viernes, 29 de junio de 2012

Email del 29 de junio 2012

John Everett Millais, Ophelia.  1851 - 1852

Hola:

La diferencia entre el "Soy" y el "He sido", es determinante para conocer los hechos. Las circunstancias, las casualidades o los elementos que influyeron deben ser obviados al igual que los contratiempos. Ningún argumento puede sanar la fétida putrefacción que representa el "Fui" entre ese cajón de recuerdos actualizados que delimita el "Ahora soy", porque sólo reventando el pasado podemos enfrentarnos al futuro. ¿De qué sirve lamer las heridas producidas por el "Fui", si el "En estos instantes soy" es vilmente traicionado? Cuando intento "Parecer" antes que "Ser" es realmente el instante en que "Soy" y no "Fui", y en esos momentos de catarsis placentera no me importa escuchar los lamentos incesantes de los que "Fueron" o "Son", o nunca volverán a "Ser", o incluso de los que "Serian" si hubieran aceptado las normas de la sustancia o esencia natural.

La distancia que separa los continentes del "Seré" y el "Fui" no es más grande que las razones que nos empujan a delimitar nuestros impulsos y estímulos con inútiles banderas manufacturadas con los restos del ego creciente aunque adormecido, que no identifican ni una de nuestras secretas sensaciones y que, en el mejor de los casos, sólo sirven para señalizar nuestros compromisos modificables, nuestras responsabilidades volubles y nuestro áspero deseo de aparentar lo que nunca hemos podido y, en algunos casos, hemos necesitado disimular.

Pero no me interpretes mal, no quería ponerme metafísico en este email. Mi intención era contarte los sufrimientos que implica sobrevivir, sobre todo si mientras se subsiste se padece de dolor abdominal. Es posible que sean dolores post parto o quizás un cáncer o incluso un buen pedo atascado, pero no dejo de sentirme fatal. Incluso la prima de riesgo me importa tan poco como los sentimientos de mi prima hermana, que ayer fue repudiada por su decimonoveno marido que en un acto de raciocinio sobrenatural prefirió fugarse con una palangana de plástico verde a Marruecos. El sufrimiento, existencial o corporal, lo mires como lo mires, es decir, ontológica o sarcásticamente, siempre es un retroceso.


Besos.

viernes, 22 de junio de 2012

Segundo email del 22 de junio 2012

Betty Tompkins, Masturbation painting. 2009

Hola nuevamente:


Esta mañana me ha llamado una buena amiga y presa de la excitación del momento me ha contado que se ha comprado un vibrador de última generación con tres clases de luces, siete velocidades, movimientos laterales programables, posibilidad de aumentar el glande o reducirlo y además fabricado con látex sanativo, que al mismo tiempo que da placer cura enfermedades vaginales. ¡Y sólo le ha costado sesenta euros! por lo que ha aprovechado y de paso se ha llevado todos los que tenían en stock, previendo próximos cumpleaños de amigas, parientas y una reunión de Ninfómanas Anónimas, comunidad informal de mujeres con exceso de lujuria, de la que es tesorera y co-fundadora y que se celebrará el último sábado del próximo mes de agosto. Mientras me relataba todos los pros de semejante aparatito, ha habido un instante en que he sentido ganas de ser mujer y casi he estado a punto de rogarle que me regalara uno o por lo menos que me prestara el suyo.

Está claro que los tiempos cambian a un paso que resulta casi imposible seguir sin perder la razón, pero lo que nunca había podido imaginarme es que el diseño y fabricación de juguetes eróticos hubiera llegado a ese extremo. ¿Qué es lo último que los diseñadores industriales que trabajan en el sector que suministra a los sex-shops se atreverán a proyectar? Particularmente, y sobre todo porque soy una persona que usa la cabeza antes que otras extremidades, me atrevo a predecir algunos:

1 - Dilcesped: Como su nombre indica será un dildo y al mismo tiempo un corta césped. Dispondrá de veinticuatro velocidades y un motor de dos cilindros, con doce caballos de potencia y acabado en color rosa diáfano.

2 - Anal-five: Vibrador con cinco puntas de pene de diferentes razas o etnias humanas (caucasiana, etiópica, asiática, subsahariana y vallisoletana). El modelo básico se venderá envuelto en toallitas de papel y el modelo lujoso dentro de una caja de cartón diseñada por el párroco de la mujer del nieto de Wassily Kandinsky.

3 - Consolador Gold Natural Penetrator: Este pene fabricado en oro de dieciséis quilates no estará al alcance de cualquier bolsillo, pero será capaz de producir placer y al mismo tiempo servir de pisapapeles de lujo. Recomendado para las esposas de banqueros, jueces y defraudadores del fisco.

4 - Bolas chinas Spectra: Además de servir para lo que suelen servir la mayoría de bolas chinas, estas inducirán a la culturización selectiva de las masas más embrutecidas intelectualmente. La superficie exterior de una de las bolas estará grabada por termoimpresión con un mapamundi geopolítico de la tierra y la otra con una completa carta de navegación.

5 - Consol-net: Consolador fabricado con caucho y provisto de setenta y cinco entradas de USB, con Mp4 incorporado y micro pantalla tactil alojada en el prepucio.

