domingo, 24 de febrero de 2013

Email del 24 de febrero 2013

Agostino Arrivabene, Self-portrait with bacterial cloud  (2010)

Sobre la ablepsia...


Al principio creí que mis gafas estaban sucias o empañadas, pero al quitármelas pude comprobar que mis ojos no enfocaban con claridad ninguno de los objetos que miraba. ¿Me estaba quedando ciego? ¿Acaso mis globos oculares estaban cansados de observar siempre las mismas cosas? Aterrorizado, corrí al lavabo y me los lavé con cuidado, pero dejando que el agua se acumulara en la córnea. Me los sequé con una toalla y dirigí la mirada al espejo. ¿Esa mancha borrosa reflejada era yo? Mi silueta parecía un cuadro nebuloso, de esos que se exponen en las salas dedicadas al arte moderno de las grandes pinacotecas y que no sirven ni siquiera para perder el tiempo buscando un posible significado. Como el asunto parecía serio, opté por sentarme en el suelo y meditar una solución. Arrancármelos hubiera sido demasiado fácil, así que decidí cerrarlos y obviar el problema. Pero incluso con los ojos cerrados seguía viendo borroso el mundo que se escondía alrededor de mí. Era como si los parpados, cansados de servir para algo, se hubieran transformado en cristales espléndidamente limpios. No me quedaba otro remedio que envolverme la cabeza con una funda de almohada, pero aun así continuaba viendo todo lo que me rodeaba velado, turbio, confuso. Corrí por el pasillo dándome golpes con las paredes y llegué al comedor, donde sabía que una gran ventana abierta me esperaba. Decidí saltar al vacío.

El fregadero de la mesa de autopsias estaba frío. Sentí cómo un cuchillo increíblemente afilado hacía una incisión con forma de "u" invertida en la piel y el tejido subcutáneo. Notaba cómo unas manos inquietas enfundadas en guantes de látex extraían la parrilla costal y hurgaban sin demasiada consideración en la cavidad torácica y en el abdomen. Cada retractor, cada separador, cizalla, tijera de disección, enterótomo o grapa grababa su huella en mi consciencia entumecida. Estaba claro que yacía muerto, pero seguía contemplando la opacidad y mordiendo un dolor que no cesó cuando diseccionaron por completo mi cuerpo e introdujeron mis extremidades en dos recipientes traslúcidos repletos de formaldehído.

Mi cabeza y tronco descansan en una fosa común al lado de otros cadáveres sin nombre pero con una historia completamente diferente a la mía. Puedo oler el aroma nauseabundo de la putrefacción diluida entre la tierra húmeda, casi mojada; puedo ver huesos blancos y horadados por las agujas del lastre que proporciona el tiempo; o lo que creo que son huesos, pues sigo viendo borroso, con imprecisión. Y me imagino que los seguiré contemplando hasta que los gusanos justifiquen su destino y se coman mis ojos.



miércoles, 20 de febrero de 2013

Email del 20 de febrero 2013

Vasily Polenov, Left hand with the index finger (1885)

Hey:


El 23 de febrero de 1989, Federico García Montes fue condenado por abusos deshonestos e intento de violación a un microondas con grill y condenado a 19 años de prisión, de los que sólo cumplió 20. Como su comportamiento fue ejemplar, a partir del tercer año de confinamiento se le permitió dormir con pijama y pronto fue ascendido de prisionero a director de celda. Durante todo este tiempo, su abogado, fallecido en 1978, intentó recurrir la sentencia con resultados negativos. Parece ser que a los jueces no les hace mucha gracia que un muerto se inmiscuya en sus sentencias. Por mucho que este adujera que su cliente sólo había introducido el pene en el electrodoméstico con el propósito de comprobar si el vaso de leche desnatada estaba caliente o simplemente tibio, el resultado siempre era el mismo: culpable. Y que el microondas tuviera una pequeña minusvalía electrónica no puso las cosas demasiado fáciles para que la condena fuera revocada.

Federico salió libre de la prisión el 19 de marzo del 2009. Algunos meses después coincidí con él en una tienda de electrodomésticos mientras trataba de adquirir otro microondas. Después de saludarnos efusivamente nos dirigimos a un bar donde, entre trago y trago de cerveza, me contó lo mal que lo había pasado en la cárcel. En un momento dado, mientras yo me rascaba una pierna, su teléfono sonó.
-¿Diga? Ah eres tú. Bueno a las seis me viene bien. Ajá. Vale, pues hasta la tarde-.
Cuando colgó el móvil me miró fijamente y me dijo:
-Era la proctóloga. Viene a verme a las 6.
-Caray qué lujo. Los médicos te visitan a domicilio ¿Estás malo?- pregunté.
-Que va tío. La proctóloga es una puta. La llamo así porque me gusta que me meta el dedo en el culo mientras leo una revista- me respondió sin demasiada emoción.
-Ah, entiendo. Es como una especie de sanadora rectal a sueldo ¿no?
-Bueno sí- respondió al mismo tiempo que se fijaba en el trasero de una chica que en esos instantes jugaba con la tragaperras. -¡Vaya culo! El proctólogo se pondría las botas.

