domingo, 31 de julio de 2011

Email del 31 de Julio 2011

John Henri Füssli, "The nightmare" (1781)

Te voy a relatar mi sueño de hoy:

Me encuentro sentado en un banco del parque cuando de repente 22 chicas se ponen a bailar y cantar la canción de Tampax justo detrás de mí. El baile me violenta y decido trasladarme al Fnac a comprar un libro. Una vez allí, dos policías que salen de la nada me transportan corriendo y de los brazos rápidamente al wc, mientras uno de ellos me susurra al oído: "con micralax esto no te hubiera pasado". Una vez dentro del excusado aprovecho para mirarme al espejo, pero sólo se refleja la imagen de una maruja con rulos en el pelo que me dice medio cantando: "Wiiiiipp expreeeeeess". A estas alturas del sueño me despierto sudoroso y con dolor de tronco linfático y no puedo seguir pegando ojo.

Cualquier psiquiatra que se precie me diagnosticaría un exceso de anuncios televisivos, el problema es que no veo la tv, por lo menos conscientemente, pero sí suelo tenerla encendida a veces mientras hago cosas por la casa. Es increíble el poder de nuestro cerebro, que absorbe información inútil incluso en estado de reposo vegetativo, que es el estado en que mi cortex se sume cuando limpio, barro y adecento mi sweet home. Por lo menos debería dar gracias a ese Dios inexistente por no haber soñado con pérdidas de orina o pegamento para dentaduras postizas; aunque a veces he soñado cosas peores. Una noche soñé que me casaba de penalti con una mosca ninfómana que escuchaba a todas horas a Julio Iglesias.

A veces me pregunto si detrás de los sueños existe verdaderamente un significado aplicable a la conducta individual. Según Freud, la respuesta es un simple pero directo adverbio afirmativo, pero yo difiero con esta eminencia. Los sueños sólo son el resultado de una digestión; no es lo mismo soñar con amazonas desnudas con sus cuerpos cubiertos de aceites corporales que hacen brillar sus perfectas y bronceadas dermis que soñar con María dolores de Cospedal en posición de decúbito supino mientras Esteban González Pons oficia una misa negra con una daga en la mano derecha. El primero sería el fruto de una frugal pero sabrosa ingesta de tortilla, ensalada, kiwis y agua mineral ferruginosa, mientras el segundo seguramente estaría inducido por comer a horas intempestivas dos platos de cocido madrileño, 3 filetes de ternera casi crudos, 4 naranjas de la China y 3 vasos de vino rosado de brik marca Don Simón.

Como tu CI es altísimo, casi rozando el cenit celeste, estoy seguro de que comprenderás este pequeño razonamiento acerca de los sueños y sus consecuencias, el papel que en ellos desempeña el hipotálamo y sobre todo el poco valor testimonial que representan.

sábado, 30 de julio de 2011

Email del 30 de Julio 2011

Autor: René Magritte. Título de la obra: Ceci n'est pas une pomme


Querida amiga:

Mi desayuno de hoy ha sido similar en forma y cantidad al de todos los días: vaso de leche de soja y tostada con mermelada, aunque hoy le he añadido un nuevo producto, eso sí, sin desearlo. En principio era una manzana fuji muy lustrosa de apariencia, comprada junto con sus hermanas ayer por la tarde en una frutería de esas que abren los domingos; digo era, porque si bien visualmente era una fruta pomácea, en sabor era algo totalmente diferente. Trataré de explicártelo. ¿Te has comido alguna vez una caligaes, ya sabes, unas sandalias romanas? Pues yo sí, o por lo menos así sabían las pobres fujis, es más, su sabor era similar al de una caliga sudada de un legionario de la época de Plinio el Joven. Incluso me atrevería a decir que estas sabrían mejor. Lo que yo me he comido esta mañana no tiene descripción, te lo aseguro. Hace algunos años y por error me comí un gorgojo de la patata, pues bien, ese humilde coleóptero dejo mi viejo paladar más extasiado de placer y frenesí que la carne envenenada de dicha manzana. Ignoro donde fue cultivada, me imagino que en un pozo de petróleo iraní o en un campo de minas de Somalia, desconozco el nombre de los productos con que fue tratada para engañar al personal; incluso no puedo asegurar si el árbol que la produjo procedía de otros mundos o dimensiones desconocidas, sólo sé que lo que esta mañana me he comido puede producir en mí efectos perniciosos y duraderos.

