miércoles, 27 de noviembre de 2013

Email del 27 de noviembre 2013

Vasily Perov. The old man on the bench (1880)

Hola:


Esta mañana muy temprano he ido al médico. Mientras esperaba mi turno en la sala de espera, rodeado de decrépitos ancianos y griposos varios he tenido una especie de punto de inflexión paradójico. Todo ha comenzado cuando un abuelito, pequeño como una estatua de gnomo, y con un rostro que expresaba a partes iguales bondad y asqueamiento, se ha sentado a mi lado y ha iniciado esta conversación:

ABUELO: Buenos días. No sé para que vengo, si al final me voy a morir igual.
YO: Buenos días. Bueno, sí, eso es cierto...
ABUELO: No me mires así, tú también acabarás en una fosa...
YO: Y es posible que antes que usted.
ABUELO: Eso nadie lo sabe. Si fuera religioso, quizá diría que sólo Dios lo sabe. Pero afortunadamente no creo en nada ni en nadie.
YO: Vaya, como yo. ¿Es usted algo parecido a un nihilista?
ABUELO: Nada de parecido. Soy un nihilista furibundo desde que cumplí los 52 años...
YO: Yo cumplo esa edad en enero
ABUELO: Yo también soy capricornio. Cumpliré 89 el día 14.
YO: ¡No puede ser! ¡Yo también!
ABUELO: ¿Acaso creías que eras el único ser en la Tierra que cumple ese día?
YO: No, desde luego...
ABUELO: ¿Puedo preguntarte algo?
YO: Claro, siempre que no me cueste un esfuerzo contestar...
ABUELO: ¿Querías a tu abuelo materno?
YO: Muchísimo. No me diga que usted es él reencarnado...
ABUELO: No, no. Yo jamás me reencarnaría. Y menos en un miembro de la familia López.
YO: ¿Cómo sabe que soy un López?
ABUELO: Soy bastante listo. Algunos incluso dirían que soy un poco brujo.
YO: ¿Ah, sí? Dígame: ¿Cómo fue el puerperio de mi parto? Para mi madre, me refiero.
ABUELO: ¿Sólo preguntas cosas que sabes que no voy a poder responderte? ¿Quieres echar por tierra mis supuestos poderes adivinatorios?
YO: Jajajaja.
ABUELO: Tu madre tuvo un posparto bastante normal. La que tuvo un mal puerperio fue tu abuela. Cuando parió a tu madre casi enloquece. Ya sabes...depresión postparto.
YO: Es increíble. Al final voy a creer que usted es un mago o un adivino. O quizá un embaucador con mucha suerte...
ABUELO: En todo caso sería psicología. La suerte no sirve para conseguir el índice de aciertos que estoy demostrando.
YO: En serio, ¿Está usted convencido de que es un nigromante, un adivino o algo así? Un nihilista brujo. ¡Dónde iremos a parar!
ABUELO: Yo no he dicho que sea un adivino o un brujo.
YO: Si lo ha dicho...
ABUELO: No. He dicho que "algunos dirían que soy un poco brujo".
YO: Cierto. Perdóneme.
ABUELO: ¿Cuándo vas a comenzar a tutearme?
YO: Es la costumbre.
ABUELO: ¿Las ocho y veinte? Me quedan cinco minutos para entrar.
YO: ¿Está enfermo?
ABUELO: No demasiado. Sólo un pequeño e inoportuno cáncer de hígado ¿No te gusta el bonito color amarillento de mi piel?
YO: ¡Dios! Lo siento...
ABUELO: Creía que tu también eras un nihilista...y por lo tanto, ateo.
YO: Ha sido una puta expresión. ¿Está en tratamiento?
ABUELO: No existe tratamiento para contrarrestar el futuro. No, no me he sometido a quimioterapias ni nada parecido. Hace un par de años me dieron seis meses de vida. Y mira, aquí estoy todavía. Vengo a por recetas para mi hija, que está impedida en la cama.
YO: Lo siento mucho. Yo...
ABUELO: Deja ya de sentirlo. Si no lo siento yo.... ¿Por qué razón deberías sentirlo tú? Vaya me llaman. Tengo que entrar. Ha sido un placer. Ah, por cierto. Soy tu tío abuelo. El hermano pequeño de tu abuelo Vicente.

