear el suelo fue descomunal y algunos corderos de Dios se pusieron a balar y unos pocos huyeron en estampida. Creo que tengo serios problemas de amnesia. Iría al médico para que me tratase, pero he olvidado cómo se llama, su número de teléfono, donde tiene la consulta y las medidas corporales de su criada rumana. ¡Mierda! ¡No quiero seguir envejeciendo! Pero tampoco aguantaría retroceder uno o varios años en el tiempo. Recuerdo que cuando tenía 35 tacos era un prodigio de la naturaleza. Me paraban por la calle mujeres, hombres e incluso algún que otro animal de compañía y siempre querían lavarme los pies. Yo solía negarme porque no llevaba encima ninguna palangana y el jabón exfoliante para las extremidades que usaba en aquella época era inusitadamente caro.

Quedan dos meses para mi cumpleaños. Me gustaría tanto que cayera un meteorito sobre el planeta, así me evitaría pasar por ese mal trago. Además, ya casi nadie me regala nada, excepto ropa interior. Con toda la que tengo podría montar una tienda de "Gregory´s secret". A mis amigos les suelen regalar ordenadores, smartphones, consolas o televisores de plasma con pantalla ovalada. Y eso que son más feos, bajitos e ignorantes; y no desprenden la sexualidad salvaje irrefrenable que escapa a borbotones de mi impresionante cuerpo. Menos mal que por encima de todo soy un tío modesto. Detesto a la gente altiva que incrementa sus cualidades por el mero hecho de sentirse único o especial. Sólo expreso la verdad. Incluso intento minimizarla para que nadie pueda sentirse herido. ¡Joder! Soy tan empático. Y simpático, carismático, diplomático, pragmático y somático. ¡Pero me quiero tan poco! Si pudiera doblarme lo suficiente como para poder chupármela sería el "ser superior" más feliz del Universo!


Un abrazo