jueves, 27 de junio de 2013

Email del 27 de junio 2013

Delacroix. Cama deshecha (1827)

Hola:


Normalmente no tengo reparos en contarte algunos de mis sueños sin tener en cuenta lo disparatados o espeluznantes que puedan llegar a ser, pero el de esta noche ha sobrepasado todas mis expectativas (y supongo que sobrepasaría las del director de cualquier sanatorio mental que se precie). Si te lo cuento creerás que me he vuelto loco, y con razón, pues sólo un loco soñaría con tortillas buceadoras, inclinometros biaxiales o murciélagos con heterocromía que lavan en el rio sus prendas íntimas con Vanish Oxi Action.

Pero cambiando de tema, ¿sabes lo que me sucedió ayer? Nada. Nada en absoluto, por lo menos nada que no me haya sucedido anteriormente. Y eso es lo que me joroba. Estoy harto de las repeticiones. Necesito despertarme y contemplar un cambio, aunque sólo sea el del color de mis paredes. ¿Conoces algún idiota que pueda pintar mis paredes? Gratis, por supuesto. Yo podría hacerlo, desde luego, pero, ¿por qué no aprovecharme de algún idiota? Están en este mundo para eso. Cada uno de nosotros tenemos un rol establecido, y no es intercambiable. El mío es no estar de acuerdo con nada, el tuyo es estar de acuerdo con todo y, el de los pulgones que asolan mis plantas es, por supuesto, asolar mis plantas, sin miramientos y a toda velocidad. ¿Conoces al director de esta obra en un acto llamada existencia? Porque si lo conoces, quiero que me cambie el papel, y de paso, que altere sustancialmente el guión.

Ahora, bueno, en cuanto acabe de escribirte estas líneas, me dispondré a gastar un poco de tiempo utilizando el viscosímetro que analiza y mide la viscosidad de mis días y de mis noches. Incluso es posible que desmonte el modulador de reactancia que produce alteraciones de frecuencia en mis impulsos primarios y lo vuelva a montar de una manera diferente, con el vano propósito de que estallen los circuitos. ¡Me siento fragmentado! Mi carne y mis huesos están atomizados. Ni siquiera soy capaz de poner en orden mis indecisiones.

Tortillas buceadoras, inclinometros biaxiales, murciélagos con heterocromía. ¡Creo que debería vender mi cerebro a la ciencia! ¿Crees que pagarían algo por él?


Saludos y abrazos

martes, 25 de junio de 2013

Email del 25 de junio 2013

Denny Boyd. Guardians of time

Amiga mía:


Desde mi cuarto a la cocina hay 17 pasos exactos y suelo tardar en recorrerlos tres segundos, cinco si estoy deprimido, lo que suele suceder 10 de cada 30 días. Por alguna razón que no viene al caso, desde la cocina a la habitación, es decir, en dirección inversa, sólo hay 15 pasos, aunque tardo el mismo tiempo en desplazarme de un sitio a otro. He cronometrado cuánto tiempo invierto haciendo ambos itinerarios reptando por el suelo, pero no te puedo dar los datos porque he perdido la nota donde apunté las cifras, y también el cronómetro. Entre el váter y el balcón hay 32 baldosas en el suelo, una de ellas está rota en una esquina y a veces hace ruido al pisarla. Cuando intento desplazarme del comedor a la habitación de invitados suelo perderme, supongo que será porque no tengo habitación de invitados, pero cuando recorro el trayecto que hay desde el rellano de la escalera, hasta la puerta de entrada de la casa del presidente de la comunidad para pagar los gastos mensuales, me entra hipo.

Cierto día de la segunda semana del mes pasado, intenté volar desde mi ventana hasta la ventana de la vecina de enfrente, esa que se cambia de ropa con los ojos cerrados, pero lo único que conseguí fue una denuncia por intrusismo laboral por parte del gremio de aves, así que ahora me desplazo hasta su habitación en sueños imposibles y calenturientos. Me encanta ver cómo se desprende de toda su ropa y cómo a veces pierde el equilibrio y se golpea contra las paredes. Por cierto, desde su habitación hasta su cocina hay solamente 12 pasos y ella tarda 45 segundos en recorrerlos.

