viernes, 31 de mayo de 2013

Segundo email del 31 de mayo 2013

Louise Bourgeois-Tracey Emin. Just hanging

Hola, otra vez:


Llevo algunos días con un terrible dolor de cabeza, que en ocasiones, incluso me impide concentrarme en mis quehaceres habituales, como por ejemplo, inventar insultos, mi pasatiempo preferido desde que descubrí que tenía un talento especial para ese menester. No me extrañaría nada padecer de encefalomalacia o un cáncer craneal metastasiado. De todas formas, y pese a la molestia, intento seguir con mi vida y, cuando me quejo, lo hago con la cabeza introducida en un cubo de agua para molestar lo mínimo posible a las moscas que alegres vuelan zumbando por mi hogar.

Lo más problemático de las cefaleas, aparte del suplicio, es no saber cuánto tiempo pasará hasta que el Ibuprofeno, el Paracetamol o el Dolalgial empiecen a hacer efecto. Por cierto, mis abuelos maternos tenían un remedio infalible para eliminarlas, pero desgraciadamente mi abuela tiene Alzheimer y no se acuerda de ningún componente y mi abuelo lleva muerto casi dos décadas.

Los amerindios de las tribus Cherokee y Alibamu sólo conseguían librarse de las jaquecas suicidándose, aunque la verdad, me parece un método bastante impredecible. No es tan fácil auto-eutanasiarse. Y si no que se lo digan a Wild Squirt, que era el nombre artístico de una bailarina de streptease que conocí en mi juventud, y que intentó acabar con su vida en 34 ocasiones a lo largo de tres años sin conseguirlo. Y todo porque su barra de hierro, en la que hacía complicados movimientos eróticos, se oxidó debido a la continua humededad. Claro que también se lo podían preguntar a Mamerto "Big" Mamerto que, completamente deprimido porque su nombre era capicúa y, sobre todo, porque su novia se comía los mocos -pero no los suyos, sino los de su amante- trató de inmolarse arrojándose desde una altura de 25 cm fracturándose sólo el antehélix de una oreja.

Ahora voy a tratar de hacer algo que casi siempre minimiza el dolor, pero para eso necesito utilizar una mano, así que voy a acabar apresuradamente este segundo email, no sin antes desear que tus padecimientos físicos sean más benignos que los míos.


Saludazos

Email del 31 de mayo 2013

Oskar Kokoschka. Tiger (1926)

Hola:

Vivo al revés, como una Notonecta, aunque a veces lo intento disimilar con una sonrisa forzada que me recuerda a la de un Ubangi cuando me miro en el espejo. Mientras espero una solución que no llega, me comporto como un huraño, rehuyendo todo contacto físico o emocional y excluyéndome de una sociedad que me deprime. Me he convertido en una especie de espectro, y por las noches disfruto haciendo ruido y moviendo los objetos. Debería tratar de gastar el tiempo buscando una salida, pero ahora todo me parece tan irreal, tan confuso.

Me alimento de prospectos y me visto con harapos. Cuando oigo gemir a ese inútil debilucho que todavía cree en todo y que se oculta en mi interior, río sin delicadeza. Soy un monstruo, un engendro. Soy el resultado de muchos días y demasiadas noches; de innumerables idas y algunos regresos, He traspasado la línea; pero no me importa. Yo no me lo he buscado, simplemente lo acepto como un precio que hay que pagar. Estoy corrompido. Si apareces en mi vida te sobornaré y convertiré tu luz radiante en sombras y tinieblas.

Beso

jueves, 30 de mayo de 2013

Email del 30 de mayo 2013

Remedios Varo. Insomnio (1948)


Amiga:


Si algo bueno tiene el insomnio, es que te regala tiempo extra para recapacitar sobre las estupideces que cometes cada día, y créeme, son muchas, a veces demasiadas. El problema estriba en que en algunas ocasiones, después de meditar sobre esas cuestiones, el cerebro y sus terminaciones nerviosas desean un poco de acción física. Eso es lo que me ha ocurrido hace un rato. Me han entrado unas terribles ganas de bailar una conga. Como ya sabes, para bailar ese baile afrocubano se necesita la ayuda de otras personas. Como no era hora de bajar a la calle y recorrer los garitos que todavía estuviesen abiertos reclutando borrachos o desvelados, me he tenido que conformar con bailarla con varias sillas, y si he de serte sincero, no ha sido lo mismo. La danza no fluía. No puedes llegarte a imaginar lo complicado que resulta conseguir que éstas se muevan cuando las agarras por la cintura, sobre todo si tienen respaldo regulable y son de hierro forjado. Cansado de intentar lo imposible, al final he optado por inventar la conga individual mientras imitaba el sonido de los tambores de un sólo parche con los ruidos de mi estómago.

Ahora, me siento destrozado. Uno ya no tiene edad para danzar como un poseso con los muebles del hogar. Estoy pensando que después de escribirte este email, debería pegarme una buena ducha reconfortante, pero me produce pavor hacerlo antes del amanecer. Más que nada por si resbalo en el plato y me doy un hostión, por lo que aplazaré unas cuantas horas el baño relajante y me dedicaré a enumerar y catalogar en orden alfabético mis desgracias, percances y contratiempos.

Tengo hambre. Me apetece asaltar la nevera y comer algo sólido. Quizá un poco del puré de Cucurbita pepo -vulgo calabacín- que sobró de la cena. Lo que no me satisface es gastar la poca energía que me queda levantándome del sofá. Podría concentrarme y prepararme la pitanza con el inusitado poder de mi mente, pero acabo de darme cuenta de que mi mente está completamente abstraída pensando en mujeres sin ropa cabalgando sobre caballos blancos en la playa. ¡Joder!, creo que el antiguo anuncio del coñac Terry causó un verdadero trauma en mi memoria.

Lo mejor será que me fume otro cigarro y me dedique a mandar a la mierda cada uno de los malos rollos que me desvelan. ¿Qué importa que no tenga dinero, que me duela el 65 % de las partes del cuerpo o que el mundo esté abarrotado de memos? Yo soy yo, o por lo menos así era hasta que me cercioré de que todo lo que me rodea no pesa, a menos de que yo quiera que pese. No sé si me explico bien. Lo que trato de precisar con mi prosa minusválida y anormal, es que soy mi propio enemigo. Y que mi mala voluntad conmigo mismo, sólo es el efecto de la desconsideración que siento por haber convertido mi vida en una serie de despropósitos y equivocaciones.