6 - Lubriknor: Gel lubricante que al mismo tiempo que permitirá una rápida hidratación servirá como desodorante y caldo con el que se podrán preparar estupendas sopas de pollo sin usar ninguna parte del ave. Diseñado para veganos y vegetarianos en general, pues estará fabricado con productos naturales vegetales como el berro, el rábano y la coliflor.

7 - Vagigrab: Vagina artificial dotada de un micro reproductor en el que podrán ser grabadas toda clase de lindezas para después ser reproducidas en distintos idiomas y dialectos. Ejemplo: "Ahhh, que grande y bonita la tienes" o "Para ya, me haces daño. Crees que soy una mula".

La verdad es que podría imaginarme un montón de burradas como las anteriores, algunas incluso mejores, el problema es que a estas horas del mediodía todavía no he comido y, francamente, estoy empezando a perder el apetito. Y lo que es peor, mi líbido ha alcanzado cotas insospechadamente bajas, por lo que creo que lo mejor que podría hacer en estos momentos sería fregar mi parte del rellano de la escalera, antes de que los vecinos se quejen, y sobre todo, mucho antes de que el rescate español sea un hecho real.


Como siempre, me despido de ti con varios besos y un montón indeterminado de abrazos sensuales aunque acomodaticios.

jueves, 21 de junio de 2012

Email del 21 de junio 2012

Christi Rinklin, Epilogue. 2011

Querida:


Llegará un día en que mi forma congenial de humano altivo e hipócrita mutará a otra menos agresiva y más acorde con los impulsos de mi espíritu. Ese día no demasiado lejano seré una montaña nevada flanqueada por un valle fértil y húmedo, una senda de piedras escondida entre una maraña de abedules ancianos, una nube blanca flotando en la atmosfera. Pero también seré un gamo, un trozo de leña, una luciérnaga o un ascomiceto. Si llegado ese instante preciado y maravilloso sigo enredado en este cuerpo cansado, viejo y cubierto de carne arrugada y flácida, tú tendrás la culpa. Serás culpable por no haber eutanasiado mis impulsos de permanencia, por comportarte de una manera terrenal con los deseos de un insensato suicida, pero por encima de todo, por desear para mí lo que ambiciona todo sujeto, ente o ser: la eternidad perpetua e infinita.

Llegará un momento en que todas esas pequeñas cosas que hoy me parecen angustiosas y sofocantes sólo serán un recuerdo perturbador porque ya no existirán. Entonces, carecerán de nombre y por consiguiente no podrán ser definidas, catalogadas o impugnadas; ni trastocadas al antojo de quien se crea dueño de ellas, por el simple hecho de considerarse un experto o incluso un salvador. No serán clasificadas ni estructuradas; no servirán para denostar ni para ultrajar, ni siquiera para incomodar o engatusar. Esos planteamientos que hoy cercenan y mutilan, mañana se extenderán como un manto de polvo lunar y los espantosos impactos de los micrometeoritos emocionales que ahora desgarran y destrozan, sólo servirán para sanar y aliviar.

Llegará un segundo intercalar donde el tiempo dejará de bailar y se paralizará por completo. Entonces cada una de las células eucariotas que delimitan el presente por medio de material genético defectuoso se rebelarán por medio de desestructuraciones mitocondriales y el proceso simbiogenético dará paso a un nuevo accidente evolucionado que culminará con la total exterminación de los impulsos de resistencia.

Pero mientras todo esto no sucede, yo sigo dibujando líneas convexas en el espacio. Intento reunir los baricentros, pero los puntos no están perfectamente alineados. Y mientras los intervalos se sacrifican, la curvatura se transforma en recta. Cuando esto sucede, se desarrolla una terrible paradoja.


Un saludo constante e infinito.

martes, 19 de junio de 2012

Email del 19 de junio 2012

Anónimo, Vlad Tepes. 1560

Hola ricura:

Lo han vuelto a hacer. Los mosquitos me han chupado casi toda la sangre. Me imagino que en estos momentos estarán descojonándose ahítos y complacidos mientras yo me encuentro dolorido, rabiando y enfurecido. Acabo de contar 12 ronchas y aún son las cuatro de la madrugada, es decir, tienen tiempo suficiente para desangrarme por completo. ¡Y pensar que gracias a mi flujo carmesí un montón de nuevos chupadores vendrán a esta vida a vaciar a otros desgraciados! Mientras me rasco incesantemente no puedo dejar de pensar para qué diantres servirán estos hijos de puta, es decir, cual es la función para la que han sido diseñados por la madre naturaleza, si es que han sido creados por ésta y no por un maniaco psicótico llamado Dios. Ya sabes que soy ateo hasta la médula, pero a la hora de lamentar algunas de las creaciones naturales prefiero cambiar de chaqueta y mutar a creyente aborregado para poder echar la culpa a alguien; es lo bueno de ser un cabrón cínico sin decencia ni seriedad, y por supuesto, sin el más mínimo vestigio de principios, moralidad ni ética.

¿Sabías que sólo es la hembra la que se alimenta de sangre?  Mientras esta especie de Lilith díptera nematócera hace de las suyas, el pobre macho prefiere nutrirse de néctar o savia, aunque según otras fuentes no hace ascos a un buen potaje de garbanzos tipo Gulabibi, ya sabes, esos que son medianitos, lisos y con forma redondeada y que a veces, sobre todo si no han estado en remojo varias horas pueden hacer saltar un empaste de amalgama de plata en un periquete.

