lunes, 29 de abril de 2013

Email del 29 de abril 2013

René Margritte. The fine idea (1964)


Hola:


Estoy escribiendo un mini-relato para un concurso y me he quedado atascado. Al principio, tenía las siguientes líneas, que aunque no estaban a la altura de lo que puede escribir Italo Calvino, me resultaban reconfortantes cuando las leía completamente dopado:

"Era un tipo repugnante, más feo que un celacanto, pero no tanto como nuestro presidente del gobierno, digamos que su rostro guardaba cierta similitud con el de un almiquí al que han cercenado parte de las fosas nasales para elaborar pastitas de carne." 

El problema es que cuando acabó el efecto del diazepam, me resultó casi imposible releer la frase sin sentir ganas de meter la cabeza en el cubo de la basura, así que decidí transformarla un poco. El resultado fue el siguiente:

"Era un tipo embustero, más mentiroso que un abogado, pero no tanto como nuestro presidente del gobierno, digamos que sus mentiras estaban a la altura de las del personaje protagonista creado por Carlo Collodí, aunque quizá me estoy quedando corto."

Como al mismo tiempo estaba trabajando en un capítulo de mi "Tratado para desesperados pacientes", decidí guardar el párrafo y la hoja que lo albergaba en un cajón durante varios días. Cuando lo rescaté y volví a darle una oportunidad, creí oportuno darle un giro. Después de girarlo hacia la derecha en un ángulo de 60 grados, su aspecto mejoró algo y quedó de la siguiente manera:

"Era un tipo cobarde, más miedoso que Scooby doo, pero no tanto como nuestro presidente del gobierno, digamos que su apocamiento era famoso entre sus amistades porque en numerosas ocasiones rayaba la demencia más absoluta."

En estos momentos, es decir, ahora mismo, o lo que es igual, mientras te escribo este email, no tengo claro qué hacer con ese conjunto de vocablos. Ni siquiera tengo claro si es una buena idea perder más tiempo desarrollándolo. A decir verdad, ni siquiera sé si levantarse cada mañana sirve para algo. Me levanto porque estoy acostumbrado a hacerlo, pero no existe un motivo, una causa o razón. A veces pienso que si me quedara en la cama hasta que la parca se dignara a hacerme una visita, evitaría todos los problemas que implica estar vivo; pero sólo es un pequeño pensamiento distorsionado, pues los problemas, las preocupaciones, los obstáculos o los disgustos son inherentes al medio de locomoción bípedo. Y eso, es algo que no es tan fácil de cambiar como los renglones de un penoso relato, proyectado por la estupidez y escrito por las manos temblorosas de un poco talentoso y torpe escritorzuelo.


Un saludo

jueves, 25 de abril de 2013

Email del 25 de abril 2013

Chester Arnold. Crooked Timber (2010)


Hola:

El sentimiento de pesimismo crece y su avance determina la magnitud de la frustración y el desconcierto. Mientras éstos progresan impregnando de apatía y desesperación a la síntesis del Yo infinito, la conciencia del mismo se desequilibra. Es en este instante, cuando surge la desconfianza en forma de contradicción temporal que anula por completo el deseo de reflexión y transforma la debilidad en inconsciencia, precipitación y suplicio ilógico.

Ahora, me voy a comprar peras.


Un saludo

miércoles, 24 de abril de 2013

Email del 24 de abril 2013

Henry Walliss. The death of Chatterton (1856)

Amiga:


Hace unos pocos meses, creo que fue en noviembre, en la última entrega de mis "listas" en otro socorrido email, te prometí que la próxima estaría dedicada a mis enfermedades favoritas (¿o eran preferidas?), pero como soy un tío realmente inseguro y no me caracterizo por hacer lo que digo, he decidido escribir una totalmente diferente. Entre los tres temas que me inquietaban, he acabado eligiendo uno que me complace, que además sigue los cánones establecidos por el título de la bitácora y que es un clásico dentro del imperfecto razonamiento humano: las cinco cosas que haría si me quedaran uno o dos años de vida.


1- Limpiaría el ordenador.

La verdad es que si voy a palmarla, poco importa si mi PC y mi laptop están hechos una porquería o no, pero si algún pariente, amigo, ex amante o, lo que es lo mismo, una rata de cloaca los va a heredar, no quiero que se lleve un chasco. Durante años he dado una falsa apariencia de hombre limpio y ordenado, aunque la realidad era todo lo contrario.

