viernes, 30 de septiembre de 2011

Email del 30 de Septiembre 2011

Otto Dix, "El vendedor de fósforos" (1920)

Querida:

Me han ofrecido un trabajo de susurrador de centollos y no sé si debería aceptarlo. Aunque de todos es conocida la claridad y perfecta vocalización de mi laringe, no estoy convencido de que sea un curro con futuro. Aunque a decir verdad, y tal como está hoy en día la coyuntura laboral, me pregunto si aparte del oficio de enterrador o chapero existe alguno que tenga porvenir. Por una parte, me excita musitar palabras de aliento en la oreja de un crustáceo, pero por otra, no creo que ningún cangrejo, por grande que sea, merezca tal suplicio. Y menos si el bisbiseo es para convencerlo de que se deje freír en una caldera de agua hirviendo.

Como te conozco más que tu madre y tu ginecólogo juntos, estoy seguro de que para ti es mejor un trabajo deshonesto antes que uno inexistente; es preferible poder pagar las facturas con dinero ganado penosamente antes que dedicarse a atracar ancianas en la calle, más que nada porque las abuelas no llevan más que rosarios y escapularios en el bolso y, hoy por hoy, no existe una casa de empeños que te pague más de 1.50 euros por uno, por muy antiguo que sea o exquisitamente trabajado que esté.

Imagínate por un momento que de repente la crisis desaparece y hay siete millones de puestos de trabajo vacantes; cada uno de nosotros puede elegir entre un sinfín de profesiones, aunque nadie esté demasiado cualificado para ejercerlas. ¿Qué profesión elegirías tú? Después de meditar semejante imbecilidad he llegado a la conclusión de que donde mejor destacarían mis dotes musicales y mi innata actitud abierta y conductual sería trabajando como afinador de birimbaos con lengüeta de acero.

Pero dejemos por un momento de soñar despiertos; estamos en crisis y ésta ha venido para quedarse durante un par de décadas. ¿Cuál es la solución para poder comer alubias un par de veces a la semana sin tener que robarlas en el mercado central? La respuesta es realmente difícil, incluso creo que cualquier tipo con dos dedos de frente preferiría emplumarse con brea antes de tener que contestarla. Personalmente, creo que la única solución factible es el auto-envenenamiento con sosa cáustica, pues hasta que algún valiente opine lo contrario, la muerte te exime de complicaciones y sobre todo de facturas indeseadas.

No recuerdo en estos momentos qué filósofo escribió que la vida era semejante a acostarte con una puta desdentada; aunque la cita me parece un poco denigrante para las prostitutas sin dientes, creo que en el fondo es correcta y esencialmente sincera. Poco importa la dignidad o el pundonor cuando constantemente uno se pregunta: ¿y mañana qué?


Un besazo sifilítico

jueves, 29 de septiembre de 2011

Email del 29 de Septiembre 2011

Eugène Delacroix, "La liberté guidant le peuple" (1830)

Querida amiga, colega y compañera:


Hace aproximadamente 10 años que no sigo a ningún sacerdote. Ya sabes que no soy un detective privado ni nada de eso, pero antes me encantaba hacerlo y no te puedes llegar a imaginar las cosas que pude ver y oír. Podría fácilmente redactarlas en dos voluminosos libros que se deberían titular: "Sotana y condominio" y "Sotana y condominio II (El regreso). El primero de estos dos volúmenes estaría dedicado a los bienes materiales, que por cierto no son pocos, y a la absoluta falta de fe que profesa un tanto por ciento bastante elevado de ese gremio; el segundo sería más libidinoso y estaría constituido por las apetencias sexuales, bastante depravadas, de estos "santos" de la espiritualidad en cuando se quitan el alzacuellos.

Tu sabes lo que pienso de los tipos que generalizan; conoces mis sentimientos hacia ellos y siempre has estado de acuerdo en que son lo más ruin y obtuso que existe. Por eso quiero que trates mis próximas palabras desde el punto de vista de alguien que no generaliza pero al que le gustaría ver a todos los salvadores de almas a una distancia de 8000 km de él. Está claro que también me gustaría que los reyes, príncipes, condes, archiduques y todo ese berenjenal de títulos conquistados en épocas oscuras ni siquiera vivieran en el continente que habito yo. Estoy completamente seguro de que ambos, religiones y monarquías, tienen sus horas contadas; es casi seguro que mis ojos no verán sus necesarias caídas: todavía creo en la humanidad y en la gente inteligente. No hace falta andar ni diez metros para saber que la mayoría piensan así; por supuesto cenutrios meapilas hay en todos los lados y, como no tienen muy claro su papel en esta sociedad -que debería ir hacia adelante y no parecerse al contoneo sensual de una cangreja sifilítica-, prefieren que la Historia no avance, pues si lo hiciera, ellos deberían volver al liquido amniótico, por otra parte, la piscina de la que nunca debieron dejarles salir.

