jueves, 18 de octubre de 2018

Email del 18 de octubre 2018

Piet Mondrian. White rose in a glass (1921)

Querida amiga:

¿Qué es un contrarrecipiente? Conozco el significado de contraventana, contraindicación, contraataque, contraluz o contracultura. Claro que si me esfuerzo un poco es posible que pueda recordar dos o tres vocablos más con el prefijo "contra", pero mi cerebro es incapaz de asimilar un despropósito como el que protagoniza la pregunta que abre este texto. Y esa ilusión fonética, un contrarrecipiente, es lo que me gritó que me iba a lanzar un abuelo de unos 92 años cuando me pilló podando una rosa blanca que sobresalía hacia la calle desde su minúsculo jardín hace unos pocos días. Al verme acorralado yo le respondí que si él me tiraba un contrarrecipiente yo le pegaría una contrapatada a la integridad estructural de sus contracojones decrépitos. Después le arrojé la jodida flor por encima de la papada que le rodeaba casi por completo la contracabeza y me alejé de ese vejestorio contraamargado y de sus pliegues carunculados. Mientras me largaba tuve que aguantar algunos berridos insultantes sobre mis muertos y sus mascotas, así que decidí darle una lección que no olvidara nunca. Dejé pasar 11 minutos y salté la valla por la parte trasera. Como le pillé totalmente desprevenido no pudo usar su mortífera arma en forma de cachava de madera de abedul sobre mi rozagante cuerpo. Una vez lo tuve bien atado a la pata de una mesa, abrí un libro inexistente sobre buenos modales y estuve cerca de cinco horas enseñándole educación, cortesía y afabilidad. Cuando creí que se había aprendido de una manera aceptable el tema, le puse un examen sorpresa, pero solo fue capaz de sacar un 5. Te juro que estuve a punto de suspenderle el parcial y dejar que recuperara la asignatura en septiembre, pero al final le solté un par de sopapos muy cerca de donde se suele situar la próstata y me largué bailando una versión muy personal de El lago de los cisnes.

Una vez en casa me dediqué a contraproseguir con la lectura del libro que me tiene chiflado y cuyo título Trapalones a trompicones continúa fascinándome. Su autor, Grig Lop Prez (pronunciado Griag Lap Praiz) asegura, entre otras muchas cosas, que si toda la población mundial en edad de tener orgasmos, tuviera uno al mismo tiempo, no pasaría absolutamente nada, simplemente habrían tenido un orgasmo en comandita ecuménica o internacional. Pero si en lugar de tener un orgasmo sincronizado, tuvieran dos orgasmos consecutivos (simultaneados), toda la población planetaria exigiría afectitos postculminatorios urgentes. Y si en lugar de dos orgasmos tuvieran una serie de 17 orgasmos continuados, por supuesto a nivel total, general y universal, el planeta se convertiría en una gran cueva de lujuriosos lascivos hedonistas concupiscentes y entonces él, Grig Lop Prez (pronunciado Griag Lap Praiz), cuya animadversión por la obscenidad y el libertinaje es mítica, se tendría que largar a residir a Ganímedes, Calisto o S/2003 J 2.

(Más tarde)
Recuerdo a mi padre. Y recuerdo su aforismo favorito: "¡Recontracojones dijo la marquesa poniendo las bragas sobre la mesa!". Como podrás observar no era un gran intelectual. Un día que intenté corregirle manifestando que no eran bragas sobre la mesa, sino tetas, es decir, pechos, senos o protuberancias voluminosas, se sintió tan ofendido que intentó tirarme por la ventana. En aquella época vivíamos en un octavo piso. Más tarde se disculpó, pero ya no había vuelta atrás, pues lo había denunciado a los maderos, a los picoletos y al cuerpo de defensores de afrentas intergaláctico. Cuando se enteró de mi traición consanguínea y colateral, volvió a intentar tirarme por la ventana, pero con tan mala suerte que fueron él y un benemérito que padecía tendinitis, bursitis y osteoartritis quienes cayeron y se hicieron añicos. Dicen los médicos que los atendieron que las últimas palabras de mi padre fueron "¡Bragas sobre la mesa!" y las del guardia civil "¡Traedme el águila ahora mismo. Quiero besarla!".

