martes, 31 de julio de 2012

Segundo email del 31 de julio 2012

Justine Lai, Join or die series




Esta mañana me ha telefoneado una tal Vanessa Hot para ofertarme unos masajes con final feliz a un descuento del 40 % por ser un cliente nuevo. En estos tiempos de depresión ya no sólo nos llaman para vendernos pisos y chalets compartidos o para hacernos encuestas o camelarnos un nuevo seguro, ahora hasta las prostitutas disfrazadas de masajistas nos llaman a casa para intentar colarnos un servicio. Supongo que será cosa de la crisis. Te transcribo íntegramente la conversación que hemos mantenido:

YO: Diga...
VOZ AL TELÉFONO: Hola ricura, me llamo Vanessa Hot...
YO: ¿Cómo?
VANESSA: Vanessa, Vanessa Hot.
YO: ¿Vanessa Jo?
VANESSA: NO, Vanessa Hot. Hot, caliente en ingles. Vanessa Hot.
YO: ¿Vanessa Hot?
VANESSA: Eso es. Vanessa Hot.
YO: Creo que te has equivocado....
VANESSA: ¿No vive ahí el señor Gregorio López?
YO: Sí, vive aquí.
VANESSA: ¿Podría ponerse al aparato, por favor?
YO: Yo soy Gregorio López...
VANESA: Hola ricura, me llamo Vanessa Hot...
YO: Sí, eso ya me lo habías dicho antes...
VANESSA: Te llamaba para ofertarte una sesión de masaje tónico-reconfortante al sándalo y romero y con final feliz.
YO: ¿Final feliz? ¿Qué significa eso?
VANESSA:  Bueno, significa que después de ser masajeado por mis manos expertas y mis pechos duros con los pezones erguidos como los cuernos de un caracol, complementaré el servicio masturbándote para que tengas un momentito feliz...Ya sabes.
YO: ¿Quién te has creído que eres? A mí sólo me masturba mi mano. Y además con guante de látex anti...
VANESSA: Pero cariño, tú no has sentido el tacto de mi mano acariciándote el órgano...
YO: ¿Vas a venir a mi casa a acariciar mi Yamaha?
VANESSA: ¿Cómo dices? ¿yahaja? ¿Que es un yahaja? No sé hacerlo, pero si me enseñas....
YO: Yamaha, pedazo de inculta, órgano Yamaha.
VANESSA: ¿Qué coño dices de un arándano?? Escucha, por ser cliente nuevo te haré un 40 % de descuento y te regalaré un vale con un 15 % para el próximo encuentro...
YO: Vanessa Hot, preciosa, en estos momentos estoy descuartizando a un vecino y me encuentro completamente empapado de sangre, por lo tanto no te puedo atender. ¿Podrías llamarme dentro de un par de décadas?
VANESSA: Claro ricura, no te preocupes, en un par de horas te llamo. Adiós, amor...

Para Vanessa, una década corresponde a una hora, es decir a 60 minutos, por lo tanto esa tipa dedica dos lustros a dar un masaje con final feliz; me imagino que el masaje se prolongará un lustro y el Happy end otro, por lo tanto, cuando acabe de dar 6 o 7 masajes a 6 o 7 clientes, Vanesa Hot pasará a llamarse Vanessa Old.

Es increíble hasta qué extremo está empujando este gobierno a los ciudadanos, decentes o indecentes (¿alguien sabe diferenciarlos?) para que consigan llevarse algo nutritivo a la boca. Bueno, por nutritivo no me refería a lo que Vanessa Hot (u Old) se suele llevar a la boca gracias a sus generosas ofertas, sino a lo dificil que se está poniendo comer un mínimo de 3 veces al día. Supongo que los señores políticos, que con gran trabajo y sobre todo con una precisa paciencia, intentan por todos los medios desposeernos de cualquier cosa que para ellos signifique dinero y riqueza, no necesitarán llegar a los extremos de la pobre Vanessa para poder zamparse una pierna de cordero lechal asado. Cuando un político, pertenezca al sexo que pertenezca, se introduce un pene en la boca, seguramente no le cuesta ni un céntimo, pero también es totalmente seguro que al propietario del falo la fiesta le estará costando dinero o salud, o ambas cosas a la vez. Ellos cobran incluso a las putas y a los chaperos. Su Poder les hace intocables, o eso creen ellos y sus familias (o sus perros).

¿Por qué si tú, amiga mía, quieres meterte en la boca un pene sano de 17 cm tienes que estar casada, tener una pareja, trabajártelo muy muy duro o pagar a un gigoló, mientras esos tipejos repelentes (sin generalizar) que se sientan en sus poltronas senatoriales sólo tienen que hacer sonar su joyería? Y vuelvo a repetir las dos palabras de antes: SIN GENERALIZAR. No es justo ni para nosotros, los avasallados y vendidos, ni siquiera para los penes sanos o enfermos o sus portadores. No es justo para la raza humana. Tenemos que revelarnos o siempre seguiremos siendo lo que ellos quieran que seamos: sus putas, su ganado, en definitiva,  sus esclavos.

Quizá, para defendernos, los de abajo deberíamos empezar por revisar nuestra conciencia de clase y nuestro concepto de la solidaridad. Y yo debería haber tratado a Vanesa Hot de otra forma. Se me antoja de esta manera:

YO: Diga...
VOZ AL TELÉFONO: Hola ricura, me llamo Vanessa Hot...
YO: Hola preciosa, qué lindo nombre tienes.
VANESSA: Te llamaba para ofertarte una sesión de masaje tónico-reconfortante al sándalo y romero y con final feliz.
YO: Ya tardas, monada.
VANESSA: Conozco tu dirección, nos las dan junto a vuestro nombres y si quieres puedo acercarme en un par de horas y enviarte directamente al Nirvana.
YO: Soy todo tuyo. Puedes incluso atarme. Por favor, no tardes y si puedes tráete refuerzos.

Lamentablemente, no fue así.

Desde la habitación color salmón del edificio número 1 de mi calle, se despide de ti, mi mejor amiga, el tipo que te inunda a emails constantemente. Hasta mañana, si Dios o Satán quieren.


