miércoles, 20 de junio de 2018

Email del 20 de junio 2018

Sam Francis. Untitled (Holy hole) (1984)

Hola:

Y ahora, supongamos que lo tapo. Como siempre, lo hago con un único propósito: que tú lo destapes. Sin embargo tengo miedo de que pases por delante y no te des cuenta de que existe. Sin una mirada no hay un motivo, por lo tanto no lo destaparías. Ni siquiera cuando instantes después reparases en ello. ¿Quizá ahora prefieras tapar también? Si es así, entonces yo me pondré a destapar. Imagina si los dos destapáramos y no hubiese nadie para tapar. ¿Recuerdas cuando a mí me dio por no tapar ni destapar? Pasamos los peores momentos de nuestras existencias, por esa razón es importante que acordemos las secuencias. Si tú destapas, yo seguiré tapando, pero si por el contrario necesitas iniciar unos nuevos movimientos que te arranquen del sopor de los anteriores, y crees que tapando conseguirás sentirte un poco más realizada, yo destaparé todo lo que tú tapes sin ningún problema. Ya sabes que aunque no es lo mío, puedo llegar a ser un destapador bastante adecuado. Claro que también podríamos poner en marcha lo que durante tantos años hemos pensado y por algún motivo nunca nos hemos atrevido a realizar: contratar un destapador y dedicarnos a tapar juntitos, tú y yo. O al contrario, dejar que el contratado o la contratada disponga de control total a la hora de destapar todo lo que nosotros tapemos. Juntitos o de forma separada. Existen innumerables variaciones, pero si me dejas elegir, lo ideal sería que yo tapara mientras tú y la nueva adquisición -prefiero una hembra- os dedicaseis a destapar. No sé, podríais turnaros, o incluso hacerlo a cuatro manos. Esto último me daría mucha seguridad. No quiero que pienses que si elijo tapar es por el mero hecho de facilitarme la existencia, porque está demostrado que es mucho más sencillo destapar que tapar. Hay un montón de estudios que lo avalan. Deberías consultarlos. De todas formas lo más importante es que lleguemos a un acuerdo y no perdamos un tiempo irrecuperable en disquisiciones y discusiones estériles.

Espera tu respuesta,

Greg

martes, 19 de junio de 2018

Email del 19 de junio 2018

Vlad Tepes. Autor y fecha desconocidos.


Ainsssss:

En ocasiones recurro a la fascinación que me produce fantasear con lo que nadie se ha atrevido jamás a imaginar. Supongo que no sería demasiado descabellado pensar que cada representación o cada imagen que se proyecta en el interior de lo que alguna vez fue un cerebro sano y vital, pero que hoy es un órgano estropeado, pertenece a Bankia. Pues ellos controlan mi existencia y deciden sobre lo que debo o no hacer. Hasta que no liquide la deuda que tengo contraída no seré libre, ni siquiera para elegir el tapizado para las sillas de mi comedor. Porque cada vez que necesito algo he de calcular el coste y preguntar al director de mi sucursal si la compra es factible, aunque sé de antemano su respuesta:

-No, de ninguna manera.
-Nos debe miles de euros, señor Gregorio.
-Usted en realidad es libre de tomar sus propias decisiones, pero mi humilde consejo es que siga las normas establecidas.

Las normas. Las normas. Esos preceptos mórbidos y patológicos que me despiertan todas las noches. Quizá, si fuera un tipo más osado, podría juntarme con unos cuantos cientos de extorsionados audaces y formaríamos un gran grupo de ataque con ramificaciones en todas las capitales del país. Es una lástima que no crea en el ser humano como fuerza arrebatadora que tiene el poder de enfrentarse a cada entuerto. ¡Cómo me gustaría sumirme en un sueño autoinducido de una duración igual o superior a los 430 años! 430 años son 5.160 meses. Y toda esta tira de meses representan 154.900 días. Un día es una mierda, por lo que 154.900 días son más mierdas de lo que un bello durmiente sería capaz de resistir, aunque fuese para escapar del mal.