Seguramente pensarás que soy un exagerado, pero no se trata de hinchar un hecho para producir hilaridad. Mira....no pensaba hacerlo pero te voy a contar qué ha sucedido después de vomitar los pedazos medio triturados de dicho fruto: como no sabía si todo el kilo restante estaría en las mismas condiciones "gustativas"-por llamarlo de alguna forma- cogí otra manzana, eso sí, esta vez la corté con un cuchillo para tratar de observar cómo era por dentro y lo que vi me dejó aterrado. Un gusano de aspecto refulgente y de color negro con algunos pelos repugnantes dormitaba gustoso cerca de la pulpa. Me imagino que al sentir rota su intimidad se enfureció, pues soltó un liquidito de color amarillo colitis que me remitió nuevamente a vomitar, esta vez en el cubo de la papelera pues estoy seguro de que no me hubiera dado tiempo de llegar al wc. Mientras me secaba la bilis de la boca pensé que lo mejor que podía hacer con esa perversa fruta era mandarla a un centro de investigación especializado en guerra bacteriológica, pero como no quise correr riesgos inútiles acabé por tirarlas todas a la basura.

En estos momentos me siento deprimido y con ganas de quemar la tienda del comerciante que me las despachó. Me imagino que aún le dolerá la barriga de tanto reírse por haberme endiñado tal ponzoña. Estoy pensando seriamente en sustituir la fruta por cajas de cd en mis próximas comidas.

viernes, 29 de julio de 2011

Email del 29 de Julio 2011

Edvard Munch: "El grito"
Amiga mía:

Acabo de salir de un dialogo demencial con un conocido; intenté esquivarlo pero al final me vio y no pude encontrar ninguna excusa. Es fácil adivinar sobre qué trataba su tema favorito: mujeres. Voy a hacer un esfuerzo y tratar de recordar dicho dialogo:

CONOCIDO: Tío ayer estuve con una piba que alucinas, tío. Tenía un culo que daban ganas de restregar el careto y arrancarle las bragas con la boca.
YO: Existencia....
CONOCIDO: Ultimamente follo cantidad, se me está secando el nabo. En serio tío.
YO: Existencia.....
CONOCIDO: ¿Qué coño dices tío?, estás colgado. ¿Sabes que me follé a Rosi? Menuda guarra....
YO: Existencia
CONOCIDO: ¿Te estás quedando conmigo, tío?
YO: Existencia irreal, la realidad influye en el conocimiento.
CONOCIDO: ¿Como te va ti, tío? ¿Sigues con los bichos?
YO: La inherencia de la irrealidad proclive a lo anatema.
CONOCIDO: Bueno, ejem, me voy a por el pan para la vieja. Ya nos vemos, tío
YO: Sí, a mí se me hace tarde, me esperan en Júpiter. Hasta otra.

Después de dejar a semejante filósofo me entraron ganas de subirme a un árbol, hacer allí mi vivienda y no bajar en toda mi vida; ya sabes, convertirme en una especie de barón rampante mediterráneo, pues según se dice, la estulticia no trepa a los arboles. Pero ahí no acabó mi regreso a casa. Cuando estaba a 100 metros escasos me asaltó un vecino que, por la forma en que salían las palabras de su bocaza, daba la sensación de que acababa de sufrir una embolia, o quizás solo iba mamado:

VECINO: ¿Te has enterado?
YO: ¿De qué?
VECINO: La derrama por la cuba de los desagües por el puto problema de los bajos.
YO: Ah, sí, no me amargues el día....
VECINO: ¿Te has enterado?
YO: ¿De lo de la derrama? sí, ya te lo he dicho...
VECINO: ¿Te has enterado?
YO: Existencia, irrealidad, entropía....
VECINO: ¿Pero tú te has enterado?
YO: La subjetividad influye en el alma....
VECINO: Nos están sangrando, colega... ¿Pero te has enterado?
YO: Tengo que irme, me he dejado el gas encendido y me apetece tragarme una bocanada, adiós.
VECINO: Pero qué fuerte, ¿te has enterado?

