viernes, 27 de abril de 2012

Email del 28 de abril 2012

Will Barnett, The spider sewed at night, 1989

Hola, cielo:


Me he pasado la mitad de la noche asomado a la ventana. Como ya sabes, sufro de una especie de ataque insomne desde hace unos meses y, de momento, me siento más cercano al mundo de las aves estrigiformes que al de los humanos. Mientras contemplaba la quietud y el sosiego nocturnos le he dado vueltas y vueltas a la cabeza, hasta llegar a un punto en que he tenido que desenroscarla, ya que me impedía respirar, ya sabes, ese estúpido vicio que nos permite vivir para poder sacar dinero de los cajeros automáticos o escuchar conversaciones demenciales entre la panadera y sus clientas y acólitas. Durante las 4 horas que he estado cotilleando los devenires de mi calle, no ha sucedido nada de importancia, si excluimos 2 intentos fallidos de robo de ciclomotores, un imbécil que seguramente soñaba con ser futbolista de élite y pagaba su frustración encalando gatos en los balcones a puntapiés y un par de borrachos que han entonado algunas cancioncillas completamente desafinados y que al final han optado por echarse a dormir la mona abrazados el uno al otro encima de una gran mierda de perro que seguramente ha hecho de colchón visco-elástico (o quizá de látex).

Ahora, mientras intento escribir estas incoherentes líneas, los bostezos amenazan con desfigurarme el rostro, en estos momentos bastante demacrado y macilento, pero estoy seguro de que si intento acostarme de nuevo volveré a transformarme en una lechuza cotilla, y ya es demasiado tarde para eso, o mejor debiera decir que ya es demasiado temprano, pues hace unos minutos que oigo a los gorriones trinar como posesos desquiciados. Creo que voy a intentar desayunar algo que proporcione a mi cansado cuerpo vigor, energía y puro nervio, pero llegados a este punto, surge con una fuerza anormal e inusitada una terrible pregunta desde los más profundos recovecos de las neuronas que se esconden avergonzadas en mi cerebro: ¿zumo de naranja o leche de soja? Si me hago un zumo natural tengo que girar y utilizar la mano durante unos minutos y me canso bastante, pues mi exprimidor eléctrico estalló una noche de tormenta hace al menos veinticinco años, pero ciertamente, es muchísimo más sano que la leche y, sobre todo, más sabroso y particularmente lo tolero mejor. Tengo otra opción: ponerme los pantalones y bajar a un bar a que me preparen un café americano y medio kilo de tostadas, pero no me apetece vestirme, pues en calzoncillos me encuentro realmente sexy y arrebatador. ¿Y si bajo en gayumbos?

¿Sabes? Creo que no tengo remedio; me refiero a que por mucho que lo intento no logro convertirme en una versión mejorada de lo que ahora mismo soy. No es que esté desilusionado con mi forma de proceder ante los ataques injustificadamente inesperados de la existencia, sino que me gustaría ser lo contrario de lo que se supone que soy, simplemente para no aburrirme siendo constantemente de la misma manera. A veces logro parecerme a lo que nunca quise ser, comportándome de una forma sensata, pero al final vuelvo a adoptar mi rol eterno y acabo siendo lo que más me gusta ser: yo mismo.


Bueno, querida, ahora voy a dejarte, tengo que ponerme las pilas; esta tarde tengo una reunión con mi grupo de ayuda "Dispépsicos anónimos" y necesito preparar los lloriqueos para después de mi intervención. Te doy mi palabra de honor que a partir de mañana voy a volver a escribirte (casi) diariamente, y que combatiré la abulia y la desgana que me domina por medio de los pensamientos positivos y la autocastración. Tú ya me entiendes.....


Besos.