Pasaron por lo menos siete u ocho meses hasta que volví a coincidir con él. Esta vez fue en una farmacia. Mientras esperábamos a que nos atendieran me cogió por las solapas de la cazadora y me llevó a un lado.
-Mi madre era uróloga y mi padre, su paciente. Ambos se enamoraron en la consulta y se casaron al año siguiente. Antes de morir, mi vieja me confesó que desde el día en que le practicó el primer examen rectal, jamás volvió a lavarse el dedo.
-Vaya, pues me alegro, chico- le contesté pasmado.
-Cuando murió, mi padre quiso que le amputaran ese dedo para quedárselo como reliquia pero las autoridades no se lo permitieron.
-Debió ser un gran golpe para tu viejo- inquirí.
-Sí, pero se sobrepuso pronto y se casó con Susana, la proctóloga.

domingo, 17 de febrero de 2013

Email del 17 de febrero 2013

Philip Moss, Buntys' Knickers (1994)




Querida:


Si a cada número le asignamos una letra, el resultado es un código. Supongamos que la "A" es el 1 y la "Z" el 27, algo extremadamente sencillo de entender a menos que uno sea un retrasado mental o un político. Ahora, tomemos un texto sencillo, por ejemplo, el siguiente:

Cuando fumo me siento más sexual.

El resultado de traducir estas palabras al código anterior sería algo así:

3 22 1 14 4 16  6 23 13 16  13 5  20 9 5 14 20 16  13 1 19  20 5 25 22 1 12

Ahora vayamos más lejos. A cada número par de un dígito le asignaremos la palabra "braga" o su equivalente en plural. Lo mismo haremos con los impares, aunque cambiando la braga por "calzoncillo". Si lo hacemos correctamente, la frase quedaría de esta manera:

3 calzoncillos 22 bragas 1 calzoncillo 14 bragas 4 bragas 16 bragas
6 bragas 23 calzoncillos 13 calzoncillos 16 bragas
13 calzoncillos 5 calzoncillos
20 bragas 9 calzoncillos 5 calzoncillos 14 bragas 20 bragas 16 bragas
13 calzoncillos 1 calzoncillo 19 calzoncillos
20 bragas 5 calzoncillos 25 calzoncillos 22 bragas 1 calzoncillo 12 bragas

Si analizamos concienzudamente el resultado, podemos llegar a una conclusión arrolladora:

Hay más bragas que calzoncillos. Para ser exactos 52 más, por lo que se deduce que el número de usuarias de prendas íntimas es superior, o que varios usuarios se han puesto por error dos calzoncillos cada uno.

Pero compliquémoslo todavía más. A cada número de calzoncillos con un dígito le añadiremos otra palabra: "limpio-a" o"limpios-as" y a los de 2 dígitos "sucio-a" o "sucios-as". Lo mismo haremos con la palabra "bragas" y su número correspondiente:

3 calzoncillos limpios 22 bragas sucias 1 calzoncillo limpio 14 bragas sucias 4 bragas limpias 16 bragas sucias
6 bragas limpias 23 calzoncillos sucios 13 calzoncillos sucios 16 bragas sucias
13 calzoncillos sucios  5 calzoncillos limpios
20 bragas sucias 9 calzoncillos limpios 5 calzoncillos limpios 14 bragas sucias 20 bragas 16 bragas sucias
13 calzoncillos sucios 1 calzoncillo limpio 19 calzoncillos sucios
20 bragas sucias 5 calzoncillos limpios 25 calzoncillos sucios 22 bragas sucias 1 calzoncillo limpio 12 bragas sucias

El resultado es avasallador: la mayor parte de usuarios de ambos sexos son unos guarros. Sólo 36 sujetos han pasado la prueba de limpieza presentando sus prendas inmaculadamente higiénicas. Por lo que se deduce que:

a) Las lavadoras resultan caras. Los fabricantes de las mismas deberían replantearse una bajada sustancial de los precios de venta al público.
b) No vale la pena perder el tiempo lavando la ropa interior. Es preferible usarla hasta que se caiga a pedazos y ahorrar dinero.

Llegados a este punto me gustaría dejar claro que este estudio completo sobre la higiene, y que empezó como un mero ejercicio de codificación, sólo representa a individuos menores de 95 años, por lo que no se puede generalizar la conclusión de que toda la población europea es una marrana. En próximas entregas, analizaré exhaustivamente otras posibilidades. Pero hasta entonces, creo que deberíamos meditar los resultados y llegar a una conclusión que nos satisfaga a todos.

lunes, 11 de febrero de 2013

Email del 11 de febrero 2013

Michael Sowa, Sharks of suburbia


Querida:


Estoy escribiendo un cuento que se titula "Tengo unas piernas muy bonitas" que trata sobre un gavial de la India, ya sabes, esa especie de cocodrilo con el morro en forma de barra de pan de cuarto, que para combatir la soledad que experimenta en el río Brahmaputra se suicida tragándose a sí mismo. El título no tiene nada que ver con los hechos que se desarrollan en el argumento, pero estoy seguro que desconcertará a los posibles lectores. Hoy en día si quieres vender más de tres ejemplares tienes que ser inteligente y llenar cada una de las páginas con sexo gratuito y violencia húmeda o buscar un buen título rompedor. Al principio dudé entre el escogido y "Mis glúteos me pertenecen porque son míos", pero después de meditarlo durante unos minutos, y mientras me preparaba un ajo-aceite sin ajo ni aceite, me decidí por el primero. Lo he releído varias veces y estoy seguro de que es de lo mejor que he escrito en años, pero me preocupa su longitud, pues sólo ocupa dos líneas y media y no es suficiente para llenar ni siquiera una página. Claro que podría romper la hoja por la mitad y obligar a los editores a que lo comercializaran de esta manera junto al resto de relatos que lo acompañan. No me negarás que como truco publicitario es bastante bueno. A nadie se le ha ocurrido nunca vender la mitad superior de un libro de cuentos. Incluso podríamos llegar más lejos todavía y no vender nada por algo de dinero. El mundo está repleto de papanatas con un CI que ni siquiera alcanza los 70 y creo que serían unas víctimas perfectas. Pero antes tendría que mentalizarme. Exceptuando una vez que cambié un chicle masticado por un BMW de color rojo, nunca he intentado timar a nadie y no estoy muy seguro de cómo reaccionaría mi bondad natural. Pero esta vida es bastante dura y sólo viven bien los que desalojan los buenos sentimientos de su corazón ablandado. Si tengo que convertirme en una especie de piedra sin conciencia para poder seguir comprando croissants y pagar con cierta regularidad a mis acreedores, lo haré sin que me tiemble el pulso. Al fin y al cabo los malos siempre sobreviven, mientras que los buenos tienen que prostituir a sus mascotas para llegar a fin de mes.

Voy a ponerte unos cuantos ejemplos:

Marcial Coz Giménez (con G) secuestró un pato con alzheimer en 1978 y pidió un rescate que lo sacó para siempre de la vida delictiva y la pobreza. Años después, se nombró a sí mismo Emperador y escribió sus memorias sobre un queso gruyere.

Vicente Perneras Jiménez (con J) le pegó tal paliza a su pantalón vaquero que este tuvo que ser hospitalizado con desgarros múltiples en un hospital de confección. Los hechos sucedieron en la primavera de 1977, pero para el verano de 1999 ya era asquerosamente rico. Las malas lenguas dicen que se forró chantajeando a la camiseta de poliéster de su amante masculino, pero estos hechos todavía no están comprobados.

Estefanía Sumacárcel Himen era una monja perteneciente a la orden de las Clarisas en pantuflas, pero se sentía tan sucia debido a su segundo apellido que un día soleado de abril de 1965 decidió asesinar a 25 tartamudos. Cuando todavía estaba degollando al tartaja número 22 perdió la cuenta y volvió a comenzar con su macabro jueguecito. Cuando llegó la noche había descuartizado a 64 infelices disfémicos. Varias semanas más tarde fue detenida y juzgada, pero para que el asunto no fuera del dominio público y estallara un escándalo, el alto clero la envió a la tumba con todos los gastos pagados de por vida.

Hugo Turbio Érice, alias "el sabadaba" roció con gasolina un campo de alcalchofas y arruinó a su propietario. Aunque existen varias versiones sobre lo que realmente sucedió. Una de ellas, la más pintoresca, sostiene que lo que realmente quemó fue al propietario del campo y él se casó con un kilo de alcachofas, tuvieron varios retoños que crecieron sanos y felices e incluso uno de ellos llegó a ser nombrado hijo pródigo en su pueblo.

Marcial Coz Alabarda fue el hijo del secuestrador de patos que encabeza esta lista que sirve de ejemplo. Como tenía fobia a los anseriformes, y sobre todo para seguir con la tradición familiar, se hizo secuestrador de churros y durante unos años sembró el terror en las churrerías de su localidad en Navidad.

El verdadero problema que implica volverse malvado de un día para otro radica en la indisponibilidad itinerante. No me preguntes qué es lo que he querido decir, porque lo desconozco, pero es una buena frase para despedirme de ti hasta mañana a la misma hora o hasta dentro de 24 horas. Lo que suceda primero.


Abrazos, besos, churros, patos y piernas bonitas.

domingo, 10 de febrero de 2013

Email del 10 de febrero 2013

Julian Chaves, Hommes d’esprit (2004)


Te escribe Greg el loco.

Tengo una fisura en la cabeza que me arropa por las noches y tengo una fisura en el trasero que me desnuda por las mañanas. Ambas son prácticamente idénticas, pero la primera ronronea mientras hace su trabajo. Y lo suele hacer bien. A veces la segunda me recuerda que estoy vivo, pero cuando quiero llorar, se comporta como un padre insensato con su hijita retrasada. Me insulta y me pega, pero mientras lo hace, clama a los dioses por su ingrato proceder. Constantemente me recuerda que soy el hijo de la tierra, y que sólo la mano dura puede hacer que despierte del letargo con el que los susurros y caricias de su hermana antagónica me han narcotizado. Pero yo quiero a las dos. Una me produce paz de mente; la otra profetiza en lo que me convertiré en un futuro: una alimaña rabiosa sedienta de sangre.