Me viene a la memoria una anécdota que le sucedió a un tipo raro, creo que se llamaba Gregorio, pero no estoy del todo seguro, pues hace bastantes años que alguien me la relató. Resulta que este elemento había quedado con una chica que era muy bonita, aunque bastante sucia y desastrada. Después del cubata de rigor se dirigieron a la casa de la fémina, pero ésta se encontraba en un estado de abandono tan horripilante, que a G le entraron unas ganas irrefrenables de limpiarla (a la casa, no a la chica). Y eso es lo que hizo. Y parece ser que hizo un trabajo estupendo. Cuatro horas después, cuando cada una de las habitaciones, el comedor, la cocina y el aseo estaban tan limpios como los ovarios de la Virgen María, nuestro Don Juan se bajó los pantalones y buscó en vano a su amada. Pero su amada había desaparecido. Uno o dos momentos más tarde la encontró retozando con otro tipo en el rellano de la escalera. Cuando ésta lo vio salir de su propia casa con aspecto satisfecho, no tuvo otra ocurrencia que preguntarle si había puesto también la lavadora con la ropa de color y a cuánto cobraba la hora.

2- Recorrería el camino de Santiago.

Dudo de que exista en este mundo alguien tan ateo como yo, pero como prácticamente la totalidad de los amigos que conozco o he conocido lo han hecho, y además juran que les ha cambiado la vida, me veo en la tesitura de comprobarlo por mí mismo. Desconozco cómo andar con un bastón puede llegar a cambiar una vida, todo lo más que se me ocurre es que cambie el aspecto de las botas o incluso de los pies.

Como Pedro Limonero, que era naranjero. O puede que fuera al revés. El caso es que este fulano intentó hacer los 730 km del camino en 5 minutos, pero acabó en el juzgado de guardia denunciado por el espíritu del Apóstol y sentenciado a cadena perpetua por fanfarronería y abuso de velocidad.

3- Me disfrazaría de mujer.

Puede parecer un tópico de macho castrado, pero me gustaría saber qué se siente siendo una mujer, aunque sea una sensación efímera y sólo dure unos pocos minutos.

Igual que Augusto, que era un tipo duro que se afeitaba con un tomahawk. Su testosterona brotaba de su perfecto y musculado cuerpo por cada uno de los poros de su piel y las mujeres suspiraban por sus caricias cuando lo tenían cerca. Pero A tenía un secreto: era un vegetal proveniente del espacio exterior y no le interesaban los terrícolas, de hecho estaba perdidamente enamorado de un dátil de aspecto acarcamalado y masculino, y su vida en el planeta estaba completamente supeditada a conseguir sus favores a cualquier precio. Lo intentó enviándole regalitos e incluso vistiéndose de golfa lasciva, pero la fruta de la palmera datilera no atendía a sus súplicas y al final fue engullida por un jubilado que acababa de cobrar la paga.

4- Volvería a robar en El corte inglés.

Hace tantos años que no hurto nada que se me está empezando a poner cara de buena persona. Y no lo soy en absoluto. Me considero un ser repulsivo, repleto de vicios y con la moral más baja que los leotardos de Hamlet. Si estuviera en mis manos, pasaría por el cadalso a cada uno de los humanos que pueblan este mundo, y si me quedara algo de tiempo después, me pasaría yo mismo.

Hace un porrón de años, cuando todavía no había estrenado mi primera barba, hice una apuesta estúpida con un compañero de clase. El que más objetos robara en un sólo día se proclamaría cleptómano del año. Como estaba completamente seguro de que el título sería mío, no me lo tomé demasiado en serio y empecé la jornada saqueadora a las cuatro de la tarde, nada más levantarme de mi acostumbrada siesta. En un par de horas ya había afanado siete libros, cuatro kilos de peras y un mocho ergonómico, así que dediqué el resto de tiempo hasta las ocho, que era la hora de reunión con el otro chorizo, a cantarle mantras a un cebollino que crecía silvestre en una gigantesca maceta de adelfas que adornaba la puerta de una anciana que era conocida en el barrio por haberse quedado finalista en un concurso de polisones hechos a mano. A las ocho en punto llegó mi rival con un gran saco sobre los hombros y vistiendo una sonrisa avasalladora y puso el resultado de su día sobre el suelo. Decir que me quedé pasmado suena a poco. El aprendiz de caco había rateado un sinfín de objetos de lo más variado. Desde un despertador mecánico tradicional con alarma en progresión hasta un m’bolumbumba urucungo. Pero lo que me dejó más perplejo fue un gallipato vivito y coleando al que bautizó con mi nombre y que más tarde regaló a su profesor particular de religión y ética.

5- Retomaría mi pasión por el tetrahidrocarbocannabinol o THC.

Ya hace un lustro que no fumo marihuana. Desde entonces sólo fumo LM o Marlboro y estoy convencido de que el cambio me ha sentado fatal. Antes, cuando iba ciego, ligaba más y tosía menos. Claro que ahora ahorro más pasta y no tengo que perder un tiempo precioso en convencer al camello para que me fíe. De todas formas, creo que emporrarse es una de las gilipolleces más perfectas que existen y la única que realmente sirve para algo.

