miércoles, 27 de marzo de 2013

Segundo email del 27 de marzo 2013

Gsarawt


Hola por segunda vez:


Nada sale como uno tiene pensado. Por esa razón siempre he envidiado a los animales y los vegetales. No razonan, por lo tanto nunca se equivocan y no tienen que sobrevivir cargando una serie de lastres que la mayor parte de las veces sólo sirven para rebajar las fuerzas y la autoestima. No creo en la metempsicosis, ni en la transmigración, ni siquiera la metensomatosis o la palingenesia. Pero si esas creencias tuvieran algún fundamento, me gustaría reencarnarme en un Nautilus, ya sabes, esa especie de molusco cefalópodo que luce una concha multicolor e irisada. Como no soy taoísta, ni hinduísta o budísta, se me hace bastante difícil llegar a imaginar que en otra vida pueda llegar a ser cualquier cosa, ser o ente. Lo que tengo claro es que NO me gustaría volver a ser un monito erguido o humanito. ¿Para qué sirve pertenecer a una especie que venera lideres, gurús o dioses?

Claro que si se presentara la oportunidad, estaría encantado de adoptar la personalidad antropomórfica de un Furry, fabricado con tela de felpa y relleno de algodón o papel de periódico arrugado. Podría descansar en una estantería de madera noruega y almacenar polvo o suciedad mientras envejeciera. De vez en cuando sería agarrado, agitado o incluso mordido por alguna mascota, pero eso no supondría ningún ataque directo a mi pundonor, básicamente porque carecería de él.

Si pensara de una forma teosófica, es posible que la espiritualidad hubiera adormecido mi extraña manera de razonar, y lo que ahora me parecen cualidades negativas con el tiempo hubieran llegado a transformarse en armonía y perfección a partes iguales. Pero si piensas que sería feliz portando o luciendo Uroboros o Ankhs, estás muy equivocada.

Mientras mi mente divaga en lo que podría o no podría llegar a ser, algo que se esconde muy dentro y que no es perceptible mientras no duele, me informa de que pronto formaré parte de un Todo muy especial e infinito; exento de restricciones o limitaciones y cada vez más cerca de la indeterminación absoluta.


Saludos

Email del 27 de marzo 2013

Edward Munch. Melancholy (1892)

Querida amiga:


Últimamente malgasto el tiempo escribiendo falsas cartas y adoptando falsas identidades. No creas que me lo paso bien, pero por lo menos justifico algunas de mis enfermedades neuronales. A continuación te pego tres, para que te hagas una idea de la gravedad de mi patología:


CARTA DE UN INSENSATO HETEROSEXUAL


Hola:

Cuando el Lorazepan se encuentra en mis venas me siento fuerte, porque sé que nada de lo que alguien diga tendrá consecuencias sobre mi conciencia. Cuando esas putas pastillas hacen efecto no me importa nada de lo que pueda suceder, ni siquiera de lo que ha sucedido. En esos instantes soy todavía más cobarde, más niño y ni siquiera pensar en los sucesos desencadenantes puede hacer que pierda la compostura. Esa compostura falsa que las benzodiazepinas transmutan en efectos hipnóticos y que poco a poco corroen el razonamiento y la percepción. Ahora soy casi un cadáver, mis movimientos resultan lentos y ni siquiera puedo obligar a mis pies a desplazarme al lavabo a vomitar.

Debería haber muerto hace años. La cantidad de problemas que me hubiera evitado. La cantidad de mentiras que no hubiera tenido que escuchar. Ojalá estuviera ahora en mi planeta. Allí no existe nada, y no hay nada por lo que preocuparse.

Creo que hoy voy a experimentar con los fármacos anestesiantes y los barbitúricos. Siento la necesidad de escapar. Quiero volver al inicio. No estoy hablando de un suicidio ni de nada parecido; simplemente de perpetuar un estado de conciencia donde nada tenga el poder de hacerme daño. No me lo merezco. Nadie se lo merece.


Saludos


CARTA DE UN JUICIOSO BISEXUAL


Hola:

Las florecillas rojas de los geranios están en su máximo esplendor. A veces tengo que contenerme para no comérmelas, sobre todo porque me producen ardor de estómago y la caja de Almax se la llevó el ladrón que forzó mi puerta hace algunos meses. ¿Te lo imaginas? Entran a robar y sólo se llevan esa suspensión oral en sobres repletos de Almagato, excipientes, celulosa microcristalina, carmelosa de sodio, sacarina de calcio, clorhexidina acetato, esencia de menta, sorbitol al 70 % no cristalizable, emulsión de simeticona y agua purificada. Claro que es posible que el ratero fuera un lector de este blog y supiera que dicho medicamento es mi alimento preferido, del que suelo guardar grandes cantidades. La verdad es que me tienen sin cuidado los motivos del ladrón. Mañana haré una visita a mi médico de cabecera y la convenceré de que me extienda varias recetas de mi soma particular.