Hoy es martes y hace un bonito día. Voy a intentar superar mi record de tres segundos y 17 pasos del cuarto a la cocina. Si lo rebajo a un segundo y medio sería un hombre feliz y realizado. ¡Cuesta tan poco transformar el desconcierto y la dejadez en auténtica desesperación! Si alguna vez consigo ser feliz, te prometo que cambiaré por completo el diseño de mi hogar. Derribaré parte de los tabiques para conseguir una fluidez total del espacio entre las distintas estancias. Entonces es posible que tarde mucho menos tiempo en desplazarme entre ellas. Mi meta es poder recorrer cualquier distancia en un microsegundo, y de esta manera, dilatar el espacio-tiempo y al mismo tiempo evitar considerarlo una entidad absoluta.

No te lo creerás, pero la última vez que estuve en tu casa, computé la distancia entre tu cuarto trastero y uno de los lavabos, el que carece de bidet. Los números resultantes fueron descorazonadores y desde ese momento no paro de darle vueltas a la cabeza, por lo que algunos amigos me comparan a la niña de "El exorcista". ¡No me cuadran las cifras! No es posible que desde tu cocina hasta la alfombra que viste el gres de la salita haya 32 pasos, cuando desde la puerta de entrada hasta la puerta de salida sólo hay 27. Me encantaría que midieses esa distancia y me comentaras tus conclusiones. También necesito saber el tiempo exacto que tardas en recorrer a pata coja desde la galería hasta el cuchitril del portero. Si no dispones de cronómetro compra uno en una ferretería y ya te abonaré el coste cuando disponga de liquidez o mi banco me conceda un crédito. Si no es mucha molestia, pregunta a tu ex-suegra cuánto tarda en trasladarse desde el médico hasta la farmacia ayudándose con el bastón.


Un abrazo

lunes, 24 de junio de 2013

Email del 24 de junio 2013

Christian Edler. Emotion landscape


Amiga:


Mi viaje por el infierno ha escondido un dolor inimaginable. He estado a punto de no regresar y no tengo claro si parte de mi psique se encuentra todavía en estado catatónico. De momento creo que mi dignidad no se ha visto demasiado dañada, pero sí mi estómago y el sistema locomotor, aunque supongo que en unos pocos días ambos volverán a su estado normal. Pero es que se me juntó todo en un breve espacio de tiempo: una serie de desgracias tanto internas como externas, los biorritmos emocionales y psíquicos arrastrándose por los suelos y, la maldita luna llena rielando sobre mi cabeza. No trato de justificarme, pues cuando cometo una estupidez suelo llevarla hasta sus últimas consecuencias, pero te puedo asegurar que un impulso perverso e inusitado ha movido mis hilos como si fuera una marioneta de trapo y, por alguna razón, no he podido o he querido resistirme.

Ahora, mientras intento mantener el pulso, me siento avergonzado e impasible. Si pudiera y fuera efectivo, no dudaría en sacrificar un cebú a los cocodrilos del Guelta de Matmata en el Chad, para dar las gracias por mi regreso del lado sombrío y conservar parte de mi dominio racional. Mientras estuve caminando perdido por los acantilados, crestas, macizos entrecortados y desfiladeros de la muerte, cruzados por llanuras aluviales repletas de cadáveres carbonizados por sus propias decisiones, no sentí ninguna clase de miedo, pero añoraba la vida inconsciente que había llevado hasta entonces.

La respuesta nunca está en los Valiums. Dudo de que exista tal respuesta, pero acabo de convencerme de que las pastillas incrementan el estado de indefensión ante los procesos imperfectos de la existencia. Sólo tenemos una vida, no es el regalo maravilloso que algunos idiotas pregonan para demostrarse que están vivos, pero es la única que conocemos y deberíamos estrujarla hasta llegar a tolerarla. Lo contrario es un suicidio incompleto.

De ahora en adelante voy a volcarme en las plantas y los animales. Interactuar con humanos conlleva unos riesgos tan imprudentes como poner un brazo en la boca de uno de esos cocodrilos del Guelta. Supongo que saboreando la soledad que implica no pertenecer a ninguna parte podré llegar a sentirme menos desaprovechado. Sí, soy un memo, pero ¡caray, todo es tan empalagosamente complicado!