Me gustaría ser un tipo normal, ya sabes, de los que se conforman con lo que tienen, o con lo que no tienen. De esos que ponen buena cara a todo y no se preguntan constantemente los qués, los cómos, los porqués o los cuantos. Me encantaría poder llegar a contemplar mi reflejo en el espejo sin percibir que algo, muy dentro, no funciona correctamente. Necesito dejar de sentir lástima de lo que soy, de lo que he hecho o de lo que nunca podré ser o hacer.

Pero el Flunitrazepam que inútilmente recorre mi sangre sólo tiene el poder que yo le confiero. De poco sirve creer que las jornadas posteriores traerán un cambio eterno. La eternidad no existe. Los cambios los producimos nosotros mismos por medio de la modificación sistemática. El resto, sólo son castillos ardiendo.


Un abrazo y un beso.

martes, 28 de mayo de 2013

Email del 28 de mayo 2013

Paul Cézanne. The Murder (1867) 

Hola:


Supongo que existirá un lugar tranquilo donde un sicario profesional pueda asesinarme. La verdad es que me gustaría que me volaran la cabeza en un jardín, rodeado de verde y humedad a partes iguales. Voy a pedir permiso para que me alquilen durante una hora el umbráculo del botánico. Estoy seguro de que con media hora es suficiente, pero, ¿y si en el último momento empiezo a gemir o lloriquear implorando unos minutos más? Sí, con una hora no corro riesgos.

Una vez mi cuerpo empapado de sangre O+ quede inerte sobre la tierra arcillosa, quiero que me descuarticen. Lo más seguro es que el director del jardín se niegue a que el desmembramiento se efectúe allí, por lo que deberé alquilar una carretilla y un mozo forzudo y mal afeitado para que traslade mis restos a otro lugar. Ese otro lugar podría ser cualquier zona alejada y poco transitada del antiguo cauce del río. Allí estaría esperando un carnicero profesional con sus útiles de trabajo. El troceamiento no debería durar demasiado, pero por si surge algún problema de última hora, y sobre todo para que no se demore, contrataría también a un ayudante para el matarife.

Quiero que entierren mis cinco extremidades en un agujero natural, es decir excavado por topos, conejos o zorros, y que el resto de trozos de lo que una vez fue mi cuerpo sea donado a la sociedad protectora de animales para que sirva de sustento a los perros y gatos. Todas mis propiedades materiales deberán ser regaladas a indigentes, excepto mis tres guitarras y el piano, que serán destruidos e incinerados.

Supongo que existirá un lugar tranquilo en el infierno donde mi alma pueda arder lentamente. Quiero que mi esencia saboreé los gozos de la culpa y del pecado. Y espero que los budistas estén equivocados y la reencarnación no sea más que otra estupidez humana inventada para narcotizar el dolor que se siente estando vivo.


Un beso

lunes, 27 de mayo de 2013

Email del 27 de mayo 2013

Richard Lidner. Boy and machine (1954)

Amiga mía:


Como hoy no tengo absolutamente nada que contarte, pues mi vida últimamente es bastante aburrida y predecible, he decidido hablarte de Lorenzo Pérez, es decir, mi tío por parte de madre y una de las personas más extrañas que he conocido:

Lorenzo Pérez nació en la primavera de 1943. Desde muy temprana edad, destacó por ser un avezado lector y a la edad de ocho años escribió su primer tratado sobre los juguetes de aluminio titulado "Mierda, me he cortado", publicado 23 años después y encumbrado a lo más alto de la literatura nacional por ciertos sectores psicopáticos. Durante su adolescencia, Lorenzo diseñó un solenoide extromagnético, sustituyendo el alambre por un tallarín y obtuvo una beca en la ferretería del padre de un compañero de estudios. Tres años más tarde, mientras asistía a una conferencia sobre bobinas inductoras, fue abducido por el bostezo del espíritu de un espantapájaros y se volvió tartamudo, enfermedad que le duró el resto de sus días. Para celebrarlo escribió "El principio de la viscosidad" en el que trató con gran acierto sus dificultades para recitar poesía.

Voy a aparcar de momento la biografía de mi familiar porque me acaba de venir a la cabeza algo que no me sucedió ayer, pero que me hubiera gustado que ocurriera:

Caminaba triste y cabizbajo por una de las calles más transitadas de mi barrio, cuando de repente una chica de unos 18 años y escultural de la cabeza a los pies, me paró en la acera y me dijo que yo era el tipo más sexy que había visto en su vida y, que necesitaba quedarse preñada de mi en ese mismo instante. Como su rostro me recordaba al de Scarlett Johansson y su cuerpo estaba repleto de curvas, accedí al instante. Nos dirigimos con premura a mi casa y en un rincón de mi habitación la desnudé con la boca, aunque perdí un incisivo en el intento.

He decidido continuar con la historia de mi tío. Pienso que contar algo que no ha sucedido es bastante estúpido. Yo no soy idiota, bueno los jueves sí, pero hoy es lunes, así que ya continuaré con la sosias de la Johanson en otro momento más adecuado:

En 1960, Lorenzo abandona sus clases en la Universidad para dedicarse por completo a la literatura. Como no tiene dinero para mantenerse, trabaja de sol a sol recolectando champiñones silvestres y por las noches escribe como un poseso. En dos años logra escribir 17 libros que son rechazados sistemáticamente por las editoriales. Deprimido por su mala suerte intenta suicidarse tragándose una piraña viva, pero el intento se frustra porque el pez era vegetariano, así que decide concentrarse en la redacción de lo que será su obra maestra y uno de los libros más importantes del siglo y al que al principio titula "Decodificación espontánea de una serie de ideas subjetivas, relativas e intrínsecas" donde repasa con cierta demencia sus ofuscaciones ante los propósitos mal concebidos.

Por alguna extraña razón no me siento a gusto recordando la vida de Lorenzo. A decir verdad, no me siento bien conmigo mismo. Creo que lo mejor que puedo hacer en estos instantes es tomarme cuatro pastillas de cama y meterme en el Orfidal. Y eso es lo que voy a hacer. Prometo continuar con la semblanza del hermano de mi madre en un futuro no muy lejano. Ahora me despido de ti y de los vivos durante unas horas.