El rododendro está mustio; creo que tiene varices, por lo menos eso es lo que parece cuando observo con detenimiento su tallo. Hablando de varices, ¿sabes que mi tía Carmen se operó de esa molestia hace algunos años y convenció al cirujano para que las depositara en un frasquito de cristal y se las regalara? La última vez que la visité volvió a poner en mis manos dicho frasquito y me lanzó una perorata sobre el placer que se experimenta al verse libre de sangre acumulada en venas. Mientras ella se engrandecía con su discurso, yo me hacía cada vez más pequeño, hasta que llegó un punto en que desaparecí transformado en una molécula. 

La Chamadoera ha eructado esta mañana y no he tenido más remedio que atarle un baberito al tallo. El baberito era mío y lo usé durante siete años seguidos. No puedes llegar a hacerte una idea de lo sexy que me encontraba con él, sobre todo cuando comía macarrones. Por alguna extraña razón, la pasta italiana se niega a entrar en mi boca y la mayor parte acaba incrustada entre mi cara y mi ropa, claro que a veces incluso he llegado a mancharme de salsa los bóxers y la camiseta. 

No sé por qué te cuento esto. La culpa la tiene el senecio que, reconfortado por la alimentación en forma de abono nitrogenado, se siente fuerte y se permite darme consejos y recomendaciones. Si supiera cuánto odio las sugerencias, y más si vienen de las hojas de un puto vegetal con aires de grandeza, no se atrevería a comportarse de esa forma altiva y desconcertante que me sume en una vorágine de inapetencia y descontrol. Quizá debería dedicarme a otros menesteres como la trata de blancas (y blancos) y quemar todas las plantas en una única y universal pira de fuego.


Un abrazo

   
CARTA DE UN REFLEXIVO GAY


Hola barrilete:


Ya sé que no te gusta que te llame así, pero me importa poco lo que puedas llegar a hacerme cuando nos veamos. Si me atas, me desataré. Si me muerdes, te contagiaré el herpes. Tú mismo, cariño. Eres un barrilete y lo sabes. Poco importa que peses 70 kilos y tu altura sobrepase los 180 cm. Eres un tonel. A veces, cuando te pones encima siento como si un diplodocus intentara destriparme. No te mereces que te quiera, por esa razón no te quiero. Te odio. Eres repugnante y si me acerco a ti en contadas ocasiones, es porque me recuerdas a alguien, aunque si quieres que te sea sincero, no caigo a quién. Seguramente, a una bestia sanguinaria que en sueños me atiborra de orgasmos cósmicos.

¡Que te jodan, cariño!


Si no te gustan o has sentido náuseas al leerlas, te sugiero que me borres de tu lista de amigos íntimos y me incluyas en la de conocidos. Tú misma...


Un beso

martes, 26 de marzo de 2013

Segundo email del 26 de marzo 2013

Salvador Dalí, Rostro paranoico (1935)


Hola otra vez:

Todos los movimientos desencadenan reacciones. Algunas tienen nombre y se miden con el patrón de la imposibilidad; otras, por el contrario, carecen de sentido y es lo que las hace difíciles, por no decir imposibles, de catalogar y por consiguiente de extraer una conclusión positiva, más allá de toda duda razonable. Y es esa duda razonable la que golpea como un mazo de hierro contra el razonamiento lógico y el sentimiento amenazante de que todo tiene que seguir un orden natural, aunque éste sea una conjunción de incómodas consecuencias con un final predecible.

He vivido rodeado de ideas preconcebidas que, lejos de apaciguar mi constante parálisis emocional, han sembrado un campo de dudas y han acabado por dirigir mi inapetencia social hasta cotas absurdas e inconcebibles. Podría haber intentado maquillar los demonios y así parecer algo que no soy, pero entonces, todo habría sido una gran mentira.

Soy nadie, siempre lo he sido y supongo que seguiré siéndolo hasta el final de mis días. El tiempo se está acabando. Sí, creo que voy a desaparecer, si es que no he estado desaparecido desde el comienzo.