Ricardo tenía fama en el barrio por ser un fumeta simpático. Siempre que coincidía con alguien le invitaba a un canuto. Su suerte y su simpatía acabaron el mismo día que invitó por equivocación a su madre, que espantada lo ingresó en un frenopático. Actualmente R no se droga; quizá es porque no está vivo. La palmó un mes después de su internamiento, al desprendérsele la pituitaria mientras intentaba fumarse un pedazo de madera por la nariz. Su madre, sin embargo si se droga, claro que con las pastillas que le receta su galeno particular, con el que tiene una relación adúltera y al que cada navidad regala un extensor de pene marca Jes Extender, modelo 8IGHT, fabricado en Guadalajara.

martes, 23 de abril de 2013

Email del 23 de abril 2013

Arkhip Kuindzhi. Moonlight night on the dnieper


Hola:

En sanscrito se la designa como Chandra, en china se la denomina Yue, pero todos la conocemos como Artemisa o Selena. Me refiero a la luna. La luna vieja, la luna de la nieve, la luna del cuervo, la luna de la hierba que brota, la luna de leche, la luna de la rosa, del trueno, del grano, de las frutas, de la cosecha, pero también de la escarcha o de la noche más larga. Este satélite natural nos observa a todos y tiene el suficiente poder para perturbar nuestras percepciones. Mientras revoluciona sinódica, sideral, trópica, anomalística y draconíticamente, algunos de nosotros -los que tenemos razones suficientes para amarla y temerla al mismo tiempo- aullamos cuando nuestro planeta se encuentra situado exactamente entre el Sol y ella.

En estos momentos bajos de mi vida en que puedo vislumbrar mi futuro claramente agotado y en los que la única alternativa es la desaparición anticipada, la luna ya no representa vida, sino demencia e insomnio, sobre todo en fase de plenilunio. Y es en este periodo, cuando pienso más a fondo en la muerte. Y mientras más medito sobre ella, más a gusto me siento. De alguna forma estoy mucho más cerca del fin de lo que he estado en toda mi vida.

Con esto no quiero decir que tenga ganas de morir, aunque no me importaría demasiado si el desenlace fuera indoloro o sirviera para algo. No creo en la metempsicosis, por lo tanto me complace saber que no volveré a pasar por una angustia semejante, aunque sea con otra forma material. Sé lo que significa estar muerto, pero todavía no he aprendido para qué sirve vivir.

Y mientras los días se suceden como una losa en el calendario, las noches se tornan más rojas e incandescentes. Me encanta contemplar la lenta danza de los demonios perversos que se parapetan en el interior del nosocomio en que se ha transformado mi cerebro. Mientras ellos bailan, yo diseño una estrategia que me ayude a superar el desencanto en que he convertido este capítulo de mi vida. Y mientras todos estos actos siguen el orden natural con que fueron malignamente diseñados, no puedo dejar de sentirme minúsculo y desaprovechado.

La Diosa triple, virgen, madre y bruja, ya no volverá a inventarse respuestas gélidas, ahogadas y silenciosas. Y mientras su risa enloquecida estremezca cada esquirla de mi médula reventada, reclamaré el placer de la carencia o el vacío como el camino más corto hacia cualquier parte.


Un saludo

domingo, 21 de abril de 2013

Email del 21 de abril 2013

Vincent van Gogh. The starry night (1889)


Querida:

Un día es el tiempo que nuestro sufrido planeta emplea en dar una vuelta alrededor de su eje. Generalmente ese tiempo es de aproximadamente 24 horas, pero a veces parece que tenga bastante más (o menos). Todos tenemos días malos y días buenos, aunque si lo analizamos concienzudamente, la mayor parte de las jornadas suelen ser aceptables, mediocres y pasables o incluso repetición exacta de los anteriores. ¿Pero y las noches? Si preguntáramos a la gente cuál es su definición de la palabra Noche, las respuestas serían muy distintas aunque la noche es la misma. Algunos, los menos agraciados intelectualmente la definirían como el tiempo que usan para echarle un polvo al pariente-a (eso sí, de tanto en tanto, muy espaciados); si le hacemos la misma pregunta a un tipo curioso o que por lo menos se interese en llevar una vida resuelta que valore aprender y envejecer al mismo tiempo, la respuesta sería muy diferente, tan diferente que ni siquiera puedo llegar a imaginármela. La noche es el periodo de tiempo comprendido entre la puesta y la salida del Sol. Y en ese periodo, casi siempre suceden muchas cosas.