Un beso

domingo, 23 de junio de 2013

Email del 23 de junio 2013

Michael Corr. Bands (2012)

Querida:

Es extraño. Cuando la gente me ha necesitado, siempre he estado para ellos, sin embargo cuando yo los necesito, hay cumpleaños a los que asistir, o enfermedades paternas que atender. Creo que me he estado equivocando todos estos años. Me siento traicionado. Supongo que debería hacer una criba entre mis amigos y conocidos, pero no voy a malgastar tiempo en esa tarea. Tampoco voy a comportarme de la misma forma interesada que ellos adoptan, simplemente, voy a dejar que todo fluya, aunque me gustaría leerles la cartilla. ¿Amigos? ¿Para qué sirven?

Supongo que para felicitarte los cumpleaños y para enviar Whatsapps graciosos. El problema es que catalogamos mal. Hay una gran diferencia entre amigos íntimos, amigos de segunda clase y simples conocidos. No necesito tener mi agenda repleta para sentir que estoy vivo. ¿Estoy vivo? Cuánto desearía sentirme así, pero lamentablemente nada es lo que parece, todo es aparente.

Ya sé que ayer te dije que me iba a tomar un tiempo y no iba a escribirte, pero mientras me retorcía de dolor debido al número de ansiolíticos ingeridos, decidí, de repente, seguir despotricando. Es lo único que tranquiliza mis nervios. Y además es barato.

En estos momentos, ya no me queda nada por intentar, quizá persignarme mientras recuerdo que hace sólo 40.000 generaciones era un mono. Ahora soy un archivista de decepciones. Las catalogo concienzudamente para guardarlas después. No hago daño a nadie y mientras sigo a rajatabla el proceso, envejezco con angustia. Pero no por las arrugas o el mal funcionamiento de algunos músculos, sino por saber que todo esto, es decir, lo que llamamos existencia, es un castigo sin posibilidad alguna de redención.


Un saludo

sábado, 22 de junio de 2013

Email del 22 de junio 2013

Eric Ravilious. Chalk paths (1935)

Hola:

No parece probable que encontremos una respuesta. Estoy casi seguro de que no existen las preguntas que se puedan contestar sin maltratar a las palabras, a los hechos, sin atormentar al silencio. Únicamente las formulamos para utilizarlas más tarde o más temprano con un cuchillo afilado oculto en su interior. Pero mientras buscamos una espalda en la que poder hundirlo, el tiempo no se detiene, y el peso de la revancha disloca nuestra idea inicial, modificando el sentido, la noción y el significado. 

Voy a estar un tiempo sin entrar por aquí, a decir verdad, voy a estar un tiempo sin entrar a ningún lado. Necesito encauzar y justificar mi propia dirección. No soy tan idiota como parezco, pero a veces, me gustaría serlo.


Hasta pronto 

viernes, 14 de junio de 2013

Email del 14 de junio 2013

Steve Mills


Amiga:


Estoy intentando recoger del suelo las tarjetas Visa. Puede que te preguntes cuál es la razón por las que están ahí. Es muy sencillo, ayer las arrojé con desprecio y las pisoteé durante varias horas. Pero hoy las vuelvo a necesitar. Espero que la banda magnética no haya sufrido demasiado y que dentro de un rato se encuentren plenamente restablecidas de la conmoción, y lo que es más importante, limpias y operativas. Es demencial, saco un dinero que no tengo para pagarme la adicción al tabaco, pero como ya sabes, en este mundo los locos son los que dirigen los manicomios. Siempre ha sido así, y no veo por qué debo preocuparme. Cuando llegue el momento de tener pánico haré lo único que se puede hacer en esos casos: comportarme como un cobarde y presentarme con una moneda en la boca ante Caronte, si el dios Hades me lo permite.

Mientras la nicotina ennegrece mis pulmones y encapota mi mente, trato de recopilar una serie de textos antiguos para formar con ellos un posible nuevo libro. Cuando no estoy enredado con ese trabajo, me dedico por entero a cuidar mis plantas y a ver viejas películas de Welles, Hawks o Wilder. Por las noches, como sigo sin poder dormir, gasto las horas leyendo sobre la luna, el cerebro humano o la muerte. Esa es mi vida actualmente.