Besazos

Email del 31 de julio 2012

Anselm Kiefer. Sternenfall . 1995


Hola:

Lo primero que hago por las mañanas cuando me despierto es Nada, y sucede lo mismo cuando voy a acostarme. Entre estos dos hechos separados por un montón de horas desperdigadas, un sinfín de nadas absolutas comparten el paso del tiempo conmigo. Algunas veces, si viene alguien a verme, por ejemplo, intento que la Nada que corresponde a ese determinado momento se convierta en Algo para tratar así de que el sujeto de género indeterminado que ha osado inmiscuirse en mis incompetencias se sienta un poco acompañado, pero no nos equivoquemos, ese Algo prefabricado está construido en su compleja totalidad por insuficiencia alterada y restricciones clónicas e invariables. No puedo dar a otros más de lo que me doy a mí. Y todo lo que yo, en mi incondicional magnificencia, me doy a mí mismo no tiene otro sentido que hacer que la insignificancia de mi generosidad se complemente con mi reconfortante carencia de principios.

Principalmente, no hago nada porque si hiciera todo, o simplemente un poco más, sentiría que estoy engañando a la mayor parte de mi mismo. ¿Para qué sirve hacer si más tarde o más temprano hay que deshacer? ¿Por qué estúpida razón debería seguir uno o varios recorridos circunstanciales, si al final, inexorablemente, llegaría el momento de equivocarme? No se puede originar si antes no se ha concluido; de igual forma, no se puede construir si no está todo completamente destruido. Lo contrario a estas dos afirmaciones es una distorsión demente de unos actos demostrados. Sin embargo el vulgo construye, origina, cimenta y fabrica totalidades sin importarles la saturación ni el paso del tiempo, y así, repletos de ese enfermizo afán obstructor, sus Nadas y sus Algos se decostruyen y desobstruyen, mientras el principio determinante arremete con voracidad contra la imperfecta fragilidad de sus instintos patológicos, injustificados, absurdos, arbitrarios.

Cuando muero, y eso sucede un mínimo de doce veces en una jornada, es el preciso momento en que me encuentro superior, aunque también podría definirlo como vivo. Es decir, cuando estoy muerto es el instante en que realmente me siento vivo, porque en ese minuto bienaventurado no me importa nada de lo que otros digan, hagan o sientan. No me importan ni sus ayeres ni sus ahoras, ni siquiera sus exiguas posibilidades de supervivencia. Cuando estoy muerto no tienen sentido las afirmaciones ni los asentimientos, solo la negación y el disentido. Cuando no existo mi piel macilenta pierde la capacidad para sentir; cuando no existo ese gran músculo cónico que domina y altera las emociones se comprime e implosiona. Las cuencas vacías de lo que en otra época fueron unos ojos marrones de mirada impenetrable ahora solo sirven de piscina improvisada a la fauna cadavérica. La autolisis ha fermentado los tejidos; la descomposición forma parte del nuevo amanecer...


Un abrazo.

lunes, 30 de julio de 2012

Email del 30 de julio 2012

Glenn Brown, War in peace. 2009


Hola querida:

Hay gente que nunca se corta las uñas de los pies, aunque luego se quejan de que gastan más calcetines que la media; otros por el contrario, y sobre todo en primavera y verano que es cuando les gusta calzar sandalias de cuero natural, intentan por todos los medios presentar unos pies de pasarela, sin importarles en absoluto las horas dedicadas a ese menester. Ahora bien, llegados a este punto yo me pregunto: ¿Para qué sirve cortarse las uñas, limarse, cuidarse y lavarse los pinreles si al final todos acabaremos en una puta fosa oscura y húmeda? ¿Quizá para ahorrarle un improbable arañazo al forense mientras maneja nuestro cuerpo inerte en la mesa de autópsias? Francamente, no lo creo. Con el dinero que nos gastamos en cortaúñas, limas y cremas reparadoras de grietas con urea, en un año podríamos pagarnos unas lujosas vacaciones en Valladolid, Albacete o Murcia, si preferimos costa y aventura.

Según un estudio de la revista americana Scientific Neuroticus al que tuve acceso mientras esperaba mi turno en un prostíbulo de lujo de Marina d'Or, los políticos, los sacerdotes y los asesinos en serie son los que más detestan visitar al podólogo y prefieren gastarse ese dinero en oro, incienso y enemas. Recordando ese estupendo articulo me ha venido a la cabeza la historia del párroco de mi pueblo, don Faustino Rivas Moreno, alias "Águila culebrera Rivas", que, pillado infraganti en plena orgía con varios mancebos desarraigados, simuló un ataque amnésico para no tener que dar cuentas en el obispado y juró hasta el final de sus días que en esos momentos creía ser una rapaz en extinción y no un humano y cura por añadidura, y para convencer a los incautos se dejo crecer las uñas de los pies hasta que le imposibilitaron por completo el bailar un chotis sin rayar el parquet de madera flotante con sistema Click, o incluso caminar. Por eso le pusieron ese bonito mote que hoy en día han heredado sus nueve hijos, diecisiete nietos y treinta y tres bisnietos.

Personalmente, odio a los que se pueden permitir el lujo de elegir en qué se gastarán el dinero, ya sea en medicina alternativa, curanderos psicóticos, brujos africanos occidentalizados con huesos adornando sus pituitarias o incluso médicos honrados que aman su profesión. Si me huelen los pies, simplemente me aguanto. Peor huele un queso Limburger y la gente se lo come e incluso algunos llegan al orgasmo mientras se deleitan con su sabor y textura. Con esto no quiero decir que si me chupas un pie te garantice un orgasmo, no me entiendas mal, pero es posible que tu vida cambie para siempre, y que las pequeñas cosas que hasta entonces te quitaban el sueño o simplemente te preocupaban, dejen de emponzoñar tu cerebelo, simplemente porque habrás dado un paso abismal hacia algún rincón remoto de la estupidez más insensata y demente.

Un día de hace algunos años, no recuerdo exactamente cuantos, puede que veinte o veintiuno, me desperté con picores insoportables en el pie izquierdo, para ser más exactos, entre el primer artejo y el segundo, o para que me comprendas mejor, entre el dedo gordo y su vecino más delgado y atractivo. Cuando me incorporé y vi lo que sucedía en ese lugar recóndito, no podía creérmelo. ¡Me había crecido una seta! Dias después, se la llevé a un micólogo que la describió como un precioso ejemplar de Calocybe gambosa. Mientras le estrechaba la mano y le daba las gracias efusivas por su incuestionable ayuda, el experto es setas y hongos me pidió permiso para sofreírla y comérsela en la cena junto a algunos pimientos de piquillo que su mujer había robado en el mercado, a lo que accedí gustoso. Horas más tarde, mientras regresaba a mi casa, contento por haber contribuido a la alimentación de un erudito, sentí un pinchazo en la ingle y acabé siendo operado de urgencias de apendicitis aguda, aunque eso no es verdaderamente relevante para este texto.