El día de ayer, es decir, el periodo de tiempo en que dura la claridad del Sol sobre el horizonte, fue uno de los peores de mi vida y el más horrible en los últimos 20 años. No te voy a contar los sucesos que acontecieron de dicha jornada infame porque sólo de recordarlos me entran ganas de salir a la calle por el balcón, pero sí te puedo escribir todo lo que me sucedió por la noche...

Sobre la una de la madrugada me quedé sin tabaco, así que me puse los pantalones, una camiseta y las zapatillas -ahora ya sabes cómo voy por casa- y salí a comprar un paquete al bar de abajo que cierra bastante tarde. Como soy tan impetuoso, o idiota, y como no me encontraba en el mejor momento de mi vida, cerré la puerta con las llaves puestas por dentro. Aunque hubiese contactado con alguien que tuviese una copia, no me habría servido para nada. Pero lo peor es que también me dejé el móvil, y sin él estoy perdido. El único número que me sé de memoria es el mío y el de la casa de mis padres, que en esos instantes estaban durmiendo en el chalet, a 70 km de distancia. Mientras pensaba una solución me puse a caminar temblando de frio. Cuando ya llevaba unos tres kilómetros recorridos decidí sentarme en el banco de un parque y meditar sobre mi vida, sobre la forma en la que estoy llevando y sobre todo en el futuro que me espera si no hago algo al respecto.

Si el día fue horrible, la noche fue peor. Sobre las cuatro, decidí tumbarme en el banco e intentar dormir, pero me resultó del todo imposible. El frío era insoportable y los borrachos del banco contiguo no paraban de vomitar y hacer ruiditos insoportables. La única solución que me pasó por la cabeza fue mirar la luna, casi llena. y las estrellas que brillaban como diamantes. Por fin se hizo de día y me sentí con fuerzas suficientes como para molestar a un  vecino y desde su casa llamar a un cerrajero de guardia, que llegó al cabo de una hora y pico y tardó sólo tres minutos en abrir la puta puerta con un plástico duro y mucha maña. Esos pocos minutos me costaron 155 euros.

Ahora, mientras te escribo sobre mi día y mi noche, estoy tosiendo y bebiendo un café cargado para calentarme. Si no he cogido una pulmonía es porque hasta mis pulmones sienten pena de un pelele como yo. Ignoro si la jornada de hoy va a ser mejor o peor que la de ayer, pero si quieres que te sea sincero, me importa un pito. En Eritrea o Senegal, alguien pasó un día peor que el mío y seguramente ahora lucirá una sonrisa de oreja a oreja. Yo no puedo sonreír, me es imposible, pero sí puedo cagarme en una deidad que no existe: Dios.


Un beso

miércoles, 17 de abril de 2013

Email del 17 de abril 2013

Iván Shishkin. Woodland (1889)

Querida amiga (o amiguita):


Para pensar con completa lucidez, uno debe erradicar por completo el deseo de seguir viviendo. Sólo de esta manera llegaremos a desembarazarnos del resto de deseos, que de una forma u otra nos impiden llegar a un razonamiento asequible, directo, trascendental y emancipado de las distorsiones sugestionadas por la cobardía emocional y la deshonestidad individual.

Si las emociones son energía, la autocastración de dichos impulsos es estulticia elevada a cotas imposibles. Pero de eso nos alimentamos, y mientras tragamos con auténtico placer toneladas de necedad y desaciertos a partes iguales, nuestros principios físicos e intelectuales se reprimen. Y es ese movimiento inhibido, esa ilusión engañosa, la que nos hace desmedidos y la que redefine nuestro ambiguo estatus con los términos involutivo, entrópico, irreversible. De poco sirve en esos instantes usar estrategias; la ira y la inseguridad disfrazadas con un aura de oropeles de baratillo nos habrán vencido. Ya nunca volveremos a ser los mismos; en nuestro interior anidará el germen de la enfermedad.

Parte de mi pre-adolescencia la pasé en el pueblo de mi madre. A un par de kilómetros de mi casa había un bosquecillo de nogales en el que solía pasar bastante tiempo. Me encantaba descansar tumbado entre la tierra húmeda cubierta de hojarasca y maleza indeterminada. Algunas veces, cuando las respuestas a mis preguntas no se presentaban a tiempo en el cerebro, dibujaba garabatos en los troncos con una pequeña navaja o, simplemente, me ponía a contar y bautizar a las ardillas o a cualquier pequeño animal que se dejara ver. Todo cambió cuando cumplí los dieciséis años. Ese bosque sagrado que me trastocaba emocionalmente y me transmitía sosiego, paz y serenidad, dejó de representar algo en mi vida. Sucedió de repente, sin previo aviso. Dominado por ciertos impulsos irrefrenables como la apatía mezclada con el deseo de sociabilidad a cualquier precio, me convertí en un innombrable. Cerraba las puertas con una patada de kárate o apagaba las luces de un disparo. Me costó un montón de años volver al estado anterior, pero todavía, a día de hoy, sobre todo cuando me siento deprimido, fracasado o víctima, no puedo olvidar las lecciones aprendidas en aquella época de cambios perpetuos y espinillas devastadoras. ¿Asimilé la lección?

