domingo, 29 de abril de 2012

Email del 29 de abril 2012

M. C. Escher, Crab canon.

Querida:


Acabo de despertarme con un fuerte dolor de oreja. Voy a intentar relatarte el sueño que tiene la culpa de que en estos momentos todavía esté sudoroso, compungido y agitado:

Me encuentro devorando crustáceos en una marisquería del centro de la ciudad, cuando repentinamente un bogavante fuerte, musculoso, dinámico y poco cocinado salta del plato y me agarra con sus pinzas de una oreja. Intento quejarme al maître con el bicho todavía colgando de mi pabellón auditivo, pero este no tiene cuerpo y su ropa, que camina sola, es incapaz de darme una solución que me satisfaga por completo. Me dispongo a salir del local, molesto y cabreado, cuando mi brazo derecho se desprende de mi torso y se transforma en una almorrana de elefante asiático que me obliga a rendirle sumisión, obediencia y pleitesía. Aterrado y con los ojos saliendo de sus orbitas, huyo del local y corro hacia el hospital más cercano, empapando los adoquines de las calles con la sangre que chorrea a borbotones de mi hombro mientras el maldito Homarus gammarus continua apretando sus tenazas en mi oreja, a estas alturas convertida en un guiñapo azulado muy poco atractivo a la vista de un otorrinolaringólogo. Por fin entro en urgencias, pero rápidamente advierto que todo el personal sanitario está bastante ocupado bailando el casachock por los pasillos mientras los pacientes contemplan extasiados el pene de Dios, que se ha aparecido de repente ante ellos y amenaza con una erección post morten. Como soy falofóbico desde que me duché con un grupo de hombres en el servicio militar, salgo despavorido y me siento en un banco de un parque cercano para intentar aclarar mis ideas. Pasan unos minutos aunque parecen horas y me hago colega del bogavante que, en un gesto de generosidad extrema, suelta mi oreja y me agarra por la nuez de Adán mientras me cuenta la vida del cuñado de su padre y el affaire que mantuvo con una centolla ninfómana y con transtorno bipolar mientras se encontraban atrapados en una nasa, en el océano atlántico.

Aunque suceden bastantes más cosas, no recuerdo bien el resto de detalles y algunos los he omitido porque me parecen de mal gusto y creo que tú no eres de esa clase de público preparada para escucharlos sin sentir el impulso de vomitar.¡Te imaginas lo que harían Freud o Jung con este sueño! ¡Y eso que no te he contado el que pienso tener mañana!, repleto de pasiones devoradoras, sexo sucio y traiciones por doquier.




Un besazo muy muy fuerte.