Puede que este email te parezca el menos extraño, o por llamarlo de otra manera, el más normal en años. ¡Me he vendido! Ya no voy a volver a ser el que era -si es que era algo- hasta que las preocupaciones se alejen indefinidamente. Si es preciso voy a ser capaz de mantener conversaciones de ascensor con los conocidos que me paren por la calle. Incluso es posible que les pregunte por la salud de sus hijos y de sus mascotas o que comente despreocupadamente lo feliz que soy con mi nueva transmutación y lo maravilloso que es sentirse vivo. Es más, estoy seguro de que daré el pego, y para hacer que esta mentira sea creíble, inventaré algunos malapropismos tontorrones para que rían la gracia y sientan que, por fin, soy uno de ellos.

No se me ocurre nada más que contarte. Cuando el destinatario de un mensaje es listo, y tú lo eres, las palabras sobran. Sólo los silencios o las pausas entre los vocablos adquieren verdadero sentido. ¿Por qué soy incapaz de ayudarme?


Saludos

lunes, 10 de junio de 2013

Email del 10 de junio 2013

Costa Dvorezky. Dive (2008)

Hola:


Acabo de entrevistar a alguien que quizá conozcas. Yo mismo. Te transcribo parte de la conversación para que tengas algo que leer mientras almuerzas.

