jueves, 29 de marzo de 2012

Email del 29 de marzo 2012

Craig La Rotonda, My malignant twin.

Hola:

Dos versiones sobre el mismo tema. Elige la que más te guste.


Últimamente mi pasatiempo preferido es romper casi todo lo que escribo; unas veces porque ni yo mismo consigo entender mis textos crípticos y enigmáticos y otra para no herir los sentimientos de amigos que puedan verse reflejados en algunos de los personajes que invento. Incluso he alterado la concepción de la "Trilogía aparentemente circunstancial", pues he suprimido una de las tres tramas que la componían, la que resaltaba mi parte más negativa y poco esperanzadora, transformándola en una especie de compendio humanista. ¿Qué derecho tengo yo, un tipo tranquilo y amable, a sacar trapos sucios de gente que no me ha hecho absolutamente nada? A veces es preferible destapar el elixir de la bondad suprema y echarse un trago tras otro, día tras día recordando las sonrisas en lugar de restregar hiel y bilis sobre las circunstancias desnudas de los que me rodean...

Cada uno de los pobladores de este mundo maravilloso tiene derecho a ser como es, a vivir como le place y a elegir su propio futuro. A veces pueden equivocarse por completo alterando sus vidas y las de los que les rodean, pero como se supone que ha sido una decisión interior, el deber de los que escribimos sobre "cualquier cosa" es respetar sus circunstancias y disfrazar sus pompas. No conozco a nadie que no tenga algo que ocultar, todos nos comportamos como verdaderamente somos cuando no hay nadie observándonos, y esto nos incluye a ti y a mi.

Nacemos para aprender; morimos sabios y con cierta esperanza. Nada de lo que hemos hecho o dicho en el pasado debería ser escrito en nuestras tumbas. Los epitafios siempre son compuestos por los amigos o enemigos, esa es la grandeza del final eterno.




Hasta ayer mi pasatiempo favorito era romper todo lo que escribía; unas veces porque no creía que existieran suficientes lectores que estuvieran capacitados o dotados de cierto grado de entendimiento como para interpretar mis textos crípticos y enigmáticos y otras para no herir los sentimientos de los amigos que se pudieran ver reflejados en algunos de los personajes que había inventado. Pero esto va a cambiar. A partir de ahora, no voy a tener ninguna clase de piedad con mis personajes basados en gente que conozco, ni voy a disfrazarlos para no ofender corazoncitos débiles y malcriados. De hecho, pienso ser brutal. Cuando finalice con la "Trilogía aparentemente circunstancial", supongo que no me quedará ni un sólo amigo o conocido que quiera dirigirme la palabra, pero me importa una mierda esquizofrénica quedarme sólo, es más, creo que si eso sucede, será como una bendición del infierno. ¿Qué derecho tiene la gente sobre mis personajes? Ninguno, absolutamente ninguno. Pienso escribir sobre sus manías, sus miserias y su nula capacidad existencial, sobre todo para afrontar sus propias normas, disposiciones, en resumidas cuentas, para sentirse humanos en lugar de máquinas sin alma que se deslizan por los raíles establecidos de la inconsciencia...

Este mundo en el que malvivimos está superpoblado por estupidez y cobardía a partes iguales. Nadie vive por debajo de sus posibilidades, todos quieren más y más, sin importarles la forma o los medios para conseguirlo. Mi interés por esta clase de gente, perdida y depravada, que conserva intacta sus enormes ganas de destacar, aunque sea llevándose a muchos por delante, crece exponencialmente mientras yo maduro como víbora. Soy el cronista de la porquería más decadente y pienso destapar cada una de sus falacias, sus miserias y la corrupción degenerada que destilan sus miradas y caricias, por medio de la literatura salvaje y sin la más mínima auto censura.

El dolor acompaña el nacimiento, el terror condiciona la huida existencial. La muerte es tan perfecta, que resultaría sacrílega sin el cinismo adornando un buen epitafio. 



Un beso