Un abrazo

domingo, 26 de mayo de 2013

Email del 26 de mayo 2013

Salvador Dali. Accommodations of desire (1928)

Hola:


¿Te acuerdas del deseo del que te escribí ayer? Pues ha salido de mi cabeza y de mi cuerpo y se ha vuelto a esconder. Esta vez por la casa. Lo he buscado entre las sábanas y por toda mi habitación y no he podido dar con él. Luego continuaré poniendo patitas arriba el resto de las habitaciones, incluidas la cocina, el aseo y el armario empotrado hasta encontrarlo. No me gusta tener deseos sueltos por ahí. Hace algunos años se me escapó un pensamiento impuro y al final fue detenido por la policía mientras intentaba bajarle la faja a la estanquera. Como los pensamientos son ciegos, pues carecen de ojos, no reparó en que la expendedora de tabaco acababa de cumplir los 84, por lo que (yo) fui condenado a dos penas: una por permitir que se fugara, y otra por tener pensamientos gerontofílicos. A la estanquera la condenaron a pagar una bonita multa por trabajar estando jubilada y a su nieto lo encarcelaron por padecer acné quístico.

Tengo un amigo al que una vez se le escapó un vicio. No te voy a contar en la serie de problemas en que se vio envuelto por la dichosa fuga, pues aquel vicio era depravado y completamente inmoral. El caso es que este tipo, desde entonces, ya no es el mismo. Su conducta se ha vuelto taciturna y ya no es capaz de salir a la calle sin llevar puesto un pasamontañas de nailon. Como no quiero que mi sencilla personalidad se vea afectada en el futuro, he decidido no volver a tener ningún deseo, por insignificante y puro que sea.


Un abrazo

sábado, 25 de mayo de 2013

Email del 25 de mayo 2013

Magritte. Le baiser (1958)

Amiga:


Tengo un deseo escondido en la cabeza. Como no es perfecto, intento por todos los medios que no salga de allí. A veces me atormenta, pero la mayor parte del tiempo soy yo quien lo martirizo de una manera imprudente, rebajándolo a un conjunto de insignificantes ideas bastante dispersas. De esta forma no me arriesgo a sufrir sus maquinaciones, absurdas, precipitadas, con ese toque de mezquindad y egoísmo que neutraliza por completo el conocimiento puro y racional.

Pero al fin y al cabo, ese deseo ha sido fabricado en mi interior, y aunque lo aborrezco con una fuerza inusitada, sigue perteneciéndome. Sólo yo soy dueño de su porvenir, que al mismo tiempo es el mío. Puedo eludirlo, sortearlo, incluso creer que no es real y no existe, pero me estaría mintiendo. O por el contrario, puedo arroparlo, cantarle una nana y después asesinarlo.


Un beso

viernes, 24 de mayo de 2013

Email del 24 de mayo 2013

Georges Vantongerloo. Composición derivada de la ecuación y-ax2-bx-18 con verde, naranja, violeta y negro (1930) 

Hola:


He intentado descomponer una permutación canónica en ciclos disjuntos, pero lo único que he conseguido ha sido un horrible dolor en la cavidad craneana. Quizá debería haber intentado descomponerla en transposiciones, ya sabes, intercambiando dos o más elementos y fijando los restantes, pero estoy casi seguro de que no hubiera funcionado. Necesito variar la disposición de los elementos que componen un conjunto para sentirme satisfecho, pero por algún motivo, cada vez que lo intento suena el timbre de la puerta. Estoy pensando seriamente en escribir las permutaciones de los diez primeros números naturales y obviar por el momento las permutaciones de los fraccionarios y los complejos, sobre todo de estos últimos, ya que me sumen en un estado de depresión que raya la paranoia y del que sólo puedo salir esnifando Ibuprofeno.

No sé por qué te cuento esto. Eres mi amiga y te respeto demasiado, pero ¿para qué sirven los amigos si no es para aguantar los problemas y, al mismo tiempo, buscar soluciones?  Imagínate el número 23. Es bonito y tiene bastantes posibilidades. El problema surge cuando te desconcentras y a tu mente acude el siguiente, es decir, el 24, que es mucho más dinámico y además es par. Ya sabes cuánto odio las cifras impares, me recuerdan a todos los números que son primos, y siento una especial repugnancia por ellos ya que se contraponen a los números compuestos.

Ahora necesito salir al balcón y respirar aire puro o lo que es lo mismo, fino, etéreo y trasparente. En un próximo email intentaré razonar sobre las matrices octogonales, que no son más que matrices cuadradas con una matriz inversa que corresponde a su matriz traspuesta. Para que no te quedes con el corazón en vilo hasta entonces, puedo adelantarte que mi estudio versará sobre las transformaciones isométricas en volúmenes vectoriales concretos.


Un abrazo

jueves, 23 de mayo de 2013

Email del 23 de mayo 2013

Edward Hopper. Stairway at 48 Rue de Lille (1906)

Hola:


Me he convertido en un ermitaño, pero así es la única manera de que mi cerebro funcione bien. Si alguien quiere verme tiene que pedirme fecha, pero no porque reciba innumerables peticiones, sino porque para hablar o simplemente mantener contacto con humanos necesito prepararme. Actualmente sólo interactúo con plantas y animales, por lo que mi salud psíquica se está fortaleciendo y mi estado anímico no tiene demasiados altibajos. Algunos conocidos han empezado a llamarme "el cenobita de Benimaclet", y otros me han confesado por teléfono que les empiezo a preocupar. Bueno, en realidad se lo han dicho al contestador automático, y eso que el mensaje no deja dudas sobre mis intenciones:

"Ha llamado al depósito de cadáveres. Si desea un cadáver, por favor deje su mensaje al oír la señal."

Entre mis menesteres anacoréticos más importantes están la contemplación y el ensoñamiento. Me encanta mirar las paredes y disfruto hasta el paroxismo fabricando sueños a la carta, aunque también paso muchísimo tiempo cuidando y charlando con mis plantas y con mi pez Betta splendens. A veces intento hablar conmigo mismo, pero como discuto por cualquier nimiedad, he decidido ignorarme. Por las noches recorro los pasillos de un punto a otro, y mientras lo hago cuento los pasos en varios idiomas o invento anagramas reordenando las letras de mi nombre y apellidos.