Cuando vuelo, mis pensamientos intentan decidirse por alguna de las dos. Cuando aterrizo, allí está la facción ojerosa y dura como el diamante de la verdad desencajada esperándome con un látigo. Y por alguna razón, no echo de menos a la otra. ¡Sí! Está claro que pienso con el culo, pero ¿acaso no todos tenemos el cerebro ahí?


Un abrazo.

sábado, 9 de febrero de 2013

Email del 9 de febrero 2013

Simon Schrikker, (2010)


Amiga:


Hoy todo me sale mal. Incluso al caminar, en lugar de ir hacia delante, voy hacia atrás. La gente me mira de una forma extraña, seguramente no están acostumbrados a ver a alguien andar de esta manera. Si todo sigue igual, pronto acabaré donde algunos empiezan. Me siento tan raro que no me extrañaría que antes de acabar el día volviera a revivir mi propio nacimiento, por segunda vez en cinco décadas. Pero si esto sucede, te aseguro que estoy preparado. En un bolsillo del pantalón guardo un memorándum que explica muy claramente cómo he de ser eutanasiado. Espero que les resulte sencillo leerlo, pues lo he escrito por medio de jeroglíficos. Ya no soporto la libre interpretación del lenguaje, hablado o escrito, y la forma en que se corrompe cuando los receptores se sienten demasiado humanos.

He dirigido la mirada a sol, esperando que la repentina miosis de las pupilas me recordara que hacerlo es un sacrilegio. En un instante, un millar de lágrimas, espesas como el material con el que se fabrican las ensoñaciones más perturbadoras, me han vuelto a arrojar de bruces a la realidad. Y la realidad es huera, siniestra como la celda de un reformatorio, irreal, difícil de soportar sin sentir una mezcla de asco y miedo. Debería armarme de valor y ocultarme para siempre en el nicho de mis antepasados, pero algo muy dentro de mí me recuerda que hay otras soluciones. ¿Solución? Esa palabra me da escalofríos. Nunca he podido soportarla; no es más que un montón de mierda fabricada para narcotizar momentáneamente los deseos más oscuros y que, de alguna forma, se alejan de la razón. Yo no pierdo el tiempo razonando. Soy un animal y muerdo cuando me bloquean la salida.


Saludos.

viernes, 8 de febrero de 2013

Email del 8 de febrero 2013

Eric Fischl, A visit to a visit from the island (1983)


Hola:


He reparado el reinicio de mi cerebro restaurando el sistema neurotransmisor a una fecha anterior, pues al levantarme todo estaba oscuro, así que ahora estoy en ayer, que es la fecha elegida por Neuronium 7, el conjunto de programas que gestiona los recursos de hardware que posibilitan cada uno de los pensamientos y movimientos de mi cabeza y de mi cuerpo. Supongo que ahora todo volverá a funcionar correctamente; si no es así no tendré más remedio que reinstalar otra vez el Neuronium con el riesgo de perder recuerdos y valores que afectarían de una manera significativa a la comunicación verbal. Es decir, si esto sucede, es posible que en lugar de expresarme con la característica velocidad racional, que tan pasmados de envidia deja al resto de mortales, acabe hablando como nuestro querido presidente del gobierno, lo que no me convertiría en un ser especialmente interesante y mis posibilidades de acostarme con alguien del sexo opuesto que no perteneciera al partido que conduce el país a la ruina disminuirían considerablemente.

El problema fundamental de vivir hoy como si fuera ayer reside básicamente en que he perdido un día y una noche completos de vida, y con ellos un orgasmo matinal verdaderamente sublime y todos los insultos e imprecaciones contra el resto de seres humanos que había fabricado a primeras horas de la mañana con esmero, delicadeza y grandes dosis de mala leche. Lamentablemente, no hice una copia de seguridad del orgasmo ni de los improperios por lo que la situación podría llegar a convertirse en insostenible para mi orgullo; eso sin contar con que mi dignidad quedaría gravemente debilitada. De momento todo funciona perfectamente, aunque hace diez minutos intenté pensar en negativo, como es inherente a mí, y lo único que pude visualizar fue un campo de girasoles mecidos por el viento. Supongo que es algo normal después de un proceso como el que he tenido que pasar, pero no puedo dejar de dar vueltas a la idea que en estos momentos me ronda la cabeza: ¿y si me he convertido en un puto ente epistemológicamente positivista? ¿Y si en lugar de defecar sobre cada uno de los ciclos de la existencia, me dedico en el futuro a buscar el porqué de las cosas, transformando la bilis, líquida, verde y amarga, en empiriocricticismo monista florido, rancio y afectado?

