domingo, 30 de octubre de 2011

Email del 30 de Octubre de 2011

 Arnold Böcklin, "Capilla" (1898)

Hola:

PARTE TRISTE

Ni siquiera la fuerza que intento trasmitir a las diferentes partes del cuerpo detiene la apatía, el miedo y la falta de entusiasmo que me trasmiten mis ojos devorados por millones de lágrimas imperceptibles. No existe ninguna duda, el calendario se estrecha y mientras trato de prever los próximos movimientos, desatiendo las causas, las razones, los motivos. Trato de salir del trance, pero el cerebro está emponzoñado y durante ese  largo e inconexo proceso, la esperanza se desvanece. Es sumamente difícil resistir las tentaciones, pero estoy completamente seguro de que en un corto periodo de tiempo deberé tomar esa decisión ruin que alterará la vida de algunos, pero que proporcionará paz definitiva a alguien, el más desesperado, el menos confiado, el villano inocente que nunca quiso asomarse.

Los sueños sólo son gestos del subconsciente, a veces resultan aterradores y otras, no significan absolutamente nada. Mis sueños no tienen significado porque son tan oscuros que es imposible intentar comprender lo que se esconde dentro. Pero son repetitivos y sé que están poblados porque advierto movimientos. Los sueños me estrangulan; mientras aprietan, ensayo sonrisas que se prostituyen a cambio de tiempo para resultar definitivas, concluyentes y rotundas.

Las madres del mundo conciben, los hijos de la tierra mueren. Mientras esto sucede, los movimientos de rotación, traslación y precesión siguen su curso.


PARTE ALEGRE

Después de escribir las líneas anteriores me he situado al lado de una de mis Dracaenas y por unas horas he sido una planta. Todo ha ido perfectamente hasta que una hembra de pulgón, alada y bastante rolliza, se ha posado en mi brazo-hoja y ha empezado a chuparme la salvia. Debía ser de una calidad suprema porque a la media hora el insecto ha pegado un silbido y han acudido unos cuantos miles de congéneres que no han parado de chuparme hasta que la negrilla ha afeado mis seis extremidades, perjudicando la fotosíntesis y dándome el aspecto de un minero del carbón, sucio y desaseado.

Como mi experiencia como vegetal no resultó lo positiva que podía esperarse, decidí ducharme y ya completamente limpio, me convertí en una camiseta de manga larga e intenté doblarme para descansar junto al resto, pero al hacerlo, un ruido parecido al de la madera cuando se quiebra me hizo gritar de dolor, por lo que que decidí volver a comportarme como un humano. Lo primero que hice en mi renovada condición de animal racional fue limpiar el inodoro, aunque lo ensucié enseguida vomitando.

Los anos del mundo defecan, las heces de la tierra apestan. Mientras esto sucede, los movimientos de rotación, traslación y precesión maldicen el Big Bang.


Besos

sábado, 29 de octubre de 2011

Email del 29 de octubre 2011

Richard Stenhouse, "Selfportrait as a cockroach"  (2001)

Habari (Hola en suajili):

Existe un libro (y si no existe, yo lo escribiré) titulado "El masticador de correosos" en el que se relata la vida de un tipo vulgar que se pasa las 24 horas del día sodomizando dátiles, hasta que en un momento dado un dátil violento se revela y le clava un hueso en una arteria del pene, provocándole una septicemia que en un corto espacio de tiempo le lleva a la muerte. Así creo que es nuestra existencia: nos pasamos la vida desvirtuando nuestros propias emociones hasta que llega un momento en que estas, totalmente distorsionadas, conspiran a nuestras espaldas una rebelión que puede llegar a trastornar el mapa anímico de nuestro futuro. Pero como de momento no pretendo dármelas de psicólogo cristiano voy a cambiar de tema y contarte lo que me sucedió ayer cerca de las once de la noche.

Me encontraba tumbado en mi sofá favorito de tres (incomodas) plazas, pensando en la vida de las lechugas y su especial interacción con el aceite de oliva virgen, cuando de repente una cucaracha albina apareció por debajo de la puerta. Como les tengo un asco especial a esos bichos, me levanté e intente pisarla sádicamente, pero antes de que pudiera levantar el pie, el insecto se transformó en Heidi y me cantó 60 veces seguidas la canción "Abuelito dime tú" de los títulos de crédito de la serie y yo sufrí una alteración diabética que me hizo perder el conocimiento. Cuando lo recobré, enseguida supe que alguien me había forzado sexualmente pues tatuada en la piel de mi escroto podía leerse la frase "Baja calidad espermatozóica". Mientras te escribo estas líneas estoy esperando impaciente que den las nueve, hora en que abren sus puertas los analistas seminológicos, aunque también los bursátiles.

Últimamente me ha dado por bautizar a todos los cigarrillos que me fumo; este que tengo en la boca en estos momentos se llama Savanna Rose y el que me he fumado hace quince minutos Obdulio García. Desconozco la causa de mi desvarío pero lejos de incomodarme hace que me sienta mejor. ¡Incluso estoy pensando en poner nombre a las paredes! Nadie jamás se ha atrevido a bautizar a las paredes; en esto seré un precursor y si al final me da buenos resultados, pienso hacerlo con cada baldosa de gres de la casa, y me importa un pepino clorhidrótico si me tachan de loco furioso.


Bueno, corazón, creo que voy a tomarme un valium triple. Si no recibes noticias mías en un plazo de 24 horas, mándame tu próximo regalito al manicomio.


Besos

viernes, 28 de octubre de 2011

Email del 28 de octubre 2011

Angeles Santos, "Un mundo" (1929)

Hola querida terrícola:

Acabo de tener un sargasmo, es decir, un orgasmo sarcástico. Te preguntarás y no sin razón cómo se puede experimentar uno de estos. Te lo explicaré: se trata de experimentar una especie de convulsión siendo irónico y mordaz con un zopenco. Y eso es lo que me acaba de suceder. En mi escalera no abrimos a ningún repartidor de publicidad, por muy guapo o atractiva que sea. Esta mañana, cerca de las ocho, un tipo ha llamado a varias puertas con una voz etílicamente comatosa y se ha hecho pasar por el cartero. Como a esas horas no estoy de humor para idiotas le he contestado que si él era un cartero, yo era una almorrana sangrante; como era de esperar, el sujeto ha respondido improperios típicos de un yonki analfabeto con síndrome de Down y, maldiciendo a mis padres, supongo que se ha dirigido a otro patio a investigar si allí reciben con los brazos abiertos a inmundicias de su clase. Ese ha sido mi sargasmo y, si quieres que te sea completamente sincero, me ha alegrado el día, por cierto, cubierto, triste  y gris como el de ayer. Esa cosa posthumana, además de no saber leer, puesto que en la puerta hay pegado un cartel de un tamaño bastante respetable en el que explica las razones por las cuales no abrimos a ninguna clase de propaganda, ha mentido descaradamente haciéndose pasar por el verdadero cartero y todo para ensuciarnos los bonitos buzones con octavillas del Pizza Hut. ¡Si por lo menos hubieran sido de un club de alterne de alto standing!

Ahora, mientras son cerca de las diez, estoy pensando si volver a la cama para disfrutar mentalmente con imágenes de cenutrios saltando vallas en todas direcciones o ponerme las pilas y salir a verlos al natural, en su ecosistema. Me interesa aprender sobre esta clase de papanatas y sobre todo me cautiva investigar qué eslabón ocupan dentro de la cadena trófica. Si es verdad que Dios existe y creó al hombre a su imagen y semejanza, entonces me gustaría saber qué es lo primero que le pasó por la cabeza cuando contempló la cara de algunos de los primeros descendientes de Adán y Eva. Un buen número de historiadores dicen que vomitó y se sintió indispuesto durante 2011 años, pero eso sólo son suposiciones... ¡Lilith!, ¡Lilith!, ¿dónde te escondes?...

Hoy es viernes, la jornada de la semana que dedico a la autoflagelación como alivio al sufrimiento psicológico que me produce haberme reencarnado en humano y no en mero o atún. Suelo dedicar tres horas por la mañana y dos por la tarde y si quieres que te sea sincero, obra milagros en mí. A veces utilizo uno de mis muchos cilicios de colección, pero otras simplemente golpeo una puerta de canto con la cabeza mientras contengo la respiración y canto mantras mortuorios con la mente. Ya sabes, cada uno hace lo que creé que es necesario para producir calma adictiva y sosiego retraído en su propia vida.

Bien, es hora de retirarme y no se me ocurre una frase ingeniosa para acabar el mail. Podría contarte un chiste sobre penes o algo parecido, pero creo que no es un buen momento. Los penes me recuerdan a sus dueños y como una cosa invariablemente lleva a otra, acabaría volviendo a despotricar sobre mi tema preferido, ese que escojo siempre que puedo o cuando mi ilustre cabeza no puede inventar otra cosa.

Muchos besos y pocos abrazos.

jueves, 27 de octubre de 2011

Segundo email del 27 de octubre 2011

Jean Dubuffet, "Vache au nez subtile"  (1954)

Hola nuevamente:


La vida es bastante dura, eso lo sabemos todos -o quizá no todos, pues para a algunos es una maravillosa experiencia que debe ser disfrutada-, lo que no tenemos tan claro es si vale la pena vivirla despiertos o bajo la serenidad narcótica que producen los tranquilizantes. Personalmente, opino que es preferible la tortilla de patatas con Diazepam antes que un tournedó de solomillo de ternera con milhojas de patatas y cebolla caramelizada. Claro que es la opinión de un perdedor neurótico, hipocondriaco  e inadaptado, pero al mismo tiempo psicológicamente avanzado.

