viernes, 13 de junio de 2014

Email del 13 de junio 2014

Glenn Brown

Amiga:


Ayer escribí la monstruosidad que vas a leer en unos segundos...



La editorial Insanía acaba de publicar la segunda recopiación de textos escritos por pacientes psicóticos procedentes de varios hospitales psiquiátricos de diferentes países de la Comunidad Europea. En este volumen podemos encontrar 43 relatos de pequeña o mediana extensión que discurren por universos muy diferentes al nuestro. Gracias al amable acuerdo establecido entre este blog y los propietarios del Copyright, en el que se permite la reproducción de uno de esos documentos, nos complace presentar en exclusiva el titulado "La trampa", escrito por un sujeto afectado de esquizofrenia hebefrénica que se suicidó unas pocas horas después de escribirlo.


LA TRAMPA

Estaba contento por asistir a una conferencia de Victor Patiño, el líder del partido antiglobalización al que había otorgado mi confianza y mi voto. El discurso, bastante agresivo y repleto de mala uva discurría por los derroteros habituales, que no eran otros que atacar con dureza y algo de comedimiento a los poderes fácticos establecidos:

"He oído decir muchas veces, que para que esta clase de sociedad autótrofa que hemos inventado se desarrolle sin contratiempos, antes es preciso que funcionen cada uno de los engranajes que la constituyen. El problema es que una de esas piezas, quizá la más importante, está mal diseñada pues corresponde al ente humano que, lejos de intentar avanzar de forma racional y ordenada, prostituye sus sentidos sin ningún tipo de remordimiento, arrojándose en brazos de los falsos gurús que gobiernan con mano férrea la mayoría de las instituciones."

A partir de aquí, algo raro sucedió, pues su prosa, hasta entonces comprensible y penetrante, se tornó en una especie de galimatías sin sentido:

"Mientras se pertieven y dedragan con agreglía isunidata, uh uh , esos flasos protefas nos connedan al frasaco aslobuto. Es nusetro beder nedeter etsa inmafia que  ..."

De pronto y sin que nadie se lo esperara, Victor sufrió una transformación corporal bastante asquerosa y delante de todos nosotros se convirtió en el secretario general del partido de la oposición. Dando una patada a los restos sanguinolentos que habían quedado de su anterior cuerpo y que descansaban sobre el suelo prosiguió con el discurso, aunque de una forma totalmente diferente:

"Necesito una piscina más grande. La que tengo se ha quedado pequeña. Vosotros me la construiréis. Vosotros y vuestros padres ancianos, vuestros hijos necesitados de disciplina y vuestras mujeres que os soportan pero os aborrecen. Y cuando acabéis de construirla os asignaré otros trabajos igual de reconfortantes. Nunca volveréis a estar ociosos, porque un vago es un horizonte equivocado, una senda que no conduce a ninguna parte, una realidad frustrante para la sociedad que yo voy a construir. Y si se han de cubrir las calles con vuestra sangre aguada y roja, no me preocupa, porque vuestros parientes cercanos se encargarán de limpiarlas. Quiero un pueblo que pueda sentirse orgulloso por haber sido domesticado, pero que al mismo tiempo sea dinámico y carente de ideas propias. Quiero una nación de hombres y mujeres con mente cándida y programable. Vosotros deberéis construir vuestro nuevo mundo, que no será más que una extensión del mío propio, pero sin tantas comodidades.

A estas alturas de la alocución no se podía escuchar ni un ligero murmullo, pues la concurrencia estaba totalmente alucinada. Como había sucedido unos minutos antes, sus palabras empezaron a salir de su boca de forma desordenada:

"Votrosos sios narce de mi narce y gansre de mi gansre. Hu hu. En vuetsros cebreros adre el iaedl de la zarra surepior que ..."

Y como si de una mala película de ciencia ficción se tratase, la cosa volvió a metamorfosearse y recuperó su estado primigenio, el de Victor Patiño, líder del partido que siempre me convencía:

"Lo que queremos es esa perfecta unión entre libertad y patria; no entre esclavo y patrón. Queremos sentirnos orgullosos de nuestro futuro, pero sin olvidar nuestro pasado. Perdonaremos las afrentas, pero no volveremos a permitirlas. Urdiremos y llevaremos a cabo la última y verdadera revolución. No somos obreros sin dignidad, somos la dignidad que moverá nuestros propios destinos. Ningún traficante de carne se beneficiará de nuestros sueños. Os lo prometo. Ningúna religión nos dictará sus normas. Os lo prometo. Os lo prometo. Y os prometo que soculianeremos uh uh. soculiaremos la sicris ecisxential que...que... Uh uh. La sicris exiscentrial...ecistren..."