PREGUNTA: ¿Por qué razón no eres absolutamente feliz?
RESPUESTA: Quizá porque soy relativamente desgraciado.
P: ¿Relativamente?
R: ¿Absolutamente? Nada es absoluto. Todo es relativo, excepto la ignorancia.
P: ¿Cómo te gustaría ser recordado?
R: Yo no quiero que me recuerden. Supongo que te refieres a cuando esté muerto ¿No? Bueno, ¿para qué sirve recordar a los muertos? ¿Para sentir que uno todavía está vivo? ¿Por puro egoísmo? No me importa demasiado si me recordará alguien o no. No me gusta hablar del futuro, claro que tampoco me gusta hablar del pasado. Ya tengo suficiente con el Aquí y Ahora. Deberíamos concentrarnos en el presente y dejarnos de paparruchadas. La gente que se ancla en el pasado para escapar del presente es una cobarde. Los que lo hacen en el futuro, son simple y llanamente, idiotas.
P: ¿Volverías atrás si pudieras?
R: ¿Te estás quedando conmigo? Acabo de decirte que odio a los que alimentan el pasado. Como sigas por ese camino con tus preguntas, vas a acabar con un flan de medio litro en la cabeza.
P: Explícate.
R: Tengo un flan grande en la nevera. Es Dhul y no son baratos, pero te juro por el emperador de los primates que no me importará ponértelo de sombrero como vuelvas a preguntar gilipolleces.
P: Comprendo. Te pido perdón. Volvamos a la cuestión inicial. ¿Nunca, ni por breves instantes has disfrutado de lo que deseabas?
R: A veces sí. Pero cuando me someto a ese imperfecto estado de ánimo que tú y otros llamáis felicidad, no hago otra cosa que cavar mi propia tumba. Si a un mono le das un juguete, puede que lo disfrute durante un breve instante, pero más tarde o más temprano se cansará y esperará que le des otro. Somos monos, no lo olvides. Tú, cuando follas, o cuando haces el amor -nunca he sabido diferenciar entre ambos términos-, o cuando te regalas una sesión onanista, y simplemente por ponerte otro ejemplo ridículo, supongo que tienes ciertas fantasías eróticas, ¿no?  Imagínate que en un espacio de tiempo indeterminado las vas poniendo en práctica. Entonces dejan de ser fantasías y ya no sirven para lo que en principio estaban destinadas. Si eso sucede, no tienes más remedio que inventarte otras, y otras, y por desgracia, éstas son limitadas. Cuando tu sesera no sea capaz de fabricar nuevas, ¿dejarás de follar o cascártela? y perdona por lo soez de las palabras que he utilizado. Con la felicidad sucede lo mismo.
P: No estoy de acuerdo.
R: Me importa poco si estás, o no, de acuerdo conmigo. Deberías saberlo.
P: Cambiemos de tema. ¿Crees que...
R: No, sigamos con la felicidad.
P: Prefiero cambiar de tema. No quiero que esta entrevista sea monotemática. ¿Crees que el destino que nos espera es absurdo?
R: Y tú,  ¿crees que la manifestación del espacio y el tiempo, como ideas complejas y objetivas en sí mismas, pueden llegar a ser inherentes a sus carencias conceptuales?
P: Yo he preguntado primero.
R: Creo que nos merecemos lo que nos pueda suceder. Partiendo de esa base, estoy convencido de que al monito erguido, o ser humano, le queda poco tiempo para disfrutar de sus miserias.
P: ¿El hombre destruirá al hombre?
R: Sí. ¿Qué se puede esperar de él?  La desesperación no es un arte, es una condición social.
P: ¿Cómo definirías al ser humano?
R: No me gusta definir. Prefiero confundir. De todas formas voy a hacer una excepción contigo. El ser humano es un conjunto de incongruencias nauseabundas.
P: ¿Te consideras nauseabundo?
R: Tú eres nauseabundo. Yo, simplemente repulsivo.
P: ¿Y por qué no haces algo al respecto? Me refiero a que vives en sociedad, pero al mismo tiempo despotricas contra ella. ¿No es eso una incoherencia?
R: Lo es. Vivo en sociedad, básicamente porque vivo en una ciudad. No tengo posibilidades, de momento, de escapar de ella. Pero no soy sociable, por lo menos la mayor parte de mi tiempo. Te aseguro que si estuviera en mis manos, ahora no estaría charlando contigo. Prefiero cuidar plantas y revolcarme con animales a tener que justificar mi condición racional frente a tipos como tú.
P: ¿Tipos como yo? Tú eres yo.
R: No, te equivocas. Tú eres lo que yo, en este preciso momento, quiero que seas.
P: Entiendo. ¿Me has creado porque te sientes magnánimo?
P: No, te he creado porque estoy dejando de fumar y necesito descargar mi furia con alguien tan idiota como tú.
P: ¿Has dejado de fumar para poder vivir más tiempo? No puedo creerlo...
R: He dejado de fumar porque no tengo dinero suficiente como para seguir manteniendo esta adicción.
P: ¿Cuando fumas te sientes menos infeliz?
R: Cuando fumo me siento más infeliz.
P: Entonces, de alguna manera, ¿eres masoquista?
R: Sí, y Marxista y varias clases de "istas"
P: Narcisista también acaba en "ista".
R: ¿Narcisista?
P: Sólo a un narcisista se le ocurriría hacerse una entrevista a sí mismo.
R: Espera un momento. Voy a por el flan Dhul. Has acabado con mi paciencia.
P: Ha sido un placer hablar contigo...
R: Vete a la mierda.

domingo, 9 de junio de 2013

Email del 9 de junio 2013

Tayete Garcia. Leólo planning how to kill his grandpa

Hola:


Hasta ahora no he sido. No he sido. De la oscura languidez de mis ensoñaciones más ecuánimes, ha surgido un lúgubre grito de angustia, que al mismo tiempo que me consuela, enmohece cada uno de los tornillos del sorprendente mecanismo que me permite seguir muriendo. Hasta ahora no he sido. No he sido. No he podido ser. Deseé pintar el cenit de una recta que no existía y ahora estoy perdido en este cimiento eterno, tortuoso, que zigzaguea inconmovible mientras devora toscamente cada tregua, cada recorrido por un espacio o lugar, cada movimiento proyectado pero errabundo. No, no he sido. Hasta ahora no he sido. No he podido ser.

Recuerdo el día que miré directamente a los ojos de mi perra. No podía comprender como detrás de esa mirada triste se escondía un pequeño tesoro. Intenté abrir el cofre de su artificio y la alegría oculta me explotó en el rostro y me abrasó el aliento. Como no estaba preparado para ser inducido por un sentimiento tan sincero, la castigué a sufrir mi desprecio. Nunca me lo perdonó, nunca la pude perdonar. No, no he sido, no he podido ser.