Sinceramente, no me veo como el adalid del verstehen en una sociedad que sólo busca almacenar posesiones y Dioses en trasteros forrados con la piel despellejada, a base de mentiras y traiciones, de una utopía espectral, donde cada uno vale según lo que ha podido robar, y donde sólo se merece verdadero respeto si luce grandes anillos de oro en los dedos de las manos y diamantes o esmeraldas engarzados en piercings de titanio en los testículos o en el clítoris.

Las víboras se asolean en los riscos y no en las sucursales bancarias. Algo no funciona como es debido. Mientras permitamos que esto suceda, difícilmente podremos considerarnos algo más que esclavos. Y mientras el poder y la justicia nos someta a continuas vejaciones y se juegue a un envite nuestras propias indecisiones, esta forma de vida que conocemos, y en ocasiones amamos, no será más que un continuo fluir incomprensible de cohesión, adhesión, viscosidad, tensión superficial y capilaridad, hacia ninguna parte.


Saludos.

jueves, 7 de febrero de 2013

Email del 7 de febrero 2013

Rembrandt, Mujer vieja leyendo (1650)


Hola:


He estado haciendo el pino y en esa en esa posición he escrito un micro relato sobre el tiempo. Preferiría haber intentado la posición del roble, pero no sé cómo se hace. Como para hacer el pino se necesitan los dos brazos, he tenido que escribirlo con la boca. No puedes llegar a imaginarte lo difícil que resulta. Pero al final lo he conseguido, aunque ha quedado tan dramático o pseudopoético que los pelos urticantes de la procesionaria en mi cabeza no han parado de irritar la totalidad de mi cuerpo. Te lo pego:

"Se puso a llorar. Se puso a llorar. La anciana se puso a llorar y sus lágrimas se dirigieron al río más cercano. De poco sirvió que sus hijos trataran de consolarla o que sus nietos la cubrieran de besos. Lloraba. Y en sus ojos húmedos se podía leer un libro. El libro de la rueda del tiempo. A veces se tranquilizaba un poco y sus recuerdos se escapaban por la ventana. Mientras huían se desfragmentaban en hebras de oro. Y cada hilillo dorado mecido por el viento susurraba una canción. Algunas eran tristes y pesaban la mitad del total de un pensamiento difuso; otras sucumbían ante la claridad de la imposición y acababan por equilibrar la autonomía de sus propios movimientos. Pero cada uno de ellos le pertenecía. Eso nadie podría cambiarlo. Ni siquiera el punzante e impreciso dolor producido por un millón de respuestas ante una única pregunta: ¿ha merecido la pena?"

¿Sabes? Esta mañana he meditado sobre algo que no me dijo alguien en ningún lugar, y he llegado a la conclusión de que llevaba toda la razón, aunque para seguir en paz conmigo mismo he fabricado una pequeña cara de resignación y la he adorado durante diez minutos largos. Como siempre sucede cuando uno se auto exalta, he sentido la necesidad de vomitar sobre un cristiano, pero como vivo en un barrio rojo y ateo, he pensado que quizá no valiese la pena salir a la calle a buscar uno y aprovechando que la vecina de enfrente se había dejado la puerta abierta, he entrado y regurgitado sobre el cadáver desnudo y embalsamado de la única hija de su padre, que era agnóstica y aciduriometilmalónica.


Un saludito...

martes, 5 de febrero de 2013

Email del 5 de febrero 2013

Sabin Balasa, Freedom in the aquarium (s. XX)

Querida:


Había una vez una palabra que la mayor parte de las veces no significaba absolutamente nada. Y a nadie parecía incomodarle que permaneciera en algún lugar perdido del subconsciente, pues ya se habían acostumbrado a otras mucho más vistosas fonéticamente y que les proporcionaban todo lo que necesitaban o lo que podían desear. Sabían que alguna vez había simbolizado algo, pero ya no les interesaba demasiado el concepto que representaba y la mayor parte de las veces se encogían de hombros cada vez que escuchaban algo relativo a ella. Algunos incluso llegaban más lejos y disfrutaban estirando cada uno de sus grafemas, hasta que llegaba un punto en que el absurdo y la incoherencia no dejaba ninguna duda sobre sus intenciones. Otros, simplemente jugaban a obtener la mayor parte posible de anagramas sin significado real a partir de la raíz inicial. Esa palabra mágica permanecía en el limbo sin que pareciera importarles en absoluto, hasta que cierto día, un sujeto de aspecto apagado y taciturno pensó en ella y en la satisfacción que sentía al deletrearla. Pero aunque una fuerza poderosa recorría su sangre cada vez que la pronunciaba de forma tímida y en la oscuridad húmeda y penetrante de su rincón favorito donde él era su propio Dios y donde ningún otro ser podía escucharla, la palabra decidió seguir oculta. No creía que el momento de su resurrección hubiese llegado todavía y decidió transmutarse en deseo. Y ese deseo insatisfecho se perdió entre la suciedad que lentamente fabrica el discurrir del tiempo. Y a partir de entonces, ya nada volvió a ser igual.