Quizá te preguntes si mi comportamiento no es más que una forma de llamar la atención, pero puedo asegurarte que no es así, al contrario, quiero pasar desapercibido, o por lo menos, lo intento. Porque mis vecinos siguen llamando a mi puerta para pedirme sal o azúcar, regañarme porque al regar les mojo los balcones o para cobrar la cuota mensual de gastos de escalera. Eso por no hablar de los vendedores a domicilio. Ayer, un tipo que representaba a Gas natural se empeñó en que abriera la puerta para convencerme de sus ventajas. Como no tenía ganas de estrangularlo, le dije gritando para que me oyera que padecía un cáncer terminal y que no podía perder ni un mísero minuto con él. Como mi mentira pareció no convencerle demasiado no tuve más remedio que mandarlo a la mierda.

Ahora voy a dejarte. Necesito poner mis ideas en orden inverso.


Un beso

miércoles, 22 de mayo de 2013

Email del 22 de mayo 2013

Ken Currie. Taking a Life mask, II (2010)


Hola:


Tengo varios amigos y conocidos, de ambos sexos y medidas diferentes, que piensan que debería dejar de llevar una máscara y dedicarme a escribir sobre sentimientos y emociones. Creen que escribo sobre la idiotez humana y demás rollos malos, simplemente por hacerme el duro. Pero están equivocados. Este blog se llama "El despotricador anhedónico" y no "El susurrador diabético" por algo. No me interesa la sensibilidad humana, es más, no me interesa perder un tiempo irrecuperable exaltando los beneficios del optimismo, ni volverme poético, lírico y ñoño. Vivir es una demencia, por lo menos tal y como lo hacemos desde hace 60.000 años, es decir, anteponiendo nuestro interes al del resto de seres vivos.

Cualquiera de nosotros -los que aplaudimos hasta el éxtasis el bienestar consumista de esta sociedad clasista y decadente- podríamos haber nacido en cualquier poblado de Zambia, Zimbawe o Angola. Y en lugar de comer tres veces al día, solomillos y Mero, nos contentaríamos con un poco de tierra adobada con unos cuantos insectos negros y de aspecto horripilante. Hemos tenido la (¿mala?) suerte de ser concebidos en un continente donde sólo importa seguir líderes y coleccionar posesiones, acto al que nos entregamos con una dedicación y esmero apabullantes.

Entonces, ¿cómo puede nadie atreverse a cuestionar la percepción negativa que uno tiene de este sumidero al que llamamos civilización? Escribo sobre los malos rollos porque alguien tiene que hacerlo. Escribo sobre los malos rollos porque los buenos son escasos y cuestan una fortuna. Escribo sobre los malos rollos porque me parece execrable exaltarlos sin sentir un desgarramiento interior. Y porque soy libre. Y porque pienso. Al contrario de una gran parte de los humanos vendidos, no trato de disfrazar la realidad. No lo necesito. En realidad me importa una defecación subatómica si alguien me lee. Al contrario de lo que algunos creen, no necesito público. Escribo porque me es más fácil que desplazarme al psicólogo para ayudarle a comprarse un chalet o un coche de gama alta con mi minuta. Escribo porque soy incapaz de pintar o dibujar. Escribo porque es una necesidad. Y punto.

En las paredes de mi habitación cuelgan bastantes máscaras. La mayor parte son muy viejas, están llenas de polvo y casi nunca las uso. Eso no quiere decir que en algunos momentos no aflore mi parte benigna, afable, indulgente o bienintencionada. Pero intento mantenerla sometida y bajo presión. Y no pienso liberarla hasta que el último de los idiotas, reyezuelos o dioses sean exterminados. Porque no se puede alcanzar la verdadera felicidad simplemente creyéndose dichoso y mirando hacia otro lado. Todo es una mierda, y al contrario que las moscas, que ponen sus huevos en ella para tratar de perpetuar la especie, nosotros, tú, yo, él, ella, ellos o ellas, nos solazamos alegremente en los desechos fecales porque hemos sido diseñados exclusivamente para ese abyecto menester.

Hambre, pobreza, guerras, violencia, discriminación, enfermedades, exterminio. ¿Acaso los animales, los vegetales o incluso las rocas tienen la culpa de nuestra maldad innata e intenciones perversas? Nos merecemos lo que nos está sucediendo, que no es más que un final lento e indigno, repleto de infortunios, escasez y penuria.

"Cada paso parece ser la inevitable consecuencia del anterior , y al final se vislumbra con una claridad cada vez mayor, la aniquilación total" (Einstein)


Saludos

domingo, 19 de mayo de 2013

Email del 19 de mayo 2013

Joe Hertzi. Circle 


Amiga mía:


A  veces me dan ataques de Maruja y siento una terrible sensación de angustia cuando veo la casa sucia. Esta mañana me ha sucedido algo parecido y he sentido la necesidad de barrer los suelos y quitar el polvo. Mientras barría el comedor he visto algo en el suelo que me ha llamado la atención. Al recogerlo y observarlo detenidamente me he dado cuenta de que no era algo normal, por llamarlo de alguna forma. No todos los días alguien barre restos de Indusium griseum. Y este seguramente era el mío. No sé si mi cerebro seguirá funcionando correctamente si falta esa sustancia gris, aunque si quieres que te sea sincero, mi cerebro nunca ha funcionado demasiado bien. Por lo menos me alegro de no haber perdido la corteza entorrinal.

Cambiando de tema, ¿sabes cuántos peces de 15 cm le caben en la boca a un pelícano adulto? Yo tampoco. Cuando lo averigües, me envías la respuesta y así podre terminar mi cuento sobre un pelícano que muere al desgarrársele el pico. De momento y hasta que conozca la cifra exacta, voy a aparcarlo en el cajón donde guardo argumentos e ideas para futuros textos.

¿Alguna vez te has preguntado cuál es la razón por la que el ser humano necesita sentirse querido? Yo lo hago continuamente, pero hasta el día de hoy, no he sido capaz de llegar a una conclusión que me satisfaga. Por eso tengo guardado también en ese cajón una disertación bastante voluminosa sobre el amor y sus aspectos biológicos que empecé a escribir a los 17 años. Por cierto, recuerdo perfectamente el momento exacto en que decidí tratar este tema. Fue después de limpiar la encimera de mi madre. Ahora ya sabes desde cuándo me dan estos ataques de Maruja de los que te hablaba antes. ¡Joder! El círculo se está cerrando...