-Sus deudas, señor López, son nuestras futuras piscinas climatizadas.
-Piense que cada accionista tiene varios hijos, mascotas y amantes que dependen enteramente de usted. ¡Debería sentirse feliz!
-El mes pasado fui condescendiente con sus números rojos, pero por favor, no piense que soy un maldito badulaque.

No, el badulaque soy yo. Y lo soy por vender mi alma a semejante hermandad de vampiros. Y todo para poder acumular más pertenencias. Las mismas que hoy me importan un jodido pito. Claro que soy un badulaque. Y un estúpido, un necio y un demente. Solo un retrasado hipotecaría un futuro que todavía no le pertenece por un puñado de exclamaciones de admiración provenientes de amigos y conocidos todavía más vendidos a la sociedad que yo. ¡Debo clavar una estaca en el corazón del jefe supremo vampiro! Pero lo haré más tarde. Ahora debo telefonear a mi agente bancario para preguntarle si puedo comprar una bolsa de 40 gramos de almendras de la marca "El Manisero" que cuesta un mísero euro. Me gusta asomarme a la ventana y ver pasar al resto de víctimas mientras mastico frutos secos.

-Sé por lo que está pasando, señor López, pero francamente, yo debo rendir números a mis superiores. Y todos esos números deben ser de un bonito color verde tropical.
-No me llore, don Gregorio. Debería haber sospesado los pros y los contras antes de arrodillarse lloriqueando para que le concediéramos su crédito.
-¡Seguridad!¡ Saque a este perdedor fuera de la oficina!

Entre mi grupo de amigos, hay uno al que todos llamamos "Inteligencia brutal Pepe", pues se llama José y es el único que no debe nada a los bancos. Es un tipo listo. Todo lo que debe está a nombre de Magdalena, su mujer, por lo que es ella la que está experimentando cómo se consume su vida. Él se limita a pasear por las calles con rostro altanero y un crucifijo colgando de su cuello. Algunos dicen que también suele llevar ajos en los bolsillos del pantalón. Ojalá yo tuviese el suficiente dinero para comprar una ristra o un único kilo de ajos. Llegados a este punto de miseria, poco me importaría que fuesen recién traídos de la huerta o disecados.

Greg van Helsing

lunes, 18 de junio de 2018

Email del 18 de junio 2018

Vincent van Gogh. Young slave (1887)

Querida amiga:

He creado un algoritmo que me avisa cuando algún agregado mío se hurga las narices.


Greg


PD:
¡Me encanta la mistela! Pero de igual manera me seducen la botella de la mistela y el tapón. Con la mistela cojo algunas maravillosas cogorzas que hacen que me olvide por unas horas de que soy un jodido humano de mierda. Con la botella -recargada y kitsch hasta el paroxismo- hago música al rasgarla arriba y abajo con la navaja que utilizo para rajar cenutrios, y el tapón, me sirve de recipiente donde mezclar el tinte de cejas con el fijador del color. Ahora mismo, mientras te escribo esto, me estoy tomando el tercer chupito. Claro que al mismo tiempo que me tomo el tercer chupito y te escribo, Vicente Brey, mi esclavo a sueldo, me está lavando los pies con agua de rosas. Vicente Brey es un cretino que hace cualquier cosa por dinero. Y como a mí me fascina ver hasta dónde puede llegar para embolsarse unos pocos euros, hoy le he puesto a adecentar mis extremidades. Podría haberle mandado que adecentara mis testículos, pero no soporto que me los toqueteen con las manos. Ni siquiera con guantes de látex.

jueves, 14 de junio de 2018

Email del 14 de junio 2018

Rene Magritte. The voice of space (1928)

Amiga:

La vida real, es decir, la que nos toca justificar a ti, a mí, y al resto de figuras que se trasladan de un sitio a otro con aparente indiferencia, no es más que un vulgar experimento. ¡No puede ser otra cosa más que un vulgar y jodido experimento! Me niego a creer que detrás de todo este sistema de juegos individuales, apretujados en una especie de gran conjunto exclusivo, y con un diseño tan imperfecto e insustancial, se esconda un milagro biológico o incluso la obra maestra de un Creador con un talento extraordinario. Te voy a relatar lo que yo pienso que significa toda esta farsa, o por lo menos voy a intentarlo, porque lo que yo creo que es la pura realidad es bastante más complicada que la versión ofrecida y doblada a múltiples idiomas para satisfacción del vulgo más interesado.