Esa palabra, amiga mía, es el mejor regalo con que jamás nos obsequió la razón. Estoy casi seguro de que sabes cuál es, pero por si acaso dudas entre varias, he decidido despojarla del aura de misterio mítico con el que se emperifolla y transcribírtela, pero no en castellano, ya que en nuestro país nadie se decide a rescatarla y además me produce cierta vergüenza observar el estado en que se encuentra, sino en ocho idiomas diferentes que, por lo menos para mí, de momento, no significan nada porque no los hablo y, obviamente, ni siquiera los entiendo.

VAPAUS
WOLNOŚCI
ÖZGÜRLÜK
SZABADSÁG
СВОБОДА
FREIHEIT
ΕΛΕΥΘΕΡΊΑ
LIBERTÉ

Mientras no admitamos a voces que somos víctimas de la inconsciencia, esa palabra no volverá a representar un verdadero peligro para los depravados que diseñan nuestro futuro y esconden nuestras esperanzas en receptáculos manufacturados con las inmundicias que destila su afán de poder absoluto y su desmedido anhelo posesivo. Y entretanto, nuestros sueños de supervivencia quedarán relegados al olvido y con ellos nos estaremos acercando peligrosamente a las tinieblas del medioevo, y por consiguiente, al suicidio colectivo.


Un abrazo.

lunes, 4 de febrero de 2013

Segundo email del 4 de febrero 2013

Wols, Le grand orgasme (1947)


Aaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhh…

(Tranquila: no era un orgasmo, sólo un bostezo)


Un abrazo.

Email del 4 de febrero 2013

Alan McDonald, Prophet of doom (2008)


Hola:

He descubierto que si a un imbécil le ensucias un ojo se vuelve inteligente. No me preguntes cómo he llegado a esa conclusión, pero es la pura verdad, puedes hacer la prueba si quieres. Pero asegúrate que lo haces correctamente, pues si en lugar de un ojo le ensucias una oreja, en menos de diez minutos el individuo en cuestión puede transformarse en un pomelo maduro o un traficante de licuadoras. ¿Recuerdas cuando revelé a la comunidad científica que dentro de cada átomo de agua vive una ballena divorciada y dos de sus pequeñines? Me tacharon de chalado e incluso alguno se atrevió a decir que yo no era científico, sino terrorífico. Supongo que lo mismo pensarían del tipo que en un arrebato de lucidez extrema inventó el vaso agujereado, pero ahora se venden incluso jofainas sin fondo, y se venden muy bien. El mayor fabricante del mundo tiene su sede central en Bangkok y factura al año catorce euros de beneficios, por supuesto sin descontar los gastos totales de producción y distribución. De todas formas, no pienso dejar de investigar sobre la razón, el cerebro y las agujetas; y menos porque un atajo de investigadores a sueldo de las grandes multinacionales me insulten o me envíen tarjetas de felicitación navideña en agosto. Yo soy yo, que no es poco, aunque a veces mis trastornos cutáneos quieran llevarse todos los méritos. Te prometo que no pienso cambiar; ya tengo suficiente con cambiarme de calzoncillos cada vez que Saturno, Venus y Mercurio se alinean sobre las pirámides de Egipto.


Saludos.

domingo, 3 de febrero de 2013

Segundo email del 3 de febrero 2013

Dalí, El caballo de Caligula (1971)


Sí, otra vez soy yo:

Cayo Julio César Augusto Germánico, más conocido con el sobrenombre de Calígula, nombró senador a su caballo Incitato; yo acabo de nombrar virrey a un cimex que he encontrado roncando en mi almohada viscoelástica. Por si no lo conoces, el cimex o chinche de las camas es un insecto bastante pequeñajo y gamberro que se alimenta de la sangre del animal de sangre caliente -humanos incluidos- que tiene más cerca. Y como virrey ha de asumir que dentro de sus competencias está administrar y gobernar la totalidad de mi catre. No creas que es una tarea sencilla, pues entre otros cometidos tiene que llevar una completa relación de los lavados de sábanas, vueltas mensuales del colchón de látex y otros onerosos menesteres. Para enfatizar su nombramiento, le he bautizado como Lectularius de López y Pérez, y su virreinato será recordado como el más cuerdo dentro de la vesania que caracteriza a su omnipresente Dios, yo. Porque seré el señor de toda la habitación y todo se hará siguiendo las tablas de la ley esculpidas sobre mis testículos. Cada ser racional, irracional, ilusorio o incluso extraterrenal estará obligado a santiguarse doce veces antes de osar mirarme. Y mis esclavos lavarán y plancharán mi ropa interior y bailarán de gozo cada vez que me digne a escupirles. Y cuando crea que se han rebajado lo suficiente, les engatusaré con sobres repletos de inmundicias. Y se sentirán agradecidos cuando apoye mis sacrosantos pies sobre las bocas de sus hijos, que servirán de cojines. Y se martirizarán con cilicios diseñados especialmente para el vulgo, la plebe, la chusma. Y de mis orejas brotará ambrosia prodigiosa que... Creo que me he pasado utilizando la conjunción copulativa "Y". Pero es tan bonita; me recuerda un tirachinas o la horquilla de un zahorí. Hace años alguien, no recuerdo exactamente quién, me regaló un monoptongo de cobre. Yo quería una consonante oclusiva y me enfadé con él. Para que hiciéramos las paces, la hermana del sujeto me entregó su "Y" preferida, la que guardaba entre sus pechos, y desde entonces me enamoré de la letra, de la hermana, de sus pechos y de un taxista hermafrodita que pasaba por allí en esos momentos.


