sábado, 12 de mayo de 2012

Email del 12 de mayo 2012

Johannes Vermeer, La alcahueta. 1656

Querida amiga comunitaria y europea:


Dentro de poco todos acabaremos haciendo las calles, pues la economía de este país que tan rápidamente se resquebraja nos impedirá incluso criar aves de corral para trocarlas por legumbres, bollos o cereales. El problema es que si todos nos hacemos putas, ¿entonces quienes serán nuestros clientes? Porque políticos, banqueros y estafadores millonarios hay un montón, pero no los suficientes como para alimentar a 46 millones de prostitutas de ambos sexos. La única salida sería emigrar a otros países y buscar los clientes allí, pero ¿y los idiomas? ¿Cómo se dice "tío bueno, quieres que te haga una buena mamada" en croata? Aunque si todos traspasáramos las fronteras para pegar kikis o engullir falos, ¿quienes se quedarían en territorio nacional para asistir a los mítines de Mariano? Me consta que incluso los discípulos y partidarios de la ideología ultra e híper-conservadora que promueve el partido de la gaviota blanca están a dos velas. Te juro por Doraemos que algunas noches puedo escuchar cómo mis vecinos autoritarios y fachas se golpean la cabeza contra la pared mientras maldicen su estado mental el día que votaron a esos imbéciles farsantes y mentirosos.

Personalmente, ya he pensado cómo me vestiría si esto sucede -y al paso que vamos y con la prima de riesgo superando los 450, no se me puede tachar de agorero o alarmista-: seguramente me pondría unas botas rojas de ante que sobrepasaran ampliamente las rodillas, unos tacones en aguja de 18 centímetros (igual necesitaría muletas para no perder el equilibrio), un pantaloncito corto y ajustado que dejara escapar parte de mi libidinosa grasa glútea, y una blusita rosa transparente que permitiera apreciar mi perfecto ombligo repleto de piercings barriobajeros, aunque fabricados con metales nobles. Por supuesto me pintaría los labios de color carmesí rijoso o negro ala de cuervo y un poco los ojos, no demasiado, pues ya los tengo francamente preciosos y estoy convencido de que una abundancia de maquillaje me haría parecer un obispo católico sensato o, lo que es peor, un controlador aéreo abnegado, bondadoso y tolerante.

Pero putear por otros territorios no es tan fácil como pueda parecer a simple vista. Cada país tiene sus propias rameras y chaperos y éstos no se van a quedar con los brazos cruzados contemplando cómo la carne foránea les roba el sustento propio y el de sus hijos, nietos, bisnietos y chulos o mascotas. Además, tengo entendido que a partir de Francia hacia arriba cualquier ciudadano saca la navaja automática por cualquier nimiedad. ¿Recuerdas el caso de Guillaume Abadie, el octogenario francés que acuchilló 563 veces a la monja que le cambiaba los pañales porque ésta arañó sin querer su tacatac cromado diseñado por el cuñado de Guy Laroche? Y este no es un ejemplo extremo. Sin ir más lejos, un tal Wilhelm Koeberlin Biedermann, un psiquiatra alemán autor de una veintena de libros de autoayuda y residente en el barrio más lujoso de Baden-Baden, apuñaló a 23 chefs en 17 minutos presa de un ataque psicótico. Imagínate, ¡ni a chef por minuto! Y todo porque los Fetuccini a la guitarra con salsa de pimentón rojo que le sirvieron en el restaurante del hotel de cuatro estrellas donde se hospedaba estaban, según sus palabras, "mas pasaditos que las ideas de Ángela Merkel". Pero creo que empiezo a divagar, a salirme del tema. La cuestión no es que los trabajadores del sexo de otros lugares defiendan su puesto de trabajo con uñas, dientes, ligueros y tatuajes, sino que para emigrar a otras naciones, a otros estados, necesitamos dinero para pagar el autobús que nos traslade hasta los lugares elegidos y sobre todo para sufragar las consumiciones que nos permitan usar los lavabos mientras viajamos hasta esas metrópolis soñadas. Y hasta donde yo puedo ver (con gafas), nadie tiene ni un mísero céntimo ahorrado en el banco, excepto yo que soy un poco retrasado y guardo 31.50 E en una cuenta con un número más largo que el pene de Rocco Siffredi en erección en la gran banca líder de todas las bancas: Bankia.

De momento y hasta que la prima de riesgo no sobrepase los 500, no voy a empezar a llenar la maleta, pero si quieres que te sea sincero, ya he empezado a hacer algunas prácticas. Ayer estuve cerca de 3 horas chupando y lamiendo un calabacín joven y te puedo decir que no lo hago tan mal. Es cuestión de habilidad y destreza, como todo en esta vida. Ah, por cierto, cuando acabe de chupetearlo y succionarlo lo cortaré en finas rodajas y me preparé una ensalada.


Un abrazo.