sábado, 31 de marzo de 2012

Email del 31 de marzo 2012

Michael Sowa, Pengouins flying

Querida amiga:


Algunas noches duermo como un lirón careto, sin embargo, otras no puedo pegar ojo: esta noche ha sido de esas últimas, así que la he dedicado a leer a Bertrand Russell. Pero sobre las 4 de la madrugada he sentido la necesidad imperiosa de molestar al vecindario, ya sabes, una gamberrada en toda regla, así que he sacado un altavoz -afortunadamente el cable es inmensamente largo- al balcón y he puesto a todo volumen la pista 7 de un Cd dedicado a los sonidos animales. ¿Imaginas qué animal esta grabado en esa pista?: el burro. Al principio había decidido poner 10 minutos de gatas enceladas, pero me he imaginado que eso sería contraproducente para los gatos machos que viven en mi barrio, así que al final he obsequiado al vecindario con los roznidos de las acémilas pastando. Por supuesto, cada dosis de rebuznos no duraba más de 20 segundos, pues no quería que me pillaran con las manos en la masa (o en el play del aparato), pero durante 2 horas y a intervalos de 15 minutos, mi calle ha parecido una granja de garañones. Te puedo asegurar que la práctica totalidad de las viviendas colindantes han encendido la luz en algún momento e incluso varios vecinos vestidos con sus pijamas y camisones de espanto han salido a las terrazas y balcones a ver qué sucedía. Me lo he pasado tan bien que creo que el lunes les ofreceré una sesión de mugidos, balidos, gorgojeos, aullidos, cacareos, graznidos, cloqueos, ladridos, zumbidos, maullidos o relinchos, ya lo decidiré en su momento. Y si en ese instante, sublime y provocador, me siento especialmente travieso e incívico, hasta es posible que busque entre mi amplia colección de Cds la grabación de sonidos corporales excrementales y les obsequie con alguna buena sesión de flatulencias o eructos en el magnifico estéreo de mi Phillips FWM463X.

Te preguntarás, y además con todo el derecho del mundo, cuál es la razón de mi revoltosa forma nocturna de interactuar con los residentes del barrio. Podría responderte con un millón de contestaciones sinceras, pero como últimamente la naturalidad no forma parte de mi comportamiento, te diré que lo hago porque es mi carácter. ¿Recuerdas la fábula de la rana y el escorpión? Aunque también podría ser una respuesta refleja a las molestias que ellos me ocasionan a menudo con sus verbenas demenciales y sus ruidosamente estúpidas maneras de entender las fiestas.

Dentro de un rato, cuando salga a la calle, lo primero que haré será acercarme a algunos vecinos y exponerles mi indignación por lo que ha sucedido esta noche. Como mi cinismo es antológico, no me costará absolutamente nada ponerme a su ¿altura? y despreciar al bárbaro imbécil que nos ha molestado mientras deberíamos haber dormido plácidamente. Incluso puedo imaginarme, unas horas antes de que suceda, algunas de sus respuestas infames:

VECINA 1: ¿Habéis oído esta noche a un burro o es que me sentaron mal los tallarines de la cena?
VECINA 2: No has soñado Gabriela, un burro ha estado toda la noche dale que te dale....ha sido horrible...
VECINO 1: Seguro que son los rumanos del patio 4 que se han subido un asno al piso. Esa gente es así.
VECINA 1: ¡Dios santo!
YO: Es increíble, a donde vamos a llegar. Hasta se suben equinos a los hogares.....
VECINA 2: ¿Cómo se van a subir un burro a casa? ¡Si no hay ascensor!
VECINO 1: Los burros pueden subir escaleras...
VECINA 3: Esto no puede consentirse. Alberto ha sufrido un ataque de pánico a las 5 y he tenido que levantarme a prepararle una tila.
VECINA 1: ¿Alberto? Tu marido no se llama Prudencio?
VECINA 3: Alberto en mi chiuahua.
VECINO 1: Este barrio está repleto de rumanos, algún día van a subir al piso a una ternera...
YO: ¿Para comérsela?
VECINA 1: Hemos de formar un comité anti...
YO: ¿Antiburros?
VECINA 1: No, hombre, anti-rumanos...
VECINO 1: ¡Caray, son las 11, me voy corriendo! Tengo cita con el urólogo.
YO: Que lo disfrute usted, amigo...
VECINA 3: Y yo a comprar espinacas y berros. Hoy voy a hacer de comer puré. Adios...
VECINA 1: Pues yo me voy a la merceria a cambiar la faja. La que compré ayer me aprieta y no me deja respirar.
YO: Adios a todos, ha sido un placer charlar con ustedes....
VECINA 2: ¿Cómo se van a subir un burro a casa? ¡Si no hay ascensor!


Con una sonrisa de oreja a oreja, me despido de ti, hasta la próxima...


Greg