Hasta donde llegan mis vastos conocimientos, existen varias formas naturales de evitar ser mordido y violado por una de estas "Carmillas" en potencia:

Los ajos: El olor a ajo les repele y les hace sentirse vulnerables, transformando su seguridad en vacilación e incertidumbre y creando una especie de desequilibrio psíquico que trastorna sus irrefrenables deseos de incar la probóscide en carne humana o animal.

El limón: Según el remedio número 56 del best seller de Vicenta Estalrich titulado "Los 7000 remedios de mi abuela Emerenciana recopilados por mi madre Mercedes", poner medio limón en la mesita de noche impide ser masacrado por las "chupadoras nocturnas", aunque desgraciademente no especifica a qué clase de chupadoras se refiere.

Amoniaco: Untarse las ronchas con amoniaco calma el dolor y hace ricos a los drogueros del barrio. Además, después de frotar la piel uno siempre puede ponerse a frotar el inodoro y dejarlo tan limpio como los que salen en los anuncios de la tele.

Los clavos: Hace un par de años puse tres clavos oxidados en mi almohada y entre los mosquitos y yo organizamos una orgía sangrienta en mi cuerpo. Al día siguiente averigüé que lo que debía haber puesto no eran clavos como los que se utilizaron para remachar a Jesús a la cruz, sino clavos de especia. Esa misma tarde sustituí las tachuelas y los tornillos por algunos botones florales secos de Syzygium aromaticum, la dichosa especia, y el resultado fue espectacular: amanecí mordido, picoteado, rejoneado, trinchado y deshonrado, pero con un agradable olorcillo a gabinete de aromaterapia que invadía mi habitación.

Existen un sinfín de remedios caseros, algunos probados con éxito y otros bastante discutibles, pero no voy a pasar revista a cada uno de ellos. Tengo un amigo que está convencido de que el mejor de todos es cerrar la habitación media hora antes de ir a dormir mientras dentro, y a un volumen considerable, suenan algunas canciones de manolo Escobar. Y si lo piensas, tiene sentido. Exceptuando a algunos camioneros malolientes y a los hijos y nietos de Manolo, no creo que exista en el mundo ningún ser viviente que pueda aguantar más de tres minutos de coplas de este señor sin sentir deseos irrefrenables de colgarse de una viga o saltar al vacío desde un acantilado.

Mi abuelo siempre decía que el mejor remedio para no ser picado era estar muerto. Y lo llevó hasta sus últimas consecuencias. Huelga decir que, después de incinerado, jamás volvió a ser molestado por ningún mosquito ni cualquier otra clase de insecto succionador, a decir verdad no fue molestado por nadie, si exceptuamos a mi abuela, que cuando sufría un ataque de pánico, y los sufría a menudo, agarraba con sus fuertes manos huesudas la urna de las cenizas y le leía la cartilla.

Pero creo que estoy siendo injusto con estos insectos, al fin y al cabo la culpa de sus ataques siempre es nuestra por no seguir algunas sencillas recomendaciones:

1 - No caminar descalzo. Los pies descalzos son muy vulnerables a las picaduras de los mosquitos. Sobre todo a las de los mosquitos tullidos que no pueden volar.

2 - No vestir ropas llamativas. A los insectos, sobre todo los mosquitos, les atraen los vestiditos holgados y las batas de guatiné, pero sin embargo les repelen hasta lo indecible los chándales de la marca Adidas y la ropa sport en general (a mi también).

3 - No tomar bebidas directamente del vaso o la lata sin ver con claridad el contenido. Un insecto puede haber entrada en la lata o vaso  para calmar la sed o tomarse un baño reconfortante sin que el incauto se dé cuenta y luego le puede picar en las encías, la lengua o el tumor incurable de la garganta.

Pero si no hemos sido capaces de escapar de su mordedura o picadura, existen algunos remedios infalibles que pueden aliviarnos:

a) Restregar la zona de la picadura con tortilla de patata envasada de la marca blanca de Alcampo. Aplacado el picor, se recomienda regalar el resto de la tortilla a un vecino ingenuo y retrasado, o en su ausencia, a un indigente, a un sin techo o a una víctima de Bankia.

b) Poner ácido sulfúrico sobre la picadura, para que no se extienda el veneno.

c) Es de dominio público que robar un botijo y salir corriendo calma los picores de las mordeduras de varias clases de insectos.

Bueno, espero que después de leer esta pequeña disertación en forma de email conturbado y desequilibrado a partes iguales, no cometas el error de dejarte avasallar por alguno de esos malditos y sanguinarios culícidos. Y si por algún motivo eres ultrajada, magreada y chupeteada pero has estado atenta a esta clase magistral, ya estás en disposición de contrarrestar sus nocivas e insoportables consecuencias.


Un abrazo.

viernes, 15 de junio de 2012

Email del 15 de junio 2012

Jacek Yerka, At cosmos bank. 2004

Hola.