A veces,  cuando oigo hablar a algunos políticos retrógrados y mentirosos -y no sé por qué digo "oigo" pues a algunos me es imposible entenderlos, bien porque cecean o bien porque hablan como si hubieran prestado el hipotálamo a la ciencia-, siento pena. Esa pena se transmuta en berrinche cuando alguien me recuerda que en pleno siglo XXI aún existen  más de 10 familias reales en Europa. Pero ese berrinche no es comparable con la sensación que experimento cuando leo (y parece ser que esto ocurre todos los días) que un pedazo de carne eclesiástica ha violado a un niño de 4 años y que el Papa sentado plácidamente en su poltrona mira hacia otro lado, seguramente hacia el canal celestial en la tv más cercana a su despacho.

¿Por qué permitimos que suceda esto? ¿Es necesario que sigamos comportándonos como viejos masoquistas delante de los que pretendidamente manejan el "garrote" del poder? Si la mayor parte de seres humanos que habitan este continente somos laicos y antimonárquicos, ¿por qué no podemos salir a la calle y exigir nuestros derechos, que por otra parte son fundamentales, sin recibir hostias o citaciones del juzgado? ¿dónde queda nuestra libertad personal, ese utópico derecho con el que se supone que nacemos?

Francamente, para algunos puede que este mundo sea el mejor de los mundos posibles, pero es un pensamiento estúpido, pues no conocen ningún otro. Lo único que a mí se me antoja cuando veo crecer en las calles el magma de la sumisión es que no debe existir mucha diferencia entre nuestro siglo y la oscuridad de la época medieval, y esto, además de un hecho comprobable, es una desgracia reprobable.


Siento haberme puesto tan serio


Besos

lunes, 26 de septiembre de 2011

Email del 26 de Septiembre 2011

Van Gogh, "Starry night" (1881)

Querida amiga (en lo bueno y en lo malo):

Al final voy a tener que creer en las apariciones marianas, pues esta noche se me ha aparecido en sueños Mariano Riojales, ya sabes, el kiosquero del barrio. Me traía el periódico Público, 5 chicles sueltos  y un helado de chocolate, que es lo que yo suelo comprar. Todos sabemos que los sueños no son más que representaciones absurdas fabricadas por el subconsciente, pero este era diferente, pues Mariano iba vestido de Heliconia Rhizomes y hablaba en tailandés. Como mi capacidad para los idiomas complicados es prácticamente nula, no entendía ni una sola palabra. Afortunadamente el sueño venia subtitulado y eso facilitó bastante la comprensión, aunque había algunos pequeños errores sintácticos, como por ejemplo confundir "Anagnórisis" con "Hipófisis" o "Tumefacción" con "Morcilla de arroz". Después de exigirme que le pagara en baths tailandeses, con lo cual tuve que desplazarme en calzoncillos a un banco para que me cambiaran los euros, el sueño se terminó. Al despertarme, y mientras recapacitaba sobre la completa irracionalidad de la fase Rem, reparé en que dentro de la leñera había leña y sobre la chaise-longue una avutarda disecada; el problema es que yo nunca he tenido leñera ni chaise-longue así que intuí que estaba en otro sueño. Esta vez, por suerte era uno lujoso y repleto de ostentación. La mayoría de muebles eran de aspecto fastuoso y toda la estancia estaba limpia e inmaculada. Mientras recorría las habitaciones, de repente surgió de la nada un tipo que medía 143 cm y me preguntó si me importaría que me mordiese los testículos, pues le apetecía mucho. Anonadado, le contesté que sí me importaría, aunque si me pagaba 3000 euros igual me lo pensaba. En ese momento salí definitivamente del doble sueño; estoy seguro de ello porque sobreimpresas en las ultimas imágenes se podía leer la frase: "USTED ESTÁ ABANDONANDO EL SUEÑO, POR FAVOR NO SE OLVIDE EL PELUQUÍN ".