Se me hace tan difícil escribir sobre lo que sucedió a continuación... Durante cinco minutos que se hicieron eternos, ese ser que no parecía humano volvió a transformarse en uno u otro de los líderes, una vez tras otra, y en un momento dado, en dos a la vez. Recuerdo que la gente corría sin rumbo. Algunos se quedaron petrificados y en sus rostros se podía ver reflejado algo parecido al terror cerval en estado puro. Los que corrían, gritaban mientras se pisaban los unos a los otros. Por alguna razón yo ni siquiera pestañeé. Después de la ultima mutación, el ser explotó. Y sus vísceras, semejantes a ramas carcomidas impregnadas en savia de un color irreal, se estamparon por las paredes y el olor fétido de la putrefacción envolvió nuestros cuerpos.

No recuerdo cómo llegué a mi casa. Tampoco quiero recordarlo. Ahora estoy sentado sobre mis talones escribiendo lo que he visto. O lo que creo que he visto. No lo que he soñado, porque si de algo estoy seguro, es de que fue cualquier cosa menos una pesadilla.

jueves, 12 de junio de 2014

Email del 12 de junio 2014

Tom Wesselmann. Study for seascape prick (1960)

Hola:


He terminado de escribir "El hombre que no se masturbaba", un cuento sobre un pobre tipo que no podía proporcionarse placer a sí mismo porque tenía el pene en la espalda. Augusto, que es el nombre del protagonista, nació con esa terrible malformación debido a un gen defectuoso y no tuvo más remedio que aprender a vivir con ella. ¡Y no lo hacía nada mal! Su problema principal, aparte de alguna que otra burla cuando era adolescente, se presentaba a la hora de mear, aunque sus padres pronto lo solucionaron haciendo que le construyeran una letrina especial con forma de mochila. La mayor parte de la obra se centra en sus años prepubescentes y sólo a partir del capítulo XXII entro de lleno en su dificultad para masturbarse y, sobre todo, para mantener relaciones sexuales sin provocar grandes risotadas a sus parejas, generalmente prostitutas baratas o ninfómanas bizarras.

Como no me atrevo a releer mi propio texto, he contratado a un invidente para que lo corrija y me dé su opinión. Si todo sale como tengo previsto, lo enviaré a la editorial la próxima semana y supongo que me será devuelto en un plazo de dos o tres meses con alguna nota ultrajante grapada en el anverso. Nota que ira directa a mi álbum de "Insultos editoriales" que ya está adquiriendo un volumen considerable y que pienso editar por mi cuenta cuando crea que ha llegado el momento oportuno.

La verdad es que no tengo mucho más que contarte. Me siento un poco aterrorizado porque hoy empieza el mundial de fútbol que traerá sobre la humanidad estulticia y memez a raudales. Por lo demás, la semana va tocando a su fin, y con ella algunas de mis ambiciones, como la de llegar a convertirme en ex humano. Pero ese es un tema que ahora no quiero tocar.


xoxo

miércoles, 11 de junio de 2014

Email del 11 de junio 2014

Paul Cézanne. The kiss of the muse (1859)

Hola:


Hasta ayer nunca releía lo que escribía, supongo que por eso continuaba escribiendo. Por alguna extraña razón esta mañana me ha dado por revisar unos viejos textos y como consecuencia, he estado a punto de saltar desde el balcón. Dicen que los cadáveres no pasan verguenza. Ese sentimiento ocasionado por la humillación sólo está reservado a los que creen que están vivos. A veces pienso que los muertos disponen de grandes ventajas y muy pocos inconvenientes. Entre éstos últimos el más importante es que no pueden escuchar a Peter Hammill, Frank Zappa o Sun Ra. Ni revisar una y otra vez los films de Bela Tarr, Alexander Sokurov o Krzysztof Kieslowski. Bueno, puede que existan bastantes razones para seguir manteniéndonos con vida, pero de igual modo, se me ocurren muchas otras para no despreciar definitivamente esa sublime perfección natural denominada muerte. Pero estoy alejándome del punto principal de este email que no es otro que el bochorno que uno puede llegar a sentir por su absoluta falta de talento. ¡Quizá debería dejar de escribir y dedicarme al contrabando de supositorios! Tú eres pintora. Mi pregunta es: ¿nunca has intentado rajarte las venas después de contemplar tus primeros cuadros?