Saludos

Email del 26 de marzo 2013

Vilhelm Hammershøi, Open doors (1905)


Hola:


La primavera es la estación preferida por mi otro Yo, el que se oculta en lo más profundo y no se atreve a salir por miedo a que algún otro Yo de cualquier sujeto le ponga la zancadilla. Desde que lo conozco, y de eso hace 51 años, nunca ha permitido que nada ni nadie le haga tropezar, pues está convencido de que si se cae se sentiría demasiado a gusto en posición semi-horizontal y jamás volvería a su postura inicial, es decir, la de gallardía, compostura y verticalidad forzosa. Por mi parte, no me canso de repetirle, a veces incluso en siamés, que su perpendicularidad a un plano horizontal me trae sin cuidado, que lo que verdaderamente me preocupa es la neurodegeneración de sus células nerviosas cerebrales y el mal funcionamiento de la membrana plasmática, en cuanto a excitabilidad eléctrica o recepción de estímulos.

La verdad es que ya casi no interactuamos. Todavía no le he perdonado lo que hizo en el supermercado. Salir de mi cuerpo y meter mano a una anciana cargada con Dodotis estuvo realmente mal, y aunque parece que se arrepiente de corazón, todavía no estoy preparado para perdonarle. Todo lo más que puedo hacer es regalarle una sonrisa prefabricada mientras miro con envidia al otro Yo de mi hermano, que no sólo le hace la vida más apacible y bella, sino que además le plancha la ropa interior y la dobla con una perfección absoluta.

Esta mañana cuando me he levantado creía que me había quedado ciego, pues no veía nada. En realidad no veía nada porque él me había dejado encima de la cara una nota con sus últimos pensamientos y aforismos. Te los pego a continuación con la esperanza de que te entre hambre antes de acabar de leerlos y que te levantes a asaltar la nevera:


Las relaciones humanas son como las ofertas y descuentos de El corte inglés, es decir, falsas la mayor parte de las veces, hinchadas hasta la desproporción más absoluta y manufacturadas para engatusar a los menos inteligentes.

*

El marisco es un privilegio de los acaudalados, pero sin embargo, la angioestrongiloidiosis sólo la resisten los pobres y miserables.

*

Los cínicos son los auténticos ganadores en el juego de la supervivencia. Sin apenas trampas y con la mirada escondida tras un ramo de indiferencia de colores y aromas variados, han sido capaces de engatusarse a sí mismos hasta llegar a un límite que sólo los superhombres o semidioses pueden alcanzar. 

*

Como no podemos malvivir en silencio, sentimos la necesidad de sollozar y quejarnos como único consuelo al sufrimiento que significa haber nacido.


*
Estamos muertos, aunque tratamos de convencernos de lo contrario. Por eso los idiotas se sienten vivos.

*

Las noches son eternas pero los pijamas son perecederos. 


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Nunca podría inventar una mentira que se sostuviera durante el tiempo necesario para que pudiera ser entendida como una mentira.


Un abrazo

lunes, 25 de marzo de 2013

Email del 25 de marzo 2013

Diego Velazquez, El bufón Calabacillas (1637-39)


Amiga:

No puedo dejar de pensar en la suerte que tienen los mondadientes. Alguna vez pertenecieron a un árbol, fueron madera e incluso, mucho antes, la savia verde recorrió la totalidad de sus superficies, ahora relegadas a segundo plano gracias a los seductores poderes de la seda dental fabricada con teflón o polietileno. Pero también pienso en los trapos de cocina, cualquier clase de mueble o incluso los inodoros. Si yo hubiera sido una taza de váter, no tendría que haber visto lo que he visto, pasado por lo que he pasado. No olvides que los culos no dicen gilipolleces, pues no poseen cerebro. ¡Soy humano! Y me lavo la cara todas las mañanas nada más despertarme, pero ni aún así puedo despabilarme de la catarsis que produce pertenecer a una manada de imbéciles que caminan de forma bípeda, aunque podrían desplazarse perfectamente deslizándose sobre las heces que defecan cada vez que intentan demostrarse que son los cracks de la Creación.

Si hubiera sido un didelfo, por ejemplo, en estos instantes tendría una serie de preocupaciones que no poseo como "monito con cerebrito" y con omnímoda capacidad para hacer cualquier cosa. Y por mucho que me concentre pidiendo a los demonios malignos que provoquen la erupción del volcán Eyjafjallajökull para que su flujos piroclásticos cubran por completo todas las imbecilidades, y de paso a los que con esmero las fabrican, no puedo dejar de pensar que hemos sido creados simplemente para acabar con todo, de la forma más lenta posible.