(Mucho más tarde)
Mi idea en estos instantes es introducir el pene húmedo en cualquier enchufe de la luz y producir un cortocircuito. Sé que esa estúpida acción puede llegar a resultar mortal y que la factura del electricista también puede llegar a ser mortal, pero necesito demostrarme que soy capaz de poner en práctica todo lo que se me pasa por la chola. No me preguntes la razón, porque ni yo mismo la conozco. Quizá quiero palmarla electrocutado mientras me descojono de mi salvaje ocurrencia, o simplemente que se hable durante años de mi minga impecablemente carbonizada. Lo único que me molesta de mi repentina idea es que justo ayer compré cinco calzoncillos boxer en algodón elástico de punto sencillo y logos en la cintura de la marca Hugo Boss.

Greg

miércoles, 17 de octubre de 2018

Email del 17 de octubre 2018

Leah Saulnier. Bullshitter (Unknown year. Ni falta que hace)

"Siempre recordaré con nostalgia... ¿Nostalgia, yo?
Siempre recordaré con cariño... ¿Cariño? ¡Qué cojones es eso!
Siempre recordaré..."
(Adagio de los depravados. Versos 78-79-80)

Me gusta vivir entre vacas. Las prefiero a la mayor parte de humanos. Pero también me lo paso en grande rodeado de perros, gatos, cerdos, cabras, ovejas, velociraptores de plástico fabricados en China o Taiwan, armarios roperos empotrados, sandalias gladiadoras sin pies en el interior, mucosidades alienígenas esputadas con precisión, prospectos troceados y supositorios de glicerina. ¡Y guillotinas! Nadie necesita que le recuerde que está aquí, en esto que llamamos existencia, porque sus padres, y antes los padres de sus padres, intentaron obtener un poquito de placer de un jodido y rápido polvo. Claro que entonces quizá no se denominaban así. Para ellos significaba amor puro y duradero, semejante al que representan un par de alianzas de oro con incrustaciones de piedrecitas refulgentes parecidas a las que intenta vender el canal Galería del Coleccionista. Yo colecciono desacuerdos, emociones tiroteadas, fluidos corporales repletos de virus, vacilos y gérmenes, inmundicias amarillentas poco o nada compactadas.

"Hecho de menos acariciarte... Jajajaja. ¡Esa si que es buena!
Hecho de menos oler tu piel y beber de tu boca... Sinceramente, yo prefiero oler y beber mistela.
Hecho de menos..."
(Adagio de los depravados. Versos 189-190-191)

Adoro oler el estiércol. El estiércol que producen las vacas. Lo prefiero a oler el de los humanos. Pero también me lo paso en grande olisqueando el de perros, gatos, cerdos, cabras y ovejas. Me recuerda que en otra vida cagaba. ¡Sí! ¡Qué lejos queda todo aquello! No me refiero al hecho de defecar, sino a todo lo que implicaba tener que comportarse como un invento fallido. Como un conjunto peligrosamente equilibrado de sensaciones enfermizas a punto de detonar. En otras palabras, como un individuo nacido de madre. Supongo que cualquiera que lea este texto será capaz de distinguir -o por lo menos definir en su correcto significado- el vocablo "individuo". Tampoco es algo que me quite el sueño, sobre todo porque soy insomne. Gracias a ese padecimiento podré salir de la cárcel en trescientos o cuatrocientos años a lo sumo, cuando vierta los restos de un bukake antiguo y muy concurrido en la planta potabilizadora de la ciudad donde vivo. ¡Porque yo vivo! ¡Yo vivo! Aunque si lo que creo que es vivir es vivir, debería pensar en morir y morir. Dos veces, es decir, doble acción, seguridad máxima.