Todo lo que somos pertenece a Hymnas, que es como se conoce al Gran Ixodoideo, creador y señor de todo lo que existe, lo que no existe y lo que es factible que pueda llegar a existir en algún momento del Jusrasih, que no es más que una pequeña parte de la inexistencia que se esconde dentro de la verdadera existencia. El Jusrasih fue creado por la imagen ficticia de Hymnas cuando se reflejaba en la antimateria, y no pertenece a nadie. En ocasiones se lo disputan Yuoselig y Fandnasam, los hijos de Sabadagh, el hermano del Gran Ixodoideo. Pero deberíamos retroceder hasta justo antes de lo que terminó llamándose "la inmensa permuta del deuterio" para poder construirnos una imagen de lo que ocurría en la parte superior del cuerpo de Layahs "el Desheredado". Las razones nunca quedaron demasiado explicadas, pero sí el horrible resultado: la muerte somática de todas las cantidades y proporciones y el encubrimiento de cada una de las porciones. Algunos incriminaron a Fandnasam y el resto a Yuoselig, pero en realidad todo se debió a los celos de Grafsma y al ansia de linfa de su concubina Kilanssin. Grafsma no tenía el valor suficiente para negarle ninguna atrocidad y Kilanssin se aprovechó de la ocasión. A partir de ese instante todo se convirtió en todo, pero no en el todo que Yuoselig, Fandnasam, Layahs "el Desheredado", Grafsma y la misma Kilanssin habían intuido, sino en un todo discorde y excepcional que cambió para siempre el cielo raso de las hipotéticas consecuencias débilmente perpetuadas y, sobre todo, del resto de los restos de los restos de los restos de los restos...

Lo que a partir de ahí aconteció, todos lo conocemos.

Greg

miércoles, 13 de junio de 2018

Email del 13 de junio 2018

Georges de la Tour. Saint Jerome reading a letter (1629)

Querida:

Mi contribución global, es decir, la mía sumada a la de mi otro yo, ha supuesto la apertura de incalculables posibilidades para la evolución nadal, ya sabes, de la maldita y jodida nada, pero también para la lamentación anal. No olvides que yo fui el primer ignorante que se atrevió a proclamar que en el ano suceden cosas muy extrañas. Pero no quiero escribir sobre ese tema, pues nunca hago amigos -ni siquiera amiguitos- con él. Por el contrario me gustaría relatarte lo que sucedió el día que me bajé los pantalones y los calzoncillos en una rectoría, pero me llevaría mucho tiempo y tendría que intentar recordar cómo empezó todo. Por esa razón he decidido no escribirte nada más por hoy.

Greg

PD:
La rectoría estaba llena de rectores.

martes, 12 de junio de 2018

Email del 12 de junio 2018

Ion Tuculescu. Portrait of my grandfather (XX cent.)

Hola:

Mi nueva vida ha durado menos de 15 minutos, pues me gustaba demasiado la vieja. Te explico: ayer mientras estaba tumbado con el cuerpo plácidamente doblado en la chaise longue, decidí que quería ser lo más parecido a un tipo corriente. Ya sabes, reír las gracias de la gente (aunque en el fondo me produzcan ganas de vomitar), llevar a mis sobrinos a la feria, invitar a mis amigos a comer en mi casa una pitanza preparada por mí con infinitas dosis de amor y todo ese tipo de cosas. Te juro por mis proteínas Tau que no sufrí un repentino ataque psicótico, simplemente quería integrarme de lleno en la sociedad y convertirme en un referente comunitario-benéfico-cebollino-marujo, o para ser más específico, una especie de cruce entre Florinda Chico, el Sultán Tipu y Dora, la exploradora. ¡Y casi lo consigo! Incluso me bajé de Internet un manual que explicaba las pautas a seguir para dejar de ser un solitario asocial, egoísta y excéntrico. El autor del texto, un tal A. L. M. (¿A La Mierda?) enumeraba en 2.700 puntos la manera de llevarlo a cabo sin sufrir uno o varios pólipos en la vesícula biliar. El tratado, por llamarlo de alguna manera, me pareció escrito en un lenguaje similar al que utilizaban los cabreros del siglo XIX en las Hurdes y me costó un montón llegar al punto 34, el último que leí antes de decidir que ser un solitario asocial, egoísta y excéntrico era una maravillosa y alternativa forma de ser y que siendo así no hacía daño a nadie. Por supuesto, a nadie que no quisiese hacerse daño a sí mismo tomándome a mí y a mis absurdidades patafísicas demasiado en serio.