Un queso (ya no me quedan besos)

Email del 3 de febrero 2013

Michael Sowa, Big buzzer (s. XXI)


Querida:


Cuando tengo pocas cosas que hacer o me aburro demasiado suelo concentrarme en minucias, o por lo menos en detalles que de otra forma se me hubiesen pasado por alto. Ayer estuve cerca de dos horas contemplando un cenicero y estudié su estructura al completo: el metal niquelado, las incrustaciones de madera teñida de colores diversos, la cavidad cóncava, diseñada posiblemente por un visionario de la edad de piedra, que sirve para depositar los cilindrines y que la ceniza no se derrame en cualquier sitio, las muescas de algunos golpes en el pasado que dejaron su huella y le proporcionan un cierto status de ancianidad y deslucimiento, las manchas grises aunque casi imperceptibles resultado de continuas  limpiezas deficientes o descuidos inquietantes. Cuando me harté del cenicero, mis ojos eligieron el mando del televisor y escrutaron con avidez cada uno de sus múltiples botones y los dibujitos que descansan sobre ellos, gastados a fuerza de apretarlos una y otra vez en una especie de movimiento mecánico, absurdo y primario.

No creas que soy un tipo obsesivo, simplemente se trata de un sencillo ejercicio para combatir el sopor y la ansiedad. Podría resolver crucigramas o cambiar de sitio algunos muebles, pero no serviría de la misma manera a mis propósitos, que no son otros que mantener amodorrados los pensamientos. Razonar es un arte, y de alguna forma nos define como seres superiores, pero puede ser un arma de doble filo. En el pasado he llegado a conclusiones inquietantes utilizando el cerebro. Y si lo analizamos debidamente, no parece que esta facultad extraordinaria nos vaya a salvar de la hecatombe final o como lo denominaba Einstein, la aniquilación total.

Ahora estoy mirando las hojas marchitas de un helecho que descansa cerca de una pared, al lado de una ventana situada al norte. Puedo distinguir perfectamente una mosca de aspecto poco lustroso descansando entre sus esporas. Al igual que sus antepasados, el insecto es un superviviente que no conoce la definición de la palabra "moral"; por eso ha sobrevivido sin perceptibles cambios morfológicos. Vuela y se alimenta porque en algún rincón de su cadena genética existe una orden establecida que le obliga a hacerlo. Nada más que eso. Pero al mismo tiempo ¡es tanto! Todo es poco, mucho es demasiado y algo es parecido a nada. Si pudiera reencarnarme, me gustaría ser todo o nada.

Voy a finalizar este email con un pequeño chiste: ¿en qué se parece un microtúbulo a un ñoclo poco hecho? Yo no lo sé, pero espero que tú me des la respuesta.


Un abrazo.

sábado, 2 de febrero de 2013

Segundo email del 2 de febrero 2013

Adolphe Ladurner, A Fencing Scene (1827)


Hola otra vez:

Sinceramente, lamento que opines que los textos de algunos de mis emails, por ejemplo, el anterior, están más cerca de los postulados místicos de Teresa de Jesús que de Nietzsche o Sartre. Salvando la enorme distancia literaria que me separa de ese trío de legendarios pensadores, no puedo estar de acuerdo con tus críticas, aunque sean benignas e incluso por encima de lo que un inhumano como yo merece. El único punto de coincidencia entre la Santa de Ávila y yo es que ambos en una época de nuestras vidas sucumbimos a los encantos que proporciona el cornezuelo del centeno; ella posiblemente ignorando lo que hacía, y yo con plena conciencia de mis actos. Nada más. Que encuentres en mis líneas trazas místicas o incluso románticas no significa que mi ateísmo se encuentre en un estado latente, sino que utilizo a mi antojo algunas palabras que están en el diccionario. Yo no soy el culpable de que los vocablos Ente o Yo estén aprobados por la Academia de la Lengua. Puedo asegurártelo: si de mí dependiera, ahora mismo metería las dos palabrejas junto con unas cuantas más en un saco de arpillera atado a un bloque de granito y lo arrojaría al mar. Pero desafortunadamente, eso no es posible, y aunque lo fuera, ¿crees que serviría para algo? Seamos sensatos; tú puedes ser una marxista recalcitrante, y admiro que sigas líderes, pero yo estoy por encima de esas fruslerías, o puede que por debajo, es algo que no importa demasiado. Quizá debería fundar la escuela doctrinaria de la ontología apóstata; estoy convencido de que tendría éxito. Todos los locos y avasallados de este planeta y del mío podrían mantenerme vivo y con esperanza durante el resto de mi vida.