Las pocas veces que he intentado mantener una conversación con otras personas sin estar más o menos dopado, he sentido que era mucho más reconfortante golpearme en el estomago con un menhir que escuchar las memeces que tenían que contar y que yo no supiera de antemano. Por supuesto que he tenido el placer de conversar con gente maravillosa, culta y sensible, pero la proporción entre unos y otros es tan desigual que si lo pienso detenidamente, el asunto se vuelve preocupante. Eso jamás me ha sucedido con los animales. Todos mis diálogos con perros o gatos han sido impresionantemente satisfactorios y no ha habido ni uno sólo en el que no haya aprendido algo que hasta entonces desconocía por completo. Incluso una conversación que mantuve con una vaca mientras pastaba -la vaca, no yo-, fue muchísimo más enriquecedora que cualquiera de las miles que he mantenido hasta el día de hoy con humanos. Charlamos durante cuarenta y cinco minutos y en un momento dado me ofrecio un poco de hierba fresca que yo acepté agradecido. Cuando nos despedimos, intercambiamos direcciones y prometimos escribirnos asiduamente. Lamentablemente, nuestro prometedor intercambio epistolar nunca llegó a producirse ya que poco tiempo después fue descuartizada y su carne vendida al por menor, seguramente para que algunas familias pudieran comerse un estofado mientras, reunidas en varias mesas y con caras especialmente amables para la ocasión, se imaginaban unidas por unos instantes.

Si a estas alturas de mi vida no me fugo con otra  ternera es simplemente porque a su lado no podría pasar inadvertido, y para mí es esencial que nadie sepa mi nombre o donde vivo. Pero no te equivoques, no es una preferencia zoofílica, sino intelectual. Cuando converso con un perro, aunque no sea de raza, me siento como un árbol recién regado y eso es algo que no me sucede demasiado cuando interactúo con abogados, albañiles, pizzeros o incluso artistas, por poner algunos ejemplos rápidos. Por eso prefiero perfeccionar mi autismo y ver películas de "autor" de directores extraterrestres como Sokurov o Kieslowski, antes que someterme al tercer grado de una conversación estéril con mi primo, la tía de tu abuela, o el presidente del FMI.

El tiempo vuela y no es cuestión de desperdiciarlo con cosas que no te llenen y al lado de gente que no te enseñe o aporte algo. Hace unos cuantos años tuve una visión -que yo sepa, a parte de mi, sólo Martin Luther King o Santa Teresa de Jesús las tenían-, y fue tan reconfortante y explícita que desde ese momento lo tengo todo bastante claro.


Besazos místicos

Email del 27 de octubre 2011

Gregory Thielker, "In between" (2008)

Hola:

Normalmente suelo levantarme de la cama con un salto atlético, pero hoy lo he hecho en ocho movimientos pausados y aún así me ha costado una eternidad. La razón de ese cambio la tiene el otoño y sobre todo los días lluviosos y apagados como el de hoy. No me molesta que llueva, es necesario para que los niños se ensucien los zapatos en el barro e importante para asegurar los suministros de agua, reducir en el aire el número de partículas contaminantes y otras muchas razones que todos conocemos. En general estas jornadas lluviosas me producen sopor y aletargamiento neuronal, motriz y anal, pero algunas veces acentúan mi neurosis e hipocondría hasta niveles impredecibles y alarmantes. Te pondré un ejemplo: ahora mismo me duele el musculo interóseo dorsal del tercer metacarpio de la mano derecha. Si el día fuera soleado no le prestaría ninguna importancia y seguiría con mis obligaciones habituales, pero en un día triste y apagado como el de hoy, no puedo dejar de pensar en un posible cáncer de dedo, en el dedo que más uso y el único actualmente preparado para rascar los picores de mi piel vieja y arrugada sin producir un desgarro epidérmico de consecuencias irreparables.

Hoy es jueves, es decir, el día en que suelo salir a la calle a insultar mentalmente a las farolas de hierro forjado que hicieron ganadora de otra legislatura a nuestra alcaldesa. Las injurio mentalmente porque no quiero que me encierren en un frenopático de la seguridad social y, sobre todo, porque tengo una imagen de maduro amable que mantener a toda costa. El problema estriba en que soy totalmente incapaz de maldecir a cualquier metal y sujetar un paraguas al mismo tiempo sin sufrir una apoplejía, por lo tanto no sé de qué manera voy a gastar las cuatro horas que dedicaba a ese menester. ¿Se puede aprender a bailar el twist por internet en doscientos cuarenta minutos?


Acabo de consultar las predicciones meteorológicas para el resto de la semana y son tan deprimentes como las de hoy. Mañana lluvia débil, pasado mañana lo mismo y el domingo chubascos con posibilidad de tormentas. ¡Y yo que quería poner una lavadora el viernes! Ya no me quedan leotardos limpios, bueno sí, me queda un par, pero están agujereados y me niego en rotundo a coserlos, pues si lo hago perdería toda mi autoridad sobre ellos y eso es algo para lo que no estoy preparado de momento.

Bueno, querida, no me enrollo más, voy a intentar meditar acerca de los fenómenos atmosféricos y la manera en que estos influyen en los marujos como yo. Si me animo, igual te envío otro mail desquiciado esta tarde, justo antes de la hora que dedico a la oración y al arrepentimiento.


Besos

martes, 25 de octubre de 2011

Email del 25 de octubre 2011

Benjamin Anderson, "Liquidation" (2007)

Hi, my dear friend:


Este es mi mail mas tempranero, puesto que me acabo de levantar, eso sí, bastante animado y cantando el Kumbayá con parte de la letra en spanglish. Sinceramente, estoy convencido de que es mejor contemplar el amanecer con cara sonriente y espíritu bondadoso en lugar de cagarse en el Supremo, creador y regidor implacable de todos los futuros, pues para esto último ya hay tiempo durante el resto del día. Personalmente, prefiero maldecir a las fuerzas celestiales a partir del mediodía, que es cuando me siento un poco más fuerte y cuando creo que los insultos están más justificados. Me es indispensable interactuar con por lo menos un par de cretinos para sentir esas náuseas imposibles de reprimir que yo bautizo como cenutriofobia y que, generalmente, suelen tener consecuencias letales sobre mi caracter. En resumidas cuentas, este texto es anterior en el tiempo diario a mi suprema transformación en huraño, insociable o misántropo despreciable, así que creo que deberías valorarlo como se merece. Eso no quiere decir que vaya a estar repleto de florecillas silvestres multicolores, jilgueros cantando posados suavemente en una ramilla o cielos color turquesa, pues hasta el momento no he llegado a ese extremo de sencillez anímica, pero sí que, de alguna forma, será menos cruel con el ser humano, sus valores enfermizos y lo que estos pueden llegar a representar en una sociedad justa, libre y perfecta (¡Ja!).

De todas las palabras que alguna vez han salido de mi despiadada boca destacaría una: algolágnico. Según mi diario, este magnífico y poco usado vocablo fue escupido por mi bocaza el 17 de abril de 1981 a las 15:47 horas mientras un colega me atizaba en la cabeza con una tortuga carey disecada y yo me descuajeringaba como un autentico poseso idiota. Personalmente, creo que es un término o voz fonéticamente perfecto y animaría al personal que todavía utiliza más de cincuenta palabras en una conversación habitual, a emplearlo de una forma precisa, cabal y correcta. Al fin y al cabo todos somos algolágnicos, activos o pasivos de alguna forma, aunque el 90% no sepan lo que quiere decir la dichosa palabreja.

Después de mi anterior clase de vocabulario raro y poco usado, voy a permitirme el lujo de cambiar de tema, demostrándote al mismo tiempo la rapidez innata de mis pensamientos contemporizados y la poca credibilidad que tienen para las neurasténicas neuronas que se ufanan en fabricarlos. Como aún no he desayunado ni me he duchado, voy a hablarte sobre las ovejas y la forma correcta de acariciarlas en el bajo vientre sin herir sus sensibilidades o las de sus dueños. Pero antes, permíteme un corto mensaje comercial:

"Todos los proxenetas están de acuerdo. Utiliza el látigo Josef Mengele, confeccionado con cuero porcino de primera calidad y demuestra a tu esclava para qué sirve un macho fascista y reprimido."

¿Te has parado a pensar detenidamente en la cantidad de suciedad que hay en las calles y lo guarra y cochina que es la mayor parte de la gente? Hasta el momento había visto tirados al lado del contenedor colchones, muebles viejos, neveras desvencijadas, inodoros mugrientos, ropa ensangrentada y cosas así, pero ayer vi algo que me dejó alucinado. Al lado del cubo de basura municipal que hay en la calle contigua a la mía, había tirada una Angraecum Equitans perfecta y saludable en su pequeño tiesto de plástico. Caray, ya tiran hasta las orquídeas más raras, preciosas, caras y difíciles de conseguir. Alguien que se atreve a arrojar a un cubo de desperdicios una planta de ese calibre es alguien que no valora la belleza de los seres vivos falsamente llamados "inferiores". ¿Cómo se puede llegar a un punto de bajeza moral tan ruin y despreciable? Puedo llegar a comprender que se pueda acabar tirando al cubo de los desperdicios a una suegra o un niño que berrea demasiado, pero no estoy preparado para contemplar a un hermoso vegetal yaciendo inerte al lado de compresas hinchadas, servilletas de papel repletas de mierda verde o inmundicias semejantes. El mundo, o lo que creemos que queda de él está llegando a su fin. Puedo ver los títulos de crédito finales cada vez que salgo a la calle. Y quizá es lo mejor para todos.....

Ha llegado el momento de que vaya a relajarme mientras un montón de agua con cloro y cal cae sobre mi cuerpo perfecto en la ducha. Por cierto, un agua que nos cobran a precio de oro y que tiene una calidad ínfima y que puede llegar a lisiarnos de por vida si no la utilizamos correctamente. Yo, generalmente me ducho con un traje de neopreno, que al mismo tiempo que realza la silueta de mi oronda y magnífica barriga, protege mi piel suave y libre de impurezas de las afecciones que puede producir semejante H2O.


Besos (haz con ellos lo que te plazca)

lunes, 24 de octubre de 2011

Email del 24 de octubre 2011

Cecily Brown, "Guys and dolls" (1997)

Hola:

Hace apenas dos horas, un cura me ha silbado en la calle, parece que ahora les gustan maduritos. Mi primera reacción frente a su libido infrahumana ha sido cruzar las piernas pero al hacerlo la próstata ha vuelto a molestarme, por lo que he optado por arrancármela y tirarla a un contenedor. Mientras me alejaba del sacerdote rijoso y alborotador he observado con cierta impresión como este se acercaba a la basura y se la guardaba en un bolsillo. Al principio no le he dado demasiada importancia, pues he imaginado que sería coleccionista de próstatas, pero cuando se ha largado a trote hacia la iglesia y ha entrado en ella, he sentido una especie de intranquilidad emocional que todavía me inquieta.

