lunes, 7 de mayo de 2012

Email del 7 de mayo 2012

Magritte, Respuesta inesperada, 1933

Querida:


A veces tiendo a darme buenos consejos pero, como le pasaba a la Alicia de Lewis Carroll, raramente los sigo; más por una especie de exagerada pereza involucionista, que por hacerme caso a mí mismo y terminar dándome cuenta de que sería mucho más beneficioso para mi salud mental ocupar mi tiempo en mantener limpio y purificado mi hermoso cutis y obviar por completo todo lo que de alguna u otra forma esté relacionado con el engrandecimiento personal. Si no recuerdo mal, la última sugerencia que me hice a mí mismo fue un estrepitoso fracaso desde el momento en que mi cerebro fofo y apergaminado intentó llevarla a cabo: encerrarme en un armario durante un año o doce meses, con provisiones, agua, piruletas de fresa con forma de corazón, un wc químico, ansiolíticos, laxantes y una lámpara solar, lejos de todo lo que representa el contacto humano real, siempre doloroso y absurdamente arriesgado.

Qué lejos quedan esos días en los que mi única preocupación como ser racional eran los agujeros de mis calcetines y la forma de ocultar los pies para que mis amantes o podólogos no los vieran; hasta que en un acto de genialidad meramente extraterrestre, descubrí que era mucho mejor quitármelos para dormir, y sobre todo, infinitamente más saludable. Lo que nunca me he quitado, ni siquiera delante de la mujer más bella del mundo, han sido los calzoncillos, más que nada porque hace años que no los uso, aunque tengo una colección bastante considerable y realmente codiciada por los marchantes de ropa interior más importantes de mi barrio.

Hace cerca de cuatrocientos años, un antepasado mío que continuamente se jactaba de la perfecta simetría de sus caderas, sufrió un ataque de locura mientras las contemplaba extasiado frente a un espejo y golpeó a su mujer con una benditera. Por supuesto, la parienta de este imbécil murió y a él lo condenaron a muerte. Mientras esperaba la hora de su ejecución y presa de una especie de delirio psicótico, escribió un tratado sobre la cocción de los espárragos que tuvo un gran éxito una vez publicado y unas memorias tituladas "Rasuramiento y contubernio" que fueron confiscadas por la Santa inquisición. Te cuento esto por dos razones: 1) Para hacer bulto, pues no se me ocurre absolutamente nada coherente. 2) Para demostrarte que mis ancestros ya sufrian enfermedades mentales.


Besos.