La gente está muy agresiva. Desconozco si la situación financiera personal y sobre todo la nacional tienen algo que ver o si simplemente es parte de la genética humana. Ayer por la tarde, mientras paseaba tranquilamente por las calles de mi barrio intentando buscar paz y dejándome llevar por una preciosa y placentera ensoñación, un ruido de pelea acompañado de diversos insultos llegó hasta mis oídos, despejados y limpios, pues me los había desencerado sólo hacia unas horas, justo en el momento en que trataba de distinguir las diferencias fundamentales entre la inmanencia acatexica y la catexis inconsciente. Dos energúmenos similares en aspecto al homo neanderthalensis y seguramente con menos capacidad intelectual que éste, se pegaban hostias a diestro y siniestro mientras que una anciana decrepita trataba de separarlos y alrededor de quince personas de ambos sexos contemplaban extasiados la escena sin hacer absolutamente nada. Al final y como casi siempre sucede llegó la policía, los introdujo sin contemplaciones en el furgón y se los llevó lejos de allí, seguramente al Pleistoceno medio, el lugar al que debían pertenecer. Como soy un cotilla nato y, sobre todo, un estudioso del comportamiento humano, me acerqué a la abuela mientras se arreglaba el pelo con las manos huesudas y todavía temblorosas y le pregunté la razón de todo aquel jaleo. Parece ser que ambos estaban en un bar y en un momento dado pidieron una botella de agua mineral de un litro y se pusieron a hablar de sus cosas, hasta que de repente empezaron a discutir acaloradamente por la composición del agua. Mientras que para uno era simplemente bicarbonatada bromo-yódica, para el otro no era más que cálcica-nitrogenada. Así que de la discusión pasaron a los puños y los insultos. ¡Todo por una botella de H2O!

Ahora, mientras te escribo estas líneas, intento preguntarme en que estaría pensando Dios cuando creó al ser humano. Según el doctor y ateo confeso Alejandro Solana, en mazapanes, y si quieres que te sea sincero, creo que tiene toda la razón.  Claro que también es posible que, aburrido y extasiado de gozo creador, sintiera que con la noche y el día, el cielo y el mar, las plantas, el sol y la luna, los peces, las aves y el resto de animales irracionales no era suficiente y que para magnificar su laxa deidad debía esculpir en barro un monstruo sanguinario y cruel que a su lado le hiciera parecer lo que no era: divino, sabio, eterno y absoluto. Y si fue así, hizo un gran trabajo y debería sentirse dichoso.

Cambiando de tema: hoy es viernes y hace un día estupendo. Los pájaros cantan, ajenos a la prima de riesgo y en algún lugar del espacio infinito millones de estrellas explosionarán formando supernovas y creando nuevos planetas. En alguno de esos planetas puede que llegue a existir vida, y es probable que inteligente. Mientras todo eso sucede, aquí en la tierra todo sigue su curso, que no es otro que la regresión, la involución, la deshumanización y el final de la existencia. Deberíamos estar alegres y santificar esa conclusión a la gracia de Dios. Yo ya tengo hechas las maletas y me mantengo al día con el pago de las facturas y la limpieza de mi hogar. Supongo que cuando llegue ese dichoso segundo en que todo lo que conocemos, creemos o perseguimos haga Boom, una risotada divina, sabia, eterna y absoluta se integrará con la radiación electromagnética, con las partículas cósmicas, los neutrinos sin masa y con la materia y la energía oscura. Y todo volverá a empezar...


Besazos.

martes, 12 de junio de 2012

Segundo email del 12 de junio 2012

Michelle Charles, Even a Fly Has a Soul. 2003


Hola nuevamente:


Paso las horas escuchando a Moondog y a Schnittke o viendo films de Kieslowski, Sokurov o Bergman y aunque se supone que escuchar y contemplar tantas obras maestras debería tener un efecto hipnótico en mi forma de pensar, lo cierto es que están obrando en mi carácter ciertos cambios alarmantes. Te explico: si antes me alejaba de todo contacto humano como  forma de supervivencia, ahora siento unos repentinos deseos de escupir en la cara a todo animal que camine a dos piernas. ¡Y me entreno duramente utilizando de diana una foto mía! Puedo atizarme entre los ojos a una distancia de 2 metros, aunque quiero afinar mi puntería y llegar a ser mortal a una distancia superior. Claro que mi cráneo rapado puede resultar un blanco fácil, pero si todo sale como tengo establecido en mi calendario, pronto me entrenaré con una estampita del Papa benedicto XVI de 12 por 18 centímetros. ¡Y eso sí que puede ser una auténtica proeza! Pero no te escribo para contarte mis hazañas sino para relatarte los sucesos que me acontecieron ayer por la tarde.

Me encontraba plácidamente tumbado en la cama, cavilando sobre acelgas y berros y la forma más correcta de cocinarlos con el fuego de un mechero, pues a mediodía se me terminó el gas y no tenía bombona de repuesto, cuando una mosca bastante joven aunque rolliza y grisácea, como la mancha mongoloide que adornó mi espalda hasta la edad de 7 años, se posó sobre mi boca y empezó a corretear de un lado a otro produciéndome una sensación de gozo y satisfacción como hacía años que no sentía. Al principio, dejé que fuera ella la que eligiera la cadencia y el recorrido, pero llegó un momento en que sentí la necesidad de comportarme como un humano y dirigir su movimiento irracional por medio de zumbidos mosquiles que imitaba con mis labios. Al principio, y como es habitual cuando uno aprende idiomas, cometí algunos pequeños errores confundiendo continuamente "a la derecha" por "en casa de mi tía Julia" y eso confundía al insecto, aunque en menos de 2 horas ya nos entendíamos perfectamente.