"Me gusta ver rielar a las margaritas... ¡A mí pisotearlas!
Me gusta sentir las sonrisas de los niños... ¡Piensa que esos niños crecerán y se convertirán en alcahuetes y psicópatas!
Me gusta..."
(Adagio de los depravados. Versos 234-235-236)

P.D.
¿Salir a la calle con un polar sin camiseta debajo es de guarros, miserables o inadaptados? ¿O incluso de depravados?

lunes, 15 de octubre de 2018

Email del 15 de octubre 2018

Mikhail Nesterov. The hermit (1889)

He dibujado un ideograma tan bonito como una gimnopedia. En realidad no sé qué representa, pero pronto sustituirá en mi corazón al garabato que pinté ayer. Si todo sigue su curso, dentro de unos pocos días realizaré una auténtica obra maestra. Creo que debería ir pensando en salir de mi prisión para comprar chinchetas. Pero no quiero. O quizá no puedo. Tal vez no debería o no sería un buena idea. Podría llamar a algún amigo e invitarle a tomar algo mientras charlamos de los viejos tiempos, y de paso rogarle que me compre las chinchetas, pero ¿vale la pena aguantar a alguien, cualquier persona, y perder unas cuantas horas irreemplazables hablando de lo que fuimos, de lo que deberíamos haber sido o en lo que nos hemos convertido solo para conseguir las jodidas chinchetas? Podría pegar mi futuro esfuerzo máximo con un poco de cinta adhesiva, el problema es que tampoco tengo celo. Mi cajón de objetos disponibles está completamente vacío. Algún día tendré que decidirme a rellenarlo o a tirarlo al contenedor... desde la ventana. No necesito bajar para nada. Y desde que aprendí a existir comiendo y bebiendo lo mínimo, todo resulta tan extraño... y tan sencillo.

Llamo. Pido. Me traen la comida. Pago y me despido. Llamo. Contrato. Viene una señorita. Me hace lo que le pido. Pago y me despido. Rezo. Exijo. No escucho respuestas. Pago y me despido. Miro mi reflejo. El cristal está demasiado sucio. Escupo para limpiarlo. No pago. Es gratis. No me despido. Estoy condenado a estar conmigo.

Un gorrión intenta entrar por la ventana. Es ridículo. Él quiere entrar y yo quiero salir. Solo hay 15 metros hasta el suelo. Dicen que a partir de cuatro metros la muerte es casi segura. Pero en mi vida no existe nada que pueda ser tildado de indudable. Incluso las evidencias son discutibles. A veces pienso que el tiempo se ha estropeado. Y que es cuestión de días o semanas que el minutero estalle. ¡Cómo me gustaría sentir la explosión! Y contemplar el fuego. No tengo lira, pero sé cantar un poco. Lo suficiente para embelesar a aquellos que no existen. Y que se ocultan tras las paredes. Que emiten esos ruidos que me vuelven loco. Que cierran las puertas que yo dejo abiertas. Aquellos que estropean la televisión y el teléfono. Y se ciscan desde el techo sobre mi cabeza. Y que después de esconder sus...

Llamo. Pido. Me traen la comida. Pago y me despido. Llamo. Contrato. Viene una señorita. Me hace lo que le pido. Pago y me despido. Rezo. Exijo. No escucho respuestas. Pago y me despido. Miro mi reflejo. El cristal está demasiado sucio. Escupo para limpiarlo. No pago. Es gratis. No me despido. Estoy condenado a estar conmigo. Pero, de todas formas, pago y me despido.

domingo, 14 de octubre de 2018

Email del 14 de octubre 2018

Joey Shebester. Madness (Unknown date)

Me acabo de mirar al espejo. Lo que he visto reflejado era similar en la forma al trasero de un espectro mortinato. Sin embargo era mi cara unos minutos después de haberme levantado. ¿Por qué me levanto? ¿Por qué me levanto? Quizá porque mi cuerpo ya se ha acostumbrado a los chutes de Propofol y necesita, de alguna manera, justificar ese fenómeno óptico retrodispersado en el que se ha convertido la existencia.

