miércoles, 28 de marzo de 2012

Email del 28 de marzo 2012

René Magritte, The female thief, 1927

El saco está vacío



Tengo el gusto de ofrecer en primicia algunos extractos del libro "El saco está vacío (Diario de un ladrón virtuoso)" escrito por el ladrón y ex convicto Adolfo Peña y editado por Edelweiss para todos los países de habla hispana, en el que repasa con cierta nostalgia y demasiada sabiduría toda una vida dedicada al incomprendido, y por otra parte rentable, arte del latrocinio.


"Soy ladrón desde que tengo uso de razón. Recuerdo que a los 6 años le robé a mi padre su pierna ortopédica de madera y me construí con ella un fuerte para mis vaqueros de plástico. Robo porque no sirvo para otra cosa, porque es mi destino. Sustrayendo objetos ajenos es la única manera en la que puedo sentir eso que algunos llaman felicidad y que tan cara cuesta a veces. A los 12 años robaba bragas de los tendederos, a los 13 dinero del bolso de mis progenitores y a los 14 motos, coches y cualquier vehículo con ruedas. Creo que incluso llegué a afanar un carrito de la compra a una anciana, pero mi memoria no es demasiado clara y no estoy seguro de si fue en un sueño."


"Ayer amaneció con un día claro y despejado, realmente esplendoroso. Había quedado a las 22:30 con J y con G en el bar Almohadilla para trazar un plan maestro con el que poder entrar en el chalet del señor Tomás Fontenla, fundador y propietario de la cadena de mercerías Fontenla, aunque si la mirabas desde una distancia prudente, la casa parecía más bien el palacio del Conde-duque de Olivares. G llego con 40 minutos de retraso y con la excusa imbécil de que mientras conducía para llegar a nuestro encuentro, se le apareció el fantasma de su madre obligándole a detener el coche en doble fila y rezar cuarenta Ave Marías. Como no me gusta discutir antes de un trabajito, tragué saliva y olvidé por el momento su falta de puntualidad. Mientras cenábamos "patatas a lo pobre" y chorizos picantes, tracé un mapa de la mansión del supermercero sobre una servilleta de papel, pero cuando regresé del lavabo, contemplé estupefacto cómo J se secaba el aceite rojo y pringoso de los chorizos con él, por lo que tuve que volver a dibujar otro no sin cierto malestar pero con la esperanza de que, si el golpe nos proporcionaba los ingresos suficientes, nunca más tendría que volver a trabajar con tipos de aquel calibre, dotados de unos cerebros infrahumanos y de aspecto hediondo y repulsivo.

El plan era el siguiente: una vez G dejase fuera de servicio la alarma, J y yo entraríamos como una exhalación, reduciríamos al matrimonio y sus 2 esclavos y arramblaríamos con cualquier cosa que pudiera ser vendida y nos proporcionara buenos dividendos. Pero como siempre sucede con los mejores planes, todo salió al revés de como tenía previsto, pues nuestra entrada no fue precisamente digna de un film de Melville, sino de un sainete de Arniches. Para empezar, mientras G luchaba contra varios cables de diferentes colores con el propósito de dejar ko al timbre delator, sintió de repente unas ganas terribles de miccionar, seguramente debido al nerviosismo y a una próstata bastante débil y no nos avisó. Cuando descerrajamos la cerradura de la entrada un sonido que yo conocía bastante bien, empezó a bramar a un volumen que hubiera sido un milagro que en Estambul no la hubiera oído ningún ciudadano. Mientras maldecía mi mala suerte, sobre todo por compincharme con imbéciles como aquellos, sentí que alguien bajaba las escaleras a paso veloz y un clic que me recordó al que hace una escopeta cuando la cargas de postas. Aterrorizado, me escondí detrás de un ciprés mientras J correteaba de un lado a otro sin saber qué hacer. Cuando la puerta se abrió, puede ver una barriga oronda y bien cuidada seguida de una cabeza pequeña y sin pelo que jadeaba y sudaba mientras vociferaba a la noche que había telefoneado a la policía y que si éramos listos nos largaríamos pitando. Al oír estas advertencias, G, que todavía luchaba con la alarma, sufrió una especie de ataque de pánico y empezó a gritar como un poseso. Por su parte, J, corriendo hacia ningún lado había caído al estanque y chillaba que se ahogaba y que no sabía nadar. Y allí estaba yo, mientras la sirena y aquellos tres tipos no paraban de meter ruido, pellizcándome un ojo intentando en vano despertar de un sueño de ebrio.

Como no soy demasiado estúpido, decidí que lo mejor era una huida honrosa y salí pitando, pero como la oscuridad era casi total acabé tropezándome con algo y caí al suelo, fracturándome el peroné izquierdo por tres sitios. Al final y con un humor de perros, me levanté como pude y dado saltitos conseguí llegar hasta el coche; tuve que hacer un puente en mi propio vehículo porque las llaves estaban en el bolsillo de G, que seguía berreando como un toro enloquecido. El trayecto de vuelta fue un espanto, no podía embragar debido al dolor y me cargué el cambio de marchas. Cuando al fin llegué a mi casa, dolorido y asqueado, me tumbé en la cama y la encontré encharcada, pues mi gato Adelo III se había ciscado en ella."