Sobre las 7 de la tarde y cansado de sus correteos en ambas direcciones intenté algo más difícil: le ordené que se introdujera por un orificio de la nariz, cosa que hizo con alegría y determinación, pero un repentino estornudo la envió cerca de la lámpara del techo. Cuando volvió a posarse sobre mi pituitaria, todavía se la notaba molesta por el viajecito, pero volvió a repetir la hazaña y te juro por la luna llena que casi tuve un orgasmo. Como me gusta experimentar, más que nada para desterrar de mi cabeza la sensación de aburrimiento, en un momento dado le propuse que diera pequeños saltitos sobre uno de mis pezones, pero por alguna razón que desconozco se negó tajantemente y me dejó claro que ella no era una furcia que obedece sin rechistar a su chulo y que en adelante ella llevaría las riendas de nuestra pequeña diversión (o perversión).

Mientras escuchaba el telediario de la sexta a través de las paredes de mantequilla que me separan de mis vecinos, la mosca quiso llegar más lejos e intentó un doble salto mortal hacia atrás con un giro en el segundo mortal y con las alas plegadas sobre mi ojo derecho; y le hubiera salido a la perfección si no hubiera sido porque en el mismo instante que lo intentaba sufrí un repentino ataque de hipo y me moví unos centímetros por lo que la pobre aterrizó sobre la almohada, y parece ser que le gustó la sensación o la mullidez de la misma, o quizás estaba cansada, pues se quedó recostada y se puso a dormir. En ese preciso momento sentí hambre y me levanté a prepararme la cena. Cuando regresé, el díptero había volado. Y con él mi hermosa distracción del día.

Como habrás podido comprobar, a veces no hace falta interactuar con homo sapiens para sentirse vivo.


Un abrazo.

Email del 12 de junio 2012

Albrecht Durer, Tilo en un bastión. 1494

Querida:

En un rincón oscuro de uno de los parques que adornan mi barrio, donde poca luz del sol consigue penetrar, está naciendo un arbolillo; creo que es un falso banano, pero desde que tuve la suerte de encontrarlo, no ha pasado ningún día que no piense en él. Ya sé que es vulgar que mis pensamientos se ocupen de vegetales en lugar de humanos, pero mi naturaleza es así y poco puedo (y quiero) hacer para cambiarla. Ese arbolillo que apenas tiene tres ramas y una altura de aproximadamente dos palmos es mi obsesión y el afán de todas mis preguntas sin respuesta: ¿por qué ha nacido, si su final no es otro que ser arrancado en beneficio de los setos de escalonia que sirven como delimitación y que desgraciadamente son los que verdaderamente preocupan a los jardineros del ayuntamiento?. ¿Por qué el viento no trasladó la semilla de "mi árbol" hasta otro paraje más agreste y que hubiera significado su permanencia, la continuidad y la vida?

A veces me siento en un banco que está situado a menos de un metro de mi esperanza y lo contemplo ensimismado. Mientras mis ojos se concentran en sus frágiles ramillas incipientes, mi cerebro no deja de dar vueltas a una idea que me ronda la cabeza desde algún tiempo y que, lejos de calmar las dudas de mi alma, la atormentan y la preocupan: la esperanza de vida. Y mientras esas ideas confusas y decadentes se atrincheran en mis neuronas, el arbolillo crece por momentos. A veces, incluso puedo ver brotar una hoja. Otras, contemplo entusiasmado cómo los mirlos intentan posarse en sus pequeñas ramas sin conseguirlo y, falsamente molestos, lo picotean con un cuidado y delicadeza que rayan la ingenuidad, quizá esperando un futuro próximo donde la interactuación entre seres vivos de diferentes reinos no sea más que el preludio de un nuevo amanecer en este maltratado planeta.

Si mi cinismo y mi forma de asimilar el absurdo existencial significaran que la coacción a la que son sometidas mis neuronas no es más que un paso hacia el recóndito conocimiento de las formas, de las situaciones o de los hechos, tal vez tendría una oportunidad real de descifrar mis inclinaciones naturales, pero envejecer y, sobre todo, permanecer con este maldito disfraz de ser natural, de hombre, de imbécil sin futuro, de espectáculo involucionado, han trasmutado la bondad en odio, el amor en perversión y la honestidad en inmoralidad e impudicia. No soy más que una víctima de los tiempos, y como mártir inmolado no me queda más remedio que alejarme de los verdugos, de la civilización, del progreso y dedicar las horas que me puedan quedar a maldecir a los demonios que crean dependencia de la vida y se cobran sus gastos preparando el deceso mientras siembran destrucción, aniquilamiento y ruina. Porque todos, absolutamente todos conocemos nuestro destino, y aún así, estamos dispuestos a jugar la partida. ¿No es esto imbecilidad en grado supremo?

De todos los lugares en los que he vivido en delirios, ensoñaciones o incluso alucinaciones, ninguno me ha hecho tan dichoso como el día en que me transformé en singularidad. Sucedió hace más de treinta años y de alguna forma cambió por completo mi percepción de los sucesos. Cuando, obligado por las circunstancias ajenas, me ahogo en un mar de despropósitos e idiotez admisiblemente inconexa vuelvo a ese instante de lucidez desequilibrada y entonces sé que todos los movimientos involuntarios no son más que retazos de voluntad asfixiada, estrangulada en su imperfección absoluta, ahorcada por su propia incorrección irresistible, sólida, forzada y apóloga.