Ahora, en este justo momento en que intento despedirme de ti, he notado un brote de esquizofrenia reptando alegre por mi cerebro. Espero que sólo esté de visita, pues aunque me encanta coleccionar enfermedades, no pienso sumarme a la extensa lista de humanos babeantes que escuchan voces raras. Ya tengo suficiente con escuchar el ruido que hacen las ratas escondidas tras las paredes.


Un beso, amiga mía.

domingo, 29 de julio de 2012

Email del 29 de julio 2012

Odd Nerdrum, The denture. 1983


Amiga mía:

En mi anterior libro -nunca editado- titulado "Simposios del retrete" dejé claro cuál era el fundamento de mi filosofía: llevar la contraría a cualquier ser humano, exceptuando a los subnormales. Pues bien, hoy he llegado a la conclusión de que me resulta totalmente imposible distinguir a los normales de los subnormales y a veces, incluso de un salmonete de roca. ¡Cuánto me alegro de no haber presentado mi texto a un editor! pues gracias a la clarividencia que proporciona el paso del tiempo he desarrollado mi deficiente doctrina ideológica particular elevándola a alturas ontológicas insospechadas. No te miento si te confieso que he llegado a un punto en mi existencia en que me siento orgulloso de haber nacido inteligente y repulsivo, pues mientras intento razonar no tengo que estar pendiente de las ofertas en productos de belleza masculina y ni siquiera del sexo, pues yo soy mi mejor amante y el único que no necesita una estúpida sonrisa después de haberme proporcionado goce y deleite.

Hasta hace un par de años, mi reflejo era mi peor enemigo, sobre todo cuando el sujeto que aparecía al otro lado estaba desnudo y mostraba una barriga pantagruélica y llena de pelos que haría palidecer de envidia al mismísimo John Falstaff. Ahora, seiscientos y pico días después, no hay nada que me deje más absolutamente embelesado que contemplar mis maravillosas imperfecciones mientras pienso en chimpancés desnudos. Ya no soy aquel pobre imbécil que se apenaba por haber pisado sin querer una cucaracha. Ahora bailo claqué encima de ellas y además lo bailo fatal. ¡Como debe ser! ¡No soporto a la gente que todo lo hace bien! ¡Desprecio con toda la fuerza del no-arrepentimiento taumatúrgico a esos idiotas de pelo rubio y ojos azules que triunfan en todos los aspectos de sus vidas! ¡Y odio a sus padres y a sus madres, y a sus mascotas de pura raza! ¡Viva la mediocridad imperfecta, porque de ella está hecha la verdadera anti-materia!

La existencia, tal y como la conocemos, o mejor, tal y como nos la dejan disfrutar, no es una Fête champêtre. Ni siquiera una merienda en un McDonald’s. La vida es subjetiva, pero la muerte es objetable, aunque si he de ser sincero, prefiero morir antes que olerle la axila a un árabe. Y no confundas mi frase  anterior con el racismo más repugnante, sino con la ausencia sarracena de desodorantes. Existir implica gastar dinero; no existir implica ahorrarse unos cuartos, por lo tanto, existir en forma de cadáver conlleva una equilibrio económico y, al mismo tiempo, sexual, verdaderamente dinámico, pues hasta el día de hoy las prostitutas pagan a sus chulos gracias a unas tarifas francamente desorbitadas.

Pero creo que me estoy haciendo un lío. No es la vida o la muerte lo que me interesa, sino los acrocordones y demás defectos de la epidermis. ¡Siempre quise ser dermatólogo!, aunque por efecto de mi incongruencia y sadomasoquismo cerebral no llegué a matricularme en la Universidad y preferí aprender tropezándome en las calles. ¡Y vaya si me tropecé! Desde abril del setenta y cinco hasta enero del ochenta y seis tropecé noventa y cuatro veces, una de ellas con mi propio escroto. Pero no seamos agoreros. Caerse es sensacional, sobre todo si no hay público delante. Particularmente, adoro derrumbarme, despeñarme, rodar o resbalarme en primavera, ya que es entonces cuando mi júbilo neroniano es más insolente, pero también he llegado a desprenderme de mí mismo en otras ocasiones e incluso hubo un tiempo en que consolidarme o sostenerme me provocaba alteraciones somáticas instantáneas contraproducentes, aunque especialmente fogosas y sexys.

En fin, amiga mía, pervivir es duro y no sonarse las narices cuando estás constipado, molesto. Antes de finalizar, quiero pedirte perdón de rodillas y muy, muy humildemente, por esta monstruosidad patafísica de texto y, al mismo tiempo, por haber nacido. Yo no soy el culpable. Desde este punto de no retorno en que a veces se convierte la psique, y creando cierto desasosegante Stimmung, se despide de ti un amigo, o lo que en estas fechas queda de él...


Un abrazo

jueves, 26 de julio de 2012

Email del 26 de julio 2012

Michael Sowa

Hola.


Hace unos días escribí un mini relato titulado "Tito"...



Me llamo Tito, aunque eso no es demasiado importante en estos momentos. Vivo en un piso de una calle cualquiera, a las afueras de una capital mohosa y deprimida; conmigo comparten vivienda cuatro personajes inútiles, excéntricos y mezquinos. Permitidme que os los presente:

Sergio es artista, él dice que pintor, pero yo creo que su talento no está relacionado con ninguna de las bellas artes sino con la estupidez, por eso no creo que nadie se ofendiera, incluido él, si tuviera que definir su verdadera ocupación como creador de aburrimiento o malversador de tiempo en circunstancias favorables. Veamos un ejemplo a partir de la conversación que mantuvo ayer con Javier, su mejor amigo y bebedor empedernido de cerveza, mientras el primero le enseñaba su último cuadro al segundo:

SERGIO: ¿Y bien, qué te parece?
JAVIER: Hum, no sé, ¿eso de ahí es un culo?
SERGIO: Es la existencia...
JAVIER: ¿La existencia? Pues parece un ojete...
JAVIER: Pues es la vida como forma de escape a lo desconocido. Lo titulo "Metástasis existencial".
JAVIER: Pues deberías titularlo "Metástasis de un orificio íntimo".
SERGIO: Nadie te ha pedido tu opinión, así que si lo único que te interesa es meterte conmigo vas un poco desencaminado. Sabes que soy duro como una piedra.
JAVIER: Así que "Metástasis existencial", ¿eh?
SERGIO: Al principio quise titularlo "Propagación linfática", pero supuse que con un título así nadie se interesaría por el.
JAVIER: ¿Crees que alguien querrá comprarlo? Quizá si lo titularas "Agujero excremental"...
SERGIO: Vaya, creo que tienes una fijación anal, deberías hacerte un psicoanálisis.