Llevo todo el día pensando en la muerte y he llegado a la conclusión de que los muertos no necesitan mechero, pues los cadáveres no fuman. Es increíble el poder de razonamiento del cerebro humano cuando se exprime al máximo. Incluso el mío, bastante aburrido y apático por naturaleza puede llegar a deducciones inusitadas y de un valor filosófico sin igual cuando se lo exijo. En esos instantes de lucidez psíquica es cuando realmente le doy cierto valor a la existencia, por otra parte bastante predecible, pero de obligada experiencia. A veces me pregunto cuál es la razón por la que el cerebro se aloja en la cabeza y no en el ano, pues allí, envuelto en perfúmenes esenciales y rodeado de un esfínter vigorexico, tendría más posibilidades a la hora de razonar de una manera más productiva. Lo que está claro es que ningún órgano o apéndice importante se encuentra donde debería estar. Por cierto y hablando de zonas corporales, ¿podrías explicarme para qué diantres sirven los sobacos? Además de para criar golondrinos,  acrocordones y hacer ricos a los fabricantes de desodorantes no creo que tengan una función útil, aunque puedo equivocarme.

Te habrás dado cuenta de que este es un mail visceral y vulgar, con pequeños toques de humor tabernero y mínimas dosis de inteligencia. No me importa en absoluto. Como no me pagan por aforismo, ni por chiste, ni siquiera por palabra, puedo permitirme el lujo de escribir memeces de calibre superior al normal sin herir mi dignidad. Eso es lo bueno de ser anormal, nunca tienes que dar explicaciones a tu "yo" interior, más que nada, porque ese "yo" a ciertas alturas de la vida se debe haber mudado a otro país para escapar de la vergüenza.


Besos

domingo, 23 de octubre de 2011

Email del 23 de octubre 2011

Lucian Freud, "Nude with Leg Up (Leigh Bowery)" (1992)

Querida:


Últimamente estoy ocupadísimo en no hacer absolutamente nada y me falta tiempo para seguir haciendo lo mismo. ¡Cómo me gustaría que un día tuviera 37 horas! Podría seguir haciendo nada pero mucho más rato seguido y aprovecharía mejor la jornada. Me molesta tener que dejar de estar tumbado dejando pasar las horas para ponerme a dormir, pues dormir implica calzarse un pijama. Además, si duermo no vagueo y como ya te escribí hace algunas semanas, el único sentido que le veo a esta existencia es estar relajado y con la mente en blanco, aunque algunas veces yo la pongo en rosa. Mientras permanezco inmóvil no gasto calorías, por lo tanto no he de comer demasiado y me evito tener que hacer cola frente a la caja del Día o Mercadona. Los únicos alimentos que ingerí ayer fueron un par de migas de pan integral mostoso y un mosquito tigre que entró por error en mi boca mientras babeaba.

No te creas que siempre hago lo mismo, a veces en lugar de hacer prácticamente nada, me pongo las pilas y hago casi nada. Entonces me siento cansado y vuelvo a quedarme quieto, sin mover un sólo musculo, aunque otras veces tiro la casa por la ventana e incluso dedico algunos segundos a pensar en algo, generalmente en no hacer nada. Como verás mi vida está muy planificada y, si te he de ser sincero, no cambiaría mi modus operandi ni siquiera por un gramo de felicidad improvisada. Sé que alguna vez tendré que mover los brazos y las piernas para que no se anquilosen, pero de momento no quiero amargarme pensando en el futuro y vivo el hoy con orgullo y responsabilidad.

Incluso he reducido la ingestión de líquidos para evitar tener que desplazarme al orinal que reposa a 23 cm de mi cuerpo, por eso estoy convencido de que valorarás el esfuerzo que estoy haciendo mientras pienso estas palabras y se las dicto con voz susurrante al sin techo que he contratado para la ocasión. Se llama Jonás y, según me contó esta mañana antes de que le prohibiera decir una sola palabra, vive en la caja de cartón 4 derecha del cajero del Bankia y su perro se llama Obsolescencio, aunque generalmente y para abreviar se dirige a él voceándole con el vocablo Programado.

No sé porque te cuento esto, es posible que mi cerebro necesite interactuar de alguna forma con otros cerebros, relatándoles mis inquietudes más profundas, o igual es que me he acostumbrado a mandarte un mail diario para justificar mi paso por el planeta tierra. Sea lo que fuere, espero que no me imites, más que nada por que como tú haces todo mejor que yo, odiaría tener que pensar que incluso haciendo nada me superas. ¡Déjame ser el primero en algo!


Besos cansados

sábado, 22 de octubre de 2011

Email del 22 de octubre 2011

Gerhard Richter, "Demo" 1997

Apreciada amiga:


La ausencia de varias horas de luz natural empieza a afectarme. La melatonina segregada en grandes cantidades me deja totalmente letárgico y una especie de somnolencia narcótica inducida, que no beneficia para nada mi estado de ánimo, me impide concentrarme con la atención requerida en los asuntos que me interesan y son primordiales. Si se presentara a un concurso de compases desastrosos, seguramente saldría vencedor mi ritmo circadiano, actualmente más parecido al de un bote de kétchup que al de un ser humano. Me imagino que una gran cantidad de gente sufrirá de las mismas patologías en las estaciones de otoño e invierno y no se quejan tanto, la diferencia es que esas personas y toda la población mundial, exceptuando no muchas más de veinte, me importan bastante poco y además los mails que te escribo tratan sobre la persona que más conozco y quiero: yo. Me complace conocerte bien, pues sé que no tengo que darte excesivas explicaciones sobre esa última frase que dejaría sudorosos y escandalizados a cierto tipo de gente que pretendidamente quiere a todo el mundo, excepto a sí misma. ¿Cómo se puede querer a alguien si uno no se quiere por encima de todo? Desde luego no soy Charles Manson, pero tampoco la madre Teresa de Calcuta; soy, como la mayor parte de zombis que pululan sin rumbo por este planeta, una víctima social, no demasiado peligrosa pero potencialmente irrecuperable. No pienso como se supone debemos pensar; no creo en las cosas que nos obligan a creer, incluso no me alimento de los mismos manjares que la mayoría, pues me gusta devorar las emociones y los sentimientos de los idiotas que permiten a la involución sacar provecho de cualquier cosa. Existen tipos que se nutren de niños, ancianas, perritos y cualquier ser indefenso que se les cruce en el camino. Yo sólo ingiero imbéciles y reprimidos; como existe tal superávit de existencias en este mundo, conservo el resto congelados en un frigorífico que posee las dimensiones que yo deseo en cualquier momento. No necesito conciencia ni creo en lo moralmente correcto; mis escrúpulos están encerrados en una fortaleza de muros resistentes y ya no hay nada que me detenga. Si no asesinamos a la estulticia, esta nos poseerá como un demonio hasta el fin de los días.......


Me siento cansado de esperar algo que no sucede. No soporto las repeticiones, las reincidencias, las reanudaciones. El flagrante sinsentido sólo crea monstruos susceptibles que espontáneamente modifican las circunstancias, las desorganizan o las transforman en miedo y ofuscación simple. Los individuos portadores de dicha enfermedad contaminan a los espíritus libres y entonces comienza la pandemia. Si este es el mejor de los universos conocidos, ¿cómo serán los que todavía faltan por descubrir?


Un beso y un abrazo

viernes, 21 de octubre de 2011

Email del 21 de Octubre 2011

Martin Kippenberger, "Portrait of Paul Schreber"  (1994)

My dear:


Me duele la cabeza y ya me he tomado 4 dolalgiales sin resultado. Cada vez que cavilo me ocurre lo mismo, por lo que barajo la posibilidad de dejar de hacerlo sine die, así extirparé el dolor de un golpe y al mismo tiempo dejaré de sonrojarme con mis pensamientos, cada vez más confusos y utópicos. Tengo un amigo que se jacta continuamente de que la última vez que puso a funcionar el cerebro fue el día de su decimotercer cumpleaños, y ahora tiene cerca de los 60. También es cierto que si lo ponemos cerca de un ficus no es posible notar la diferencia, pero es algo que no le afecta lo más mínimo; él se considera un abanderado de la felicidad hecha carne y su máxima siempre ha sido "Pensar no proporciona felicidad y sí inflamación meningítica o tumores cerebrales."

A veces, cuando me encuentro aburrido o apático, siento la imperiosa necesidad de mirar mi viejo álbum de fotos, pues me encanta verme con pelo largo y raya en medio, pero siempre llega un momento en que mis ojos se niegan a seguir con el suplicio y tengo que cerrarlo, con gran disgusto para mi corteza cerebral pero con un regocijo inusitado para el sentido de la vista, que lejos de agarrarse a los tiempos pasados, prefiere leer epitafios esculpidos en lápidas de mármol. ¡Todo es tan difícil! Incluso respirar se me antoja un acto de constricción y a veces incluso me olvido de hacerlo, por eso mi piel ha pasado de la preciosa tonalidad olivácea que la caracterizaba a un azul apnea que causa pavor y desasosiego.

Te voy a contar algo que espero mantengas en secreto cósmico hasta el final de tus días: esta noche he soñado que me casaba con Doraemon, no ha sido un sueño especialmente doloroso aunque al final él se divorciaba de mí al descubrir que no soy una gatita. Mi primer impulso nada más despertarme ha sido ponerme a ronronear, pero una ráfaga fugaz de inteligencia concentrada unida a cierta sensación de hambre, sed y asco me han devuelto a la realidad. ¡Si pudiera sentir el estado de felicidad, aunque sólo fuera un instante o incluso tuviera que pagar por ella!

