viernes, 11 de mayo de 2012

Email del 11 de mayo 2012

Honoré Daumier, Le malade imaginaire (l''hypocondriaque). 1673

Hola:


Ayer por la tarde, sobre las seis y media, más o menos, me rasqué una pierna, creo que la derecha, a la altura del muslo,  y si quieres que te sea sincero, ese fue el suceso más interesante de todo el día. Espero que la jornada que ahora comienza aporte algún aliciente a esta vida aburrida y tediosa, por lo menos un ligero dolor de ombligo o un calambre mandibular cuando bostece, ya sabes, algo de lo que me pueda sentir orgulloso y que justifique el semen de buena calidad que mi padre trabajosamente tuvo que eyacular hace ahora cincuenta años para concebirme. Afortunadamente, no todas mis jornadas son igual de monótonas: algunas veces, para provocarme algo de diversión me pongo unos gayumbos negros con come-cocos multicolores y la boca de un buzón donde se supone que debe ir el órgano, y que conste que no me refiero al instrumento, bueno sí, es un instrumento pero no musical, aunque a veces puede provocar sonidos... Creo que me estoy perdiendo... Lo que quería decirte es que ese calzoncillo boxer siempre logra provocarme una buena risotada, y eso que sólo me costó tres euros en un supermercado. Recuerdo que fui alli a comprar habichuelas, melocotones, batatas y aceite de oliva y acabé adquiriendo doce calzones surtidos de la talla XL, tres pares de calcetines con los talones reforzados y una braga calada de señora de color salmón oscuro. La braga debió caer en mi carrito accidentalmente y la pagué por verguenza. Me acuerdo perfectamente de la compra porque ese mismo día, cuando regresaba a casa contento aunque cavilando si la braga serviría para limpiar el polvo de los muebles y los electrodomésticos, sufrí un repentino ataque de lo que los matasanos llaman "negligencia hemisférica" que me dejó verdaderamente jodido. Por si no lo sabes, la negligencia hemisférica se produce cuando se deterioran los centros visuales de un lado del cerebro, lo que provoca que el sujeto que la padece, en este caso yo, sólo vea la mitad de las cosas. Cuando esto me sucede, sólo bebo por el lado derecho del vaso, sólo insulto con la parte derecha de la boca o, por acabar con los ejemplos, sólo me quito las canas de la ceja derecha. Como verás, se trata de una enfermedad realmente imbécil aunque no tanto como la otra que padezco en silencio: el "Síndrome de Capgras". ¿Quieres que te explique en qué consiste esta afección? Verás, es un desorden de la capacidad de indentificación. Cuando esto me sucede no reconozco a las personas y tiendo a creer que son farsantes o impostores. Una vez, bajo la indisposición que produce esta demencial enfermedad, confundí a mi vecino Rogelio con Charlize Theron y le tiré los trastos. Lamentablemente, mi vecino me los devolvió -entonces ignoraba que era bisexual- y casi acabo practicando el trenecito con él y con un par de amigos suyos.

Se me está haciendo tarde, pues a las ocho he quedado con varios miembros de la congregación a la que pertenezco: Genios con ardor de estómago. Hemos quedado en la puerta de una farmacía de guardia y desde allí pensamos dirigirnos a la sala de espera de las urgencias del Hospital General para hablar de nuestras inquietudes, nuestros desasosiegos y sobre todo, del cancer de esófago.


Besos y abrazos.