Como siempre: un beso.

lunes, 11 de junio de 2012

Email del 11 de junio 2012

Vassily Kandinsky, Komposition VIII. 1923

Hola:


Tenía pensado empezar este email con una preciosa paronomasia acerca de la munificencia y sus onerosas consecuencias, sobre todo cuando la tiflosis intelectual infiere en la forma y en el contenido de nuestros pensamientos, pero a última hora he decidido sustituir esa divagación vulgar y bastante indigna de un cerebro desgastado como el mío por una que, en estos momentos de crisis y estulticia política sin sentido, puede hacerte recordar todos esos instantes que he dedicado a convencerte de que la existencia, tal y como la conocemos, es una venganza biológica premeditada y no un placer disfrutable. A veces, cuando te escucho divagar sobre este tema no puedo dejar de pensar que abusas de la suspensión de incredulidad como una especie de salvoconducto hacia el anatema de la verdad inconsistente, es decir, esa verdad a medias, ese dolo pluscuamperfecto que hace que te sientas útil en una sociedad que nos valora más como ganado consumista en lugar de sujetos libres y con capacidad infinita para reflexionar.

Con este texto no quiero interferir en tu concepción heliocéntrica, pues me conoces y sabes cuánto odio a la gente que se cree en posesión de la verdad absoluta, pero sí ayudarte a que reconsideres esa felicidad forzada y previsible que distorsiona el maremágnum de ideas preconcebidas, aunque con una cierta e inconstante lucidez saturnina, y arremete contra cualquier clase de idea negativa, simplemente porque aún crees que la negatividad es un veneno y no una forma de pensamiento avanzado y consistente.

Tampoco quiero que creas que tras estas líneas pedantes y resabiadas se esconde un ejercicio cíclico y cínico a partes iguales sobre el valor del pensamiento negativo en un mundo incivilizado que se derrumba con una precisión alarmante, aunque en parte esa es la idea que tengo en mente. Podría endulzar la bilis o incluso transformarla en edulcorante, pero entonces, toda esta sarta de congruencias indiscutibles no serian más que otra mentira. Una mentira perturbadora e inquietante, un cuento no ficcional no apto para soñadores e idealistas, en resumidas cuentas, una cicatriz proliferativa en tejido epitelial sano.

Cuanto más sensible tiene el espíritu un observador imperturbable, tanto más se entrega a los infortunios y desventuras que enciende en él esta cadencia disonante y estridente llamada angustia. En ese preciso instante, una especie de alucinación amarga, trascendente e insondable se apropia de sus percepciones, y él se abandona con un desorbitado arrebato en la totalidad de esa serie de ideas con las que, de alguna manera, se siente identificado. Entonces, todas las sensaciones preestablecidas escapan a él; no se siente más que en la absoluta carencia. Por eso es necesario que alguna casualidad exclusiva limite sus planteamientos y ajuste su fantasía, intuición o como quieras llamarlo, para que pueda analizar por porciones ese universo particular y potencialmente personal que se afanaba a interpretar.

Llegados a este punto sin retorno, no puedo dejar de expresarte la inquietud confusa y contradictoria que experimento cuando pretendo comportarme como no soy, simplemente para no herir los corazones de papel mojado de la mayor parte de la gente que me rodea. Pero tras vanos e inconexos intentos de rehabilitar mi nociva percepción de los acontecimientos, surge como un maremoto la inquietud insípida y enojosa que hace que me replantee el principio y el final y no dude en traspasar de una manera demencial y arrebatadora las barreras naturales de la inconsciencia.

Esto es todo lo que puedo expresarte sin tratar por todos los medios de justificarme. Ya no creo en la justificación como remedio al libre raciocinio. En estos momentos de mi vida, intento morir sin llevarme a nadie conmigo.


Un beso.

jueves, 7 de junio de 2012

Email del 7 de junio 2012

Edgar Hunt, Chickens and pigeons. 1928

Hola:


Si no te escribo más a menudo, no es porque no me apetezca, sino por vagancia y, sobre todo, porque no tengo demasiadas cosas que contarte. Mis días y mis noches son semejantes unos a otros e intentar diferenciarlos se me antoja un ejercicio inútil y carente de sentido. Aunque la pereza me gobierna, a veces, cuando me encuentro más despejado, intento meditar sobre mi futuro, que no es diferente al de muchas personas que conozco, pero me he dado cuenta de que no me sienta bien, sobre todo, porque no puedo ver un futuro feliz a corto plazo, sino demencia y precariedad a partes iguales. La política nos gobierna a todos; yo no soy inmune a su veneno y no puedo dejar de sentirme indispuesto cuando veo a esos papanatas y mentecatos dirigiendo este país hacia su hecatombe total. Si tuviera algo ahorrado me largaría a alguna parte alejada, preferible fuera de la península, rodeado de verde y alguna cabra o cerdo, y por supuesto, varios perros y un sinfín de libros, pero lamentablemente mi economía va a la par de la de Europa y con lo que guardo en el colchón no me llega ni para trasladarme a la periferia.

Ayer intenté hacer unos ejercicios de yoga para mantener el cuerpo y el espíritu en condiciones de aguantar unos meses más sin sentir asco y pena, pero un repentino ataque de lumbalgía puso fin a mis propósitos, por lo que tuve que pasar la mayor parte del día tumbado en la cama acordándome de lo insignificante que soy. Existo pero no soy nada. Todos somos nada cuando nos comparamos con la inmensidad de la estulticia que hace que el planeta gire hacia su destino final, que no es otro que la devastación brutal. Ya lo dijo Einstein: "Cada paso parece ser la inevitable consecuencia del anterior, y al final se vislumbra con una claridad cada vez mayor, la aniquilación total".  Espero que cuando eso suceda me pille preparado y con un par de mudas en la mochila. Me gustaría presenciar el fin con ropa limpia.