miércoles, 10 de abril de 2013

Email del 10 de abril 2013

H.J.Ward, Superman painting (1940)


Hola:


Tengo un amigo, bueno, más bien es un conocido del barrio, al que apodan "toallitas húmedas wc" -aunque él prefiere que le llamen "toallitas limpiadoras purificantes"- que está cansado de morir. Según su cómputo particular ha muerto un promedio de dos veces al día en los últimos 20 años. Además, y esto es lo que le hace especial, sus muertes suelen ser espectaculares y demenciales: por inhalación, por sofocación, estrangulado, pisoteado, disparado, ahorcado, envenenado, de un ataque de risa provocado por algún motivo banal, e incluso electrocutado con la corriente producida por un mal contacto del vibrador que utilizaba su abuela para hacer mahonesa.

Este tipo tiene un primo por parte de madre, al que conocemos como "gel de ducha exfoliante", que ve el interior de las personas, pero ojo, por interior no me refiero a su Yo, conciencia, alma o ser, sino al estado de exposición que provoca la desnudez. En pocas palabras y para que nos entendamos: el fulano tiene la capacidad de vernos en pelotas, y lleva esa capacidad hasta límites insospechados, burlándose de los atributos de cualquiera que le caiga mal y ensalzando los de los que le dan coba o ríen sus gracias.

Hace unos años, el primero se enfadó con su pariente porque éste había pregonado a los cuatro vientos que el miembro viril de su primito era del tamaño de un cacahuete a mitad de crecer. Como venganza especial, "toallitas húmedas wc" decidió morir de elefantiasis de pene y así silenciar todos los rumores que le acobardaban, demostrando que el tamaño descomunal de su pito era una realidad. Cuando "toallitas limpiadoras purificantes" se enteró del desaire, se enfureció de tal manera que desde ese día su poder para atravesar la ropa desapareció por completo y un par de semanas más tarde decidió largarse a vivir a Bangkok.

Unos meses después de este suceso, llegó al barrio un chaval de aspecto afeminado al que enseguida todos empezaron a llamar "champú acondicionador". Pronto, "champú" y "toallitas" se hicieron colegas y formaron una especie de hermandad llamada "Quitaesmaltes sin acetona", para formar parte de la cual era necesario demostrar un poder especial. "Champú" también tenía su don particular: era capaz de beber productos en estado sólido. Al cabo de un periodo corto de tiempo, la hermandad fue creciendo y llegaron a pertenecer a ella seis tipos raros más:

- "Apósitos de gasas esterilizadas", que podía mantener largas conversaciones con las zapatillas de invierno.
- "Enjuague bucal sin alcohol" que poseía la capacidad de escuchar la radio sólo con apretarse la nariz y sintonizaba las emisoras con la oreja derecha que le servía de dial.
- "Bastoncillos de algodón" que fabricaba bizcochos sin azúcar al chasquear los dedos de la mano derecha y plum cakes cuando chasqueaba los dedos de la mano izquierda.
- "Leche solar protectora" que levitaba cuando un vendedor de enciclopedias a domicilio estornudaba.
- "Crema nutritiva corporal" que domesticaba caracoles y contaba chistes a las mariposas, que se partían de risa y a menudo necesitaban posarse en cualquier lado para recomponerse.
- "Gel hidroalcohólico" que era sacerdote, proxeneta y traficante de toallas en un universo paralelo.

Esta fraternidad de sujetos extravagantes y con superpoderes siguió funcionando -por llamarlo de alguna forma- durante casi cuatro años e incluso llegaron a aparecer en la televisión nacional. Pero todo se vino abajo el día que los expulsaron sin miramientos del local que alquilaban y que les servía de sede, por impago repetido de cuotas de arrendamiento. Desde entonces nadie ha vuelto a verlos. Algunos están convencidos de que emigraron a Tailandia para conocer o reencontrarse con "gel de ducha exfoliante", pero esta versión carece de fundamento y no está plenamente demostrada.

Te juro por Dios que todo lo que he relatado es verídico y puede ser fácilmente confirmado. Te doy mi palabra de honor de que esta historia es tan cierta como que yo soy el tipo más feo y deforme que puebla el planeta (actualmente).


Un saludo

martes, 9 de abril de 2013

Email del 9 de abril 2013

Briton Rivière. Daniel's Answer to the King (1890)

Hola.