Un buen amigo mío al que hace años que no veo, seguramente porque falleció en un accidente de coche en el verano de 1994, decía que excepto violarse a sí mismo, cualquier otro tipo de creación artística está condenada a la demencia. Y aunque en su día no podía estar más en desacuerdo con él, ahora empiezo a verlo todo realmente claro. Por supuesto no voy a violarme; soy demasiado fuerte como para dejar que mi otro yo me fuerce sexualmente, pero sí estoy convencido de que debería matricularme en una academia nocturna para estudiar cómo volverme loco en menos de tres meses. Quizá de esa forma aprendería a convivir con mis limitaciones.

No recuerdo donde leí que sólo los artistas que fumen Marlboro estarán en condiciones de alcanzar el Nirvana creativo. Creo que fue ojeando un catálogo de Philip Morris, aunque no lo puedo asegurar. De todas formas, esa estúpida publicidad no va tan desencaminada. Yo escribo mejor con uno o varios cigarros en la boca. Lo he comentado a menudo con mis colegas y casi todos me dan la razón y, de paso, me piden un cigarrillo. Uno de ellos, sepulturero de profesión, ha llegado incluso a afirmar que cuando fuma ve preciosa a su mujer, pero que cuando no lo hace, le parece un monstruoso espantajo. Lo curioso del caso es que este tipo no está casado, es gay y además no fuma.

Llegados a este punto no puedo dejar de pellizcarme, pero tampoco puedo dejar de hacerme algunas preguntas para las que todavía no he encontrado ninguna respuesta: ¿Para qué sirve expresarse artísticamente? ¿Qué cojones significa la palabra "emoción"? ¿Es más importante la obra que su autor? ¿Es aconsejable obviar la belleza en pos de la subjetividad? ¿Existe una conexión entre obra artística, voluntad, intelecto y espíritu? ¿Por qué se le da tanta importancia a la inspiración basada en los sentimientos? ¿Dónde se esconden las musas?


Un saludo

martes, 10 de junio de 2014

Email del 10 de junio 2014

Andre Petterson. Tome release

Amiga mía:


Me encanta el escritor Oscar Latorre, que a menudo suele ser citado como discípulo de Vicente Sanchez Matas, aunque nadie sabe quienes fueron ninguno de los dos. La fuerza de la enigmática prosa de Latorre reinventa las propuestas más radicales de la obra de Matas y las convierte en audacia y frenesí. No puedes llegar a imaginarte cómo me seduce el personaje de Arturo, protagonista absoluto de "El cenicero de papel", que es capaz de esconder el monedero de cuero nuevo de su padre en un florero y acusar a su madre de robo con premeditación, ocasionando una ruptura familiar que tendrá funestas consecuencias cuando el jardinero Adolfo, un ser simple pero repleto de maldad, pinte las flores rojas de los geranios de azul añil y se acueste con una azada rota que perteneció a su tío Jonas, fallecido en extrañas circunstancias cuando se disponía a orinar en el arriate de petunias. Se rumorea que esta novela fue escrita casi en su totalidad en estado de conmoción etílica y que en un principio iba a titularse " Manipulando un pimiento verde", pero que el autor fue obligado a cambiarlo por orden de su amante francesa hipocondriaca, Aurore Montesquieu, a la que le repugnaba todo lo que estuviera relacionado con la ingestión vegetal.

De los cuatro libros suyos que he tenido el placer de leer, ninguno me ha proporcionado tantos momentos de plenitud ensoñadora como "La última vez que estornudé", ensayo poético sobre la viscosidad variable de la saliva donde, por medio de un lenguaje abstracto y a veces incluso impreciso, analiza el funcionamiento de las glándulas salivares menores cuando se sufre un repentino y violento ataque de tos. Te voy a copiar uno de mis párrafos preferidos:

"Manifiesto mi sentido de identidad y dependencia hiposalivando, porque de todos los atributos fundamentales del ser humano, sólo los fluidos orgánicos nos definen como entes superiores. Cuando la baba recorre libremente las comisuras de mis labios y se escurre por el mentón es cuando de verdad entiendo lo que significa estar vivo. No hay nada que me reconcilie tanto con la existencia como sentir la calidez de un pecherín o un pañuelo de seda fina aplicado con diligencia sobre la humedad resbalosa que se dibuja sobre mi piel. Si existe algo que en verdad lamento es que ninguno de mis amigos o seres queridos me deje escupirle. Esputando transciendo esa fina línea que delimita la razón de la locura y me transformo en un superhombre, pero no a la manera nietzschiana, sino abrazando firmemente el concepto de lo que podríamos llamar "voluntad hídrica estabilizadora". 