Todo empezó un martes de hace 14 años. Acababa de zamparme cinco galletitas cuando noté un extraño picor en la silla. ¡Como lo oyes! Me picaba la pata de una silla. No estoy desvariando. Me dirigí a la silla que me picaba y la rasqué. Por supuesto se me pasó el picor pero sin embargo empezó a dolerme el fondo de un cajón ropero. Me tomé siete dolalgiales y... ¡No sé por qué te cuento esto! Sé que piensas que estoy para que me encierren, pero una vez me encerraron... y el sexto día de encierro sufrí unas fiebres terribles en la almohada que casi me cuestan la vida y el séptimo resucité. Cuando el psiquiatra se acercó a mí, yo me atrasé tres pasos, por lo que el matasanos tuvo que seguir acercándose. Pero por más que él se acercaba, más me retiraba yo. Así pasaron horas y cayó la noche. Te juro que hizo "Boooom". Como era tarde el tipo tuvo que largarse rápidamente a cenar con su familia, aunque luego me enteré de que su familia estaba cenando con la familia de otro tipo. Mientras meditaba tirado sobre la colchoneta que hacía de catre, empecé a sentir angustia en el bigote del médico de guardia. Pedí permiso a la enfermera para vomitar, pero me lo denegó al mismo tiempo que se abría de tiernas. De piernas. De piernas tiernas. Cuando traté de cerrárselas, empezó a emitir gorgoritos y se transformó en una especie de constelación anal que tenía el poder de difuminarse cuando yo me rascaba la espalda. Mientras vociferaba "¡Libertad rectal y perineal para todos!" alguien ma... me... me cazó y todo se puso negro.

Desperté atado de pies y brazos mientras varios doctores bailaban en plan apretado una canción de Los Albas. En un momento dado el esfinter de uno de ellos se relajó y yo me oriné encima. La mancha del pipí era similar a un Gegenschein. El resto es confuso, pero creo que una lámpara explotó sobre mi cabeza y su sangre amarilla tiñó de azul el exterior rojo de cada uno de los intrerriores... intre... intereriores... intra...  que conformaban el diminutas... diminuto... gotas... ¿goto? Frin chauser... chauser rira frotrom...

... frotom... frotom...
¡Silke danas! Frotom... frotom...
¡Silke danas!
¡Silke danas!
...frotom... frotom...
¡Aunseria fundemeter ni ji donosacion rifosefamaluto!

sábado, 13 de octubre de 2018

Email del 13 de octubre 2018

Edvard Munch. Ansiedad (1894)

Amiga:

Esta mañana un chusco de pan de tres días de antigüedad me ha hablado:

CHUSCO: Tú no conoces la oscuridad. Pero, por favor, no creas que se trata de una metáfora... imperfecta. Si fueras capaz de escuchar mis gritos sabrías a qué me refiero. Hasta ahora solo has percibido los ruidos de los gusanos mientras intentan vanamente encontrar restos de harina entre tanta masa manufacturada, aunque nunca en estos días te has atrevido a abrir el cajón para que pudiera airearme un poco. No, está claro que no sabes de lo que hablo. Quiero decir... bueno, lo más probable es que no sepa explicarme, pero es tan difícil expresar algo que se esconde tan profundamente en el interior, algo desquiciado y maligno que crece y se autoalimenta de mis propias entrañas.
YO: Bueno, un poco de Rhizopus nigricans no es el final. ¡Anímate!
CHUSCO: ¿Sabes? Guardar la comida -y yo soy comida- en un cajón no es la mejor manera de...
YO: ¿Intentas cuestionar mi forma de gobernar la cocina?
CHUSCO: No, desde luego que no. Lo que sucede es que no puedo comprender cómo te gastas el doble de dinero en una barra como yo, de pan multicereal con masa madre y fermentación lenta, confeccionada con amor y pasión en la mejor panadería de Valencia, y luego tienes las agallas de dejar que crezca el moho sobre mi corteza y migas.