Acabo de liarme un cigarrillo con la súper máquina enrolladora y me niego a fumármelo, ha salido tan magnífico que pensar en pegarle fuego me produce angustia. Creo que voy a colgarlo con una chincheta en la pared y a dedicarle lo que pueda quedarme de vida. Jamás he visto algo tan bello y tan maravillosamente confeccionado y, aunque carezca de importancia, lo he fabricado yo. Ya no me siento un inútil incapaz de crear algo que no provoque, directa o indirectamente, negatividad infinitesimal. ¿Es esto lo más parecido a la dicha que experimentarán mi cuerpo y mente?


Bueno, con tres párrafos y medio es suficiente para contarte mis "ultimas noticias" directamente desde la redacción sita en algún lugar de mi bóveda craneal. Si deseas conocer los resultados de la quiniela siempre puedes conectar conmigo en la edición de las nueve.


Kisses

jueves, 20 de octubre de 2011

Email del 20 de Octubre 2011

Gustave Courbet, "Le désespéré" (1848)

Hola:


Mi psicosis de ayer ha remitido dando paso a una nube de depresión más oscura pero al mismo tiempo más relajante. Las articulaciones de los huesos hacen un ruido que se puede escuchar incluso con la música puesta a todo volumen y los bostezos continuados se han transformado en lo que Pepe Pótamo definía hace más de treinta años como "gritos hipohuracanados". Incluso mis moscas domesticas han desaparecido, no sé si por miedo a mi comportamiento desigual y taciturno o simplemente por la bajada tan radical de las temperaturas.

Sin la compañía de los dípteros que alegraban las horas zumbando alegremente y posándose en mi piel para absorber la sal mezclada con el sudor, mis horas de enclaustramiento se antojan apáticas, tediosas, indiferentes. Ni siquiera los berridos de pánico por estar vivos de la gente en la calle pueden alegrar la indescriptible macilencia de mis sentidos modificados. Acepto que existen razones para vivir y razones para morir, aunque realmente no sepamos el por qué; acepto la misantropía como forma de supervivencia o escape moral de las normas establecidas, pero no puedo asumir este incesante goteo de preguntas sin respuesta que se alojan comprimidas en mi cerebro y que hacen que los momentos de paz interior se transformen en dudas irracionales.

Me imagino que prefieres los mails humorísticos y desmadrados, pero ¿qué se puede escribir cuando, de alguna forma, uno se pregunta constantemente y de una manera letánica y cruel si la carretera que ha elegido es la indicada o si existe realmente algún camino que lleve a alguna parte? A veces pienso que todos somos nuestra propia dirección, pero no tengo más que mirar a los ojos de cualquier ser vivo para darme cuenta de que esto no es así. Todas las carreteras poseen multitud de bifurcaciones y estas, a su vez, se ramifican en una infinidad increíble y al mismo tiempo agobiante de desvíos y escisiones sin sentido. Es como una inmensa tela de araña inútil, pues no va a alimentar a ninguna boca, sólo al destino. ¿Destino? ¿Qué es el destino sino un vil juego de azar, fatalidad y contingencias? ¿Hay alguien entre los amigos que aún me puedan quedar que pueda definirlo sin sentir arcadas o remordimientos?

Mientras trato de vomitar toda la mierda que se arremolina en alguna parte de mi conciencia afectada y sumisa, no puedo dejar de escuchar una voz que entre susurros se lamenta; las palabras de Hammill cada vez tienen más sentido y se agazapan en mis entrañas:

"Mientras el cometa extiende su cola por el cielo
de ninguna manera define el trayecto que sigue,
tampoco encuentra su propia dirección.
Aunque el camino del cometa sea seguro,
no lo es su constitución,
por lo que probablemente su significado sea algo más
que el trazado de una cola
en un breve disparo a la gloria."


Todos mis mails son malos y tontos, pero este ha batido records. No me enfadaría si me dijeras que parezco un niño, ya que es la verdad convertida en dogma. En algunas personas el circulo tiende a cerrarse, en mi caso es la cuadratura, pero no me molesta, ¿cómo iba a molestarme si ya nada me importa?


Besos.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Email del 19 de Octubre 2011

Alan McDonald, "Fanman" (2006)

Hola querida:


Como sabes, he vuelto a fumar, pero como los paquetes de cigarrillos están a un precio parecido al del jamón de bellota, me he comprado una maquinita para liar tabaco de marca en tubos vacios, es decir para fabricar mis propios cilindrines y ahorrarme cerca de un 50 %. El primer cigarro me ha salido bastante raro, es más, yo diría que se asemejaba a una lombriz famélica con instinto lujurioso, pero el segundo ha sido una obra maestra de la redondez y me lo he fumado en un periquete. Por fin podré humear sin sentirme ruborizado por el gasto que representa. Como ya sabes, me gusta aspirar humo porque me siento más sexual con un pitillo en la boca y un poco de humo en los pulmones. Además, prefiero morir de un cáncer de laringe antes que por un chiste mal contado y en un momento poco adecuado.

Fumar es un placer del mismo calibre que emplumar a un banquero y desde luego extremadamente menos corrosivo desde el punto de vista ético. ¿Qué importa lo perjudicial que resulte a nuestro organismo? Actualmente, todo lo bueno deviene en enfermedad mortal, incluso lamer una juncia puede acabar con la salud de cualquiera; claro está que hay pocos sujetos que pierdan el tiempo chupando un cebollino salvaje, pero las ciperáceas existen y están para algo. Algunos como yo las lengüetean, otros se las introducen por el....

Lo que quiero decir es que en esta vida hay que hacer lo que incremente la satisfacción personal, sin miedo a enfermedades ni a disgustos morales y, por supuesto, sin sentirse un bicho raro. Hasta hace unos años me encantaba insultar a los rábanos. Sabía que estos no podían escucharme y que aunque alguno realmente avanzado lograra entenderme, su amabilidad natural le impediría contestarme. Pasé los mejores años de mi vida ultrajándolos y ofendiéndolos hasta que descubrí algo que los sustituyó como blanco de mis iras y frustraciones: la palabra "tendencias". No existe en ningún idioma, exceptuando el siamés, un vocablo tan subnormal y que defina a los que lo pronuncian de una forma tan clara como esta palabreja. Cada vez que la escucho siento unas terribles ganas de coger al sujeto que la articula y hacerle una autopsia en vida. Te desafío a que encuentres otro término más imbécil y que quiera decir tan poco con menos de diez letras.

Cada día que pasa me encuentro más cansado y cínico, de seguir así creo que voy a transmutarme en un orinal de porcelana metálica, ya sabes de esos que cuando orinas suenan a Prokokiev. De momento, las víboras que se alojan en mi cabeza tienen trabajo con la cantidad de malos rollos que les proporciona esta lúgubre existencia; cuando se acaben estos y el mundo sea un remanso de paz, virtudes y buenos propósitos, tanto los ofidios como yo emigraremos a otro planeta que esté repleto de ceporros malhumorados y acémilas desventuradas y donde introducir un puñal en el ojo de cualquier imbécil no esté tipificado como delito.


Todo me aburre y necesito bostezar a cada instante pero mi mandíbula se niega a seguirme la corriente; ayer estuve con las quijadas desencajadas durante diez minutos por culpa de una maldita rampa. Cuando estaba a punto de dirigirme a urgencias con la boca como la de un zombi de película, afortunadamente, y después de un sonido semejante al que hace una rana cuando un elefante con varices le cae encima desde un décimo piso, mi boca pudo volver a cerrarse, aunque estuve prácticamente todo el día con un ligero aunque molesto dolor de maxilares.

¿Qué puedo hacer para entretenerme sin que me cueste dinero? Ya he intentado todo: he cambiado los números de las puertas de mi finca; he dibujado penes erectos en la ropa interior de mis vecinas ancianas cuando secaba tendida en la terraza; he dado sustos de muerte a los gorriones cuando se posaban en la barandilla de mi balcón. Necesito ideas o me hundiré en la más absoluta de las miserias. Ni siquiera imaginarme a la alcaldesa de mi ciudad delgada y guapa me divierte.

Creo que voy a ponerme a jugar con soldaditos a las guerras napoleónicas, pero como no dispongo de militares de plástico o incluso de plomo, voy a sustituirlos por calcetines (ya conoces mi obsesión por esta prenda). El agujereado será el mariscal de campo y los blancos de lana con rayas rojas los oficiales. Para los soldados rasos, creo que utilizaré los de nylon o puede que los acrílicos de canalé con puño antipresión. El campo de batalla será el sofá y los cañones los tubos de Hemorrane. Si esta maldita terapia no surte efecto, buscaré consuelo sodomizando la llama que sale de mi mechero y si esto tampoco resulta, me largaré a Lourdes: dicen que el agua milagrosa que brota del manantial del mismo nombre cura hasta las psicosis más agresivas y delirantes.

Mi trastorno paranoico empieza a preocuparme, no sé si ponerme a cantar salmos inventados o tomarme un kilo de diazepan. Incluso mis manos tiemblan cuando intento expresar lo que siento, claro que es posible que el principio de Alzheimer me esté pasando factura o quizás el paso del tiempo, invariable y con el mismo compás día tras día, hora tras hora, más parecido al cántico fúnebre llamado como mi diminutivo (gorigori) que al extremo frenesí de una rumba gitana.

Estoy casi seguro de que después de leer estas líneas totalmente enajenadas e incoherentes, sentirás ciertos escozores en las gónadas, pero no te preocupes, es algo normal. No le des ninguna importancia y por supuesto ni se te ocurra pedir hora con tu ginecólogo. Si quieres pedir algo, pide una hamburguesa en un confesionario: te divertirás muchísimo más y al párroco se le teñirá la piel de la cara de un bonito color rojo "infierno" que favorece bastante a los que visten de negro (y les aporta cierta gallardía).


Besos y abrazos (XOXO)

martes, 18 de octubre de 2011

Email del 18 de Octubre 2011

Frida Kahlo, "Mi nacimiento" (1932)

Queridísima amiga y cerebro adelantado a tu época:


Aunque a veces, según las circunstancias, pueda parecer que tiene más o incluso menos, un día tiene veinticuatro horas y las administra de la misma manera que un usurero lo hace con su fortuna, es decir, roñosa pero inteligentemente. De entre todas esas horas repartidas entre luz y oscuridad  existe una que es especial, pero no por su magia o hechizo, sino porque representa el culmen de la degradación humana de camino a su destino inexorable: el renacimiento del rabo y la exaltación onomatopéyica.