No te molesto más. Espero que tengas un día perfecto. No olvides que la imperfección es la causante de la decadencia.


Greg

domingo, 8 de junio de 2014

Segundo email del 8 de junio 2014

Zdislav Beksinski. Untitled 410

Hola:


Ayer por la tarde, mientras paseaba por un parque bastante cercano a mi barrio, escuché un dialogo perturbador entre dos tipos que me sumió en un estado de terror puro del que todavía no me he recuperado.

SUJETO 1: Amasita morasin hama hama hama.
SUJETO 2: Amasita hama. Amasita hisin.
SUJETO 1: ¿Amasita hisin?
SUJETO 2: Amasita hisin igh ortofinda musala.
SUJETO 1: Hama hama hama.
SUJETO 2: Hisin hisin hisin.
SUJETO 1: Amasita morasin.
SUJETO 2: Amasita morasin.

Unos minutos después me hallaba en la comisaría denunciando los hechos. Delante de mí, sentado sobre una mesa vieja repleta de papeles doblados y una pantalla de ordenador en la que bailaba un protector de pantalla de peces rojos nadando hipnotizados, se encontraba un sargento de aspecto bonachón e imperturbable.

-¿"Amasita moragin rana"?- me preguntó mientras intentaba tomar nota sobre una hoja en la que destacaba un membrete oficial.
-No, "amasita morasin". ¡Morasin! Y luego gritó "hama hama hama". Nada de rana, -le contesté agraviado.
-Usted ha dicho amasita moragin. Le he escuchado perfectamente.
-Pues me ha escuchado mal o yo no me he explicado bien.
-Prosigamos. Después de "hamanita hama" qué dijo?
-No, no no. El tipo dijo "hamanita morasin hama hama hama" a lo que el otro fulano contestó "amasita hama, amasita hisin".
-¿"Amasita hisin"?
-Exacto, "amasita hisin". Y luego el primero añadió "amasita hisin igh ortofinda musala".
-Ortofinda m-u-s-a-l-a. ¿Se escribe así?- me preguntó mientras deletreaba letra a letra.
-Por lo menos fonéticamente yo lo escuché así.
-Continúe por favor...
-Pues al final intercambiaron unos "hama hama hama" y unos "hisin hisin hisin" y se despidieron con el "amasita morasin"
-¡Bien! Ya he tomado nota. Personalmente me parece una conversación banal sobre los beneficios de las verduras frescas, pero haré caso a su intuición y se la enviaré por los cauces correspondientes a mi superior, el teniente Castillo.

Desde entonces nadie se ha puesto en contacto conmigo. Ni siquiera desde el Ministerio del Interior. Estoy convencido de que se cuece algo gordo, aunque si he de hacer caso a ese sargentillo imbécil, seguramente lo único que se cuece es una gran ensalada de lechuga y berros. Ya veremos. Yo me siento satisfecho porque he obrado como se debe en un caso como este. ¿Cuántas veces escucha uno "amasita morasin hama hama hama" en una conversación normal? Bueno, una vez escuché a dos ancianas conversar en un idioma muy raro, aunque luego comprendí que hablaban en castellano, pero no tenían puestas sus dentaduras postizas. Sin embargo, ellas se entendían a la perfección. Quizá pienses que soy un poco susceptible a los lenguajes foráneos. Es posible. Es muy posible. Pero no puedo dejar de escuchar en mi cabeza ese diálogo ininteligible que me está complicando la vida.

Te mantendré informada.


Greg

Email del 8 de junio 2014

Alexandre Gabriel Decamps. El mono pintor también llamado Interior del estudio (1803-1860)

Querida:


El talento está tan caprichosamente repartido como el resto de atributos otorgados por la naturaleza. Algunos nacen con ese don y saben aprovecharlo. Por el contrario, existe una gran mayoría de sujetos que aunque carecen por completo de él, están convencidos de que lo tienen y no se cansan nunca de intentar demostrarlo. Mientras llevan a cabo sus pomposas ostentaciones, un poder extraordinario crece en sus interiores, transformando las pocas cualidades positivas que todavía podían quedarles en una especie de magma orgiástico de egocentrismo concentrado tan denso como el lodo glutinoso y que es francamente difícil de soportar. Claro que también son terriblemente insoportables los individuos que llevan hasta el paroxismo el perturbador e indestructible arte de la modestia desatada. Conozco tipos que son capaces de hablar de sí mismos durante horas sin ni siquiera tomarse una pausa para repirar o tragar saliva, y que suelen terminar sus cadencias abrasadoramente petulantes con una serie de variaciones clásicas, diseñadas por semidioses en estado de conciencia errática, que sólo demuestran absoluta debilidad. Ya sabes, del tipo de "todo lo que escribo no vale nada", "me gustaría tanto pintar como Rembrandt" o "ninguna de mis composiciones perdurarán porque son realmente malas", por ponerte unos pocos ejemplos representativos.