Al llegar a ese punto de la conversación me he dado cuenta de que el pan no tiene la capacidad de expresarse, más que nada porque no ha tenido la oportunidad de asistir a la escuela. Además carece de cuerdas vocales y de sentimientos, supongo. Llegar a esa conclusión en ese mismo instante me ha venido de maravilla, pues no hubiera sabido qué contestarle. Así que lo he agarrado con desdén y asco -no olvides que estaba repleto de hongos- y lo he tirado a la basura. Al cerrar el cubo he sentido remordimientos, pero he acabado con ellos en menos de tres segundos y después he sacado del congelador otra barra de pan, esta de masa congelada de horno barato y la he puesto a descongelar cerca de la ventana. Mientras decidía si esperaba alrededor de una hora su descongelación o intentaba una deshelación rápida en el microondas, ha entrado una avispa y se ha posado sobre mi cara. Lo que ha sucedido después lo ignoro, pues al intentar matarla con una botella de Solán de Cabras totalmente llena he perdido el conocimiento. Al volver en mí, he descubierto que sin sentido se está mucho mejor y las preocupaciones existenciales se difuminan por completo, por lo que he vuelto a coger la botella de agua y he repetido la operación. Para ser sincero, me he golpeado hasta en 23 ocasiones, perdiendo el conocimiento 21 veces. Ahora estoy sentado sobre un amontonamiento. ¡Un amontonamiento de textiles que esperaban ser introducidos en la lavadora! Me encantan las apilaciones y los apelotonamientos, pero la verdad es que tanto golpe ha mermado la motricidad de mis piernas y no me apetecía arrastrarme por el suelo hasta llegar al sofá. ¡Luego! Luego me arrastraré con la botella Solán de los milagros hasta el chaise longue y volveré a experimentar los encontronazos.

Te cuento esto porque sé que tu vida es una puta mierda, repleta de aburrimiento y vanos intentos masturbatorios realmente insatisfactorios. Si tu vida fuese maravillosa, no me hubiera dignado a contarte con todo detenimiento mis extraordinarias experiencias.

Te quiere

Gronf Gronf Greg

P.D.
Me he castigado a copiar 50 veces la misma frase.

Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
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Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.
Tengo protozoos en la cabeza, y tengo estafilococos en el corazón.

viernes, 12 de octubre de 2018

Email del 12 de octubre 2018

Max Ernst. La joie de vivre (1936)

Hola:

No puedo pasar por delante de mí. Tú sí que puedes pasar por delante de mí. Yo puedo pasar por delante de ti, sin embargo, tú tampoco puedes pasar por delante de ti. Ambos podemos pasar por delante de quien se nos antoje. ¡Excepto de nosotros mismos! En ocasiones me gustaría no tener que pasar por delante de nadie. Pero estoy obligado por las jodidas circunstancias existenciales, ya sabes. Si en esas ocasiones no paso por delante de nadie, no llego a ningún lugar. Y estarás de acuerdo conmigo en que existen algunos lugares que es obligado visitar, como Mercadona. Afortunadamente, cuando voy al váter no necesito pasar por delante de nadie. Es en esos instantes cuando me concedo demasiada importancia. Y cuando eso sucede, cuando me concedo demasiada importancia, es cuando quiero pasar por delante de mí. Pero en seguida vuelvo a recordar que no puedo pasar por delante de mí. Ni siquiera por detrás de mí. O atravesarme. Ese montón de impedimentos más o menos eventuales son los que hacen que a menudo intente -sin éxito alguno- sentarme sobre mí mismo. Una vez me senté sobre otra persona y otra persona se sentó sobre mí. Ya sé que no es una acción del otro mundo, pero es que en esa ocasión íbamos todos desnudos. Si hubiésemos ido todos vestidos no hubiera pasado lo que pasó. Aunque si quieres que te sea sincero, no recuerdo si llegó a pasar algo. Incluso dudo de que yo me sentara sobre alguien y que alguien se sentara sobre mí. Lo más probable es que yo me sentara sobre alguien que ya estaba sentado sobre otro alguien. Supongo que si me senté sobre algunos, un par de "alguiens", o tipos, o como quieras llamarlos, no fue como un pretexto o acercamiento meramente sexual, sino por comprobar cuán mullido resulta sentarse sobre dos o más humanos.