A menudo, cuando escucho una gilipollez, no puedo dejar de curvarme de la misma forma que lo hace un muón cósmico dentro de un campo electromagnético; por esa razón mi cuerpo se asemeja a una circunferencia y, lo que es peor, razona como una curva cerrada que ha asesinado a su propio centro, y que liberada de mantener la distancia, se ha entregado a una orgía de sangre con el contorno más cercano y apetecible.

Podría seguir despotricando sobre mi tema favorito pero en estos momentos me están entrando náuseas. Quizá debería guardar en el arcón las putas gafas de sol y llorar algunas lágrimas amargas mientras miro a la cara al Deus Sol Invictus y le culpo de todos mis pecados, de los tuyos, y de los de cada uno de los millones de cretinos que intentan por todos los medios ser los mejores, los más fuertes, los más guapos, los más...


Un saludo.

jueves, 21 de marzo de 2013

Email del 21 de marzo 2013

Henri Matisse, La danza (1909)



Hola:

Para demostrarte lo inseguro e infantil que puedo llegar a ser, he decidido seguir con el blog aunque eso implique ciertas responsabilidades, pues como ya sabes, detesto pensar, y sobre todo releer lo que escribo. Según mi psiquiatra debería suicidarme lo antes posible, pero como me gusta su hija, y sobre todo la amante de su mujer, voy a posponer indefinidamente mi deceso, o por lo menos hasta que ambas me den calabazas. Claro que si lo pienso bien, si me dan calabazas, siempre podría hacer buñuelos.

En estos días de silencio blogueril, he tratado de escribir un cuento dedicado a todos los seres de este mundo que no entienden nada (o casi nada). Te copio las primeras y únicas líneas que he sido capaz de teclear:


CAPÍTULO I (Etiología y desarrollo)

El trastorno de ansiedad social sólo podía percibirse cuando lo mirabas sin que él (o su Yo interno) descubrieran que estaban siendo sometidos a un escrutinio intenso. Cuando eso sucedía, su rostro adquiría una tonalidad macilenta y espectral que hacía que mi ánimo se transformara en una especie de falsa oquedad remedada...


Después de escribir "falsa oquedad remedada", me ha dado un ataque de risa tan violento, que he tenido que bajar a la calle y tocarle el pecho a una fallera delante de los ojos de su madre, su padre, su marido y dos de sus hijos, pero por lo menos he podido tranquilizarme.


Un saludo

PD: Échale un vistazo a este blog:
http://desacuerdocontodo.blogspot.com.es/
(Vale, y mucho, la pena).  Ya no soy el tipo más raro del planeta…

jueves, 14 de marzo de 2013

Email del 14 de marzo 2013

Fundido a negro

A menudo, sin saber exactamente el motivo, las emociones se tuercen como las raíces de una higuera. Tratar de enderezarlas por el mero hecho de explotar una cualidad humana puede llegar a representar un esfuerzo tan considerable, estúpido e inútil como obviarlas en su totalidad.

Es en esos instantes, en los cuales la suma de mis sensaciones se encuentra al nivel de una pobre mierda, cuando suelo refugiarme en el rincón más oscuro del interior de mi cabeza; el único lugar del universo donde por alguna extraña razón adquiero las suficientes fuerzas como para darme cuenta de que aquellas pobres e infelices sensaciones o sus representaciones transformadas en disyuntivas paradójicas sólo existen para dejar constancia de la completa (y compleja) inutilidad de cada uno de mis actos. Hay ocasiones en que esas muy miserables representan tanto o tan poco que incluso se apodera de mí la risa tonta, y es entonces cuando todo adquiere verdadero significado.

Esta confusa reunión de palabras se va a convertir en mi último email y por extensión en el último texto de este blog (aunque no puedo estar seguro). He decidido volver al principio, ese lugar donde Nada equivalía a Todo y donde no se permitía razonar a una célula. Pero antes de despedirme me gustaría pedir perdón al mundo, por haber nacido. Lo siento.