Por esa razón, el creador, el auténtico creador, el artista, debería permanecer callado siempre porque su obra, buena, regular, desconcertante o fallida, se expresa por él. Así, ese embriagador mutismo se convertirá en distinguido éxtasis para cualquiera que intente, y consiga, traspasar la puerta de su universo creativo particular. Entonces, cada una de sus propuestas, tanto lógicas como irracionales, será entendida como un posible beneficio legítimo y las poco probables pérdidas se equilibrarán, eso sí, perdiéndose en el proceso parte de esa aureola mágica que, según parece, acompaña al propio desarrollo creativo.

Para terminar, quiero hacerte una observación de extraordinaria importancia. Me resulta sumamente difícil aplicar a mi persona los criterios desarrollados en los dos párrafos anteriores. Carezco por completo de talento literario (o de alguna clase) y tampoco me gusta parecer falsamente modesto. Digamos que (sencillamente) soy un fraude, un payaso o un charlatán embaucador. O quizá, las tres cosas a la vez.


Un saludo

sábado, 7 de junio de 2014

Email del 7 de junio 2014


Stuart Morle. Pope (2013)



Amiga mía:


Soy ateo desde los 14 años. Hace algunas décadas tuve que asistir obligado a una misa. No te voy a contar la razón porque necesitaría perder demasiado tiempo. Tiempo que ya no tengo. En realidad fue un oficio diferente, pues al finalizar éste, unos loqueros se llevaron al párroco. Voy a tratar de transcribir su homilía tal y como la recuerdo.


Queridos feligreses:


Uno de mis trabajos como pastor es oficiar bodas y funerales. Ya sé que os he dicho esto antes pero volveré a repetirlo por si algunos de vosotros no lo recordáis: no me gusta oficiar esponsales. Prefiero enterrar antes que casar. Aun así, realicé el casamiento de un hombre y una mujer que fumaban marihuana. Se supone que la gente que asiste a una boda son familiares y amigos cercanos, ¿no es cierto? Pues a esa ceremonia sólo asistieron los miembros de un club de cultivadores de Cannabis y tres ciervos jóvenes. ¡Sí! No creáis que me he vuelto loco. Deduje que eran subadultos por la librea juvenil que rodeaba sus cuerpecitos. Y porque sus cuernos eran tan pequeños como los ventrículos de vuestros corazones. Mientras yo intentaba casar a esos desdichados, los cultivadores fumaban y los ciervos rumiaban. Hasta que llegó un momento, seguramente debido al humo negro que impregnaba cada átomo de aire, en que me vi intentando casar al hombre con un ciervo y obligando a la mujer a rumiar entre dos de los agricultores. Cuando por fin pude terminar los esponsales, un cultivador me dio un beso en la boca y uno de los ciervos me corneó en un testículo. Os lo mostraré. ¡Mirad! Acercaos y comprobad la cicatriz. ¿Podéis verla? ¡Tocadla sin miedo. Pasad la mano. 

Ahora, retiraos a vuestros asientos para que yo pueda proseguir con el sermón. ¡Bien! El mundo en que vivimos tiene un único camino y esto es lo que nos dice ese camino: busca siempre ser el número dos, pues si eres el primero en todo, tendrás que justificarte continuamente, mientras que si te quedas en segundo o tercer lugar, nadie te pedirá prestado dinero. Yo entiendo lo mucho que os cuesta hacer sacrificios. ¿Acaso nuestro señor no se sacrifica a cada segundo por vosotros, pedazos de estúpidos? ¿Cuándo vais a dejar de fornicar? ¿Cuándo vais a encomendar vuestros cuerpos carcomidos por la envidia y el alborozo carnal en pos de la libertad del alma? ¡Fornicadores! ¡Sois unos fornicadores lujuriosos! ¡Y yo detesto con todas mis fuerzas a los fornicadores! Sobre todo a los que no saben distinguir una erección de una crucifixión. ¿Habéis fornicado alguna vez estando crucificados? Yo sí. Y os aseguro que es un ejercicio francamente difícil. No está al alcance de vuestras pútridas emociones. Por esa razón no puedo dejar de preguntarme cuál es el sentido de vuestras existencias. ¿Sabéis lo que he visto en la vida? He visto tristeza. He visto desconsuelo. He notado vuestra apatía. Tratad de volver la vista atrás. Intentad borrar de vuestros recuerdos las malas decisiones. 