Maite es su mujer a tiempo parcial, pues casi nunca está en casa. Trabaja en una clínica de estética y se acuesta con el bedel. A veces, cuando se siente verdaderamente frustrada, raja con un bisturí los cuadros de su marido y le echa la culpa a las uñas del gato. El problema es que en este hogar no hay gato, por lo que las discusiones son constantes y más de una vez me la he cargado yo, aunque a estas alturas de mi vida ya no me molesta en absoluto. Alguna vez me he preguntado si realmente existe algo de afecto entre los dos, aunque sea en los instantes, muy poco numerosos, en que ambos no se tiran los trastos a la cabeza. Sin ir más lejos, esta mañana...

SERGIO: Buenos días Chita.
MAITE: Buenos días gilipollas. Me voy a la ducha que es el único lugar donde no escucho tus sandeces.
SERGIO: Por mí como si quieres irte a la galaxia de Andrómeda.
MAITE: ¿Por qué no te suicidas?
SERGIO: ¿Para que te quedes con la casa?
MAITE: Te recuerdo que vivimos de alquiler.
SERGIO: Bueno, me da igual, no pienso ponerte las cosas tan fáciles...
MAITE: ¿En qué estaría pensando yo el día en que te conocí?
SERGIO: Supongo que en nada, como siempre.

José es el hijo de Maite y de su anterior marido. Aunque tiene catorce años aparenta solamente trece y en estos momentos se está dejando crecer su primer bigote. Odia a muerte a su padrastro y está perdidamente enamorado de su madre, a la que espía mientras se cambia de ropa. Recuerdo cierto día. Después de regresar del oculista, con la visión borrosa debido a los colirios o potingues que estos tipos usan para graduar la vista, José cometió un gran error pues confundió a su madre con su padrastro: lo contempló mientras se desnudaba y tuvo un amago de erección. Nunca le llamé la atención sobre su "pequeña" equivocación, más que nada porque no hablo. De todas formas, he aprendido a no meterme en asuntos que no me conciernen y gracias a esta fenomenal cualidad, sigo sobreviviendo de la mejor forma posible. Por cierto, hace apenas media hora...

SERGIO: José, capullo, te he dicho mil veces que no dejes tu ropa en mi estudio.
JOSÉ: Ese calzoncillo no es mío.
SERGIO: ¡Coño!, es mío. Lo siento.
JOSÉ: ¿A qué hora viene mamá?
SERGIO: Esa puerca no viene a comer. Me imagino que en estos momentos estará comiendo otra cosa en el cuarto de la limpieza de la clínica.
JOSÉ: ¿En el cuarto de la limpieza? No entiendo...
SERGIO: Prepárame un par de huevos fritos, tengo hambre.
JOSÉ: Explícame eso del cuarto de la limpieza...
SERGIO: Mira en la nevera a ver si hay kétchup. Si no hay, baja al súper y compra, pero de la marca Heinz.
JOSÉ: Voy, pero ¿por qué come mama en el cuarto de la limpieza?
SERGIO: Para no manchar los pasillos, supongo...

Claudia es una tortuga. Normalmente vive en la galería pero cuando tiene hambre, y eso sucede a cada instante, suele desplazarse a la cocina. Allí tiene un rincón preferido, cerca de la nevera y es tan pugnaz que podría quedarse esperando su rancho varias semanas sin inmutarse. De todos los personajes de esta historia, es quizá el único por el que siento verdadero aprecio. Me fastidia que todos hablen bruscamente de ella y siempre por medio de insultos ya que es incapaz de defenderse:

MAITE: ¡Ya se ha vuelto a mear en la cocina el puto bicho! Debería preparar un estofado con él...
SERGIO:  Pero si tú no sabes cocinar ni una tortilla.
MAITE: Que no te prepare la comida no significa que no sepa cocinar, idiota.
SERGÍO: Aún recuerdo los espaguetis que preparaste el día que se murió mi madre. Por cierto, todavía deben estar en el plato. Como no friegas nunca...
MAITE: Yo soy la única que trae dinero a esta casa, no lo olvides jamás.
SERGIO: Pues podrías traer un mocho ahora y limpiar la puta meada. La acabo de pisar...

Generalmente la vida se hace insoportable en la calle, comes poco, se pasa verdadero frío y algunos energúmenos se divierten arreándote patadas en la cabeza, o con suerte, en el trasero, pero peor se vive en este hogar. ¿Hogar? Me hace gracia esa palabra...

SERGIO: Maite, voy a contratar una puta esta tarde, así que intenta no tocarme los huevos, ¿Lo has entendido o te lo traduzco al siamés?
MAITE: Por mí como si contratas a un asesino a sueldo para que te dé el pasaporte.
SERGIO: Mira, acabas de darme una idea estupenda para no tener que volver a verte la cara de mamarracha.
MAITE: Por cierto, ¿cómo vas a pagar a tu zorra? ¿Has vendido algún cuadro? ¿Hay algún idiota que pague por eso?
SERGIO: No he vendido ninguno. Me los guardo para mí. Cuando muera se cotizarán altísimos y me forraré.
MAITE: ¿Te forrarás muerto? Esa si que es buena, subnormal.
SERGIO: Pues se lo legaré a José...
MAITE: José desde que vive contigo se ha hecho tan borrico como tú y actualmente no sabría distinguir un billete de cincuenta euros de un pedazo de papel higiénico. Mejor légaselo a la tortuga, ¡Ja!
SERGIO: Hoy estás más hombruna que nunca, si yo fuera mujer te tumbaría en el sofá y...
MAITE: No eres ni hombre ni mujer, sino el eslabón perdido...

Lo mejor que se puede hacer cuando comienzan las broncas es hacerse un ovillo y dormir. Por lo menos es lo que hago yo y me funciona de maravilla. A veces los gritos desbocados y los insultos me despiertan pero vuelvo a concentrarme en mis cosas y en un instante me encuentro dormido, que es un estado semejante a estar muerto y al mismo tiempo infinitamente mejor.

MAITE: Esta noche no duermo en casa.
SERGIO: Saludos de mi parte a tu señor de la limpieza. ¿Podrías preguntarle qué detergente usa para limpiar el suelo? Jajajajaja.
MAITE: Si queréis cenar, os he dejado 20 euros encima del aparador.
JOSÉ: Que tengas una buena noche mamá...
SERGIO: ¿Tu bedel se pone bata para limpiar? Jajajajaja
MAITE: Buenas noches, José, cariño.
SERGIO: José, los 20 euros me los quedo yo, tú busca algo en la nevera o vete a casa de algún amigo a gorrear.