Un abrazo

sábado, 18 de mayo de 2013

Segundo email del 18 de mayo 2013

William Blake. Isaac Newton painting (1795)


Soy yo, nuevamente:


Acabo de llegar a una conclusión, aunque ignoro cuál es. Conociendo mis resoluciones anteriores, estoy casi seguro de que debe ser discutible e inconclusa. Claro que también es posible que su lógica sea irrefutable. La cuestión es ¿debo considerarla como un sofisma non sequitur cuyo único objetivo es demostrarme que no estoy en condiciones mentales satisfactorias? Yo prefiero creer que es simplemente una demostración de mi amplitud autodestructiva. Pero seamos sensatos, ¿acaso tú no te destruyes un poco cada vez que intentas ser coherente? ¿Existe algún individuo que no sienta terror cada vez que razona?

Como esa indefinida conclusión está martirizando mi (in)capacidad intelectual he decidido desmontarla a base de inventar con toda rapidez un conjunto de inconsistencias desequilibradas y vulnerables. Ya sabes, un clavo saca otro clavo. Espero que al final todo este desbarajuste deductivo sirva para algo. Ya me estoy cansando de justificar lo incomprensible.


Saludos

Email del 18 de mayo 2013

Eastern orthodox icon


Hola:


El Señor no es mi pastor. Todo lo más, mi proxeneta.


Besos

viernes, 17 de mayo de 2013

Email del 17 de mayo 2013

Michael Glinski. Apple, pear and peaches (2003)



Hola:

Ayer me robé a mí mismo una manzana y la vendí a mi otro yo de estraperlo. Con lo que saqué compré dos peras, una con forma clásica de pera y la otra con una forma un tanto rara. La rarita me la comeré esta noche para cenar y la otra se la cambiaré a mi sosias por una mandarina. Cuando venda esta última por el doble de su precio normal, invertiré la mitad de la diferencia total en la adquisición de un melocotón, pero no me lo comeré, sino que lo admiraré hasta que tenga un orgasmo (yo, no el durazno). Por alguna extraña razón contemplar nectarínidos desnudos me produce la misma sensación que experimentan la mayor parte de los mortales al contemplar a alguien del sexo opuesto sin ropa o tarareando la canción del corro chirimbolo. Pero me estoy alejando del tema principal de este email. Cuando llegue al clímax contemplando el melocotón completamente desvestido, lo cortaré en rodajas y se las meteré en el bolsillo a un mamporrero profesional. Afortunadamente, no tengo que perder demasiado tiempo encontrando a uno. Mi vecino de enfrente es uno de los mejores mamporreros del país, aunque nunca ha manoseado un pene equino, ya que utiliza guantes de látex. Te preguntarás, y con toda razón, qué es lo que saco yo introduciendo rodajas de fruta en su bolsillo. Nada, absolutamente nada, pero de esta forma, quizá se cambie de pantalones por primera vez en tres años. Hasta su mujer y sus hijas le imploran llorosas cada día para que utilice el resto de pantalones de su armario, pero Guzmán -o Guzmi, como le llaman en la peluquería- se niega en redondo, aduciendo que si se los quita, aunque sea por un instante, puede llegar a  fracturársele el ligamento transverso del acetábulo.

La fijación por una prenda de ropa en los hombres es bastante frecuente. Una vez conocí a un tipo que llevó la misma camisa durante 17 años. Al final tuvo que ser su propia esposa quien se la robó una noche mientras dormía y le prendió fuego en la galería. Al despertarse el marido y ver lo que había hecho su señora con su amiga textil, la estranguló con los tallos de un puerro (a la esposa, no a la camisa) y se fugó a Polonia, donde actualmente reside y regenta una boutique de ropa de lujo. También es famoso el caso de Alfredo, el proxeneta del barrio, que se negaba enteramente a cambiarse de calzoncillos aunque se lo rogaran sus protegidas. Una noche tras una década sin cambiarse, mientras el tipo se duchaba, los gayumbos salieron corriendo, se embarcaron en el talgo con destino a Lugo y una vez allí, se inmolaron arrojándose al rio Miño.

Es curioso cómo se puede cambiar de tema en un monólogo escrito. Y este email o cualquier otro no dejan de serlo. Empecé con frutas y acabo con calzones. Me recuerda a otro email que te envié hace años y en el que te hablaba sobre la dignidad, el honor y los derechos humanos y que al final resultó un panegírico sobre la vileza, la crueldad y las 23 diferentes maneras de cocinar un entrecot de Yacaré.


Un abrazo.

jueves, 16 de mayo de 2013

Tercer email del 16 de mayo 2013

Paul Cézanne. Potted plants (1890)


Hola por tercera vez:


Como eres una especie de psicóloga gratuita a la que le cuento todo lo que me sucede y lo que no me sucede, los sueños y las ensoñaciones, y jamás me has contestado, cosa que agradezco enormemente, voy a tratar de escribirte lo que soñé hace unos días. Uno de esos pocos sueños que me han influido tanto como para llevarme a cambiar mis formas y mis modales para con mis amigas las plantas.


Me encuentro regando las macetas en el balcón, y aparentemente estoy muy feliz, pues mi cara habitual de tristeza se ha transformado en un jubiloso rictus de felicidad descompasada. De repente y sin previo aviso, un Senecio y varias Echeverrias me sujetan fuertemente mientras un gran Aloe me arranca la regadera de las manos y me riega sin compasión.
-Vamos a echarle abono- grita un Selenicereus.
-Sí, de ese que habitualmente usa con nosotras.- replica un Sedum a medio crecer.
-El de bolitas azules. Que sienta este energúmeno lo que escuecen las putas bolitas-.
Mientras intento zafarme de los tallos que me aprisionan oigo a lo lejos un ruido siniestro que conozco muy bien. Una Bouganvilla malhumorada blande la podadora y me la acerca a la cara mientras el resto de vegetales aúlla de una forma demente.
- ¡Vamos a podarle los brazos!- exclama un Rhipsalidopsis mientras mira hacia otro lado,
- Los brazos y las piernas-.
Mientras trato de gritar, una hoja de consistencia apergaminada y resistente me tapa la boca. Entonces lo comprendo todo. Es imposible resistirse.
- Chicas también podríamos podarle el pito-.
En ese momento me despierto en medio de convulsiones y espasmos; me calmo lo suficiente como para intentar caminar sin perder el equilibrio y me dirijo al balcón. Presa de una furia desmedida troceo en minúsculos pedazos cada tallo, cada flor, cada pétalo y sépalo y cuando al fin me tranquilizo, comprendo que todavía estoy en el mismo sueño. Un sueño dentro de otro sueño, como el de Poe.