Si te dijera que me quedé perplejo sería un eufemismo. Me sentí de piedra. Pero me esforcé y me dirigí al aseo a mirarme al espejo y sobre todo a lavarme la cara. Cuando salí, pude ver al supuesto familiar dejando atrás la consulta y andando no demasiado lentamente hacia el ascensor. Cuando desapareció volví a sentarme en la misma silla que ocupé anteriormente hasta que una anciana, bajita como una talla en piedra de sirena y con un rostro que me recordaba al de una Santa que hubiera blasfemado en su rincón favorito durante décadas, se sentó a mi lado. Cuando iniciaba un amago de comunicación, rápidamente y sin siquiera contestarle, me levanté como un alucinado y cambié de sitio.


Uno o dos abrazos

martes, 26 de noviembre de 2013

Email del 26 de noviembre 2013

Claes Oldenburg. Plug (1970)

Querida:


Todos los electrodomésticos de mi hogar se están rompiendo. Afortunadamente lo hacen con un cierto orden programado pero absurdamente obsolescente. En el espacio de dieciséis días se han roto la lavadora, la nevera, una de las televisiones de plasma, el reproductor de Dvd, la tostadora, la licuadora, el Smartphone y el vibrador anal que gracias a su delgadez y flexibilidad me producía sensaciones tan intensas e internas.

Si no fuera porque la vida me ha hecho un tipo duro y poco propenso a los berrinches, ahora mismo debería estar haciéndome el harakiri. Pero olvidé mencionarte antes que mi supercuchillo eléctrico con botón de inyección también se rompió hace unos pocos días, cuando me preparaba un bocadillo de jamón. ¿Por qué vivir es tan duro? ¿Cuál es la razón de mi mala suerte? Me siento triste. Ahora mismo echo de menos mi querido vibrador anal, ese que gracias a su delgadez y flexibilidad me producía sensaciones tan intensas e internas.

Generalmente, cuando comento con alguien lo poco que duran los electrodomésticos, cada uno de mis interlocutores invariablemente me da la razón y me cuenta sus desventuras con ellos. Pero eso no es suficiente para mí. Necesito saber por qué razón los fabricantes quieren ganar dinero, tanto dinero y tan rápidamente a costa de los idiotas, es decir, tú, yo y cada uno de nosotros que parece que no puede pasar ni diez minutos sin su robot de cocina o electrodoméstico favorito estropeado. ¿Sabes cuál es el único que echo verdaderamente de menos? A Martín, que es el nombre que puse a mi vibrador anal, ese que gracias a su delgadez y flexibilidad me producía sensaciones tan intensas e internas.

En estos momentos de mi vida, en los que el tiempo vuela de un modo supersónico y cada día sólo dura un pequeño instante, tengo que malgastar parte de esos momentos en hacer cábalas para poder llegar al final del mes sin demasiados números rojos desfilando con esvásticas. Al mismo tiempo que la existencia se escapa luciendo lencería sexy, tengo que frecuentar conversaciones diarreicas que poco o nada hacen por mi intelecto y contemplar cómo todo lo que alguna vez funcionó o desempeñó su propia actividad ahora se para, falla, o explota. Si no fueras tan sensible te explicaría cómo se cascó mi vibrador anal, ese que gracias a su delgadez y flexibilidad me producía sensaciones tan intensas e internas.


Un besazo

viernes, 22 de noviembre de 2013

Email del 22 de noviembre 2013

Jeffrey Smart. The traveller (1960)

Amiga:

Esta mañana he cogido el 32 para darme una vuelta (me enloquece ese número, sobre todo porque me recuerda a cierta posición sexual bastante difícil de practicar). Yo, cuando me aburro más de la cuenta, uso los medios de transporte públicos para malgastar un poco de tiempo: me encanta que me trasladen de un lugar a otro como si fuera un fardo viejo repleto de objetos discordantes o incluso un saco de patatas Kennebec. Mientras dejo que un tipo mal afeitado me pasee por la ruta establecida, suelo mirar por la ventanilla, aunque siempre veo las mismas manchas borrosas que la gente va dejando tras de sí cuando intenta hacer lo que mejor sabe: huir hacia ningún lado, a toda prisa.