Por alguna razón, hoy he recordado el día de mi nacimiento, pero no he podido visionar la cara de mi madre, sólo los movimientos de mis hermanos. ¡Y los lametazos! Al final ha llegado un momento en que he tenido que aparcar el sueño porque se hacia realmente insoportable. ¿Dónde estarán los otros en estos momentos? ¿Quizá malviviendo con una familia tan disfuncional como ésta? ¿Muertos y enterrados? ¿Sirviendo de escusa a un sin techo? Tengo hambre. Me levantaría a por una galleta con forma de hueso, pero supongo que se las habrán comido. Podría mirarles con cara de pena implorándoles un plato de algo, cualquier cosa, pero supongo que no serviría para nada. Están demasiado ocupados intentando envenenarse los unos a los otros. Podría escapar, volver a ser libre otra vez y sentir la tierra bajo mis pies. Podría defecar en parques o sobre el césped húmedo y no en un frío y desvencijado suelo de madera mal limpiada. Necesito...

SERGIO: ¡Tito! Ven aquí que estoy borracho. ¡Hip! Hoy te voy a enseñar a dar la patita. Jajajaja ¿Dónde estás maldito chucho apestoso? Voy a darte una paliza. Te juro por mi madre que te vas a acordar de mí. ¿Estás escondido, eh? Te encontraré. Juro que te encontraré, bastardo insolente. Nunca debí traerte a esta casa. ¿Así es cómo pagas todo lo que he hecho por ti? Ah.... ya te veo....jajajaja....Ahora vas a saber lo que es bueno.

miércoles, 25 de julio de 2012

Segundo email del 25 de julio 2012

Antoni Tapies, Materia en forma (1968)


Hola por segunda vez, amiga mía:


Acabo de mantener una acalorada conversación con una mancha de humedad que vive en en una de las paredes de mi salón-comedor y te puedo asegurar que si exceptuamos la que mantuve con la comadrona el día en que ayudó a traerme al mundo, ha sido la charla más estimulante y la que más me ha abierto los ojos de cuantas he mantenido a lo largo de mi achacosa vida. La cantidad de temas que hemos abordado es sencillamente alucinante. Empezamos charlando sobre pinturas bituminosas impermeabilizables y acabamos discutiendo a gritos sobre fornicación y contubernio. Entre estas dos importantes cuestiones, discutimos otras como la nacionalización de los excrementos, el clero y sus misterios o por qué extraña razón todo lo que sube acaba inevitablemente bajando, a excepción de ciertas primas de riesgo o el pene de Nacho Vidal. Por supuesto, amenizamos el dialogo tomando unos aperitivos: yo comí unas galletitas saladas mientras sorbía una copita de Ballantine´s y Monique, que es cómo se llama el desconchón, optó por un poco de enduido plástico.

¿Es posible que un humano (infrahumano para algunos) como yo pueda estar completamente enamorado de un hongo de pared? Y más si tenemos en cuenta que sólo lo conozco desde hace un par de horas. Ah... Monique, Monique, qué nombre tan bonito; me recuerda al cielo de color turquesa que descubrí cierto día en que tropecé con una avellana que alguien en un descuido había dejado tirada en el suelo y me golpeé la cabeza con la esquina de un armario zapatero. Como el armario no era mío, y teniendo en cuenta que el tremendo cabezazo produjo serios desperfectos, su dueña, enormemente cabreada, me obligó a practicarle un cunnilingus de urgencia para relajarla. Así que sangrando por una sien y con un dolor de cabeza espectacular no tuve más remedio que poner mi lengua a trabajar. Bueno, el caso es que cuando acabé la faena, y mientras trataba de desalojar algo imprevisto entre mis dientes, me apoyé sobre el marco de una ventana y es cuando vi ese cielo, esa gloria celeste que me recuerda a Monique.

Es posible que pienses que estoy irremediablemente trastornado o simplemente que el tiempo libre es un veneno para cierta clase de tipos como yo. No te equivoques: Monique existe y pienso desposarla y permanecer a su lado hasta que la muerte u otro desconchón más extenso y atractivo nos separe. El único problema que en verdad me atosiga en estos momentos es que hasta dentro de 2 años no cumple los 18, por lo tanto es una mancha menor de edad y de momento no me siento con fuerzas suficientes como para meterme en problemas con la ley o con el gremio de drogueros. Claro que siempre podríamos mentir acerca de su edad o fugarnos al extranjero. De momento, lo único que me apetece es pegarme a esa pared y respirar entrecortadamente, sintiendo su sonrisa oscura y sucia en mis labios y la cal escociéndome los ojos.

¿Sabes una cosa? Cuando me despedí de ella, es decir, mientras me daba la vuelta y me dirigía a otra habitación, me dijo con una modulación francamente sugerente y a un volumen casi inaudible: "te estaré vigilando". ¡Joder, cuánto la quiero....!


Un abrazo.  

Email del 25 de julio 2012

Marc Burckhardt, Snakehandler


Hola querida:


Es increíble lo difícil que es convivir con vecinos, sobre todo si estos son ruidosos o les importa un carajo cualquier cosa que no sean ellos mismos o sus circunstancias. Como llevo cerca de 30 años viviendo en el mismo edificio he tenido que soportar un baile innumerable de residentes temporales, y a fuerza de golpes y más golpes, he aprendido que en el caso de los descorteses que sólo miran por sí mismos, lo mejor es llamar a sus puertas y presentarse ante ellos con ojos sanguinolentos y espumarajos deslizándose por las comisuras de los labios (a falta de saliva natural se puede usar baba de caracol que además de dar el pego te deja la piel firme y previene las arrugas, por supuesto si tienes caracoles en casa) y rogarles ceceando y con la mirada desviada en un -casi imposible- ángulo de 120 grados que por favor dejen de comportarse como  Sarcophilus y empiecen a demostrar que pertenecen al genero humano. Generalmente, estos trucos rastreros suelen tener éxito y los incívicos acaban comportándose como virtuosos.