"No hace ni dos semanas que salí del trullo y ya siento unos deseos irrefrenables de entrar en una casa y limpiarla de todo lo que tenga valor, incluidos animales domésticos o plantas exóticas. Tengo un par de ellas en mente. La primera es un adosado pintado de color rosa en el que viven dos lesbianas ricas que poseen la mayor colección de consoladores y vibradores del mundo, según el libro Guinnes de los records. La otra opción es incluso mejor: una casa de campo bastante aislada y permanentemente vacía de inquilinos y de enseres; por alguna extraña razón, me da un morbo inmenso robar en un lugar donde no hay nada que robar. Me considero un innovador vanguardista y ¡esto no lo ha intentado nunca nadie!"


"Me han dado un soplo que tiene muy buena pinta. Además, parece que sería un trabajo muy sencillo. Hay un tipo que guarda en una caja de zapatos debajo de la cama, un presostato de oro macizo. Aunque desconozco qué es y para qué sirve un presostato, si es de oro macizo, me interesa. Ya tengo planeado el día y el modo, sólo necesito un cómplice para que distraiga al dueño de semejante "lo que sea" mientras yo se lo birlo. He pensado en A, que se encuentra deprimido y necesita trabajar para sentirse vivo; el único problema es que es parapléjico y mudo."


"Mi casa está llena de ñoquis, unas 7 toneladas, para ser exactos. La culpa fue de S, que es algo lerdo y escuchó una conversación en la que uno de los interlocutores le decía al otro que cierto bajo comercial que servía de almacén estaba "hasta los topes de pasta". Y efectivamente, estaba hasta los topes de pasta, pero italiana. Como no me gusta ir a trabajar y volver de vacío al redil, y seguramente porque era una noche de luna llena, decidí arramblar con el contenido total de los 2 contenedores que allí encontré. Creo que tengo pasta para alimentar a las regiones de Friuli y Trentino-Alto Adigio durante 10 años. Lo que más me molesta de esta situación es que soy celiaco y ni siquiera puedo prepararme un plato de ñoquis a la amatriciana sin sufrir fuertes diarreas y molestas dermatitis."


"Mañana tengo que asistir a la convención anual de ladrones. Allí nos juntamos todos los cacos, carteristas,  mangantes, saqueadores, rateros, descuideros, timadores y atracadores del país y durante horas debatimos sobre los problemas que afectan a la profesión. Este año vamos a cambiar algunos puntos poco relevantes de los estatutos, en concreto el que valida el atraco con pasamontañas. Creemos que es más razonable que los que se dedican a esta rama de la profesión lo hagan a cara descubierta y completamente peinados, salvo los calvos, a los que se les permitirá atracar con bisoñé. Otro punto que hasta ahora provocaba conflictos se va a tratar de corregir. A partir de mayo de este mismo año, sólo se podrá atracar con revolver o cuchillo jamonero; quedan descartadas otras armas, como bates de beisbol o barras de hierro. Se trata de dignificar la actividad que nos alimenta y dotarla de cierta responsabilidad y compromiso por medio de la madurez, el conocimiento y sobre todo, la sensatez y la prudencia."


"He estado a punto de asesinar a E con un tomahawk, pues el tío lo estaba pidiendo a gritos. ¿A quién se le puede ocurrir pedir ensalada de brotes de soja, arroz frito con curry y cerdo agridulce a un chino en mitad de un atraco a una sucursal bancaria? Pues el cernícalo lo hizo; y no le dió la gana seguir con el atraco hasta que se zampó la comida. Imaginaos la escena: los cajeros, el director y los clientes, entre ellos dos monjas de avanzada edad, tirados en el suelo y P y yo esperando a que el maldito botarate acabara de tragar esa mierda. ¡Y el capullo aún se quejaba de que no le dejáramos hacer otra llamada para pedir un Haagen dazs "Caramel, biscuit and cream"! Por lo menos, el golpe salió bien, aunque en ese momento en el banco sólo tenían en depósito 1365 euros y la caja fuerte resultó inexpugnable, con lo que salimos a 455 Euros por cabeza. Un poco menos, si descontamos los gastos de la infraestructura y la comida china de E."


"Llevo unos 9 días sin fumar y aunque aún me subo por las paredes, estoy convencido de que erradicar este pernicioso vicio tendrá consecuencias favorables para el cumplimiento de mis obligaciones como ladrón. Ya estaba harto de que no se pudiera fumar en ningún comercio y era una autentica lata, mientras los desvalijaba, tener que parar cada 20 minutos para salir al exterior a fumar mi cigarrillo. Pero hay que ser consecuente con uno mismo y sobre todo cumplir las leyes y disposiciones: puedo ser un chorizo pero no un mal ciudadano. Nunca olvido que mi padre fue senador y mi madre magistrada del Tribunal Superior."


"Estoy convencido de que N es retrasado mental y D oligofrénico. ¿Cómo se puede calificar a alguien que en mitad de un trabajo se pone a practicar Pilates? Y además, sin música de fondo adecuada y relajante, pues lo único que se escuchaba era el sonido de los ladridos de varios pitbulls de una granja vecina, seguramente alertados por el ruido que hacia D mientras abría los armarios haciendo palanca con un didjeridu de bambú que descolgó de una de las paredes. Ya no queda gente competente en la profesión: la mayor parte de los tipos cualificados, o bien se han hecho travestis o han estudiado abogacía y trabajan para diferentes bufetes. Creo que debería meditar sobre mi futuro y hallar una forma de vida alternativa, quizás estudiar filosofía o psicología. Lo que está claro es que sin especialistas, la profesión peligra."