Mientras subía las escaleras hacia mi casa, no podía dejar de sentir náuseas y una sensación de irrealidad que me calentaba el rostro. Cuando abrí la puerta y entré en mis dominios, esos donde yo soy Dios y regento a mi antojo, comprendí ciertas cosas: la idiotez es congénita, no adquirida, por lo menos en un gran porcentaje de elementos. Es muy fácil filosofar sobre ese manido tema que dice que los idiotas se hacen a sí mismos. Ya no comulgo con esa teoría. Estoy seguro de que nacen desquiciados, para más tarde y debido a una educación deficiente, caótica y disparatada transformarse en cenutrios de primera categoría; esa clase de acémilas que uno quiere ver ahogadas en un río.

Antes de acabar este imperfecto mail, quiero recomendarte que comas fibra, porque yo comeré curaré o estricnina.

Un beso

jueves, 28 de julio de 2011

Email del 28 de Julio 2011

Artemisia Gentileschi: "Judith y Holofernes"

Querida:

Si Lucio Sergio Catilina viviese todavía, aparte de tener la respetable edad de 2100 años, seguiría participando en conjuraciones, debido sobre todo a su carácter agrio, depravado y pérfido. Ser maligno es un don humano que implica triunfo, respeto y poder, pero también fuertes dolores de abdomen y sinusitis.

Aún recuerdo la primera vez que me comporté de un modo malvado: tendría yo unos 12 años y había una chica dentona aunque guapa y engreída hasta límites insospechados que cada vez que me veía hacía como que se metía la mano en la nariz y me pasaba el dedo por la ropa; esto prácticamente todos los días que coincidíamos, como una especie de ritual demente pre-adolescente. Desconozco la razón, es posible que para ella yo fuera repugnante, o simplemente que esa fuera su manera de decir: "chico, que guapo eres, por la virgen de Loreto". No importa. La venganza fue terrible. Por aquellos tiempos, uno de mis pasatiempos favoritos era ir a las acequias a recolectar entre los juncos Araneus Diadematus (vulgo araña de jardín); me encantaba el fascinante colorido del abdomen y los cuatro pares de patas, así como su elaborada telaraña en forma de espiral. Cuando tenía seis o siete las metía en sendas cajitas y las escondía debajo de la cama. Cierto día que esa niña repelente ensayó conmigo su saludo viscoso y repugnante en una camisa semi-nueva de la que me sentía muy orgulloso, se me ocurrió una idea maléfica, perversa y canalla; lo recuerdo como si fuera ayer. Recuerdo una chiquilla danzando contenta y venturosa con su bolsito verde en una mano y la lechera llena de leche en la otra; recuerdo un montón de arañas saliendo del bolso y trepando por sus bracitos hasta el cuello y la cara; recuerdo un grito terrorífico saliendo de su gaznate y la recuerdo desmayada sobre la acera. Este acto de maldad infantil, el primero de una larga lista, me llenó de gozo pero me supuso un fuerte castigo por parte de mis padres. Aunque negué hasta la extenuación que fuera obra mía, nadie quiso creerme; supongo que en esos años de juventud idiota no era tan buen actor como soy ahora. Incluso grité durante días que todo era una vil confabulación arácnida, para desprestigiarme, pero ninguna de las mentiras que salían de mi boca sirvió para que me rebajaran la sanción.

Te cuento esto porque hoy he soñado con esa repulsiva chiquilla y, sobre todo porque muchas veces me siento como Catilina: culpable pero feliz; con esa extraña sensación del que aún sabiendo que ha obrado mal, tiene un sentimiento de bienestar y dicha porque cree, en el fondo de su corazón, que toda clase de estulticia debe tener su castigo, independientemente de la edad, sexo, circunstancias y particularidades de dicha imbecilidad y sin tener en cuenta los perjuicios que puedan derivarse de tal acto de maldad.

miércoles, 20 de julio de 2011

Email del 20 de Julio 2011

Van Gogh: "Autorretrato"
Hola:

Hace días que he vuelto a fumar, ya sabes, la estupidez no tiene límites y menos si el cenutrio -en este caso yo- es mentalmente inconsciente e inestable. En estos momentos mientras aspiro el humo de mi cigarrillo, repleto de alquitrán y otros 4000 productos igual o más nocivos, me hago varias preguntas verdaderamente interesantes: ¿por qué he retomado este funesto vicio? ¿es qué con un cigarrillo en la boca me encuentro más sexy? ¿estoy lo suficientemente nervioso como para tener que recurrir al viejo subterfugio de la nicotina? ¿he llegado a un punto donde realmente me importa todo un carajo y me da absolutamente igual que mi rencorosa garganta me castigue con afonía, sangre y dolor?

Si tuviera que responder a mis propias preguntas, ingenuamente me respondería con el simple pero directo morfema de la negación, pero el verdadero problema estriba en que no quiero auto-contestarme, pues si lo hago dejaré de visitar mi estanco favorito el próximo lunes, que es el día que he decidido acaba mi furtiva y breve incursión al mundo de las enfermedades pulmonares y faríngeas; pero ¡ojo! no quiero equivocarme ni que tú te lleves una impresión equivocada sobre mi gran fuerza de voluntad; si dejo de fumar, solamente lo hago porque el precio de las cajetillas de tabaco está imposible, yo diría que vergonzoso. Hemos llegado a un punto donde no se nos permite matarnos lentamente si no es exprimiéndonos el bolsillo y la dignidad.

Acabo de apagar la colilla y la he apurado al máximo pues creo que al final está la sustancia; esa concentración de veneno sintetizado a la máxima potencia. Ahora voy a arrepentirme y sollozar arrodillado en mi rincón de los lamentos. Todos tenemos uno en nuestras casas, algunos incluso varios; el mío es oscuro y húmedo, pues está bastante alejado de la ventana, lo suficiente para que la gente que camina por la calle no escuche los ruidos que mi cilicio hace al tocar suavemente mi espalda.

sábado, 16 de julio de 2011

Email del 16 de Julio 2011

Goya: "Riña de gatos"

Voy a tratar de contarte todo lo que me ha sucedido esta mañana:

Me desperté sobre las seis, satisfecho y con ansias de comerme el mundo así que me desperecé con verdaderas ganas, tantas que sufrí un horrorosa rampa en el gemelo derecho que hizo que en vez de caminar hacia la ducha, tuviera que pegar saltitos tipo pájaro, uno de ellos con tan mala fortuna que en lugar de descansar el pie sano en el suelo de gres lo descansé sobre una hoja de periódico que yacía inerte -nunca he visto hojas de papel con vida- en el suelo. Resultado: batacazo y aterrizaje anal que retumbó hasta en Madagascar. Mientras trataba de levantarme apoyado en el respaldo de una silla, ésta cedió y me volvió a tirar de bruces. Esta vez, para no volver a castigarme el trasero, caí de morros y supongo que el jaleo que armé despertó a un mosquito diurno que amablemente me picó en un párpado.

No sé cómo, pero al final me trasladé al baño e intenté ducharme. Digo "intenté" porque cuando giraba la llave del agua, en lugar del líquido elemento sólo salía aire (luego me enteré de que debido a unas obras, los amables esclavos del ayuntamiento habían quitado el agua sin avisar a nadie, seguramente para hacerse los interesantes). Hastiado de mi magnífica suerte me dirigí a la cocina a prepararme un suculento desayuno a base de tostadas, mermelada y leche de soja chocolateada; mientras se me hacía la boca agua pensando en la opípara comida que me esperaba y, no lo olvides, a pata coja, mi rampa, que en estos momentos se sentía infravalorada, empezó a hacerse notar otra vez pero de una forma descontrolada que me hizo proferir un espantoso grito de angustia que haría palidecer de envidia a Tarzán de los monos. Total, opté por sentarme en un taburete de madera bastante desvencijado y me puse a rezar; como soy ateo convencido y a falta de dioses que se dignaran escucharme, intenté un rezo a Manitú mientras trataba de asumir mi mala suerte.

Te cuento esto, más que nada, porque necesito contárselo a alguien que sepa escuchar sin bostezar.