Mi pensamiento de hoy es el siguiente: Jesús fue el hijo de un humilde carpintero. Cierto día, más o menos cuando tendría unos 20 años, contestó a su padre de una manera tan insolente que éste le golpeó la cabeza con un raspador. Podéis comprobarlo viendo la herida en el sudario de Turín. Justo al lado de las cicatrices que dejó en su santo cráneo la corona de espinas. Si sois incapaces de apreciar esa marca, compraos unas gafas graduadas. Y de paso, graduad vuestros lamentos de incertidumbre predicando la moderación como virtud esencial para alcanzar el cielo. Sabed que allí, en ese cielo misericordioso, no está permitido el amancebamiento libidinoso, impúdico, vicioso, pornográfico. Si necesitáis gozar de los placeres de la carne y la perversión lasciva es mejor que sigáis a Lucifer. Yo conocí a ese demonio cuando fui joven. Todavía le debo un favor. 

Ahora, para finalizar esta homilía, quiero deciros algo: a veces pasamos momentos duros y el gozo fervoroso hace aguas. Dejad que Dios os escriba la vida o por lo menos, dejad que os escriba el epílogo y algunas notas a pié de página. No os contentéis con seguir un guión redactado por la decadencia. Comportáos como lo que nunca habéis sido. Actuad si es preciso. Y respetad a los ciervos jóvenes. ¡Pero alejaos velozmente de cualquier granjero que tenga las pupilas dilatadas!

Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos no necesitan comprar gamuzas.

jueves, 5 de junio de 2014

Email del 5 de junio 2014

Pablo Picasso. Guitar i love Eva (1912)

Amiga:


Hacía varios meses que no descolgaba de la pared ninguna guitarra. Bueno, eso no es exacto, las descuelgo una vez a la semana para quitarles el polvo, pero nunca intento tocarlas. Bueno, las toco para poder quitarles el polvo, claro. Me refiero a que nunca intentaba... ¡Comencemos otra vez! Hacía varios meses que no me apetecía tocar la guitarra. Sin embargo ésta mañana, incluso antes de cepillarme los dientes he sentido la necesidad de cogerla e intentar componer algo. Y las musas han sido complacientes conmigo. En menos de 30 minutos ya tenía una canción enterita a la que he titulado "El rock de la endogamia sindiasmica" y que creo que es verdaderamente salvaje, bestial y muy poco autocomplaciente. Te transcribo parte de la letra:

Me acuesto con mi tía
Me acuesto con mi sobrina
pero no me acuesto con mi abuela
porque me recuerda a una habichuela

Persigo a mi prima
Persigo a mi nuera
pero no persigo a mi suegra
porque no se lava y está negra

Estarás de acuerdo conmigo en que la prosa no es especialmente brillante, pero ten en cuenta que es una cancioncilla dirigida a ese público retrasado mental que no sabe distinguir entre un aria de Puccini y el ruido sibilante que produce un ataque asmático. De todas formas siempre estoy a tiempo de cambiar algún verso. De lo que me siento verdaderamente orgulloso es de la melodía. Te voy a tatarear el estribillo:

Nanaaaaaanana naaaa nanana naaaaaa naaaa na na

Supongo que te habrás quedado anonadada con esa preciosa sucesión de notas envolventes y de carácter lineal, que están más cerca del gamelán balinés que de la música pop contemporánea. Me encanta que el contexto armónico oscile en torno a un centro modal intrínsecamente relacionado con su própio ritmo, pero sin excederse en las diferentes variaciones o texturas de sus intérvalos de octava. No sé si me habrás entendido. Si es así, te ruego que me lo expliques porque yo me he perdido a partir del vocablo "modal". De todas formas, estoy tan seguro de que va a ser un éxito que ya he empezado a comprar profilácticos para beneficiarme a todas las groupies.

Pero...necesito un nombre artístico que sea sencillo y no se olvide rápidamente. ¿Qué te parece "Tiburcio el magnífico"? Demasiado rebuscado y poco sensual. ¿Lucerín de Benimaclet? ¿López Star? Bueno, no hay prisa. Ya daré con uno que se distinga del resto en el firmamento de las estrellas musicales. Te mantendré informada. Ahora voy a tratar de componer una sinfonía cuya melodía me ronda la cabeza desde hace cinco minutos.


