lunes, 2 de abril de 2012

Email del 2 de abril 2012

Alberto López Claro, El signo revelador, 1940

Querida:


Las imágenes juegan en la memoria. Se constriñen unas con otras hasta formar movimientos perpetuos. Un impulso inicial modifica sus apariencias evocadas en percepciones hipotéticas. De entre todas esas imágenes, hay algunas que hipnotizan los recuerdos, logrando que el pasado se transforme en una especie de fricción sin rozamiento, que mientras inmoviliza algunos buenos instantes, decolora la esencia del momento, mutándola en una abstracción incoherente que despedaza el carácter, la sustancia, la naturaleza del propósito original, logrando desafiar a la parte sensata de la conciencia, generalmente aletargada e insensible.

Las ideas arrastran a la displicencia, mientras esto sucede, el maelstrom de la memoria restablece la estructura del nimbo interior, destruyendo las ramificaciones aportadas por el desenlace cenestésico. Entonces es cuando se intuye que lo que fue quizá ya nunca vuelva a ser; que lo que se intentó jamás se volverá a pretender, en definitiva, que los sucesos que proyectaron y definieron el júbilo de la moderación desaparecerán para siempre. Y mientras la perpetuidad inconsciente presume de sus victorias y de sus fracasos, la gloria que delicadamente forja el caos incontrolado emerge a la superficie desde lo más profundo de la zona de subducción, en el abismo de la desesperanza.

Arrepentimiento, contrición. A veces ni siquiera es posible articular de una manera coherente las palabras; es posible que el bucle fonológico esté deteriorado, debilitado, envejecido, estropeado. Es incluso factible que la demencia progresiva causada por el razonamiento inconsecuente pase factura. En esos instantes, se pueden percibir los fríos dedos de la paranoia apoderándose violentamente de los destellos de lucidez. Entonces, uno se da cuenta de que ya es demasiado tarde para rogar un milagro redentor, demasiado tarde para erradicar la enfermedad que no tiene cura. Sólo los latidos del corazón certifican que se está vivo, pero podría tratarse de una ilusión, un deseo, un delirio inconsciente de origen desconocido.


Un abrazo.