Ahora, el vacío de la noche amuebla mi tortuoso confinamiento. He sido expulsado del fastuoso circo que patrocinan los individuos que adulteran con premeditación el pan y no tengo una razón para ocultarme. Sólo dispongo de los mendrugos que alguien alguna vez, enterró entre la tierra mojada y el cieno descompuesto. Me gustaría gritar, pero me resulta demasiado sencillo hacerlo.

Leólo Lozzone no lo estaba porque soñaba. Yo hasta ahora no he sido. No he sido. No he podido ser. Desconozco si lo estoy, aunque sueño. Ya no me importa si el desprecio que escupe mi propia inapetencia sólo es un lamento sordo y dilatado de mi pretensión de no seguir adelante. No, no he sido. No he podido ser. Hasta ahora nunca he sido. Siempre me lo han impedido. Claro que tampoco lo he deseado con todas mis fuerzas. Porque aspirar a no ser nada en un mundo de alguien, siempre me ha parecido un esfuerzo inútil y una enorme pérdida de tiempo. Y el tiempo es un asesino que sonríe cínicamente mientras descuartiza la carne que envuelve la ingravidez perpetua de los recuerdos.


Un abrazo

sábado, 8 de junio de 2013

Email del 8 de junio 2013

Adolph Von Menzel. Man yawning in a train compartment

Amiga:


Donde concluye la lógica, o su consecuencia, comienza la inconsciencia, que es la ausencia total de consecuencias. Entre ambos comportamientos no existe absolutamente nada. Somos los pasajeros de un tren que no se detiene en ninguna estación. Miramos por las ventanillas y sólo vemos una mancha borrosa. Intentamos hacer señas y gritar, pero el ruido de la levitación magnética que se produce al deslizarse por las vías minimiza el volumen de los lamentos.

Nuestra prioridad como seres plenamente conscientes de sus limitaciones consiste en maquillar la irresponsabilidad que se parapeta tras los deseos insatisfechos, transformándolos en represión y castigando sin miramientos el grado de tolerancia moral. Somos maquiavélicamente imperfectos; incapaces de aceptar una situación. Pero mientras aprobamos esas restricciones, las posibilidades se reducen considerablemente. Nada importa demasiado si la inmolación sirve para alimentar la conciencia.

Los compartimentos están vacios. El Yo indivisible de cada individuo se pasea por los pasillos de los vagones, con las maletas enganchadas en la percha que forman los huesos de las manos. Algunos esperan un transbordo que nunca sucederá, el resto se contentan con mirar fijamente los ojos vidriosos y cansados del revisor, esperando con anhelo una sonrisa que no puede, bajo ninguna circunstancia, ser real.


Un abrazo

viernes, 7 de junio de 2013

Email del 7 de junio 2013

Odd Nerdrum. Dawn

Hola:

Estoy absolutamente convencido de que soy uno de los idiotas más grandes que han existido. ¡Y pensar que siempre he escrito sobre la estulticia humana! Me dan ganas de vomitar al releer lo mucho que he despotricado sobre este tema. Cuánto me gustaría pedir perdón a todos los imbéciles que han sido el blanco de mis puyas.

En estos momentos, completamente liberado del antifaz que me impedía describirme, ya no tengo ninguna necesidad, ni siquiera la de contradecir la totalidad de mis declaraciones. Sólo necesito que mis amigos, o los pocos que me puedan quedar, ratifiquen mi afirmación. Entonces, cuando eso suceda, es posible que empiece a sacar partido de mi manoseada insignificancia.


Un abrazo

lunes, 3 de junio de 2013

Segundo email del 3 de junio 2013

Rene Magritte. False mirror (1928)


Amiga:


Acabo de leer un libro maravilloso. Se titula "Sometí a tus picores" y está escrito por el famoso hipnotizador Plinio Fernández. Pero creo que es mejor que te copie algunos párrafos en lugar de explicarte su argumento:


"He hipnotizado a una ladilla. Omitiré de dónde he sacado ese anopluro porque soy un caballero, pero sí voy a comentar el resultado de mis experimentos con el ectoparásito. Al principio llegué a dudar que fuera posible inducir a un insecto mediante la sugestión y así poder someter su voluntad, pero después de 23 semanas de continuo trabajo, estoy en condiciones de afirmar que he obtenido un éxito arrollador. 