Hace aproximadamente un par de semanas, unas niñatas con pinta de lerdas-flauta y tan decorativas como un calcetín rasgado y húmedo, alquilaron una de las viviendas del piso de arriba del mío y desde el primer instante se dedicaron a demostrar a los demás habitantes del inmueble que eran unas cenutrias arrabaleras sin modales y sin un ápice de lo que algunos todavía valoramos como "clase". A los 5 minutos de establecerse en la casa y hasta hace un par de días, estas ratonas hidrópicas no dejaron de poner la música a un volumen tan alto que hasta mis prendas interiores tiritaban de espanto y además (siempre hay un además) no cambiaban nunca de cd; siempre el mismo, una y otra vez. Como sabes, a mí me encanta la música, sobre todo si no sigue patrones y estructuras comerciales, y si está repleta de cambios de ritmo y de compas. Desafortunadamente, Niña Pastori, que es lo que a esas tipas les ponía cachondas, no es un exponente de la música Avant-garde y la repetición continuada de sus "ay, ay, ay" acabó por trastocar mi humor (normalmente rabioso) radicalmente. Como me conozco y a veces incluso tengo miedo de mi reacción ante ciertas estupideces, opté por una solución alternativa: la solución B. Redacté una nota cínica pero respetuosa y se la deslicé ayer por debajo de su puerta. Te copio lo que se podía leer en la misiva:


Hola:

Voy a comenzar con una pregunta:

¿Seríais tan amables de bajar el volumen de la música? Tened en cuenta lo siguiente: la ventana por la cual salen esos sonidos espantosos da al deslunado interior, que hace de eco y envía las ondas sonoras directamente a nuestras cabezas. No importa demasiado lo que estemos haciendo en esos momentos ni en qué parte de la casa nos encontremos; los gritos de dolor de esa tipa (creo que es Niña Pastori) nos taladran el cerebro y nos impiden hacer una vida normal, una vida como la que llevábamos antes de que vuestro único cd se estropeara en vuestro viejo reproductor casero y os impidiera cambiar de música más a menudo. Incluso las pulgas y garrapatas que malviven encima de alguno de nuestros animales domésticos se sienten indispuestas cuando esa tipa se queja y se queja y se queja en sus canciones (por llamarlas de alguna forma).

Si hacéis caso a la recomendación del volumen, seguramente la siguiente pregunta no será necesaria: ¿Podríais ir al Fnac y robar otro disco? Escuchar a todas horas a Niña se hace terrible; además no creo que sea bueno para vuestra salud mental ni para la de vuestros cosméticos. A mí, personalmente, los sonidos que salen de su garganta me recuerdan a los que hace un chimpancé oligofrénico cuando le introducen a la fuerza un cocodrilo vivo por el culo. Pero para gustos, colores. Con que bajéis el volumen nos sentiríamos reconfortados la mayor parte de los vecinos, por lo menos los que TODAVÍA no estamos sordos.

Un saludo y gracias anticipadas de un vecino saturado.


De momento -y esto es un triunfo de la intimidación como única forma de relacionarse con humanos- Niña Pastori no ha sonado. A decir verdad, lo único que he escuchado proveniente de su ventana ha sido un aullido onánico a las 9 de la mañana. Ignoro si ese chillido era producto de su propio orgasmo o del de la Pastori, pero el caso es que el deslunado rebosa tranquilidad y yo me siento seguro y completamente realizado. Estoy tan feliz de haberme comportado como un rastrero (al no haber dado la cara) que incluso ha habido un momento en que, imitando a Terpsícore, he realizado unos ridículos pasos de baile en honor al flamenco de tercera clase y a los imbéciles y retrasados que lo escuchan.

Como sé que me conoces bastante bien, estoy seguro de que no interpretarás mi cobardía como un acto impuro producto de la gerontofilia más desequilibrada, porque aunque no soy joven, todavía no he decidido comportarme como un viejo senil y cascarrabias. Simplemente creo que hay que respetar y cumplir las normas. Por lo menos las que a convivencia se refieren. Desde 1984, año en que me mudé a esta vivienda, sólo he tenido problemas serios con 47 vecinos desconsiderados y 2 arañas ocupas. A las arañas las desalojé sin contemplaciones, pero con los vecinos no fue tan fácil. Me vienen a la memoria un par de casos:


Año 1992: Un matrimonio sin hijos, pero con roña antediluviana cubriéndoles cada centímetro de la piel y completamente alcoholizados, se dedicaban a darse de hostias por la noche mientras el resto de vecinos contemplaban tranquilamente la tv y yo contemplaba tranquilamente a los vecinos que contemplaban tranquilamente la televisión con unos prismáticos dotados de visor de uso nocturno. Como el follón y los sobresaltos no acababan sino que con el paso del tiempo se endurecían, y ante la total y acoquinada pasividad del resto de moradores, me vi obligado a tomar medidas severas e impostergables.
Cierto día de cierto mes de ese mismo año introduje por una de sus ventanas 3 serpientes agresivas (estuve 2 meses y pico haciendo test de agresividad culebril a cientos de ofidios hasta que unos pocos superaron la prueba). Todos sabemos el miedo que sienten los borrachos por los bichos que reptan, pues no saben distinguir si lo que ven es real o producto del Delirium tremens. Pasaron unos pocos días y el hombre acabó tirándose por el balcón mientras gritaba aterrado que "algo" le había mordido un testículo. Su mujer sobrevivió unas semanas más, pero al final decidió prenderse fuego en medio de una reunión de alcohólicos anónimos.

Año 2002: 7 (¡siete!) estudiantes de ambos sexos y posiblemente de algún género todavía no catalogado por la ciencia, tomaron posesión de la vivienda número 5. Les acompañaban 4 perros famélicos y una oronda señora de mediana edad (que me recordaba a una garrapata hinchada por la sangre), seguramente la voz de sus conciencias. La primera semana, un perro (o quizá la voz de sus conciencias) me obsequió con un regalito depositado amablemente en mi felpudo recién comprado en un chino del centro. Tragué saliva y callé. La segunda semana dos perros volvieron a regalarme dos presentes verdosos en el mismo felpudo comprado (¿o fue mangado?) en el chino céntrico. Volví a tragar saliva y miré para otro lado, aunque mi felpudo ya sólo era una sombra de lo que fue cuando lo robé (quizá lo compré) en los chinos de la zona rica de la ciudad. La tercera semana pillé in fraganti a un chucho cagando sobre mi felpudo asiático con una cara de placer difícil de olvidar mientras algunos de sus dueños le aplaudían con delectación y alevosía. Cuando les pedí explicaciones, uno de los imbéciles que apremiaban a sus mascotas a defecar en los portales y sobre todo encima de los felpudos ajenos, en un acto de cobardía sensacional, me pidió disculpas y lo atribuyó al pienso. Me aseguró que aquello no volvería a suceder porque tenían la intención de cambiar la marca de la comida de los perros y se disculpó de nuevo. ¡Y no volvió a suceder! Las heces cesaron por completo; seguramente el nuevo pienso no era disfuncional para sus intestinos, pero desgraciadamente sí para sus vejigas, pues a partir de aquel día y durante algunos meses unos charquitos de color "amarillo ictericia" terminaron de asesinar definitivamente mi felpudo oriental, y supongo que algunos más.