El periodo comprendido entre las ocho y media a nueve de la mañana es el momento en que las madres corren henchidas de alegría con sus hijos cogidos de la mano hacia el colegio o guardería; caminan con paso veloz y radiantes de felicidad porque saben que en unos momentos se van a quitar de encima, aunque sólo sea por unas horas, a sus amados hijos, es decir los futuros descuartizadores, santos, banqueros, refugiados o avasalladores que regirán el destino de este mundo. Hasta aquí todo me parece correcto; las criaturitas tienen que prepararse para sus roles posteriores y las mamás necesitan justificar su martirio. Es justamente después de dejar a sus retoños en esos campos de concentración llamados colegios cuando empieza la degradación suprema que te comenté hace apenas unas líneas. Ese instante donde las progenitoras con pocas luces se reúnen con otras especímenes de su mismo calibre y sentadas en cualquier cafetería hablan de sus cosas: la comidita para el marido, lo guapos e inteligentes que son sus niños, la enfermedad de mamá o los picores testiculares de la mascota recientemente adoptada. Algunas llegan más lejos y tocan el tema de los amantes, lo gruesa que la tienen y lo mucho que les gusta cuando le meten la lengua de cinco kilómetros y medio en lo más profundo de la faringe. Supongo que bastantes hombres harán lo mismo y posiblemente de una manera más denigrante para el género humano, me refiero a sentarse en el bar, beber alcohol etílico, rascarse el trasero y mantener conversaciones filosóficas de un calibre indescriptible.

Si yo fuera el presidente del gobierno mi primera medida sería prohibir las reuniones de las nueve de mujeres con pocas luces y hombres hipertestosterónicos. Luego me suicidaría no sin antes haberle hecho un corte de mangas a la primera dama. Se supone que nuestro cerebro es una compleja fábrica de neuronas y no un basurero de células muertas donde todo huele. Nunca he conocido a un padre o una madre inteligente que haya dedicado ni siquiera un minuto de su existencia a charlar de gilipolleces con otro progenitor a las puertas del colegio o alrededor de una mesa repleta de cafés, bollitos y zumos de piña. Jamás.

Amiga mía, como tú no has sido madre, me imagino que después de leerme no te encontrarás en la tesitura de alabar o fustigar mis palabras, y eso realmente me complace. Ahora necesito poner en orden mis ideas, así que me despido de tí hasta mañana, o quizás hasta siempre, o hasta nunca, o vete tú a saber hasta cuándo. Me despido y punto……


Besosssss

lunes, 17 de octubre de 2011

Email del 17 de Octubre 2011

Andreas M. Wiese, "Die blaue Stadt" (1997)

Querida:


Las noches son más frescas y mi edredón espera entusiasmado salir del armario, el que no se encuentra tan eufórico ante la idea de que salga soy yo, pues prefiero mil veces darle un morreo a Mariano Rajoy antes que introducir ese diabólico trasto de plumas y plumón en la sábana o funda que lo aloja. La última vez  que lo intenté el año pasado, sufrí un traumatismo severo en lo más profundo de mi dignidad y recordar ese instante no hace ningún bien a mis nervios, actualmente bastante debilitados al pensar lo que nos espera a partir del próximo veinte de noviembre. Pero no quería contarte mis aventuras con las fundas nórdicas en este mail, sino quejarme enérgicamente sobre un tema que normalmente pasa desapercibido y que según mi opinión debería ser causa de debates en todos los medios de comunicación: las tapas de las alcantarillas y el ruido que hacen cuando pasa por encima un coche o una persona gorda. ¿Es que a estas tipejas metálicas las fabrican para no cerrar bien? Eso es lo que yo creo a propósito de las que se encuentran situadas en las cercanías de mi calle. Esta noche hasta que he cogido el sueño he contado cuatrocientos ochenta y tres golpes; como cada coche hace ruido dos veces (ruedas anteriores y posteriores) deduzco que hasta las cuatro de la madrugada han pasado doscientos cuarenta y un coches y medio; o doscientos cuarenta y un gordos y un niño de seis años obeso, con deficiencias psíquicas severas y un chupete de color azul celeste.

He llegado a tal punto de maestría en el conocimiento de los ruidos alcantarilleros que estoy en disposición de señalar sin llegar a equivocarme cuando, por poner un ejemplo, pasa por encima una anciana, su peso, el color del bolso, el tamaño del moño  y si usa o no faja. Mientras escribo esta línea, acaba de pisar la que tengo más cerca un estucador calvo, de unos cincuenta y seis años, con hernia discal y suegra diabólica. ¡Y no he tenido que mirar por la ventana! Todo intuido y con un margen de error que no llega al uno por ciento, pues no olvides que llevo viviendo en mi casa cerca de treinta años. Cuando termine mi "Estudio comprimido sobre la descompresión tras salir de la ducha" pienso ponerme a trabajar en un libro denuncia de más de 900 páginas sobre este insufrible fenómeno.

Por cierto, y cambiando de tema, ¿es verdad que ayer durante la manifestación un tipo te pellizcó el culo? Me lo ha contado el mismo pellizcador, que lleva una detallada relación de los culos pellizcados con datos como la hora, fecha o sensación táctil de cada uno de ellos; es la forma que tiene de justificar su existencia. Ya sabes, cada uno hace lo que le dejan.........


7 besos y medio

domingo, 16 de octubre de 2011

Email del 16 de Octubre 2011

Antonio Berni, "Manifestación" (1934)

Hola querida:

Me imagino que ayer te unirías a las manifestaciones diseñadas por ese grupo de soñadores llamado "los indignados" que tanto está haciendo fantasear a una pequeña parte de la sociedad. Creer en utopías no es malo, el problema se presenta cuando la solución no se materializa. Una parte de mi endurecido corazón está con ellos, pero la otra, mucho más realista y sabia, entiende que esa no es una solución factible y que, aparte de sembrar un poderío absolutamente devastador sobre la derecha caníbal, no va a cambiar las cosas ni un ápice. Los políticos que gobiernan todas las pequeñas porciones de este enrarecido mundo son realmente inteligentes (salvo el bolivariano Hugo Chávez que es subnormal) y no van a permitir un cambio de esas dimensiones de una forma tan radical y en un lapsus tan corto de tiempo, pues la mayor parte de ellos aún no han saqueado lo suficiente. Personalmente, y tú lo sabes, opino que el único cambio decisivo sólo puede conseguirse por medio de la fuerza y a un precio muy alto en cuanto a bajas humanas; y no estoy haciendo proselitismo catastrofista, simplemente barajo las posibilidades por medio de las estadísticas desde que el ser humano aprendió a subyugar a sus semejantes. Pocas veces en la historia un cambio semejante se ha producido sin víctimas inocentes, los ejemplos se pueden contar con una mano (quizás con dos manos).

Sé que mi opinión fría y perniciosa para la psique de los ingenuos puede inducir al vómito, pero no hay que olvidar que por encima de seres humanos somos animales, y hasta que se demuestre lo contrario, obraremos de una manera muy poco racional cuando estén en juego nuestras piscinas climatizadas y defenderemos estas con uñas y dientes. ¿Qué importa que un puñado de gente inteligente quiera vivir mejor? Las piscinas son los castillos de los cenutrios que gobiernan el mundo; los vasallos, el vulgo, la plebe, solo han nacido para desinfectar el agua y de vez en cuando echar un poco de cloro. Nadie puede cambiar la rueda del tiempo con ensoñaciones quiméricas o ilusiones vanas, pero si con fuerza y barricadas.

El tiempo dará la razón y pondrá las opiniones donde merezcan ser puestas. Personalmente lo único que espero es estar equivocado y que con la fuerza de la razón podamos sintetizar un espacio donde se pueda vivir en ligera armonía, sin amos ni esclavos; pero mientras los peones deban luchar por la supervivencia y los alfiles estén demasiado abstraídos por la ignorancia que brindan las posesiones, los reyes y reinas dominarán el tablero por los siglos de los siglos.

Un besazo

sábado, 15 de octubre de 2011

Email del 15 de Octubre 2011

Gustave Caillebotte, "L'éditeur" (1885)

Querida:


El protagonista de uno de los cuentos que estoy escribiendo ha salido de su historia y se ha introducido en otra matando al héroe y a algunos de los secundarios, por lo que no he tenido más remedio que tirar ambos textos a la papelera. Ahora tengo que volver a empezar, es decir, pensar un argumento, desarrollarlo mentalmente mientras me ducho o camino y luego trasladarlo a una hoja en blanco. Si hay algo que me repatea en esta vida es que un personaje se salga del papel que tenía asignado. Imagínate si la lluvia del comienzo de La Tempestad se transformara en granizo y Ariel se hiciera fontanero, ¿crees que Shakespeare hubiera llegado a ser el genial escritor que todos veneramos? Si quiero que mis narraciones no me den más dolores de cabeza tengo que hallar la manera de retener a los personajes e impedir que reine la anarquía. Hasta el momento, y después de pensarlo detenidamente, he llegado a la conclusión de que la única forma de que esto no suceda es dejar la creación literaria y hacerme costurero. Hasta el momento, no se conoce ni un sólo caso de un patrón que se haya rebelado contra su modisto y si a eso le sumamos que el oficio de corte y confección tiene una buena salida laboral, las ventajas son innumerables: por un lado no tengo que enfrentarme al horror que produce tener un folio en blanco desafiante encima de la mesa y por otro, puedo manufacturar pecherines, delantales y baberitos con mi propia marca registrada.

Llevo un montón de tiempo preguntándome cual es la razón por la cual me he metido en este durísimo mundo de relecturas y revisiones constantes, pero no he llegado a ninguna conclusión lógica. Es posible que el incesante paso de los años, además de dibujar algunas arrugas en mi ceño, haya trastocado la mayor parte de mis neuronas y estas hayan alimentado un ego insaciable y creado una especie de monstruoso esperpento que no me deja demasiadas elecciones. ¡Podría ser tan feliz esquilando corderos o castrando alces en Laponia!