Viernes 23 de diciembre:

Después de recostar a la ladilla en una posición cómoda y bajar la iluminación hasta un punto bastante tenue, le he pedido que se imaginara que estaba en un lugar especial donde se sintiera absolutamente feliz (una vena púbica) mientras con una voz suave y reconfortante he conseguido convencerla de que era una prostituta de lujo. La sesión ha durado unos 30 minutos y he tenido que detenerla cuando se me ha insinuado. 

Domingo 14 de marzo:

Antes de empezar a trabajar he tenido que masajear al insecto ya que estaba en un estado de tensión deplorable. Mientras frotaba su abdomen, he pensado en albaricoques, por lo que en estos momentos me siento muy culpable.

Miércoles 9 de julio:

Esta mañana la ladilla ha pedido para desayunar 1 cl. de sangre y un par de uvas. Como me he negado aduciendo que primero es el trabajo y que el refrigerio es sólo un aspecto secundario del experimento, se ha negado en redondo a ser sugestionada, por lo que he acabado hipnotizando a una silla de mimbre para no dar por perdido el día."


Podría copiarte el libro entero, ya que es fascinante, pero entonces tendría que pagar derechos de autor. Como mis finanzas me lo impiden, no me resta más que recomendarte amablemente a que adquieras dicho libro y desear que lo disfrutes igual o incluso más de que lo he gozado yo.


Un beso

Email del 3 de junio 2013

David Jay Spyker. Until there is nothing left (1999)

Hola:


Es muy difícil que sea una coincidencia. Yo más bien lo llamaría casualidad, aunque cualquier persona con una mente racional no pondría en duda que se trata de un accidente. Si lo analizo con detenimiento, existe la posibilidad de que el hecho no haya sido más que un imprevisto de las circunstancias, pero hay un pequeño problema que deshace esa teoría. Además las probabilidades de que ese incidente pueda ser considerado fortuito es mínima. Por lo que sería más seguro calificarlo como un enigma. Por lo menos hasta que consiga poder explicarlo sin sentir que algo no encaja. De momento voy a intentar no darle demasiada importancia y considerarlo como una indeterminada casualidad. De esta manera, no corro el peligro de llegar a conclusiones inútiles o devastadoras.

Me siento como si hubiese sido teletransportado desde una dimensión desconocida. Ni siquiera soy capaz de obtener resoluciones razonables de mi cerebro entumecido. Un virus asesino ha enturbiado cualquier forma de respuesta concluyente y, mientras trato con todas mis energías de familiarizarme con la insustancial falta de soluciones, la irresponsabilidad se hace fuerte.

Me llamo Gregorio López y soy un alquimista de la irreflexión.


Un abrazo

domingo, 2 de junio de 2013

Email del 2 de junio 2013

William Kurelek. The maze (1953)

Hola, amiga mía:


Todos los cerebros necesitan un cráneo en donde ser ubicados, y en mi empresa hacemos cráneos de hueso. El hueso llega ya prefabricado aunque sin forma aparente a la fábrica, donde un operario lo introduce en un torno especial. A medida que el torno gira, una cuchilla automática lo corta en varios segmentos que luego formarán la parte frontal, parietal, occipital, temporal y los esfenoides, etmoides y el resto de huesos suturales. A continuación, algunos de estos segmentos se introducen en un taladro electromagnético que practicará agujeros oculares y nasales, según el plan diseñado. Más tarde todos las partes o segmentos pasan a la siguiente fase, la máquina de inmersión, donde permanecerán sumergidos en tintura blanca durante cuatro horas, que además de imprimirle color, elimina las virutas que hayan podido quedar en anteriores fases. Los huesos se secan al aire de camino a la siguiente etapa: el ensamblaje. Los operarios ensamblan manualmente cada parte del cráneo con cuidado de que  todas las piezas encajen perfectamente. Cuando un cráneo está totalmente montado, otro operario graba sobre el parietal la marca de la fábrica y algunas características especiales, como el peso, volumen y la fecha de caducidad. Antes del empaquetado, los operarios comprueban por última vez que el cráneo es básicamente perfecto y que está preparado para ser enviado al cliente.


Un beso