No quiero que nadie pase por delante de mí. No quiero pasar por delante de nadie, ni siquiera de poceros, que son unos tipos muy simpáticos que suelen ofrecerme caramelitos cuando me ven. Lo único que quiero es que nadie pase por delante de nadie, incluso si alguien está obligado a pasar por delante de todos. Si nadie pasáramos por delante de nadie, Mercadona tendría que cerrar todas sus sucursales, está claro, pero el mundo sería un lugar mucho más agradable. Imagina que todos estuviéramos obligados a pasar por delante de todos, a todas horas y en cualquier ocasión. Y que en algunos de esos momentos tuviéramos que pasar a la ida y a la vuelta. ¡Joder! Me han entrado ganas de vomitar. Pero yo solo puedo vomitar si lo hago encima de alguien. ¡Es todo tan difícil de entender! Incluso los tipos que entienden todo, y a todos, tienen verdaderos problemas para comprender el verdadero significado de algunas de mis más poderosas razones.

Greg Conforama


P.D.
He llegado a un principio de acuerdo con los que hasta ahora no pasaban por delante de mí para que sigan no pasando por delante de mí. El convenio debería comenzar al final de las calendas de octubre y yo podría ser indemnizado si alguno de los que nunca pasan por delante de mí llegarán a no pasar por delante de mí a saltitos o sin mover las extremidades superiores mientras agitan los pompones que mantienen agarrados con las manos. Parte del éxito del tratado lo tiene uno de los muchos "alguien" que me sirvieron de ejemplo en el primer párrafo del texto. Por supuesto, mi modestia particular no me permite citar su nombre.

jueves, 11 de octubre de 2018

Email del 11 de octubre 2018

Honore Daumier. Lovers of prints (XIX cent.)

La editorial Apocoloquintosis acaba de publicar el tercer volumen dedicado a los "casi". Dicho número, titulado Sinecuras pristinas, está dedicado por completo a las "casi" muertes. Y aunque -por supuesto, según mi humilde opinión- no alcanza la calidad literaria del primero y segundo volumen y algunas de sus entrevistas me parecen forzadas e incompletas, todavía puede ser recomendado vivamente a cualquier individuo que se considere a sí mismo "un lector ávido de singularidades extravagantes". Para muestra unos cuantos párrafos.

"Se me pasaron un montón de cosas por la cabeza. Hasta ahí todo normal. ¿Te imaginas que se me hubiesen pasado un montón de cabezas por la cosa? Todo el mundo intentaba ser optimista, pero yo dudaba seriamente de que Matilde fuera Matilde. Más bien parecía Angelines. Pero si Matilde era Angelines, ¿quién era Angelines? ¿Matilde? Uno de los amigos de alguien -no sé exactamente de quién- se acercó a mí y me dijo que Matilde y Angelines solo existían en mi cabeza. En ese instante reparé en que toda la gente que me rodeaba eran hombres. ¡Sentí miedo anal! Intenté correr hacia la puerta, pero la puerta estaba instalada en el techo. Me subí a una escalera de aluminio doméstica que había arrinconada en una esquina con útiles de pintura sobre el peldaño superior, pero en lugar de escapar por la puerta del techo acabé pintando la sala entera de un bonito azul añil. Cuando terminé de pasar la segunda mano, la cordura volvió a instalarse en mi cerebro y me di cuenta de que era pintor. Y de que la caída podía haber sido fatal."
(José Garrido Hoyos - Pintor)