Saludos

Segundo email del 16 de mayo 2013

Agostino Arrivabene. Fluctuating (2006)


Hola otra vez:


Estoy intentando escribir una farsa sobre el azar y cómo este puede trastocar la existencia. Como te considero mi mejor y más dura lectora, te copio unas cuantas líneas para que me des tu opinión. Si después de leerlas, piensas que es mejor que deje los ansiolíticos y me someta a terapia de choque, haré caso omiso a tus indicaciones y pasarás de repente a encabezar la lista de mis más odiados enemigos:

"A finales del 2007, M encontró trabajo como acariciador de gatos y las cosas empezaron a ponerse difíciles para su familia. Al principio del 2009, su mujer F se quedó embarazada y el gozo y el orgullo invadió por completo sus corazones. Todo cambió el 14 de abril del mismo año. Zumzum, una gata siamesa de aspecto rollizo y seductora denunció a M por tocamientos libidinosos y este fue imputado, juzgado y condenado a 20 años de cárcel. En su celda fue sodomizado, torturado y arropado por J "el levitador" y apalizado, escupido y acariciado por un guardia de prisiones que le dejó embarazado psicológicamente. Dos años después su caso fue revisado y se le concedió el indulto, pero el daño ya estaba hecho. M se convirtió en un violador excéntrico y causó verdadero terror durante el lustro siguiente. Le he llamado violador excéntrico, porque en realidad no violaba a sus víctimas; simplemente se contentaba con atarlas desnudas y conectarles un vibrador en el clítoris durante cinco horas seguidas. La mayor parte de sus víctimas vivieron para poder contarlo, pero algunas quedaron impedidas para alcanzar orgasmos y una intentó suicidarse introduciendo los labios vaginales en un helado de fresa y luego abriéndose de piernas ante un hámster neurótico."


Bueno, esto es lo que puedo pegarte sin edesvelar por completo la trama de la historia. De momento estoy en condiciones de aseverar que si algún día logro publicarlo, se me empezará a considerar como lo que soy, es decir, un verdadero creador por encima del resto de idiotas que, simplemente, hacen lo que pueden.


Besitos.

Email del 16 de mayo 2013

Barnaby Hosking. Cave (2007)


Hola:


Mi parte telúrica me sigue pasando factura, por esa razón guardo mis sonrisas en un bocoy de madera. Aunque éste tiene varias hendijas, las sonrisas no pueden escaparse porque están asustadas y desconfían. A veces las labro con una laya de metal oxidado y cuando están descoritadas y sosegadas las maldigo. Porque es culpa suya que mis facciones se estén reduciendo a una forma simple de materia. Ni siquiera pierdo el tiempo espantando a las moscardas o al resto de carroñeros alados que se rifan los despojos de lo que una vez fue un rostro que expresaba libremente las emociones. Aunque no te lo creas, puedo sentir el nauseabundo ijiyo que se desprende de la putrefacción de mis rasgos.

Mis manos se asemejan a cirios derretidos incapaces de pergeñar los movimientos más elementales. Cuando las miro a la luz de las velas me entran ganas de cercenarlas y dárselas de comer a un perro rabioso. Soy una especie de zombi impecune y misofóbico que malvive en la inopia más absoluta y cuya anamnesis es de dominio público. Y en lugar de lamentarme al contemplar los miles de lobanillos que cubren mi cuerpo, me distraigo jugueteando con los agujeros asurados que produce mi imaginación.

Puedo hacer que las deletéreas líneas del infierno oculten transitoriamente a los vectores celestiales. Aunque la orientación no sea la conveniente, soy capaz de establecer los fundamentos esenciales de mi insensatez que, aunque innecesaria, nunca es excesiva. Y durante los instantes de perturbación anímica producidos por una idea fija, recurrente, extraviada e intratable, la elevación extraordinaria que obtengo de los tallos rollizos, estriados y huecos de la negatividad que me alimenta, impide que caiga al suelo gritando clemencia y lloriqueando como un niño al que han escondido su juguete nuevo.

¡Sí! Está claro. Todavía espero que no suceda nada.



Besos

domingo, 12 de mayo de 2013

Email del 12 de mayo 2013

Glenn Brown. The Hinterland (2006)


Hola:


Deberían embotellarme. ¿Te imaginas? Zumo de Gregory Pez sin azúcares añadidos. Pero, ¿quién se iba a atrever a exprimirme? ¿En qué licuadora descomunal iban a convertir mi carne y mis huesos en pulpa esponjosa? Quiero trocar mi masa en fluido incomprensible. Ya no quiero continuar existiendo con las partículas juntas y perfectamente estructuradas. Necesito sufrir una metamorfosis, pero sin cambiar de volumen y con el mismo número de células, aunque no me importaría demasiado que estas cambiaran bioquímicamente. Lo que me preocupa es el estado de mi hígado. Nunca ha sido el mismo desde que, a la edad de 7 años, alguien me dijo que todas las folclóricas eran lesbianas. Si me transformo, ¿crees que mi hígado sintetizaría las encimas de una manera correcta o lógica? Me disgustaría tanto convertirme en un guiñapo morfogénico, trasojado y obtuso, palingenésicamente hablando.

Soy un Todo distinto de la suma de las partes que lo componen. Algunas de ellas, son detestables y se formaron en el vientre de mi madre, y la mayor parte son adquiridas o incluso robadas, pero todas intensifican una cualidad: la extravagancia. Nunca llegarás a asimilar cuanto amo ese vocablo, pero estoy completamente convencido de que escrito con s, en lugar de con x, ganaría en personalidad fonética y su yum yum yum conceptual relativo, influiría indudablemente en la personalidad de los ineptos circunstanciales que, lejos de sentirse ofuscados al pronunciar una consonante obstruyente, que por narices antecede a una vocal, disfrutarían de una vida plena y realizada vocalizando y escribiendo la vigésima segunda letra de nuestro alfabeto castellano, quizá la más sexy y seductora de todas las que representan gráficamente los fonemas del lenguaje.

Ahora te tengo que dejar. Mi tafanario está dolido por estar sentado garabateándote ideas subversivas que nadie, ni siquiera tú, comprenderá. ¡Qué forma más estúpida de gastar el tiempo! En lugar de tocar el pífano, aquí me tienes, intentando manumitir mi obsolescencia teórica, en un vano intento de sentirme complacido. Pero ni siquiera la masturbación cerebral puede alejarme de ese estado semicomatoso en el que me mantengo desde que cierto espermatozoide paterno fecundó un ovulo parapléjico y acobardado. ¡Cómo me gustaría ser un batracio!