Pero creo que empiezo a divagar sin sentido y me estoy perdiendo en la narración de los hechos. Continúo. Me encontraba tranquilo y menos infeliz que de costumbre mientras leía el "Manual casero para acortar penes de dimensiones considerables" cuando un abuelito se ha sentado a mi lado y me ha estornudado en la cara. Supongo que no lo ha hecho a propósito, pero sin pensarlo dos veces me he abalanzado sobre él, lo he agarrado con fuerza por el cuello y he intentado estrangularlo de una manera muy poco compasiva. Aunque sin suerte, pues una señora con un aspecto similar al que tienen las marujas que leen Telva ha intentado que lo soltara dándome golpecitos en la cabeza y, al final, lo ha conseguido, justo cuando el rostro del anciano alcanzaba ese bonito color "azul cadáver" que tanto adoraba Andrei Chikatilo.

Como no soy tan malo como parezco, después de la refriega me he cambiado de sitio y he continuado leyendo, pero justo antes de la parada donde normalmente, a esa hora, sube una tía que está como un tren de alta velocidad, el viejecito ha empezado a temblar mientras de su boca salían una especie de babas pegajosas verdes. Cuando la mujer que antes le había salvado la vida ha corrido a socorrerlo por segunda vez, éste se ha levantado de un salto muy poco humano y con las manos huesudas se ha arrancado la piel de la cara, dejando al descubierto una faz extraterrestre que por momentos me ha recordado a la de un pejegato zangoloteante. Del lugar donde antes se ubicaban sus orejas ahora brotaban una especie de tubos carnosos bastante parecidos a los de un cordón umbilical, y de sus ojos monstruosos brotaba sangre y bilis. Espantados por lo que estábamos viendo la tipa superhéroe y yo, los únicos pasajeros en ese momento, hemos intentado salir por una ventana, aunque si quieres que te confiese la verdad, hemos acabado copulando en el suelo, mientras el ser infernal se comía al conductor.

En estos momentos ya estoy en casa. Por alguna extraña razón antes de subir he comprado el Telva de este mes en el kiosco y ahora estoy haciéndome una tortilla. Mientras bato los huevos no dejo de pensar en ese ser espantoso y en los músculos uterinos de esa mujer. Supongo que con el tiempo olvidaré la experiencia. O quizá no. Te mantendré informada.


Un besazo

lunes, 18 de noviembre de 2013

Email del 18 de noviembre 2013

John Brosio. String theory (2002)

Amiga (¡Cuánto tiempo!):

Como hereje, apóstata e impenitente rechazo mis derechos a la salvación eterna. Estas palabras, nacidas y fortalecidas en alguna parte de mi cerebro alexitímico, y sin estar todavía emponzoñadas por las alucinaciones hipnopómpicas que se producen en mis obligadas vigilias, deberían bastar para ganarme un pequeño rincón en alguna parte de ese infierno creado a partes iguales con zabaione y petaflop.

No debería estar vivo, y tú lo sabes, por esa razón me he disfrazado de olor neutralizado. Mientras me reflejo en el destello de luz engendrado por los muones, algunas partículas olorosas se desintegran. Las que no sucumben se esconden en los cenotafios fabricados con piedra artificial y plaquetas decorativas que alguien, alguna vez, tuvo el valor de construir para librarlas de las ocultas, pero manifiestas, colisiones que se producen en nuestra realidad física.

Intento mirar hacia el lado que nadie reconoce porque no existe, pero los innumerables escotomas que se alimentan de mis nervios ópticos, y que a menudo interpretan el papel de elementos perturbadores en esta ergástula o absoluta farsa que es mi cuerpo, han decidido vincularse al autosoma recesivo que me legó la ridícula bonhomía de mis ancestros.

¡He decidido seguir complicándolo todo!


Un beso