¿Crees que estoy para que me encierren? ¿Debería asaltar un frenopático y atrincherarme? La verdad es que estoy muy preocupado, hasta mi cutis suave y luminoso, hoy está grisáceo y áspero como el culo de un orangután. A veces pienso que llega mi fin, que estas visiones no son más que el cortometraje del principio y que cuando empiece la película ya seré un fiambre tirado en la mesa ventilada y con elevación automática del forense; y todavía no estoy preparado para visitar los campos de amapolas que dicen tapizan el suelo del cielo. Necesito un poco de tiempo, cincuenta años más. Un montón de banqueros dependen de mí y no puedo dejarlos tirados.

Amiga, tú siempre me has comprendido, incluso cuando he rozado la demencia suprema, como aquel día que te supliqué de rodillas que te casaras con un pollo de Mercadona. Necesito que me escribas y me des tu bendición, ya sabes que así me tranquilizo (por unas horas).


Besos y abrazos.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Email del 22 de Septiembre 2011

El Greco, "El entierro del Conde de Orgaz" (1586-88)

Querida amiga y mártir confesional:


Nunca he hecho testamento. Tampoco creo que lo haga en un futuro, pues no tengo demasiadas cosas valiosas para legar ni hijos que puedan pelearse y romper relaciones por mis pertenencias. Lo que si tengo, y además es una buena colección, son facturas impagadas, las cuales donaré como penitencia a ese partido integrado por desesperados e inútiles con ganas de gobernar y sin programa válido llamado PP. Creo que todos los "rojos" o de pensamiento progresista deberíamos hacer lo mismo; para algo deberían servir estos últimos años infames repletos de voces ceceantes y barbas mucilaginosas insertadas a fuerza de odio y rencor en ciertas cadenas de tv hiper-conservadoras y en un número realmente abundante de periodicuchos neofascistas.

Puestos a imaginar, y dado que siempre me ha sobrado ingenio y creatividad, voy a tratar de "diseñar" un hipotético testamento sin valor más allá de las puertas exteriores de mi habitación. Allá voy:


Yo, GREGORY PEZ, español, DNI nº 19.249.???, domiciliado en la calle Tercera República, de la ciudad de Valencia, identidad que acredito ante el escribano público EUSTAQUIO FLORES SILVESTRES, deseando testar en forma ológrafa, DECLARO:


I - Que nacido el día 14 , del mes de ENERO de 1962 , soy hijo de la señora MC y el señor GL casado en algún lugar, nupcias inexistentes e hijos sin engendrar.

II - Que siendo vecino de la localidad mencionada anteriormente, declaro que poseo los siguientes bienes:

a) Una casa-habitación, donde resido, con los muebles de aglomerado chapado que la adornan.
b) Un par de guitarras acústicas de marcas de prestigio y cubiertas de polvo y suciedad.
c) Una colección de cilicios de diferentes épocas que están guardados en la Caja de Seguridad del Banco BANKIA, sucursal 32, que lleva el número 25.492,  y una de cuyas llaves se encuentra en mi Caja de latón fundido y patinado.
d) Una colección de facturas devueltas impresas en papeles de calidades diferentes y colores dispares.
e) Una extensísima colección de CDs y DVDs que harían felices a cualquier clase de persona totalmente infeliz.
f) Una colección de ansiolíticos y antidepresivos suficiente para dopar a la población de Calcuta durante 10 años.
g) Un baberito color rosa y varios pecherines de ganchillo.
h) Un triciclo robado trabajosamente a un infeliz mocoso cuyos progenitores me resultan odiosos.
i) 263 plantas crasas y 25 de interior.
j) Un ventilador marca Selecline modelo Freshair cromado y con 3 velocidades.
k) Multitud de libros en rustica o cartoné, preferentemente de filosofía.
l) Unas bragas que pertenecieron a Marilyn Monroe, compradas en una subasta en Sotheby's en 1987.

III.- Que no adeudo suma alguna a nadie con excepción de las deudas que figuran en el voluminoso Libro Inventario, ya mencionado.

IV- Que instituyo a mis amigas y amantes como únicas y universales herederas.