Recuerdo que era enero porque a la vieja que reside en la puerta 3 siempre le dan embolias en enero. Acababa de comprarme un nuevo felpudo fabricado con acero galvanizado cuando se me ocurrió una idea magistral para terminar con mis vecinos y sus váteres ambulantes. Evacuol es el nombre de un laxante líquido compuesto por Picosulfato de sodio y unos cuantos excipientes sin importancia. Con 12 gotas, defeca hasta el ser más estreñido del planeta. Con 20 gotas la víctima es capaz de evacuar hasta los intestinos.

Un día en que toda la tropa había salido para asistir a un simposio sobre educación y buenas maneras, me deslicé cual Spiderman por la fachada y me colé en su hogar. Lo llamo hogar porque en estos momento no se me ocurre otra palabra. El suelo estaba cubierto de mierdas y orines, los sofás estaban cubiertos de suelo y las paredes repletas de trozos de sofá. Las camas parecían cualquier cosa menos camas y la cocina era indistinguible de la taza del váter. Con asco y sirviéndome de los faldones de mi camisa, abrí la nevera, que estaba casi vacía y tan sucia que hacía indistinguible el color blanco que alguna vez fue dominante, y saqué una botella de coca cola... El resto es fácilmente deducible: vertí 200 gotas del purgante y volví a poner la botella en su sitio. Estuve tentado de hacer lo mismo en los bebederos de los perros pero, como siempre he pensado que los verdaderos culpables son los dueños, me contuve; eché una meada encima de lo que una vez fue una mesa camilla y me largué.

No voy a detallar lo que sucedió a continuación, ni los meses que algunos de esos malnacidos tuvieron que pasar en el hospital excretando lo inexcretable. El caso es que el piso quedó vacío y yo volví a sentirme tranquilo. Podría contarte algunos sucesos semejantes pero en este momento me dispongo a robar la maceta de Heliotropo de la señora García que está esplendorosa (la maceta, no la señora García), asi que tendrás que esperar a un futuro email.


Como casi siempre para despedirme de ti:

Un beso y un abrazo

martes, 24 de julio de 2012

Email del 24 de julio 2012

Fabien Granet


Hola:


Seguramente te preguntaras cuál es la razón por la que he dejado de escribirte emails casi a diario, aunque también es probable que, en lugar de preguntártelo, bendigas el motivo que me lleva a no escribírtelos. Realmente no existe ninguna razón. Tengo mis rachas, como cualquier simio. A veces no puedo estar callado o quieto y sin embargo otras necesito (a cualquier precio) lamer las gotas dulces del Spleen que devotamente venero. Bueno, qué te voy a contar, tú conoces bastante bien a la clase de tipos como yo, ya sabes, sujetos caviladores  y solitarios, tan maniáticos como un felino y que, de alguna forma, han agotado (o eso creen) su futuro.

Últimamente he mejorado mi técnica y pierdo el tiempo de una manera más estimulante y sabia. En lugar de limitar la imprudente apatía hasta un punto en que mi cerebro avergonzado se sienta obligado a inventar a toda prisa una o varias ensoñaciones ficticias -como mero ejercicio práctico ante el anquilosamiento desgastador al que someto a sus cándidas terminaciones nerviosas- he desarrollado una sutil habilidad que me permite disfrutar de los beneficios de la abulia hasta rozar la parálisis psíquica. Por supuesto que tal capacidad tiene sus efectos contraproducentes incluso para mi, "Jiujitsuista" mental profesional y escrutinizador empedernido. Pero ¿qué importan unos pocos desasosiegos si al final a base de arrastrar y arrastrar toneladas de impaciencia acaricio por fin eso que algunos en situaciones claramente perturbadas denominan "las puertas del éxtasis"?

Te seré sincero: no necesito sentirme indispensable, ni siquiera por mi lamentable otro "yo" que a veces se esconde entre mis intranquilas soi-disant emociones. Me siento perfectamente capaz de acelerar mi descenso a los infiernos. Después de muchos tiras y aflojas conmigo mismo he llegado a un punto en que la analgesia emocional congénita ha ganado la batalla, y menos mal que ha sucedido de esta manera, porque si el resultado hubiera sido diferente, en estos momentos no estarías leyendo mis insulsas impresiones. Soy un superviviente, pero no me siento feliz por serlo, o por parecerlo, o quizás por creerlo. Sobrevivo de la misma manera que otros mueren. Quizá esos mártires existenciales estén más cerca del absurdo infinito que es intentar mantenerse vivo y cuerdo al mismo tiempo.

Así como el sol puede agriar la leche y producir bonitos melanomas en ciertas clases de pieles, mi rotunda pasividad objetiva puede estrangular la maldita apocatástasis castradora que infiere en mis pensamientos piadosos y por medio de una complicada marea de desatinos inoportunos (¿o más bien son aciertos convenientes?) los transforma en desórdenes complejos que lejos de apaciguarme me obligan a comportarme como una especie de trasgo embaucador e inconsciente, insensible, indiferente (in, in, in).

En estos momentos, algo transparente se ha colado por la ventana. Su translucidez perfecta no ha sido suficiente para que las luces rojas que se arremolinan en mi cerebro no lo detecten. ¡Puedo sentir cómo se expande! Amiga mía, es posible que no me creas, pero te repito que puedo sentir cómo se expande. ¡Puedo sentir cómo se expande!


Un saludo.

viernes, 13 de julio de 2012

Email del 13 de julio 2012

Geli Korzhev, Levantando la bandera. 1957-1960



Hola:


En estos tiempos que corren, en los que la derecha mas abyecta y amenazadora ha vuelto a recordarnos que Franco todavía está vivo y que no postrarnos a sus pies significa estar en contra de sus irrefrenables deseos de subyugar, avasallar, someter, esclavizar, tiranizar -y un innumerable montón de "ars"- nuestros derechos y libertades, se hace cada vez más urgente la movilización general, activa y valiente. Ya no tenemos tiempo de salir a la calle con pancartas y eslóganes que lo único que hacen es provocarles hilaridad y alboroto. Necesitamos luchar por nuestra dignidad, pisoteada y enlodada con sus mentiras y su afán histérico por defender sus posesiones. Hemos dejado que nos saqueen bajo el falso argumento de que somos los culpables de las crisis financieras; hemos sido tildados de imbéciles sacrificables e incluso alguna diputada hijita de papa gánster se ha permitido el lujo de insultar a los que no pueden pagarse un plato caliente para alimentarse con un "que se jodan" que no hace más que ilustrar la corrupción, el instinto de calumnia y el fascismo del atajo de sinvergüenzas que nos gobiernan.