Algunos lectores de mi blog me han preguntado sin rodeos si sufro trastorno bipolar, ya que según ellos, fluctuar de la tristeza pesimista al humor eufórico en un mismo día no les termina de cuadrar, a menos que padezca de esa enfermedad o sea un camaleón o una sepia. Cualquiera que tuviera 75 dedos de frente se reiría de las cosas que me han preguntado en esta vida, antes y desde que me dió por abrir una bitácora, así que me he sentido obligado a responder de una vez por todas a las más recurrentes. Te adjunto el texto que contiene  las jodidas respuestas para que te sientas orgullosa de ser la primera en leerlas...

-No padezco TAB (trastorno afectivo bipolar), pero si faringitis crónica, aunque a veces, sobre todo en la ducha, puedo entonar perfectamente un aria de Puccini o incluso de Wagner con una voz perfectamente modulada que suele dejar pasmados a los vecinos que espantados aporrean el tabique.

-No soy homófobo, pero como a veces me silban los albañiles cuando me ven caminar, acabo descargando mi ira contra el gremio (albañilería y construcción) en los textos. Una vez, incluso un fontanero tartamudo me echó un piropo, supongo que con la intención de que le dejara algo de propina. Algunos de los mejores amigos que he tenido han sido homosexuales y jamás he sentido la necesidad de no darles la espalda.

-Escribo sobre los malos rollos, básicamente porque alguien tiene que hacerlo. Podría perfectamente garabatear un millar de folios alabando las maravillas de la creación y su perfecta armonía dentro del cosmos, pero como el ser humano, a día de hoy, no me produce ningún asombro y sí diarrea, y como básicamente, es mi tema predilecto (después de los gayumbos o croissants) no me queda otra opción alternativa.

-Me gustan las moscas. Las encuentro perfectas. Me encanta su pasión por la podredumbre, la descomposición y la mierda. Ellas fueron las musas que me hicieron darme cuenta de una vez por todas que una hez y un ser humano son la misma cosa, aunque generalmente, la primera sea un regalito del segundo.

-Me gusta escribir chistes escatológicos. ¿Qué pasa? Yo no he inventado la escatología. Esa palabra ya existía cuando vine al mundo. En todo caso la he violado, aterrorizado, y si me apuran, la he exaltado.

-Sí, odio a los idiotas, pero ojo, no a toda clase de idiotas; sólo a los que se han hecho idiotas a sí mismos, con trabajo, paciencia y dedicación. Por el contrario, adoro a los idiotas de nacimiento. Yo mismo soy uno de ellos.

-Prefiero escribir textos serios, por llamarlos de alguna manera, y aborrezco mis textos humorísticos. El problema es que para un cínico sin talento es mucho más sencillo expresarse en un tono gracioso e irónico.


Respondidas estas cuestiones, sólo me resta rogar a los dioses para que intenten hacer insoportable la vida de los autores de las preguntas. Y de paso, la de sus acreedores.

lunes, 8 de abril de 2013

Email del 8 de abril 2013

Giovanni Battista Salvi. La Virgen en meditación


Hi:

He pasado casi toda la noche meditando y en estos momentos me duele la cabeza. Me la amputaría pero no dispongo de otra. Por algún motivo le he cogido cariño a ésta, aunque a veces va más allá de lo que se le pude pedir a una testera y va por libre, y entonces, llega a unas conclusiones que me hacen temblar de espanto. Pensar es un ejercicio inútil, sobre todo si se hace comiendo palomitas de maíz, pero por el contrario, si no razonamos, ¿para qué sirve estar vivo? ¿Para discutir con el tendero sobre la calidad de sus productos? ¿Para aguantar memeces de algunos engendros humanos que se incrustan en la dignidad como lapas espectrales? ¿Para llevar una cuenta detallada de las veces que uno se equivoca al día? Reflexionar es un proceso agotador y que la mayor parte de las veces no sirve para nada. Es mejor salivar, vomitar o titiritar, por poner algunos ejemplos de verbos que acaben con los grafemas "ar".

Hace algunos años, creo que doce o trece, decidí estar cuatro meses seguidos sin pensar, o discurrir, o cavilar, o como diantres se le pueda llamar al acto de formar, examinar y relacionar ideas en la mente, y lo único que conseguí fue que me saliera un flemón en la joroba (¿o fue en las encías?). Con este ejemplo no pretendo restar valor al hecho de que concentrarse y recapacitar sea beneficioso para el crecimiento personal individual, pero si me lo permites, me gustaría formularte una pregunta: ¿por qué razón los ácaros no piensan y sin embargo sobreviven felices, ilusionados y sin deseos firmes de suicidio? Ya sé que una persona no es un insecto, aunque algunas se asemejen en la forma y en el comportamiento, pero como modelo o prototipo es totalmente válido. En resumidas cuentas: los animales viven más tranquilos y se desarrollan de una forma más perfecta usando el instinto que los humanos, repletos de esa parte primordial del encéfalo que ocupa la zona anterior y superior del cráneo y que se le suele denominar cerebro.