¿Te imaginas como hubiera sido mi existencia si la comadrona me hubiera golpeado accidentalmente con una quijada de bisonte en la cabeza? Yo sí, y estoy convencido de que andar babeando por las calles hubiera sido un destino más acorde con mi atormentada personalidad. Además, si lo piensas, babosear es un arte, y si no estuviéramos tan carcomidos por la sociedad, incluso podríamos decir que es el verdadero y único arte. Ser estúpido es un papel que nadie quiere asumir, prefieren ser reyes, magnates, estupradores, arzobispos o senadores, pero alguien tiene que asumir ese rol y yo estoy dispuesto a aceptar el sacrificio.

Jamás visitaré a nadie que no tenga un sonajero para prestarme, y eso te incluye a ti. Si no tienes un sonajero me contentaré con dos o tres pelotitas de goma o un chupete.


Besos

jueves, 13 de octubre de 2011

Email del 13 de Octubre 2011

Edgar Degas, "La baignoire" (1886)

Holaaaa:


Mientras regresaba a casa después de mi paseo matutino, me he encontrado en una esquina a mi viejo amigo Vicente Flor y he tomado un carajillo con él. Ausonia, como lo llamamos sus íntimos, es traficante de compresas; las compra por mayor en Madrid y las envía a Ruanda donde el gobierno las distribuye entre los poblados indígenas, que fabrican con ellas figuritas tribales de celulosa que después tratan de vender a los turistas y enfermos mentales. Ausonia se encontraba realmente cabreado porque su último envio ha acabado en San Petersburgo y no ha parado ni por un momento de increpar a las fuerzas celestiales que controlan el destino y la casualidad. Cuando, cansado de la misma cháchara repetitiva, he tratado de desviar la conversación hacia temas menos higiénicos, se ha deprimido hasta un extremo en que he dudado seriamente de su cordura y he necesitado de mis increíbles dotes psicológicas para impedir que se suicidara haciendo palanca con la cucharilla de café en el globo ocular derecho. Más tarde, y ya totalmente relajado, me ha confesado que ha llegado a la conclusión de que existen tampones con síndrome bipolar y que la única forma de comerciar con ellos es disfrazando la etiqueta de venta. Aunque su disertación acerca de los productos de higiene íntima femenina ha sido reconfortante y he aprendido un montón, ha llegado un momento en que he necesitado respirar aire fresco y me he despedido de él. Dos manzanas antes de llegar a mi patio, un gato me ha mirado a los ojos y ha maullado lastimeramente por lo que no he tenido más remedio que agacharme y acariciarlo; estaba repleto de pulgas y en un estado lamentable. Por un segundo he sentido deseos de llevármelo a casa, pero, afortunadamente, se ha impuesto la lucidez y he acabado despidiéndome de él y de sus inquilinos con un gesto que me ha recordado al de un dandi con cáncer terminal de escroto. Pero me ha salido bien, pues el felino depresivo no me ha seguido sino que ha intentado venderle su pena a una gorda vestida de negro de los pies a la cabeza que salía con cara satisfecha de una frutería.

Ahora ya estoy en mi habitación, ese lugar donde ejerzo de ser supremo y dicto las leyes y donde no cumplirlas equivale a un ataque de pánico seguido de parálisis facial periférica. En mi cubículo no existen banderas, ni normas, ni por supuesto fronteras, solo quietud, paz e inactividad en fase suprema. Cuando me arrastro de un rincón a otro no tengo que escuchar ninguna voz que me exija hacer las cosas bien o de una manera humana. Aquí soy mi propio dios y dicto las leyes a mi antojo, sin importarme si soy ecuánime o subjetivo, generoso o asquerosamente indigno. Son mis preceptos y hasta las moscas que osan internarse en mis dominios tienen que cumplirlas.

No sé que mas contarte, bueno sí, ayer me comí un croissant que me recordó a Tierno Galvan, pero sería demasiado largo explicarte la razón, por lo que creo que lo más sensato es que me despida de ti hasta el próximo mail, no sin antes darte uno de mis grandes consejos: no te compres nunca un pijama en un "todo a cien".



Besazos

martes, 11 de octubre de 2011

Email del 11 de Octubre 2011

Pablo Picasso, "Les pauvres" (1903)

Hola:

Hasta hace unos meses, cuando andaba por la calle y pasaba por delante de una pareja de abuelitas o un grupo de gente que estaban parados en la acera hablando de sus cosas, la conversación siempre e invariablemente trataba sobre cánceres y enfermedades que aquejaban a un familiar o conocido de alguno de los reunidos. Ese horripilante tema ha sido sustituido por otro no menos aterrador y que es el que actualmente está en boca de todos: el dinero o la falta de este. Hasta mis conocidos más pudientes en otras épocas se dedican a lloriquear en esta; han pasado de tener 4 coches y 3 chalets a tener una moto y un adosado compartido, y eso, aunque de alguna forma les une con el vulgo, también les corroe las entrañas y les tinta el otrora bonito negro "ala de cuervo" del pelo, de un vulgar blanco sucio tipo Gandalf el gris.

Ayer me tomé un cortado en un bar que ahora pertenece a un chino, y aunque el café y la leche sabían a lo que se supone deberian saber, no así la cara de los cuatro clientes que se sentaban desperdigados en las mesas. Cada uno de ellos miraba a algún punto del cosmos traspasando incluso el techo. Ellos no lo sabían, pero escudriñaban su futuro y la negrura que se avecina. Incluso el dueño del local, asiático como ya te he comentado, se atrevió a pronunciar unas palabras que, sinceramente, creo que deberían ser publicadas como titular en todos los periódicos del país: "tolo estla muy jolilo".

Mientras espero que suceda algo (me refiero a algo como un estallido de cólera popular, que instaure una república en toda Europa mientras fusila a cierto tipo de políticos abusadores y chorizos y envía al resto a las islas Tonga, por supuesto certificados y sin derecho de vuelta), intento gastar el tiempo haciendo lo que hacen los úrsidos durante sus muchos meses de brumación: absolutamente nada. Incluso me permito el lujo de no desgastar las neuronas cerebrales por medio de una auto-lobotizacion inducida que, por lo menos en mi caso, contiene o frena los arrebatos de furia insana que hacen que cada vez que veo a un humano sienta unos deseos incontrolables de abalanzarme sobre él y meterle una Oxyuranus Scutellatus por la boca.

Ahora, mientras estoy escribiendo este mail, en demasiadas partes del mundo hay un montón de tipos que ganan dinero haciendo más pobres a los que ya las pasaban canutas. Me imagino que esos fulanos alguna vez tuvieron buenos sentimientos, por lo menos el día de su concepción biológica; quiero pensar que el transformarse en autenticos hijos de puta no fue simplemente una cuestión de poder o de gloria, sino de maldad viciosa, ruín y depravada. No soportaría la idea de que ese tipo de seres omnipotentes que quieren hundir en la miseria absoluta a las tres cuartas partes de la población mundial tuvieran como meta fundamental la posesión y el placer como única excusa.

Me imagino que tú, queridísima amiga -caray, parezco Carmen Sevilla-, estás por encima de esos impulsos autodestructivos que hemos programado para nuestro amargo futuro. Desde tu Olimpo particular puedes ver cómo se desarrolla nuestro juego e incluso apiadarte de gente como yo enviándole un dios menor en forma de sabio consejo que generalmente es rechazado con alegría y determinación.


4 besos

lunes, 10 de octubre de 2011

Email del 10 de Octubre 2011

Lucian Freud, "Leigh on a Green Sofa" (1993)

Hola:

No sé si conoces a algún hombre interesante que se depile las ingles pero no importa, no quiero hablarte sobre montes de Venus ni cortafuegos artificiales, sino del placer que experimento cuando no hago absolutamente nada. Lo he meditado cientos de veces y he llegado a la conclusión de que vaguear es uno de los sentidos fundamentales de mi existencia. No hay nada que me produzca un bienestar de cuerpo y mente tan reconstituyente como quedarme tumbado en cualquier rincón de mi castillo y dar rienda suelta a las ensoñaciones; al fin y al cabo, dejar volar la imaginación mientras la carne que rodea mis huesos se encuentra en estado de postración absoluta me libera del infierno que significa interactuar con merluzos mal rebozados y, al mismo tiempo representa una agradable justificación al hecho de sentirme un misántropo lunático.

Si pudiera volver atrás, te aseguro que lo único que cambiaría de mi auto fustigadora personalidad sería esa inaudita capacidad que poseo para sentir pena de mi mismo sin llegar a lloriquear como una niñita de nueve años. Que conste que no siento ninguna clase de placer o satisfacción comportándome como un Simón, transmutado de estilita a estilista de tercera y además ateo, pero estoy convencido de que si obrara de otro modo acabaría mis días internado en una institución mental de seguridad destinada a albergar psicóticos peligrosos o políticos sinceros.

Hace diez minutos que muevo mis manos intentando escribirte estas líneas y ya puedo sentir esa sensación hormigueante rasgueando mi estómago que me indica con una precisión brutal que es hora de detener cualquier movimiento corporal que pueda inducir a mi cerebro a creer que mi cuerpo en actividad inusitada es de utilidad pública. Necesito sentir el plomo que me inmoviliza pero que al mismo tiempo no impide que manufacture sueños falsos para regocijo de mis neuronas, en esta fase de mi vida, totalmente borrachas de cinismo y absurdez neurótica.

No sé si conoces a algún hombre interesante que se depile las ingles.........


Besos

sábado, 8 de octubre de 2011

Email del 8 de Octubre 2011

Johnson Eastman, "Writing To Father" (1863)

Querida e ilustrada amiga:

Cuando hace meses me alertaste sobre mis queísmos, al principio pensé que esa palabra designaba una variedad de queso manchego desconocido para mí y fui a Mercadona a comprarlo, pero la dependienta me explicó que estaba agotado esa semana y que en unos cuantos días volvería a recibirlo. Ahora que ya sé lo que significa, no puedo sentirme orgulloso de mi asnal uso del lenguaje escrito, pero te prometo por Charles Manson que intentaré redimirme. Siempre he pensado que una persona que día a día no intenta mejorar en cualquier aspecto de la vida, está más cerca de un kleenex que de un ser vivo, y yo, de momento, estoy convencido de que estoy vivo, pues no conozco a ninguna servilleta de papel que padezca sinusitis. Te prometo que intentaré no volver a lastimar al castellano con otra puñalada emponzoñada y que si esto sucede, será más por mi velocidad al pensar y trasladar dichos pensamientos al bloc de notas que por dejadez o vagancia. Tú me conoces, sabes que odio releer lo que escribo, pues cuando lo hago, siento repentinos deseos de abrir agujeros en las paredes con la cabeza o practicar el salto libre desde cualquier ventana. Supongo que es una cuestión de timidez, o quizá porque no confío demasiado en mi prosa y en lo que realmente quiero expresar con ella.