V- Que lego la colección de cilicios antiguos mencionada en el punto c) del título II, a la Sociedad Española de Cacofonías Coaxiales, para que la venda en pública subasta y con el producto de dichos fondos cree una fundación destinada a la formación y capacitación de estudiantes universitarios en la disciplina cacofónica. La fundación deberá llevar el nombre que elija la Asociación legataria en Asamblea General de Asociadas, no pudiendo denominarse con mi nombre en ningún caso. En caso de que la Asociación no cumpla con el deber de crear la fundación, el presente legado será revocado y el mismo pasará a engrosar el acervo hereditario a repartir entre mis herederas.

VI- Es mi deseo, que al fallecer se me entierre en el Cementerio del satélite natural de Ío (Júpiter), en la bóveda construida a tal efecto, prohibiéndose en mi velatorio el envío de flores y sepultándoseme con mi pijama de ositos verdes.

VII- Que nombro albacea a un ser inexistente, domiciliado en ninguna calle de ninguna ciudad del planeta Tierra para que se cumplan mis disposiciones de última voluntad.

VIII- Revoco todo otro testamento que hubiere hecho antes de ahora, debiendo prevalecer estas disposiciones, que son la expresión de mi última voluntad. Y no teniendo más que disponer firmo este testamento, escrito en mi PC portátil marca Sony Vaio el 22 del mes de septiembre del 2011, en la ciudad de Valencia;


Gregory Pez


Espero que el día en se lean mis últimas voluntades sea un miércoles; adoro ese día de la semana, seguramente porque fue un miércoles la fecha en que aprendí a pelar cigalas con tenedor, causando el asombro y la admiración de la persona que me enseñó dicho arte.

Sería de agradecer que después de las exequias mi padre bailara un Gopak o baile tradicional cosaco y mis enemigos se sometieran voluntariamente a una electroconvulsoterapia (ECT) en un hospital de la Seguridad Social.



Un beso cándido y un abrazo malicioso.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Email del 21 de Septiembre 2011

Miquel Barceló, "Tinta" (1985)

Lo peor es cuando has terminado un capítulo y la máquina de escribir no aplaude.
(Orson Welles)


Cada vez que me siento a intentar escribir, me entran unos terribles dolores de estomago; a veces, incluso tengo que levantarme y vomitar o acostarme boca abajo mientras invoco a los demonios del averno. Esa tortura psicosomática desaparece invariablemente cuando guardo las hojas, bien sea papel o Word 2009. A veces pienso que en lugar de intentar escribir debería dedicarme a asar castañas; una buena ración de castañas, y siempre desde el punto de vista nutricional, aporta carbohidratos, proteínas, grasas, celulosa, almidón y fibra.

La verdad, no sé porque te cuento esto, no pensaba llenarte la cabeza con los pros o contras del Castanea sativa y sus frutos benditos, sino con mis quejumbrosos y humillantes lamentos y lloriqueos. Si tocar un instrumento musical es increíblemente difícil y dominarlo una hazaña -por favor cuando me refiero a instrumento no tengo en la cabeza la dolçaina, esa cosa que cuando soplas hace unos ruidos semejantes a los que haría una comadreja cuando le intentas introducir un didjeridu por el orificio anal-, imagínate lo que puede llegar a ser escribir como Borges, Faulkner, Joyce o Kafka, sólo por ponerte algunos rápidos ejemplos.

Estoy seguro de que si le dedicase 15 horas por jornada, siete días a la semana, y tuviera 30 vidas de 90 años cada una, disponibles, podría llegar a ser una especie de versión masculina de Corín Tellado o simplemente un Marcial Lafuente Estefanía del "filosofhumor". El problema es que antes de parecerme a estos dos individuos preferiría ser un supositorio de glicerina y me sentiría totalmente satisfecho si alguien con serios problemas de estreñimiento me usara como desatascador.

Pensar es fácil, obtener ideas muy sencillo, no se necesita una musa ni nada por el estilo, es cuestión de calentar las neuronas; otra cuestión muy distinta es plasmar esas ideas al papel. Te aseguro que sería el hombre más feliz del mundo si pudiera traspasar mis pensamientos al papel en blanco y el resultado se acercara a un 20 % de lo que tenía en mente. No sé si me explico, pero no voy a tratar de razonártelo, tú eres adulta y posees un cerebro privilegiado.