Llegados a este punto de mi disertación en forma de email castrado, sólo me resta apuntar un par de ideas que me suelen sobrevolar la quijotera cuando estoy deprimido:

1- Mi vecino tiene coche y yo no, por lo tanto él es rico, aunque a veces le oiga sollozar cuando pego mi oreja a la pared que da a su dormitorio. Si es rico por tener coche, yo soy pobre por carecer del mismo. Pero por el contrario, yo dispongo de ideas, es decir, pienso, y él no. Por lo menos, eso grita su mujer a todas horas del día. ¿Es mejor ser rico y parapléjico mental o pobre y con un rendimiento cerebral en constante expansión?

2- La mascota de mi vecino, que atiende al nombre de Rufo y es un perro de la marca (o raza) Bulldog vallisoletano, tiene una depresión y maúlla. Yo no tengo mascota, si no cuento las moscas que rondan felices por mi hogar, pero también siento deseos de salir al balcón y ponerme a ulular como un poseso. Lo cual me lleva a una terrible y fundamental pregunta: ¿es posible que yo sea mi propia mascota?

Dejo a tu criterio la respuesta a esa cuestión. De momento voy a ponerme la correa y sacarme a pasear un ratito. Creo que me lo merezco; me he portado muy bien y no me he ciscado en la alfombra.


Un saludo (o do,s si te gustan los números pares)

domingo, 7 de abril de 2013

Email del 7 de abril 2013

Van Meegeren. Los discípulos de Emaús (1936)


Hola:


Hace la tira de años escribí un texto tonto e infantil que envié a algunas mujeres y a varios foros y que, a día de hoy, es copiado indiscriminadamente en la red. No es que me sienta orgulloso de él, ni de que me lo roben o plagien, sólo que alucino con que algo tan idiota guste a la gente. Claro que si pensamos que el mundo está repleto de acémilas campestres, no debería llevarme las manos a la cabeza, sino al trasero. El problema es que carezco de culo desde que rebajé mi peso de 90 a 78, pero eso es otra historia. Te adjunto dicho escrito para que juzgues o vomites (lo que te siente mejor):

Hola:
Te escribiría una larga nota diciendo lo guapa que te encuentro y lo mucho que me ha gustado tu perfil, pero desgraciadamente esta noche ha fallecido es su pecera mi anchoa "Narcisa", y como comprenderás me encuentro afligido, aturdido, anonadado y descompuesto. Narcisa tenía 13 años y era un pez fuerte, hermoso y noble. Comía perfectamente y sus deyecciones eran alargadas, blancas y compactas, por lo que su fenecimiento es para mí un misterio insondable. Sus exequias se celebrarán mañana en el cementerio de anchoas del Saler a las 16:30. Si acudes al funeral (pues estas cordialmente invitada) te ruego encarecidamente aportes algunas monedas de oro como amable, sincera y altruista donación para el futuro proyecto del C.S.P.O. (centro de salud para peces óseos) En un futuro más lejano aspiramos a construir un segundo hospital para peces cartilaginosos.


Te preguntarás la razón de mi tardanza en enviarte un nuevo email. La respuesta es simple: he estado buscando unas posaderas falsas, de esas que vienen cosidas a los calzoncillos. Aunque no las he encontrado, he llegado a la conclusión de que debía escribirte y felicitarte por tu reciente lobotomía. Ahora ya sabes qué significa estar en la luna, o por lo menos cual es la distancia entre Lugo y Pontevedra.


Un abrazo


PD: Últimamente, cuando pienso salta el diferencial de mi casa. ¿Se te ocurre qué puedo hacer para solucionar el problema? Y no me digas que deje de pensar, por favor...

sábado, 6 de abril de 2013

Email del 6 de abril 2013

Jose Ignacio Prieto del Pico. Desesperación (2008) 

A propósito de la singularidad...


ANOMALÍA ENDÓGENA

Ella cambia. Muta como un anolis y, cuando eso sucede, los hemisferios de mi cerebro se descomponen. A veces muestra un color azul tornasolado que desinfecta y lubrica los ventrículos de mi corazón hipnotizado. Otras se exhibe roja como las llamas del infierno, y es en esos instantes, cuando sé que debo desaparecer. Los martes y jueves irradia luz refulgente y cegadora, que lejos de apaciguar mi mente la inquieta; pero el resto de la semana se presenta tan cambiante como el gato de Cheshire y tan ardiente como un lahar volcánico, y es en esos momentos cuando la amo y la temo, porque no se puede querer si antes no se siente inquietud o angustia.