Escribir es uno de los placeres más desagradables que existen, si exceptuamos el que produce la sensación de provocarse un vómito respirando cerca de la faja de una alcaldesa. Desagradable, porque es realmente duro intentar plasmar lo que le pasa a uno por la "quijotera" y que no pierda demasiado al transcribirlo al papel. En ese proceso, que puede durar algunos segundos, es donde realmente te juegas todo; es un instante en el que se decide si realmente tienes aptitudes o es mejor buscar otra forma de expresión, como la danza clásica o el asesinato en masa. Personalmente, yo disfruto escribiendo, pero también alimento demonios que me asustan y que en ocasiones me incitan a recluirme en un rincón mientras gimo desesperadamente maldiciendo mi pobreza intelectual. Está claro que si me comparas con alguno de los muchos cenutrios que pululan por las calles, mi intelecto sería comparable con el de Einstein, pero por dentro sé que necesito 30 vidas más para poder llegar a ser algo en este mundo de comas, punto y comas o puntos finales.

Desde luego no voy a dejar de intentarlo aunque para ello provoque que mi úlcera se transforme en tumor; de alguna forma me siento enganchado a esta tortura, desconozco el motivo pero comprendo el significado: catarsis.

Un beso

viernes, 7 de octubre de 2011

Email del 7 de Octubre 2011

Marc Chagall, "Yo y el pueblo" (1911)

Buenos dias, querida:


La incapacidad e inutilidad del ser humano por abrirse a nuevas experiencias enriquecedoras o incluso aprender conceptos que desconocía me sigue pareciendo esclarecedora.  A una gran mayoría de animales no les disgusta aprender, aunque para ello hayan de ser recompensados con una golosina, por lo que he llegado a la conclusión de que nosotros, bípedos inteligentes, estamos más cerca de de la inutilidad absoluta que cualquier bicho que se desplace con cuatro, seis, ocho patas o incluso repte.

Hace unos días, intenté razonar con un amigo las diferencias sustanciales que existen entre un tabique nasal caucasiano y uno judío, pero se negaba a aceptarlas. Y no por el hecho de que aborreciera el tema, sino porque no quería desarrollar su mente. Según su teoría, francamente errónea, estaba convencido de que expandir su materia gris con temas que no le iban a traer ningún beneficio era contraproducente para su cerebro, para su dignidad y por encima de todo para su futuro.

Visto como está el percal humano, he decidido comunicarme exclusivamente con plantes y animales; por lo menos ellos, en su maravillosa incapacidad para hablar cualquier idioma entendible o traducible, no me producen malestar y ganas de asfixiarlos con sus propias estulticias. Puedo comunicarme con un vegetal acariciándolo, regándolo y abonándolo cuando lo necesite y silbándole cuando se contonee sinuosamente mecido por el viento. Puedo interactuar con un animal no racional dándole golpecitos amigables en el lomo o rascándole la barriga, pero no puedo hacer esto con un ser humano porque me golpearía en la quijada o me denunciaría a las autoridades competentes por lascivia u obscenidad.

Llegados a este punto, no me queda más remedio que excluirme de la sociedad y abrir unas oficinas de ayuda para inadaptados sociales donde, por medio de gruñidos y onomatopeyas, pueda ayudarlos a quitarse definitivamente esa maldita  costumbre llamada "razonamiento conceptual" que tanto daño está haciendo al planeta. Estoy convencido de que por medio de berridos, rebuznos y ululaciones podemos vivir en nuestro pequeño gueto exclusivo etiquetado como "asocial" por quienes creen poseen un motor que hace rodar al mundo y que resulta necesario para que este se mueva (¿hacia delante?).

Hace apenas media hora me he asomado a la ventana y he piado; no ha pasado ni un minuto hasta que un mirlo se ha posado en la ventana contigua a la mía y me ha contestado. No necesito el anillo del Rey Salomón para mantener una conversación pseudointelectual con los animales, un diálogo serio y que me llene por dentro, una charla amena repleta de instinto (¿para qué diantres sirve la inteligencia?), sabiduría y educación.


Un abrazo y dos besos

jueves, 6 de octubre de 2011

Email del 6 de Octubre 2011

Kasimir Malevich, "Cuadrado negro" (1913)

Hola querida:


Un día tiene 24 horas que son 1440 minutos, es decir 86400 segundos. En un mes de 30 días habremos consumido 2.592.000 segundos y en un año 31.104.000.  Yo en estos momentos tengo 49 años y 266 días, lo cual es lo mismo que decir que tengo 18.162 días, osea, 1.089.720 minutos o lo que es lo mismo, 65.383.200 de segundos de vida. Pues bien, en estos 65.383.200 segundos pasados de mi vida, no ha habido prácticamente ni uno en que no haya esperado que sucediera algo, cualquier cosa.
Las dos últimas palabras de la frase anterior son mis preferidas de las cerca de 300.000 que tiene el idioma castellano. Cualquier cosa significa, "todo", pero todo, por lo menos para mí no es suficiente. Necesito más, o por lo menos un poco ese todo inexistente.

Si quisiese menos de lo que realmente sé que quiero, no podría ser un amante y seguidor de cualquier cosa, por el contrarío, si obtuviese más de lo que necesito estaría poniendo las cosas muy feas, puesto que cada vez necesitaría más y llegaría un punto en que cualquier cosa ya no significaría nada, porque tendría todo. LLegados a este punto, creo que debería conformarme con obtener lo que la casualidad quiera darme, hasta el momento en que escribo estas líneas, muy muy poco, aunque podría ser demasiado para otros.

Me gustaría que alguien, cualquiera, inventase un MUN (medidor universal para la necesidad). Es casi seguro que el nivel que marcaría el aparatito en mi persona sería suficiente para quemarlo. Entonces otro "alguien cualquiera" tendría que diseñar y fabricar otro mucho más sensible y con un número ilimitado de dígitos y una apariencia cuidada y futurista. Pero entonces yo, con ese peculiar espíritu de contradicción con que la naturaleza me ha obsequiado, lo rechazaría, o por lo menos me negaría a utilizarlo.

Mientras tanto, los segundos pasan incesantemente y yo sigo esperando algo que nunca llegará, quizá porque no existe o porque esta es la forma que tengo de justificar la existencia: desear algo indeseable, invisible, intangible, incongruente o en una sola palabra, inútil.

Es curioso, he necesitado un montón de líneas para definir algo que podría haber sido escrito en una sóla palabra; a veces me complico demasiado y mis razonamientos tienden a ser insufribles, con una mezcla de vanidad y desasosiego. Esa palabra, por supuesto, tú la conoces, y aunque sintácticamente es fea y desagradable su significado, por lo menos para mí, es aplicable, y en cierto modo la venero: anhedonia.



Besos

miércoles, 5 de octubre de 2011

Email del 5 de Octubre 2011

Hieronymus Bosch, "La nave de los locos" (1490-1500)

Creo que voy a presentarme al Libro Guinnes de los records en la categoría de Hipnosis, pues la domino completamente y creo que no tengo rival. El año pasado ganó un tipo de Cracovia que cuando se lo proponía hacia que ciertos humanos se olvidaran de ponerse los calcetines. Mi poder es superior, sólo con un pequeño esfuerzo soy capaz de hacer que un langostino congelado cante "My way" en re menor y sin acompañamiento. Mis días de charlatán se han terminado, pienso cambiar al mundo por medio del poder de la mente y la concentración. Esta mañana he intentado que la dentadura postiza de mi corsetero habitual saliera de su boca y se introdujera en la de su mujer; el experimento no me ha salido como yo esperaba pues a su parienta la han tenido que ingresar presa de un ataque de nervios y Manuel, el corsetero, me hecho pagarle todos los atrasos que eran muchos, después de felicitarme efusivamente, eso sí. Pero mi moral no ha decaído ni por un instante. Esta tarde, después de ver el documental de la 2 pienso hacer que nuestra alcaldesa traspase sus poderes a un gato callejero y ella se fugue con un rastafari.

Muchos me llaman gamberro sin escrúpulos o desficioso paranoico, pero no es más que envidia. ¿A cuántos les gustaría poder hacer la mitad de las cosas que yo hago con la fuerza del cerebro, ese aliado menospreciado que la mayor parte de gente usa para decidir si se toma un café o un carajillo?. Ya estoy harto de las conversaciones estériles, estoy cansado de escuchar patrañas de zoquetes que no saben ni siquiera deletrear la palabra "Octangolonoplasentaiconósico" sin sufrir un ataque de histeria. Pienso pintar el universo con colores y hacer que la idiotez congénita se mude a otra galaxia.

Es posible que pienses que me meto donde no me llaman, pero es necesario que los moradores bípedos de este sufrido planeta cambien antes de que nos vuelva a salir rabo y empecemos a roznar. ¿No te entra un desasosiego alarmante cuando ves de lo que son capaces algunos estamentos sociales para evitar que se les acabe el chollo? Vamos a ponernos duros y a transformar la ignorancia cerril en algo que pueda servir a la humanidad, por ejemplo patatas, arroz, avena o sorgo. Es más necesario un grano de trigo que un idiota baboso, además de increíblemente más nutritivo.

Mientras te escribo estas líneas estoy escuchando música del futuro, pero el futuro sólo es factible si nos lo proponemos los que soñamos en utopías o quimeras. Para acabar, te transcribo una frase estupenda que se le ocurrió a una ardilla mientras talaban su árbol: ¡¡¡ Hay que joderse!!!