Te quiere (y lo sabes)

Greg

Email del 2 de febrero 2013

Leo Wijnhoven, Global uniformity (1998)




Hola:


Lo bueno que tiene vivir bajo el sentido trágico de la vida, es decir, observando y creyendo que todo lo concerniente al ser humano es una auténtica estafa, y por consiguiente una mierda de dimensiones francamente considerables, es que cuando algo realmente tiene sentido, y de alguna forma se aleja de esos principios de decadencia y juegos falseados en que al final se convierte todo, un sentimiento absurdo y al mismo tiempo tonificante hace que me replantee si no me estoy equivocando en mis percepciones. Y es entonces cuando todo recupera su lógica. Poco importa si esa es un mero artificio sometido a la fuerza lunática de la inconsciencia que se atrinchera en cada una de las preguntas que nadie puede o quiere responderme. Parece que ya nada tiene sentido. Juego porque me gusta perder; ni siquiera intento hacer trampas, simplemente observo cómo los compañeros de partida las hacen, y eso, aunque pueda parecer obsceno, me reconforta.

En estos días que corren, todo me parece irreal, extraño. Mientras algunos reciben sobres, yo, sólo recibo facturas que me niego a pagar. Quiero que me den el premio al moroso del año. Cuando lo reciba, y después de analizar cada una de las firmas del jurado, convertiré el diploma en un bonito avión o una cuña para estabilizar muebles. Podría realizar la prueba de reacción en cadena de la polimerasa para replicar el número de copias de cada uno de los fragmentos de ADN que pudiera extraer del documento, pero hace tiempo que dejé de coleccionar ácidos nucleicos. Ahora sólo colecciono reacciones neuronales, y a veces, cuando mi natural falta de escrúpulos me lo permite, las desnudo por completo y les hago fotos sucias en posiciones lascivas y absurdas. Quiero perpetuarme como el dictador supremo de una civilización distópica y polimórfica, donde cada uno de los individuos que la formen, haya demostrado una y mil veces su absoluta bajeza moral. Creo que me haré político de derechas; engatusaré a los memos con estampitas de San José María Escrivá de Balaguer y pervertiré a sus hijos, y a los hijos de sus hijos; y cuando los tenga narcotizados con toneladas de esperanza y fe, los transformaré en cleptócratas a sueldo. Porque no se puede demostrar la completa maldad latente si no se es un verdadero canalla.


Saludos, besos, abrazos, perversidad.

viernes, 1 de febrero de 2013

Email del 1 de febrero 2013

Ken Currie, Two Figures At The Base Of A Crucifixion (2009)


Cielo:


No sé por qué se ha armado tanto revuelo con lo del duque empalmado. ¿Acaso los duques, archiduques, condes, vizcondes, marqueses o barones no tienen derecho a gozar de una satisfactoria erección, ya sabes, de esas que suelen rasgar los calzoncillos y que tan contentas ponen a las duquesas, archiduquesas, condesas, marquesas o fulanas contratadas a base de talonario nobiliario? Claro que también es posible que alguna de las consortes de sus señorías, o como cojones se les deba llamar, puedan padecer el PSAS o Síndrome de excitación sexual persistente y prefieran llegar al orgasmo leyendo el prospecto de unos supositorios de glicerina antes que ser penetradas o incluso salivadas por sus aristócratas maridos.

Llegar a ser noble es muy fácil. Existen tres maneras:

A) CONCESIÓN: Si te lo mereces porque has sido un cabrón, has amasado fortuna explotando al obrero o simplemente has aparecido en el Libro Guinnes de los records por empalmarte delante de un mono.
B) HERENCIA:  Lo heredas porque tu padre fue un cabrón o amasó fortuna explotando al obrero o simplemente porque te empalmaste en el zoo contemplando a un mono empalmado.
C) MATRIMONIO: También denominado "braguetazo"; el título se obtiene al casarte con un carcamal, sea del sexo que sea, -incluso un mono- para gozar de sus privilegios (y sus empalmes).

Como verás lo tenemos muy fácil. He decidido ser noble antes del año 3000. Me conformaré con un título vitalicio, pues no soporto la perpetuidad, ni siquiera si está engalanada con cachemire, cambray o charmeuse. En cuanto a los empalmes, bueno, una vez empalmé un cable eléctrico que pertenecía a una tostadora y cuando intenté tostar un par de rebanadas de pan integral explotó la casa de la madre política de mi ex-vecino. ¡Cosas que pasan!

La verdad, no sé por qué pierdo un valioso tiempo divagando sobre la nobleza; podría haber despotricado sobre herpes genital o excrementos y seguramente no tendría esta sensación de inutilidad que aprisiona con fuerza cada una de mis células cancerígenas y que al mismo tiempo las convierte en agua de litines. Dejemos que el conde empalmado se vanaglorie de su esfuerzo. Al fin y al cabo, es preferible que nos sodomicen con un miembro erecto a que nos desollen vivos a base de latigazos.


Un abrazo.