Como verás este email resulta insustancial y carente por completo de chispa y humor, pero así es cómo me encuentro. Ni siquiera atisbar a la gente, y sus incongruentes circunstancias, por la ventana, me saca de ese terrible sopor inducido por el aburrimiento, la desesperación y el pesimismo más negro. ¡Cómo me gustaría ser una lechuga! Con un promedio de vida muy corto y un único sentido: acabar, con un poco de suerte, en el estómago de una vaca. Pertenecer al género humano acarrea terribles consecuencias: desilusión, desesperanza, decepción.

Ahora, mientras te escribo esto, estoy fumando, ¡si! he vuelto a adquirir este terrible vicio, y es posible que para siempre. ¿De qué sirve esperar a que todo acabe completamente sano? Incluso estoy escribiendo un cuento sobre una célula que crece y crece hasta convertirse en una inmensa porción de "nada". Cuando lo acabe te lo enviaré, pero mientras pienso un final, espero el mío mismo y el de todos los humanos, para bien de los vegetales y el resto de animales irracionales.



Un beso.

PD: Para contrarrestar el tono negativo, poco amable y nada esperanzador de este texto se me ocurre acabar con un chiste de Woody Allen: ¿Cual es el animal que una vez muerto da vueltas? respuesta: el pollo asado.

domingo, 3 de junio de 2012

Email del 3 de junio 2012

Magritte, La clef des champs,1936

Hola querida:

Hoy he tenido un sueño fascinante. No ha sido más que una conversación con mi reflejo en el espejo, pero estoy seguro de que, como investigadora del comportamiento humano, puede llegar a interesarte. El problema es que no me acuerdo de todo el diálogo, pero sí de algunas partes, que son las que te transcribiré a continuación:


YO: ¿Para qué? ¿Para qué sirve todo esto? Me refiero a la existencia, por lo menos tal y cómo nos toca vivirla en estos tiempos.
REFLEJO: ¿Consideras que todos los días pasan de la misma forma y percibes la realidad material, la esencia eterna o el predicado lógico de la misma manera?
YO: ¡Exacto! y llega un momento en que todo esto ya no es suficiente...
REFLEJO: Piensas que cada momento que gastas no es más que una especie de sinónimo inenunciable de mortalidad anunciada, de racionalidad equivocada, de ideas ininteligibles que fuerzas con tesón indestructible para autocovencerte de algo que no tiene sentido.
YO: Y posiblemente nunca lo tendrá...
REFLEJO: Ni siquiera los propósitos disteleologícos te ayudan a soportar la carga, el paso del tiempo, la sucesión de repeticiones exactas, el aburrimiento de tu Soy, la hecatombe moral de tu Existo.
YO: Podría poner fin a toda esta maraña de sentimientos encontrados...
REFLEJO: Podrías desvanecerte entre la Teolomía y la retrospección, entre la Teleología y la abstracción, pero no sería justo con tu propia dirección.
YO: La necesidad de permanencia aún posee un gran poder sobre mi cerebro, aunque...
REFLEJO: Aunque afortunadamente ya no te importa la calidad ni la cantidad, sólo el desprecio al comienzo y la intensidad del final. ¿Me equivoco?
YO: ¿Cómo podrías equivocarte si tú eres yo?



YO: Necesito conocer lo que se encuentra en el otro lado.
REFLEJO: Quizá no te guste lo que puedas ver allí.
YO: Correría ese riesgo, tú me conoces, sabes que...
REFLEJO: Sé que tus maniobras destructivas te están costando un alto precio. El precio de seguir existiendo.
YO: ¿Maniobras destructivas? ¿A qué te refieres?
REFLEJO: No estás preparado para morir; el problema es que tampoco estás preparado para vivir. Intentas por todos los medios llamar la atención, pero tu público se empieza a aburrir. Deberías justificar tus tácticas, tus desordenes, tus lamentos. ¿De qué sirve agazaparse en un rincón oscuro, si vas a pregonar a los cuatro vientos que te escondes en un rincón oscuro? Escóndete, pero no te lamentes, y sobre todo, no hagas partícipe a tus amigos, o los pocos que te puedan quedar actualmente, de tus miserias. Todos tienen mierda que arrastrar, algunos, incluso más que tú.



YO: Recuerdo un día en que me levanté feliz. Desconocía la razón, pero en ese momento no me importó demasiado, porque estaba disfrutando de los peligros de la felicidad...
REFLEJO: ¿Y?
YO: ¿No lo entiendes? Por primera vez, podía jugar con la inseguridad sin sentir miedo.
REFLEJO: ¿Y?
YO: Pues que lo disfruté, pero sólo durante unos minutos.
REFLEJO: ¿Y?
YO: Me recuperé de ese estado abstracto y volví a ser el mismo.
REFLEJO: ¿Y?