Ayer me informé sobre el precio de las castañas y el de los asadores, hoy preguntaré cómo cojones se carameliza una manzana. El futuro llama a mi puerta, pero en estos momentos voy en pijama.



Un beso, cielo.

martes, 20 de septiembre de 2011

Email del 20 de Septiembre 2011

Cueva de Altamira. (15.000 a.c. Paleolítico Superior)

Querida amiga

Las noticias de los periódicos llegan a ser desbordantes, sobre todo si el croissant que te sirven de desayuno pertenece a una década anterior. De entre todas las noticias, sucesos e informaciones veraces, contrastadas, inútiles e inventadas hay una que hoy me ha alegrado el día. La copio textualmente:


 - Un equipo de científicos del Instituto de Paleontología y Paleoantropología de Missouri ha descubierto un fósil de pedo homínido con más de quinientos mil años de antigüedad y perteneciente al Homo Heidelbergensis. La ventosidad se encuentra magníficamente conservada y, según las palabras del doctor Horacious Maxwell, conservador de fósiles del instituto smithsonian, "su estudio significará el  principio del final en cuanto a los trabajos sobre los gases que expulsa el ano". Es increíble pensar que tras cientos de análisis se podrá llegar a conocer, entre otras cosas, la edad, sexo, altura y constitución del sujeto emisor. También será posible averiguar otros aspectos de su vida y de sus inquietudes, como por ejemplo, si pertenecía a una tribu, y en ese caso, podríamos saber con total seguridad, el nombre de la misma, cuánto medía su jefe y el número de veces que se espulgaba al día.

Los científicos explican que, al estar tan excepcionalmente conservado, hay una posibilidad de llegar al interior y oler los efluvios que desprenda, lo cual nos desvelaría un sinfín de respuestas sobre las bacterias y levaduras simbióticas que viven en el tracto gastrointestinal. El doctor Stanley Maxwell, expulsado recientemente de la Universidad de Wisconsin (parece ser que fue descubierto mientras sodomizaba a un esqueleto de Megatherium Altiplanicum) ha sido contundente en sus palabras: "Si nadie quiere hacerlo, yo me ofrezco voluntario para olfatear la ventosidad cuando pueda ser extraído su aroma. La ciencia no debería temer nada y yo, como abanderado de los mártires científicos, estoy dispuesto a todo". -



La verdad es que después de leer semejante información, he decidido sustituir el café con leche por una cazalla, además creo que voy a llamar a mi jefe para explicarle que la sobredosis de Flatoril que ingerí ayer me ha producido unos efectos secundarios horripilantes y que tengo que ir con urgencia a mi whiskeria favorita.

La vida es dura y eso lo sabemos todos... o quizá no todos, pues el kiosquero de mi barrio, Gabriel, opina que no es dura sino insoportable y cruel, lo cual es un cambio importante en el razonar humano. Sin ir más lejos, mientras trato de escribir estas roídas líneas, intento pensar si hoy voy a necesitar uno o dos panes integrales, o si es mejor comprar cinco y meter cuatro en el congelador.

Es increíble la cantidad de pensamientos que pueden pasar por nuestro cerebro en un sólo minuto y es extraordinaria la forma en que nuestra razón se los quita de encima en menos tiempo; nuestra sesera es perezosa y no le gusta demasiado ponerse a trabajar, sobre todo si la cabeza que la protege es la de un zopenco con cara de vinagre, que se dedica a la construcción como forma de ganar dinero y a la destrucción cuando regresa a su casa con su atemorizada mujer y sus tres hijos engendrados por medio de la violencia sexual.

Hace algunos años, conocí a un tipo que ladraba para pedir las cosas, así que se me ocurrió regalarle un hueso el día de su cumpleaños; pues bien, parece ser que mi gesto le llegó tan adentro que le produjo una especie de cistitis emocional, y mientras estuvo en mi casa no dejó de marcar todas las puertas y de acercarme la cabeza para que se la rascara. Cuando, cabreado de fregar pis, le recordé que ya era muy tarde y que su mujer estaría preocupada, me mordió en el tobillo y se largó gimoteando, no sin antes dejarme como recuerdo un par de pulgas en los flecos del sofá.