Besos

viernes, 10 de mayo de 2013

Email del 10 de mayo 2013

Ron A Cheek. Falling man (2010)


Amiga:


Todo se está derrumbando. Miro alrededor y veo cómo se desploman las paredes de mi habitación. Camino entre los escombros y siento cansancio al notar bajo mis pies cada uno de los mohosos fragmentos de ladrillo, madera, plomo y cables zumbando. Agazapado en lo que antes fue un rincón, escucho los sonidos del desastre. Estoy solo, pero no tengo miedo. Los demonios interiores han tenido que mudarse. Mientras oteo el horizonte la brisa me roza el rostro.

El esqueleto de mi hogar se balancea. Se mueve de un lado hacia el otro e intento asegurar su posición. Pero el emplazamiento ya no es seguro, ni siquiera su situación. Los restos y los cascotes ya no son la parte que queda de un todo. Y ese todo sigue siendo excesivo; sin límites que restringir.

La gama de colores vivos y mal combinados han dado paso a uno gris, casi oscuro. Cuando lo muevo, lentamente vuelve a la posición inicial. Si lo admiro, desaparece durante unos segundos. Ya no soy capaz de distinguir un atisbo de luminosidad entre tantas sombras y mi percepción de las cosas se reduce a estelas. Me estoy transformando en una granada, cargada con emociones secretas y varios litros de congoja. Me gustaría tanto estallar. ¡Ahora mismo!


Un beso

jueves, 9 de mayo de 2013

Email del 9 de mayo 2013

Van-Gogh. Skeleton (1886)


Hola:


¡Estoy tan cansado! Tan cansado que ni siquiera me apetece volver a jugar esta partida en la que conozco de antemano cada movimiento. Poco importa si juego con piezas blancas o negras, peones o reinas. Al final todo se reduce al Mal y al Bien luchando en una batalla demencial por el poder que impone la propia ambición. Este maldito juego, amañado previamente y que en apariencia no concluye más que con el deceso final, me empieza a resultar tan insoportable como los anuncios de Matias Prats jr con Linea Directa. Y no se me ocurre una forma más válida de acabar con esta sensación desconcertante que suicidarme ingiriendo el contenido de cuatro desodorantes en roll-on, de esos que no dejan manchas en las axilas. Quizá cuando mi recuerdo sólo sea una sonrisa efímera en cada uno de los individuos de ambos sexos que tuvieron la mala suerte de conocerme, mi espíritu indolente pero libre, encuentre una razón para sentirse feliz por haber malvivido.

Acabo de darme cuenta de que tengo un pinguino anidando en un sobaco. Amo demasiado a los animales como para desalojarlo de su vivienda, aunque eso implique demorar mi auto-eutanasia por un tiempo indeterminado. Desconozco cómo ha llegado hasta ahí, pero no voy a interrogarlo. Mientras espero que se largue por sus propias patas, intentaré sacar provecho a la maldita mala suerte que me persigue desde que aprendí a caminar de forma bípeda.

¡Joder! El pinguino no se mueve. ¿Será un golondrino?


Un saludo

domingo, 5 de mayo de 2013

Email del 5 de mayo 2013

Antonio di Puccio Pisano Pisanello. Fresken in Sant' Anastasia in Verona (1436)


Hola:


Hace unos días compuse un micro-relato de 50 palabras para una web que se llama de la misma forma. Escribir algo con esa restricción de vocablos no es nada fácil. Al releerlo una vez publicado, he sentido que debía ampliarlo un poco más, pero no demasiado para que no pierda el formato breve y reducido para el que fue pensado. El resultado, mediocre o vomitivo, es el siguiente:

El protocolo establecido dejaba claro que nadie podía reír. Fue parte del precio que pagó por instalarse en aquel lugar. Mientras contemplaba la calle a través de la ventana, M no podía dejar de preguntarse si había sido una buena idea abandonar el aburrimiento de su anterior hogar y el vacio incondicional de su vida pasada. Tras varias horas de contemplación y preguntas sin respuesta, el vidrio frio y transparente comenzó a empañarse. Era el momento de tomar una decisión que acabara para siempre con las dudas y la incertidumbre que planeaba sobre su cabeza.

Y la decisión, compuesta de osadía y seguridad a partes iguales, llegó cuando, lentamente, como si de una oración muda se tratara, rodeó su cuello con una cuerda desvencijada y de aspecto poco resistente, la pasó sobre una de las vigas de madera que adornaban la estancia y la ató de una manera demente, repleta de nudos dementes y se deslizó al vacío demente desde una silla de mimbre.

Mientras su cuerpo se balanceaba como un péndulo y sus esfinteres recobraban la libertad, se escuchó un ruido seco y confuso que envolvió de inquietud a la porción de vida que todavía resistía en el interior de su cuerpo. Una frase lejana convertida en pregunta retumbó como un estruendo indefinido. Y la pregunta, manchada de fragmentos del pasado creció como el sonido de un tambor lejano multiplicado por el viento.

- ¿Por qué intentas escabullirte?



Saludos (sin soga)

sábado, 4 de mayo de 2013

Email del 4 de mayo 2013

Sabhan Adam. Untitled (2003)


Amiga:


Nacemos dotados de una serie de cualidades innatas proporcionadas por los fragmentos de ADN instalados y organizados en los cromosomas, pero al reprimirlas por medio de la negación racional, percibimos una sensación aflictiva denominada dolor. Sea este, o no, el resultado de la ignorancia, se advierte claramente que tras esa cortina entrelazada con sufrimientos y angustia, desde un punto de vista metafísico, se esconde una incapacidad total para alcanzar la felicidad; ese estado de ánimo que nos es desconocido, al que tratamos con temor y recelo y que nos desasosiega cuando se presenta de improviso.