La niebla oculta la cresta de las montañas. Cuando el sol las ilumina transforma las nubes blancas y algodonosas en sombras difuminadas, y estroboscópicas. Me encanta contemplar esa alteración ilusoria, psicológica e irreal mientras la miosis me protege de la luminosidad que provoca el conocimiento y las modificaciones que éste arrastra consigo. La realidad varía como la intensidad del campo eléctrico, por esa razón me siento obligado a aparecer y desaparecer a la inversa del cuadrado de la distancia. Soy un dipolo desorientado, una asimetría neutral, un isótopo inestable que ha agotado por completo su tiempo de neutralización.

Cuando ella me abraza me siento feliz, cuando me ignora me siento feliz. Si recoge mis sueños y los pulveriza, elaboro nuevos y los escondo tras el remolino que provoca una cascada redireccionada. Si acaricia mis deseos, los exhibo en una vitrina acristalada de textura suave y los contemplo un poco cada día. Con eso me es suficiente. El tiempo me agarra con una fuerza inusitada. De nada sirve escuchar las sílabas del silencio y elaborar un plan final que acabe con todos los propósitos e intenciones. ¿Me estoy perdiendo?


ANOMALÍA EXÓGENA

Nadie prepara su propia supervivencia. Están demasiado ocupados planificando la de los que les rodean. Entretanto diseñan capítulos de una novela inexistente y se preocupan más de la calidad del papel que de las palabras que deben formar parte del resultado. Mientras eso sucede, cada reflexión deja una huella que es efímera y está sujeta a cambios permanentes. Pero cada cambio implica desesperación y, a veces, felicidad en forma de crisis. A menudo nos preguntamos qué clase de mal habremos sembrado en otras vidas para que la actual sea tan desesperante y espantosa.

Existen multitud de fechas que se nos han quedado grabadas en ese imperfecto y descontrolado chip que es nuestro cerebro. Una parte de ellas significan algo; el resto es pura patraña. Sin embargo a la hora de elegir, sucumbimos a las últimas como efímera justificación del vacío que nos aprieta como una garra asesina. Sufrimos para pagar una deuda; el problema es que desconocemos cuál es y en qué momento la adquirimos.

Y mientras tratamos por todos los medios de buscar algo que no existe, la frustración crece de manera exponencial y la inocencia se pierde entre pasadizos de odio, ira y letanías de envidia. Ya nada tiene sentido. Sólo escapar lo más rápido posible y volver al principio del final para siempre.

viernes, 5 de abril de 2013

Email del 5 de abril 2013

Alyssa Watters. Spider

Querida pizpireta:


Imagínate una telaraña en forma de embudo situada en un plano vertical entre un indeterminado número de aristas. En esa tela vive una araña, llamémosla Zaroff, aunque también podríamos llamarla Lilith o Bathory. No es un arácnido cualquiera. Sabe que forma parte de la Creación, pero al mismo tiempo, reniega de su destino. Por esa razón tiene que matar. No para alimentarse y seguir su propio ciclo biológico, sino para sentirse fuerte y única. Colecciona presas que nunca devorará, simplemente por el placer de ver sus cuerpos inertes envueltos con sus propios despojos y sin vida.

Un día cualquiera, y cuando digo cualquiera me refiero a que no importa si el clima es espléndido o por el contrario es frío y desapacible, cierto insecto de aspecto bobalicón y ciertamente ingenuo, se queda adherido en el lado inferior de esa tela pegajosa biosintetizada a base de trastorno disociativo y egocentrismo a partes iguales. Aunque es inocente, no es estúpido, y mientras con todas sus fuerzas trata inútilmente de desembarazarse de la trampa que le oprime, sabe que está perdido.

Mientras espera su turno, toda una vida de imágenes distorsionadas y descubrimientos sin sentido cruzan su memoria. Algunas le producen gracia, otras desconsuelo, pero como sabe que va a morir, las descompone en pequeñas partes que forman un todo y que le sirven de terapia. ¡Es curioso! Es su final y pierde el tiempo en una banalidad tan inconsciente. Pero es un puto bicho y carece del poder que otorga la lógica.

De repente, mientras se balancea como si fuera una peonza, nota como seis pares de patas y ocho ojos se acercan a él con una rabia y malignidad inusitadas. Cuando empieza a notar la cercanía de los pedipalpos, dotados de una modificación singular y compuestos de uñas terminales y espinas, siente que debe luchar y defender su vida. Y la única manera que conoce, antes de que el estomodeo, mesodeo y proctodeo del demonio artrópodo hagan su trabajo succionando sus líquidos vitales y acabe secretándolos en forma de enzimas, es sacrificarse a sí mismo.