Un beso

miércoles, 4 de junio de 2014

Segundo email del 4 de junio 2014

Glenn Brown  

Hola de nuevo:


"A continuación, voy a extraerme un globo ocular con la ayuda de una cuchara sopera." Con estas palabras comenzaba el video que subí a YouTube y que fue censurado en menos de cuatro horas. Como soy un malperdedor nato, volví a filmar otro video amputándome un testículo con un cuchillo Santoku y el resultado fue el mismo: volvieron a censurarlo a las pocas horas. Repetí la operacion tres veces más el mismo día. En la primera de esas intentonas me corté una oreja pinchándola repetidamente con un tenedor de trinchar. En la segunda me rajé un pezón con un rayador de queso. En la tercera extraje dos metros de intestinos con un sacacorchos plegable. Ninguno de esos vídeos permaneció online el tiempo suficiente para que pudiera ser admirado y votado. Pero me llegó una carta de un fabricante de cubertería de alta gama dándome las gracias por hacer propaganda de los utensilios de cocina y rogándome que me convirtiera en el hijo que nunca había tenido. A día de hoy todavía no he aceptado su propuesta, pues la última vez que tuve un padre, el resultado no fue todo lo satisfactorio que yo había esperado.

Quizá si en lugar de subir casquería hubiese prefabricado un insulso vídeo con caídas preparadas o cantando una canción de Perales mientras cabalgaba sobre un perro cojo pintado de rosa desde la trufa hasta la punta del rabo, el desenlace hubiera sido diferente y ahora estaría congratulándome por haber recibido siete millones de visitas en diez minutos. Pero no pienso dar mi brazo a torcer... ¡Caray! ¡Qué magnifica idea! Voy a torcerme un brazo con una retorcedora de hilo que le robé a mi abuela antes de que se volviera completamente loca y se presentara al concurso de Miss Teenager Spain 2012. Lo filmaré en un plano contrapicado y con una iluminación expresionista, así quizá logre pasar desapercibido para los despóticos censores de ese afamado sítio web.

Aunque si lo pienso, sacaría mas partido creando un blog sanguinolento. Podría llamarse "Ampútateel.com ", "desangracionistas.es " o incluso "YouSangre". Creo que voy a considerar la idea, pero antes he de sacar 7000 euros para pagar a Dios por permitirme vivir seis años más. Me pedía 8500, pero después de un gran regateo en el que exhibí mi lado más charlatán pude sacarle un pequeño descuento. Por cierto, ¿a tí cuanto te cobra?


Un abrazo

Email del 4 de junio 2014

Bruce Nauman. Untitled hand circle (1996)

Hola:


Esta madrugada te he escrito un email que no me he atrevido a enviarte por su incoherencia, pero es que cambiar de marca de tabaco me ha trastornado. Al final he decidido mandártelo, pero no sin antes explicarte las diferencias fundamentales entre sus tres únicos párrafos. El primero es bastante lloriqueante, ya sabes, de esos que escribo cuando siento que algo en mi interior no funciona correctamente y prefiero echar las culpas de mis incapacidades sociales a la gente. El segundo, bastante más irreal y ensoñador, es ininteligible incluso para mí. El tercero es demente y no debería ser leído por nadie que no haya cumplido los 80 años y tenga claro que en la oscuridad de la futura muerte se encuentra la respuesta a cada una de las preguntas fundamentales. Bueno, será mejor que lo leas y opines:


Ya sé que no tengo ningún motivo extraordinario, pero hoy me encuentro más infeliz que de costumbre. Me gustaría sacar la cabeza por la ventana y gritar mil improperios a cada uno de los imbéciles que caminan sin rumbo aparente, sin razón, simplemente porque necesitan sentir que sirven para algo. Podrían quedarse sentados en algún rincón de sus hogares estirándose el pelo con las manos, pero prefieren pasear su maldita vulgaridad para demostrar que tienen todo controlado, que son los dueños de sus propias circunstancias (y de las de la gente que les rodea), que no existe ninguna fuerza en este irreal mundo que sea suficiente para acabar con sus miserias, sus complejos y, sobre todo, con sus preciosas mentiras. Sí, esas mentiras que fabrican para protegerse. Esas mentiras que tienen el doble de tamaño que sus frustraciones más intimas y que gracias a una cualidad mágica transforman en verdades aparentemente controladas. Creen que es preferible vivir como héroes y sufrir como humanos. Mientras se preparan para conseguir la gloria que representa estar rodeados de múltiples posesiones, se olvidan de que existe un rincón sombrío en cada corazón que rechaza sistemáticamente sus pretensiones.