Recuerdo a mi abuelo Vicente Pérez, que era un tipo dadaísta, multivitamínico y asocialmente descentrado y asilvestrado. Y recuerdo que cada vez que le preguntaba para qué cojones sirve integrarse en la colectividad (AKA sociedad humana, AKA repelencia arredrante, AKA zurullo aguachinado) siempre me respondía que le dejara de hacer preguntas estúpidas, ya que él odiaba pensar, que lo mejor que podía hacer era preguntárselo a los caballos, ya que al tener la cabeza mas grande, eran los candidatos perfectos para responder cualquier tipo de cuestiones. Y debo decirte que tenía toda la razón. Nadie que esté en su sano juicio sería capaz de reseñar las ventajas de pertenecer a la raza humana, también llamada raza superior o "esos malditos hijos de la gran puta". Yo por lo menos no soy capaz, aunque tengo un amigo que dice que es capaz de deletrear las palabras "fimosis guachindonga" sin fruncir el ceño. Hace algunos años, alguien me regaló un libro que se titulaba Garbancito de la Mancha nunca existió de un tal Francisco Haba Frijol. En él leí algo que cambió mi vida por completo. En la página 239, párrafo tres, línea octava, el señor Haba Frijol proclamaba que el ser humano era tan humano como podía serlo un ectoparásito hematófago (sic) y que si en lugar de desarrollar el cerebro y el pene, hubiera incrementado el tamaño de la nariz, el planeta Tierra quizá todavía tendría alguna oportunidad (sic).

Greg

PD:
Los gases me producen Coca-Cola.

domingo, 10 de junio de 2018

Email del 10 de junio 2018

Hilma af klint. What a human being is (1910)

Hola:

Fuera luce un día tan maravilloso como profundamente representativo de lo que se puede esperar de la primavera tardía, pero en el interior de mi cabeza llueve y hace demasiado frío. A menudo pienso en que existe una vasta diferencia entre lo que soy capaz de percibir y lo que debería ser capaz de intuir. Y que entre ambos extremos, el tiempo se comporta en absoluto desorden. Te aseguro que me cuesta describir cómo me siento, seguramente porque no soy capaz de experimentar otra cosa que no sea esa maldita autocompasión que me acompaña a todos los lugares y termina convirtiéndose en un "tilt" carente de sentido. Está claro que la mayoría de la gente que conozco tiene días malos. Y supongo que los que no conozco también. Algunos los intentan disimular como pueden o como les han enseñado. Otros... otros nos los proyectan como si se tratara de una vieja película en Super 8 de Kodak rodada en vacaciones. Y si nos negamos a entrar en ese restringido juego, extorsionan cada uno de nuestros fragmentos, que a esas horas ya están por los suelos. ¡Existen tantas formas diferentes de sentirse atrapado! Te juro que he llegado a un punto en el que ni siquiera soy capaz de escuchar el sonido que emiten mis propios movimientos.

Una vez capturé una porción de corium con las manos,
lo estreché sobre el único cantil que sobresalía de mi cuerpo
y se lo ofrecí a aquel que vive dentro, conmigo y tras de mí.
En ese instante solo me importaba una cosa:
que la sombra de color neutro con bordes afilados
me ofreciera un jodido y maldito perdón pactado.

Pactado a traves de las aboliciones tamizadas...
tamizadas con crepúsculos separados...
separados de la sangre y del fuego...
¿El fuego?
Hasta la naturaleza disuelta...
¿El fuego?
Sobre figuras escépticas y despectivas...
¿El fuego?
que atemorizadas se esconden de...
¿La sangre?
No, simplemente, de mí.