Greg.

sábado, 9 de marzo de 2013

Email del 9 de marzo 2013

Edward Scriven,  Brutus y el fantasma de César


Hola:


Hace 3437 días me encontré a mi abuelo, que llevaba muerto cerca de 9000 días, y le regalé un paraguas plegable con marco de aluminio y mango de plástico. Al principio se sintió desconcertado, pues según me dijo, en el lugar donde descansan los muertos no llueve, pero al final dibujó una mueca de agradecimiento sobre su rostro y me lo demostró rompiéndomelo en la cabeza (el paraguas, no el rostro). ¡Ahora ya sabes por qué tengo un chichón en el cráneo, y sobre todo, a qué se debe mi fobia a las tormentas! En realidad no quería escribirte sobre los paraguas, ni siquiera sobre los fenómenos meteorológicos; lo que verdaderamente deseaba era que conocieses a mi abuelo, que también es mi Ángel de la guarda, por llamarlo de alguna manera. Vicente, que es como se llamaba, era un tipo peculiar y además tan rojo como un arándano y tan agradable en sus maneras como un sueño erótico. Nunca trataba de convencer a nadie, pues estaba firmemente convencido de que la estulticia no tiene cura y aunque la tuviera, ¿quién demonios se atrevería a combatirla sin exponerse a un hipotético contagio? Recuerdo que en mi catorceavo cumpleaños me regaló una sonrisa y se disculpó por no haberla envuelto en papel regalo, aduciendo que no había tenido tiempo de salir a la calle. Desde entonces, esa sonrisa va conmigo a todas partes, pero no en mi cara, ya que odio sonreír, pues salen arrugas, sino en un bolsillo, que es el lugar donde guardo la memoria.

Algunas personas, sobre todo las que desde su más tierna infancia han sufrido los abusos de la incompetencia cerebral, no creen en fantasmas, ni siquiera en apariciones custodias; otros piensan que existen pero que cobran demasiado, y los hay que no opinan y no responden porque son incapaces de articular una palabra sin la ayuda de un decodificador antidisléxico. Tengo un conocido que no se cansa de repetir que su Ángel de la guarda es un indio arapahoe que se le aparece todos los lunes de cada semana y le obliga a chuparse el codo con la lengua mientras que la aparición acaricia un paquete de Norit, ya sabes, ese detergente del corderito.

Creo que me estoy alejando del tema principal de mi disertación. Por cierto, ¿cuál era el tema? ¿Chubascos? ¿Paraguas? ¿Corderitos? ¿Te he contado alguna vez lo que hice con una corderita acongojada? Pues no pienso relatártelo, todavía no estás preparada para escuchar ciertas confesiones. Pero puedo adelantarte que tu también lo hubieras hecho con un corderito apesadumbrado (o con varios, si no tuvieras un concepto de la moral tan elevado).


Un saludo.

martes, 5 de marzo de 2013

Email del 5 de marzo 2013

Vincent van Gogh, Olivos con cielo amarillo y sol (1889)


Amiga:

Un pobre idiota se acerca a alguien que se cree superior y que al mismo tiempo se siente muy satisfecho de sí mismo y con cierta precaución le pregunta: "¿angaaaah uluhu assshonitha?" El individuo que está convencido de que es un ente elegido aprieta con fuerza las manos y dirige la mirada al cielo, como maldiciéndolo por haber puesto delante de sus perfectos ojos a un memo; después, agarra al infeliz por las solapas y le escupe a la cara que es un asqueroso imbécil que sobra en este mundo y le advierte que nunca más, bajo ninguna circunstancia, se le ocurra volver a preguntarle algo.

Pasan los años y ese aliado de las causas perdidas llamado "tiempo" pone a ambos en su sitio. Un día cualquiera, en una ciudad cualquiera, y bajo el manto de oscuridad que una luna menguante despliega con displicencia, el hipócrita malnacido se pierde en una intersección de calles mal señalizadas e intenta pedir ayuda a una anciana que pasea de la mano de otro idiota infeliz, pero de su boca sólo sale una frase parecida a esta: "¿anghala ugh ashamsah?" La abuela le mira con compasión y generosidad y en un acto de humildad suprema deja que su nieto responda. Este, incapaz de articular cualquier palabra, le coge de un brazo y le da un beso en la mano. Entonces, y en menos de un microsegundo, de esa especie de garra fría unida a un cuerpo glacial, brotan un millón de flores de diversas formas y colores y con aromas intensos e inimaginables. Y de cada uno de esa multitud de pétalos y sépalos refulgentes brota un pequeño sol de aspecto deslumbrante. Y cuando todos los soles se unen entre sí, en una perfecta comunión de astros luminosos, la noche continua e incesante se transforma en día, y a lo lejos, un destello esculpido en los deseos de cada uno de los idiotas o inteligentes que alguna vez se atrevieron a preguntar algo que desconocían y no obtuvieron respuesta se estremece de gozo, porque el hombre y el niño, el sabio y el imbécil, se han transformado casualmente en un Todo único e indivisible. Poco importa si dicho haz es eterno o perecedero. Es tan débil la línea que divide el curso del tiempo...


Un abrazo.