Hoy es un día especial. Mi reflejo en el cristal me saca la lengua y se burla de mí. Yo le hago muecas obscenas con la mano y la imagen reflejada desaparece. Golpeo el vidrio conteniendo la fuerza y éste se dobla. Curvado tiene mejor aspecto. No sé qué sucederá cuando intente cerrar la ventana. Trato de no preocuparme, pero una risa sorda que se escapa del interior de la convexidad me hiela la sangre. Decido hacer algo que nunca he hecho, pero al no haber sido hecho con anterioridad me sale mal. Repito la operación varias veces hasta que llega un punto en el que me siento satisfecho de la acción y me felicito esbozando una sonrisa. A veces las influencias producidas por una idea tienen la capacidad de alterar las percepciones. No sé si eso es bueno o malo, pero me ayuda a destruir a los demonios interiores.

Me gusta jugar a papás y mamás con las manos. La derecha es el padre. La izquierda es la madre. El padre engaña a la madre, y ésta, para vengarse, se esconde en mi entrepierna. Al cobijarse en ese lugar desata la ira de un músculo que tiene la capacidad de crecer o contraerse. Mientras la mano derecha que representa al progenitor busca a la que cree que es su puta particular entre las axilas, ese músculo milagroso se deja acariciar por la mano que representa mi concepción y mi nacimiento. Entonces mi cerebro recibe la orden de detener el proceso por inmoral y el juego llega a su fin. El padre vuelve a encontrar a la madre. La madre intenta huir del padre. Mi músculo se siente defraudado. La axila se siente violada. Yo me siento en una silla. La silla se rompe. El ruido de la fractura despierta a mi gato. Sus maullidos despiertan a mi vecina. Mi vecina eructa porque su digestión nocturna no ha estado perfectamente controlada. Su descontrol da paso a mi desorden. El desorden se convierte en exceso. El exceso crea un ente diabólico que paraliza los sentidos de los seres vivos que esconden sus miserias en un radio de un millón de kilómetros. Y yo soy uno de ellos.


Un saludazo

martes, 3 de junio de 2014

Email del 3 de junio 2014


Vincent van Gogh. Clumps of grass (1889)

Hola:



Mi balcón va a explotar. Ni siquiera puedo entrar a regar las plantas con cierta comodidad. Si nunca has estado en una selva, deberías venir a verme y penetrar entre el dosel de ramas que cuelgan como las crines de un poni islandés, que tapizan la superficie del suelo y me recuerdan a algunas de esas lujosas alfombras Wilton, o tan erectas como el fuste de una columna renacentista. Pero si vienes, es mejor que te agencies un machete de tipo colombiano para segar el follaje y te vacunes contra los diferentes tipos de enfermedades tropicales. No sería mala idea que trajeras contigo algunos viales de antiofídico monovalente, pues no me extrañaría en absoluto que encontrases un par de Atheris completamente mimetizadas descansando sobre una rama. Siendo el afortunado propietario de semejante lujuria en forma de jungla impenetrable, ¿para qué diantres quiero bajar a la calle y socializar con la gente?

Me relaciono sobre todo con pulgones, arañas rojas, gusanos, caracoles, hormigas, trips y alguna que otra babosa, pero cuando no me miran los enveneno a todos con productos ecológicos. Y mientras recojo sus cadáveres tiesos y oscurecidos por la ponzoña, me congratulo de ser un perfecto asesino. Sólo respeto a las lombrices, las abejas, las mariposas y algunas arañas. ¡Ah! y a las cochinillas de la humedad, que me resultan enormemente simpáticas mientras se pasean por la tierra con ese aspecto de suegra viuda antediluviana que está de vuelta de todo.

¡Sí! Mi balcón puede explotar, pero antes de que eso suceda yo estaré muerto. Y a mi funeral sólo asistirán las dos salamanquesas que se pasean por las paredes y a las que inútilmente traté de enseñar a cambiarme las sábanas y hacerme la cama. No necesitaré panegíricos ni caras humanas falsamente apenadas. Sólo esa maravillosa comunión formada por los colores naturales y las tramas imperfectas de los limbos, peciolos y estípulas.


Un abrazo


PD: Te escribo estas líneas sentado sobre una maceta mendocina recubierta de soleirolia, con ese aspecto musgoso y delicado que  transforma estas plantitas en una especie de edredón vegetal paradisíaco, empírico, supremo. Para que me creas, te adjunto una preciosa mancha verdosa sobre la parte superior izquierda del email.