"Me encontraba pelando los pimientos para la cena cuando uno se me resbaló de las manos y acabo empotrado en la cuenca del ojo. Me gusté tanto a mí misma con un pimiento en la cara que a partir de ese instante siempre que aparecía en publico lo hacía de esa guisa. En poco tiempo me llamaron "La chica del pimiento". Un día, mientras buscaba un acondicionador de pimientos en una perfumería, me encontré con un tipo que lucía una berenjena en la oreja y me enamoré perdidamente de él. Estuvimos saliendo durante diez minutos y al final me confesó que no me quería, que durante esos 10 minutos solo había fingido y que en realidad yo no le importaba nada. Salí del establecimiento gritando y subí a un taxi. Por lo menos eso me pareció, porque cuando volví en mí, un montón de batas blancas y verdes corrían de un lado a otro. Cuando pregunté qué era lo que me había sucedido, escuché una voz que salía de una de esas batas que me decía que era una mujer muy afortunada, ya que muy poca gente había salido con vida después de tres explosiones seguidas de gas."
(Escribonia Alfaro Martínez - Ama de casa)

"Acababa de sonarme las narices cuando advertí que me salía sangre por las fosas nasales, los ojos, las orejas, las encías, el ombligo, la uretra y de un prurito con forma de viuda arremangada y de aspecto desagradable que me acababa de salir en la frente. La sangre corría con tal abundancia que estuve a punto de recoger un vaso o dos para más tarde preparar un estofado de sangre encebollada con tomate. Me disponía a pasar el mocho por el suelo cuando se me apareció San Balarmino. Entonces supe que estaba muerto. Cuando el santo se me acercó y me puso la mano encima con esa delicadeza natural de las apariciones sagradas, le agarré los testículos con una mano y le amenacé con hacer una tortilla apostólica allí mismo a menos que me permitiera vivir 200 años más. Como soy un tipo fuerte y cuando aprieto, aprieto, San Balarmino accedió, eso sí, aullando de dolor, y yo volví a estar vivo, sin prurito y más sano que nunca. Por eso soy capaz de contar, con toda la gratitud que me caracteriza, mi experiencia vital."
(Norberto Pampliega Argenta - Sereno jubilado)

"Recuerdo que todo comenzó un martes y termino un sábado. Lo que no recuerdo bien es lo que sucedió durante esos cinco días. Pero sé que estuve muerta durante siete horas el jueves por la tarde, pues no subí ninguna foto a Instagram durante ese periodo de tiempo."
(Marisol Delgado Jalones - Plañidera)

"Estaba tirado en el sofá viendo la peli Ensalada de pepino en colegio femenino cuando... ¡Espere! Creo que no era Ensalada de pepino en colegio femenino, sino Se fue en busca de trabajo y le comieron lo de abajo. ¡Sí! Seguro que era Se fue en busca de trabajo y le comieron lo de abajo, porque antes de ponerme el dvd me preparé un bocadillo con pan azul, pues estaba lleno de hongos. Bueno, pues eso, estaba tirado en el sofá viendo la peli Se fue en busca de trabajo y le comieron lo de abajo, cuando llamaron a la puerta. Me levanté a abrir sin darle al botón de la pausa y justo en el instante en el que abrí y vi que era mi vecina Patrocinia sonó un orgasmo bestial que provenía de la boca de una de las actrices de Se fue en busca de trabajo y le comieron lo de abajo. Cuando Patrocinia, que tenía unos 80 tacos, escuchó el alarido me echó un conjuro y me transformé en taza de té, duradera y flexible. Y permanecí con esa forma durante 27 meses hasta que de repente volví a mi forma mortal. Cuando me presenté ante la Policía para denunciar el encantamiento me equivoqué de puerta y entré en un club de alterne, donde uno de los chulos me abofeteó 45 veces en 15 segundos, con lo que -según él- acababa de batir el récord mundial de abofeteamientos y no me quedó más remedio que felicitarlo efusivamente. A partir de ese instante no recuerdo absolutamente nada."
(Ulpiano Peris Flores - Inseminador artificial de ganado)