Creo que me estoy enrollando y empiezo a divagar; sé que cada segundo que pierdes leyéndome es un segundo que podrías haberle dedicado a tu vibrador eléctrico y no quiero provocar una pelea entre vosotros dos. Desafortunadamente, yo sólo utilizo la mano para producirme placer, pero como últimamente estoy bastante nervioso y tiemblo prefiero contratar a una fontanera: así puedo matar dos pájaros de un tiro... y al precio que está hoy la carne aviar...........you know what I mean.


Un abrazo y 31 besos.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Email del 19 de Septiembre 2011

Claude Monet, "L'automne à la Seine à Argenteuil" (1873)

Hola querida:


Se acerca el otoño, puedo notarlo en la temperatura. Las moscas medio locas no paran de posarse en mi cara, saben que todo se acaba. Mis plantas ya no me piden con insistencia más agua sino que se dedican a crear las últimas flores, cada vez más pequeñas, que al final del ciclo y como siempre sucede, son arrastradas por el viento. Como las noches son frescas, duermo con la ventana cerrada, lo que impide que oiga los ronquidos pastosos de los vecinos. Todas las sensaciones que tuve hace doce meses vuelven a repetirse en mis sentidos, esas mismas evocaciones, casi siempre exactas y fugaces, son idénticas año tras año. El paso del tiempo no sólo no las transmuta, sino que no evolucionan ni progresan, conformándose con pequeñas modificaciones prácticamente inapreciables pero con los mismos síntomas e iguales manifestaciones.

Todas las mañanas me miro en el espejo y esbozo una pequeña sonrisa, me cuesta formarla pero me miento en mis adentros y al final lo logro; es un gesto forzado pero ritual; es mi forma de comunicarle al otro yo que se refleja que no soy un extraño, pero a veces la melancolía y las horas de ensueño me pasan factura y de mis labios sólo sale un minúsculo estertor de pánico que, desesperado, muerde mis tripas y con desconfianza impostada se escabulle por el retrete.

Siempre he creído que soy lo que alguien quiso y no pudo en otra existencia. Puede parecer una perogrullada digna de una mente abúlica y trastocada, pero en mi caso es una impresión real; existe porque se alimenta y la puedo ver crecer. Mientras madura, se transforma con máscaras de irrealidad aparente que mimetizan el asco por medio de innumerables dosis de miedo, que repercuten en cada una de las falsas e inútiles representaciones por las cuales finjo que todavía estoy vivo.

Te mentiría si negase el hecho de que, algunas veces, mientras ruedo insomne por el catre, alzo las manos y busco entre los intersticios del aire un agujero que me saque de esta cotidianidad que me enferma y me enloquece. A veces el miedo me paraliza y me impide hurgar, pero no me importa demasiado; sé que los deseos, anhelos y turbaciones deben mezclarse en el inconsciente para resurgir como despojos en la absoluta soledad que pertenece a este universo.


Un beso afectuoso de un besador aficionado.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Email del 17 de Septiembre 2011

Hans Holbein "Portrait of Erasmus of Rotterdam Writing" (1523)

Querida amiga:


Estoy completamente seguro de que mi libro "Disertación sobre los calzoncillos" será un éxito cuando lo publiquen, claro que esto no sucederá hasta no que acabe de escribirlo. De momento no he pasado del prefacio aunque ya llevo escritas 2000 páginas, por lo que calculo que cuando esté acabado y corregido puede llegar a ser más voluminoso que la "Historia verdadera de la conquista de la Nueva España" y "La santa biblia" juntos.

Los días que no escribo me dedico a pensar un título; ya tengo tres que creo que son absolutamente perfectos, aunque de momento no me decanto por ninguno: "Los calzones de Yaveh", "¿Por qué los abogados no usan bóxers?" o "La negación de la comodidad". Como verás los tres son maravillosos, por lo que a veces pienso en escribir una trilogía y utilizarlos todos, aunque primero quiero ver cómo responde el público al primero.

La razón por la cual me he decidido a escribir un libro de filosofía calzoncillera es muy simple, estoy cansado de leer siempre sobre los mismos temas: el Yo, Dios, la existencia, es decir, humanismo y ciencias, pero ¿qué sucede con la ética de las cosas? ¿acaso es un pecado escribir sobre la metafísica de los gayumbos? Por esa razón trato de concienciar a la plebe sobre la superioridad del bóxer frente al slip corriente; los beneficios del algodón frente a la tela sintética o las formas de lavar una prenda interior para que no se quede apergaminada. Nadie hasta ahora lo había intentado y creo firmemente que sólo por esa razón ya deberían incluirme entre los 10 pensadores más arriesgados de la historia moderna. Sinceramente, entre tú y yo: ¿crees que Friedrich Nietzscche, Raymond Queneau, o por citarte algunos ejemplos más contemporaneos, Ernest Becker, Michel Onfray o Richard Dawkins se hubieran atrevido a aparcar sus estúpidas y por otra parte repetitivas reflexiones de siempre para abordar con rigor y profundidad el tema de las prendas intimas?