Sí, amiga mía, Franco vive y no se esconde en el Escorial, sino en el corazón de cada uno de los reaccionarios que intentan falsificar nuestro destino. Está claro que parte de la culpa es del pueblo, por su aberrante analfabetismo político, por la intolerable comodidad que demuestra dejándose convencer por líderes charlatanes, y sobre todo, por no dar oportunidad a otras soluciones y argumentos, haciendo del bipartidismo una especie de dogma de fe elevada a potencias aberrantes e inimaginables.

Está claro que tú todavía crees en las pancartas y en el valor de la palabra como persuasión imponderable. Yo hace tiempo que dejé de creer en utopías. Cuando nos atizan sin compasión, la única verdad es la reacción que proviene de la defensa y se sirve de la fuerza y las barricadas. Tú te sientes maravillosamente bien en IU, yo ya hace tiempo que dejé de aguantar las gilipolleces de sus cabecillas; como  marxista-leninista, y a veces incluso estalinista, me siento más cerca del PCPE; aunque todavía no he encontrado mi sitio verdadero. Lo único que ahora mismo sé, es que ya ha llegado un punto en el que no podemos soportar tanta mierda. Incluso los acoquinados, vendidos y comedores profesionales de heces reconocen que la cosa se está poniendo fea y que nos jugamos el futuro de las próximas generaciones. Sólo un imbécil con encefalograma plano no estaría de acuerdo con las previsiones, las que hablan de pobreza total, estulticia pública y administrativa, soborno continuado, corruptela, degeneración, Águila en el carnet de identidad y Cara al sol como himno obligatorio en las escuelas.

Personalmente, el único consuelo que tengo es ver la cara que se les ha quedado a los cerca de  diez millones de inútiles (o imbéciles) que votaron a ese partido aún a sabiendas de lo que se avecinaba; esos diez millones de cenutrios, políticamente hablando, que ahora dicen que no votaron al PP y que hay que acabar con la gaviota y su sistema totalitario y tiránico, repleto de embustes, enchufes y falacias. Por un error imperdonable de esos idiotas sin sentido, este país va a retroceder 20 años.
¡Que les jodan, porque de ellos es TODA la culpa!


Xoxo

jueves, 5 de julio de 2012

Email del 5 de julio 2012

Julien Chaves, Rite. 2009

Hola cielo:


Cada vez que siento cómo el ser humano se aleja de la dignidad que hasta hace unos pocos decenios lo engrandecía y abraza con más fuerza el bestialismo irracional, siento ganas de vomitar. Sentí deseos de hacerlo el otro día, cuando una inmensa miasma de cafres patrióticos salieron a la calle enarbolando banderas bicolores y gritando unas tonterías ininteligibles dedicadas a no sé qué diosa Roja. Mientras esos estúpidos mentalmente trastocados por esa enfermedad denominada chauvinismo recalcitrante pegaban fuego a la ciudad con petardos y bengalas, el país, este país que prácticamente ya no existe, continuaba su imparable descenso a las cloacas y sumideros repletos de mierda.

Si quieres que te sea totalmente sincero, ya no me importa demasiado que nos gobierne un partido tan conservador y reaccionario que incluso resultaría anticuado en los albores del Medievo; al mismo tiempo me ha dejado de molestar que su caudillo, ese cretino embustero y tramposo, no dé explicaciones por nada de lo que no hace y que su corte marcial de descerebrados insensatos se contradigan los unos a los otros, día sí y día también. Lo que verdaderamente me saca de quicio es comprobar cómo un grandísimo porcentaje de la gente que malvive en condiciones cada vez más lamentables, no sale a la calle a morder cuellos y a arrancar anillos de diamantes y sí a celebrar goles. ¿Para qué sirve un gol? ¿Para qué sirve que un equipo de iletrados -que entre todos cobran más que algunas empresas con miles de trabajadores- atraviese una portería dándole golpecitos a una pelotita? ¿Acaso nos van a dar de comer luego? ¿Nos va eso a hacer más libres? ¿Más inteligentes? ¿Más amables, considerados y respetuosos?

No quiero generalizar, pero la gente que conozco y que es tan futbolera como los millares de vociferantes vendidos que aclamaban a la roja -joder, cómo odio ahora ese color- el otro día no han leído un libro en su vida, y los que de pequeñajos leyeron alguno, seguramente obligados a cachetes por un profesor idealista -y de eso estoy seguro-, fue "mi primera cartilla" o alguna de sus reconfortantes continuaciones. Pero esa no es la cuestión; no voy a despotricar contra un cafre simplemente porque por decisión propia digna de cafre ha decidido seguir siendo cafre el resto de su cafre vida. El problema es mucho más considerable. Si ese cafre inculto y nacionalista prefiere salir a la calle pintarrajeado de amarillo y rojo con banderitas en la mano en lugar de palos y autoestima, entonces sí que podemos preparar el trasero, porque ya no tenemos futuro. Las corporaciones que dirigen a los partidos que gobiernan los diferentes países dominarán nuestras ilusiones, nuestra libertad y nuestro destino. Y si eso sucede, de hecho ya está sucediendo, creo que sería más honorable un suicidio colectivo que una hora más sufriendo sus vejaciones, sus burlas y chanzas, su desprecio. ¡Queremos pan, no circo! Por lo menos en estos instantes de nuestras traicionadas vidas. ¡Queremos conocimiento, no incultura! Por lo menos mientras el hombre tenga en sus manos el poder de aniquilar o indultar, arruinar o recomponer, envenenar o purificar.

Estamos viviendo unos momentos en los que nos jugamos el futuro de cada hombre y mujer, fugaces, perecederos y mortales; aunque eso no parece importarles demasiado a los ciudadanos que viven en el norte del planeta. Saben que mientras exista el sur, ellos seguirán disfrutando de sus falsos lujos hipotecados mediante sus adulteradas almas. Y sacrificarán las fiestas en honor al circo, porque habrán mutado y ya no necesitarán alimentarse de pan...


Besos y barricadas.

PD: Te pido perdón humildemente por la floja redacción, pero me niego a corregir, corregir y corregir un texto que trata sobre imbéciles y políticos.