Si fuésemos capaces de dejar de lamentarnos por un momento -apelo a los individuos que como yo han cruzado esa puerta sin retorno- advertiríamos con cierto regocijo que, gracias a ese sufrimiento moral, emocional, y en definitiva, de la esencia o naturaleza, adquirimos conocimiento, tolerancia y energía. Con esto no estoy tratando de componer un mini-alegato en contra de los que disfrutan su felicidad y la de sus allegados con una sonrisa tranquila y serena, sino que trato de poner a ambas posiciones en el lado que merecen, que no es otro que  sobrevivir a cualquier precio. Pero si vas por ahí cantando mantras a Visnú, alimentando tu cuerpo y espíritu con posturas de yoga o incluso encendiendo velas votivas a Cristo redentor, lo mejor es que tomes conciencia de que este interminable Todo y Nada que es la existencia, en la que actuamos obligados por un director escénico demente y peligroso, siguiendo un guión mal escrito y repleto de inconsistencias, es el merecido castigo que la involución biológica nos impone por habernos creído solemnes.


Un abrazo.

viernes, 3 de mayo de 2013

Email del 3 de mayo 2013

Mikalojus Ciurlionis. The past (1907)


Hola:


Hace un sol primaveral. Afortunadamente las nubes y la lluvia de los días anteriores ya sólo son un recuerdo empapado y húmedo. Pero a veces, el tiempo estropeado y desapacible también se incorpora y se padece en el interior. Poco o nada importa si abres la ventana y los fúlgidos rayos de luz blanca y resplandeciente iluminan las cuatro paredes de la habitación, pues la oscuridad bruna y enervante, alimentada por la ofuscación o la irrealidad y, elaborada trabajosamente por uno mismo como estrategia de supervivencia y sumisión, se abrirá camino entre la maleza ensortijada de evocaciones amontonadas sin orden, en esa función cerebral (que compila, acumula y rememora la información del pasado) llamada memoria. Y son precisamente algunos de esos recuerdos, de esas experiencias, de esas reproducciones de algo aprendido o vivido con anterioridad, las que nos desconectan de la realidad del presente.

Cuando yo era menos honrado y digno de lo que soy hoy, y mi carácter era muchísimo menos pugilístico de lo que es en la actualidad, es decir, hace un par de décadas, o lo qué es igual, hace 240 meses o 1040 semanas, pocas veces perdía el tiempo razonando sobre cualquier materia, asunto o móvil; sobre todo porque en esa época mi cerebro no estaba en condiciones de discurrir o reflexionar y el único propósito de mi existencia era estimular artificialmente el rendimiento de mi insensatez. Como no me importaba nada y mi conducta estaba impelida por causas autointeresadas, fueran o no contraproducentes para mi Yo infinito o para los que me rodeaban, mi concepto de la felicidad o autorrealización era proclive al cambio circunstancial dentro de unas normas severamente establecidas: todo lo que no me sirve para algo es completamente rechazable. Mis días de mortificación y sacrificio (que transcurren actualmente) aún estaban por llegar y las palabras verdaderamente importantes para mí, eran Yo y Mío, en ese mismo orden. Las demás consideraciones eran claramente sacrificables y me jactaba de ser un experimentado verdugo. Pero era verdaderamente dichoso. Es más, creo sin lugar a dudas que ese periodo de mi vida es en el que he estado más cerca de lo que solemos entender como felicidad. Ya sé que eso dice poco sobre mí, pero es algo que ya no me quita el sueño. Simplemente Fui, pero ya no Soy. Al no Ser, evidentemente No Existo, por lo tanto, este conglomerado de líneas mal redactadas y sin lógica está escrito por alguien que no vive. Y si no vivo, no es porque no conserve mi alma dentro de un imperfecto cuerpo material y haya sido parido con considerables esfuerzos por vientre materno, sino porque me niego a considerarme humano mientras una enorme parte del resto de individuos pertenecientes a esta clasificación anti-natural y repletos de dones sociales impuestos por la deidad Dinero, sigan glorificando la involución como una manera justificada de administrar los procedimientos internos de forma adecuada a los cambios producidos en su entorno.


El sol sigue situado por encima de nuestras cabezas, como suele ser habitual en él. Desde esa desproporcionada altura las cosas se deben ver de una manera distinta. Me lo imagino, ya que nunca he estado en una posición tan alta. He vivido en las cavernas subterráneas del infierno, donde cada proposición racional equivale a un lamento, pero si estuviera en mis manos, viajaría hasta ese astro rey que nos calienta e ilumina, me cobijaría entre el plasma que lo forma, y me fundiría incorporándome al núcleo, junto al azufre, el estroncio y el titanio.


Un abrazo

jueves, 2 de mayo de 2013

Email del 2 de mayo 2013

Egon Schiele. The self seers death and man (1911)

Hola:


Veo tantas veces su rostro reflejado en cada objeto, cada lugar o a donde quiera que dirija la mirada, que no puedo dejar de sentir convulsiones violentas en la mayor parte de los músculos de mi cuerpo y una especie de ahogo o sofoco, que empaña la absoluta totalidad de las horas en las que estoy despierto. Pero por la noche, esas visiones adquieren un poder inusitado, y la aflicción combinada con los sueños, me sumergen en una vorágine de dolor lancinante inextricable que sólo cesa cuando me abandono entregando mi psique malherida a las caricias desproporcionadas del Diazepam o sus derivados. En esos momentos, mi cuerpo y mi mente están más cerca de la muerte que de la vida, y ya nada me importa demasiado; ni siquiera esa tiara de oscuridad enfermiza que insensibiliza los breves instantes que dedico al ensimismamiento y la abstracción.

Mientras analizo los palimpsestos en los que está grabado mi pasado, no puedo dejar de sentir un estremecimiento cuando observo que lo he malgastado de una forma estúpida, innecesaria e infantil, trocando el esplendor memnoniano que me fue entregado por mis ancestros, en vacuidad rebuscada, gratuita y afectada. Es tan fácil dejarse llevar. Resulta tan cómodo echar las culpas al carácter. Me he comportado como el escorpión durante tantos años, que incluso estoy convencido de que ya no existen las ranas. Y sin batracios a los que picar, ¿para qué sirve la ponzoña? Quizá debería replantearme la situación, el conjunto de circunstancias que condicionan los hechos, la relación o correspondencia entre estos y mi naturaleza limitada. 

Intento imaginar que ya no existe, que nunca ha significado nada, pero no puedo seguir mintiéndome, pues mientras fabrico esas falacias a la carta, su rostro sigue perturbando el orden y el estado de mi infelicidad. Podría...¡Sí!, pero no sería justo ni con ella ni conmigo, ni siquiera con la imperceptible señal que me permite acomodar los hechos en la situación necesaria  para lograr un único y determinante fin.


Un abrazo