Me gustaría que te quedase claro que soy muy consciente de la revolución de pensamiento que causará la lectura y disfrute de mi extenso texto; incluso creo que existirá un antes y un después de los magistrales juegos sintácticos con los que deleito los sentidos, actualmente bastante adormecidos, de los pensadores y estudiosos que quedan con vida y, sobre todo, de la gente de calle con ciertas inquietudes eruditas e intelectuales. Cada día que pasa estoy más seguro de que el hecho de mi nacimiento no fue debido a una conjunción de elementos humanos: semen del bueno, óvulo sensacional, sino a un acontecimiento preparado por el destino para aclarar los conceptos básicos con los que se rige nuestra existencia y, desde luego, para poner punto final a la imbecilidad escrita (por los siglos de los siglos, amén)


Un beso y que sigas siendo feliz.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Email del 16 de Septiembre 2011

Hugo Simberg, "Garden of Death" (1896)

Querida víctima de mis mails:

Por alguna extraña razón sé que no voy a vivir mucho tiempo y que antes de cumplir los 97 moriré, feneceré, expiraré, sucumbiré, la diñaré o la espicharé; también es posible que estire la pata, me vaya al otro barrio o simplemente pase a mejor vida. El caso es que terminaré, concluiré, finalizaré, extinguiré, agotaré o consumiré mi tiempo establecido en ese calendario inútil y vano llamado destino.

Y es algo que me satisface enormemente pues no volveré a llorar arrodillado y con las manos en posición Mudra delante de ningún director de banco, suplicándole un retraso en el cobro de una deuda; no tendré que volver a ver por error o accidente la cara de Belen Esteban, la de Karlos Arguiñano o la del horroroso Ignatius Farray en la pantalla LCD de mi televisor de 26 pulgadas; no me pelearé con la frutera de la esquina por el sabor a serrín de sus putas manzanas. En definitiva, todos los malos rollos con los que me obsequia esta vida pasarán al universo paralelo de Everett, para que los sufra mi otro yo con ayuda de la mecánica cuántica y sus posibilidades relativas.

Cuando ya no exista podré dedicarme a lo que más me gusta: no hacer nada. Y sólo distinguiré un único color, que además es mi favorito: el negro. Cuando estás muerto no es necesario afeitarse, ni siquiera lavarse la cara después del beso de unos labios pintarrajeados; cuando no existes y tu cuerpo empieza a descomponerse ayudado por los voraces insectos pertenecientes a lo que los forenses denominan fauna cadavérica, no importan los kilos de más. Ni siquiera molestan los michelines que desprenden gases putrefactos que, afortunadamente, no pueden escapar del féretro y de los dos metros de tierra para emponzoñar la ya de por sí envenenada atmósfera terrestre.

La muerte tiene un montón de ventajas, pero ninguna puede compararse a la de no tener que hacer la cama todos los días; si muero, no volveré a pasarlo mal poniendo cara de risa tonta después de un temible chiste mal contado, ni necesitaré transformar radicalmente las palabras para no herir corazones demasiado blanditos. Cuando me tire un pedo, no hará falta de que tosa para amortiguar su sonido hueco y cuando los efluvios incomoden al personal, no necesitaré echarle las culpas al gato, o al perro o a esa mosca que volaba por ahí. Está claro que todo son ventajas: las conversaciones de ascensor no existirán, así como los eructos molestos de los vecinos; la bromhidrosis salvaje de mi mujer o novia no infectará al órgano olfativo de mi pobre nariz; podré tirar la ropa por el suelo o dejar los gayumbos encima de la nevera sin que una voz penetrante y chillona ponga en duda mis maneras arrabaleras.