Besos

lunes, 3 de octubre de 2011

Segundo email del 3 de Octubre 2011

George Grosz, "Alemania, cuento de invierno" (1917)

Si Angela Merkel fuera un poco más guapa y su cuerpo estuviera más compensado llegaría a parecerse a una orangutana exuberante; de momento, y mientras no se someta a 42 operaciones de estética, se asemeja más a una pelota de baloncesto con faja que a una mujer rechoncha y con opiniones dignas de un marsupial, que es la imagen que ella cree que proyecta a Europa. A veces, he llegado a pensar que es hermana de cierta alcaldesa de cierta provincia española que linda con el mediterráneo, ese mar tan sufrido en ladrillazos y orines infectos que en otras épocas fue la base y el motor de la verdadera economía.

Puestos a mejorar su imagen, imaginémosla con un gran bigote estilo Adolf y unos bonitos ojos a la Reichskanzler. Tratemos de cambiar su barriga amenazadora y sustituyámosla por una del estilo de la de Cristóbal Montoro, y su gran trasero cucurbitáceo, por uno que al sentarse en los cómodos sillones del parlamento europeo no deslice parte de sus fofas carnes hacia el suelo de mármol. Para acabar, estaría bien reducir la talla de sus pezuñas, perdón, pies, de la 54 a la 33, que es totalmente femenina. ¿Qué es lo que tendríamos después del cambio? Al Yeti deshumanizado, pero de todas formas la señora saldría favorecida con la transformación. Incluso su marido (si es que lo tiene) agradecería no tener que decir "te quiero" a esa osa cuaternaria sin sentir arcadas y descomposición estomacal.

Y ella, actualmente es la jefa de nuestro sufrido continente, con la ayuda de ese otro impresentable llamado Nicolás Paul Stéphane Sarkozy; ambos hacen y deshacen, toman o dejan; entre los dos suman un ego del tamaño de Ganimedes y, entre los dos y con la ayudita de unos cuantos colegas de diferentes países, tratan de que nos quedemos en la ruina y nos dediquemos a cazar ciervos para podernos alimentar. ¡Y lo están consiguiendo! Sólo es cuestión de que sus alianzas con los usureros de las diferentes bancas nacionales den su fruto. Quieren repartirse el sucio papel de los beneficios, a costa de un montón de esclavizados atemorizados y parados que no tienen el valor para unirse, salir a la calle y poner a cada aprendiz de político donde se merece: en el contenedor de la basura y los desperdicios.

Sinceramente, amiga mía, esto no tiene solución; la solución es una cuestión del pueblo, pero el pueblo está tan ocupado haciendo cábalas para conseguir llegar a fin de mes que no ve la que se avecina. Es como la sardina que se muerde la cola o la ameba que se muerde lo que puede. Si todos los ciudadanos que clamamos al viento ante tanta injusticia dejáramos de salpicar con nuestra saliva al aire y nos dedicáramos a leerles la cartilla a esos ineptos, seguramente las cosas cambiarían. Pero como sabes, no tengo fe en el ser humano y, hoy por hoy, la suerte está echada.

Email del 3 de Octubre 2011

George Grosz, "Eclipse de sol"  (1929)

Querida camarada, además de amiga:


Como ya estamos casi en fechas pre-campaña electoral los políticos empiezan a prometer más que un yonki y con idénticos futuros resultados. Todos sabemos que el oficio de político está a la altura del de puta o gigoló pero tiene mucho menos morbo, por lo menos para el cliente, en este caso votante. Depositar la confianza en las urnas votando a cualquiera de los políticos sinvergüenzas y sin moral que pululan a ambos lados del espectro izquierda-derecha es como introducirse una cucaracha por la oreja: un sinsentido y una imbecilidad. Pero no hay más remedio que decantarse por unos u otros; sabemos que ambos lo van a hacer fatal, más que nada porque lo único que realmente les interesa es salir bien en las fotos y arramblar con lo que puedan. Desde luego, puestos a mangar la derecha tiene más arte, pues ha estado muchos más años haciéndolo y por supuesto tienen más práctica, pero la izquierda ha demostrado que tiene aptitudes.

A veces, cuando miro al futuro inmediato y me veo otra vez machacado por los acólitos del señor Rajoy y compañía siento unos sudores fríos y unas repentinas ganas de exiliarme en Madagascar. Y de hecho lo haría si pudiera pagarme el billete, pero lamentablemente lo que tengo en el banco sólo me da para desplazarme a Valladolid y, si me estiro un poco, a Palencia o León. ¿Qué se puede hacer cuando la coyuntura amenaza con la debacle total en manos de esa panda de memos con ideas dignas del medioevo? La respuesta en mi caso es clara: suicidio. He estado diseñando algunas formas de auto eutanasia sin dolor y he llegado a la conclusión de que las mejores, por orden de facilidad para llevarlas a cabo, son:

1) Esnifar una víbora.
2) Lamer los calcetines de mi amigo José Manuel.
3) Escuchar un par de chistes de ese horrible cómico llamado Leo Harlem.
4) Acostarse con Carmen de Mairena.
5) Prepararse y comer una crema de adelfas.

Las formas 2 y 4, aunque son más factibles las descarto totalmente. Puedo ser un suicida pero no un masoquista. La opción de la víbora me entusiasma pero como tengo sinusitis aguda no me queda más remedio que eliminarla. ¿Qué me queda? Escuchar a Leo Harlem o la crema de adelfas. Entre ambas opciones, considero que la crema de adelfas es la más realizable pues no sólo acabará conmigo en un plazo de dos horas sino que además me reducirá los niveles de colesterol.

Volviendo al tema que nos interesa, si como proclaman las encuestas nos esperan una o dos legislaturas martirizados por el partido de la gaviota antropófaga, lo mejor es la resignación y la lucha mental. Por supuesto, esta última solo pueden llevarla a cabo seres increíbles del calibre del que escribe estas líneas. Tú ya conoces mi poder mental pues lo sufriste en tus propias carnes, cuando por medio de la concentración hice que tu tampax saliera a toda pastilla del lugar donde se suelen llevar y golpeara en la cara a un guardaespaldas de nuestra amada alcaldesa, proporcionando un sano divertimento a la gente que pasaba por la calle. Por lo tanto sabes que este método de lucha es posible  y además lícito. Propongo que creemos escuelas mentales exclusivas para rojazos que quieren y necesitan ver y disfrutar del fin de esta derecha que repleta de infrahumanos va a regir los pasos de este país, que por culpa de unos y otros se acerca al desmoronamiento total.


Un besazo muy grande.

domingo, 2 de octubre de 2011

Email del 2 de Octubre 2011

Martin Johnson Heade, "Passion Flowers and Hummingbirds" (1870-83)



Hola querida:


Hoy me he despertado sobresaltado y con un cabreo del copón; la culpa la tiene un gorrión que se aloja a pocos metros de mi ventana y que seguramente es insomne pues a las seis de la mañana ya estaba piando como un poseso. Tras lavarme la cara y las orejas intenté localizar, sin resultado, el nido del ave con genes de gallo, así que me he decidido a denunciarlo a la policía nacional. El sargento primero de guardia me ha explicado amablemente que era poco factible que la denuncia pudiese llegar a buen término si no les facilitaba la dirección de correos del pájaro, pero que intentarían ponerse en contacto con él y conminarle a que respetase las normas básicas de convivencia. Así que no he tenido más remedio que volver a casa con la moral en la bragueta y dedicarme a limpiar la cocina y el baño una vez he podido distinguirlos. Para el wc he utilizado un producto que robé el viernes en Mercadona y para la cocina un desinfectante de marca muy conocida que me recomendó mi psicólogo.

Como he acabado con la limpieza antes de lo que creía, me dispongo a contarte los últimos pensamientos y reflexiones que me pasan por la cabeza y que hacen que ésta se incline hacia la derecha cuando bostezo. Si me atrevo a comentarte mis deducciones filosóficas es porque sé que intentarás comprenderlas sin gemir para tus adentros ni pensar que soy un loco desquiciado.

El ser humano es básicamente bueno, por lo menos eso es lo que nos han metido en la sesera desde que empezamos a razonar justo en la misma época en la que luchábamos sin descanso contra el acné, pero si todos nacemos sin maldad ¿por qué algunas personas se divierten descuartizando a sus semejantes? Las razones de esta conducta incívica no son fáciles de dilucidar, personalmente creo que es debida a los gases intestinales, pero hasta el momento ningún reputado psiquiatra me ha dado la razón. Pongamos por ejemplo a Hipólito Gazmuña, el célebre asesino de abogados. Este tipo mató, troceó y se comió a 18 abogados en 24 horas. Cuando lo detuvieron, pidió por favor que le concedieran unas horas más pues su número de la suerte era el 19. Cuando la guardia civil se negó en redondo a aceptar su petición, Hipólito se puso a bailar una rumba en el pasillo de las dependencias y se rompió una muñeca con las esposas. Hoy en día este fulano sigue en prisión, se ha reformado y ha estudiado abogacía y nutrición. Hasta la fecha sigue echándole las culpas a los flatos, sobre todo a los que se alojan cerca del hígado, pero nadie cree que esta fuera la causa de su psicótico comportamiento.

¿Te acuerdas de Lucrecio Banderas? El asesino de las almorranas, como así lo llamaban, se hizo famoso porque sólo mataba a personas que padecieran hemorroides, por lo que para encontrar posibles víctimas tenía que ir bajando los pantalones y las prendas interiores a todo ser viviente que pasar junto a él. ¿Y quién no recuerda el caso de Hanibal Esparta, que coleccionaba las verrugas de sus víctimas y las etiquetaba por tamaños o colores?

Podría seguir intentando racionalizar el comportamiento psicótico humano, sus generalidades más comunes y sus posibles consecuencias para el bienestar social, incluso podría darte el número de teléfono de algún majara, pero acabo de recordar que hoy es domingo, esa fecha señalada en el calendario para descansar, y eso es lo que me dispongo a hacer. Te pido perdón por las imbecilidades de este mail, pero la culpa no es mía, sino de cierto gorrión tenor que me ha jorobado parte del día.


Besos