YO: ¿Por qué existo?
REFLEJO: ¿Quieres una respuesta rápida?
YO: Quiero una respuesta coherente.
REFLEJO: ¿Quieres coherencia y estás hablando con tu propio reflejo? No te voy a explicar la razón por la cual  existes, pero sí por qué no dejas de existir. Y no quieres dejar de existir, aunque vayas por la vida como un búfalo herido, por qué si dejaras de existir no podrías hacer que el mundo supiera que te gusta lloriquear, que te gusta lamentarte y sufrir por sufrir, sin motivo. No quieres dejar de Ser, porque si lo hicieras, ese conglomerado de Ego y narcicismo a partes iguales, no podría seguir manipulando a su antojo; no podría predicar el testamento de la fatalidad como dogma de fe, en resumidas cuentas y por no hacerlo largo, si no existieras, otro sujeto menos dañino te sustituiría y eso, al mismo tiempo que te...
YO: Creo que te estás pasando conmigo. No voy a consentir que me hables así.
REFLEJO: ¡Pues pega un puñetazo y rompe el espejo!


Después de meditarlo, he llegado a la conclusión de que no ha sido una pesadilla, pero tampoco un gozo o un deleite. Digamos que ha sido una especie de sueño neutro desesperanzador y bastante hiriente. ¡No me quejo! Prefiero mil veces esta clase de sueños en lugar de los acostumbrados, repletos de animales que hablan, juicios sumarísimos y transformaciones corporales. Por cierto, aunque estoy seguro de que te lo imaginas, al final golpeo con todas mis fuerzas el espejo y su imagen mía reflejada y lo rompo en varios pedazos...


Un beso y un abrazo.

viernes, 1 de junio de 2012

Email del 1 de junio 2012

Damien Hirst, 20 Pills. 2005

Hola:

Ya hace verdaderamente calor y dicen que el bochorno incrementa la imbecilidad, por lo que voy a comenzar a tomarme el Idiotin 500, que me va fabulosamente bien. Si me tomo 3 comprimidos al día puedo aguantar a un cenutrio a 20 metros sin sentir el impulso de extraerle los globos oculares de sus órbitas y prepararme con ellos una tortilla sabrosa. Incluso puedo ser capaz de entablar una conversación con alguno y sacar provecho de ella. Pero no voy a hablarte de cafres en este email, sino de achaques de la edad. Cuando uno llega a los 50 de una pieza, siente la tentación de creer que en adelante todo va a ser igual, es decir, que la salud no va a gastarle ninguna putada por lo menos hasta los 90 y de esa forma, sin ser consciente, comete una idiotez, por lo que  se pone a la altura de los seres sobre los que he despotricado en las primeras líneas. Como coleccionista profesional de dolencias y enfermedades, estoy altamente capacitado para criticar y maldecir el paso del tiempo y, sobre todo, sus terribles consecuencias.

La madurez podría ser un adelanto racional de la vejez, pero sin embargo, y debido sobre todo a los excesos del pasado, tiende a convertirse en una especie de pago con intereses de lo que será el futuro próximo. Algunos se acostumbran a vivir con los dolores y los chasquidos de los huesos retumbando por encima del ruido que hacen sus mandíbulas al temblar, y si algún día no les duele nada, se sienten enormemente defraudados y tienden a pensar que la mejoría es el primer paso inaudible al colapso final; otros, entre los que me encuentro yo, ni siquiera pensamos en ese tema, simplemente miramos a otra parte, sobre todo al trasero de una chica de 18 con pantalones ajustados o a la tarjeta de crédito si es una mujer, procurando quitar hierro al asunto, en un vano y estéril intento de comportarnos como lo que ya no somos: jóvenes y con ganas de comernos el mundo. Mientras lo intentamos, olvidamos que el mundo es correoso y muy grande, de modo que no puede ser tragado de un bocado, a menos que seas estúpido, lo que nos vuelve a llevar al tema del que no quería discutir en este texto.

Por eso, y después de grandes meditaciones, he llegado a una conclusión: la vejez y la tontería forman parte del mismo equipo, por llamarlo de alguna manera. Ahora bien, aunque todos conocemos abueletes que discurren y además lo hacen bien, no por eso podemos dejar de separar ambos conceptos y sentirnos orgullosos y tranquilos. Si algún anciano o incluso maduro todavía tiene sus facultades mentales intactas es, o bien porque está enganchado al Idiotin 500, o simplemente porque con algo de esfuerzo y por alguna extraña razón, intenta parecer lo que no es, y lo que ya nunca podrá llegar a ser, es decir, joven y con ganas de comerse el mundo, ni siquiera un continente o una porción del tamaño de un portaviones; principalmente por que los portaviones cuestan un dineral y no están diseñados para ser comidos, eso sin contar que están fabricados con hierro y aleaciones intragables y, sobre todo, porque no existe cantidad suficiente de sal de frutas en el planeta que pudiera aliviar tal digestión.

Si yo, en estos momentos de mi vida, pertenezco al grupo de los maduritos, al mismo tiempo dependo de la memez y la torpeza mental para justificar eso que algunos llaman el principio del fin. Y el fin no tiene solución. Ni siquiera para los ricos, banqueros o especuladores. Todos acabaremos en un hoyo, y nunca sabremos la razón. Nacimos gracias a un acto sin sentido y la palmaremos rodeados de mierda, facturas y vacío intelectual a partes iguales. Mientras nos preparamos, el tiempo pasa y los medicamentos suben de precio, entre ellos mi adorado Idiotin 500.



Perdón por este email tan estúpido. Hace una semana que no me tomo los comprimidos.