Sinceramente, amiga mía, casi no puedo esperar. Aunque creo que viviré unos años más simplemente por el placer que experimentaré ganando una apuesta; hace un par de meses me aposté un café o similar con mi hermano pequeño para ver cuál de los dos sería el primero en palmarla por culpa del estómago, pues ambos sufrimos los mismos achaques y no pienso largarme a la nada oscura y absoluta hasta ganar ese puñetero café perdiendo el envite. Es cuestión de principios. Lo ideal hubiera sido morir antes y ganar la apuesta, pero si muero no cobro y un café es un café, o lo que es lo mismo, casi 1.35 euros en una cafetería céntrica.


Un beso

lunes, 12 de septiembre de 2011

Email del 12 de Septiembre 2011

 Juan Genovés, "Secuencias" (1999)

Querida amiga:


Los grandes labios de la indiferencia han bramado todas sus falacias acumuladas durante periodos de tiempo indeterminados; señaladas con el claro propósito de diferenciar las trascendentes de las irrelevantes y, en el caso de que exista penitencia o punición a pagar con deseos indulgentes en el ciclo que dura una condición consignada para establecerse, para asentarse y fructiferar lidiando los sobresaltos y temores que, incrustados sobre texturas indefinibles, puedan originar.

Esos labios rojos y lustrosos que lejos de inclinarse y tragar líquido secretante necesitan regurgitar palabras todavía no proyectadas sobre los hombros indolentes del sujeto que ríe mientras clava la mirada en una zona prohibida, con espíritu rijoso y provocador al mismo tiempo que con una mano obliga al deseo impuro a someterse y vilipendiarse a la complacencia más inútil, al capricho inacabado de los que dominan las casualidades forzadas.

Carnosos, agrietados y concupiscentes, esos labios infames y alevosos regalan besos mojados y acuosos a los sujetos que no se mueven en la rueda del tiempo, pues dotados con esporas volátiles y absolutamente maleables, sincronizan sus desidias e incorporan los anhelos, reuniendo en torno suyo un sinfín de calmosas turbaciones que nada más esperan lo que nadie supone.


No pienses que mi cordura me ha abandonado definitivamente, sino que nunca la he tenido durante más de un microsegundo.


Besos

lunes, 5 de septiembre de 2011

Email del 5 de Septiembre de 2011

Arcimboldo, "El librero" (1566)

Querida amiga:

Mi libro de autoayuda "100 maneras de rascarse una rodilla" está muy adelantado y supongo que podré entregarlo al editor a finales de enero. Espero que con éste gane un poco de dinero pues el anterior, "50 formas de limpiarse las orejas", no sólo fue un absoluto fracaso sino que hizo quebrar a la editorial.

Como conoces a varios ensayistas, poetas y novelistas, no hará falta que te explique lo difícil y arrastrado que es el mundo de la creación literaria, sobre todo el universo de los editores, esos seres sin alma que desayunan bebes neonatos fallecidos por hipoxia fetal y café con vitriolo y que sólo pueden articular cinco palabras cuando aben la boca: ¡esto es una puta mierda!

Cada vez que mis dedos se posan sobre una tecla no puedo dejar de pensar en un amigo mío que, harto de bajarse los pantalones y de llorar para que le publicaran un diccionario equino-humano y humano-equino, decidió hacerse político, y hoy en día es una de las caras más insulsas pero que más salen por tv, ya sea visitando a los ancianos de un burdel o a las prostitutas de una residencia.

Una cosa es segura, éste es mi último intento en el ámbito de las letras y el humanismo: si no consigo llegar al top 25 del Fnac o al 26 del Corte Inglés empaquetaré todas mis pertenencias en una talega y me iré a ver mundo montado en una vaca. La res ya la tengo, me toco en un sorteo agropecuario y la he bautizado como Penélope; es de raza mostrenca, su cara no es demasiado agraciada y tiene un cuerpo muy poco estilizado pero, francamente, lo prefiero así, no quiero que nadie nos juzgue en términos zoofílicos o de índole bestial.

Ahora, ya casi al final de este inconexo mail, me gustaría saber de ti: ¿cómo va tu vida? ¿te has cambiado ya de casa? ¿encontraste por fin el vibrador de cuatro velocidades que te desapareció misteriosamente el mismo día en que operaron a tu perra "Lilith" de hemorragia vaginal?

Preciosa, tengo que seguir pensando y trasladando las ideas al papel, hoy por hoy no tengo otra forma de justificar mi existencia, y una vida sin justificación es como un mosquito afeminado.

Un beso